Automatización del trabajo y digitalización: ¿hacia un nuevo modelo de sociedad?

Los que seguís este blog desde tiempo, bien sabéis que he escrito en innumerables ocasiones sobre el tema que hoy nos ocupa. Con titulares bastante ilustrativos de esta nueva “era”: “¿Está mi profesión en peligro con “los robots”?” y “Las competencias en la sociedad digital“. Ya introducía la idea de la polarización del mercado de trabajo, e incluso en esta conferencia que di en Marzo del 2014, hablaba sobre la prevalencia de los trabajos no rutinarios frente a los rutinarios (que se pueden automatizar).

El pasado Agosto, introduje una nueva conversación, con el título “Nuevas evidencias sobre la (supuesta) destrucción del trabajo de los robots“. Era una lectura más en “neto” que en “bruto”. Obviamente, una conversación necesaria, pero no suficiente. Que vaya a generar más trabajo, cualificado, no quiere decir que ya podamos estar tranquilos. Muchos empleos de baja cualificación se verán afectados por esta nueva ola tecnológica. Y el acompañamiento de los mismos, durante estos años, me parece fundamental.

Y ahí, creo que tiene que estar el estado. Y es que el progreso tecnológico es lo que siempre ha producido. Cambios sociales. Sin embargo, lo que ocurre en esta automatización del trabajo derivado de la introducción de los robots, acompañado de la transformación digital (lo que algunos hemos “simplificado” como Industria 4.o), me parece a mí que es algo que nunca habíamos visto anteriormente. No tanto en el fondo, sino en la forma. Destruye a gran velocidad. Más de lo que somos capaces de seguir, incluso a nivel educativo. Y este es justo el problema.

La carrera entre la educación y la tecnología (Fuente: https://images-na.ssl-images-amazon.com/images/I/51SIl%2BL2AZL._SY344_BO1,204,203,200_.jpg)
La carrera entre la educación y la tecnología (Fuente: https://images-na.ssl-images-amazon.com/images/I/51SIl%2BL2AZL._SY344_BO1,204,203,200_.jpg)

Por eso mismo, hoy quería hablar de lo que considero deberás ser un nuevo modelo de sociedad. Un modelo en el que no solo el concepto de “trabajo” quizás deba ser redefinido (ya hablé de ello) sino incluso el propio concepto del estado del bienestar en España. Y justo aquí está uno de nuestros retos; España, tiene su propio modelo, por lo que la solución a nuestro problema, deberá trabajarse internamente. Pensemos en el mismo, en dos de sus ejes críticos: las pensiones y el desempleo.

En cuanto a las pensiones, quizás, el mayor reto que tenga esta legislatura que acaba de arrancar. No voy a entrar en lo de siempre. Sí, el dinero se va acabando. Por lo tanto, hay que buscar nuevas vías de entrada de dinero en la caja. Su naturaleza jurídica (contribución y no asistencia), entiendo, deberá cambiar. Porque el “modelo de contribución”, ese pacto intergeneracional por el que los activos financiamos a los no activos, por matemáticas, no sale.

En esta clave de pirámide poblacional y sus matemáticas, entra de lleno esta automatización del trabajo. Se supone, que este problema será todavía peor si de repente empiezan a desaparecer contribuyentes en activo. Pero sin embargo, asistimos -de momento un tanto atónitos- a una era de la automatización del trabajo donde estamos generando más valor que nunca. Un valor, que quizás, por primera vez en la historia, está más generado por robots, que por humanos. ¿Quizás sea el momento de considerar que los robots coticen a la Seguridad Social? Lo digo en serio.

He cogido el “Real Decreto 2064/1995, de 22 de diciembre, por el que se aprueba el Reglamento general sobre cotización y liquidación de otros derechos de la Seguridad Social“, que en su artículo 23.1 dice:

La base de cotización para todas las contingencias y situaciones amparadas por la acción protectora del Régimen General de la Seguridad Social, así como por los conceptos de recaudación conjunta con las cuotas de dicho régimen, estará constituida por la remuneración total, cualquiera que sea su forma o denominación, que, con carácter mensual, tenga derecho a percibir el trabajador o la que efectivamente perciba de ser ésta superior, por razón del trabajo que realice por cuenta ajena.

Claro, habla de un trabajador, así, en general. ¿Pero si el trabajador es un conjunto de circuitos integrados con bits que o bien le enseñan a aprender (Aprendizaje Cognitivo o Deep Learning) o a ejecutar órdenes (algoritmos más tradicionales). Quizás este dinero aportado por el valor generado por la robotización, lo podríamos dedicar a la formación y reconversión de esos perfiles de baja cualificación que deban pasar a ocupar esos puestos que se generan en las escalas medio-altas de cualificación. A mí, personalmente, me parece justo. La Seguridad Social, repito, creo que debiera reconsiderar sus definiciones y concepciones. Y cuanto antes lo haga, más viable y sostenible el sistema. Estimada ministra, Fatima, si puedo ayudarla en algo, aquí estoy.

Trabajadores en riesgo de ser sustituidos por robots (Fuente: http://fotografias.lasexta.com//clipping/cmsimages02//2016/10/17/E4D6417E-85F4-4E9A-BC2A-B656B9C57B7C/58.jpg)
Trabajadores en riesgo de ser sustituidos por robots (Fuente: http://fotografias.lasexta.com//clipping/cmsimages02//2016/10/17/E4D6417E-85F4-4E9A-BC2A-B656B9C57B7C/58.jpg)

En segundo y último lugar, está el asunto del desempleo. Se está escribiendo mucho últimamente sobre la propuesta de una renta incondicional que venga a suplir los problemas de algunos perfiles para encontrar trabajo en esta sociedad tecnificada. Otros dan la bienvenida a una sociedad en la que los robots trabajan para nosotros, y así podemos dedicar más tiempo a la familia, al ocio, tareas domésticas, etc. De nuevo, con la misma lógica: el valor que ellos generan, permite contribuir al bienestar global. Sin embargo, en este caso, no tengo todavía una opinión sólida.

Creo que el sistema podría traer los asuntos de siempre respecto a cómo hacer un esquema justo en el que nadie tenga la sensación de trabajar y ganar lo mismo que uno que no lo hace. Esas matemáticas me resultan más complicadas. El trabajo, además, en su justa medida, realiza al ser humano. También esto me genera dudas. Sin embargo, que la reflexión hay que afrontarla, me parece indudable.

