Microsoft ha comprado LinkedIn: ¿por qué y para qué?

Supongo que a estas alturas ya sabrán ustedes que Microsoft ha comprado Linkedin. Un precio de compra total, es decir, un valor de Linkedin total de 26.200 millones de dólares. Es la más grande en la historia de Microsoft. Una empresa, esta, que desde que llegó Nadella a su jefatura, parece va recuperando rumbo y orientando bastante mejor su propuesta de valor.

Si cogemos en perspectiva Microsoft, nos daremos cuenta de muchas cosas. Allá por el año 2000, cuando Steve Ballmer coge las riendas de la compañía, Microsoft valía 600.000 millones de dólares. Es el pico que veis allá por el año 2000. Por medio, están unos años de destrucción de valor, no tanto por hacer cosas mal en su core de negocio (software de Sistema Operativo y oficina y productividad), sino por haberse perdido los grandes paradigmas tecnológicos que aparecieron (Cloud Computing, movilidad, smart phones, Social Media, etc.). En la actualidad, con Nadella al frente, Microsoft se está renovando a marchas forzadas, dejando su modelo de venta de licencias, por mundos más prometedores como el Cloud Computing o las grandes redes profesionales. Ahí, parece que cobra sentido la adquisición de Linkedin.

Evolución de Microsoft en bolsa (Fuente: Yahoo Finances)
Evolución de Microsoft en bolsa (Fuente: Yahoo Finances)

Ante este escenario, una pregunta que se están haciendo muchos es sobre el “por qué” y el “para qué”. A nivel de propuestas de valor, el alineamiento es muy claro y efectivo. Ambas compañías, por separado, se dedican a ofrecer servicios profesionales, por lo que se presume una integración de cultura corporativa y relación con clientes y usuarios bajo una misma forma de pensar. Esperemos no acabe entre esa horquilla de 70 y 90% de adquisiciones que fracasan.

He hablado de Linkedin en varias ocasiones (aquí, aquí y especialmente, aquí). Su crecimiento orgánico de estos años se ha fundamentado en ir añadiendo herramientas y funcionalidades a la red social profesional que entendía a nosotros, los usuarios, no iba a aportar valor. Herramientas como Pulse para noticias, Lynda para formación o Slideshare para presentaciones, son de enorme valor para un perfil como el mío, y entiendo, que para varios de vosotros. Así, Linkedin, se ha convertido en una red en la que tenemos incentivos de entrar varias veces a lo largo del día, relacionarnos, comunicar, etc., que es cuando una red social, como infraestructura, captura y genera valor.

En este escenario, es cuando la adquisición cobra sentido. Dado que Microsoft cuenta con una cada vez mayor cartera de soluciones de negocio, tiene sentido seguir apostando por ello como un “all-in-one” de soluciones de negocio para cualquier compañía. Un sector donde competirá cara a cara con Salesforce. Un ecosistema de herramientas de trabajo que a más de uno le va a permitir adquirir de una todo lo que buscaba. Es más, la empresa solucionaría así otro de los problemas habituales, como es el de las identidades digitales de sus empleados. Por cuestiones de reputación y de desarrollo de carrera, cada vez es más importante el cuidar tu perfil profesional y exponerlo con ciertas garantías, por lo que si una empresa se apalanca en esta red profesional para confiar en sus trabajadores como identidades digitales corporativas, podría así, por transitividad, también usar bajo dichas identidades el resto de soluciones de negocio que hemos descrito anteriormente.

Un movimiento en el que parece Microsoft lanzar un mensaje claro: la era del software del PC parece estar quedando atrás. La multiplataforma actual, y el ecosistema en red parecen la nueva realidad, y así parece estar apostando. Y, sobre todo, parece lanzar un mensaje que los datos van a permitir construir muchas propuestas de valor. A sabiendas que las empresas se dejan presupuestos importantes en la búsqueda y selección de talento en Linkedin. De hecho, Microsoft es uno de los principales clientes de Linkedin ahora mismo. ¿Cuánto valor podrán generar a futuro en otros sectores los datos de Linkedin que tanto cuidamos por nuestra reputación profesional? Pues a tenor del valor pagado, se entiende que bastante, en cosas como:

