¿Y ahora la Facebook TV?

Facebook ha presentado resultados hace unos pocos días. De nuevo, sigue creciendo. En términos comparativos al tercer trimestre de 2015, este tercer trimestre de 2016, ha crecido un 59% su facturación, llegando a los 6.800.000.000 dólares. Un 84% de esos ingresos vienen de la aplicación móvil, donde Facebook se ha hecho fuerte (ya hablé de ello para plantear alguna duda sobre Google a futuro). Hace un año los ingresos de dispositivos móvil representaban un 78%. No paran de crecer.

Mensualmente, 1.790.000.000 usuarios son los que usan Facebook. A diario, 1.180.000.000 de ellos. Ambas cifras crecen (un 16% y 17% respectivamente), pero el crecimiento de esta cifra, va siendo cada vez menor. ¿Qué quiere decir todo esto? Que Facebook podría llegar a tener un problema. Para una empresa que fundamenta su valor en los ingresos que puede obtener de la masa de usuarios y sus interacciones, que el número de usuarios se estanque puede ser un problema. Incrementar el número de anuncios publicitarios por usuario, ya dijimos no era una opción.

El hecho que Facebook prevea un incremento lento de usuarios se debe a que tiene una concentración geográfica importante. La siguiente gráfica lo explica muy bien. Como ven, los ingresos publicitarios se concentran en aquellas zonas del mundo (USA, Canadá y Europa), donde, precisamente, el incremento demográfico no se producirá (ni se espera tampoco a medio plazo). Sin un incremento de las personas a las que impactar por publicidad, obviamente, el valor en bolsa y las expectativas de la actualmente quinta empresa por valor bursátil del mundo, no crecerá.

Ingresos por áreas geográficas de Facebook (Fuente: https://cdn.searchenginejournal.com/wp-content/uploads/2016/11/facebook-advertising-revenue-q3-2016-740x400.jpg)
Ingresos por áreas geográficas de Facebook (Fuente: https://cdn.searchenginejournal.com/wp-content/uploads/2016/11/facebook-advertising-revenue-q3-2016-740×400.jpg)

Con esto en la cabeza, son ya varias las noticias en las que uno puede encontrar referencias a la Facebook TV. La última, esta de Forbes. Hace un año, en este reportaje de The Verge, se rumoreaba que Facebook podría estar pensando en lanzar un muro para contenidos de vídeo exclusivamente:

“On Facebook’s iPhone app, it’ll appear as the middle of the five tabs on the bottom of the screen, replacing Messenger; though it’ll be vertical like the traditional News Feed, you’ll be scrolling past carousels of videos shared by your friends and the pages you follow.”

Hace unos 20 días, también se anunciaba que Facebook estaría pensando en la posibilidad de visualizar sus vídeos en pantallas más grandes y de manera ágil con la integración con Apple TV (y otros dispositivos que lo permitan vía AirPlay) y Chromecast (así como otros dispositivos que tengan integración con GoogleCast). El pasado verano, hablaba de que Facebook había fichado a los principales equipos de fútbol para que emitieran sus contenidos sobre Facebook. Facebook Live, y su apuesta por la emisión de eventos en tiempo real, parece una apuesta clara.

La explicación a estos movimientos alrededor de contenidos audiovisuales creo que la podemos encontrar en una cifra ya introducida antes: 1.800.000.000 personas en el mundo entran todos los meses a Facebook. Cualquier movimiento por monetizar contenidos de vídeo, le podrían convertir a Facebook en la televisión más importante del mundo.

Usuarios activos mensuales en Facebook (Fuente: https://cdn.searchenginejournal.com/wp-content/uploads/2016/11/facebook-MAU-Q3-2016.jpg)
Usuarios activos mensuales en Facebook (Fuente: https://cdn.searchenginejournal.com/wp-content/uploads/2016/11/facebook-MAU-Q3-2016.jpg)

Y esto, tiene todo el sentido del mundo si entendemos que Facebook, hace ya tiempo que dejó de ser una red social para convertirse en una plataforma de contenidos. Una infraestructura que tiene a una población mundial más grande que cualquier otra plataforma, y que por lo tanto, cualquier incremento de valor o crecimiento que quiera prospectar, lo tendrá que hacer en clave de conseguir más ingresos a través de nuevos contenidos sobre dicha plataforma.

Tenemos que entender varias cuestiones demográficas para que estos movimientos tengan sentido. Por un lado, la base de usuarios de Facebook es joven. Por otro lado, estos jóvenes, ya no ven la TV, pero cada vez consumen más información en redes sociales. 100 millones de horas de vídeo al día son vistos en Facebook. Y, por otro lado, los impactos publicitarios en vídeo siguen siendo los que más “calado” dejan en la mente del consumidor. Esto, obviamente lo saben los anunciantes, por lo que siguen apostando grandes cantidades de dinero en el vídeo (y se prevé lo seguirán haciendo).