Como ven, este debate sobre la automatización del trabajo, es más un tema de consideración social, incluso me atravería a decir política, que tecnológica. Nosotros, los tecnólogos, nos encargaremos de proveer soluciones que generen valor, pero esa redistribución del valor, de la renta generada, es una cuestión del estado del bienestar. De ese nuevo modelo de sociedad. En un estado social y democrático como España, entiendo, una preocupación del gobierno. Y, en su conjunto, de todo el parlamento, como representante de las preocupaciones de los ciudadanos.

Las competencias que destaca el Foro Económico Mundial en esta Cuarta Revolución Industrial

Últimamente se están escribiendo muchas cosas alrededor de la universidad del futuro. Esta, una de las que más me ha gustado en los últimos meses, habla de los retos que deberá afrontar, además de destacar el cada vez mayor número de universidades (se calcula pasaremos de los 150 millones de estudiantes actuales a 260 en 2025). Entre los puntos que destaca, aparece lo siguiente:

[…] Las universidades actuales cambiarán o surgirán nuevos tipos de universidades, comunes en los principios fundamentales (autonomía, autogobierno, educación superior e investigación) pero con novedades que las harán diferir de las actuales. Durante siglos nos hemos dedicado a transmitir conocimientos pero eso, en la era de Internet, ha dejado de ser importante [..] ahora son o deben ser centros de servicios de información, núcleos de conexión entre personas y proyectos, lanzaderas de fomento de la creatividad, centros culturales de primer nivel y un enorme etcétera.

Me parece bastante objetivo afirmar que las competencias que debamos trabajar en el aula, así como los procesos de enseñanza-aprendizaje, deberán de ser diferentes. El Foro Económico Mundial, parece está de acuerdo conmigo. Llevo una semanas siguiendo muy de cerca su línea de artículos en la sección “Future of Education, Gender and Work“. Destaca, en este artículo, para 2020, el siguiente top-10 de habilidades:

Las 10 competencias clave en el 2020
Las 10 competencias clave en el 2020

La naturaleza del trabajo está cambiando de manera sustantiva. Sobre esto ya he hablado anteriormente: la naturaleza del trabajo se está transformando. En un mundo interconectado y dependiente de muchos de nosotros en diferentes puntas del mundo, obviamente las habilidades se han virado mucho hacia la facilidad de relación con otros y el poder sacar provecho de esos equipos. Por ello, la psicología, antropología y sociología, son áreas que de una manera u otra, algo tenemos que dominar. La tecnología, especialmente las digitales, han entrado muy fuerte, y enfrentamos un número de problemas sociales considerable (no sé si mayor o menor), que pudieran tener solución con la disponibilidad tecnológica que tenemos. Por eso tenemos que aprender a poner la tecnología al servicio de la sociedad. Y para ello, tener la habilidad primero de identificar problemas, y segundo de enfocar soluciones a los mismos, se torna fundamental.

Estas competencias no se pueden aprender de manera autónoma. Las universidades, por ello, creo que tendremos un papel nuclear en la “sociedad del mañana”. Siempre y cuando, claro, sepamos adoptarnos a ello. Estas competencias necesitan práctica, desempeño, interacción humana. Podemos convertir nuestras universidades en el centro de la preparación no solo del trabajador del mañana (que ése no es nuestro objetivo), sino en el ciudadano del mañana.

Pero esta adaptación de nuestra naturaleza universitaria a las competencias necesarias para ese 2020 debe hacerse a una velocidad importante. Hoy estoy escribiendo sobre esas competencias, pero tengo la sensación que quizás dentro de unos meses estamos hablando de una nueva tendencia. Tenemos que aprender a adaptarnos a una velocidad alta. Quizás esa sea una competencia en sí: facilidad y velocidad de adaptación al cambio.

Esta cuarta revolución industrial, la actual, en la que las tecnologías digitales han cambiado no solo cadenas de valor de numerosas industrias, sino también el trabajo de muchos de nosotros, nos pide a las universidades algunas competencias clave. Siguiendo la línea de ese listado que de manera reflexiva introducía el Foro Económico Mundial, podemos hablar de competencias como la polivalencia, multidisciplinariedad, creatividad, trabajo en equipo, resolución de problemas complejos, etc. Es decir, competencias que permitirán que esas Tecnologías de la Información y la Comunicación entren de verdad y de manera productiva en todos los procesos de la sociedad y las empresas.

La movilidad de nuestros estudiantes, será fundamental. La Cuarta Revolución Industrial ha hecho que el mundo se interconecte, y por lo tanto, entender marcos culturales diferentes y adoptar un modelo de cultura mental hacia la tolerancia, el respeto y la integración mundial, me parece que será también fundamental.

¿Cuánto nos van a cambiar a las universidades estas tendencias? Sospecho que bastante. A nivel metodólogico, y por este enfoque tan de aplicación que no paro de repetir, no podemos seguir haciendo memorizar o repetir en alto contenidos. Eso lo tienen a golpe de click. De esto ya también he hablado en el pasado. El método del caso, role-playing, workshops, prácticas en laboratorio, simulaciones, etc., sí son métodos que parecen bastante más acordes a las necesidades actuales.

Y, especialmente, para terminar, fomentar entre nuestros estudiantes el espírituo de aprender a aprender. Como decíamos antes, si algo nos caracteriza hoy en día es el volátil cambio con el que vivimos. El proceso de aprendizaje, así, debe redefinirse para que se convierta en un “continuo”, y todo el mundo deje de decir eso de: “Ya lo aprendí en la universidad“. No, tendremos que acostumbrarnos a estar en constante aprendizjae.

Quizás esta universidad del mañana que se alinee con la Cuarta Revolución Industrial ya esté aquí. No lo sé. Pero a lo que sí invito es a la reflexión sobre todo ello, y a entender que el cambio, es algo que lo debemos llevar dentro. No se detendrá.

El ROI de ir a la universidad en el Siglo XXI: ciencia, tecnología e ingeniería

Como sabéis, la inquietud que tengo por la educación, nuestra responsabilidad social y su aportación al conjunto de las sociedades, es algo que me preocupa y ocupa. He escrito sobre ello en numerosas ocasiones. Y, en muchas ocasiones, he enfatizado la importancia de no entrever la utilidad de estudiar con encontrar un gran trabajo. No digo que esto no sea importante, pero lo que sí digo es que no puede ser la única motivación para seleccionar un estudio frente a otros.

El conocimiento aporta al conjunto de las sociedades más desarrollo, más ciencia básica, más libertad y autonomía del individuo, etc. En definitiva, aporta mucho más en su conjunto que al estudiante en particular. Sin embargo, dado que la elección del estudio es individual, ya puedo yo escribir en este humilde blog lo que sea, que al final el estudiante determinará sus estudios en función de sus prioridades.