  • En primer lugar, y el más obvio, ofrecer servicios avanzados de detección de talento. Actualmente, a Linkedin, esto le aporta un 62% de su facturación total. Se lleva tiempo rumoreando que Linkedin andaba detrás de servicios incluso de validación de credenciales, de tal manera que se rompa esa asimetría de información que en muchas ocasiones se produce cuando se ficha nueva talento. Es también, en este sentido, la empresa más rentable de las tecnológicas, con un margen bruto del 86%, dado que ha sabido mantener sus costes estables, a pesar del importante crecimiento de los ingresos.
Fuentes de ingreso de Linkedin (Fuente: https://media.licdn.com/mpr/mpr/shrinknp_800_800/AAEAAQAAAAAAAARrAAAAJDhiMTkwZWVjLTdkOGUtNDhjNC04ZmU1LWE1OTllOGUyOTljYQ.png)
Fuentes de ingreso de Linkedin (Fuente: https://media.licdn.com/mpr/mpr/shrinknp_800_800/AAEAAQAAAAAAAARrAAAAJDhiMTkwZWVjLTdkOGUtNDhjNC04ZmU1LWE1OTllOGUyOTljYQ.png)
  • Dada la gran cantidad de datos personales que tiene Linkedin de todos nosotros, ofrecer servicios de personalización de mensajes de marketing, no le costaría mucho. Y, con ello, ofrecer a Microsoft la posibilidad de convertirse en un eventual importante player de la publicidad “customer centric” de la que ya hablé.
  • Ofrecer servicios avanzados de itinerarios profesionales y formativos a los ya 433 millones de miembros de Linkedin. Un servicio de predicción de “éxito profesional”, en el que a los profesionales nos pueda decir dónde y qué estudiar, dónde y por qué trabajar en una determinada empresa, y por qué hacerlo ahí para nuestro desempeño futuro. En este sentido incluso podría crear productos y servicios (con su modelo de negocio asociado, claro) alrededor de los datos, como:
    • Ranking de mejores candidatos
    • Mejores cursos para llevarte a tu deseo profesional
    • Las mejores conexiones personales a establecer para el networking profesional
    • Personas, grupos, trabajos, etc. que te pudieran interesar para mejorar tu futuro
    • Scores o calificaciones de conceptos como “empleabilidad”, “liderazgo” o “salario” para ayudar a una empresa a seleccionar el mejor candidato para la competencia que más demande (esto en un “mercado de trabajo” donde todavía no se ha implantado fuertemante el modelo de competencias)
    • etc.
  • Servicios de pago para los que tenemos la fortuna de trabajar… y no solo para los que quieren una mejora profesional o encontrar empleo. Es decir, hacer que también un incentivo a entrar a Linkedin e interactuar aquellos que están muy contentos en su puesto de trabajo, no quieren cambiar, pero siempre puede venirles bien algo de formación o de relación con agentes.
  • Orientar a organizaciones hacia los “data-driven organizations“. Linkedin siempre ha sido una gran cantera de científicos de datos (DJ Patil, Monica Rogati o Jonathan Goldman), por lo que su cultura hacia la explotación del dato, esperamos beneficie a Microsoft, y ayude a seguir impregnando esa cultura por el dato que desde #bigdatadeusto tantas veces contamos y fomentamos.

Como hemos visto, una compra, esta de Microsoft, con un claro componente de datos. Y es que su valor, ahora mismo, es tan abstracto como “la capacidad de generar flujos de ingreso a partir de los datos que tiene Linkedin“.

La transformación digital provocando la transformación del empleo

Estos días han sido noticia los dos grandes bancos de España. Por un lado el Banco Santander y el cierre de oficinas y pérdida de empleos, y por otro lado el BBVA, con números y estrategia parecidos. Lo que más puede impactar de estas noticias, es que prácticamente todos los medios que las han publicado, incluyen referencias a “por la transformación digital”, por la “automatización de procesos”, o por la “digitalización de las tareas humanas”.

De esto he hablado mucho en el pasado. Con titulares bastante ilustrativos de esta nueva “era”: “¿Está mi profesión en peligro con “los robots”?” y “Las competencias en la sociedad digital“. Ya introducía la idea de la polarización del mercado de trabajo, e incluso en esta conferencia que di en Marzo del 2014, hablaba sobre la prevalencia de los trabajos no rutinarios frente a los rutinarios (que se pueden automatizar). Ahora bien, con la polarización de trabajos hacia la escala baja (servicios interpersonales como el cuidado, barrer las calles, etc.) y otros muchos en la escala alta. En definitiva, tenemos que hacer cosas que una máquina, con los algoritmos y sus reglas no puedan hacer.

