Los smartphones y su entrada en nuestras vidas

En 1994 nació el primer teléfono inteligente: IBM Simon. Tenía pantalla táctil y llegó a vender 50.000 unidades. Muchos anticiparon una era en la que esos pequeños ordenadores llegarían a dominar nuestro día a día. Sin embargo, tuvimos que esperar unos cuantos años más para que eso realmente sucediera.

La verdadera era de los smartphones arranca cuando en 2007 Apple introduce el iPhone. Steve Jobs, que había resucitado la enseña y su valor de “innovación” gracias al iPod, dijo entonces algo que a muchos no les causó grandes reacciones. Jobs sugirió que ese producto cambiaría todo. Quizás falló en predecir todo lo que cambiaría, pero sí tenía toda la razón: nuestro día a día ahora pivota alrededor de los smartphones. Por si queréis ponerlo en perspectiva con IBM Simon, en estos 10 años, Apple ha vendido 1.000 millones de unidades. Y ha hecho que Apple sea la empresa de mayor valor bursátil del mundo.

El resto de fabricantes, pronto se pusieron las pilas (salvo algunos casos conocidos como Nokia, Blackberry, etc.). Y empezaron a fabricar otros smartphones. Hemos ganado en posibilidades prácticamente impensables hace unos años. Y por eso digo que creo que esto ha cambiado nuestras vidas. Ahora nos conectamos a Internet desde cualquier punto prácticamente (recuerdo todavía tener que ir a casa para poder hablar por Internet o enterarme de cómo había quedado un partido de fútbol).

Hemos pasado de ver un teléfono como un medio de comunicación a verlo como un dispositivo de información y gestión. Hacemos transferencias bancarias y reservamos un paquete de vacaciones. Mientras vemos la TV o leemos el periódico, buscamos en el móvil más información. Jugamos partidos de fútbol e incluso a la ruleta gratis. Subimos fotos a Instagram para mostrar a todo el planeta la ropa que llevamos y la cena que estamos disfrutando. Trabajamos también desde ahí: podemos redactar correos o elaborar artículos como éste desde un dispositivo inteligente. Y, últimamente, hacemos también cada vez más la compra desde el dispositivo inteligente.

Steve Jobs pensó que lo que sería revolucionario era el navegador de Internet que introdujo. Pero su verdadera aportación a esta era de la movilidad que estamos viviendo fue su concepto de “app”. Sí, las aplicaciones y sus respectivas tiendas para distribuirlas es lo que ha traído que ahora cualquier empresa pueda ofrecer sus servicios a clientes para ser éstos usados desde el dispositivo móvil inteligente. Über, Facebook, Instagram o AirBnB nunca hubieran despegado sin ello.

Como veis, creo que es objetivo pensar que nuestra vida está acabando por convertirse en una en movilidad en la que tenemos la sensación de hacer muchas más cosas que antes. Quizás por eso también vivamos tan acelerados, porque es difícil en ocasiones pararse a pensar un poco, ante las capacidades comunicativas e informativa que nos ofrece. Los smartphones nos han traído muchas nuevas capacidades y sí, nos han cambiado quizás para mucho tiempo. Quién sabe hasta qué otra nueva revolución.

Una persona cena y lee el periódico (Fuente: http://i.huffpost.com/gen/1768830/thumbs/o-51239785-900.jpg?1)
Una persona cena y lee el periódico (Fuente: http://i.huffpost.com/gen/1768830/thumbs/o-51239785-900.jpg?1)

Unicornios: empresas que valen más de 1.000 millones de dólares que no existían hace 15 años

El término unicornio se refiere a empresas privadas que valen más de 1.000 millones de dólares. Es decir, empresas que todavía no han salido a bolsa, y por lo tanto, interesa mucho cómo están, porque pudieran ser el próximo éxito, al menos, en términos económicos.

En los tiempos que corren, hablar de unicornios, básicamente, viene a ser sinómino de tecnología. Disponer de materias primas solo, ya no es sinónimo de posibilidad de tener éxito. Hace falta disponer de unos conocimientos, que aplicados de una determinada manera, generan un valor. Y eso es tecnología, tanto electrónicas como digitales. Fortune tiene listadas ahora mismo 174 en este ranking. Las 10 primeras son éstas que sacaba en este artículo el World Economic Forum.

Empresas privadas de más 1.000 millones de dólares de valor (Fuente: Fortune)
Empresas privadas de más 1.000 millones de dólares de valor (Fuente: Fortune)

¿Qué tienen en común todas estas empresas? Veamos algunas de ellas. Uber, una plataforma de servicios de transporte que conecta personas que pueden prestar ese servicio y aquellos que lo demandan. Xiaomi, una empresa que fabrica y comercializa productos electrónicos por Internet. AirBnB, es el “Uber” de los servicios de alojamiento. Didi Chuxing, es el “Uber” chino, pero a lo grande. Snapchat, una empresa de Social Media, pero que como sus precedentes, conecta personas y gana dinero de dicha conexión. Flipkart, la octava, me parece significante porque es india, pero, de nuevo, para la comercialización de productos en Internet. Misma idea de conexión, creación de mercados y poder monetizar ambos lados de la conexión.

China, India y Estados Unidos, las que se prevé se disputarán el cetro mundial a nivel económico en los próximos años, lo han tenido claro. Había que apostar por tecnología. Se han aprovechado de una época de capitales muy baratos (y lo que falta) y la irrupción de una clase media en sus respectivos países con cada vez mayor poder adquisitivo. El informe “Master Hypergrowth” habla mucho de todo ello. Y, obviamente, lo enmarcamos en este fenómeno global de transformación digital de la sociedad y las economías. Cuando decimos que Europa se ha quedado atrás, ya ven, que nos referimos a ello con números en la mano, y con mucha pena. Quizás todavía estemos a tiempo.

Como empresas privadas que son las “unicornio”, todavía no cotizan en bolsa. Por lo tanto, entender la dinámica de generación de valor que han seguido hasta la fecha, es interesante para vislumbrar el escenario que las espera. Me acordaba mucho de todo esto estos días que ando esperando poder leer este libro: Platform Revolution: How Networked Markets Are Transforming the Economy. Mi buen amigo Nacho, ya me ha alertado sobre lo interesante de poder hacerlo para personas, como nosotros dos, que buscamos constantemente entender el valor de esta era digital para poder aprovecharlo.

En el informe que adjuntaba anteriormente sobre la conquista del hipercrecimiento, hay muchísimos elementos interesantes a considerar y citar. Daría para muchos artículos. Lo dejo a su elección por dónde quieren comenzar, pero les animo a hacerlo. Quizás, uno de los puntos que más me llamó la atención fue la parte de los modelos de negocio que permite esos crecimiento sobrelineales tan acelerados. Para muestra, este pantallazo, a pesar de que son solo algunos de los ejemplos de lo que se podría hacer:

Ejemplos de "Mastering Hypergrowth" (Fuente: World Economic Forum)
Ejemplos de “Mastering Hypergrowth” (Fuente: World Economic Forum)

Valgan estos tres ejemplos para terminar de trasladar qué quería explicar hablando de empresas que valen más de 1.000 millones de dólares que hace 10-15 años no existían. Aparte de la migración del CAPEX al OPEX (muy relacionado con esta época de “servitización”, se entiende) y de la simplicidad que van obteniendo las cadenas de valor y los modelos de negocio, la parte crítica me parece la primera: una plataforma balanceada. Un nuevo modelo de negocio, que se fundamenta en la creación de valor poniendo en contacto a productores con los consumidores. Si se fijan, los principales unicornios que describía antes (Uber, Xiaomi, AirBnB, Flipkart, Didi Chuxing, Snapchat, etc.), es lo que hacen. Extraído del informe del Foro Económico Mundial:

“Our business model is built around connecting two markets by our platform. Growth vectors are different on supply and demand side. The key is to balance these factors. Too much offering through the platform without sufficient demand kills supply in the long term and vice versa. This is very difficult through time as the other side of our business is always based on local clients and we need to build the business with the right balance every time, in each market we expand to. I am proud of our accomplishments, as we have been successful in doing this for more than 10 years. Main solution has been our capability to utilize data to support our business model.”