Y, una de las que más destaca, son las salidas profesionales. Sobre esto, en cierto modo, ya he hablado. Especialmente cuando hablé de la “Sobre la (supuesta) sobrecualificación y el papel de las universidades”. En ese artículo decía eso de:

[…] ¿Cuántos puestos de trabajo para universitarios hay en España? La gráfica que adjuntamos a continuación, muestra como España, es uno de los países con menores porcentajes de demanda laboral de titulados universitarios. Esto se cumple para casi todos los “niveles de trabajo” que hay: directores y gerentes, profesionales y técnicos y profesionales de apoyo.

Y, uno podría pensar, que entonces, un título universitario no garantiza nada. Bueno, que el mercado laboral en España tenga ciertas disfuncionalidades, efectivamente, puede hacer extraer conclusiones erróneas. Pero ya digo que no es el caso. En 1972, una persona con estudios universitarios entre 25 y 34 años podía esperar a ganar un 22% más que una persona en esa misma franja de edad sin título universitario. Esta diferencia salarial, hoy en día, ha crecido hasta el 70%. Por lo tanto, desde una óptica eminentemente utilitarista (que ya he dicho antes que no es la única que hay que hacer, pero sí la que en la gran mayoría de las ocasiones hacen los estudiantes), sí, estudiar una carrera universitaria, en 2016, tiene un fuerte incentivo salarial y de desarrollo de carrera profesional.

Son datos que he extraído del Urban Institute, un think tank que estudia este tipo de cuestiones desde Estados Unidos. Hay otro estudio que va más allá. Es de la empresa de investigación PayScale, que determina el retorno sobre la inversión de los títulos universitarios para cada área de conocimiento. The Economist, se hizo eco de ello hace unos meses, y preparó esta gráfica que reproduzco aquí por su expresividad:

El ROI sobre títulos universitarios en áreas de conocimiento en EEUU (Fuente: The Economist)
El ROI sobre títulos universitarios en áreas de conocimiento en EEUU (Fuente: The Economist)

Como se puede apreciar, esas burbujas que salen en la parte superior para los estudios de “Ingeniería, ciencias de la computación y matemáticas”, destacan por encima del resto. El retorno sobre la inversión durante 20 años es, de media, de un 12%. Una rentabilidad de ese tipo hoy en día, con los tipos de interés por los suelos, no sé dónde lo podemos encontrar. Por lo tanto, sí, podemos afirmar que ir a la universidad, es una inversión muy rentable para cualquiera de nosotros. No creo que este mismo estudio para España o Europa en general, ofrezca resultados muy diferentes.

Otro aspecto destacable de esta gráfica es la ordenación de las referencias en el eje de la X. Es un eje que representa la tasa de admisión de estudiantes para cada universidad americana. Es una métrica muy empleada en EEUU para reflejar la “calidad de las universidad”. Si admito a poca gente, eso querrá decir que soy exclusivo, y por lo tanto, más atractivo para un eventual estudiante. Pero, como siempre, a un coste. Bueno, mejor dicho, para una inversión.

Pero como se puede apreciar, es realmente ilustrativo que apenas varíe ese ROI del 12% para todas las universidades. Las universidades menos prestigiosas, casi no se diferencian en esa cifra. Esto me lleva a pensar que los estudiantes que quieran priorizar estudios, quizás se tuvieran que preocupar menos por la universidad en sí, y más por el área de estudio. Insisto que esta no es la lectura que creo que debiera hacerse, pero sí por lo menos la que muchos hacen. Atiendo anualmente a un volumen importante de familias e hijos como para poder tener esta interpretación. Por desgracia, difícilmente cambiable, me temo.

Por todo ello, sí, os invitamos a estudiar nuestra fascinante área de ciencia, tecnología e ingeniería. Necesitamos más científicos e ingenieros. Hemos desarrollado a las sociedades desde que empezamos a comer a través del fuego, hasta que hemos creado Internet y todos sus derivados de la gran última revolución industrial.

El Retorno sobre la Inversión (ROI) de ir a la universidad en el Siglo XXI es muy alto. ¿Te lo vas a perder?

La tecnología añade opciones: lectura, noticias y las TIC

Lo sé, Suecia no es equiparable a todos los países. Pero sí me ha parecido ilustrativo el informe “Swedish Trends” que se puede encontrar aquí. Básicamente por las dos gráficas que adjunto a continuación:

¿Para qué se emplea Internet? (según informe "Swedish Trends" que se puede encontrar aquí:  http://som.gu.se/digitalAssets/1581/1581024_swedish-trends-1986-2015.pdf)
¿Para qué se emplea Internet? (según informe “Swedish Trends” que se puede encontrar aquí: http://som.gu.se/digitalAssets/1581/1581024_swedish-trends-1986-2015.pdf)
Tendencia en la lectura de libros  (según informe "Swedish Trends" que se puede encontrar aquí:  http://som.gu.se/digitalAssets/1581/1581024_swedish-trends-1986-2015.pdf)
Tendencia en la lectura de libros (según informe “Swedish Trends” que se puede encontrar aquí: http://som.gu.se/digitalAssets/1581/1581024_swedish-trends-1986-2015.pdf)
El uso de Internet en Suecia (según informe "Swedish Trends" que se puede encontrar aquí:  http://som.gu.se/digitalAssets/1581/1581024_swedish-trends-1986-2015.pdf)
El uso de Internet en Suecia (según informe “Swedish Trends” que se puede encontrar aquí: http://som.gu.se/digitalAssets/1581/1581024_swedish-trends-1986-2015.pdf)

En resumidas cuentas:

  • Cada vez más personas (de diferentes segmentos/caracterizaciones) dedican tiempo a Internet y otras aplicaciones digitales. Una de ellas, la lectura de los libros.
  • Las tecnologías digitales no están sustituyendo las tecnologías anteriores más antiguas. Sino que están añadiendo opciones.

 

De algo de todo esto ya hablé cuando comentaba aquello de que los medios digitales no han cambiado costumbres. Éste suele ser un discurso bastante habitual y bajo mi punto de vista, poco riguroso luego con la realidad. Ya decía en ese artículo esto de:

Leo en muchos lugares que la tecnología nos está volviendo antisociales. Que es imposible encontrar en un autobús o en el tren, alguien sin el teléfono móvil en la mano leyendo o pensando. Lo que ocurre con este tipo de visiones es que estamos confundiendo medio con costumbres. Las tecnologías digitales simplemente han cambiado los medios con los que seguimos haciendo los humanos lo que nos gusta y practicamos (llamémosle costumbres).