Por lo tanto, todos estos movimientos antes de adentrarse en una verdadera Facebook TV, tienen mucha lógica. No creo que vayamos a ver a Facebook produciendo contenidos como Netflix; pero sí creo que podamos verles haciendo de editor de contenidos de vídeo de calidad, para convertirse en una especia de Youtube, con canales, pero donde los contenidos de calidad sean su seña de identidad. De esta manera, sus páginas de usuarios, por ejemplo, podrían pasar a ser también canales de TV. Y como ha pasado en Youtube, que aparezcan influencers sobre Facebook, con una capacidad de llegada a públicos masivos aún mayor.

Según eMarketer, para 2017, la inversión digital superará ya a la inversión tradicional en TV. Facebook, pudiera estar anticipando esta tendencia. Además, a diferencias de las TV, Facebook a los anunciantes les puede aportar una capacidad de impacto mucho más refinada; para algo tiene esa gran cantidad de datos que amablemente le cedemos a cambio del uso gratuito de la herramienta. Y encima, en Facebook, prestamos mucha atención. Situación ideal para tratar de crecer a partir de nuevos contenidos 🙂

Inversión digital en TV vs. otros medios (Fuente: http://www.emarketer.com/images/chart_gifs/205001-206000/205443.gif)
Inversión digital en TV vs. otros medios (Fuente: http://www.emarketer.com/images/chart_gifs/205001-206000/205443.gif)

Como ven, en esta era digital, cualquiera deja de pensar en nuevo valor a generar. No hay tiempo que perder para aprovechar tendencias que van apareciendo. La Facebook TV, pudiera ser la próxima gran revolución de Facebook. Y la inversión publicitaria, moverse de la TV tradicional a las redes sociales.

El fenómeno Tinder

Seguramente a estas alturas ya conozcáis Tinder. El encontrar pareja tampoco ha quedado ajeno al mundo de las aplicaciones móviles. En otros tiempos, se usaban el chat y Messenger, los cuales ya supusieron una auténtica revolución para los que venían de una época en la que el “mundo físico” era la única alternativa. Pero hoy en día esto se ha acelerado mucho más, a golpe de “desplazamiento de imágenes”.

Y es que ahí radica el éxito de Tinder: su sencillez. Una aplicación que permite encontrar encontrar personas que nos puedan interesar. Para un usuario cualquiera es tan sencillo como iniciar sesión con nuestra cuenta de Facebook, Tinder extrae los datos del perfil, y empieza a sugerirte personas en base a esos datos descriptivos. Estos datos, obviamente, puedes cambiarlos para que ese emparejamiento sea aún más preciso. Y luego, puedes filtrar por distancia, género, edad, etc.

A partir de ahí, su uso es aún más sencillo. Te van apareciendo fotografías de otros perfiles que aparentemente se adecúan a tus criterios, y tú tienes dos acciones a ejecutar posibles: desplazar la fotografía hacia la derecha o la izquierda, en función de si esa persona te gustado o no. Sí, han leído bien, el concepto “me gusta” de toda la vida, a golpe de pulgar en tu móvil. Cuando dos perfiles se han gustado mutuamente, reciben una notificación y pueden empezar a escribirse a través de la aplicación.

Tinder
Tinder (Fuente: http://n0lcqtmqb8-flywheel.netdna-ssl.com/wp-content/uploads/2015/02/tinder-app.jpg)

Dada su sencillez, poco más que la gente lo ve casi como un juego. Cualquier rato libre, sale eso “que llevamos dentro” que nos lleva a pensar que vamos a encontrar a la persona de nuestras vidas. Y nos ponemos a mover fotografías a la izquierda y a la derecha. Y Tinder, consciente de ello, no para de sacar funcionalidades que lo convierten cada vez en un mejor juego: notificaciones cuando en tu área hay 2 o 3 veces más emparejamientos de media de lo normal (para estimular al resto), los días más fáciles para ligar, hace un ejercicio de inclusividad para todos los deseos sexuales (de ahí el poder filtrar por género), conexión con los amigos en Facebook para estimular su uso, etc.

El éxito de Tinder es realmente espectacular. Según Deutsche Bank, está valorada ya en 1.200 millones de dólares, para sus 25 millones de usuarios registrados y su millón de usuarios de pago (con funcionalidades como encontrar perfiles por tu próximo destino de viaje o cambiar “Me gustas” que has marcado con antelación). Unos 30 millones de “matches” al día. Ha generado más de 9.000 millones de “matches” (emparejamientos) hasta la fecha. Ya un 15% de americanos usan estas aplicaciones para ligar en su día a día. Solo unas cifras para poner en contexto de lo que estamos hablando.

