La conquista tecnológica del mundo empresarial: un crecimiento imparable

Hace unos días, me invitaron desde Innobasque (agencia vasca de la innovación), Estrategia Empresarial (revista especializada) y Gobierno Vasco, a hacer un breve recorrido por lo que está suponiendo el dato como eje transformador de las economías desde el año 2006 al 2016. Se cumplía 10 años de la publicación de la guía de la innovación, así que nada mejor que hacer ese recorrido con una de las palancas de cambio de las que más se habla en estos momentos.

Sin embargo, abrí la breve conferencia con esta imagen que os adjunto a continuación. Luego, en el cocktail, y pese a que realmente fui a hablar de datos, fue el tema que más me comentaron.

Un nuevo mundo en las empresas: las tecnológicas pisan fuerte (Fuente: The Economist)
Un nuevo mundo en las empresas: las tecnológicas pisan fuerte (Fuente: The Economist)

No es la primera vez que hablo de cómo las grandes empresas del mundo ahora mismo son tecnológicas. Lo hice también el pasado mes de febrero. Es un tema que me fascina, ver cómo el mundo tecnológico genera cada vez más valor, de manera imparable, y muchos todavía están reflexionando si realmente va a transformar las economías o no.

No es la primera vez en la historia que ocurren estas cosas. A comienzos del Siglo XX, también aparecieron unas empresas industriales con un paradigma nuevo (la electricidad), que conquistaron el valor del mundo. Ahora hablamos de tecnologías digitales, que sobre infraestructuras como Internet, los datos, la conectividad y la movilidad, no paran de transformar cadenas de valor. Algunas de estas empresas son nuevas (Alphabet, Facebook o Amazon), pero otras se transforman -de ahí su valor y resiliencia- con cada nuevo paradigma tecnológico (Apple, Microsoft, etc.). Sin embargo, todas entienden la capacidad transformadora que tienen estas tecnologías digitales.

¿Cuánto valor están generando? Me gusta responder a esta pregunta aparentemente tan abstracta a través de indicadores. Concretamente, a través de la cantidad de dinero líquido en caja que amontonan. En EEUU, estas empresas tecnológicas, tienen el 10% del PIB americano (casi nada). Pero es que en Japón, tienen un 47% del PIB (impresionante). Según McKinsey, un 10% de estas empresas que cotizan en bolsa en el mundo, generan el 80% de los beneficios de todo el mundo. No es difícil deducir que muchas de ellas son tecnológicas.

Sin embargo, todas estas cifras, son, obviamente, a escala mundial. Pero, Europa, nosotros, debemos preocuparnos. Según PwC, de las 100 empresas más grandes del mundo, en 2009 había 19 (menos ya del 20% del que nunca jamás en la historia había bajado). Hoy, en el 2016 que estamos cerca de cerrar, son ya solo 17. Y cayendo en valoración bursátil. No es difícil deducir que Europa, con sus enormes problemas (económicos, sociales, culturales, políticos, etc.), está quedándose atrás.

Tampoco es difícil imaginar que esta tendencia de crecimiento de la empresa tecnológica digital no dejará de crecer. Básicamente, por una cuestión de naturaleza y arquitectura. Las tecnologías digitales, por su constitución, tienden a crear efectos de red y facilitar enormemente el crecimiento global y la exportación. Por lo tanto, no tengo muchos indicios para pensar que esto acaba de empezar.

Por otro lado, cabe también reflexionar sobre lo que está suponiendo esta transformación y orientación a la economía digital a efectos de estructuras organizativas. Algunas de estas grandes empresas (quizás Exxon y Johnson&Johnson como grandes ejemplos), todavía atesoran grandes activos en sus balances. Es decir, tienen grandes infraestructuras, un volumen de empleados realmente grande para su tamaño, etc. Pero esto con las tecnologías digitales no pasa. Como señala este artículo de The Economist, y como ejemplo ilustrativo, en 1990 los tres fabricantes de vehículos de Detroit (General Motors, Ford y Chrysler) facturaban conjuntamente 250.000 millones de dólares, capitalizaban en bolsa con 36.000 millones de dólares y tenían 1.200.000 empleados.

¿Saben qué ocurre ahora? Las empresas empresas más grandes de Silicon Valley (las que se consideran el paradigma del valor digital generado: Apple, Alphabet -Google- y Facebook), facturan una cifra parecida (250.000 millones de dólares), pero valen en bolsa más de 1.000.000 millones de dólares, solo empleando a 137.000 personas. Sobre esto último, también hemos escrito mucho últimamente, así que entiendo que poco más que añadir.

