Los derechos de imagen en Internet en el fútbol: el caso del Real Madrid y el choque ON vs. OFF

A comienzos de año, salía publicado el Deloitte Football Money League 2017. Se trata de un informe que recoge los clubes de fútbol que obtienen más ingresos. Era noticia cómo el Real Madrid se veía superado por su gran rival, el FC Barcelona, en otro de esos rankings donde se juegan mucho (quizás, a veces, incluso más que en el deportivo, como hemos hablado en numerosas ocasiones). Todavía quedaban lejos de la gran maquinaría económica que es el Manchester United.

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Ranking de clubes de más ingresos 2015/16 (Fuente: Deloitte Football Money League)

Uno podría decir que cómo va a ser mala noticia seguir siendo el tercer club con más ingresos del mundo. Sin embargo, en el mundo de la rentabilidad económica, el bajo crecimiento que había experimentado los ingresos del Real Madrid hicieron saltar algunas alarmas. Comparen la evolución del Real Madrid frente a la de algunos de sus competidores más directos en esta “liga económica”.

El Real Madrid llevaba 11 años de liderazgo económico. Y con estos liderazgos no se juega. Así, a comienzos del pasado febrero, conocíamos cómo el Real Madrid estaba a punto de cerrar un acuerdo con el fondo estadounidense Providence Equity Partners para la venta de sus derechos de imagen en Internet. Se hablaba de un eventual acuerdo a 10 años a razón de 50 millones de dólares al año. Es decir, unos 500 millones de dólares de contrato. Y hablamos de un fondo que sabe lo que compraría: es la empresa dueña del 25% de la Soccer United Marketing, la que dispone de los derechos en exclusiva de la Major League Soccer (MLS) de Estados Unidos.

Y ustedes se estarán preguntando a ver qué significa eso de “derechos de imagen en Internet”. Nada diferente a lo que se viene realizando con los derechos de imagen de clubes y futbolistas en otros soportes y canales; en este caso a través de Internet. Un canal donde los clubes todavía tenían en ocasiones dificultades para monetizar el tráfico. Eso, a pesar, de estar hablando de la web de fútbol también más visitada del mundo: realmadrid.com, tuvo en 2016, según comScore, 1.350.000 usuarios únicos. Ahí gana al FC Barcelona. Sin embargo, en redes sociales, sale perdiendo.

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Usuarios únicos por web de clubes de fútbol (Diciembre 2016, fuente realmadrid.com)
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Los 10 equipos top según seguidores en redes sociales (Fuente: KPMG, a través de su herramienta Fotball Bechmark)

La transformación digital, parece no estar saliéndole mal al Real Madrid. Sin embargo, se pueden hacer muchas más cosas, deben estar pensando. Todo ese tráfico, de alguna manera, se podrá explotar económicamente. Ya que vienen a interesarse, ¿por qué no poder obtener algo más de ingreso? Sin embargo, esto no es fácil. Y Florentino Pérez, que tiende a rodearse bien, sabe de sobra que Internet no sigue la misma lógica que el resto de los negocios donde ha estado presente. Y quiere probar a través de alguna voz con experiencia esta apuesta digital que tanto cuesta a los clubes de fútbol. Es un terreno que tienen poco explorado hasta la fecha.

Usted, querido lector, que quizás tenga cierta afición por el mundo digital, se estará preguntando cómo clubes de tanto valor, les pueda costar monetizar tanto en redes sociales y resto de canales digitales. Tiene cierta explicación. Parte de ella está en la lógica de monetización; estamos hablando de hacer cruzar dos auténticos trenes: la lógica digital vs. la lógica del mundo físico del fútbol. Y en segundo lugar, los acuerdos de exclusividad que suelen blindar con sus patrocinadores. Y es quizás en este último punto donde más campo a la innovación se pueda producir.