Y ya ves, que al final, esta época de equilibrio de mercados, suele acabar en los mismos vectores de valor de los que hemos hablado con anterioridad: Big Data, Transformación Digital, etc. El principal activo son los datos y la información, no los activos físicos. ¿Qué vale Uber, Snapchat o AirBnB? Es una plataforma digital, que tiene unas reglas para poder ofrecer a cada usuario, aquello que espera. Un algoritmo, vaya, de lo que ya hablé aquí. Ajuste de la oferta y de la demanda en tiempo real. Con su consecuente impacto en los precios, que en función de numerosos factores en tiempo real (clima, demanda, eventos imprevisibles, etc.), cambia el precio. Sin asimetría de información, plataformas que hacen transparentes precios. Y todo esto, provoca un efecto de red, que hace crecer de manera equilibrada y sostenible la plataforma.

En definitiva, unicornios, que fundamentan su valor en datos y en haber construido una plataforma que hacen sostenible su modelo de negocio. Estos unicornios del Siglo XXI que tantos millonarios están creando.

Economistas en empresas tecnológicas

Hal Varian es un economista especializado en microeconomía y economía de la información. Profesor emérito por la Universidad de California – Berkeley, es el actual “Chief Economist” de Google. Entre las múltiples cuestiones que nos dejará para la historia, destacan dos libros: Information Rules: A Strategic Guide to the Network EconomyThe Economics of Information Technology: An Introduction. Ya pueden imaginar, con esta introducción, que su figura es muy familiar en este blog: el cruce entre la economía y la tecnología en esta nueva era de la economía digital.

Actualmente tinee 69 años. Y fue uno de los pioneros en lo que a la incorporación de economistas en empresas tecnológicas se refiere. Y esto, que hace unos años era prácticamente anecdótico, parece ser actualmente, a tenor de lo que se cuenta en este artículo de New York Times en no solo una tendencia, sino también en una gran salida para los economistas.

Los economistas en las empresas tecnológicas (Fuente: http://www.nytimes.com/2016/09/04/technology/goodbye-ivory-tower-hello-silicon-valley-candy-store.html)
Los economistas en las empresas tecnológicas (Fuente: http://www.nytimes.com/2016/09/04/technology/goodbye-ivory-tower-hello-silicon-valley-candy-store.html)

Hal Varian se incorporó en Google en 2002. Al comienzo, a media jornada. ¿Se imaginan lo que sería una media jornada de un profesor universitario de España en una empresa tecnológica? Para mí, un valor añadido para la formación universitaria altísima. Esta media jornada le duró poco. Enseguida, el valor que aportaba a Google era tan alto, que se incorporó a tiempo completo. Ayudó a Google en uno de sus principales hitos: el mercado de Google AdWords, que permitió a anunciantes incorporar su anuncio sobre la base de las keywords que la gente buscaba.

Google pretendía evitar que el que tuviera más dinero fuera el primero en aparecer. Quería un sistema más meritocrático. Buscaba un sistema de relevancia acorde a la supuesta búsqueda que estaba haciendo el usuario. De esta manera, el anuncio no sería interpretado como tal; sería interpretado por el usuario como otro más. Un ejemplo de libro de “mercado inteligente”. Desde entonces, Varian montó un equipo, y empezó a incorporar estas lógicas económicas a muchos otros productos de Google. Pero también, ayudó en la inteligente salida a bolsa de Google en 2004, las pujas por espectro WiFi, la puja por patentes e incluso por nuevos modelos de negocio.

De ahí lo de “Chief Economist en una empresa tecnológica“. Básicamente, incorporar visiones económicas en empresas que están transformando industrias, y que tienen que inventar nuevas lógicas que permitan construir modelos económicos sobre los nuevos esquemas de generación de valor que introduce la economía digital. Llevo un tiempo pensando en esta misma idea. Especialmente en la idea de lo mucho que puede aportar el análisis de datos masivos a la mejora de muchos algoritmos y al mundo del software en general. Todo ello, derivado del creciente número de estudiantes de economía y profesionales del ámbito económico que tenemos en nuestro Programa de Big Data y Business Intelligence.

En la actualidad, empresas tecnológicas como Amazon, AirBnB, Netflix, Facebook, Uber o Microsoft, se pelean por los doctorados en economía que se han especializado en este área de la microeconomía: entender bien lo que es la economía digital y los nuevos esquemas de generación de valor en los que también hay que incorporar esa dimensión económica que ellos tienen. En proyectos como los que emprende Randall Lewis en Netflix con sus estudios para determinar la correlación o causa de los anuncios en el comportamiento del usuario en la plataforma de distribución de contenidos (su blog se llama “Economics & Big Data” y en Linkedin dice que ocupa el cargo de “Causal Economics” en Netflix) o Peter Coles en AirBnB que hace investigaciones en su plataforma de huéspedes e invitados para encontrar relaciones ocultas que permita entender el comportamiento del consumidor (en Linkedin dice que es el “Head Economist” de AirBnB y suele escribir sobre nuevos sistemas de pricing en revistas como Harvard Business Review).

Un economista con este tipo de perfil en el mundo académico americano tiene un salario de entre 125.000 y 150.000 dólares. En las empresas tecnológicas, su salario está ya en los 200.000 dólares. Con el esquema de bonus y acciones que suelen tener, enseguida esos salarios suben considerablemente. Por si os lo estáis preguntando. ¿Y qué perfil es éste? Un perfil experto en su dominio (microeconomía especialmente), pero que maneja datos con facilidad, herramientas de computación y es capaz de construir soluciones de análisis de datos a través de algoritmos de machine learning. Por lo tanto, no se trata solo de entender la lógica de los mercados digitales, sino también de manejar las nuevas capacidades que traen las capacidades de cómputo actuales y los lenguajes de programación que permiten sacar provecho de los mismos.

Las universidades americanas ya han empezado a reaccionar a esta tendencia. En Yale, este otoño, se oferta el curso “Designing the Digital Economy“, que mezcla la informática y la economía para ofrecer esta mirada que los economistas aportan a las empresas tecnológicas. Quizás, algún día, veamos todo esto en España.

De momento, en nuestro Programa de Big Data y Business Intelligence, lo estamos viendo. Y mucho además. Y las clases, quedan súper enriquecidas también para el profesor (en primera persona lo cuento). Los economistas tienen mucho que aportarnos en las empresas que aprovechan el valor creado en esta era digital.

Uber pierde 1.200 millones de dólares: ¿estrategia o problema?

Hace unos días nos enterábamos que Uber ha perdido en la primera mitad de 2016 un total de 1.270 millones de dólares. Para muchos, un auténtico problema de sostenibilidad. Para otros, quizás parte de su estrategia. Por ello, quizás sea bueno repasar un poco por qué hablamos en clave estratégica cuando estamos hablando de unas pérdidas astronómicas.

Más allá de los detalles de la noticia y los “por qué” del hecho en sí (básicamente, las “subvenciones” que dan a sus conductores para incentivar su adopción; inversiones en China de 1.000 millones de dólares, para ahora salirse de ahí; y la dura competición con otras plataformas como Lyft), la pregunta que se ha hecho mucha gente estos días es si una empresa puede permitirse estas pérdidas en tan poco tiempo. Es cierto que es una empresa que sigue creciendo en ventas (ha pasado de unos ingresos por reservas de 3.800 a 5.000 millones de dólares) y margen creció un 18% (de 960 a 1.100 millones de dólares). Pero que su estrategia por llegar a una escala realmente grande, le está haciendo entrar en las pérdidas mencionadas.

