La revolución digital y su impacto económico y social

La revolución digital ha cambiado muchos elementos de la sociedad. Todas las revoluciones tecnológicas han traído grandes cambios. No hay más que fijarse en la historia para ser conscientes de ello. Simplificando lo simplificable, la revolución lítica nos permitió empezar a desarrollar civilizaciones, junto al fuego, empezamos a poder mejorar nuestra alimentación y en consecuencia nuestro bienestar. La imprenta permitió la difusión de las ideas y del conocimiento, lo que alumbró más tarde las revoluciones industriales, que nos sacó de la vida con recursos limitados. Hasta 1700 – 1800, al menos en el mundo occidental, vivimos con 1.000 dólares/año de PIB/cápita, en términos de paridad de poder adquisitiva (es decir, lo que nos permite comparar magnitudes al estar éstas relativizadas). Estas últimas revoluciones tecnológicas, las tres industriales (máquinas de vapor, electricidad y electrónica), que dan lugar al marco económico y social que todavía hoy en día tenemos, han sido especialmente determinantes de nuestro día a día hoy.

El mundo hasta 2000. Vivíamos con pocos recursos hasta las revoluciones industriales (Fuente: http://www.theatlantic.com/business/archive/2012/06/the-economic-history-of-the-last-2000-years-part-ii/258762/)
El mundo hasta 2000. Vivíamos con pocos recursos hasta las revoluciones industriales (Fuente: http://www.theatlantic.com/business/archive/2012/06/the-economic-history-of-the-last-2000-years-part-ii/258762/)

La revolución digital, la que se produce al amparo de Internet y la introducción de los ordenadores, no es de menor calado. Algunos consideran incluso es la más impactante de la historia. Sobre todo, porque ha producido cambios no solo en la cadena de producción (como ya lo había hecho la lítica o la industrial), sino también en los mecanismos de comunicación y de difusión de ideas (como ya había hecho la imprenta). Por lo tanto, creo que no estamos exagerando al afirmar que la revolución digital, la transformación digital de las organizaciones, la economía, la sociedad, es la revolución más importante. Especialmente, porque todavía no conocemos todo lo que puege llegar a producir.

El problema actual es que esta digitalización de la economía todavía no se contabiliza en el PIB. John Fernald, de la Reserva Federal de San Francisco, en un trabajo reciente de 2014, expone como las empresas que producen tecnologías digitales o las utilizan intensivamente han tenido un crecimiento mayor a las que no lo hacen. Georg Graetz y Guy Michaels, en otro trabajo reciente, exponen cómo la utilización de robots en plantas industriales incrementa la productividad y los salarios. En la era en la que el capital y el trabajo ya no son los factores más determinantes para el éxito, las tecnologías digitales, se constituyen en el factor de producción crítico, incrementando la Productividad Total de los Factores.

Pongamos un poco en contexto estas cuestiones. Cuando pensamos en Occidente, hablamos de economías avanzadas en las que cada vez es más complicado diferenciarse por calidad (producción) y eficiencia (logística). Ahora, la ventaja competitiva viene de la experiencia. Y esto, no es otra cosa que el poder del consumidor ante el boom de información actual. Prestamos servicios, que, le deja al consumidor: un gusto, puede repetirlo, recomienda, etc. Es decir, las redes sociales, la confianza, la fidelización, se vuelven elementos críticos, y por ello cada vez veremos más importancia en el tema.

Estos intangibles que llevan a prestar mejor experiencia, los intangibles de las empresas líder de los que hablé, son difícilmente replicables. Aquí está la ventaja competitiva de las plataformas de las que hablarmeos. Son organizaciones donde toda la compañía está alineada (Estrategia, Procesos, Operaciones) hacia el valor y la experiencia del cliente. Lo importante es que esta sea buena, internamente ya buscamos cómo hacer eso posible.