Trabajos en función de la rutina y el esfuerzo cognitivo requerido (Fuente: presentación propia en SlideShare)
Trabajos en función de la rutina y el esfuerzo cognitivo requerido (Fuente: presentación propia en SlideShare)

Sobre todo esto se ha escrito mucho y desde hace mucho tiempo. Ya en 1983, el economista y premio Nobel Wassily Leontief predecía que las máquinas reemplazarían trabajos humanos, así como los automóviles reemplazaron a los caballos. Lo que ha pasado después no ha dejado de sorprender a nadie. Históricamente, cada vez que la automatización y las máquinas traían eficiencia, desaparecían viejos trabajos, y aparecían nuevos. El problema es que en esta revolución tecnológica, ésta vive y se desarrolla a unos ritmos nunca vistos antes, por lo que la transformación del trabajo no está yendo a la par. En definitiva, hablamos de un cambio en la naturaleza del trabajo que está yendo más lento de la revolución tecnológica.

Esto genera un problema: muchas empresas no tienen perfiles para las necesidades tecnológicas que tienen, mientras que muchos perfiles ven su trabajo desaparecer sin saber muy bien cómo dar un paso en su vida profesional. No es fácil aprender a desarrollar algoritmos o sacar provecho de los datos (dos de los vectores de esta revolución tecnológica) de la noche a la mañana.

Por lo tanto, socialmente esto genera muchos problemas. A las enormes bolsas de desempleo que puede producir esta velocidad del cambio tecnológico, se suma la polarización del mercado de trabajo y la consiguiente desaparición de la clase media. Desde el final de la II Guerra Mundial, la clase media ha provisto el núcleo de la sociedad civil, la estabilidad, la participación y los estados del bienestar. Las personas que todavía no formaban parte de esta clase media, aspiraba a hacerlo. Por lo tanto, construía un terreno abonado a la movilidad social.

Pero esto pudiera correr peligro. La polarización además de amenazar la clase media, aumenta las desigualdades. Unos pocos por arriba pudieran concretar mucho riqueza e influencia política (¿cuáles son las empresas de mayor valor bursátil ahora mismo?). Y esto, se estima, pudiera afectar al 20% del PIB y al 40% de los empleos para 2030. Mejor prevenir que lamentar. Los gobiernos deberán adelantarse a estos sucesos.

Por otro lado, las plataformas de intermediación digital que rompen cadenas de valor y las reconfiguran, introducen también nuevas situaciones. Uber, AirBnB, Rastreator, etc., son plataformas digitales que reconfiguran la relación entre consumidores, trabajadores y empleadores. Cuando alguien contrata un servicio en Uber, en el fondo, está por un lado contratando a Uber, y por otro lado a un conductor que tiene buena reputación en Uber. Esto cambio los contratos de trabajo tradicionales. ¿Con quién me relaciono ahora yo más? ¿Con Uber como mi “agente” –dependiendo de mi reputación social ahí– o con mi cliente?

Y, por último, existen las plataformas de intermediación de talento. Éste sí que me parece el tema menos divulgado cada vez que hablamos de la transformación digital y sus implicaciones en el empleo. Amazon o Alibaba cambian la naturaleza de las relaciones comerciales, permitiendo a un comerciante vender sus productos en todo el mundo. Ahora cualquiera se puede poner a vender, y beneficiarse de la capilaridad de Amazon para llegar a nuevos mercados. ¿Por qué no pensar en lo mismo para el empleo? Al final, el efecto es parecido: se globaliza el mercado de trabajo, pudiendo yo ofrecer mis servicios y valor añadido más allá de mi lugar de residencia habitual o el país donde resido.

