Los smartphones y su entrada en nuestras vidas

En 1994 nació el primer teléfono inteligente: IBM Simon. Tenía pantalla táctil y llegó a vender 50.000 unidades. Muchos anticiparon una era en la que esos pequeños ordenadores llegarían a dominar nuestro día a día. Sin embargo, tuvimos que esperar unos cuantos años más para que eso realmente sucediera.

La verdadera era de los smartphones arranca cuando en 2007 Apple introduce el iPhone. Steve Jobs, que había resucitado la enseña y su valor de “innovación” gracias al iPod, dijo entonces algo que a muchos no les causó grandes reacciones. Jobs sugirió que ese producto cambiaría todo. Quizás falló en predecir todo lo que cambiaría, pero sí tenía toda la razón: nuestro día a día ahora pivota alrededor de los smartphones. Por si queréis ponerlo en perspectiva con IBM Simon, en estos 10 años, Apple ha vendido 1.000 millones de unidades. Y ha hecho que Apple sea la empresa de mayor valor bursátil del mundo.

El resto de fabricantes, pronto se pusieron las pilas (salvo algunos casos conocidos como Nokia, Blackberry, etc.). Y empezaron a fabricar otros smartphones. Hemos ganado en posibilidades prácticamente impensables hace unos años. Y por eso digo que creo que esto ha cambiado nuestras vidas. Ahora nos conectamos a Internet desde cualquier punto prácticamente (recuerdo todavía tener que ir a casa para poder hablar por Internet o enterarme de cómo había quedado un partido de fútbol).

Hemos pasado de ver un teléfono como un medio de comunicación a verlo como un dispositivo de información y gestión. Hacemos transferencias bancarias y reservamos un paquete de vacaciones. Mientras vemos la TV o leemos el periódico, buscamos en el móvil más información. Jugamos partidos de fútbol e incluso a la ruleta gratis. Subimos fotos a Instagram para mostrar a todo el planeta la ropa que llevamos y la cena que estamos disfrutando. Trabajamos también desde ahí: podemos redactar correos o elaborar artículos como éste desde un dispositivo inteligente. Y, últimamente, hacemos también cada vez más la compra desde el dispositivo inteligente.

Steve Jobs pensó que lo que sería revolucionario era el navegador de Internet que introdujo. Pero su verdadera aportación a esta era de la movilidad que estamos viviendo fue su concepto de “app”. Sí, las aplicaciones y sus respectivas tiendas para distribuirlas es lo que ha traído que ahora cualquier empresa pueda ofrecer sus servicios a clientes para ser éstos usados desde el dispositivo móvil inteligente. Über, Facebook, Instagram o AirBnB nunca hubieran despegado sin ello.

Como veis, creo que es objetivo pensar que nuestra vida está acabando por convertirse en una en movilidad en la que tenemos la sensación de hacer muchas más cosas que antes. Quizás por eso también vivamos tan acelerados, porque es difícil en ocasiones pararse a pensar un poco, ante las capacidades comunicativas e informativa que nos ofrece. Los smartphones nos han traído muchas nuevas capacidades y sí, nos han cambiado quizás para mucho tiempo. Quién sabe hasta qué otra nueva revolución.

Una persona cena y lee el periódico (Fuente: http://i.huffpost.com/gen/1768830/thumbs/o-51239785-900.jpg?1)
Una persona cena y lee el periódico (Fuente: http://i.huffpost.com/gen/1768830/thumbs/o-51239785-900.jpg?1)

De producto a experiencia en la era digital: Kodak, ebooks y vinilos

Los que me han escuchado en alguna conferencia, saben que suelo mostrar siempre una gráfica como esta que adjunto a continuación para explicar cómo, en esta era digital en la que estamos sumergidos, hemos entrado ya en la era de la experiencia. Starbucks es el paradigma de ello: ha cogido un producto, una cadena de valor, que llevaba explotándose décadas, siglos (en 1652 llega la primera cafetería a Europa), y se ha convertido en una empresa que vale 80.000 millones de dólares en bolsa.

Starbucks
De materia prima a experiencia: el caso Starbucks (Fuente: https://www.whitehutchinson.com/images/20100911coffee.jpg)

Esto se produce en un contexto en el que la era digital de transformación de la que tanto hemos hablado, también debe hacer una reflexión. Son varias las noticias en estas últimas semanas que me han llevado a hacer esta reflexión. Kodak ha revivido su Ektachrome, la cinta para fotógrafos por antonomasia. Récord de ventas de vinilos de los últimos 25 años. Los libros en papel, reviviendo igualmente. Aquí hablé detenidamente, de este último fenómeno en concreto.

¿Por qué está ocurriendo esto? No es la primera vez en la historia que observamos un fenómeno así. Cuando las revoluciones (en este caso digital), ya han avanzado en su aparición, suelen requerir de un ajuste. Y es que al “hype” inicial (que es cuando más en frío se deben analizar las cosas), suelen sumarse personas que no analizan realmente el valor que aporta. Y en esta era en la que muchos hablamos de la economía de la experiencia, el valor debe ir por ahí.

Mi experiencia de lectura en papel es mucho mayor que la digital. A los fotógrafos (no tengo ni idea de eso, lo siento), seguramente les ocurra que las fotografías impresas a partir del Ektachrome, ofrezca una calidad mejor que la digital. La calidad para oídos finos de un vinilo, seguramente sea más enriquecedora que escuchar una canción digital.

Y es que al final, queremos experiencias. Disfrutar, no solo consumir “algo nuevo”. Y es quizás lo que ha acompañado sector tras sector en esta era digital. Si nos fijamos en qué gastamos nuestro “tiempo libre”, son experiencias: vacaciones, diseñamos nuestra casa, leemos periódicos o navegamos por Internet, etc.

Quizás entonces, debamos estar empezando a hablar de la era “post-boom-digital“. Una era en la que todavía falta mucho de reconfigurarse. Y que podamos finalmente, dentro de un tiempo, reflexionar sobre lo que de verdad aportó valor. Y lo que realmente permitió transformar. No por poner el apellido “digital” a algo ya se vuelve de valor. Si no genera una experiencia positiva en el que lo usa, pudiera pasar como pasó con la fotografía o  la lectura: que volvamos al origen.

Este mundo de la experiencia digital, de poder ofrecer desde nuestras una propuesta de valor centrado en todo ello, la pregunta que faltaría es a ver quién tiene que liderar este mundo dentro de las organizaciones. Muchos lo han visto tradicionalmente como un campo del CIO (o responsable de informática o tecnología dentro de las empresas) o como terreno para el CMO (responsable de marketing). Todos sabemos, o seguramente hayamos vivido experiencias de lo que ocurre cuando dejamos solo en manos de uno de las dos áreas un tema tan crítico como la generación de experiencias para nuestros clientes. Seguramente sea porque se trato de un híbrido entre ambos. Y quizás, un área que deba nacer con entidad y atribución propia en los próximos años: el/la Chief Experience Officer.

De consolidarse la tendencia, no me parece algo descabellado que ocurra. En una era en la que sí proliferan canales (redes sociales, mensajería instantánea, comunidades online, aplicaciones móviles, bots, realidad virtual, etc.), lo que está claro es que debemos identificar la lógica y naturaleza de cada uno de ellos para que entendamos bien si es algo interesante para mi empresa. ¿Tengo que hacer una aplicación de realidad virtual? Quizás sí, o quizás no. ¿Tengo que estar en redes sociales? Pues seguramente sí, aunque no tan activos como quizás deban estar otras empresas. Y así, en realidad con todas, siempre poniendo en el centro el foco en la experiencia positiva para mis clientes. Y ahí debería estar la conversación.