¿Por dónde creemos que podrá ir el devenir de esta economía digital tan transformada? Entiendo que veremos transformarse muchas industrias. Muchos sectores. Algunos de esos que piensan que esto del digital no va con ellos y ellas. Pero, como hemos visto a lo largo de las cifras expuestas, es peligroso tener esa actitud. La historia ha dejado numerosos casos donde esa lógica de “a mí no me va a afectar”, ha llevado a la quiebra a negocios históricos.

Una última gráfica para concluir. La valoración en bolsa de los retailers “físicos”. Es decir, puntos de distribución minorista con tiendas en EEUU. Todos han caído. Salvo Walmart (que ha hecho muchos pinitos en esto del digital), y salvo Amazon. Que, ahora mismo, no es el “mayor centro comercial del mundo“, sino que además, es la sexta empresa de mayor valor bursátil del mundo. Lo que tiene hacerte grande, optimizar procesos, y ofrecerlos como servicios para terceros. Eso sí es brillante.

Capitalización bursatil de las principales empresas del retail (Fuente: Yahoo Finance)
Capitalización bursatil de las principales empresas del retail (Fuente: Yahoo Finance)

 

La transformación digital provocando la transformación del empleo

Estos días han sido noticia los dos grandes bancos de España. Por un lado el Banco Santander y el cierre de oficinas y pérdida de empleos, y por otro lado el BBVA, con números y estrategia parecidos. Lo que más puede impactar de estas noticias, es que prácticamente todos los medios que las han publicado, incluyen referencias a “por la transformación digital”, por la “automatización de procesos”, o por la “digitalización de las tareas humanas”.

De esto he hablado mucho en el pasado. Con titulares bastante ilustrativos de esta nueva “era”: “¿Está mi profesión en peligro con “los robots”?” y “Las competencias en la sociedad digital“. Ya introducía la idea de la polarización del mercado de trabajo, e incluso en esta conferencia que di en Marzo del 2014, hablaba sobre la prevalencia de los trabajos no rutinarios frente a los rutinarios (que se pueden automatizar). Ahora bien, con la polarización de trabajos hacia la escala baja (servicios interpersonales como el cuidado, barrer las calles, etc.) y otros muchos en la escala alta. En definitiva, tenemos que hacer cosas que una máquina, con los algoritmos y sus reglas no puedan hacer.

Trabajos en función de la rutina y el esfuerzo cognitivo requerido (Fuente: presentación propia en SlideShare)
Trabajos en función de la rutina y el esfuerzo cognitivo requerido (Fuente: presentación propia en SlideShare)

Sobre todo esto se ha escrito mucho y desde hace mucho tiempo. Ya en 1983, el economista y premio Nobel Wassily Leontief predecía que las máquinas reemplazarían trabajos humanos, así como los automóviles reemplazaron a los caballos. Lo que ha pasado después no ha dejado de sorprender a nadie. Históricamente, cada vez que la automatización y las máquinas traían eficiencia, desaparecían viejos trabajos, y aparecían nuevos. El problema es que en esta revolución tecnológica, ésta vive y se desarrolla a unos ritmos nunca vistos antes, por lo que la transformación del trabajo no está yendo a la par. En definitiva, hablamos de un cambio en la naturaleza del trabajo que está yendo más lento de la revolución tecnológica.

Esto genera un problema: muchas empresas no tienen perfiles para las necesidades tecnológicas que tienen, mientras que muchos perfiles ven su trabajo desaparecer sin saber muy bien cómo dar un paso en su vida profesional. No es fácil aprender a desarrollar algoritmos o sacar provecho de los datos (dos de los vectores de esta revolución tecnológica) de la noche a la mañana.

Por lo tanto, socialmente esto genera muchos problemas. A las enormes bolsas de desempleo que puede producir esta velocidad del cambio tecnológico, se suma la polarización del mercado de trabajo y la consiguiente desaparición de la clase media. Desde el final de la II Guerra Mundial, la clase media ha provisto el núcleo de la sociedad civil, la estabilidad, la participación y los estados del bienestar. Las personas que todavía no formaban parte de esta clase media, aspiraba a hacerlo. Por lo tanto, construía un terreno abonado a la movilidad social.

