El coste de organizar unos Juegos Olímpicos y su retorno social y económico

Como saben, llevamos unos días con los Juegos Olímpicos de Río en marcha. Una edición, esta de 2016, que viene envuelta en la misma polémica que cando se celebró el mundial en dicho país: que un país en el nivel de desarrollo como el que tiene Brasil, acometa grandes inversiones para grandes eventos deportivos. El Mundial de fútbol, con baile de cifras (como suelen ser estos casos, por lo que relativicemos), osciló por los 11.300 millones de dólares en trabajos públicos, dentro de los cuales estaban los 3.600 millones en estadios (nuevos y remodelaciones).

En términos de retorno de estas inversiones, los estudios han dejado claro que contribuyen poco a la rentabilidad futura y a la mejora de la sociedad en general. Por lo tanto, destinar dinero público a todo ello, no se suele sostener por sí solo. Por eso mismo, cuando Brasil organizó el pasado Mundial en 2014, enfatizaba en todo momento que las inversiones se destinarían a infraestructuras de transporte, seguridad y comunicaciones. “Solo” el 25% iría para estadios y otro tipo de instalaciones deportivas. Más allá de si esto luego se consiguió o no (de lo cual hay bastantes dudas), los Juegos vuelven a poner encima de la mesa esta conversación. Esto provoca una reflexión sobre la participación del sector público en todo ello, el retorno que se espera… y, sobre todo, si organizar unos Juegos Olímpicos sale rentable social y económicamente (culturalmente se entiende que sí).

Antes de responder a esta pregunta, vamos a preguntarnos sobre los costes de albergar unos Juegos Olímpicos. Para ello, he encontrado este estudio de Bent Flyvbjerg y Allison Stewart, de la Saïd Business School de Oxford, que han estudiado los costes deportivos de los Juegos Olímpicos de Verano e Invierno desde 1968. Básicamente, los costes de organizar unos Juegos Olímpicos caen en tres categorías:

  1. Costes de infraestructura de los JJOO: costes de construcción o remodelación de la infraestructura en términos de estadios, instalaciones deportivas, centro de prensa y medios, centro de emisiones, etc. Pueden ser ejecutados por las Administraciones Públicas o por empresas privadas.
  2. Costes operacionales de los JJOO: costes de “ejecución” y “operación” de los JJOO una vez se ponen en marcha. Incluyen aspectos como la tecnología, el transporte, trabajadores, costes administrativos, seguridad, catering, ceromonias, servicios sanitarios, etc.
  3. Otros costes indirectos: infraestructura aérea/ferroviaria, mejoras de la infraestructura hotelera o turística, etc. Son costes indirectos porque luego podrán tener otro uso más allá del campo deportivo, pero también deben ser considerados de algún modo.

Flyvbjerg y Stewart, los autores de dicho estudio, se centran en los costes (1) y (2), que consideran son los más directamente relacionados e imputables a los JJOO. Pues bien, considerando los mismos, en la siguiente imagen se representan los costes por cada edición de los JJOO de Verano e Invierno. Las cantidades han sido ajustados a dólares de 2015 para hacerlo comparable. El coste medio de albergarlos ha sido de 3.600 millones de dólares. Con algunas grandes excepciones, llamando la atención especialmente las que se han ido “para arriba”.

Costes de los Juegos Olímpicos en términos deportivos (Fuente: Business Insider)
Costes de los Juegos Olímpicos en términos deportivos (Fuente: Business Insider)

Las cifras todavía empeoran a tenor que ningún presupuesto se cumplió. Estos costes que salen arriba representados, tuvieron, sobre presupuesto, una desviación media del 167%. Solo Pekín 2008  (4%) y Vancouver 2010 (17%), tuvieron una desviación baja. Entiendo que cuando un cargo público o político se pone a pensar en organizar unos Juegos Olímpicos, tendrá estas cifras en la cabeza. Y muchos de ellos se echarán para atrás de pensar que cualquier presupuesto que hagan, tendrá un ¡¡¡sobrecoste de un 167%!!! (me parece escandalosa la cifra cada vez que la leo).

Visto todo esto, una conversación interesante podría producirse alrededor de la participación del sector público en todo ello. En Londres 2012, fue del 90%. En Río 2016, parece que ha sido menor. Es decir, que el sector privado parece que no suele tener un papel preponderante. ¿Quizás sabedor de todo esto que comentábamos en el párrafo anterior?

Una vez hablado de los costes, es bueno entonces hablar del retorno. Voy a centrarme en la parte económica, dado que si esta se produce en términos favorables, y a sabiendas del papel importante que tiene el sector público, es imaginable que podrían revertir así los ingresos en el conjunto de la sociedad (si no hay por medio cosas que no se debieran producir). Cogiendo los ingresos directos (los indirectos siempre generan más dudas en cuanto a su cálculo), nos salen para ediciones anteriores, y considerando este paper como referencia, lo siguiente:

Ingresos directos de unos JJOO (Fuente: http://nccur.lib.nccu.edu.tw/bitstream/140.119/37406/7/803007.pdf)
Ingresos directos de unos JJOO (Fuente: http://nccur.lib.nccu.edu.tw/bitstream/140.119/37406/7/803007.pdf)

Pero, siempre hay un “pero”. El Comité Olímpico Internacional, ha pasado de quedarse con un 4% de los ingresos televisivos en 1990, al 70% que se queda hoy en día. Las ciudades, con el resto. Por lo tanto, una de las principales partidas, ya ven que la comisión que se cobra el COI es importante. Quizás momento de reflexionar sobre todo ello. El libro “Circus Maximus”, de Andrew Zimbalist, habla en esa clave. Un negocio, éste de los JJOO,  Los spónsors, que son la otra fuente de ingresos… pues ya decíamos antes el papel que quiere asumir el sector privado. Por lo tanto, aumentar ingresos por esa vía, complicado.

Los ingresos TV a repartir en el comité organizador local y el COI (Fuente: http://cdn.static-economist.com/sites/default/files/imagecache/original-size/images/print-edition/20150228_BKC290.png)
Los ingresos TV a repartir en el comité organizador local y el COI (Fuente: http://cdn.static-economist.com/sites/default/files/imagecache/original-size/images/print-edition/20150228_BKC290.png)

Dicho todo esto, ¿de verdad que es buena idea que nuestras ciudades, organicen JJOO? A sabiendas que es un negocio malísimo (como hemos venido comentando a lo largo de este artículo), sus beneficios hay que mirarlos desde otra óptica (revitalizar una ciudad como Barcelona, por ejemplo, que sí lo consiguió). Solo Los Ángeles consiguió retornar Qué hacer posteriormente con la infraestructura, además, en muchas ocasiones genera muchos problemas para las autoridades locales. ¿Quizás es la hora de dejar de pujar por organizar? ¿Llevarlos a una sede fija? ¿O rotatoria?

No lo sé, pero desde luego, que por los beneficios para todos, no va a ser. Solo Los Ángeles 1984 y Barcelona 1992, se puedan considerar casos de éxito. El primero, por la implicación que consiguió del sector privado y por la falta de inversión, y el segundo, por los ingresos indirectos obtenidos. Como veis, no por los JJOO directamente.