¿Qué países tienen las mayores multinacionales?¿Qué sectores han dominado el mercado cada época? (Fuente: El País)

Así, el elemento más importante de esta revolución digital es la creación de redes de individuos a una escala nunca vista anteriormente. Las nuevas plataformas en red se asisentan sobre tres tecnologías complementarias, que nunca antes en la historia habían confluido:

  • Grandes volúmenes de datos
  • Conectividad
  • Capacidades de búsqueda, filtrado y localización

La combinación de estas tres tecnologías permite intercambios entre particulares que nunca antes se habían producido. Hasta la fecha, los economistas solían hablar de los costes de transacción de Ronald Coase. ¿Y quiénes son los directamente beneficiados de esta transformación tecnológica? Los consumidores. Un menor coste de transacción, una intermediación más directa, repercute en un menor precio y encima con posibilidad de enriquecerlo con un servicio más personalizado. Estas plataformas agregan la oferta, que por cuestiones de competencia, tienden a deflacionar los precios ante la misma demanda. Con Internet, los costes de transacción pasan a la historia. La información cada es más perfecta, la distancia geográfica se puede salvar, etc.

Estos menores costes de transacción, provoca que ahora cada uno de nosotros pueda optimizar nuestros recursos y activos, que hasta la fecha estaban infrautilizados. Esto lo hablamos cuando comentamos la economía colaborativa. Con un coste marginal muy bajo o incluso nulo, hace que no sea necesario producir más en proporción a la mayor demanda que eventualmente aparece con esta gran conectividad. Este fenómeno, también provoca cambios en el mercado laboral, tal y como ya adelanté en este artículo. Apostaría por un desplazamiento gradual hacia el trabajo inedependiente, siempre complementado por el trabajo asalariado. Las tecnologías digitales, y sus capacidades de conectar, facilta la puesta en contacto entre los trabajadores independientes y sus clientes.

Esta conectividad, al reducir los costes de transacción, hace que cada nodo de la gran red deba ganarse su popularidad para poder triunfar en este gran grafo de conexiones en el mundo. Ponemos nuestra reputación individual a bajo coste expuesta a todos. Esta diferencia es bastante importante. En Über o AirBnB, conocemos la reputación del conductor o huesped. Pero cuando compramos un ordenador, nos fiamos de una marca, sin conocer quién o quienes son los responsables de su fabricación.

De nuevo, individualizamos la economía; las empresas pierden parte del sentido que tenían anteriormente con la presencia de costes de transacción. Este hecho hará que muchos sectores se “plataformicen”. Es decir, lo que hemos visto en el sector de turístico (TripAdvisor, Rumbo, AirBnB, Booking, etc.), en el de los seguros (Rastreator, etc.), en el del transporte (Über, BlaBlaCar, etc.), etc.

A corto plazo, toda revolución tecnológica destruye empleo. A largo plazo, la pregunta correcta no es si seguirá habiendo empleo. Desde hace muchas décadas, la historia anula todos los pronósticos sobre la desaparición del empleo. La verdadera cuestión es si habrá suficientes empleos con salarios que la sociedad considere apropiados. Esto es lo que me lleva a pensar que el empleo se independizará, y habrá que desarrollar mucho las capacidades de autoempleo.

Sin embargo, siempre hay un pero a todo esto. No es otro que las desigualdades. En los países desarrollados, unos pocos están captando el valor de esta digitalización, siendo menos necesario el capital y el trabajo. Los países en vías de desarrollo se han desarrollado gracias a unas capacidades, que con la digitalización, ya no son necesarias. Los robots y la inteligencia artificial, serán sus nuevos rivales. ¿Aumento de las desigualdades? Probablemente. Piketty y su libro “El capital en el siglo XXI“, ya habla de mucho de todo esto.

La revolución digital, por concluir, se irá haciendo omnipresente, cada vez en más sectores, según vayamos siendo capaces de modelizar y codificar en un ordenador el valor añadido que hoy en día prestan profesiones aún no “digitalizadas”: médicos, abogados, profesores de universidades, etc. ¿Seremos siempre irremplazabales? Debate abierto.

La economía colaborativa y la captura y oferta de valor: ¿qué es?