Evolución de la experiencia digital en el tiempo (Fuente: http://68.media.tumblr.com/90ec1a41ab55cb5178c8376070c9ff47/tumblr_oj802kaCJC1qzdepwo1_1280.jpg)
Evolución de la experiencia digital en el tiempo (Fuente: http://68.media.tumblr.com/90ec1a41ab55cb5178c8376070c9ff47/tumblr_oj802kaCJC1qzdepwo1_1280.jpg)

 

Kit básico para una tienda online y el renacimiento de los CRM

Recuerdo perfectamente el día que, allá por 2006 (ay dios), un profesor en la carrera nos hablaba de unos nuevos sistemas de información que se vinieron a bautizar como CRM (acrónimo de “Customer Relationship Management“). Recuerdo perfectamente cómo nos explicaba que serían magníficas herramientas para sincronizar todos los datos de acciones comerciales, publicitarias, etc. Y que, además, podríamos sincronizar esa base de datos con la de un ERP, de tal manera que las “unidades físicas” de producto, querían perfectamente sincronizadas. Y que para un negocio, sería muy facíl gestionar stocks y en definitiva, ofrecer a los clientes una magnífica experiencia de compra.

Me acordaba de esto hace unos días, durante el transcurso de una compra navideña. Le pedí a la persona que me atendió, casualmente, la talla del artículo que estaba en exposicón. Su respuesta fue que esa no la podía quitar, y que no la podía vender. ¿Qué hice? Muy fácil y rápido. Sacar el iPhone, buscar en Google, y acabar comprando el mismo artículo, para la talla que yo quería en uno de los competidores de la citada tienda. Es más, una tienda online que me ofrecía todo tipo de garantías de devolución si tuviera algún problema.

¿Consecuencias? Esa tienda física, perdió un cliente. Que en la era digital en la que multitud de herramientas están para ayudar a los negocios a “digitalizarse” estos comportamientos de las tiendas físicas me parece pre-históricos, me parece poco decir. Estamos hablando de unos clientes que nos hemos acostumbrado a unos muy eficientes procesos de compra por internet: si hay retrasos, que nos pidan disculpas; que no haya ruptura de stock (como en la tienda con la unidad en el escaparate); devoluciones ágiles y fáciles; atención rápida y eficiente; etc. Si algo de esto, no nos lo ofrecen las tiendas físicas, rápidamente vamos a sacar nuestro dispositivo móvil y hacer lo mismo (comprar), pero en alguno de los que sí han entendido esta “lógica digital”.

 ¿Y por qué todo es posible? Porque hay un sistema de información que integra y hace fluir el tráfico entre canales a la velocidad de la luz. Ese sistema se llama CRM, y es tan fácil de integrar y sacar valor para una tienda física como  para una tienda online. Visualmente, quizás todavía resulte más claro:

CRM para la integración con otros sistemas de información (Fuente: http://i01.i.aliimg.com/photo/v0/127546695/Retail_CRM.jpg)
CRM para la integración con otros sistemas de información (Fuente: http://i01.i.aliimg.com/photo/v0/127546695/Retail_CRM.jpg)

Quizás alguno esté pensando que este tipo de cosas son mías, y que en realidad el consumidor no se comporta así. Bueno, como siempre, mejor hablar con datos en la mano, que así no damos valoraciones personales. Según el 2016 State of eCommerce Delivery, que suele marcar bastante tendencia para el mundo del consumo y el retail, dado que se integran canales ON y OFF, hay varias cosas que reseñar para este año recién acabado, que directamente copio-pego del informe:

✓ 45% have abandoned a basket on a retailer or brand/manufacturer’s eCommerce website because of unsatisfactory or unavailable delivery options

✓ 43% of consumers said that, following a negative delivery experience, they wouldn’t return to that retailer within a month

✓ 38% said they are likely to never shop with that retailer ever again

Un total de 3.589 consumidores entrevistados para elaborar este informe. Habían realizado compras en diferentes países, que incluían EEUU, Reino Unido, Alemania, Francia, Países Bajos, Italia y España. Como se puede apreciar de las principales conclusiones del informe, generar una experiencia agradable y sencilla de compra, es realmente crítico. Sino, podemos perder eventuales transacciones y clientes. Esta experiencia incluye facilidad para comprar, rapidez y agilidad en la distribución, bajos costes en la entrega (aunque el precio sea más alto, el dinero siempre debe estar en algún sitio), etc.

Para un negocio, ofrecer esa experiencia, como decimos, se torna crítico. Pero la gestión de todo eso, sería imposible de no disponer de ágiles sistemas de información que hagan fluir los datos. Sabemos que la capacidad para crear un negocio online depende enormemente de captar tráfico. Por lo tanto, el marketing digital, fundamental. Saber de dónde viene ese tráfico, también crítico, porque sino no sabremos cómo priorizar las acciones digitales (un problema cada vez más frecuenta en las empresas que tratan de vender vía Internet). Integrar los datos de almacenes para que no nos pase como a la tienda que comentaba al inicio, también de vital importnacia.

Que todos estos datos se integren en un CRM, es solo un primer paso. Al final, los sistemas de información, son útiles en tanto en cuanto se metan en procesos. Por lo tanto, un proceso de transformación digital, también se deberá acometer.  Pero todo eso no será posible si las empresas no entienden la capital importancia que tiene centralizar y unificar el dato en un punto común. Llámenle datahub. O llamémosle CRM, que ya viene pensado para todo ello. Pero llamémosle de alguna manera, y rediseñemos procesos alrededor. Y que la disponibilidad de stock no limite la capacidad de compra de nuestros clientes ON u OFF 😉

Unicornios: empresas que valen más de 1.000 millones de dólares que no existían hace 15 años

El término unicornio se refiere a empresas privadas que valen más de 1.000 millones de dólares. Es decir, empresas que todavía no han salido a bolsa, y por lo tanto, interesa mucho cómo están, porque pudieran ser el próximo éxito, al menos, en términos económicos.

En los tiempos que corren, hablar de unicornios, básicamente, viene a ser sinómino de tecnología. Disponer de materias primas solo, ya no es sinónimo de posibilidad de tener éxito. Hace falta disponer de unos conocimientos, que aplicados de una determinada manera, generan un valor. Y eso es tecnología, tanto electrónicas como digitales. Fortune tiene listadas ahora mismo 174 en este ranking. Las 10 primeras son éstas que sacaba en este artículo el World Economic Forum.

Empresas privadas de más 1.000 millones de dólares de valor (Fuente: Fortune)
Empresas privadas de más 1.000 millones de dólares de valor (Fuente: Fortune)

¿Qué tienen en común todas estas empresas? Veamos algunas de ellas. Uber, una plataforma de servicios de transporte que conecta personas que pueden prestar ese servicio y aquellos que lo demandan. Xiaomi, una empresa que fabrica y comercializa productos electrónicos por Internet. AirBnB, es el “Uber” de los servicios de alojamiento. Didi Chuxing, es el “Uber” chino, pero a lo grande. Snapchat, una empresa de Social Media, pero que como sus precedentes, conecta personas y gana dinero de dicha conexión. Flipkart, la octava, me parece significante porque es india, pero, de nuevo, para la comercialización de productos en Internet. Misma idea de conexión, creación de mercados y poder monetizar ambos lados de la conexión.

