Por qué tenemos vacaciones en verano, jornada partida y nos dormimos muy tarde: sobre España y su productividad

También es función de horarios de trabajo, y del rendimiento que del mismo podemos obtener. De hecho, sin un modelo entrenado y testado que me permite sostener esta afirmación, siempre he pensado que a más horas de trabajo o de duración de la jornada lejos del hogar o de actividades de ocio de desconexión, menos productivo se es.

He leído esta mañana en este artículo de Pepa Bueno un par de frases que me han gustado bastante, y que introduzco como entradilla de un tema que llevaba queriendo tratar desde hace tiempo. Primero la entradilla, y luego al grano:

[…] Finn Kydland, Premio Nobel de Economía y miembro de la Reserva Federal de EE UU, vinculaba la prosperidad de los países a la fortaleza de sus instituciones y a la capacidad de la sociedad civil para mantenerlas al margen de la batalla partidista. En esa entrevista se decía que un país es lo que no cambia después de que cambie su Gobierno.

Un país es aquello que no cambia a pesar de que cambie su Gobierno. Y entre las múltiples cuestiones que no han cambiado en España desde hace décadas, siglos, hay varios aspectos relacionados con el tiempo, básicamente calendarios y horarios. En especial, me llaman la atención (por no decir, me ofenden), dos: el calendario de verano y la jornada partida (conocido también como largas comidas). Así que me parece interesante, describir brevemente el origen histórico de ambas.

Vacaciones de verano

Primero, el calendario de verano. Recuerdo mucho de mi infancia las innumerables quejas de mi madre sobre la cantidad de tiempo que se paraba mi educación (al menos la reglada, ya se encargaba ella de que no me parase del todo…). Cuando aquello no lo entendía, dado que yo tenía otras preocupaciones (entiéndase). Pero ciertamente, cuando uno va avanzando en años, preocupaciones y responsabilidades, lo entiende perfectamente.

El origen de estos 2/3 meses de parón veraniego -aproximadamente lo que se detiene la educación de los jóvenes, por lo menos hasta su pleno acceso al mundo profesional- está en las cosechas de verano. De hecho, fijémonos por un segundo en la entrada en la Wikipedia del término Razia:

El nombre árabe ṣayfa se relaciona etimológicamente con ṣayf (verano) e inicialmente significaba “cosecha”, pero a lo largo del tiempo se utilizó como “expedición militar”, debido a la “cosecha” de bienes en los saqueos, y a que también solía realizarse en verano.

La pregunta se podría hacer todavía más abstracta. Y es, ¿por qué motivo disfrutamos de las vacaciones en el verano? Pura tradición, eso que decíamos al principio del concepto “país”. Antes de la Revolución Industrial, cuando la base de la economía era la agricultura, la recolección de los alimentos se realizaba en verano. Se buscaba que tuvieran participación en ella el mayor número posible de personas. De aquí también el término “hacer el agosto”, dado que el agricultor obtenía el resultado (muy bueno) por todo lo que había trabajador durante el año.

Una vez que la Industria empezó a dominar las economías desarrolladas, “hacer el Agosto” era más difícil. Básicamente ya no había tantas personas disponibles, dado que se dedicaban a trabajos más beneficiosos para ellos, en fábricas o talleres. Así, y dado que la agricultura había que mantenerse (por cuestiones tan esenciales como comer), había que detener la producción industrial (al menos parcialmente), para que esos trabajadores industriales fueran a echar un cable para recoger las cosechas.

Cosecha de verano (Fuente: http://polonius-petronius.blogspot.com.es/2011/02/la-cosecha.html)
Cosecha de verano (Fuente: http://polonius-petronius.blogspot.com.es/2011/02/la-cosecha.html)
Sin embargo, más tarde, deja de ser necesario que una persona que se dedica a la Industria durante el año, en verano ayude a la agricultura. Tras la Revolución Industrial, se tienen máquinas que lo hacen rápido y bien. Eso sí, ya existían los sindicatos, así que para poder ofrecer algo más atractivo a sus sindicados, éstos consiguieron mantener la pausa industrial de verano (que encima era remunerada, tal como lo es hoy). Más concretamente, en verano, por eso de “hacer el agosto”. Mera tradición, vamos.

Jornada partida

El segundo asunto que nos ocupa hoy es el horario partido Español. Es decir, ¿por qué paramos tanto tiempo a mediodía para comer? Yo es algo que me he preguntado desde pequeño. Quizás también por la educación que me dio mi madre.

Corroboré mis sospechas sobre lo poco productivo que era parar tanto tiempo cuando empecé a viajar con 15 años. Fui a Suecia. Comer a las 12:00, media horita, y listos para seguir a tope. Hasta las 5 de la tarde. Idem en Dinamarca, Alemania, Reino Unido o Estados Unidos, países donde también he comprobado la pasión por el trabajo productivo. Luego hablamos de conciliación y esas cosas. Y por eso en Europa hablan de esto, entre otras cosas, sobre España.

Vale, ya sé que España tiene otro clima, se pueden alargar las jornadas de trabajo por el mayor número de horas con sol y esas cosas. Pero no, no me vale. Recuerdo leer hace tiempo (lo siento, no tengo el enlace, así que tendrán que confiar en mi memoria o aportarme un enlace que me haría feliz por ello), en boca de la Asociación para la Racionalización de los Horarios Españoles, contar el origen histórico de todo esto.