En el artículo anterior, había un punto en el que hablé de un estudio elaborado entre la Harvard Business Review y Deloitte, estudiando 40 años de datos financieros de las 500 empresas del índice S&P500. Llegaban a la conclusión que existen básicamente cuatro modelos de negocio:

  1. Venta de objetos físicos a través de una gran estructura de activos fijos (automoción, retail, buzoneo, etc.)
  2. Proveedores de servicio que tienen mucho talento para facturar horas de trabajo con cierto componente intelectual
  3. Fabricantes de tecnología como Microsoft u Oracle
  4. Operadores en red, donde los participantes interacción y comparten en la creación de valor de este modelo de negocio.

Quiero hablar de estos últimos. Especialmente por todo lo que se ha venido a denominar ahora la “economía de la colaboración” o los modelos de “economía colaborativa“. Y lo voy a hacer en tres posts seguidos:

  • En este primero hablaremos de lo que es y qué cambia respecto a lo que había.
  • En el segundo introduciremos una dimensión económica y de contabilidad del asunto (un tema poco tratado, pero para mí, de enorme interés).
  • Y en el tercero hablaré de su impacto en los modelos de relación laboral y cómo están cambiando esas relaciones empresa-trabajador.

Empecemos. Los operadores en red están creciendo tanto en bolsa como en las operaciones de compra y venta de empresas tecnológicas en los últimos años. Se trata dec ompañías que vendan productos o servicios, construyan relaciones, compartan recomendaciones, colaboren, co-creen/desarrollen, etc. Ejemplos como Über, Tripadvisor, Alibaba, eBay, Amazon, Facebook o LinkedIn, etc. están aquí. Todas estas plataformas en red comparten algo. Hay un libro muy interesante de Jacques Attali (Breve historia del futuro) donde se narra como en la historia del comercio se ha venido desarrollando siempre un progreso sobre la producción y comercialización de productos y servicios que hasta ese momento no eran percibidos como “bienes por los que poder cobrar dinero”. Parece una cosa obvia, pero no lo es tanto, como ahora hablaremos.

A pesar de su crecimiento anual compuesto es superior al de empresas centradas en ofrecer otro tipo de valor, y a pesar de su mayor margen bruto, las empresas de intermediación de valor en red son todavía pocas en cantidad. Esto puede tener sentido, por su novedad. Pero, ¿cómo se prevé evolucione esto en los próximos años?

Cantidad de empresas del índice S&P 500 que son operadores de intermediación en red (Fuente: https://hbr.org/resources/images/article_assets/2014/11/orchestratorsarerare-294x300.png)
Cantidad de empresas del índice S&P 500 que son operadores de intermediación en red (Fuente: https://hbr.org/resources/images/article_assets/2014/11/orchestratorsarerare-294×300.png)

En primer lugar, aclaremos conceptos en torno a la supuesta “economía colaborativa“. Es un nuevo modelo de creación de valor, es decir, de transacciones de compra/venta, en el que se dan dos pasos: 1) Creación de un mercado nuevo (lo que decíamos anteriormente del libro de Attali), donde se empiezan a comprar y vender un producto o servicio que hasta ese momento nadie lo había hecho (creando así un mercado disputado); 2) Creación de una plataforma web/aplicación móvil que intermedia en ese mercado, captura una parte importante del mismo y desarrolla su negocio. A partir de ese momento, este nuevo negocio lo que hace es tratar de capturar cada vez más atención y generar los efectos de red habituales.

Por lo tanto, se puede decir que los modelos de “economía colaborativa se basan y explotan la infrautilización de activos y recursos. Mi habitación de casa, mi coche cuando tengo que ir de Bilbao a Madrid solo, mi currículum profesional, mis juguetes de niño que quiero vender, etc. etc. Ahí han entrado AirBnB, Über, LinkedIn, eBay, Amazon, etc. Pensad en vosotros. ¿Cuánto tiempo efectivo utilizáis vuestro coche o casa al día? ¿qué hacen los parkings o aeropuertos por las noches cuando están cerrados? Pensad en más activos y recursos. Y ahora empezad a pensar en cómo poder utilizarlos mejor y amortizarlos más rápido. Lo que ha traído Internet es la posibilidad de llegar a más posibles interesados en esos activos, y generar esos efectos de red que necesitan estos activos para ser realmente bien explotados.