China, India y Estados Unidos, las que se prevé se disputarán el cetro mundial a nivel económico en los próximos años, lo han tenido claro. Había que apostar por tecnología. Se han aprovechado de una época de capitales muy baratos (y lo que falta) y la irrupción de una clase media en sus respectivos países con cada vez mayor poder adquisitivo. El informe “Master Hypergrowth” habla mucho de todo ello. Y, obviamente, lo enmarcamos en este fenómeno global de transformación digital de la sociedad y las economías. Cuando decimos que Europa se ha quedado atrás, ya ven, que nos referimos a ello con números en la mano, y con mucha pena. Quizás todavía estemos a tiempo.

Como empresas privadas que son las “unicornio”, todavía no cotizan en bolsa. Por lo tanto, entender la dinámica de generación de valor que han seguido hasta la fecha, es interesante para vislumbrar el escenario que las espera. Me acordaba mucho de todo esto estos días que ando esperando poder leer este libro: Platform Revolution: How Networked Markets Are Transforming the Economy. Mi buen amigo Nacho, ya me ha alertado sobre lo interesante de poder hacerlo para personas, como nosotros dos, que buscamos constantemente entender el valor de esta era digital para poder aprovecharlo.

En el informe que adjuntaba anteriormente sobre la conquista del hipercrecimiento, hay muchísimos elementos interesantes a considerar y citar. Daría para muchos artículos. Lo dejo a su elección por dónde quieren comenzar, pero les animo a hacerlo. Quizás, uno de los puntos que más me llamó la atención fue la parte de los modelos de negocio que permite esos crecimiento sobrelineales tan acelerados. Para muestra, este pantallazo, a pesar de que son solo algunos de los ejemplos de lo que se podría hacer:

Ejemplos de "Mastering Hypergrowth" (Fuente: World Economic Forum)
Ejemplos de “Mastering Hypergrowth” (Fuente: World Economic Forum)

Valgan estos tres ejemplos para terminar de trasladar qué quería explicar hablando de empresas que valen más de 1.000 millones de dólares que hace 10-15 años no existían. Aparte de la migración del CAPEX al OPEX (muy relacionado con esta época de “servitización”, se entiende) y de la simplicidad que van obteniendo las cadenas de valor y los modelos de negocio, la parte crítica me parece la primera: una plataforma balanceada. Un nuevo modelo de negocio, que se fundamenta en la creación de valor poniendo en contacto a productores con los consumidores. Si se fijan, los principales unicornios que describía antes (Uber, Xiaomi, AirBnB, Flipkart, Didi Chuxing, Snapchat, etc.), es lo que hacen. Extraído del informe del Foro Económico Mundial:

“Our business model is built around connecting two markets by our platform. Growth vectors are different on supply and demand side. The key is to balance these factors. Too much offering through the platform without sufficient demand kills supply in the long term and vice versa. This is very difficult through time as the other side of our business is always based on local clients and we need to build the business with the right balance every time, in each market we expand to. I am proud of our accomplishments, as we have been successful in doing this for more than 10 years. Main solution has been our capability to utilize data to support our business model.”

Y ya ves, que al final, esta época de equilibrio de mercados, suele acabar en los mismos vectores de valor de los que hemos hablado con anterioridad: Big Data, Transformación Digital, etc. El principal activo son los datos y la información, no los activos físicos. ¿Qué vale Uber, Snapchat o AirBnB? Es una plataforma digital, que tiene unas reglas para poder ofrecer a cada usuario, aquello que espera. Un algoritmo, vaya, de lo que ya hablé aquí. Ajuste de la oferta y de la demanda en tiempo real. Con su consecuente impacto en los precios, que en función de numerosos factores en tiempo real (clima, demanda, eventos imprevisibles, etc.), cambia el precio. Sin asimetría de información, plataformas que hacen transparentes precios. Y todo esto, provoca un efecto de red, que hace crecer de manera equilibrada y sostenible la plataforma.

En definitiva, unicornios, que fundamentan su valor en datos y en haber construido una plataforma que hacen sostenible su modelo de negocio. Estos unicornios del Siglo XXI que tantos millonarios están creando.

Next Seguros: Big Data, IoT y Coche conectado

(Artículo escrito por Javier Goikoetxea, CEO de Grupo Next)

En ocasiones no hay que salir fuera de nuestro país para encontrar empresas inspiradoras que están cubriendo una demanda de servicios que poco a poco se van abriendo paso. Me refiero a la industria aseguradora y a los modelos de seguros basados en el uso (UBI – Usage Based Insurance), donde aparece el coche conectado.

La innovación nunca ha sido la seña de identidad del mundo asegurador, pero la incipiente irrupción de empresas innovadoras con base aseguradora, también llamadas insurtech, está cambiando el modo en el que podemos observar ahora esta industria.

La propuesta de Next Seguros, por ejemplo, una empresa que está localizada en las afueras de Madrid, ofrece su propuesta de valor del seguro del automóvil sobre el planteamiento de la exposición al riesgo: cuanto más conduces, más probabilidades tienes de sufrir un accidente. Cuanto más tiempo pasas al volante, más cosas te pueden ocurrir. Así las cosas, esta compañía ofrece una solución de seguros basado en un precio que disminuye en función del kilometraje que una persona acceda a comprar. Si vas a conducir 4.000 kilómetros, vas a tener una probabilidad de sufrir un accidente sensiblemente menor al que va a conducir 40.000 kilómetros durante el mismo período. De esta manera, premian al que se expone menos al riesgo lo que ha permitido a esta compañía reducir la siniestralidad en 30 puntos con respecto a la media del mercado.

El coche conectado de Next Seguros (Fuente. https://image-store.slidesharecdn.com/1991e76a-bec6-4f22-a202-d4ef94e8923b-large.jpeg)
El coche conectado de Next Seguros (Fuente. https://image-store.slidesharecdn.com/1991e76a-bec6-4f22-a202-d4ef94e8923b-large.jpeg)

Todo esto es posible gracias a un dispositivo que, literalmente, enchufas en el vehículo y que es un “medidor”. Gracias a este tipo de innovaciones, llegamos al coche conectado, que permite el acceso remoto a un vehículo y este es capaz, a su vez, de enviar datos. El acceso remoto, por ejemplo, permitirá que dos coches se comuniquen entre sí para de evitar accidentes evaluando en tiempo real quien tiene preferencia en un cruce y, además algo que ya vemos en nuestras carreteras, el vehículo se podrá comunicar con una infraestructura, por ejemplo, para pasar un peaje. Quizá esto pueda resultar algo menos novedoso, pero si el coche puede comunicarse con un peaje, también se puede comunicar con su taller, con la gasolinera o con la ITV.

Obviamente, todo lo relacionado con la movilidad, incluso, ya es cosa del pasado ya que a día de hoy muchos automóviles incorporan sistemas de ayuda para búsqueda de rutas más eficientes para evitar atascos. Eso afectará a la red viaria, a la forma de interactuar con ella, a la seguridad vial, a la frecuencia de los accidentes, a la tipología de los mismos, a la configuración del seguro del automóvil y finalmente a la relación entre personas y al propio sistema de convivencia. Vamos a ir desmigando esta interesante información para ver si somos capaces de entender el pasado y el presente para predecir el futuro.

Después de pasar ya más de 18 años vinculado al mundo de la tecnología asociada a la movilidad del auto y al seguro, ya no tengo ninguna duda en que el vehículo es mucho más que un sistema para transportarnos. Yo creo que es casi una máquina perfecta.