Hasta la fecha, en los siete años de vida que tiene, estamos hablando de unas pérdidas totales de 4.000 millones de dólares. Amazon, conocida por haber estado en situaciones parecidas durante mucho tiempo, crecía en valor mientras no dejaba de acumular pérdidas. Al no ser Uber una empresa pública (vamos, que no está en bolsa), es difícil saber si estamos ante un caso parecido. Además, Amazon, el año (no medio año) que más perdió fueron 1.400 millones de dólares. Uber batirá esa cifra. Y aún así, está valorada en 69.000 millones de dólares, una cifra realmente astronómica.

Quizás la tendencia pueda empezar a cambiar. Hay signos para creer en ello. El abandono del agujero que le estaba provocando China, ha provocado que a cambio de salir del mercado, su ex-competidor allí, Didi Chuxing, le invierta 1.000 millones de dólares y le dé un 17,5% de la compañía resultante (acuérdense de lo que le pasó a Yahoo con una inversión parecida en su día en Alibaba). Uber ha perdido casi 2.000 millones en su aventura China en los dos últimos años. Salir de ahí le puede hacer mejorar.

Dicho todo lo anterior, la pregunta que uno se podría hacer es: ¿y cómo sigue Uber vivo con esas pérdidas? Esta era tecnología que tanto valor y transformación económica parece traer, permite este tipo de situaciones. Entre inversiones de capital y deuda, ha captado ya más de 16.000 millones de dólares. Así, esta financiación, es la que permite que las pérdidas no se coman la caja. De hecho, parece que tiene en caja sobre unos 8.000 millones de dólares, que le permiten trabajar en esta estrategia a largo plazo en todo momento.

Pero, como decíamos al comienzo, esto, además de una lectura financiera, requiere de una lectura estratégica también. A Amazon esta estrategia largoplacista parece que no le ha ido nada mal. ¿Será Uber el mismo caso? La salida de China parece que permitirá que se focalice mejor. Quiere mantener su importante cuota de mercado en USA, donde tiene una guerra abierta con Lyft interesante. Se cree que Uber tiene sobre un 85% del mercado allí, aunque Lyft crece mucho en las principales ciudades (donde más escala y rentabilidad se puede alcanzar).

Comparación entre las alternativas de transporte en ciudades en EEUU
Comparación entre las alternativas de transporte en ciudades en EEUU (Fuente: http://www.taxifarefinder.com/newsroom/wp-content/uploads/2015/08/UbervLyftvTaxi-Infographic-01.png)

Por lo que no parece que vaya a ser un problema a corto plazo. Más bien, la pregunta tiene que ser si a largo plazo puede alcanzar la rentabilidad. El punto crítico será la escala. Si es capaz de llegar a tantos sitios, antes que el resto, y luego empezar a rentabilizar esos mercados. Vamos, lo mismo que ha hecho Amazon, que por eso no paro de hacer comparaciones entre ambos.

No olvidemos, que además de este objetivo a largo plazo, el otro gran reto que tiene Uber son sus largas batallas legales. La escala, hará que todavía se reproduzcan más. Esto es algo que a Amazon no le pasó. Por lo tanto, su apuesta parece más arriesgada aún. Que quite competencia sin parar puede ser una apuesta financieramente buena, pero a efectos legales, hará que tenga que pelear muchas de esas grandes disputas solo. Para los organismos de control de la competencia, un tema que seguro les genera mucho trabajo. Y la amenaza de nuevos sustitutos (¿no íbamos hacia una era de vehículos autónomos?), también está ahí.

A pesar de todo ello, seguirán invirtiendo fuerte en marketing, como han hecho hasta la fecha. La escala es lo que hará que dentro de unos años podamos volver a enlazar este artículo para decir si finalmente le salío bien o mal la jugada.

Esta era tecnológica tiene estas cosas. Puedes perder una cantidad descomunal de dinero (la más grande de una empresa tecnológica en la historia), pero que todavía estemos hablando de rentabilidad a largo plazo. Máxime, en un mercado con tan pocas barreras de entrada como en el que trabaja Uber. Por cierto, ¿dónde quedó eso de la economía colaborativa? Acuérdense.

Tecnología al servicio de la sociedad: una nueva mirada

La complejidad y la interconexión del mundo que estamos viviendo en estos primeros años del Siglo XXI es del tal magnitud, que los retos sociales que tenemos son realmente grandes. El cambio climático (qué bien que la capa de ozono comience a mostrar una tendencia de mejora), el agotamiento de los recursos naturales, la pérdida de la biodiversidad, el aumento de las desigualdades intrapaís y su reducción interpaís (con los problemas sociales y de inmigración que eso genera), una corrupción moral y política imparable, la crisis de los refugiados en nuestra vieja Europa, el agotamiento del agua (con países que se han quedado incluso sin reservas, etc.), etc.

Titulaba este artículo “Tecnología al servicio de la sociedad“, queriendo hacer un guiño a una nueva mirada que deberíamos adoptar los que tenemos la fortuna de trabajar diseñando y construyendo soluciones basadas en tecnología. Estamos hablando de una era en la que el crecimiento exponencial y acelerado del progreso tecnológico, nos está dotando de unas herramientas que nunca antes habíamos tenido.

Y me acordaba de escribir esta breve reflexión, tras una conversación que mantuve el otro día en mi despacho con un estudiante que se va a trabajar este verano a un campamento a Etiopía. Una experiencia, por lo que ya pasé hace 5 años, y que me hizo crecer en muchas dimensiones de la vida.

Hablábamos sobre proyectos que él podría emprender allí, aprovechando su riqueza intelectual y tecnológica al máximo. Y, poniendo, la tecnología al servicio de la sociedad. Esta es la fortuna de trabajar en una universidad con los valores y misión que tiene la Universidad de Deusto. Y más si lo haces en la facultad de ingeniería, donde ponemos la sociedad como fin último de mejora.

Y es que en cierto modo vivimos en una paradoja: una capacidad tecnológica sin precedentes, frente a un volumen de problemas sociales (al menos de los que la civilización haya sido consciente) realmente grande. Los emprendedores, además, como grandes agentes del cambio. Elon Musk, emprendedor como la copa de un pino, llena su discurso de la crisis energética que vivimos, e incluso crea empresas con objeto de convertirse en públicas para que los algoritmos de Inteligencia Artificial sean de escrutinio público y los robots no lleguen a dominar a los humanos (su proyecto OpenAI).