Pensemos en Linkedin o Monster. Mucha gente me pregunta por qué tengo mi perfil en Inglés en Linkedin. Pregunta respondida con esta explicación 🙂 El mercado de trabajo es global, las oportunidades están por todo el mundo. Se polariza y destruyen empleos en nuestro país, sí, pero en otros están en otras etapas. O, si tienes la fortuna de estar en el segmento de trabajo cognitivo y no rutinario, y encima hablas Inglés, quizás te llamen de alguno de los 200 países que hay en el mundo para trabajar, ya sea de manera recurrente o puntual. Y, no olvidemos, el Español es hablado también por otras 330 millones de personas, por lo que las oportunidades, de nuevo, son mundiales.

Y, en esta línea, no olvidemos lo que se ha venido a bautizar como la “gig economy“: trabajos puntuales y esporádicos que haremos, relacionándonos con muchas empresas y personas. Es decir, más autónomos, y menos empleados por cuenta ajena para “toda la vida”. Esto obliga a cambiar mucho la mentalidad.

Estas plataformas, ya sea para encontrar trabajos más habituales (como Linkedin o Monster) o ya sea para adentrarnos en la “gig economy” (como Amazon Mechanical Turk o Upwork, por ejemplo), aportan transparencia (que hará que tanto empleador como empleado se dejen la piel para tener una buena “reputación” en este mercado global), enlazan mejor, reducen ineficiencias y encima son “inteligentes” (gracias al Big Data y los modelos predictivos) en el sentido de buscar los emparejamientos más propensos a funcionar.

Upwork (Fuente:www.upwork.com)
Upwork (Fuente:www.upwork.com)

Bienvenidos a la era de las plataformas de intermediación laboral. Según McKinsey, para 2025, podrían añadir 2,7 billones de dólares al PIB mundial. A sabiendas que se espera tengamos 8.000 millones de smart phones en 2025, estaremos usando plataformas como hoy en día usamos las redes sociales. Esto provocará una reacción por parte de las empresas para motivar y retener talento. Creo, mejorará las condiciones por ambos lados.

En definitiva, la transformación digital, introduce también una transformación del empleo. La polarización del trabajo por la velocidad a la que está sucediendo la revolución tecnológica hace que socialmente tengamos retos que afrontar (recolocación a una velocidad mayor y sostener las clases medias). Las plataformas de intermediación cambian las relaciones laborales. Y las plataformas online de empleo nos exponen un mundo de oportunidades. ¿Qué harán los gobiernos para reaccionar ante todo esto? ¿Regularán? ¿Esperarán a que todo llegue y generar conflictos sociales antes? Inquietante la transformación del empleo.

El hipervínculo en la era de las redes sociales

Si damos un rápido vistazo a la evolución de Internet en los últimos años, podemos comprobar cómo no ha cambiado mucho la forma de escribir, pero sí la de leer. La influencia de las redes sociales ha sido tan importante que para los medios y las plataformas de contenidos en general (desde Twitter, pasando por los periódicos online, o las propias universidades o grupos de investigación) el tráfico de los medios sociales son críticos.

Dado que resultan críticos estos canales sociales, conscientes de ellos, al final, el canal se ha convertido casi en más importante que el contenido. Son estos cnaales sociales (Facebook, Twitter, Linkedin, etc.) los que determinan con sus algoritmos la relevancia de un contenido y la aparición en el “muro” de sus amigos. Dado el impacto social que pueden tener estos algoritmos de ordenación y priorización de contenidos, ¿por qué no someterles a auditoría pública? Este tema, lo dejaré para otra entrada, dado que estoy inmerso en un fantástico libro en esta línea que se titula “The Black Box Society“. Ya os hablaré de ello.

Volviendo a la importancia del canal frente al contenido. Esto es algo algo que yo mismo experimento. Me gusta utilizar muchos estos canales sociales, tanto por la forma (para entenderlas bien y luego poder explicar bien su utilidad en nuestros cursos y programas), así como a nivel de fondo (divulgar, estar en contacto, aprender, etc.). Pero, depende de dónde publique y el qué, su impacto es uno y otro. Si subo una foto a Flickr y la publico en Facebook, parece que Facebook la da menos importancia que si la publico directamente en Facebook o en Instagram (también de FB). Si en Linkedin enlazo un contenido de SlideShare (que es un servicio suyo), encantado, me lo divulga bien. Pero si enlazo un artículo de mi blog, ya no le gusta tanto.