Es decir, que confundimos medios con acciones. Las TIC, han traído nuevos medios que permite aumentar la oferta y las oportunidades para una ciudadanía que sigue respondiendo a patrones de consumo de contenidos parecidos. Pero, es más, ahora hacen más cosas que antes. Ya podéis ver en la primera gráfica como cada vez más personas buscan información en Internet, consultan el correo electrónico, usan las “redes sociales”, e incluso, escriben en blogs como éste. Es decir, que Internet va llegando a nuevos sectores de la sociedad, y así, acabamos ofreciendo nuevas oportunidades de información y comunicación a la sociedad en general.

Todo esto, que suena muy bien, además, sin romper esas costumbres que habitualmente suelen salir (la gente ya no lee, la gente ya no se informa, nadie se comunica, somos antisociales, etc.). Éste suele ser el problema, entender que como ha transformado muchas cadenas de valor y de intermediación del mismo (léase sector editorial, sector de los medios de comunicación tradicionales, etc.), la gente, la ciudadanía, ya no consume eso. Sí, sí lo hace, lo que pasa que a través de otros canales. Que, encima, según muestran estas estadísdticas, cada vez son mayor en número.

Por eso me ha parecido interesante compartir esto con vosotros. Porque vosotros, que léeis esta estadísticas en un blog, antes quizás lo hacíais en un periódico. Pero antes eso lo leía menos gente de los que ahora pueden acabar leyendo este post de un blog. Y eso, sí que es entender esta era digital de las TIC: una era en la que las oportunidades y las ofertas de consumo de contenidos son mayores que antes, y por eso trae más oportunidades para diferentes segmentos de edad.

Nuevas evidencias sobre la (supuesta) destrucción del trabajo de los robots

Muchos somos los que hemos escrito sobre la transformación digital y su impacto en el empleo. Sin ir más lejos, yo mismo, sobre la “La transformación digital provocando la transformación del empleo“, que a su vez resumía entradas del 2014 donde ya introducía reflexiones y referencias a autores que hablaban del debate actual en torno a los “Robots vs. Humanos“.

En general, este debate suele ser afrontado desde un modelo de aproximación social. Es decir, se suele abordar la reflexión sobre el impacto que la automatización del trabajo va a provocar en nuestro trabajo, nuestro desempeño actual y el futuro. Además, no para de acelerarse. Ya no solo estamos hablando de una revolución tecnológica sin precedente a nivel de velocidad a la que se produce, sino también su globalización, que es la que trae que estemos todos inquietos y en comparación continua con lo que hacen nuestro vecinos. Todo se aceleró cuando en 1995 Internet, la gran red de redes, pasa de un uso militar y científico y se abre/liberaliza al comercio. Ahí empiezan a nacer nuevas oportunidades de digitalización, y el boom de la transformación digital de industrias se hace exponencial.

Y esto empieza, aparentemente, a provocar cambios en el trabajo. De esto, ya digo, se ha escrito mucho. Pero a raíz de un artículo que me solicitaron, me puse a investigar sobre nuevas evidencias sobre dicho efecto. Al final, todos estamos haciendo referencias a artículos de 2012-2013-2014, y en este tiempo, seguro que más evidencia había sido encontrada. Y, efectivamente, me he topado con un artículo publicado hace unos días titulado “Racing With or Against the Machine? Evidence from Europe“, de Terry Gregory, Anna Salomons, and Ulrich Zierahn, del Centre for European Economic Research.

Básicamente, viene a exponer nuevas evidencias en relación al debate planteado, que se puede resumir así:

Overall, we find that the net effect of routine-replacing technological change (RRTC) on labor demand has been positive. […] As such, fears of technological change destroying jobs may be overstated: at least for European countries over the period considered, we can conclude that labor has been racing with rather than against the machine in spite of these substitution effects.

Para todos los públicos: que no, que “los robots” no están destruyendo trabajo. También este artículo sobre las empresas que han empezado a implantar robots pone en evidencia que, tampoco, las empresas que emplean robots, han creado más empleo neto del que se ha perdido por el cambio tecnológico. Y, este otro estudio empírico, hecho por el Fraunhofer ISI para la Comisión Europea (preocupada por todo esto siempre), expone cómo las empresas que han obtenido un aumento de productividad por la automatización (los robots), incrementaban el empleo incluso con lo ganado. Es decir, que no se sustituía capital humano por capital “robótico”, como muchos pensaban (pensaba yo también).

La explicación tiene sentido, dado que miden cuestiones que siempre se tratan desde la abstracción. El mejor remedio que tenemos sin datos. La explicación viene a ser la siguiente, que acompaño con una gráfica del magnífico artículo de Gregory, Salomons y Zierahn:

[…] indicates that the elasticity of substitution between regional bundles of tradables is larger than the elasticity of substitution between tasks, making it more likely that the product demand effect is strong enough to overcompensate the substitution effects. The reason is that our σ reflects to what extent consumers switch to cheaper regional goods bundles as a result of falling capital costs, leading to higher product demand and, hence, higher production and employment in routine-intense regions.

robots
: Predicted European labor demand change (upper bound), 1999-2010 (Fuente: http://ftp.zew.de/pub/zew-docs/dp/dp16053.pdf)

Por una parte, es verdad que las tareas rutinarias, sí que vienen a hacerse ahora con robots. Las empresas, producen ahora de una manera más económica, y esta reducción del coste de capital en las empresas, hace que los precios también puedan abaratarse, y los mercados ahora se hacen más grandes. Es decir, hay una mayor demanda de productos y servicios. Y esto hace que haya que producir más, incluso en los países donde esas tareas rutinarias se hacen ahora con robots. Es decir, que sí que es verdad que los robots hacen ahora nuevas tareas (las rutinarias), pero en agregado, se crea más empleo, de otro tipo, claro.

Este efecto será mayor, cuanta mayor intensidad de trabajo rutinario haya. Los autores lo miden con el Routine Task Intensity (RTI), que presentan en el siguiente gráfico (también muy interesante hacer análisis por países por ello, incluyendo el nuestro, claro):

rti
Spatial distribution of Routine Task Intensity (RTI) across European regions, 2010 (Fuente: http://ftp.zew.de/pub/zew-docs/dp/dp16053.pdf)

Por lo tanto, el problema no es tal en agregado. Se crea empleo, eso dicen la evidencia aquí presentada. Pero, crea un tipo de trabajo diferente para muchos puestos de trabajo. El asunto es que el debate está mal planteado; tendríamos que estar hablando de un problema de habilidades. Es decir, que no estamos siendo capaces de sustituir más rápido esos trabajos, porque no tenemos personas formadas en ello. La robótica, la Inteligencia Artificial, Automatización Industrial, Industria 4.0, etc., son campos donde se necesitan personas que saquen valor de estas tecnologías digitales que aumentan el empleo agregado.