Cuando hablo de “choque de lógicas” hablo de lo siguiente. Quitando los comercio electrónicos, en Internet, es la publicidad el principal modelo de negocio. La suscripción de pago y otros modelos de micropagos son bastante menos relevantes. Por contra, frente a la publicidad tradicional, en el fútbol, sabemos bien que los patrocinios basados en asociar la marca a un club durante muchos años es uno de los modelos más rentables. La publicidad y estos patrocinios son muy difíciles de mezclar. Largo plazo vs. corto plazo. “Multimarca” (publicidad en Internet) vs. “monomarca” (exclusividad y singularidad para marcas).

Por todo ello, los clubes deben empezar a reflexionar sobre cómo hacer esta mezcla. Es quizás el movimiento que ha buscado Florentino Pérez. Al menos hasta donde mi lógica alcanza a entender. Monetizar el digital en el deporte, basado en tanto patrocinio exclusivo hará difícil, por ejemplo, hacer una campaña en Facebook o Youtube: se deberían bloquear muchas categorías y evitar que se incrusten otras marcas. ¿Hacer partícipes a los patrocinadores también de esta publicidad digital? Puede ser.

Esto, en Youtube es hasta viable: la publicidad aparece ligada a cada vídeo. Pero en Facebook no es así; los anuncios van aparte a mis publicaciones: antes o después, lo que el algoritmo de Facebook decida. No podríamos reclamarle a Facebook (con lo que es), que no ponga anuncios de otras marcas antes o después de mi publicación: el muro es de Facebook. Twitter o Google, seguirán la misma lógica de dificultad de mezclar unas marcas patrocinadoras con sus inserciones publicitarias. Puede que los cambios en Facebook y sus contenidos hagan cambiar esta lógica; pero por el momento se antoja complicado. ¿Quizás sean los patrocinadores los que deban abrirse y cambiar?

Lo que está claro es que los clubes deben entender que las redes sociales son las “televisiones del siglo XXI”. Por lo tanto, para los patrocinadores, un reto que deberán asumir. El Real Madrid parece haberse dado cuenta de ello.

La “Outcome Economy”: compartiendo resultados y valor entre proveedor y cliente

He hablado ya en alguna ocasión de la fábrica inteligente. Como describía en ese artículo:

Muchos han utilizado este nuevo concepto de Industria 4.0 para referirse a esta cuarta revolución industrial que parece estamos viviendo. Como las anteriores revoluciones, se caracteriza por la introducción de nuevas tecnologías en los procesos industriales. Si en las anteriores fueron la máquina de vapor, el motor diesel y la electricidad, en este caso estamos hablando de la integración de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) en las fábricas. Un hecho que trae inexorablemente ligado que estemos hablando ya de la redefinición de los procesos, productos y servicios e incluso modelos de negocios.

Sé que está en boca de muchos. Y no voy por ello a volver a introducir descripción alguna más. Pero, lo que sí creo que es interesante es hablar de hechos concretos. De resultados tangibles. De qué se está obteniendo con todo ello. Como he dicho en varias ocasiones con el paradigma del Big Data, una vez que tenemos claro el discurso y los “qué”, es hora de hablar de resultados tangibles y experiencias obtenidas.

Máxime cuando hablamos a una era digital en la que las empresas están bajo una presión digital que les obliga a transformarse. Esto en el sector industrial se da  más que en otros por su dependencia de las máquinas. Éstas, no son más que un medio para un fin. Pero, sin embargo, todavía la gran mayoría de las empresas focalizan su conversación, su foco de valor (y por ende de transacción) en las máquinas y sus productos, en sus características, en sus requisitos funcionales, etc. Y todavía muchos ratios económico-financieros de gestión de una empresa se basan en eso, en la utilización de activos, sacarles el máximo rendimiento, ahorrar gastos, etc.