El gran Schumpeter, ya adelantó esta posibilidad que fueran los emprendedores los que trajeran el mayor vector de cambio frente a empresas y gobiernos. Y eso es lo que estamos viviendo hoy en día, una posibilidad que algunos han llegado a bautizar como la descentralización de la economía. Una descentralización de activos y actividades de nuestra actividad del día, que está especialmente alineada con la tecnología. Miren:

  • Comunicaciones descentralizadas: Internet en sí mismo. Sin esa descentralización, la wikipedia, o conceptos como “Open Data” u “Open Science”, nunca hubieran sido posibles.
  • Fabricación descentralizada: nuestro Fab Lab, por ejemplo, como centros de producción distribuidos que encima se amparan en paradigmas de cero residuos y economías circulares.
  • Producción energética descentralizada: salvo por la locura regulatoria de España, esto ya es posible a nivel tecnológico. Microgeneradores de energía eólica o solar, como concepto de relevancia de cómo servirnos a nosotros mismos, sin intermediarios.
  • Cadenas de alimentación descentralizadas: la hidroponia en entornos urbanos (sin grandes cadenas de distribución que traiga salmón de Chile a Bilbao) o granjas orgánicas que aprovechan espacios sobrantes, me parecen conceptos de cómo repensar esa lógica del bajo coste de producción, pero con gran intermediación (que genera contaminación, y emprobece al débil de la cadena… el agricultor).
  • Finanzas descentralizadas: conceptos como el crowdlending o crowdfunding, que descentralizan la captación de capital, y que permite a un emprendedor conseguir aliados en múltiples lugares. Por otro lado, la revolución fintech, que rompe el concepto de banco central que intermedia en todo.
crowdlending
Fuente: https://andresmacario.com/el-crowdlending-como-alternativa-de-inversion-y-crecimiento/
  • Trabajo descentralizado: plataformas que permite localizar talento en cualquier lugar, y a autónomos, romper su barrera geográfica. La ruptura del trabajo asalariado, la gig economy o colectivos como Enspiral pudieran ser la norma.
  • Organizaciones descentralizadas: la economía digital descenralizada, y con una infraestructura por pares como Blockchain, permite el intercambio de valor sin intermediarios. Hablamos de Blockchain, que algunos ya han bautizado como la tecnología más disruptiva desde que apareció Internet.
  • etc.

Vistas estas pruebas, algunos ya empezamos a soñar y vislumbra una nueva era. Una nueva mirada, en la que la “tecnología al servicio de la sociedad” es el paradigma reinante. Arquitecturas descentralizadas y tecnologías abiertas (en su sentido de servidas a la sociedad para su uso abierto), que permitiera una innovación abierta que nos llevara a una sociedad más humana y sostenible que la que tenemos ahora mismo. Se desintermedia la cadena, desaparecen muchos intermediarios, que son en muchas de ellas el problema.

Creo que lo que nos falta para hacer de este sueño una realidad, es un cambio de enfoque. Una nueva mirada. Solo será posible si construimos soluciones tecnológicas de otra manera. Es por ello que me gusta tanto el concepto de open by-design. Pensar “a posteriori” cómo arreglar las cosas trae muchos problemas. Es mejor el pensamiento “a priori”, en el que pensamos cómo diseñar las soluciones teniendo en la cabeza la explotación final.

Y para que esto sea así, tenemos que tener en la cabeza, cuando construimos soluciones:

  • La cadena de valor completa de la tecnología. Por eso el concepto de “economía circular” me gusta tanto. Construir soluciones sin saber dónde acabarán los materiales, o pensar en Uber o AirBnB como plataformas de referencia sin entender las conscuencias que tiene en nuestro estado del bienestar, me parece preocupante.
  • Incentivar, quizás con dinero, y sin mucha política industrial, las startups que se centren en problemas sociales. Esa lógica de rondas de financiación pensando meramente en el retorno económico, me parece muy preocupante. Y que así, nos lleva a una creación de startups que simplemente priorizan el ROI.
  • Construcción de ecosistemas. Donde interaccionan inversores, locales, emprendedores, las universidades, etc. de manera constante. Esos ecosistemas, no, no solo son Silicon Valleys. Hay vida más allá. Ecosistemas alrededor de la innovación social, la tecnología al servicio de la sociedad (Fintech o Insurtech, por ejemplo), son otros ejemplos, más sectorizados, y con más propensión a servir a la sociedad.

Como ven, retos tenemos muchos. Pero, capacidades tecnológicas, más aún. Es la hora de poner la tecnología al servicio de la sociedad y pensar en nuestro futuro.

Podemos, Über y su (supuesta) socialdemocracia

Ayer, Pablo Echenique, Secretario de Organización de Podemos, colgó en Facebook esta noticia que llamó mi atención de inmediato:

Podemos quiere prohibir Über (Fuente: Facebook de Pablo Echenique)
Podemos quiere prohibir Über (Fuente: Facebook de Pablo Echenique)

La noticia de Expansión la podéis encontrar aquí. Y en ella, podréis encontrar varias cuestiones:

[…] Prohibir que Uber opere en España por “poner en riesgo a un sector laboral como el del taxi y atentar contra el sistema fiscal”

[…] El Tratado Transatlántico de Libre Comercio es una amenaza que ya tiene su primer caballo de Troya en empresas como Uber.

[…] Nuestra soberanía no está en juego y que no vamos a tolerar este tipo de prácticas que atacan a un sector estratégico.

No seré yo el que defienda Über. Es más, hasta en tres ocasiones he escrito para denunciar aspectos que señala el diagnóstico de Podemos: aquí -con motivo de su “vuelta a España”-, aquí -para denunciar su supuesta y mal denominada economía colaborativa- y aquí -para hablar de modelos de negocio y contabilidad en este siglo XXI-. Y pongo esto de inicio, no sea que enseguida alguien vaya a pensar que defiendo su modelo de evasión de pago de impuestos en España o de transformación del modelo de relaciones laborales.

Pero lo que sí deja entrever es cómo Podemos (entiendo que Unidos Podemos por transitividad), entiende esta economía del Siglo XXI y esta transformación digital que nos acecha en tantos sectores. La Comisión Europea, en boca de Jyrki Katainen, vicepresidente de la Comisión con competencias en la materia, como ya destaqué en esos artículos que cito, ha propuesto regular estas plataformas de Internet (que es lo que son), en lugar de prohibirlas. Pero Podemos se va del blanco (sin regulación) al negro: prohíbamos. Y esto, me da la sensación, no es la solución. Y, me da la sensación, ni siquiera entienden el verdarero problema que traen estos supuestos modelos de economía colaborativa.

Y, tampoco tengo claro que esto case con su supuesto modelo de nueva socialdemocracia. Podemos no ha dejado de decirnos a los ciudadanos españoles que representan la nueva socialdemocracia. Si esto es así, creo que se equivoca en su propuesta de prohibición. Hay una extraña tradición en este tipo de ideas de creer que la prohibición casa con los valores que creo debe tener toda propuesta de socialdemocracia en este Siglo XXI que nos ha tocado vivir: mercados abiertos y dinámicos, y políticas de redistribución.

Prohibir mercados, prohibir agentes, me parece que es no entender que los mercados deben estar con la mano abierta a la innovación y el emprendimiento. Regulemos ese terreno de juego para que todos operen bajo reglas, pero no prohibamos, porque entiendo eso no va a hacer más que alimentar el deseo de los consumidores por ese tipo de plataformas. A los ciudadanos lo que habría que explicarles son  las consecuencias y el equilibrio a buscar entre su beneficio personal (menos costes) y el beneficio social conjunto (¿quién se lleva el dinero?).

Por otro lado, ¿mantener el statu quo? Podemos, de nuevo, confunde, en una situación de “enfrentamiento” a los más débiles (el sector del taxi tradicional en este caso), con un sector con mucha rigidez y mucha barrera de entrada a nuevos operadores. Es decir, confundir el derecho de los trabajadores con puestos de trabajo. En lugar de centrarse en lo primero, Podemos, con este tipo de iniciativas se centra en lo segundo. Mantener el statu quo de un sector, el de los taxis, en lugar de proteger los derechos de los trabajadores (en este caso, conductores).

La solución no puede ser la prohibición y el inmovilismo. Y menos en una época en la que crear plataformas en Internet es sencillo, ágil y bastante dinámico. La solución debe ser casar la entrada de esos nuevos operadores con modelos de innovación importantes, que aportan nuevo valor añadido, con una red de protección social y mirada inclusiva a la economía (sistema fiscal fuerte para que el dinero no “se vaya” y beneficie a nuestros ejes sociales -educación, sanidad, dependencia, etc.- y garantías y derechos de los trabajadores al menos en igualdad de condiciones).