Esta costumbre de comer tarde y parar tanto tiempo a mediodía es algo relativamente reciente. Pongamos en perspectiva. Cuando un Sueco o Danés come a las 12, nosotros comemos a las 2. Esta comida del mediodía (el almuerzo, vamos), se vino haciendo en España sobre la 1. Sin embargo, llegó la triste Guerra Civil entre 1936 y 1939.

En esta época, la situación económica de España fue realmente mala. El hambre de la postguerra que seguro muchos hemos oído de nuestros abuelos o padres. Así, muchos cabezas de familia (recordemos que la mujer todavía no trabajaba en una sociedad tan atrasada como la Española), tenían que tener dos empleos o trabajar dos turnos (recuerdo contar esto a mi abuelo paterno). Tampoco esto fue un invento de la Postguerra, dado que durante el Siglo XIX también España pasó penurias económicas que hizo ir cogiendo estas costumbres.

El empleo principal (es decir, un “turno”) era una jornada entre 8 a 10 horas. El segundo empleo, duraba menos (las empresas estructuraron sus horarios a sabiendas que iban a tener oferta de trabajadores para estos horarios). Además, también se trabajaba los sábados. Había que aprovechar al máximo la mañana, así que los trabajadores con dos empleos, empezaron a coger la costumbre de comer más tarde.

Así, muchos Españoles empezaban a trabajar a las 6 de la mañana, no paraban hasta las 2 de la tarde, comían algo, y a las cuatro entraban al segundo empleo, donde trabajaban unas 3/4 horas. ¿Nos quejamos ahora eh?

De hecho, esto tiene cierto sentido si pensáis un segundo, los más jovenes lectores, en los horarios que vosotros manejáis y los que pueden tener vuestros tíos o abuelos. Este modelo mío es algo que me chocaba de pequeño. Yo en casa comía antes de lo que comían mis abuelos o tíos más mayores. La cuestión, es que ahora que España va mejorando sus condiciones (aunque parezca mentira con la que está cayendo), ya no hay pluriempleos, así que gradualmente vamos adelantando los horarios. Durante la transición, la más común era comer sobre las 3 y cenar a las 1o de la noche. Hoy en día, y sin evidencia cuantitativa sobre la mano, es más común comer sobre las dos (que ya es decir a tenor de nuestros vecinos Europeos), cenar sobre las nueve de la noche.

Nos dormimos tarde

Hace unos meses, leía en Nada es Gratis esta entrada. El artículo hablaba como según una encuesta de Nielsen, España es el 5º país en el que más gente se acuesta pasadas las 12 de noche. El 65% de la población. A niveles de Países Asiáticos básicamente, y algún otro Europeo (los de siempre, nuestros amigos de Portutal e Italia).

Como con las vacaciones de verano, cuando era pequeño, me gustaba irme a dormir tarde. Ahora, me preocupa. Y como no, la Historia nos lo cuenta. En 1940, el Régimen de Franco decide adoptar el horario central europeo. Antes de eso, y desde 1884 (aquí hablé sobre esto), había seguido el mismo horario (el que el meridiano dice) del Reino Unido o Portugal. Vamos, cosas de la geografía. Sin embrago, Franco lo cambia; motivos políticos. ¿Cómo reacciona los ciudadanos? Pues haciendo todo a las mismas horas que lo que sus costumbres decían, aunque oficialmente fuera una hora más tarde.

Sin embargo, y dado el corporativismo e intervencionismo Franquista, las empresas y otras instituciones sí que ajustaron sus relojes. ¿Resultado? Desbarajuste entre horarios personales y los institucionales. Luego, cuando apareció la TV, cuyo público objetivo son los ciudadanos, los horarios se adaptaron a su desbarajuste, no al que marcaban empresas e instituciones. Así que difícil solución a eso que tanto se habla de adelantar horarios de emisión de programas.

Esto también tendrá sentido para los que conocemos las costumbres euskaldunes. Es el famoso aperitivo de las once (que es algo bastante universal por otro lado, no sólo propio de aquí), que aquí llamamos hamaiketakoHamaika en Euskera, son las 11. Sin embargo, este hamaiketako, no sé si mucha gente lo sigue tomando a las 11, o es a las 12-1, para luego comer a las 3. Vamos, más desbarajustes.

Conclusiones

¿Os suena eso de la productividad no? He hablado de ello unas cuantas veces. Y es que cuando hablamos de mayor productividad, acabamos hablando al final de competitividad, la cual no sólo es función de los costes salariales (que en términos de comparación a nuestros vecinos, y en términos efectivos no nominales, puede que sí resulten altos en relación a la productividad que aportamos), de modulo productivo (¿alguien sabe qué ha sido de la Ley de Economía Sostenible?), de educación, I+D+i, etc.

También es función de horarios de trabajo, y del rendimiento que del mismo podemos obtener. De hecho, sin un modelo entrenado y testado que me permite sostener esta afirmación, siempre he pensado que a más horas de trabajo o de duración de la jornada lejos del hogar o de actividades de ocio de desconexión, menos productivo se es.

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