Todo esto altera, obviamente, muchas cosas. Pero, una de ellas, sino la más importante, el concepto de propiedad. Un producto sometido a la presión del mercado (digital) se convierte en servicio. Y esta “servitización de la economía“, trae beneficios y perjuicios para todos como sociedad. Hablaremos de los cambios a efectos de relacionales laborales. Hablaremos de los modelos de negocio y de aspectos contables. Pero, sin duda alguna, un beneficio claro es el de la sostenibilidad. Dado que se aprovecha mejor un activo al ser utilizado para dar respuesta a varios agentes, se puede decri que aumentamos el output sin incrementar el input. Las personas “colaboran” (de ahí el término) en que el sistema global mejore su resultado. Si comparto mi casa, no hay más producción (no se fabricará más cemento, habitaciones, hoteles en la playa, etc.). Pero se alojan y viajan más personas (la movilidad total aumenta). Es decir, los agentes (compradores y vendedores) colaboran por una más eficiente utilización de los activos y recursos existentes.

Economía colaborativa (Fuente: https://www.atlasnetwork.org/news/article/uber-economics-how-markets-are-changing-in-the-sharing-economy/es)
Economía colaborativa (Fuente: https://www.atlasnetwork.org/news/article/uber-economics-how-markets-are-changing-in-the-sharing-economy/es)

El valor que aporta la era digital, y especialmente, la red de redes, Internet, es que genera efectos de red. Es decir, convertirse en un operador en red que ya veíamos al comienzo tanto valor parecen los inversores percibir. Este “efecto de red” expresa su valor bajo tres elementos fundamentales:

  • Confianza: en términos del producto/servicio, a ambos lados de la transacción. Esto no dejará nunca de sorprenderme. En un momento en el que la desconfianza sobre los representantes está en máximos, en Internet, las transacciones entre pares no dejan de crecer. El concepto “confianza” parece que se “horizontaliza”.
  • Rapidez y frecuencia de transacción: para que el negocio sea sostenible, y ante la estrechez de los márgenes en estas plataformas, es importante que internet acelere el encuentro entre las dos partes de la transacción que se necesitan mutuamente (y de ahí la necesidad de los sistemas de recomendación y el análisis de los datos personalizados).
  • Bajo coste de distribución: la concentración en la producción que la industrialización trajo, parece que está revertiéndose gracias a Internet.

Por todo lo explicado hasta la fecha, y ante el boom del uso del término que hay, he querido resumir las características que debe cumplir un modelo de negocio, un proyecto emprendedor, para que sea considerado “economía colaborativa“:

  • Debería haber un consumo o trabajo realizado conjuntamente entre varias personas (por ejemplo, cuando se comparte un coche o una casa).
  • La relación que se establezca debe ser de “socios”, y no de “cliente-proveedor”. Es decir, modelos de relación económica más horizontales, en lugar de verticales.
  • Derivado de lo anterior, la relación entre las partes debe ser entre pares. Equilibrada, gobernada y gestionada por una plataforma o servicio que arbitre unas reglas que pactarán los socios, o que entre estos mismos lo podrán hacer sobre ese nuevo mercado/espacio de transacción. El intermediario puede cobrar (de hecho, es lo más normal y frecuente, que para eso estamos hablando de modelos de negocio) para financiar sus servicios.

Los que no cumplan alguno de estos elementos, podrán usar el apellido “colaborativo” como una idea de marketing. Pero no lo serán. Veremos en el próximo artículo este nuevo mundo de la economía colaborativa desde una óptica económica.

Collaborative Economy Honeycomb 2 (Fuente: http://www.web-strategist.com/blog/2014/12/07/collaborative-economy-honeycomb-2-watch-it-grow/)
Collaborative Economy Honeycomb 2 (Fuente: http://www.web-strategist.com/blog/2014/12/07/collaborative-economy-honeycomb-2-watch-it-grow/)