Por todo ello, yo creo que tendríamos que estar hablando más de esto. La formación en ciencia, tecnología e ingeniería que tanto necesitamos. Y que permitirá aumentar el empleo de nuestras sociedades. Y si encima lo hacemos formando perfiles con creatividad, innovación, flexibilidad y habilidades sociales, mejor. El mundo se interconecta. Las máquinas, los robots, no nos van a vencer. Perdamos el miedo. Al contrario, nos pueden ayudar. Crean empleo. Pero necesitamos formarnos para que los resultados aquí expuestos sean tal. Necesitamos integrarlos en la normalidad de nuestro día a día.

Tecnología al servicio de la sociedad: una nueva mirada

La complejidad y la interconexión del mundo que estamos viviendo en estos primeros años del Siglo XXI es del tal magnitud, que los retos sociales que tenemos son realmente grandes. El cambio climático (qué bien que la capa de ozono comience a mostrar una tendencia de mejora), el agotamiento de los recursos naturales, la pérdida de la biodiversidad, el aumento de las desigualdades intrapaís y su reducción interpaís (con los problemas sociales y de inmigración que eso genera), una corrupción moral y política imparable, la crisis de los refugiados en nuestra vieja Europa, el agotamiento del agua (con países que se han quedado incluso sin reservas, etc.), etc.

Titulaba este artículo “Tecnología al servicio de la sociedad“, queriendo hacer un guiño a una nueva mirada que deberíamos adoptar los que tenemos la fortuna de trabajar diseñando y construyendo soluciones basadas en tecnología. Estamos hablando de una era en la que el crecimiento exponencial y acelerado del progreso tecnológico, nos está dotando de unas herramientas que nunca antes habíamos tenido.

Y me acordaba de escribir esta breve reflexión, tras una conversación que mantuve el otro día en mi despacho con un estudiante que se va a trabajar este verano a un campamento a Etiopía. Una experiencia, por lo que ya pasé hace 5 años, y que me hizo crecer en muchas dimensiones de la vida.

Hablábamos sobre proyectos que él podría emprender allí, aprovechando su riqueza intelectual y tecnológica al máximo. Y, poniendo, la tecnología al servicio de la sociedad. Esta es la fortuna de trabajar en una universidad con los valores y misión que tiene la Universidad de Deusto. Y más si lo haces en la facultad de ingeniería, donde ponemos la sociedad como fin último de mejora.

Y es que en cierto modo vivimos en una paradoja: una capacidad tecnológica sin precedentes, frente a un volumen de problemas sociales (al menos de los que la civilización haya sido consciente) realmente grande. Los emprendedores, además, como grandes agentes del cambio. Elon Musk, emprendedor como la copa de un pino, llena su discurso de la crisis energética que vivimos, e incluso crea empresas con objeto de convertirse en públicas para que los algoritmos de Inteligencia Artificial sean de escrutinio público y los robots no lleguen a dominar a los humanos (su proyecto OpenAI).

El gran Schumpeter, ya adelantó esta posibilidad que fueran los emprendedores los que trajeran el mayor vector de cambio frente a empresas y gobiernos. Y eso es lo que estamos viviendo hoy en día, una posibilidad que algunos han llegado a bautizar como la descentralización de la economía. Una descentralización de activos y actividades de nuestra actividad del día, que está especialmente alineada con la tecnología. Miren:

  • Comunicaciones descentralizadas: Internet en sí mismo. Sin esa descentralización, la wikipedia, o conceptos como “Open Data” u “Open Science”, nunca hubieran sido posibles.
  • Fabricación descentralizada: nuestro Fab Lab, por ejemplo, como centros de producción distribuidos que encima se amparan en paradigmas de cero residuos y economías circulares.
  • Producción energética descentralizada: salvo por la locura regulatoria de España, esto ya es posible a nivel tecnológico. Microgeneradores de energía eólica o solar, como concepto de relevancia de cómo servirnos a nosotros mismos, sin intermediarios.
  • Cadenas de alimentación descentralizadas: la hidroponia en entornos urbanos (sin grandes cadenas de distribución que traiga salmón de Chile a Bilbao) o granjas orgánicas que aprovechan espacios sobrantes, me parecen conceptos de cómo repensar esa lógica del bajo coste de producción, pero con gran intermediación (que genera contaminación, y emprobece al débil de la cadena… el agricultor).
  • Finanzas descentralizadas: conceptos como el crowdlending o crowdfunding, que descentralizan la captación de capital, y que permite a un emprendedor conseguir aliados en múltiples lugares. Por otro lado, la revolución fintech, que rompe el concepto de banco central que intermedia en todo.
crowdlending
Fuente: https://andresmacario.com/el-crowdlending-como-alternativa-de-inversion-y-crecimiento/
  • Trabajo descentralizado: plataformas que permite localizar talento en cualquier lugar, y a autónomos, romper su barrera geográfica. La ruptura del trabajo asalariado, la gig economy o colectivos como Enspiral pudieran ser la norma.
  • Organizaciones descentralizadas: la economía digital descenralizada, y con una infraestructura por pares como Blockchain, permite el intercambio de valor sin intermediarios. Hablamos de Blockchain, que algunos ya han bautizado como la tecnología más disruptiva desde que apareció Internet.
  • etc.

Vistas estas pruebas, algunos ya empezamos a soñar y vislumbra una nueva era. Una nueva mirada, en la que la “tecnología al servicio de la sociedad” es el paradigma reinante. Arquitecturas descentralizadas y tecnologías abiertas (en su sentido de servidas a la sociedad para su uso abierto), que permitiera una innovación abierta que nos llevara a una sociedad más humana y sostenible que la que tenemos ahora mismo. Se desintermedia la cadena, desaparecen muchos intermediarios, que son en muchas de ellas el problema.

Creo que lo que nos falta para hacer de este sueño una realidad, es un cambio de enfoque. Una nueva mirada. Solo será posible si construimos soluciones tecnológicas de otra manera. Es por ello que me gusta tanto el concepto de open by-design. Pensar “a posteriori” cómo arreglar las cosas trae muchos problemas. Es mejor el pensamiento “a priori”, en el que pensamos cómo diseñar las soluciones teniendo en la cabeza la explotación final.