Esta lógica, en la era digital, puede estar cambiando. Es lo que algunos han venido a bautizar como la “Outcome Economy“; dicho en otras palabras, compartir resultados y valor entre proveedor y cliente. Es decir, en lugar de registrar transacciones por la compra-venta de objetos/cosas/chismes, que se haga una estrategia de repartir el valor generado“.

La evolución de la Industria gracias a la digitalización (Fuente: World Economic Forum)
La evolución de la Industria gracias a la digitalización (Fuente: World Economic Forum)

En el Foro Económico Mundial de Davos de 2015, fue uno de los temas tratados. Muchos CEOs, que viven esta transformación digital en sus propias empresas, comentaron que esto iba a representar una gran oportunidad para cambiar el paradigma de las transacciones,  y por ende, del mundo empresarial. ¿Por qué? Por la oportunidad de trascender de las mismas. Es decir, de pasar de una economía basada en el intercambio de activos (yo fabrico máquinas o productos y te los vendo), a entrar en un modelo en el cada empresa genera valor y comparte los resultados obtenidos de dicho valor. Y, en esta era, se “pagará” por el servicio de valor prestado. Es decir, lo que entre amigos podríamos llamar “vamos a éxito” o “vamos a medias“.

Una era en la que las empresas competirán por lo que realmente el cliente valora. Ya no te compraré un martillo, sino te compraré una puerta arreglada. Ya no te compraré un motor para mi coche, sino que te compraré horas de funcionamiento de mi vehículo. Ya no te compraré una máquina para fabricar tornillos, sino que te compraré horas de prestación de servicio de las mesas y sillas. Esta era de la “Outcome Economy”, creo, marcará un momento histórico para la generación de más confianza en los mercados, dado que alineamos incentivos de proveedor y cliente, que para mí, siempre ha sido el gran reto.

Esta asimetría de información que existía entre proveedor y cliente, había traído en innumerables ocasiones problemas de confianza. Y en definitiva, fallos de mercado. En la era digital, en la que todo se puede medir, esto no tenía mucho sentido. Venimos de una era opaca de actividad física a una “visibilización” que trae la era digital en la forma de datos generados de manera continua. Aquellas empresas que quieran aportar esta visibilidad del valor que aportan a sus clientes, creo, romperán muchos paradigmas. Y abrirán nuevas oportunidades para sus clientes.

Algunos ejemplos que están haciendo esta migración. En el sector de la agricultura. Compañías como Monsanto o Dow Chemical, ya no venden semillas, fertilizantes o equipamiento a los agricultores, sino que les venden resultados. Frutos y alimentos. Si hay alguna eventualidad, asumen la responsabilidad proveedor (Monsanto) y cliente (agricultor). En el sector de la salud. Philips Healthcare, ya no vende dispositivos de monitorización remota, sino que “vende” tasas de reducción de reingreso de pacientes (que obviamente reduce costes para los sistemas públicos de salud). Rolls-Royce, ya no vende motores, sino que vende horas de funcionamiento de los mismos. Parecido a lo que hace Thyssenkrupp con los ascensores; se acabaron las discusiones con los vecinos sobre lo malo que es un ascensor o una puerta de garaje, dado que ahora asumimos el riesgo de fallo con el proveedor. Y también en España tenemos casos; mi querido seguro en Next Seguros, que a cambio de la cesión de mis datos de conducción, me rebaja la póliza, y comparte el valor generado (se convierte así en una plataforma de movilidad) entre los proveedores de eventualidades en conducción (gasolina, reparaciones, prevención de fatiga o avería de piezas) y yo como cliente (mejor prevenir que lamentar).

Todo esto es posible porque en esta era digital de abundancia de datos, podemos conocer y entender mejor lo que el cliente quiere. Por qué nos compra. Es decir, el valor que realmente percibe. Si encima ese valor percibido lo monitorizamos en tiempo real (horas de funcionamiento de un ascensor o motor, número de plantas que crecen o la tasa de readmisión de pacientes), podemos construir nuevos esquemas de relación entre proveedor y cliente.