Hace 35 años un vehículo debía ser asequible y con tener cuatro ruedas y un volante teníamos resuelta la necesidad. Hoy en día, marcas generalistas con vehículos de gama media tienen incorporados desarrollos que tan sólo 5 o 6 años atrás nos parecían pura ciencia ficción.

En el año 80, en España contábamos con 10 millones de vehículos y algo más de 2.000km de autopistas. Hoy contamos con más de 25 millones de autos con algo más de 16.550 kilómetros de autopistas/autovías. En esa época, los automóviles no contaban con ningún sistema de ayuda a la conducción, y hoy es imposible en un automóvil que no tenga los sistemas de seguridad pasiva estándar del mercado: ABS, ESP, tercera luz de freno, control de tracción y un largo etcétera de sensores y sistemas muy sofisticados.

En la década de los 70, los fabricantes empezaron a controlar funciones básicas del motor. Con el paso del tiempo, esa recogida de información se aceleró y en los 80 comenzaron a medirse las emisiones, y regulaciones del motor en términos de eficiencia, todo ello orientado a controlar más y mejor la evolución del motor. En el año 96 en USA y en el 2000 en la Unión Europea se universalizó el uso del puerto On Board Diagnostic (OBD) para gestionar la información de los ordenadores que lleva el vehículo. Este acceso universal a los datos del vehículo permite, al mecánico del taller o concesionario, diagnosticar la “salud” del vehículo y visualizar en un ordenador las posibles anomalías encontradas.  A día de hoy, esta diagnosis se puede realizar remotamente de manera tal que incluso se pueda obtener información del estilo de conducción y así determinar patrones de movilidad, todo ello en tiempo real. Todo esto es posible ya que hoy el acceso a la tecnología se ha comoditizado y además el coste de la trasmisión de datos e incluso de la incorporación de una SIM son céntimos de euro.

Los coches van a gestionar su propio mantenimiento y sus necesidades, casi sin que el usuario del vehículo forme parte de la ecuación. Todavía debemos revisar los neumáticos, los líquidos y el estado general del vehículo antes de un gran desplazamiento. Todo esto, en pocos años, va a pasar a la historia. En realidad, gracias a la tecnología del coche conectado y a plataformas como MYZUUM (www.myzuum.com) , ya ha pasado a la historia.

La citada plataforma de coche conectado permite verificar y diagnosticar, de manera remota y en tiempo real, más de 7.000 posibles puntos de diagnóstico del vehículo, a imagen y semejanza de lo que haría un médico con su paciente después de un exhaustivo examen sobre su salud. El vehículo se ha convertido en inteligente y él se gestiona a sí mismo. El usuario, por tanto, no participa en la ecuación más que para aceptar y pagar lo que corresponda, siempre con la máxima transparencia y el máximo rigor.

La industria de la automoción y la industria de la tecnología, cada vez están más cerca, seguramente por razón de esta última. Hace algunos años que Google se interesó por los vehículos y la conducción autónoma, no tanto por el vehículo en sí, sino por entender que de media en USA, un conductor pasa en su auto una media de 4 horas diarias y entendían que era mucho tiempo como para que una persona estuviera desconectada de la red.

¿Hasta dónde podemos llegar? Pues parece que de manera inequívoca vamos al vehículo autónomo. Vamos al vehículo que conduce sólo. Vamos a un sistema que nos permita desplazarnos mientras realizamos otra actividad o simplemente estamos disfrutando del propio viaje. Y no queda tanto tiempo para verlo en nuestras calles, son una regulación que nos haga sentirnos a todos cómodos. Ya sabemos que estas cosas se crean en EEUU, los Chinos lo suelen copiar y en Europa nos enredamos en los temas legales, pero gracias a la iniciativa, como digo, de empresas que ya están irrumpiendo en nuestro entorno, todo esto se acelere.

Si un vehículo que gestiona su movilidad de manera autónoma, se habla con otros vehículos y es capaz también de interactuar con su entorno, es muy difícil que sufra un accidente. Si vamos a tener, al menos en el centro de las ciudades, vehículos conduciendo de manera autónoma, es muy sensato pensar que los accidentes van disminuir de manera drástica y hasta podríamos pensar que tomando algún tipo de medida adicional pudieran dejar de existir. En ese caso, ¿qué haríamos con los seguros de autos tradicionales que hoy conocemos? En caso de tener un accidente, ¿de quién sería la culpa? ¿Quién sería el responsable, el desarrollador del software o quien ensambló el auto o quien lo programó para una determinada actividad? Claramente el mundo del seguro, además del mundo del automóvil es el que espera una gran transformación en esta década.

Obviamente todos los factores de la movilidad serán tratados de manera específica y los motores de Big Data y de Business Inteligence harán el resto. Todo en tiempo real. Todo a satisfacción del usuario. Todo pensado para hacernos la vida más fácil, garantizando la privacidad de todos los datos.

El análisis y los procesos de Big Data son ya el nuevo paradigma, ya que a través de la combinación de múltiples factores y datos podemos llegar a determinar, por ejemplo, cuando un vehículo necesita gasolina o cuando debe cambiar los neumáticos. Los coches podrán consumir, crear y compartir datos y ahí es donde la capacidad del Big Data tiene un gran recorrido posibilitando intuir tendencias, necesidades futuras y resolver problemas que se generen.

Y todo esto, lo tenemos en nuestro país, con empresas innovadoras que hacen de nuestro ecosistema de empresas de base tecnológica la envidia de otros países que supuestamente nos han tomado la delantera.

Algunas reflexiones sobre “Revolución tecnológica: predicciones y riesgos de la automatización” de la Sexta Objetivo

Hace unos días, el pasado 12 de Marzo concretamente, La Sexta Objetivo, el programa de Ana Pastor, emitía una edición (entiendo “especial”) que bautizó como “Revolución tecnológica: predicciones y riesgos de la automatización“. El programa íntegro lo podéis ver aquí. Durante la conversación/debate entre los asistentes, escuché varios comentarios que, para los que estamos trabajando en responder a los retos sociales que esta revolución tecnológica introduce, nos llamaron al menos la atención.

Voy a ir glosando los comentarios que fueron saliendo para que veamos el “daño” (por simplificación de cuestiones complejas) que alguno de ellos puede hacer para los retos sociales que se plantean:

En 3 meses cualquiera se puede convertir en programador

Es quizás el más alarmante y comentado en mi entorno social. Efectivamente, una de las personas que estaba presente en el debate dijo que cualquiera se puede convertir en programador en 3 meses. Además de ser falso y complicado incluso de argumentar, lo peor de todo, es el marco del debate en el que se dice. Como si la solución a la “Revolución tecnológica” fuera aprender a programar.

Quizás la chica que hizo el comentario, se refería a aprender una tecnología concreta (que también sería complicado, pero vaya, por tratar de entenderlo). Y quizás ése sea el mayor problema del comentario: aprender algo concreto (una herramienta, una tecnología, una solución), es obviar lo importante que es pensar y la capacidad de asbtracción. En el mundo de la informática, donde la algoritmia es cada vez más importante, también la abstracción lo es cada vez más.

La programación es otra cosa; implica entender de estructuras de datos, los conceptos de los sistemas operativos (esa capa de abstracción que se introduce sobre el hardware de un ordenador), procesos y concurrencia, algoritmia y soluciones para problemas, métodos de almacenamiento y procesamiento de datos, estructuras de ordenadores y problemas, etc. Esto, créanme, no cambia tanto con cada tecnología o lenguaje que aparece. Son cuestiones que llevan con nosotros desde hace décadas. Pero exigen ser aprendidas para hacer un buen código; ordenado, legible, reutilizable, mantenible, etc.