Y para que esto case, la regulación es fundamental. La socialdemocracia del Siglo XXI tiene que basarse en garantizar la tributación de estos modelos de innovación (por eso de la redistribución, que no hay medida más social que esa), asegurar los derechos de los trabajadores (pero no a costa de que unos pocos tengan unos privilegios) y hacer dinámicos los mercados. La prohibición, no casa ni con lo primero ni con lo segundo. Por ello, decía al comienzo, que tengo mis dudas que Podemos entienda bien estas medidas tomadas, y menos aún, que esto se corresponda con su supuesto modelo de socialdemocracia.

Por último, lo de meter el TTIP por medio, “nuestra soberanía en juego” y lo de “sector estratégico“, de traca final. Creo que habla por sí solo. Nada que deba yo añadir.

Uber y su retorno a España

Uber, un servicio que permite conectar de manera ágil a viajeros y conductores particulares, vuelve a ser noticia en España. Ha vuelto. Esta fue su propuesta de valor desde un inicio, cuando allá por 2009 fue creada. Desde entonces, la sucesión de hechos ha provocado que tenga disputa tras disputa. A finales de 2015 (esto cambia bastante rápido), operaba en las siguientes ciudades:

Ciudades donde Uber opera (Fuente: http://techhutt.com/what-is-uber-car-service/)
Ciudades donde Uber opera (Fuente: http://techhutt.com/what-is-uber-car-service/)

Pero, también tenía una serie de prohibiciones (parciales, totales, etc.) en otro conjunto de ciudades:

Ciudades/países con Uber prohibido o con operaciones suspendidas (Fuente: http://www.globalpost.com/sites/default/files/photos/201504/ubermap_lead_0.jpg?itok=J7Peimks)
Ciudades/países con Uber prohibido o con operaciones suspendidas (Fuente: http://www.globalpost.com/sites/default/files/photos/201504/ubermap_lead_0.jpg?itok=J7Peimks)

En España fue prohibido a raíz de una demanda de la Asociación Madrileña del Taxi, que solicitaba su retirada o prohibición por competencia desleal. De un discurso de “economía colaborativa”, decían, habían pasado a un negocio de “economía sumergida”. No voy a entrar a valorar estas cuestiones, porque el mundo de la “justicia”, de lo “bueno o malo”, es siempre muy complicado. Como suelo, decir, todo tiene costes y beneficios. En este caso son muchos costes los que esgrime el sector del taxi: falta de seguridad, falta de licencias y el pago de impuestos.

En este caso, los costes los tengo bastante claros. Y los beneficios, incluso también. Como comentaba en la entrada anterior, en estas plataformas supuestamente colaborativas, el problema radica en que los costes y beneficios no afectan al mismo sujeto: los beneficios para el usuario pueden estar claros (aquí podéis ver un magnífico resumen de El Confidencial comparando las plataformas de alternativas para el transporte interurbano -Uber, los taxis de toda la vida, Cabify y Car2Go-), pero los costes no son para el usuario (más allá de la cantidad monetaria), sino para el conjunto de la ciudadanía (por lo problemas macroeconómicos que describí). Además, claro, del “incumbente”, en este caso los taxis de toda la vida.

Es decir, una innovación, en la que los costes y beneficios no son asumidos por la misma persona. Este pequeña “Tragedia de los comunes“, hace que el problema sea complicado incluso de analizar. Básicamente porque se mezclan puntos de vista, y cuando en una innovación, los costes y beneficios no son asumidos por el mismo, estos choques siempre se van a producir. Los usuarios que quieren ahorrarse dinero no entienden por qué el estado lo quería prohibir, y el estado no puede entender que un usuario no entienda que pudiera ser competencia desleal.

Por otro lado, una innovación que altera las reglas de juego. La Ley 16/87, de 30 de Julio, de Ordenación de Transportes, exige que se deba disponer de una licencia o autorización para poder transportar bajo un contrato. Uber, lo que dice, es que ellos son una “página web”, no un operador de transporte, a pesar de que el resultado o experiencia de usuario/consumidor, pueda ser la misma (o parecida, al menos).

Con estos problemas/dilemas presentes, Uber ha vuelto con su servicio UberX, donde solo pueden operar conductores profesionales. Ello para evitar los problemas que tuvo con su versión UberPop -con la que entró en la mayoría de las ciudades Europeas-, un servicio totalmente entre particulares. Este movimiento, de “profesionalizar” la prestación del servicio, es muy parecido al que emprendieron en Corea del Sur. Solo podrán hacerlo conductores con licencias VTC (Autorización de arrendamiento de vehículos con conductor) que, según la ley española, sí que pueden realizar servicios de transporte de pasajeros.

El gran reto ahora para Uber será la propia regulación. ¿Será capaz, como han hecho otras innovaciones, de hacer que las leyes cambien? Por Ley, hay un límite: 1 licencia por cada 30 taxis existentes. Uber, espera que esta cifra pueda relajarse a futuro. Pero, además de confiar en sus habilidades como lobby para el cambio regulatorio, Uber confía también en negociar con los actuales proveedores de estas licencias. En Madrid, por ejemplo, hay 1.500 licencias VTC. ¿Podrá Uber conseguir hacerse con esas licencias? ¿podrías llegar a ser la principal empresa de transporte de taxis de España?

¿Qué otras estrategias está siguiendo Uber para tener este marco de relación tan estrecho y amigable con las instituciones públicas ahora? Pues son varios los mecanismos de colaboración que está poniendo en marcha. En Boston, por ejemplo, ha utilizado como divisa una que nos será familiar a todos los nosotros: datos de los usuarios, tales como rutas, horarios, perfiles, etc. Es decir, usar la utilidad e interés que tiene la base de datos de Uber para cedérsela a las autoridades, que estarían interesadas en disponer de esos datos a efectos de una buena y eficiente planificación de los sistemas de transporte urbanos e interurbanos. La congestión y la contaminación, pudieran ser prevenidas si tuviéramos más datos sobre los hábitos de transporte de los ciudadanos. Una estrategia, por cierto, que parece está trabajando ya con otras ciudades. Los datos de uso de Uber y hábitos de transporte, y colaborar con las autoridades, a cambio de permitir Uber en la ciudad y no poner muchas trabas.

Por último, hay dos cuestiones socialmente importantes que deben igualmente conocerse: su sistema tarifario (subir precios cuando está lloviendo, por ejemplo) o la discriminación de usuarios con problemas de movilidad (ha habido casos de conductores que se han negado a colocar sillas de ruedas en maleteros). Por eso es tan importante siempre que la legislación intente seguir en la medida que pueda a estas innovaciones disruptivas. Sino, podemos llegar a situaciones como las descritas.

Plataformas (supuestamente) colaborativas: algunos “pero”

Quizás hayan visto en alguna ocasión una imagen como la siguiente:

Fuente: https://www.linkedin.com/pulse/things-which-i-learned-from-uber-facebook-alibaba-airbnb-tushar-goyal
Fuente: https://www.linkedin.com/pulse/things-which-i-learned-from-uber-facebook-alibaba-airbnb-tushar-goyal

Simplificando lo simplificable, Uber, Facebook, Alibaba y AirBnB, los estandartes de esta mal denominada “economía colaborativa” (de lo que ya hablé aquí, aquí y aquí), son “páginas web“/”plataformas tecnológicas” cuyo valor no radica en disponer como “producto” lo que se dedican a vender, sino a facilitar todos los medios para que otros lo hagan. Por lo tanto, como proyecto tecnológico y comercial, creo que su valor está fuera de toda duda. Pero donde me surgen más dudas es sobre el supuesto componente “colaborativo”, en un sentido más “social” y de “beneficio compartido”. Por ello quería trasladar algunas nuevas reflexiones, ahora que Uber ha vuelto a España.

¿Qué características tienen estos proyectos?