Y para que esto sea así, tenemos que tener en la cabeza, cuando construimos soluciones:

  • La cadena de valor completa de la tecnología. Por eso el concepto de “economía circular” me gusta tanto. Construir soluciones sin saber dónde acabarán los materiales, o pensar en Uber o AirBnB como plataformas de referencia sin entender las conscuencias que tiene en nuestro estado del bienestar, me parece preocupante.
  • Incentivar, quizás con dinero, y sin mucha política industrial, las startups que se centren en problemas sociales. Esa lógica de rondas de financiación pensando meramente en el retorno económico, me parece muy preocupante. Y que así, nos lleva a una creación de startups que simplemente priorizan el ROI.
  • Construcción de ecosistemas. Donde interaccionan inversores, locales, emprendedores, las universidades, etc. de manera constante. Esos ecosistemas, no, no solo son Silicon Valleys. Hay vida más allá. Ecosistemas alrededor de la innovación social, la tecnología al servicio de la sociedad (Fintech o Insurtech, por ejemplo), son otros ejemplos, más sectorizados, y con más propensión a servir a la sociedad.

Como ven, retos tenemos muchos. Pero, capacidades tecnológicas, más aún. Es la hora de poner la tecnología al servicio de la sociedad y pensar en nuestro futuro.

El RNG: la tecnología de los juegos de azar

La revolución tecnológica se introduce, poco a poco, en todos los sectores de nuestra vida. Esto es algo que ya he señalado en muchas ocasiones. Es más, no ha venido solo para cambiar lo que nos rodea, sino a adaptarse a nuestra realidad y hacerla más interesante.

De esta forma, podemos ver cómo la tecnología ha llegado a la educación con nuevos materiales adaptados a esta era digital, donde podemos encontrar numerosas apps al servicio de los estudiantes; comprobamos, cada día, cómo la domótica permite el control y la automatización inteligente de la vivienda agrupando todo el control de la casa en un solo dispositivo; o somos testigos de cómo el empleo se ve afectado por el desarrollo de la tecnología, consiguiendo que antiguos puestos de trabajo desaparezcan al mismo tiempo que se crean otros nuevos.

Robots vs. humanos (Fuente: http://cuatrecasasblog.com/laboral/wp-content/uploads/2016/01/Robotica_def-750x360.jpg)
Fuente: http://cuatrecasasblog.com/laboral/wp-content/uploads/2016/01/Robotica_def-750×360.jpg

Uno de los lugares donde la tecnología ha venido para quedarse es en el sector del juego. Ha sido tan perfecta su adaptación al medio, que ahora no podríamos, ni por asomo, imaginar al juego sin todos los cambios provocados por la tecnología. Si echamos la vista atrás, ni siquiera nos acordamos de cómo jugábamos hace unos años sentados todos alrededor de una mesa: primero aparecieron los juegos multijugador que nos permiten estar conectados con gente de todo el mundo y, más tarde, llegaron los juegos streaming con los que, incluso, podemos jugar de forma remota y desde nuestros dispositivos Android a juegos ejecutados desde el PC.

La tecnología ha dado un paso más allá y ha podido crear lo que hasta el momento solo era un concepto abstracto: el azar. Hablamos del RNG, lo que serían las siglas de Random Number Generator (generador de números aleatorios). El RNG significa poder tener en el ordenador las mismas posibilidades que el azar crea en la vida real. Así, una baraja de cartas se mezclará de forma igual de azarosa tanto si lo hace un ser humano o el juego del ordenador.

Las salas de juegos online han tenido que producir esta forma artificial y eficaz de azar para dar confianza a sus usuarios, que buscan la misma sensación de juego delante del ordenador que dentro de en un casino en vivo. Sigamos con el ejemplo de la forma en que se reparten las cartas de manera aleatoria en el poker u otro juego de naipes. Tal y como se explica en el vídeo de Pokerstars que puedes ver abajo (en inglés), vemos cómo el azar del barajado está formado por dos fuentes totalmente independientes.

La primera de estas fuentes está compuesta por rayos de luz que se lanzan a un espejo. Si la luz rebota se produce un 1 y si lo atraviesa se produce un 0. La luz se comporta de forma completamente aleatoria y esta aleatoriedad se produce sin la intervención de un ordenador, lo que asegura al jugador que el barajado no ha sido manipulado. La otra fuente que produce el RNG está formada por un resumen de los movimientos y el ritmo de juego recolectadas del software del jugador, produciendo unas conclusiones impredecibles. Ambas fuentes se combinan con un método criptográfico que produce que la sucesión de unos y ceros se agrupen de forma totalmente aleatoria formando cadenas de números. Después, se elige una de ellas y se le da un número aleatorio del 1 al 52, que se corresponde con la carta elegida para ser repartida.

Con esta fórmula, se soluciona el problema de crear verdadero azar en los juegos computarizados y permite asegurar al usuario que su juego se está desarrollando con total fiabilidad.

El RNG ha sido el último gran paso que la tecnología ha aportado a los juegos. Con la creación del azar, las sensaciones de jugar a través de una máquina se acercan cada vez más a las que se produce en los juegos en vivo, con la ventaja de poder jugar en el anonimato contra millones de usuarios en el mundo y, todo ello, sin la necesidad de tener que salir del salón de tu casa.

El caso Starbucks y la generación de valor con la transformación digital

En 2009, Starbucks, no estaba pasando un buen momento. Se dedicaba -y dedica- a la puesta en valor de la segunda materia prima en cuanto a volumen de exportación e importación se refiere: el café. Por lo tanto, sorprendía en cierto modo que le pudiera ir mal. Pero, había perdido la mitad de su valor en bolsa y los ingresos se reducían.

Empiezan a reflexionar, pensando en el diseño e implantación de un proceso de transformación digital como apuesta de generar nuevo valor. Pusieron en el centro al consumidor, y adaptaron los procesos y la estrategia de la empresa consecuentemente. Esto parece fácil decirlo (quién no dice tener al consumidor siempre en la cabeza…), pero luego hacerlo implica cambios muy importantes y complicados. Entre los que se ejecutaron a nivel estratégico, táctico y operativo en Starbucks:

  • Introdujo medios sociales, tecnologías móviles y otros puntos de contacto para cambiar la relación con sus clientes e interesados.
  • Introdujo puntos WiFi en sus establecimientos para generarn nuevas experiencias mientras uno tomaba un café. Piensen en ustedes mismos qué hacen cuando pisan un Starbucks y por qué lo hacen 😉 Por cierto, ahora están estudiando cómo rentabilizar estos puntos WiFi a través de la publicidad.
  • Ofrecen contenido de valor para leerlo mientras estás conectado a su Wifi como The Economist, Wall Street Journal o The New York Times.
  • Digitalizó todos los procesos de la empresa, tanto los externos hacia el cliente, como los internos en aras de lograr una mayor productividad.
  • Permite los pagos móviles en sus establecimientos (procesa 3 millones de pagos móviles a la semana en todo el mundo). Square, Passbook de Apple, etc. Es decir, comodidad para el cliente y eficiencia.
  • Más del 90% de los usuarios de Facebook mundiales son fans de Starbucks o tienen un amigo que lo es. En una entrada anterior hablé sobre el concepto de la “influencia social”. Fundamental que las marcas tengan esto claro.
  • Para agilizar las colas y en definitiva, los tiempos de espera del cliente, digitalización de los pedidos y los pagos. Han reducido hasta 900.000 horas de tiempos de espera al cliente.
  • En 2012 facturó 3.000 millones de dólares en compras realizadas con la tarjeta de fidelización. Tarjeta que les genera datos de sus clientes, contextos, consumos, etc. para poder ofrecerles una personalización mayor.

