Los smartphones y su entrada en nuestras vidas

En 1994 nació el primer teléfono inteligente: IBM Simon. Tenía pantalla táctil y llegó a vender 50.000 unidades. Muchos anticiparon una era en la que esos pequeños ordenadores llegarían a dominar nuestro día a día. Sin embargo, tuvimos que esperar unos cuantos años más para que eso realmente sucediera.

La verdadera era de los smartphones arranca cuando en 2007 Apple introduce el iPhone. Steve Jobs, que había resucitado la enseña y su valor de “innovación” gracias al iPod, dijo entonces algo que a muchos no les causó grandes reacciones. Jobs sugirió que ese producto cambiaría todo. Quizás falló en predecir todo lo que cambiaría, pero sí tenía toda la razón: nuestro día a día ahora pivota alrededor de los smartphones. Por si queréis ponerlo en perspectiva con IBM Simon, en estos 10 años, Apple ha vendido 1.000 millones de unidades. Y ha hecho que Apple sea la empresa de mayor valor bursátil del mundo.

El resto de fabricantes, pronto se pusieron las pilas (salvo algunos casos conocidos como Nokia, Blackberry, etc.). Y empezaron a fabricar otros smartphones. Hemos ganado en posibilidades prácticamente impensables hace unos años. Y por eso digo que creo que esto ha cambiado nuestras vidas. Ahora nos conectamos a Internet desde cualquier punto prácticamente (recuerdo todavía tener que ir a casa para poder hablar por Internet o enterarme de cómo había quedado un partido de fútbol).

Hemos pasado de ver un teléfono como un medio de comunicación a verlo como un dispositivo de información y gestión. Hacemos transferencias bancarias y reservamos un paquete de vacaciones. Mientras vemos la TV o leemos el periódico, buscamos en el móvil más información. Jugamos partidos de fútbol e incluso a la ruleta gratis. Subimos fotos a Instagram para mostrar a todo el planeta la ropa que llevamos y la cena que estamos disfrutando. Trabajamos también desde ahí: podemos redactar correos o elaborar artículos como éste desde un dispositivo inteligente. Y, últimamente, hacemos también cada vez más la compra desde el dispositivo inteligente.

Steve Jobs pensó que lo que sería revolucionario era el navegador de Internet que introdujo. Pero su verdadera aportación a esta era de la movilidad que estamos viviendo fue su concepto de “app”. Sí, las aplicaciones y sus respectivas tiendas para distribuirlas es lo que ha traído que ahora cualquier empresa pueda ofrecer sus servicios a clientes para ser éstos usados desde el dispositivo móvil inteligente. Über, Facebook, Instagram o AirBnB nunca hubieran despegado sin ello.

Como veis, creo que es objetivo pensar que nuestra vida está acabando por convertirse en una en movilidad en la que tenemos la sensación de hacer muchas más cosas que antes. Quizás por eso también vivamos tan acelerados, porque es difícil en ocasiones pararse a pensar un poco, ante las capacidades comunicativas e informativa que nos ofrece. Los smartphones nos han traído muchas nuevas capacidades y sí, nos han cambiado quizás para mucho tiempo. Quién sabe hasta qué otra nueva revolución.

Una persona cena y lee el periódico (Fuente: http://i.huffpost.com/gen/1768830/thumbs/o-51239785-900.jpg?1)
Una persona cena y lee el periódico (Fuente: http://i.huffpost.com/gen/1768830/thumbs/o-51239785-900.jpg?1)

Y ahora, Amazon Go: un nuevo concepto de tienda

No sé si han tenido ocasión de leer en las últimas horas alguna noticia que hable sobre Amazon Go. Quizás sí, pues ha tenido bastante eco. Me sorprendió la noticia publicada en medios americanos justo antes de empezar una conferencia sobre el uso de los drones, botones Amazon Dash y el Big Data para la transformación digital del retail. Ni calculado. 30 minutos antes de arrancar la conferencia, tuve que introducir nuevos contenidos, por lo que sale en este vídeo:

En el vídeo lo enfatizan bastante: “No lines, no registers, no self-checkout machines“. Su propuesta de valor parece clara: aumentar nuestra experiencia como consumidores haciendo que tengamos que esperar menos en colas y los enfados derivados de las esperas y demás. Nada muy diferente a lo que he comentado en anteriores ocasiones para hablar de Zume Pizza o Maple. Como digo en numerosas ocasiones en mis conferencias, desde que en la carrera un profesor me dijo que me iba a pasar 6 años de mi vida en colas, me obsesioné. Más allá de la cifra exacta (que intuyo, además, habrá variado), lo que me quedé es con el mensaje. La importancia de reducir colas y esperas a usuarios que, como yo, aprecian y valoran mucho su tiempo.