Sin embargo, a mí todo esto me llevaba a pensar varias cuestiones a nivel de impacto social y cultural. Especialmente, por lo que veo y escucho en mi entorno. Según los datos de usuarios que han publicado, el 45% de los usuarios está en la franja de edad entre los 25 y 34 años, seguido por el 38% que tiene entre 16 y 24 años. Me encuentro en el grupo de mayor uso de Tinder. Y por eso, ya digo, en mi alrededor escucho muchos comentarios.

Y de estos comentarios, nace la reflexión de pensar y reflexionar un poco más sobre este tipo de aplicaciones y la superficialidad que introducen en un elemento tan importante para nuestro esquema social como es el “emparejamiento (entiéndase el término, no busquen las cosquillas). Que una aplicación basada en técnicas de gamificación sea en la que confíamos para encontrar al amor de nuestra vida, hace que me susciten varias dudas y reflexiones (incluso en un plano moral) este tipo de aplicaciones.

Que Tinder confíe en el grafo social de Facebook y sus datos, en la fortuna en sacar una buena fotografía, y en la disponibilidad a la que una persona acude a una cita de este tipo (“Si Tinder ha dicho que eres una persona para mí… ¡cómo no creermelo!“), me resulta bastante preocupante a nivel de cómo concebimos, repito, un acto tan humano como el encontrar pareja. No sé si no estaremos trivializando algo que debiera generar elementos de afinidad más profundos y sociales.

Un enfoque tan utilitarista y simple que yo creo que debe llevarnos un poco más lo que usamos y por qué lo hacemos. Cuando escucho historias cercanas de mis amigos y amigas, pues vamos, uno se alegra que haya encontrado pareja y estén felices. Pero, por otro lado, me resulta inquietante el proceso por el que se ha llegado a ello. Han llegado confiando en un algoritmo y un juego dentro de una aplicación denominada Tinder, que recomienda en base a los datos de Facebook y aquellos que nosotros le hayamos dado. Introduce un sesgo importante, y encima nos incita mediante técnicas de juego a dejar más datos aún respecto a nuestros gustos. Lo de los algoritmos de cajas negras, lo dejamos para otro día.

Algunas preguntas finales: ¿qué pasa si tras el “enganchón” que llevamos encima en su uso decide empezar a cobrarnos? ¿qué pasaría si no encontramos en ningún momento por fallos en la “caja negra” o la calidad de los datos introducidos? ¿qué pasaría si el algoritmo decide emparejarnos siempre con personas que no son de nuestro gusto? ¿pensaríamos que no “valemos” para esto de estar en pareja? Se me ocurren más preguntas… pero solo trato de trazar esa línea de reflexión que introducía anteriormente.

En definitiva, estamos ante la posibilidad de estar generando un nuevo esquema de valores y prioridades en algo tan humano como el encontrar pareja. ¿No os parece realmente impactante? A mí no me termina de sorprender.

Las dudas sobre Twitter: ¿qué está pasando?

Esta semana ha sido noticia la mala racha que atraviesa Twitter en muchas dimensiones (cotización de la acción, salida de talento de la compañía, problemas técnicos, etc.). Comencemos con la gráfica que muestra la evolución de la cotización bursátil de Twitter en el último año:

Evolución de la cotización bursátil de Twitter (Fuente: Yahoo Finances!)
Evolución de la cotización bursátil de Twitter (Fuente: Yahoo Finances!)

Estamos hablando de una compañía que vale poco más de 10.000 millones de euros, 14 €/acción, cuando llegó a estar a 70 €/acción. Algo está pasando. Las noticias se amontonan. Ejecutivos de primera línea que se van, en la junta ejecutiva solo quedan cuatro de los 13 miembros de los que sacaron Twitter a bolsaTwitter pierde 90 millones en el cuarto trimestre y su crecimiento se estanca, despidos en la compañía, cambio de CEO en los últimos meses por dimisión (de Dick Costolo a Jack Dorsey), valor inferior a cuando salió en bolsa (por lo tanto el valor generado ha desaparecido), etc.

En primer lugar, creo que es importante destacar qué es Twitter. Y aunque parezca mentira, creo que esto no está muy claro. Aunque muchos todavía la describen como una red social, lo cierto es que se trata de una plataforma de contenidos. A los que usáis con cierta asiduidad Twitter, no hace falta explicar que es uno de nuestros principales elementos informativos. No tenéis más que ver la TV para entender la importancia informativa y comunicativa que tiene para su red de usuarios. En este sentido, como canal de servicio y atención también funciona muy bien, dado que tiene una bidireccionalidad muy buena. Un uso que las empresas cada vez lo aprovechan mejor.