Y es que, como hemos dicho muchas veces, esta era digital se caracteriza por muchas cosas. Pero sobre todo, por su carácter disruptor y de generación de valor. Solo es cuestión de saber capturarlo y construir una oferta innovadora alrededor. La “Outcome Economy” es solo otro ejemplo más de cómo no hablamos tanto de tecnologías o herramientas, sino de paradigmas o filosofías de gestión o negocio. ¿Te atreves a dar el salto con tu negocio?

Cuatro empresas tecnológicas son las más valiosas del mundo

El bajo precio del petróleo está provocando muchos efectos. Uno de ellos, quizás menos comentados que el resto, es que ha aupado a las cuatro primeras posiciones en cuanto a cotización bursátil a cuatro empresas tecnológicas. Aquí os dejo un gráfico de la evolución de la acción de estas cuatro empresas, en orden: Alphabet (Google), Apple, Microsoft y Facebook.

Evolución de la cotización bursátil de las cuatro grandes empresas tecnológicas: Alphabet, Apple, Microsoft y Facebook (Fuente: Yahoo Finances)
Evolución de la cotización bursátil de las cuatro grandes empresas tecnológicas: Alphabet, Apple, Microsoft y Facebook (Fuente: Yahoo Finances)

Alphabet (el grupo de “empresas Google”), Apple, Microsoft y Facebook, copan ahora el ranking, y acumulan un valor en bolsa por 2.000.000.000.000 dólares, es decir, 2 trillones de dólares en nuestra manera de expresar estas unidades, distribuido de la siguiente manera:

  • Alphabet: 547.100 millones de dólares
  • Apple: 529.300 millones de dólares
  • Microsoft: 425.700 millones de dólares
  • Facebook: 326.200 millones de dólares

Estos movimientos, producidos las últimas semanas, tienen su explicación. Y es de lo que quería tratar en este artículo. Esta era digital, que hemos comentado en varias ocasiones, está produciendo valor de manera constante. Estas empresas lo saben, por lo que de diferente manera, pero que hayan pasado a ser las empresas más valiosas del mundo no nos sorprende a muchos. Es la industria que más está transformando modelos de negocio, cadenas de valor, formas de relacinarse y comunicarse, medios de comunicación e información, etc. Veamos caso por caso.

Alphabet, la antigua Google, no superaba a Apple desde 2010. Es además la empresa que mejores perspectivas a largo plazo presenta para los analistas. Básicamente derivado de su apuesta por la innovación y el valor que esta representa. A diferencia de Apple, más centrada en el hardware, Alphabet está inmersa en más proyectos de software e innovación, metiendo sus tenatáculos en sectores tan diversos como la robótica, automazatización, extensión de la vida de las personas y el bienestar, vehículos autónomos, etc. Sectores con mucho potencial. Si bien a corto plazo pudieran erosionar sus márgenes, todavía hoy en día presenta unos márgenes netos superiores a Apple (un 34,05 de cada 100 euros son beneficio limpio, frente al 21,99 de Apple). Además, está tratando de convencer a los inversores que en la transición de la web al móvil, lo está haciendo bien y mantiene su dominio. Según eMarketer, Google tiene el 32% del mercado de publicidad móvil, frente al 20% de Facebook, en segundo lugar. A mí el interrogante que siempre tendré con Google es cómo poder diversificar su actividad de la publicidad, que tantas dudas me genera en esta era de la publicidad omnipresente digital. 