Esto en la era digital es más fácil que nunca. Amazon Go, una tienda-concepto que ha abierto la gran empresa logística en su casa de Seattle, no hace más que ser el enésimo ejemplo en esta misma línea. Ofrecer al comprador una facilidad sin precedentes. Los Amazon Dash, parecen ya hasta molestos y lentos. ¿Por qué me parece interesante este nuevo vídeo en el enésimo caso de “no hagas colas y cuida tu tiempo“? Primero, por quién lo hace (Amazon). Segundo, por las tecnologías clave sobre las que lo construye (visión artificial, sensores, móvil, Machine y Deep Learning). Y, tercero, por el efecto que podría traer en la transformación del retail.

En primer lugar, que lo introduzca Amazon. Una máquina logística que sigue buscando cómo optimizar procesos críticos (y costosos) a los retailers. Su reciente acuerdo con Día para introducir su supermercado Amazon Fresh en España nos anticipa una era en la que los retailers tradicionales deberán asociarse a Amazon. En este caso, con Amazon Go, un concepto que les aportará eficiencia de costes y mayor “capacidad de atención a clientes a la hora” (throughput). En una era en la que los costes de personas (por desgracia) es un limitante para muchos negocios, que se pueda atender a un mayor número de clientes a la hora y con menor coste gracias a la robótica, creo que no escapará a nadie será un proceso duro, pero que llegará. Creo que la Seguridad Social debería estar reflexionando sobre ello.

En segundo lugar, las tecnologías que emplea. La recién bautizada como “ Just Walk Out“, es una tecnología basada en la visión artificial (para reconocer el producto que ha seleccionado el consumidor), sensores (para detectar la presencia de un consumidor), movilidad (que actúa como caja registradora “en tiempo real” y como cartera para el pago) y los algoritmos de aprendizaje autónomo y cognitivo (deep learning) para ir aprendiendo sobre la marcha y así poder mejorar el sistema a futuro (e incluso, claro, recolectar los datos para activar cualquier estrategia de Big Data de las que hemos hablado en reiteradas ocasiones). De hecho, es una de las primeras reflexiones que he hecho: ahora sí que sabrán a ciencia cierta por dónde nos desplazamos en un supermercado. De ahí, a ofertas personalizadas en todo momento, hay un paso muy pequeño con las posibilidades que trae el Big Data.

Just Walk Out (fuente: Amazon)
Just Walk Out (fuente: Amazon)

Y en tercer y último lugar, el impacto sobre el retail. Un nuevo concepto de “tienda” o de venta, como decía. Vas a la tienda, vas cogiendo los productos que quieres y te vas. Lo pagas, claro, pero sin tener que sacar la cartera, porque todo queda registrado en tu móvil. Las tecnologías que explicábamos en el punto anterior, obviamente, juegan un papel fundamental. Una comodidad sin precedente. Amazon entrando en el mundo de la tienda física. El online, acaba en lo físico, un camino que siempre he creído más fácil que el contrario.

De momento este nuevo concepto de tienda solo está disponible para empleados. En 2017 se espera que abra. ¿Llegará algún día a España? Pues no sé si será Amazon Go o alguien sacará una enseña antes. Pero vamos, que este tipo de cuestiones llegarán, intuyo que sí. Son ya muchos casos los que se apalancan sobre la tecnología para aportarnos mejoras de nuestra calidad de vida y reduccines de tiempos improductivos.

¿El problema que veo? El de siempre, el eterno debate de la destrucción de trabajo. Si bien ya he escrito que hay nuevas evidencias que van en otra línea, que estamos hablando de puestos de trabajo de baja cualificación (cajeros/as, reponedores, etc.) y con alta susceptibilidad a ser automatizados. Por lo tanto, quizás, los más vulnerables a la automatización de procesos. Y por lo tanto, sobre los que más deberíamos estar pensando qué hacer. Los robots no cotizan a la seguridad social. Pero sí que aportan bienestar a la sociedad. Hora de introducir nuevos elementos en el debate sobre cuestiones como la renta mínima.