  • Propuesta de valor: plataformas de gestión web de los flujos de transacción. Es decir, conectar a la “oferta” y a la “demanda” a través de tecnologías que lo ponen muy fácil, sencillo y rápido (aplicaciones móviles, especialmente).
  • Externalización de los “costes de producción”: ¿costes? prácticamente nulos, quitando los tecnológicos y comerciales, como decía antes. Es más, ni siquiera conciben la idea de “relación laboral” como tal.
  • Replicar el modelo de negocio todo lo que se pueda y más: estar en tantos países como puedan, dado que así pueden amortizar mejor los costes fijos de su inversión tecnológica y comercial.
  • Grandes campañas de marketing: al marketing tradicional y online, le suman novedades en la materia como los influenciadores y demás. No hay más que ver el vídeo de Enrique Dans ahora con la vuelta de Uber.

¿A cambio qué recibe el usuario? Un ahorro grande o pequeño, en función de lo que pague. Si paga con datos (Facebook o Uber), se paga menos. Si paga servicios no directamente comparables al producto que se obtiene con otras alternativas (un hotel o producto comprado en una tienda), pues les saldrá algo más barato por mera contabilidad de costes.

Pero, estas iniciativas, a mí me suscitan algunos “pero” a nivel de macroeconomía o de estado (“lo público”) que quería compartir con todos ustedes:

  • A nivel de Seguridad Social y el Estado del Bienestar: este artículo de The Economist, tratando sobre un tema completamente diferente, alertaba sobre el papel que deben asumir los estados a la hora de fomentar o “frenar” determinadas iniciativas. En este caso, me surge la duda del papel que debiera jugar un estado o sus órganos competentes (Seguridad Social, quizás) a la hora de fomentar un modelo en el que las relaciones laborales cambian por completo, y quizás, incluso se precarizan (esto es mera especulación aún).
    ¿Qué pasa con el sistema de pensiones contributivo que tenemos en los modelos del Estado de Bienestar del sur de Europa? Porque no es lo mismo que Uber funcione bien en EEUU o Reino Unido (donde todos sabemos cómo son sus estados del bienestar) a que lo haga en España, donde compartimos ahorro para que haya cierta solidaridad entre generaciones. Pudieran provocar “choques demográficos” que debiéramos prever al menos. Por ello es tan peligroso comparar soluciones tecnológicas de EEUU con el mismo modelo en España.
  • A nivel de Hacienda e impuestos: nuestros impuestos nos permiten construir carreteras, disponer de un formidable sistema de salud, una educación bastante igualitaria, etc. ¿Este tipo de relaciones laborales y modelos empresariales guardan afinidad con esta línea social que  nuestro sistema fiscal propone? ¿Dónde tributarán esas empresas? ¿En concepto de qué lo harán? Yo no tengo toda la información para dar respuesta a ello.
  • A nivel de garantía la calidad: en estas plataformas, a diferencia de un sistema en el que el estado regula “la calidad” (con licencias, normativas, etc.), son los propios usuarios de Internet los que legitiman la calidad de un servicio. Los reviews y ratings de un usuario, se convierten así en su reputación, legitimida socialmente a través de un gran grupo de usuarios como son los consumidores de estos servicios en Internet. Ya hablé sobre esto de la influencia social recientemente. Esto no tiene por qué ser “bueno” o “malo”, sino que tiene sus costes y beneficios. Todo cambia. Cuando pase algo-que el azar es así, algo pasará-, veremos como y quién se responsabiliza. Esta “externalización y democratización” de la responsabilidad, también me genera algunas dudas.
  • A nivel de discriminaciones positivas y negativas: ¿qué opina la Comisión Nacional de la Competencia sobre posibles de discriminación? Es decir, un hotel debe adaptarse para todas las normativas en materia de accesibilidad, universalidad, etc., pero ya ha habido varios casos en los que estas plataformas no han sido igual de considerados en todo ello. ¿Qué pasa con las discriminaciones? ¿Se puede “codificar” en un algoritmo estas decisiones con tanto componente “social”? Me vuelve a generar muchas dudas.
  • A nivel de “pricing”: entramos en un modelo de “libre mercado” total. Los precios, así, se entiende que tenderán a bajar. Pero, ¿es esto bueno? Como han podido ver, hay otras cuestiones que “se pierden”, que ahora mismo los precios sí recogen. Romper las reglas de juego tanto puede ser “bueno o malo”, dependiendo desde la óptica de la que se mire.

Como decía el título de este artículo “Plataformas (supuestamente) colaborativas: algunos “pero“. Como ven, muchas interrogantes que se abren con esa perspectiva más pública o “ciudadana”, que creo, debemos tener en consideración, más allá del precio y la facilidad de uso de una app.

La economía colaborativa y la captura y oferta de valor: modelos de relación laboral y derechos del consumidor

(continuación y fin de la serie iniciada aquí y seguida aquí)

Hace poco Jeremy Rifkin decía que la salvación al modelo de economía capitalista de los últimos siglos está en la economía colaborativa. La economía basada en recursos compartidos nos ofrece, supuestamos, un nivel de eficiencia nuevo, hacer más con menos, generando abundancias absolutas en lo intangible (conocimiento, diseño, contenidos, etc.). Con esto de las plataformas de intermediación y en red algunos empiezan a hablar de un capitalismo de plataforma. Es decir, una transformación en la manera de producir, compartir y proporcionar bienes y servicios. En el modelo tradicional, las empresas compiten por atraer el aconsumidor. En el nuevo modelo de economía colaborativa, aparentemente más horizontal y participativo, los consumidores se relacionan entre sí. Esto es lo que hemos venido a conocer como las relaciones P2P.

Esto, obviamente, cambia la forma de producción y distribución de valor, cambiando la manera en la que hacemos transacciones de intercambio. Ahora aparece un componente social, en el que las personas compartimos (supuestamente), apareciendo (supuestamente) otros valores (como es el de la reciprocidad social). Pero esto, cuando entra la economía de mercado, se rompe.

Este inercambio social que representa la economía colaborativa supone la introducción de un nuevo agente en la cadena de relación social habitual; una empresa que hace de intermediaria. Así, el intercambio social, se convierte en un intercambio económico, haciendo que prime el valor utiliario en lugar de el aspecto social. Ya hay investigaciones que demuestran esto. Cuando la gente “alquila” un espacio de su coche en Über o su casa en AirBnB no considera que tenga que haber una obligación recíproca de hacerlo (que sí aparece cuando el intercambio es “social”). Es decir, AirBnB no es CouchSurfing. El propio Uber lo dice “Better, faster and cheaper than a taxi“. Esas son sus ventajas competitivas relacionados con aspectos de mercado. Y ahí es donde AirBnB creo que se equivoca, cuando dice lo de “people, places, love and community” (a esto es lo que me refieron con utiliza esto de lo “economía colaborativa” como instrumento de marketing).

De hecho plataformas como AirBnB o Über, actúan como miles de tanteadores Walrasianos actualmente localmente en tiempo y en espacio, lo cual lleva a discriminar de manera perfecta los precios, y llegar a puntos de equilibrio de mercado perfecto. Una competencia en el mercado eficiente, en definitiva. Por lo tanto, se introduce la variable precio como elemento crítico en la decisión de la compra de un usuario (lo que decíamos de valores utilitaristas).

Además, como la economía de escala y la generación de valor se alcanza a mayor número de usuarios, la ventaja competitiva es el número de usuarios. De ahí que el marketing digital y la fidelización esté a la orden del día en todos los presupuestos de estas plataformas. Las organizaciones que nacieron en la era de los smart phones crecieron en usuarios en el periodo 2008-2012 dos veces más rápido que aquellas que lo hicieron en la era de las redes sociales (2003-2008). Además, las organizaciones con una estructura de plataforma (integran o producen activos distribuidos) crecen con el doble de aceleración que las que tienen estructura de servicios (activos centralizados). Por lo tanto, hablar en este artículo de los cambios que han sufrido los consumidores y los trabajadores (es decir, los usuarios de estas plataformas) se torna fundamental para terminar esta serie de artículos.