Por lo tanto, cuando tu valor recae en los contenidos, el número de usuarios, si bien resulta importante, no crea que sea tan crítico. Para Facebook sí lo es, porque a mayor número de usuarios, más capacidad de impacto para las marcas tiene. Si bien es cierto que esta lógica y enfoque es igualmente aplicable para Twitter (por eso tiene publicidad, y gana dinero con ello), su principal valor no está ahí. El usuario no es lo que compra. Lo que compra es la agilidad del contenido.

Pero, sin embargo, su valor cae. Los directivos se van. Y es que lo creo que está pasando con Twitter es parte de la paradoja que contaba en este artículo con las redes sociales. Citando lo que ahí comentaba:

El verdadero valor de las redes sociales, bajo mi punto de vista, no son ellas como tal, sino como soporte a otras industrias. Me viene un poco a la cabeza lo que ocurrió cuando tras la segunda revolución industrial apareció la electricidad. El debate se centraba en cómo sacarle dinero a tan magnífica invención. ¿Qué ocurrió? Que no se comenzó a generar valor en dicha red eléctrica hasta que aparecieron aplicaciones que explotaban la infraestructura eléctrica. Es decir, hasta que no vinieron los electrodomésticos y su incorporación a las labores del día a día, no se comenzó a sacar valor a la magnífica invención que fue la red eléctrica.

A Twitter le puede estar pasando un poco todo esto. Y en ese artículo hablaba del valor de esta arquitectura de redes, que en el caso de Twitter recae en:

  • Materia prima para otras industrias.
  • Como infraestructura de interconexión
  • Datos para acelerar transacciones

Respecto a ser “materia primera para otras industrias“, se trata de una de las eternas promesas que siempre ha tenido Twitter. Poder monitorizar la reputación de una marca, saber la percepción del cliente con un determinado producto, detectar posibles compradores/interesados en servicios y productos, identificar influenciadores para mi empresa, etc. etc. Esto, para los sociólogos, los investigadores de mercados, directores de marketing y comerciales, etc. suponía una promesa que, no termina de hacerse realidad. Quizás sea por su muestra sesgada (no todos mis posibles clientes usan Twitter) o por el eterno problema de los prosumidores en Internet (hablan pocos, leen muchos). Además, los clientes oficiales de Twitter, los que consumen esta materia prima, sufren mucho con la calidad de su API, el elemento que permite este consumo de contenidos. Por lo tanto, mucho por mejorar aquí.

Como “infraestructura de interconexión“, Twitter tiene problemas técnicos con bastante frecuencia. Si tu infraestructura no funciona adecuadamente, desde luego que tu valor como posible plataforma para terceras, no será una buena vía. Aquí Twitter tiene mucho que mejorar, pero la fuga de talentos e ingenieros no creo que le ayude mucho a ello.

Por último, los “datos para acelerar transacciones“, que podría beneficiar a anunciantes. En esta línea, en el pasado CES ya se reunión con varias agencias de medios para enseñarle el nuevo sistema sobre el que están trabajando para la difusión de productos. Sin embargo, esta, que es su principal vía de ingresos, no termina de despegar. Los resultados siempre están por debajo de lo que los analistas esperan, por lo que su acción también se ve mermada por ello (por contra Facebook siempre bate récords en esta línea).

A esto, sumemos sus continuos y reiterados cambios estratégicos. Es decir, lo que nunca debe hacerse, salvo que no sepas cómo sacar valor de tus activos y productos. Y esto, suelen ser malos mensajes al “mercado”. Desde poder introducir la posibilidad de redactar 10.000 caracteres por tweet (perdiendo así su valor de brevedad en las comunicaciones) que luego finalmente no fue, recientemente dijo que iba a reorientar su timeline primando los contenidos más “relevantes” (lo que provocó hasta el trenging topic #RIPtwitter). Son normales estos cambios. Sigue en pérdidas (aunque menores, ha pasado de perder 125 a 90 millones), pero lo que se entiende por “normal” para analistas e inversores son cambios de rumbo sin estrategia.

Twitter no crece. Su número de usuarios no aumenta. Tampoco quizás fuera muy preocupante para una “plataforma de contenidos” que tuviera ya su valor conozco (materia primera, infraestructura o datos), pero ante la ausencia de éstos, no le quedaría otra que crecer por esta vía. Pero no es el caso. Lo usuarios activos mensuales siguen alrededor de los 320 millones (desde que salió a bolsa, la primera vez que se ha estancado). ¿Se acabará vendiendo Twitter? Quién sabe.