Como ven, Amazon Go, un nuevo concepto de tienda, que introduce viejas reflexiones. Seguiremos estudiando cómo la tecnología aporta productividad, pero también elementos sociales que no debemos olvidar.

Ford, sus resultados y los servicios de movilidad

Ford ha presentado sus resultados del tercer trimestre hace unos días. El titular con el que en muchas lugares se han quedado es que todo ha caído; sus resultados netos, su cuota de mercado global, beneficios por acción, etc. Y es cierto, la propia Ford lo presenta así en su primera transparencia de la presentación corporativa (detalles aquí):

Resultados de Ford en el último trimestre (Fuente: https://corporate.ford.com/content/dam/corporate/en/investors/investor-events/Quarterly%20Earnings/2016/2016-3Q-Corp-Earnings-slides.pdf)
Resultados de Ford en el último trimestre (Fuente: https://corporate.ford.com/content/dam/corporate/en/investors/investor-events/Quarterly%20Earnings/2016/2016-3Q-Corp-Earnings-slides.pdf)

Perder en un año, para el mismo periodo, 1.200 millones de dólares es mucho dinero. Las explicaciones oficiales no se han hecho esperar: el récord del año pasado es difícil de igualar (fue cuando la pick-up F-150 estaba en auge de ventas), los 600 millones de dólares destinados a arreglar un problema en las puertas de algunos modelos, los costes de lanzamiento de la nueva pick-up Super Duty, depende más de la flota de venta a empresas (que no siempre compran, y encima dejan menos margen que las de particulares), etc.

Pero, otros analistas, hablan de que sus competidores más directos, han mejorado resultados. Tanto General Motors como Fiat-Chrysler, han mejorado. El primero, hasta un récord de 2.800 millones y el segundo ha pasado de perder dinero (por la integración entre Fiat y Chrysler) a ganar 813 millones de €.

Pero lo que realmente creo que es de destacar es la apuesta que está haciendo Ford, con su CEO Mark Fields a la cabeza. Son numerosas las noticias que uno se puede encontrar sobre el viraje que está haciendo Ford para apostar por ello. El auge de las megaciudades, la cada vez mayor densidad de población en las mismas, el incremento de la preocupación por la calidad del aire y el cambio del consumidor en propiedad a uno que demanda más uso y compartición, están detrás de la estrategia que está queriendo poner en marcha Ford.

Un área donde Ford cree hay más beneficios potenciales que en el sector de la venta de automóviles tradicional. ¿En qué se materializa exactamente esa estrategia? Esa es la gran pregunta que muchos nos estamos haciendo últimamente. Se oye mucho ruido alrededor de los servicios de movilidad en las ciudades del futuro; pero hasta la fecha, las iniciativas no han pasado de ser más que proyectos sin “estrategia ciudad” clara.

En esa nueva “era de la movilidad en las megaciudades“, Ford ha visto en los vehículos autónomos un nuevo paradigma que, en palabras del CEO Mark Fields, “puede suponer un cambio tan importante como la cadena de ensamblaje de Henry Ford supuso“. Pero hay más, en lo que han venido a denominar “Ford Smart Mobility“:

Ford Smart Mobility (Fuente: www.ford.com)
Ford Smart Mobility (Fuente: www.ford.com)

Aquí podemos parte de en lo que pudiera estar Ford pensando para hacer virar su estrategia de compañía: pasar de ser una empresa que fabricaba y comercializaba vehículos, a una que ofrece soluciones de movilidad. De esto ya hablé hace cosa de un año. Por lo tanto, Ford sigue trabajando en ello. Sus beneficios, hay que enmarcarlos en este contexto de transformación de su estrategia. Ya sabemos que esto siempre implica cambios que hay que aguantar durante un tiempo.

La conectividad, el transporte sostenible, el vehículo autónomo, el incremento de la experiencia del viajante y el análisis de grandes cantidades de datos (Big Data), parece son las palancas tecnológicas sobre las que se quiere apoyar Ford para convertirse en esa emprea de soluciones de movilidad que decimos. En esta clave, no es de extrañar la cantidad de iniciativas de innovación abierta que está poniendo en marcha, su reciente (primer) gran acuerdo con una mega-ciudad para ayudar a combatir los problemas de transporte urbano y la polución (San Francisco en este caso), el lanzamiento de Ford GoBike (ante la creciente importancia que parece tendrá la multi-modalidad) o la compra de Chariot, empresa de servicios de transporte, un sector en auge importante.