Derechos del consumidor

Estas organizaciones representan ciertos desafíos desde el punto de vista de los derechos del consumidor. En lugar de respetar un código riguroso que circunscriba los derechos de los consumidores y las obligaciones del proveedor del servicio, se confía en la “reputación del proveedor”; como todos opinaremos mal de aquel que se porte mal, se piensa que el proveedor de un trayecto de taxi se portará bien. Es lo que podríamos denominar una economía dominada por la reputación social, en lugar de una institución que se encargue de vigilar su buen comportamiento. Un “libre mercado” propio del mismísimo Hayek.

Sin embargo, esto ahora mismo está lejos de conseguirse. Ya hay varios casos que exponen los problemas que este modelo representa. Conductores de Über que descriminan con frecuencia a los discapacitados, negándose a colocar su silla en el maletero del coche. Dado que Uber se describe como la plataforma tecnológica, no como una empresa de transporte (algo parecido a la demanda interpuesta contra BlaBlaCar), estas cosas pueden pasar. Los vacíos legales, ahora mismo, son explotados para estas plataformas, en su dimensión más utiltarista.

Como decíamos en el artículo anterior, la contabilidad de estas empresas es muy ligera; Über no tiene conductores en nómina y AirBnB no tiene un conjunto de propiedades. Son plataformas que aprovechan el efecto en red que produce gestionar un servicio cuyo valor aumenta con el número de personas que lo utiliza. Y esto se está convirtiendo en monopolios que hace difícil proteger los derechos del consumidor.

Una buena manera de proteger más a los consumidores sería que pudieran abrirse a otras de la competencia. Pero, claro, las barreras de entrada en esta “economía de plataformas” es importante; parece que no (por el discurso típico de “la agilidad y dinamismo de Internet”), pero hay tres elementos que críticos aquí: datos, algoritmos y servidores. Estas plataformas juegan con formatos cerrados, propios suyo, haciendo que sea difícil para un consumidor irse de un proveedor de plataforma a otro. Una buena forma de evitar estos monopolios sería evitar que se apropien de ello. Estaría bien que pudiéramos trasladar nuestra reputación, historial de uso y mapa de conexiones sociales a otras plataformas.

Está, además, hace que las empresas industriales necesiten reinventarse. Cada coche compartido sustituye a diez coches en propiedad. Esto es un descenso de la demanda enorme. Sumémosle a esto además la fabricación 3D (cuyo precio se ha reducido en un orden de 1 a 400 en los últimos siete años); piezas a medida al instante. Metámosle además el Internet de las Cosas, con capacidades de diagnosticar su situación, autoprogramarse y mejorar sus prestacionales funcionales y estéticas. Los robots industriales cuestan 1/23 lo que solían hacerlo, los drones 1/143 y la secuenciación del genoma 1/10.000. Nos espera una fascinante nueva era.

Derechos de los trabajadores

Que esta última revolución tecnológica (la digital) esté supuestamente trayendo desempleo (algo de lo que ya hablé aquí) es algo que frecuentemente se cita. Como suele serñalar McAfee, del MIT, tradicionalmente las revoluciones tecnológicas han traído más trabajo; hasta esta, en el que como estamos construyendo sustitutos a nuestro principal valor diferencial (el cebrero, frente a la mera automatización habitual), esta lógica pudiera estar cambiando.

En el caso de las plataformas e esta economía colaborativa, donde actúan unas plataformas intermedias como agentes de mercado, se puede decir que crean más trabajo del que destruyen. Lo que pasa que crean un trabajo diferente al habitual. En este mercado se encuentran tres agentes: la compañía/plataforma de intermediación, los consumidores y los trabajadores a tiempo-completo (que es como vamos a denominar a los “trabajadores” de estas plataformas). Son estos últimos los más perjudicados, parece. Algunos ya hablan de un nuevo feudalismo digital; beneficios de unos pocos. Y por lo tanto, mayor desigualdad y más facilidad para la captura del regulador.

Hace unos años era la integración vertical la que traía ventajas competitivas. La mayor capacidad de llegada a todas las esquinas de la cadena de valor, te hacía ser más fuerte, y por lo tanto, más oportunidades frente al resto. Sin embargo, hoy en día, parece ser la agilidad la que se está imponiendo. Y esto, obviamente, tiene un fuerte impacto en las relaciones laborales. Se torna difícil que tengamos el mismo modelo de trabajo que hemos tenido hasta la fecha, donde entrábamos a trabajar a un sitio, y nos podíamos quedar ahí 40 años. No es así raro ver cómo las grandes fomentan unidades de emprendimiento e innovación de las que nutrirse de agilidad.

Esto es lo que Michael S. Malone y Yuri van Geest han bautizado como organizaciones exponenciales (en su libro “Exponential Organizations: Why New Organizations Are Ten Times Better, Faster, Cheaper Than Yours (and What to Do About It)“). Mientras que las organizaciones lineales se gestionan bajo un principio de escasez de recursos (de ahí modelos de gestión de optimización, minimización del consumo, modelos de economía circular, etc.), las organizaciones exponenciales se gestionan bajo principios de abundancia. Cuando el Hilton quiere abrir un nuevo local, tiene que construir el hotel, contratar personas, mantenimiento, etc. AirBnB, en contra, crece a una velocidad sustantivamente mayor porque no tiene escasez de recursos ni adquisición de los mismos que realizar. AirBnB ya tiene 1 millon de espacios que alquilar, y vale más de 20.000 millones de dólares, siendo ya “la cadena hotelera” de mayor valor bursátil del mundo. Esto es la escalabilidad en una era de la colaboración, de la abundancia.

Esta flexibilidad y ruptura de modelos organizativos, como decía, trae nuevos modelos de relación laboral. Personas que complementan su trabajo habitual con servicios de transporte y alojamiento en su hogar. Personas que ven como deben diversificar su actividad laboral, porque ya con un “trabajo” no basta. Las repercusiones que todo esto puede traer son muy grandes, tanto para cada ciudadano, como para la sociedad en agregado. Esto, por otro lado, genera también cambios en términos fiscales. El mercado de los taxis tradicional, genera impuestos en términos de renta (el IRPF en España), pero también con el impuesto al valor añadido (IVA en España) o el impuesto de ventas (en otros países). Pero, ¿y Über? Aquí es donde creo que debiera hacerse algo. Además, Über, como servicio no-frill, tampoco es lo mismo que un taxi; por ejemplo, no ofrece seguro.

Y con esto damos fin a esta serie en la que hemos introducido el término de la economía colaborativa, hemos hablado de cómo se están monetizando estas plataformas en red hoy en día, y finalmente, en este artículo, hemos hablado del derecho de los consumidores y de los trabajadores, y cómo éstos se ven impactados. Como veis, un nuevo modelo de creación de valor esto de la economía colaborativa. Y por lo tanto, un nuevo modelo de hacer las cosas que tiene impacto en muchos de los elementos que vemos hoy en día en las empresas.

La economía colaborativa y la captura y oferta de valor: modelo de negocio y contabilidad

(continuación del primer artículo, donde introducíamos la economía colaborativa)

Estamos asistiendo en la actualidad al auge de empresas digitales que, con unas reglas con ciertas diferencias en materia fiscal, laboral y regulatoria, dan respuesta a los nuevos hábitos de compra que tienen las nuevas generaciones de consunidores. Y es que las TIC en general han acelerado muchos comportamientos y actitudes, destacando entre ellos la economía colaborativa, como hablábamos en el artículo anterior.