Desde aquellos años 30 en los que un grupo de matemáticos y lógicos (Turing, Gödel y Church) lanzaron el campo teórico que hoy llamamos Ciencias de la Computación (Computer Science) a las gafas de Google o los vehículos autónomos, han pasado más de 80 años. Años en los que hemos desarrollado una industria informática que demanda muchos profesionales, y que cada vez, los quiere más especializados para sus necesidades concretas y urgencias. El problema es que esta lógica de la industria está cada vez más presente; y nos está haciendo daño al valor que desde las universidades, y las facultades de ingeniería (en informática) queremos aportar a la sociedad.

Los MOOC nos van a sacar de esto […] Son gratis, y están en Internet accesibles para cualquiera.

Un “informático” es alguien que aprende el punto de vista científico de la computación, el punto de vista de ingeniería del software y de la computación (que no es lo mismo), aprende las tecnologías para el procesamiento de información y diseña y desarrolla sistemas para elaborar una respuesta y ayudar a las organizaciones sobre dicha información. ¿En todo esto ayuda un MOOC? No lo creo.

Enfoques como éste me parece que fallan en su concepción e idea a transmitir. Una cosa es que haya habido algunas personas a las que les haya funcionado la experiencia (me gustaría saber concretamente cuántas, entre la población total que estuviera en las mismas situaciones… aunque esto, claro, no lo dijo la persona que lanzó este comentario), y otra cosa es que podamos generalizar la idea que para las formaciones técnicas (foco del debate), hacer un curso online o meterse en un programa de especialización tecnológica de Telefónica, Stanford o Google online sea suficiente. Aquí ya expliqué varias de estas ideas.

Los Computing Curricula de ACM e IEEE, organizaciones profesionales -no universitarias por cierto-, proponen qué materias deberían ser impartidas en la educación superior de Informática/Computación, conforme a criterios científicos, sociales y profesionales. La propuesta presente en 2009 considera cinco grados:

  1. Computer Science / Ciencias de la Computación
  2. Computing Engineering / Ingeniería de la Computación
  3. Software Engineering / Ingeniería del Software
  4. Information Systems / Sistemas de Información
  5. Information Technology / Tecnologías de la Información

Si un MOOC (curso masivo online, sin personalización ni acompañamiento del estudiante), permite conseguir todos esos objetivos, avísenme. Seguramente me inscriba. Quizás lo que la comentarista ignora es que esos cursos funcionan bien cuando tienes una base tecnológica o informática medianamente desarrollada. Para las personas que no tienen dicha base, existe la universidad, sus grados y másteres. Es decir, allí donde diseñamos estudios y títulos considerando los marcos de la informática/computación.

Los MOOC nos permitirán reciclarnos.

En esta revolución tecnológica de la que tanto hablamos, sale en muchos momentos el concepto de “reciclarse”. Como si reorientar la carrera profesional de una persona fuera una tarea de días o semanas. Quizás estos comentarios ignoren algunos datos que ofrece, de manera gratuita (como los MOOC), la Encuesta de Población Activa. Aproximadamente un 50% de los desempleados no han superado la educación secundaria. La tasa de desempleo de quienes solo tienen estudios primarias es realmente alta (sobre un 40%), muy por encima de los que tienen estudios superiores (que ronda el 10-12%). Si con estos datos, la comentarista sigue creyendo que un MOOC, permitirá reciclarse, me gustaría ofreciera evidencias de casos que lo han conseguido. Considerando, insisto, el perfil del desempleo en España.

Los empleos que se van a crear van a emplear a los parados que va a generar esta revolución tecnológica.

Estos comentarios suelen tener dos polos. Si habla un “tecnófilo“, dirá esto mismo: que el empleo que la revolución tecnológica destruirá, a su vez, les dará nuevas oportunidades laborales. Si el comentario lo dice un “tecnófobo“, sucederá lo contrario: “los robots destruirán y robarán empleo“. El problema de ambos comentarios es la falta de rigor y evidencias para soportar un comentario y otro. Antes de dar respuesta a este punto, introduzco otro que salió:

“En 10 años, el 45% de las tareas estarán robotizadas”

Ha sido uno de los más repetidos. El pasado lunes di una conferencia, donde me preguntaron hasta en tres ocasiones por ello. Esta revolución tecnológica, va a destruir 1 de 2 cada dos empleos, me llegaron a decir.  Dejando de lado, cualquier rigor científico o de estudios serios. Les animo a buscar la fuente de dicho comentario. Ánimo.

Yo mismo, hace ahora mismo 3 años, cometí el error de sacar un artículo que el tiempo ha ido desmintiendo poco a poco. Algunos incluso crearon asistentes para dar respuesta al riesgo que cada uno teníamos. Ninguna revista económica rigurosa ha llegado a publicar el artículo que citaba. De hecho, estudios más recientes y rigurosos, bajan sustantivamente dicha cifra. Entre ellos, este artículo que sugiero leer.

El riesgo de la automa

Como se puede apreciar en el texto que subrayo, el porcentaje de trabajos automatizables, es bastante menor (a pesar de que España sale mal parada en los 21 países de la OCDE comparados). Ya el pasado verano hablé de estas estadísticas y cómo el riesgo de la destrucción era bastante menor.

La automatización del trabajo y la revolución tecnológica es una historia vieja y recurrente. Estimarla sin más evidencias, es siempre complicado. Por eso, hago un llamamiento a la exposición de argumentos con rigor, porque lo que sí resulta peligroso es no afrontar los riesgos sociales (que obviamente existen), con un diagnóstico serio y meticulosamente afrontado. Máxime en España, donde sí estamos a la cabeza de un mayor porcentaje (siempre alejado de ese 50%, claro) de puestos de trabajo con alto grado de automatización.

% de puestos de trabajo en riesgo de automatización (Fuente: http://www.oecd-ilibrary.org/docserver/download/5jlz9h56dvq7-en.pdf?expires=1489894667&id=id&accname=guest&checksum=E08FF39B048567709D39046878AC9055)
% de puestos de trabajo en riesgo de automatización (Fuente: http://www.oecd-ilibrary.org/docserver/download/5jlz9h56dvq7-en.pdf?expires=1489894667&id=id&accname=guest&checksum=E08FF39B048567709D39046878AC9055)

Los derechos de imagen en Internet en el fútbol: el caso del Real Madrid y el choque ON vs. OFF

A comienzos de año, salía publicado el Deloitte Football Money League 2017. Se trata de un informe que recoge los clubes de fútbol que obtienen más ingresos. Era noticia cómo el Real Madrid se veía superado por su gran rival, el FC Barcelona, en otro de esos rankings donde se juegan mucho (quizás, a veces, incluso más que en el deportivo, como hemos hablado en numerosas ocasiones). Todavía quedaban lejos de la gran maquinaría económica que es el Manchester United.

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Ranking de clubes de más ingresos 2015/16 (Fuente: Deloitte Football Money League)

Uno podría decir que cómo va a ser mala noticia seguir siendo el tercer club con más ingresos del mundo. Sin embargo, en el mundo de la rentabilidad económica, el bajo crecimiento que había experimentado los ingresos del Real Madrid hicieron saltar algunas alarmas. Comparen la evolución del Real Madrid frente a la de algunos de sus competidores más directos en esta “liga económica”.