Ford todo esto parece tenerlo claro. Su descenso de ventas, incluso, puede ser parte de la estrategia. El mercado de EEUU, tras el rescate de Obama al sector de la automoción (acordaros los intereses de Ohio a nivel político, el enorme peso del sector de la automoción ahí y la recesión sufrida en 2008-09), parece estar llegando a un punto de saturación. No es tan fácil ya vender más unidades de vehículos en esos mercados. Por lo tanto, quizás mejor darse cuenta a tiempo, y cuando vuelva a haber una fase expansiva (quizás demandando servicios de movilidad), estar el primero.

En definitiva, estamos presenciando cómo un sector tan “tradicional” (100 años haciendo lo mismo: fabricar y vender coches) se transforma para dar paso a las nuevas innovaciones tecnológicas. ¿Quién saldrá ganando en esta carrera por los servicios de movilidad? Podremos reseñar, dentro de unos años, qué tal le fue a Ford en esta “arriesgada” pero “realista” estrategia hacia los servicios de movilidad.

El software, su complejidad y los retos en la industria

Hace ya unas semanas que topé con este artículo que habla sobre la incorporación del software al mundo de la automoción. Al artículo alerta sobre el grado de complejidad que estamos alcanzando con los nuevos vehículos y sus prestaciones tan avanzadas: vehículos de conducción automática, sensores, telecomunicaciones, etc.

Precisamente estos días Ford anunciaba que se transformaba: de una empresa que fabricaba y comercializaba vehículos, a una empresa que ofrece soluciones de movilidad. Un reto, éste, que nos tiene que ocupar y preocupar a los humanos en los próximos años/décadas. Ford, a toda costa, quiere evitar el caso Kodak: la transformación digital de la industria no quiere que le coma. Así, Ford ahora ha puesto en marcha proyectos para recoger datos sobre hábitos de consumo y experimentar con soluciones. ¿Qué deparará estos proyectos y esta reorientación estratégica? Interesante movimiento.

Smart Mobility Plan de Ford (Fuente: http://i.blogs.es/83d3a3/smart-mobiltity-plan/650_1200.png)
Smart Mobility Plan de Ford (Fuente: http://i.blogs.es/83d3a3/smart-mobiltity-plan/650_1200.png)

Dos son los focos por los que apuesta Ford en cuanto a soluciones de movilidad se refiere: el fenómeno del car-sharing y los automóviles autónomos. En estos modelos de movilidad, los datos, el mantenimiento preventivo, la predicción de demanda de flotas de vehículos en zonas y horas en una ciudad, etc. se tornan fundamentales. Es decir, los sospechosos habituales en cuanto a paradigmas habilitantes digitales se refiere: Big Data, Internet of Things, Industria 4.0, etc.

Por todo ello, resulta ya un tópico decir que el software va a jugar un papel clave en todo esto. Junto con el hardware y las redes, constituyen los ejes clave sobre los que pivota esta transformación digital de muchas industrias. Estamos ya ante las máquinas más sofisticadas del planeta. 100 millones de líneas de código incorporan los nuevos vehículos (frente a las 60 millones de líneas que tiene Facebook y las 5 millones de líneas que tiene el colisionador de hadrones, para que se hagan a la idea de la complejidad de la que habalmos). Estamos ante las primeras máquinas que están alcanzando los límites biológicos de la complejidad. Lo cual está muy bien: más seguridad, optimización de las rutas para evitar perder tiempo, frenos automáticos, etc.

¿Cuál es el problema? Parte lo ha sacado a la luz el caso de Volkswagen. Que cada haya más software en los vehículos, efectivamente mejora las prestaciones y nos hace confiar más en la conducción, nuestra experiencia al volante, etc. Pero, también hace que sea más fácil manipular parte de su funcionamiento. Y, como suele ocurrir, cuando este software es propietario, es una caja negra, el usuario no sabemos lo que hace, lo que procesa, qué decisiones toma, etc.