Apple, está con cierto retroceso en las últimas semanas. Las cifras de ventas de su referente, el iPhone, no han sido las esperadas. “Solo” han crecido las ventas un 1%, el peor resultado de la historia. Y este es su principal problema, que depende excesivamente de su dispositivo inteligente. Representa un 66% de sus ingresos. Los ingresos por el MAC y el iPad, encima, han caído. Los analistas incluso empiezan a especular que el mercado de Apple pudiera estar saturándose; ya tienen a la población mundial de mayor poder adquisitivo. Por lo que o bien empiezan a fabricar y comercializar dispositivos de menor coste (una estrategia para competir con Android), o pudieran tenerlo complicado a corto plazo. Sin embargo, el grado de fidelización de sus clientes es alto e importante. Han construido una comunidad de clientes y usuarios a los que les encanta ir a sus tiendas a adquirir sus productos y servicios. Pero necesita siempre nuevas categorías de productos para que este modelo siga funcionan. ¿Será el reloj? ¿Serán las televisiones? ¿Serán los coches? No sé cuál, pero Apple necesita esa nueva categoría.

Microsoft, creo que Satya Nadella está dejando bien atrás los horrendos años vividos por la marca con su antecesor Steve Ballmer (un directivo que destruyó mucho valor que había ganado esta compañía como sistema operativo y software de edición ofimática). En pleno proceso de transformación de su negocio, se está orientando a los servicios en la nube y el software que puede funcionar sobre dicho entorno. Su línea de negocio Azure, su gran apuesta en esta línea, creció un 140% (hasta el 16,2% del mercado), solo por detrás de Amazon Web Services (que tiene un 27,2% del mercado), pero por delante de Google (3,6%) e IBM. Con esta plataforma, están entrando y apostando fuerte por paradigmas como el Internet de las Cosas o el Big Data (que tanto hablar nos está dando). Dada su diversificación y orientación de negocio, si lo sigue haciendo bien, creo que Microsoft ha vuelto para quedarse en el top de nuevo.

Facebook, la red social más grande del mundo, ha mostrado buenos resultados, y sigue anunciando buenas noticias del resto de sus patas de negocio: Whatsapp ha superado ya los 1.000 millones de usuarios e Instragram ya ha superado también los 400 millones. Sabe, además, que está en un sector inestable, donde el ciclo de vida de otros proyectos sociales ha sido realmente corto por no saber estar reinventándose en todo momento. De ahí la importancia para Facebook de estar constatemente adquiriendo cualquier empresa que le pudiera llegar a hacer sombra (Whatsapp o Instagram). Dada su capacidad organizativa por integrar equipos y compañías, es capaz de hacerlo sin alterar lo más mínimo el valor que ya generaban por separado. Su modelo de generación de dinero a través de los datos de audiencia gracias a los contenidos que les regalamos, está cada vez más en el centro de análisis. Los usuarios y su privacidad cada vez preguntan más sobre ello. ¿Llegará Facebook algún día a tener problemas? No lo sé. Pero como ya dije hace algunas semanas, Facebook tiene una infraestructura social, con muchísimos datos y usuarios, que, entiendo, permitirá crear muchas empresas y nuevos modelos de generación de valor y negocio. Por lo tanto, le auguro un buen futuro.

Como ven, esta era digital sigue produciendo grandes titulares, promesas y reflexiones. ¿Estaremos en el pico de una burbuja? ¿Será esta una nueva realidad a la que nos debamos acostumbrar? ¿Deberemos empezar a pensar cómo en nuestros negocios podemos aprovechar este movimiento? ¿Podrían llegar a ser tan grandes monopolios que ni los estados pudieran con ella? (noticia de Apple y el FBI) Pensemos en ello, y sigamos escribiendo sobre estas tendencias de empresas tecnológicas.

 

La economía colaborativa y la captura y oferta de valor: modelo de negocio y contabilidad

(continuación del primer artículo, donde introducíamos la economía colaborativa)

Estamos asistiendo en la actualidad al auge de empresas digitales que, con unas reglas con ciertas diferencias en materia fiscal, laboral y regulatoria, dan respuesta a los nuevos hábitos de compra que tienen las nuevas generaciones de consunidores. Y es que las TIC en general han acelerado muchos comportamientos y actitudes, destacando entre ellos la economía colaborativa, como hablábamos en el artículo anterior.