Según PWC, para 2025, se espera disponer de un mercado de economía colaborativa de 335.000 millones de dólares (frente a los 26.000 que dispone en la actualidad). Un estudio de la consultora Nielsen sobre economía colaborativa, afirmaba que España es el 5º país de la Unión Europea con más potencial de crecimiento en esta materia. 5.000 plataformas activas y de un 53% de ciudadanos en España dispuestos a alquilar o compartir sus bienes. Un nuevo reto sociológico y de consumo que se ha de aprovechar. Los próximos 19, 20 y 21 de Noviembre se celebra en Barcelona el OuiShare Fest 2015, con el lema “La transformación colaborativa“, prueba del interés e importancia que está adquiriendo en España.

Y en esta evolución, veremos participar no solo a los sectores de alquiler tradicionales como en la actualidad (libros, habitaciones para dormir, vehículos para moverse, etc.), sino también modelos más disruptivos como las horas de trabajo, préstamos entre particulares, etc. La figura que abajo mostramos habla de todo ello.

La evolución de la economía colaborativa (Fuente: http://www.pwc.co.uk/)
La evolución de la economía colaborativa (Fuente: http://www.pwc.co.uk/)

Y es que AirBnB y Über son solo la punta de lanza de un sector mucho más amplio y de mucho más recorrido. Y es que la economía colaborativa crea un nuevo modelo de consumo, abriendo la puerta a explotar recursos propios (como hablamos en el artículo anterior), por lo que también abre la puerta a nuevos modelos de negocio. Y esto es precisamente lo que queremos tratar en este artículo.

Por resumir mucho lo resumible, la era digital lo que ha traído es un nuevo modelo de intermediación en las cadenas de valor que permite organizar de manera eficiente el intercambio de productos y servicios. Pero, lo hace de manera acelerada y optimizada; mayor audiencia, gestión eficiente de la logística (cobros y pagos incluidos), mayor confianza entre usuarios ante la posibilidad de evaluar los servicios y productos adquiridos, economías de escala, etc. Esto, en lo que a la economía colaborativa se refiere, genera dos principales modelos de “hacer negocio” a través de las plataformas digitales:

  • Plataformas que intermedian en el préstamo o intercambio entre particulares: estas plataformas, las podríamos clasificar en tres grandes grupos:
    • De producto a servicio (la servitización de la economía): lo que han hecho AirBnB o Über; de poseer habitaciones de hotel o taxis, a ofrecer un servicio de alojamiento o transporte con mi casa o vehículo personal.
    • Redistribución de bienes y servicios: lo que trajo hace ya muchos años eBay; un gran mercado donde cualquiera puede ser tanto comprador como vendedor. La democratización de los centros comerciales.
    • Intercambio de bienes y servicios sin intereses comerciales: los bancos de tiempo o plataformas como CouchSurfing que tanto gustan a las nuevas generaciones (que hace que sea difícil generarles valor como para que paguen).
  • Usuarios que se agrupan para lograr un objetivo común: grupos de consumidores que se juntan para conseguir un determinado producto o servicio a un precio más bajo. Aquí se incluyen desde plataformas de crowdfunding como Kickstarter a webs de compras colectivas como Groupon.

Con estas opciones en la mano, y con la cantidad de sectores que quedan todavía por someterse a la economía colaborativa, pueden ustedes imaginarse que las posibilidades son bastanta grandes. ¿Y por qué del éxito de estas plataformas digitales? Bueno, básicamente porque su operación en red genera un valor y una cantidad de externalidades que todavía no somos capaces de prever/entender. Es decir, son modelos tan extensibles y versátiles, que los inversores no paran de hacer hipótesis lo que podría llegar a hacerse con los cientos de millones de usuarios de Facebook, de Über o de Netflix. La posibilidad de tener esa gran red da un valor inimaginable.

Por lo tanto, estamos ante compañías como Amazon, Twitter o LinkedIn valen en bolsa mucho más que lo que dicen sus cuentas de resultados o sus balances. Una nueva realidad de valor de empresas que no tienen activos.

En términos de creación de valor (medido a través del multiplicador PER –Precio-To-Revenue ratio o veces que la cotización bursátil recoge el beneficio de la compañía-), son estas plataformas las mejor posicionadas. Y citábamos a Jeremy Rifkin y su The Zero Marginal Cost Society para entender que esta era digital ha alterado sustantivamente la estructura de costes y los modelos de negocio/creación de valor. Presento dos gráficas para exponer esto:

Rendimiento sobresaliente de las plataformas de intermediación en red de Internet (Fuente: https://hbr.org/resources/images/article_assets/2014/11/revenueandprofit1.png)
Rendimiento sobresaliente de las plataformas de intermediación en red de Internet (Fuente: https://hbr.org/resources/images/article_assets/2014/11/revenueandprofit1.png)

Esta falta de relación entre la contabilidad tradicional y el valor en bolsa está haciendo que no seamos pocos los que estemos reclamando cambios en los sistemas de contabilidad. La contabilidad no mide aun el valor de los activos digitales, de redes que “no se poseen” (en términos de propiedad en contabilidad) o de la capacidad de influencia y relación que tiene una plataforma digital (que, por cierto, muchas empresas ni siquiera son capaces de cuantitivizar, ignorando así la “economía de la influencia” de la que ya hablaremos en otro momento). Por lo tanto, nos faltan reglas para medir todos estos intangibles. Seguimos anclados en una lógica de lo concreto y tangible.

Sin embargo, incluso las propias organizaciones están cambiando. En el Siglo XX se planificaba a largo plazo con estructuras rígidas y poco ágiles. Esto hacía que para rentabilizar esta estructura y constitución, se debiera capturar todo el valor posible. Esta lógica quizás les sea familiar a muchos; dado que las empresas de hoy en día siguen siendo gestionadas y dirigidas por esta lógica. A los que somos “muy digitales” nos sorprende a veces que se nos argumenten decisiones desde esta óptica. Y es que conceibimos este Siglo XXI, de alta incertidumbre, como una “beta permanente”. Se prueban constantemente productos/servicios nuevos, y el camino bueno dependerá siempre de las respuestas que tus clientes aportan a tus nuevos proyectos. Por lo tanto, la capacidad de reacción, de agilidad, de prueba y fallo, es fundamental. Las empresas (sobre todo las digitales), no necesitan capturar todo su valor para subsistir; y es que tienen tantos efectos de red, que liberan parte de su valor sobre la red que operan, y no les importa. Fíjense en la diferencia. Y esto, a nivel contable debiera reflejarse. Sino, pasará como ahora, que su valor en bolsa es sustantivamente superior a lo que reflejan sus libros de contabilidad.

Dos reflexiones finales. En primer lugar, la legal. La economía colaborativa está generando debate porque cuestiona los modelos económicos establecidos. Como decíamos al comienzo, está claro que estas plataformas digitales tienen unas armas fiscales y regulatorias diferentes, lo que provoca que los lobbies tradicionales se sientan amenazados (ya sea el del taxi, el hotelero o cualquier otro). Aquí veremos mucho recorrido y muchos cambios. En segundo lugar, sectores que todavía son poco “colaborativos”. El financiero, por ejemplo. Funding Circle (préstamos entre particulares) me parece una iniciativa que marcará camino. Pero la relación laboral entre empresas y trabajadores también sufrirá cambios. De esto hablaremos en el siguiente artículo.

En definitiva, la economía colaborativa; un nuevo paradigma de relación comercial que cambia tanto los  modelos de negocio como la contabilidad y el reflejo de valor. Deberemos adaptar muchos elementos de medición y expresión de valor para reflejar bien esta era digital. De lo contrario, seguiremos sin claridad.