Pero esto pudiera correr peligro. La polarización además de amenazar la clase media, aumenta las desigualdades. Unos pocos por arriba pudieran concretar mucho riqueza e influencia política (¿cuáles son las empresas de mayor valor bursátil ahora mismo?). Y esto, se estima, pudiera afectar al 20% del PIB y al 40% de los empleos para 2030. Mejor prevenir que lamentar. Los gobiernos deberán adelantarse a estos sucesos.

Por otro lado, las plataformas de intermediación digital que rompen cadenas de valor y las reconfiguran, introducen también nuevas situaciones. Uber, AirBnB, Rastreator, etc., son plataformas digitales que reconfiguran la relación entre consumidores, trabajadores y empleadores. Cuando alguien contrata un servicio en Uber, en el fondo, está por un lado contratando a Uber, y por otro lado a un conductor que tiene buena reputación en Uber. Esto cambio los contratos de trabajo tradicionales. ¿Con quién me relaciono ahora yo más? ¿Con Uber como mi “agente” –dependiendo de mi reputación social ahí– o con mi cliente?

Y, por último, existen las plataformas de intermediación de talento. Éste sí que me parece el tema menos divulgado cada vez que hablamos de la transformación digital y sus implicaciones en el empleo. Amazon o Alibaba cambian la naturaleza de las relaciones comerciales, permitiendo a un comerciante vender sus productos en todo el mundo. Ahora cualquiera se puede poner a vender, y beneficiarse de la capilaridad de Amazon para llegar a nuevos mercados. ¿Por qué no pensar en lo mismo para el empleo? Al final, el efecto es parecido: se globaliza el mercado de trabajo, pudiendo yo ofrecer mis servicios y valor añadido más allá de mi lugar de residencia habitual o el país donde resido.

Pensemos en Linkedin o Monster. Mucha gente me pregunta por qué tengo mi perfil en Inglés en Linkedin. Pregunta respondida con esta explicación 🙂 El mercado de trabajo es global, las oportunidades están por todo el mundo. Se polariza y destruyen empleos en nuestro país, sí, pero en otros están en otras etapas. O, si tienes la fortuna de estar en el segmento de trabajo cognitivo y no rutinario, y encima hablas Inglés, quizás te llamen de alguno de los 200 países que hay en el mundo para trabajar, ya sea de manera recurrente o puntual. Y, no olvidemos, el Español es hablado también por otras 330 millones de personas, por lo que las oportunidades, de nuevo, son mundiales.

Y, en esta línea, no olvidemos lo que se ha venido a bautizar como la “gig economy“: trabajos puntuales y esporádicos que haremos, relacionándonos con muchas empresas y personas. Es decir, más autónomos, y menos empleados por cuenta ajena para “toda la vida”. Esto obliga a cambiar mucho la mentalidad.

Estas plataformas, ya sea para encontrar trabajos más habituales (como Linkedin o Monster) o ya sea para adentrarnos en la “gig economy” (como Amazon Mechanical Turk o Upwork, por ejemplo), aportan transparencia (que hará que tanto empleador como empleado se dejen la piel para tener una buena “reputación” en este mercado global), enlazan mejor, reducen ineficiencias y encima son “inteligentes” (gracias al Big Data y los modelos predictivos) en el sentido de buscar los emparejamientos más propensos a funcionar.

Upwork (Fuente:www.upwork.com)
Upwork (Fuente:www.upwork.com)

Bienvenidos a la era de las plataformas de intermediación laboral. Según McKinsey, para 2025, podrían añadir 2,7 billones de dólares al PIB mundial. A sabiendas que se espera tengamos 8.000 millones de smart phones en 2025, estaremos usando plataformas como hoy en día usamos las redes sociales. Esto provocará una reacción por parte de las empresas para motivar y retener talento. Creo, mejorará las condiciones por ambos lados.

En definitiva, la transformación digital, introduce también una transformación del empleo. La polarización del trabajo por la velocidad a la que está sucediendo la revolución tecnológica hace que socialmente tengamos retos que afrontar (recolocación a una velocidad mayor y sostener las clases medias). Las plataformas de intermediación cambian las relaciones laborales. Y las plataformas online de empleo nos exponen un mundo de oportunidades. ¿Qué harán los gobiernos para reaccionar ante todo esto? ¿Regularán? ¿Esperarán a que todo llegue y generar conflictos sociales antes? Inquietante la transformación del empleo.