Según PWC, para 2025, se espera disponer de un mercado de economía colaborativa de 335.000 millones de dólares (frente a los 26.000 que dispone en la actualidad). Un estudio de la consultora Nielsen sobre economía colaborativa, afirmaba que España es el 5º país de la Unión Europea con más potencial de crecimiento en esta materia. 5.000 plataformas activas y de un 53% de ciudadanos en España dispuestos a alquilar o compartir sus bienes. Un nuevo reto sociológico y de consumo que se ha de aprovechar. Los próximos 19, 20 y 21 de Noviembre se celebra en Barcelona el OuiShare Fest 2015, con el lema “La transformación colaborativa“, prueba del interés e importancia que está adquiriendo en España.

Y en esta evolución, veremos participar no solo a los sectores de alquiler tradicionales como en la actualidad (libros, habitaciones para dormir, vehículos para moverse, etc.), sino también modelos más disruptivos como las horas de trabajo, préstamos entre particulares, etc. La figura que abajo mostramos habla de todo ello.

La evolución de la economía colaborativa (Fuente: http://www.pwc.co.uk/)
La evolución de la economía colaborativa (Fuente: http://www.pwc.co.uk/)

Y es que AirBnB y Über son solo la punta de lanza de un sector mucho más amplio y de mucho más recorrido. Y es que la economía colaborativa crea un nuevo modelo de consumo, abriendo la puerta a explotar recursos propios (como hablamos en el artículo anterior), por lo que también abre la puerta a nuevos modelos de negocio. Y esto es precisamente lo que queremos tratar en este artículo.

Por resumir mucho lo resumible, la era digital lo que ha traído es un nuevo modelo de intermediación en las cadenas de valor que permite organizar de manera eficiente el intercambio de productos y servicios. Pero, lo hace de manera acelerada y optimizada; mayor audiencia, gestión eficiente de la logística (cobros y pagos incluidos), mayor confianza entre usuarios ante la posibilidad de evaluar los servicios y productos adquiridos, economías de escala, etc. Esto, en lo que a la economía colaborativa se refiere, genera dos principales modelos de “hacer negocio” a través de las plataformas digitales:

  • Plataformas que intermedian en el préstamo o intercambio entre particulares: estas plataformas, las podríamos clasificar en tres grandes grupos:
    • De producto a servicio (la servitización de la economía): lo que han hecho AirBnB o Über; de poseer habitaciones de hotel o taxis, a ofrecer un servicio de alojamiento o transporte con mi casa o vehículo personal.
    • Redistribución de bienes y servicios: lo que trajo hace ya muchos años eBay; un gran mercado donde cualquiera puede ser tanto comprador como vendedor. La democratización de los centros comerciales.
    • Intercambio de bienes y servicios sin intereses comerciales: los bancos de tiempo o plataformas como CouchSurfing que tanto gustan a las nuevas generaciones (que hace que sea difícil generarles valor como para que paguen).
  • Usuarios que se agrupan para lograr un objetivo común: grupos de consumidores que se juntan para conseguir un determinado producto o servicio a un precio más bajo. Aquí se incluyen desde plataformas de crowdfunding como Kickstarter a webs de compras colectivas como Groupon.

Con estas opciones en la mano, y con la cantidad de sectores que quedan todavía por someterse a la economía colaborativa, pueden ustedes imaginarse que las posibilidades son bastanta grandes. ¿Y por qué del éxito de estas plataformas digitales? Bueno, básicamente porque su operación en red genera un valor y una cantidad de externalidades que todavía no somos capaces de prever/entender. Es decir, son modelos tan extensibles y versátiles, que los inversores no paran de hacer hipótesis lo que podría llegar a hacerse con los cientos de millones de usuarios de Facebook, de Über o de Netflix. La posibilidad de tener esa gran red da un valor inimaginable.