Para los que les interese disponer de más información sobre este “Caso Starbucks”, les recomiendo la lectura de este informe de Capgemini Consulting titulado “Starbucks: taking the Starbucks experience digital“. Pero, como ven, es un cambio total a nivel de Experiencia de Cliente, Procesos e incluso Modelo de Negocio, los tres vectores de los que hablamos debía acompañar a la transformación digital de una compañía. Miren en la siguiente gráfica cómo ha evolucionado su cotización bursátil desde 2009. La transformación digital, genera valor.

El Caso Starbucks, o cómo la transformación digital genera valor (Fuente: Yahoo Finances)
El Caso Starbucks, o cómo la transformación digital genera valor (Fuente: Yahoo Finances)

De muchos de estos elementos a considerar en la transformación digital ya he hablado. Hablé de la gestión del cambio y de las personas, así como de los elementos de una empresa y su modelo de negocio que cambiaban. Y es que muchas empresas están dándole una vuelta a cómo empezar con este proceso de transformación digital.

El elemento raíz por el cual empezar quizás sea por darse cuenta del cambio del consumidor y de sus procesos de toma de decisiones de compra. Hace unos años, todavía en el mundo de la publicidad y el marketing tenía sentido hablar de los FMOT (First Moment of Truth) y SMOT (Second Moment of Truth). Una persona recibía un estímulo (FMOT), reflexionaba un poco, y luego compraba (SMOT). Y luego, de manera viral se lo iba comentando a otros. Esto funcionó bien hasta la irrupción de los canales digitales.

El problema es que hoy en día tenemos muchos ZMOT (Zero Moment of Truth). Es decir, muchos puntos de contacto, que todavía no sabemos si detonará procesos de compra o no:

ZMOT (Fuente: http://www.jellyfishpublishing.co.uk/files/6713/4908/8141/Jellyfish_Publishing_ZMOT_2.jpg)
ZMOT (Fuente: http://www.jellyfishpublishing.co.uk/files/6713/4908/8141/Jellyfish_Publishing_ZMOT_2.jpg)

Con estos cambios del consumidor, las empresas se han dado cuenta que la “digitalización” no va de automatizar procesos. Lo que realmente significa es:

  • Adaptar la experiencia del consumidor a sus nuevas prefernecias
  • Ajustar consecuentemente las operaciones y los procesos
  • Crear nuevos modelos de negocio

Y con ello, “re-inventamos” una empresa, y la adaptamos digitalmente. Y para ello, es bueno saber que tenemos que tener en consideración cuatro elementos, con los que quiero concluir:

  1. Estrategia: un plan detallado sobre el viaje a realizar en esta era digital. Habrá que evaluar las propias fortalezas, qué está haciendo la competencia (esto es muy típico en el B2B; donde al menos, se debe replicar la estrategia del competidor más avanzado), plan de inversiones en tecnologías de mejora de procesos y modelos de negocio, etc. Aquí, la clave recaerá en el liderazgo. De ahí que las habilitades directivas, y el desarrollo de las habilidades para el trabajo en entornos colaborativos y en red, resulten claves. Muchas empresas, para ello, incluso han habilitado figuras con el rol de ejercer esta transformación (el Chief Innovation Officer, por ejemplo).
  2. Procesos: la clave aquí radica en la reingeniería de procesos y su rediseño para adaptarse a las nuevas experiencias de compra del consumidor. Es un poco la lógica del “customer-centricity” (del que hablaré en una próxima entrega). Pongo al consumidor, y sus nuevos hábitos en el centro de mi estrategia y de mis procesos, y luego ya adapto mi empresa a ello. Pero no al revés, que suele ser una mala estrategia en el medio y largo plazo. Aquí la clave está en cómo introducir la tecnología poco a poco en los procesos, que es cuando realmente la misma adquiere valor.
  3. Personas: los que todavía mantenemos el monopolio del trabajo de valor somos las personas. Esto da para escribir otro artículo, pero el agorero que no para de predicar que los robots nos van a quitar el trabajo, realmente no ha entendido que seguimos manteniendo el “monopolio de la pregunta” (indicar qué hacer y cómo hacerlo). También mantenemos el monopolio de entender lo que es valor, y la empatía por satisfacer las necesidades de los consumidores.
  4. Tecnología: son muchos los paradigmas tecnológicos que hoy tenemos a nuestra disposición: la era de los datos, Internet of Things, la era de las redes sociales, la era móvil, etc. ¿Cómo aprovechar todos estos nuevos paradigmas y sus nuevas reglas de juego para sacarles provecho en mi día a día? ¿Qué están haciendo y qué les está funcionando a las startups de base tecnológica que por lo geneeral suelen tener ciclos muy ágiles de innovación? ¿Cómo puedo conocer mejor a mis clientes  a través del uso de la tecnología?

El supuesto “Fin de la titulitis” y cómo las empresas tecnológicas valoran el “saber hacer”

Leo, ya sin sorpresa, la siguiente noticia de ayer en El País:

El fin de la titulitis, en El País (Fuente: http://economia.elpais.com/economia/2016/03/03/actualidad/1457024681_163769.html)
El fin de la titulitis, en El País (Fuente: http://economia.elpais.com/economia/2016/03/03/actualidad/1457024681_163769.html)

La noticia nos habla de programas como el de Empleo Digital de la Fundación Telefónica. Y describe la utilidad de los MOOC del MIT como elemento de “reconversión profesional” de una de las personas entrevistadas. Y, salen cuestiones como:

Las empresas tecnológicas ya no valoran lo que has estudiado sino lo que sabes hacer. Cursos de cuatro meses preparan para ese reto.

Compañías que no miran ni una sola línea del currículum para abrir sus puertas a nuevos empleados.

La tendencia ha llegado a España y muchas empresas tecnológicas han dejado de lado los títulos de los candidatos para valorar in situ su capacidad de superar retos relacionados con la programación.