Esta “black box” u oscurantismo de los algoritmos, es lo que trata el libro que comentaba antes y que la verdad es una auténtica delicia para la reflexión a que uno le gusta hacer. Con esto que estoy comentando, creo, estamos viviendo en cierto modo la “muerte del hipervínculo. Igual lo estoy exagerando un poco, pero quiero provocar esa reflexión.

Internet nació con el espíritu abierto e interconectado que su propia arquitectura le otorga. Se abandonaba la centralidad (las jerarquías) y se veía reemplazada por un esquema distribuido, con un sistema de nodos y redes que eran las páginas web y los enlaces que entre ellas se hacían (algo que para el SEO ha sido fundamental con los backlinks).

La web y el hipervínculo (Fuente: http://es.freeimages.com/photo/www-1242368)
La web y el hipervínculo (Fuente: http://es.freeimages.com/photo/www-1242368)

Sin embargo, la “era de las redes sociales” ha roto esta lógica. En una red social, el texto no se puede enriquecer. Tu puedes querer enlazar sobre un texto, que las redes sociales comerciales no te van a dejar. Por lo tanto, en cierto modo, el enlace se iguala a una foto o a un texto plano, rompiendo en parte su propio significado y naturealeza. Miremos algunos ejemplos de nuestras redes sociales más cercanas:

  • Facebook: prueben alguna vez a subir una foto al propio Facebook o a subirla Flickr y luego enlazarla en Facebook. Lo que les decía antes: Facebook prioriza como considera y en función de que su Cuenta de Resultados se nutre básicamente de sus “audiencias televisivas” en sus redes sociales comerciales.
  • Instagram: no existe siquiera el concepto de hipervínculo. Prueben a publicar algo con un hipervínculo. Si quieren salir enlazados, tienen que pasar por caja de nuevo de su Cuenta de Resultados.
  • Twitter: un poco  más democrático, pero con ciertos problemas ahora mismo.
  • Linkedin: lo más parecido a Facebook que hay. Otro algoritmo de ordenación propio, y de nuevo a sabiendas que teniendo servicios de contenidos propios como SlideShare, Pulse o Lynda, o pasas por ahí, o dependerás de lo que su algoritmo considere.

¿Será que lo que es rentable es el monopolio de la información y la muerte del hipervínculo?Los monopolios de datos y control de la información de estas redes sociales comerciales, creo que debe hacernos reflexionar. El flujo y control de nuestra navegación está cada vez más en sus manos. Acuérdense eso de que los millenials leen ya todo en Facebook y otras redes sociales. Nos han abrazado y no nos quieren soltar una vez que entramos.

Todo esto, no crean, no está exento de riesgos. Es algo que llevo años conversando con empresas. Siempre recordaré un proyecto en el que estuve con una marca de grandes números de “fans” en Facebook. Un buen día, la directora de comunicación y marketing, muy contenta, me llamó para decirme que ya habían llegado a los diez millones de seguidores en Facebook. Mi respuesta: “¿Y si Facebook ahora cerrase qué harías?“. Obviamente, trataba de hacerla entrever los riesgos inherentes a construir comunidades en torno a redes sociales comerciales, que, como comenté, son las TVs de esta era. El hipervínculo, que era lo que nos dejaba salirnos de esos entornos, no les gusta a estas redes.

Hemos pasado así del “Internet en formato libro” (hipertexto para navegar por contenidos) al “Internet en formato TV” (lineal y programado de manera inteligente para nosotros). Unos algoritmos, con sus determinismos, consideran qué es lo más relevante para nosotros. Las máquinas, al parecer, incluso esto saben hacer por nosotros. En este paper pueden ver, a título ilustrativo, Facebook puede conocernos mejor que nuestros padres con solo 150 “Me gusta” y mejor que nuestras mujeres con 300 “Me gusta”.

Mi conclusión de todo esto es que la centralización de la información en la era de las redes sociales es algo que debemos tener presente. Perdemos poder y control. Que vuelva el hipervínculo.

Si Sócrates viviera en la era de las redes sociales “en formato TV”

Siguiendo el modelo de creación de mi compañero Francisco González-Bree (un artista como la copa de un pino) con la yuxtaposición, voy a mezclar un individuo sustancial con una cosa: a Sócrates (por sus diálogos) y las redes sociales. En un artículo anterior, hablé sobre el futuro de las redes sociales y el símil que siempre cuento en las conferencias con la electricidad. Pero, ¿y esto para qué sirve hoy en día?