El Real Madrid llevaba 11 años de liderazgo económico. Y con estos liderazgos no se juega. Así, a comienzos del pasado febrero, conocíamos cómo el Real Madrid estaba a punto de cerrar un acuerdo con el fondo estadounidense Providence Equity Partners para la venta de sus derechos de imagen en Internet. Se hablaba de un eventual acuerdo a 10 años a razón de 50 millones de dólares al año. Es decir, unos 500 millones de dólares de contrato. Y hablamos de un fondo que sabe lo que compraría: es la empresa dueña del 25% de la Soccer United Marketing, la que dispone de los derechos en exclusiva de la Major League Soccer (MLS) de Estados Unidos.

Y ustedes se estarán preguntando a ver qué significa eso de “derechos de imagen en Internet”. Nada diferente a lo que se viene realizando con los derechos de imagen de clubes y futbolistas en otros soportes y canales; en este caso a través de Internet. Un canal donde los clubes todavía tenían en ocasiones dificultades para monetizar el tráfico. Eso, a pesar, de estar hablando de la web de fútbol también más visitada del mundo: realmadrid.com, tuvo en 2016, según comScore, 1.350.000 usuarios únicos. Ahí gana al FC Barcelona. Sin embargo, en redes sociales, sale perdiendo.

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Usuarios únicos por web de clubes de fútbol (Diciembre 2016, fuente realmadrid.com)
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Los 10 equipos top según seguidores en redes sociales (Fuente: KPMG, a través de su herramienta Fotball Bechmark)

La transformación digital, parece no estar saliéndole mal al Real Madrid. Sin embargo, se pueden hacer muchas más cosas, deben estar pensando. Todo ese tráfico, de alguna manera, se podrá explotar económicamente. Ya que vienen a interesarse, ¿por qué no poder obtener algo más de ingreso? Sin embargo, esto no es fácil. Y Florentino Pérez, que tiende a rodearse bien, sabe de sobra que Internet no sigue la misma lógica que el resto de los negocios donde ha estado presente. Y quiere probar a través de alguna voz con experiencia esta apuesta digital que tanto cuesta a los clubes de fútbol. Es un terreno que tienen poco explorado hasta la fecha.

Usted, querido lector, que quizás tenga cierta afición por el mundo digital, se estará preguntando cómo clubes de tanto valor, les pueda costar monetizar tanto en redes sociales y resto de canales digitales. Tiene cierta explicación. Parte de ella está en la lógica de monetización; estamos hablando de hacer cruzar dos auténticos trenes: la lógica digital vs. la lógica del mundo físico del fútbol. Y en segundo lugar, los acuerdos de exclusividad que suelen blindar con sus patrocinadores. Y es quizás en este último punto donde más campo a la innovación se pueda producir.

Cuando hablo de “choque de lógicas” hablo de lo siguiente. Quitando los comercio electrónicos, en Internet, es la publicidad el principal modelo de negocio. La suscripción de pago y otros modelos de micropagos son bastante menos relevantes. Por contra, frente a la publicidad tradicional, en el fútbol, sabemos bien que los patrocinios basados en asociar la marca a un club durante muchos años es uno de los modelos más rentables. La publicidad y estos patrocinios son muy difíciles de mezclar. Largo plazo vs. corto plazo. “Multimarca” (publicidad en Internet) vs. “monomarca” (exclusividad y singularidad para marcas).

Por todo ello, los clubes deben empezar a reflexionar sobre cómo hacer esta mezcla. Es quizás el movimiento que ha buscado Florentino Pérez. Al menos hasta donde mi lógica alcanza a entender. Monetizar el digital en el deporte, basado en tanto patrocinio exclusivo hará difícil, por ejemplo, hacer una campaña en Facebook o Youtube: se deberían bloquear muchas categorías y evitar que se incrusten otras marcas. ¿Hacer partícipes a los patrocinadores también de esta publicidad digital? Puede ser.

Esto, en Youtube es hasta viable: la publicidad aparece ligada a cada vídeo. Pero en Facebook no es así; los anuncios van aparte a mis publicaciones: antes o después, lo que el algoritmo de Facebook decida. No podríamos reclamarle a Facebook (con lo que es), que no ponga anuncios de otras marcas antes o después de mi publicación: el muro es de Facebook. Twitter o Google, seguirán la misma lógica de dificultad de mezclar unas marcas patrocinadoras con sus inserciones publicitarias. Puede que los cambios en Facebook y sus contenidos hagan cambiar esta lógica; pero por el momento se antoja complicado. ¿Quizás sean los patrocinadores los que deban abrirse y cambiar?

Lo que está claro es que los clubes deben entender que las redes sociales son las “televisiones del siglo XXI”. Por lo tanto, para los patrocinadores, un reto que deberán asumir. El Real Madrid parece haberse dado cuenta de ello.

Las medios digitales y las redes sociales en la internacionalización del fútbol

Que los medios digitales y las redes sociales están llegando cada vez más al fútbol queda fuera de toda duda. Que las principales empresas dentro de este ecosistema digital (especialmente las redes sociales, como Facebook y Twitter de las que ya hablé aquí y aquí respectivamente) están muy atentas a las oportunidades que esos contenidos generan, también queda fuera de toda duda. Por lo tanto, entender lo que está pasando en esta hibridación entre medios digitales y el fútbol es interesante.

Miremos los principales clubes de fútbol y el cada vez mayor uso que le están dando a estas plataformas para difundir sus mensajes sin la necesidad de intermediarios. Como se puede observar en cinco de los principales equipos (FC Barcelona, Real Madrid, Manchester United, Chelsea y Arsenal), su alcance digital es cada vez mayor. Y cuidan mucho su presencia ahí.

Además, un contenido tan “dinámico” y de tanta llegada como es el fútbol, no puede pasar desapercibido para los anunciantes. En el Barça, por ejemplo, sus aficionados ya saben que sus datos personales (al menos, algunos de ellos) están en manos de los patrocinadores del club, que envían publicidad a través de los medios del club en función del perfil del aficionado. Este discurso del Big Data que tanto hemos repetido, permite hacer estas cosas. Y claro, que los clubes de fútbol quieren tener cada vez más presencia en estas redes, para cada vez, tener más datos sobre sus aficionados, no deja de ser algo “accidental”. Más bien al contrario. Es pura estrategia. Cuanto más conozca de mis aficionados (para eso Facbeook, por ejemplo, es muy bueno), más a su favor podrá negociar con los anunciantes, ¿no?

Esto abre una enorme oportunidad para los equipos más modestos, que con una mínima inversión podrían maximizar sus acuerdos de patrocinio e intentar abrir nuevos mercados en el extranjero. Quizás a futuro los derechos de TV no sean un elemento que fracture tanto a los clubes de fútbol en España.  Para esta temporada 2016/17, Real Madrid y Barça, acumulan 1.285 millones de € de presupuesto, casi lo mismo que los 18 equipos restantes (unos 1.350 millones de €).

Presupuestos de los equipos de 1ª División 2016/17 (Fuente: Roberto Bayón, https://twitter.com/RobertoBayon_?lang=en)
Presupuestos de los equipos de 1ª División 2016/17 (Fuente: Roberto Bayón, https://twitter.com/RobertoBayon_?lang=en)

No debe extrañarnos así que el dinero que ganan por la explotación de los derechos de imagen y demás contenidos audiovisuales sea cada vez mayor. Todo encaja si entendemos que esta era digital, permite maximizar de múltiples maneras esos contenidos. El FC Barcelona, siguiendo con el mismo club, obtiene ya 30 millones de € al año por el negocio digital. Si bien es cierto que ahora mismo gran parte de ese porcentaje corresponde a las ventas de la tienda online (otro elemento que veremos cada vez más). Pero no para de crecer esa pata digital. ¿Llegaremos algún día a ver una plataforma similar a Netflix o HBO pero para el deporte? Es decir, ¿clubes que en tiempo real retransmitan sus propios contenidos para mezclarlo con su merchandising o la mejora de la experiencia del espectador.