El objetivo es romper con la titulitis y detectar talento.

Las empresas evolucionan a mayor velocidad que los centros educativos y el hecho de contar con una titulación universitaria ya no es sinónimo de estar a la altura de lo que demanda el mercado, al menos en lo que respecta a las habilidades tecnológicas.

Hace unos días publiqué este artículo en el que hablaba sobre muchas de estas cuestiones. En esta noticia de El País, cómo no, debía existir frases tan constructivas como “Muchos de nuestros trabajadores no terminaron la carrera“. En fin, no hace falta que vuelva a repetir que enfoques y noticias/crónicas como esta me parece que fallan en su concepción e idea a transmitir. Una cosa es que haya habido algunas personas a las que les haya funcionado la experiencia (me gustaría saber concretamente cuántas, entre la población total que estuviera en las mismas situaciones… aunque esto, claro, no lo dice la noticia), y otra cosa es que podamos generalizar la idea que para las formaciones técnicas (foco de la noticia), hacer un curso online o meterse en un programa de especialización tecnológica de Telefónica o Google sea suficiente.

Desde aquellos años 30 en los que un grupo de matemáticos y lógicos (Turing, Gödel y Church) lanzaron el campo teórico que hoy llamamos Ciencias de la Computación (Computer Science) a las gafas de Google o los vehículos autónomos de Apple, han pasado más de 80 años. Años en los que hemos desarrollado una industria informática que demanda muchos profesionales, y que cada vez, los quiere más especializados para sus necesidades concretas y urgencias. Quizás bajo esta mirada o perspectiva nazca la noticia.

Por un lado uno se puede alegrar de ver que las formaciones STEM (Science, Technology, Engineering, and Mathematics) estén cada vez más demandadas. Para eso las universidades tenemos formaciones de Ingeniería en esas materias. Nosotros, las universidades, no tenemos como objetivo ofrecer formaciones especializadas. Nos sería realmente imposible. Además de romper con la naturaleza y filosofía de una universidad. Tendríamos que hacer tantos itinerarios formativos como empresas prácticamente. Nuestra misión es otra. Nosotros ofrecemos una formación básica o conjunta de competencias mínimas para que el estudiante luego tenga la autonomía y capacidad de aprender con cierta autonomía la evolución tecnológica, aprenda a programar o pueda seguir esos cursos de especialización digital que hablábamos. Me gustaría a mí saber qué sería de esos programas de Telefónica o cursos de Google con estudiantes de 18 años sin ningún tipo de formación universitaria.

Cuando nos dicen que las universidades vivimos aisladas de las empresas, de nuevo, me gustaría saber qué entienden por universidad. ¿Una formación centrada en las necesidades tecnológicas de sus empresas? ¿Y qué pasará el día que cambien? Creo que es mejor entender la universidad como los “building blocks” o “bloques mínimos” de conocimiento en una formación técnica necesarios para que luego el estudiante, sí, pueda desarrollarse y aprender a través de cursos online masivos (que da para otra entrada, y donde también, me gustaría saber el éxito de un estudiante que tiene una carrera universitaria frente a otro que no la tiene) o a través de programas de formación tecnológica.

Nosotros, los ingenieros, y las Facultades de Ingeniería, tenemos conocimientos en tres áreas distintas:

  1. Ciencia
  2. Tecnología
  3. Herramientas

Me gusta hacer el símil (no sé cuán riguroso es, pero me sirve como heurístico de explicación), de ver la Ciencia como la Investigación Básica, la Tecnología como el Desarrollo y las Herramientas como la Investigación Aplicada/Innovación (“salida a mercado“). Esto es, los “informáticos”, ejercemos nuestra actividad, como cualquier otro ingeniero o arquitecto de sistemas, en todos los eslabones del polinomio de la I+D+i. Cuando nos dicen que en el año 2020, el déficit de expertos en tecnología será de 800.000 personas según previsiones de la Comisión Europea, a mí me gustaría saber qué es un “experto en tecnología“.

Los Computing Curricula de ACM e IEEE, organizaciones profesionales -no universitarias por cierto-, proponen qué materias deberían ser impartidas en la educación superior de Informática/Computación, conforme a criterios científicos, sociales y profesionales. La propuesta presente en 2009 considera cinco grados:

  1. Computer Science / Ciencias de la Computación
  2. Computing Engineering / Ingeniería de la Computación
  3. Software Engineering / Ingeniería del Software
  4. Information Systems / Sistemas de Información
  5. Information Technology / Tecnologías de la Información

Un “informático” es alguien que aprende el punto de vista científico de la computación, el punto de vista de ingeniería del software y de la computación (que no es lo mismo), aprende las tecnologías para el procesamiento de información y diseña y desarrolla sistemas para elaborar una respuesta y ayudar a las organizaciones sobre dicha información. ¿En todo esto ayuda un MOOC o un programa de Telefónica? No lo creo.

Llevándolo al plano de España, en esta resolución de 8 de junio de 2009, se pueden consultar las competencias que debe adquirir un Ingeniero en Informática (considerando, en general, los 5 currículums anteriormente expuestos). Resumo en:

  • Proyectar, calcular y diseñar productos, procesos e instalaciones.
  • Dirección de obras e instalaciones de sistemas informáticos.
  • Dirigir, planificar y supervisar equipos multidisciplinares.
  • Modelado matemático, cálculo y simulación.
  • Elaboración, planificación estratégica, dirección, coordinación y gestión técnica y económica de proyectos.
  • Dirección general, dirección técnica y dirección de proyectos de investigación, desarrollo e innovación.
  • Puesta en marcha, dirección y gestión de procesos de fabricación de equipos informáticos.
  • Aplicación de los conocimientos adquiridos y de resolver problemas en entornos nuevos o poco conocidos. [Mira, justo lo que dice la noticia 🙂]
  • Comprender y aplicar la responsabilidad ética, la legislación y la de ontología profesional.
  • Aplicar los principios de la economía y de la gestión de recursos humanos y proyectos, así como la legislación, regulación y normalización de la informática.

Es decir, no somos obreros, sino arquitectos. Quiero decir: no, no somos gente en un laboratorio encerrados con un ordenador, sino que hacemos proyecciones y cálculos como cualquier otro arquitecto o ingeniero de sistemas. Que no lo hagamos tan bien y a la medida como las empresas quieren, no es sinónimo de “Una titulación universitaria ya no es sinónimo de estar a la altura de lo que demanda el mercado“. Por lo tanto, sin querer defender la titulitis, pero sí, la universidad es necesaria. Sino, traíganme cifras y pruebas, y estaré dispuesto a cambiar mi opinión 🙂