La utilidad de las redes sociales en entornos empresariales y personales es fuente de debate continuo. Empecemos con la idea principal: lo importante no es “usar” redes sociales, sino “construir” redes sociales. 

Hace unos cuantos años, quizás el sociólogo más influyente que hayamos tenido, Manuel Castells, escribió el libro Comunicación y Poder. Habló de las redes sociales, y concretamente se refirió a las mismas como medios de autocomunicación de masas. Éste es el error al que me refería con la idea principal. Esto no es construir redes sociales. Construir implica interacción, comunicación y diálogo con nuestra red social. Así, permiten fortalecer la imagen de marca, aumentar la fidelización de los clientes, mejorar la implicación de los empleados y conocer más sobre los deseos y tendencias de nuestros clientes.

Lo sé, esto es complicado y exige esfuerzos. Y es que la conversación sobre el valor y uso de redes sociales pivota alrededor de preguntas como:

  • Número de seguidores que tienes
  • Número de publicaciones que haces
  • etc.

En cierto modo, es normal que hayamos llegado a este punto. Las redes sociales comerciales que empleamos en nuestro día a día (Instagram, Twitter, Facebook, Linkedin, Pinterest, SlideShare, etc.), son servicios “gratuitos” (ya saben, nada es gratis ;-)), que funcionan como si fuera una televisión: el objetivo es generar datos sobre audiencias y comportamientos para que luego pueda comercializar espacios de impacto (lo de toda la vida, vamos) a esas audiencias a través de la publicidad.

Las redes sociales y la televisión (Fuente: http://publicvox.files.wordpress.com/2014/09/redesocialesmoviles2.jpg)
Las redes sociales y la televisión (Fuente: http://publicvox.files.wordpress.com/2014/09/redesocialesmoviles2.jpg)

Tan es así que, en el fondo, una red social es como cuando ponemos la televisión en casa. Entramos en algún momento del día, y grosso modo, vemos lo que tenemos delante, y lo que no tenemos ocasión de ver en ese momento, rara vez lo veremos ya. A algunos, nos da más por el formato de elaboración y reflexión, por lo que nos gusta más tener un blog desde hace años o participar en conversaciones sociales. Quizás sea porque el formato TV de “urgencia”, nos gusta bastante menos que la “importancia”. 

Sin embargo, las redes sociales traen novedades y avances frente a la televisión. Y por ello creo que el valor que van a tener no dejará de crecer. Y es que la digitalización trae dos elementos que no hemos tenido con anterioridad: trazabilidad y atribuibilidad. Es decir, saber cómo se va produciendo esa interacción entre red y usuario, y en segundo lugar, saber a qué se debe un comportamiento u otro del usuario (el concepto de atribución). De esta manera, a futuro, quién saber si los CRM no pudieran ser sustituidos por las redes sociales. Tienen todos los datos que hoy en día, metemos de manera manual en un CRM.

Esa trazabilidad hace que podamos separar el grano de la paja. A diferencia de la TV, en la que “impacto a muchos, a ver si alguno cae“, en las redes sociales, el número de seguidores no es especialmente relevante. Lo que necesitamos saber es la atención que nos prestan y en qué grado de fidelización están.

Y en todo ello, como Hummingbird nos recuerda constantemente, el contenido es el rey. Para que todo esto que os digo funcione, necesitamos todo el contenido que generamos en nuestro día a día interaccionando, subiendo fotos, comentando, expresando emociones (fabuloso el movimiento de Facebook en ese sentido), etc. Un modelo de negocio totalmente escalable que se beneficia constantemente de apalancamientos operativos descomunales por el efecto red.

Por cierto, estas redes sociales comerciales que tienen esas grandes “redes de datos”, cada vez son menos, y cada vez concentran más poder. No solo han cambiado nuestas vidas, sino que también las formas en la que los gobiernos gestionan ese control, que ahora se descentraliza. Sus enormes capacidades tecnológicas hace que cualquier mecanismo de control gubernamental quede muy por detrás.