En este sentido, no es nada extraña la alianza de los dos grandes clubs de la Liga Santander (Real Madrid y FC Barcelona) con el distribuidor BinBit para Latinoamérica. A menor escala, otros clubs como el Valencia CF o el Villarreal también elaboran sus propios contenidos audiovisuales con canales a través de Internet.

Por otro lado, en 2015, el Real Decreto-ley 5/2015, de medidas urgentes para la comercialización de los derechos de explotación de contenidos audiovisuales de las competiciones de fútbol profesional, autorizó a los clubes que jugasen como locales a emplear las imágenes de la retransmisión del partido dentro del propio estadio como considerasen.

Esto abre una nueva vía de ingresos y monetización de contenidos (los partidos o entrenamientos al fin y al cabo). En esta línea, un movimiento que me pareció la mar de interesante fue cuando Microsoft (que sabéis que tiene su campo de pruebas con el patrocinio que mantiene con el Real Madrid) anunciaba un acuerdo con la startup Viuing, que tiene TV desechables. Microsoft buscaba ofrecer a los clubes estas TV, que permitiría enriquecer a un espectador un partido en el propio estadio (pensad el dinero que obtienen los clubes por la venta de entradas… que si la experiencia fuera aún mejor, las entradas todavía podrían ser más caras -aún- en España).

Precio de las entradas al fútbol y asistencia a los estadios (Fuente: http://cdn.20m.es/img/2016/02/17/2110996.jpg?v=20160217064340)
Precio de las entradas al fútbol y asistencia a los estadios (Fuente: http://cdn.20m.es/img/2016/02/17/2110996.jpg?v=20160217064340)

Cuando asistimos a un estadio a ver un partido de fútbol, no siempre la distancia al campo o el ángulo de visionado es el mejor. Por lo que enriquecer la experiencia del espectador con una TV que ofrezca “eso que no se ha podido ver”, parece un movimiento bastante interesante por introducir medios digitales que mejoren todo.

Las aplicaciones móviles corporativas, también pudieran ser otra vía de introducir canales digitales. No solo el Real Madrid y su famosa app goza ya de un éxito importante con las imágenes exclusivas y en directo del vestuario o los banquillos. De nuevo, monetizar contenidos que interesan mucho a unos aficionados muy fidelizados y con ganas de consumir contenidos.

El fútbol y su digitalización, dará mucho que hablar y recorrer para los clubes. La verdad, como suele pasar, mucho está por hacer. Estemos atentos.

Internet y la verdad: un periodo de transición y cambios

Conviene de vez en cuando parar a entender la arquitectura y forma de expresión de esta era digital. Especialmente, para entender bien cómo ha afectado al origen de donde venimos. Me refiero a entender las diferencias entre la imprenta de Gutenberg, que durante 500 años nos ha permitido que la información que uno quería leer se tuviera que editar, imprimir y distribuir. Esto, introducía una pausa y detenimiento en la forma de elaborar información y conocimiento, que hacía que la gente confiara en esas noticias.

Esto me parece especialmente ilustrativo en esta era de las redes sociales en las que la información viaja a la velocidad de la luz. Dado que venimos de donde venimos, la gente en Internet sigue confiando en lo que lee. Y esto es lo que pasa, que ahora estamos en pleno debate sobre lo que circula por Internet: qué es veraz y qué no, qué es un rumor y qué un hecho, etc. Esto, es inherente a la arquitectura abierta con la que nació Internet. Cualquiera podría producir información y conocimiento, pudiendo así introducir ruido en un lector que, ya digo, confiaba siempre en lo que leía.

Y es que no todo es escalable e industrializable. La producción de información y conocimiento verdadera, por ejemplo. Sin embargo sí es escalable e industrializable a la velocidad de la luz la distribución de esa información y conocimiento. Y esta es la reflexión que creo debiéramos hacer en una época en la que los bulos, rumores y falsas noticias, con titulares que invitan a que así sea (que entienden bien cómo funciona Internet), es nuestro día a día.

Aquí la pregunta que uno se hace siempre es el “por qué” de las cosas. ¿Por qué nos creemos algo como cierto simplemente por que lo vemos en nuestros amigos en redes sociales? Danielle Citron, lo explica de la siguiente manera:

“[…] People forward on what others think, even if the information is false, misleading or incomplete, because they think they have learned something valuable.”

Es decir, nos gusta hacer de periodistas. Nos gusta pensar que tenemos alguna información de valor. Y esto, cuando pasaba en el mundo físico (que también pasaba claro, como fenómeno humano que es, no digital), generaba problemas, pero no tantos como ahora. El efecto viral de ahora, multiplica este problema de manera imparable. Así, inventarse un hecho, y que eso se lo crea bastante gente en poco tiempo, no es tan difícil como uno pensaba. Básicamente, porque la distribución de información es muy barata y rápida, a pesar de que la producción de información y conocimiento no es rápida ni barata. Y esta es la frase que creo resume muchos de los problemas que tenemos hoy en día en Internet.

Por eso, los cambios en el algoritmo de Facebook son tan peligrosos. Que no nos expongamos a la heterogeneidad de las noticias de otras fuentes, puede provocar que este efecto de distribuir mentiras falsas sea aún más perjudicial. Ya comentamos esto era un sesgo con el que nuestro cerebro se siente especialmente cómodo. En 2011, Eli Pariser, el co-fundador de Upworthy, creó el término “burbuja de los filtros“. Se refería a cómo las funciones de búsqueda personalizadas (te ofrezco los resultados que más te van a gustar), deja en manos unos algoritmos de caja negra un peligro informativo tan grande.

Así, debiéramos preocuparnos porque las redes sociales reflejen la heterogeneidad informativa que pudiera permitir separar el grano de la paja. Y que la popularidad en la difusión de algo, no sea la métrica que permita modelizar el “interés por algo”. Debiera ser la verdad, la veracidad de una noticia, de una información, la que prevaleciera. Pero es que esa “burbuja de los filtros” de la que habló Pariser, hoy en día no solo no ha mejorado, sino que es que encima ha empeorado.

Miren esto, sobre el #brexit:

Tom Steinberg, un activista de Internet y fundador de mySociety (que proveen herramientas tecnológicas para el cambio y progreso de las sociedades), alertaba de los riesgos sobre que la difusión de información y conocimiento de nuestros días fluyera principalmente en redes sociales que tienen esos algoritmos de ordenación de información de “caja negra”. No saben priorizar la verdad. La última frase es bastante descriptiva: “La mitad de la población no sabe lo que dice la otra mitad“.

Pero es que las redes sociales, con su valor bursátil, viven de esto. De que reciban la información que quieren, que esperan, que les refuerza positivamente sus ideas. De esta manera, entrarán más, y así serán impactados más por publicidad, que aumenta el valor de esas empresas. Por lo tanto, no tienen incentivo alguno a cambiar esta manera de “trasladar la supuesta verdad”.