Y esto, obviamente, trae otro problema. Quizás de una dimensión más ética. Cada hay más vehículos de los principales fabricantes llamados a revisión por algún problema relacionado con el software. El caso de Volkswagen es solo uno más (aunque este se ha agravado porque esta revisión conlleva otros escándalos asociados). En Julio del 2015, Ford revisó 432.000 vehículos por un problema de software que hacía que el vehículo pudiera seguir encendido a pesar de haber sido apagado. Toyota, en Agosto de 2015, 625.000 vehículos revisados por otro problema de software que apagaba el sistema híbrido de sus vehículos cuando estaban siendo éstos conducidos.

El pasado Julio, leí el siguiente artículo, muy en relación a todo esto: “Hackers Remotely Kill a Jeep on the Highway—With Me in It“:

Hackers Remotely Kill a Jeep on the Highway—With Me in It (Fuente: http://www.wired.com/2015/07/hackers-remotely-kill-jeep-highway/)
Hackers Remotely Kill a Jeep on the Highway—With Me in It (Fuente: http://www.wired.com/2015/07/hackers-remotely-kill-jeep-highway/)

Básicamente, sacaba a colación de todo esto los riesgos que entraña que cada haya más software en los vehículos. Las novedades y la emoción de los nuevos retos muchas veces nos ciegan ante los riesgos. El coche autónomo es uno de los ejemplos. No podemos olvidar, en este caso, temas tan relevantes como la seguridad, el cibercrimen, hackers maliciososos o errores de programación humanos. Según el reciente estudio “Internet of Things Research Study“, se ha visto que el 80% de los dispositivos generales IoT analizados presentaban potenciales problemas de seguridad.

Ante estas situaciones, creo que es importante que se tomen medidas importantes. Aquí veo dos medidas importantes que llevo tiempo abanderando:

  1. Todo código software que genere comportamientos autónomos de objetos, deba estar supervisado, regulado o certificado.
  2. Todo código software que genere comportamientos autónomos de objetos, debe ser libreabierto.

EEUU está ya trabajando sobre una nueva legislación para disponer de estándares que protejan frente a ataques de terceros. General Motors ya tiene un Chief Product Cybersecurity Officer. Tesla un Security Chief Officer.  Por lo tanto, parece que en los países más avanzados en la materia, movimientos alrededor de ello ya existen.

En cuanto a la apertura de este software “delicado”. Tesla, una compañía que ofrecía 10.000 dólares a quién encontrase problemas de seguridad en su software. Una compañía que abrió su software, porque creía encarecidamente que iba a ser mejor para la mejora del mismo. Y que con ello, se ha convertido en un caso de estudio de la innovación abierta y la contribución global y colectiva a un tema tan delicado como es el software. Además, expertos y programadores podrían auditar el software en búsqueda de mejoras y problemas.

¿Y qué puede pasar si no hacemos estas apuestas? Rob Kitchin, de la universidad de Maynooth, hablando sobre el Big Data, siempre alerta de dos riesgos: 1) Que sea utilizado como una tecnología de control y vigilancia; 2) Que sea un mecanismo de discriminación laboral, criminal o de consumidores. No es hoy el día de hablar de estos retos sobre el Big Data, pero sí extrapolar su tesis a lo que hoy nos ocupa. ¿Qué miedos tengo con que sea la “industria” la que controle un asunto tan delicado como es el software de nuestros vehículos? Pues que puedan ocurrir estos mismos sucesos de discriminación, por ejemplo. ¿Y si un día una marca decide pasar los datos del patrón de conducción que yo tengo a mi seguro y empezar a ganar dinero con esos datos? Esto es algo que las compañías de seguros llevan tiempo ansiando y haciendo. Y aquí, podría haber un fenómeno de discriminación, llegando incluso a rechazar querer asegurar a personas o perfiles “peligrosos”. ¿Y si por saber algo sobre mi estilo de conducción o las rutas que yo tomo, un fabricante, traspasa los datos a mi empresa, y mi empresa decide prescindir de mí por estos motivos? Un caso de discriminación laboral. Interesante

Como alertaba en un artículo anterior hablando sobre las TIC y educación, me preocupan siempre los avances que son liderados e impulsados por la industria fundamentalmente. ¿Nadie más lo controla ni audita? El software es un asunto delicado y complejo. Demos una vuelta alrededor.