Por lo tanto, estamos ante compañías como Amazon, Twitter o LinkedIn valen en bolsa mucho más que lo que dicen sus cuentas de resultados o sus balances. Una nueva realidad de valor de empresas que no tienen activos.

En términos de creación de valor (medido a través del multiplicador PER –Precio-To-Revenue ratio o veces que la cotización bursátil recoge el beneficio de la compañía-), son estas plataformas las mejor posicionadas. Y citábamos a Jeremy Rifkin y su The Zero Marginal Cost Society para entender que esta era digital ha alterado sustantivamente la estructura de costes y los modelos de negocio/creación de valor. Presento dos gráficas para exponer esto:

Rendimiento sobresaliente de las plataformas de intermediación en red de Internet (Fuente: https://hbr.org/resources/images/article_assets/2014/11/revenueandprofit1.png)
Rendimiento sobresaliente de las plataformas de intermediación en red de Internet (Fuente: https://hbr.org/resources/images/article_assets/2014/11/revenueandprofit1.png)

Esta falta de relación entre la contabilidad tradicional y el valor en bolsa está haciendo que no seamos pocos los que estemos reclamando cambios en los sistemas de contabilidad. La contabilidad no mide aun el valor de los activos digitales, de redes que “no se poseen” (en términos de propiedad en contabilidad) o de la capacidad de influencia y relación que tiene una plataforma digital (que, por cierto, muchas empresas ni siquiera son capaces de cuantitivizar, ignorando así la “economía de la influencia” de la que ya hablaremos en otro momento). Por lo tanto, nos faltan reglas para medir todos estos intangibles. Seguimos anclados en una lógica de lo concreto y tangible.

Sin embargo, incluso las propias organizaciones están cambiando. En el Siglo XX se planificaba a largo plazo con estructuras rígidas y poco ágiles. Esto hacía que para rentabilizar esta estructura y constitución, se debiera capturar todo el valor posible. Esta lógica quizás les sea familiar a muchos; dado que las empresas de hoy en día siguen siendo gestionadas y dirigidas por esta lógica. A los que somos “muy digitales” nos sorprende a veces que se nos argumenten decisiones desde esta óptica. Y es que conceibimos este Siglo XXI, de alta incertidumbre, como una “beta permanente”. Se prueban constantemente productos/servicios nuevos, y el camino bueno dependerá siempre de las respuestas que tus clientes aportan a tus nuevos proyectos. Por lo tanto, la capacidad de reacción, de agilidad, de prueba y fallo, es fundamental. Las empresas (sobre todo las digitales), no necesitan capturar todo su valor para subsistir; y es que tienen tantos efectos de red, que liberan parte de su valor sobre la red que operan, y no les importa. Fíjense en la diferencia. Y esto, a nivel contable debiera reflejarse. Sino, pasará como ahora, que su valor en bolsa es sustantivamente superior a lo que reflejan sus libros de contabilidad.

Dos reflexiones finales. En primer lugar, la legal. La economía colaborativa está generando debate porque cuestiona los modelos económicos establecidos. Como decíamos al comienzo, está claro que estas plataformas digitales tienen unas armas fiscales y regulatorias diferentes, lo que provoca que los lobbies tradicionales se sientan amenazados (ya sea el del taxi, el hotelero o cualquier otro). Aquí veremos mucho recorrido y muchos cambios. En segundo lugar, sectores que todavía son poco “colaborativos”. El financiero, por ejemplo. Funding Circle (préstamos entre particulares) me parece una iniciativa que marcará camino. Pero la relación laboral entre empresas y trabajadores también sufrirá cambios. De esto hablaremos en el siguiente artículo.

En definitiva, la economía colaborativa; un nuevo paradigma de relación comercial que cambia tanto los  modelos de negocio como la contabilidad y el reflejo de valor. Deberemos adaptar muchos elementos de medición y expresión de valor para reflejar bien esta era digital. De lo contrario, seguiremos sin claridad.