Y el problema es que las redes sociales, especialmente Facebook, no solo ha adquirido el monopolio de las noticias, también de las campañas políticas, la retransmisión de eventos, historias de personas, promoción del ocio, campañas de marketing, etc. Es decir, es la TV de este Siglo XXI, y por eso, ha ganado tal poder, que debemos empezar a solicitar el escrutinio de esa difusión y producción de la verdad de la que tantas otras veces he hablado.

Si todo esto no fuera así, el cambio del algoritmo de Facebook no sería noticia. Y que Instagram y Twitter empiecen a ordenar por supuesta “relevancia”, tampoco. Pero sí, sí es noticia. Ellos ahora tienen sus líneas editoriales en manos de unos algoritmos de caja negra que deciden, por unas métricas basadas en supuestas verdades, lo que nos interesa. Y esto, bajo mi punto de vista, es muy peligroso. Y debiera hacernos reflexionar.

Necesitamos tener este debate para saber cómo poder hacer frente a las noticias y contenidos que no son ciertos. Ya no hablo solo de responsabilidad, honestidad y ética. Hablo de algo más. El problema es que no sé el qué. Pero lo que no me parece de recibido es que cualquier noticia “fake” (falsa) que quieran imaginar, por escandalosa que sea, siempre tenga algún reflejo en Internet. Hagan la prueba en Google. Internet y la verdad, será un debate que nos acompañe durante mucho tiempo. La veracidad, uno de nuestros mayores retos.

La “Outcome Economy”: compartiendo resultados y valor entre proveedor y cliente

He hablado ya en alguna ocasión de la fábrica inteligente. Como describía en ese artículo:

Muchos han utilizado este nuevo concepto de Industria 4.0 para referirse a esta cuarta revolución industrial que parece estamos viviendo. Como las anteriores revoluciones, se caracteriza por la introducción de nuevas tecnologías en los procesos industriales. Si en las anteriores fueron la máquina de vapor, el motor diesel y la electricidad, en este caso estamos hablando de la integración de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) en las fábricas. Un hecho que trae inexorablemente ligado que estemos hablando ya de la redefinición de los procesos, productos y servicios e incluso modelos de negocios.

Sé que está en boca de muchos. Y no voy por ello a volver a introducir descripción alguna más. Pero, lo que sí creo que es interesante es hablar de hechos concretos. De resultados tangibles. De qué se está obteniendo con todo ello. Como he dicho en varias ocasiones con el paradigma del Big Data, una vez que tenemos claro el discurso y los “qué”, es hora de hablar de resultados tangibles y experiencias obtenidas.

Máxime cuando hablamos a una era digital en la que las empresas están bajo una presión digital que les obliga a transformarse. Esto en el sector industrial se da  más que en otros por su dependencia de las máquinas. Éstas, no son más que un medio para un fin. Pero, sin embargo, todavía la gran mayoría de las empresas focalizan su conversación, su foco de valor (y por ende de transacción) en las máquinas y sus productos, en sus características, en sus requisitos funcionales, etc. Y todavía muchos ratios económico-financieros de gestión de una empresa se basan en eso, en la utilización de activos, sacarles el máximo rendimiento, ahorrar gastos, etc.

Esta lógica, en la era digital, puede estar cambiando. Es lo que algunos han venido a bautizar como la “Outcome Economy“; dicho en otras palabras, compartir resultados y valor entre proveedor y cliente. Es decir, en lugar de registrar transacciones por la compra-venta de objetos/cosas/chismes, que se haga una estrategia de repartir el valor generado“.

La evolución de la Industria gracias a la digitalización (Fuente: World Economic Forum)
La evolución de la Industria gracias a la digitalización (Fuente: World Economic Forum)

En el Foro Económico Mundial de Davos de 2015, fue uno de los temas tratados. Muchos CEOs, que viven esta transformación digital en sus propias empresas, comentaron que esto iba a representar una gran oportunidad para cambiar el paradigma de las transacciones,  y por ende, del mundo empresarial. ¿Por qué? Por la oportunidad de trascender de las mismas. Es decir, de pasar de una economía basada en el intercambio de activos (yo fabrico máquinas o productos y te los vendo), a entrar en un modelo en el cada empresa genera valor y comparte los resultados obtenidos de dicho valor. Y, en esta era, se “pagará” por el servicio de valor prestado. Es decir, lo que entre amigos podríamos llamar “vamos a éxito” o “vamos a medias“.

Una era en la que las empresas competirán por lo que realmente el cliente valora. Ya no te compraré un martillo, sino te compraré una puerta arreglada. Ya no te compraré un motor para mi coche, sino que te compraré horas de funcionamiento de mi vehículo. Ya no te compraré una máquina para fabricar tornillos, sino que te compraré horas de prestación de servicio de las mesas y sillas. Esta era de la “Outcome Economy”, creo, marcará un momento histórico para la generación de más confianza en los mercados, dado que alineamos incentivos de proveedor y cliente, que para mí, siempre ha sido el gran reto.

Esta asimetría de información que existía entre proveedor y cliente, había traído en innumerables ocasiones problemas de confianza. Y en definitiva, fallos de mercado. En la era digital, en la que todo se puede medir, esto no tenía mucho sentido. Venimos de una era opaca de actividad física a una “visibilización” que trae la era digital en la forma de datos generados de manera continua. Aquellas empresas que quieran aportar esta visibilidad del valor que aportan a sus clientes, creo, romperán muchos paradigmas. Y abrirán nuevas oportunidades para sus clientes.

Algunos ejemplos que están haciendo esta migración. En el sector de la agricultura. Compañías como Monsanto o Dow Chemical, ya no venden semillas, fertilizantes o equipamiento a los agricultores, sino que les venden resultados. Frutos y alimentos. Si hay alguna eventualidad, asumen la responsabilidad proveedor (Monsanto) y cliente (agricultor). En el sector de la salud. Philips Healthcare, ya no vende dispositivos de monitorización remota, sino que “vende” tasas de reducción de reingreso de pacientes (que obviamente reduce costes para los sistemas públicos de salud). Rolls-Royce, ya no vende motores, sino que vende horas de funcionamiento de los mismos. Parecido a lo que hace Thyssenkrupp con los ascensores; se acabaron las discusiones con los vecinos sobre lo malo que es un ascensor o una puerta de garaje, dado que ahora asumimos el riesgo de fallo con el proveedor. Y también en España tenemos casos; mi querido seguro en Next Seguros, que a cambio de la cesión de mis datos de conducción, me rebaja la póliza, y comparte el valor generado (se convierte así en una plataforma de movilidad) entre los proveedores de eventualidades en conducción (gasolina, reparaciones, prevención de fatiga o avería de piezas) y yo como cliente (mejor prevenir que lamentar).

Todo esto es posible porque en esta era digital de abundancia de datos, podemos conocer y entender mejor lo que el cliente quiere. Por qué nos compra. Es decir, el valor que realmente percibe. Si encima ese valor percibido lo monitorizamos en tiempo real (horas de funcionamiento de un ascensor o motor, número de plantas que crecen o la tasa de readmisión de pacientes), podemos construir nuevos esquemas de relación entre proveedor y cliente.

Y es que, como hemos dicho muchas veces, esta era digital se caracteriza por muchas cosas. Pero sobre todo, por su carácter disruptor y de generación de valor. Solo es cuestión de saber capturarlo y construir una oferta innovadora alrededor. La “Outcome Economy” es solo otro ejemplo más de cómo no hablamos tanto de tecnologías o herramientas, sino de paradigmas o filosofías de gestión o negocio. ¿Te atreves a dar el salto con tu negocio?