No quiero terminar sin destacar lo que Byung-Chul Han, un doctorado de la Universidad de Friburgo, llama “el comercio de nuestras emociones“. En sus trabajos para la tesis doctoral, trabajó cómo la viralidad ha traído mucha “solidaridad de cara al público en el timeline de Facebook“, pero pocas acciones. Es más, el beneficio se lo llevan luego las marcas de consumo, que se frotan las manos cada vez que arrancamos una campaña de expresión de emociones en Facebook o Twitter. 

Este es un mensaje que defiende los textos “estables”y localizables en InternetDouglas Rushkoff ya nos habló sobre las tecnologías digitales los sesgos y fomento de una serie de acciones que pueden producir. Si nos decantamos por seguir el sesgo de las redes sociales comerciales en “formato TV”, mal vamos. Abogo más por la reflexión y la conversación social enriquecida. Volviendo al inicio. Si Socrates viviese hoy en día, se tiraría de los pelos: un sistema de comentarios más débil y más asociado a la anécdota del tiempo real, no es una reflexión. No es el método Socrático.

El verdadero valor de las redes sociales: infraestructura, datos e interconexión

Una de las conversaciones más habituales en las foros digitales es el debate sobre el verdadero valor de las redes sociales. Es decir, ¿cuánto “valen”? Entendiendo el “valor” como algo que ya saben depende mucho de la óptica desde la que se mire.

Estas compañías están sometidas a la visión de los mercados, por lo que debemos ceñirnos a ver su valor en bolsa. Utilizando Yahoo Finances (una herramienta de Yahoo realmente buena para hacer comparaciones de parámetros económico-financieros de las empresas), pueden ver en la primera tabla de comparación a Twitter (TWTR), Linkedin (LNKD), Faceboook (FB) y Google (GOOG) comparadas. Son muchos parámetros, pero fijense solo en la primera fila, su “valor en bolsa”: Twitter 14.830 millones de dólares (un Abertis o Repsol en España), Linkedin 30.120 millones (en España solo la superarían las cinco grandes: Inditex, Santander, Telefónica, Iberdrola y BBVA), Facebook 291.390 millones (es decir, vale tres veces Inditex más o menos) y Google 510.990 millones (cinco Inditex). En una segunda gráfica, la evolución de la cotización de la acción de Facebook.

Comparación de Facebook, Linkedin, Twitter y Google (Fuente: Yahoo Finances)
Comparación de Facebook, Linkedin, Twitter y Google (Fuente: Yahoo Finances)
Evolución de la cotización de Facebook (Fuente: Yahoo Finances)
Evolución de la cotización de Facebook (Fuente: Yahoo Finances)

Ya ven que la tendencia parece clara. Las redes sociales, si bien son difíciles de monetizar, valor, tienen. Que suba o baje, depende, obviamente la mayor expectativa de beneficios a futuro. Vamos, lo que se viene a denominar fondo de comercio. ¿Y cuál es éste? Esta es la gran pregunta que se hace todo el mundo.

El verdadero valor de las redes sociales, bajo mi punto de vista, no son ellas como tal, sino como soporte a otras industrias. Me viene un poco a la cabeza lo que ocurrió cuando tras la segunda revolución industrial apareció la electricidad. El debate se centraba en cómo sacarle dinero a tan magnífica invención. ¿Qué ocurrió? Que no se comenzó a generar valor en dicha red eléctrica hasta que aparecieron aplicaciones que explotaban la infraestructura eléctrica. Es decir, hasta que no vinieron los electrodomésticos y su incorporación a las labores del día a día, no se comenzó a sacar valor a la magnífica invención que fue la red eléctrica.

Fíjense en las dos siguientes gráficas. En la de la izquierda, aparecen las facilidades básicas (agua, calefacción central y electricidad), todas creciendo desde 1900. A la derecha, los electrodomésticos como la nevera, el aspirador, el secador, el lavavajillas, que aparecen un poco después, con un retraso de unos 20-25 años. ¿Estaremos ante una sitacuón parecida? ¿Tardaremos años en ver “aplicaciones conectadas a las redes sociales” para sacarle valor?

La aparición de los electrodomésticos a comienzos del Siglo XX (Fuente: http://www.jeremygreenwood.net/papers/engines.pdf)
La aparición de los electrodomésticos a comienzos del Siglo XX (Fuente: http://www.jeremygreenwood.net/papers/engines.pdf)

Estas aplicaciones sobre una red (en este caso la eléctrica), en la publicación de Greenwood, podemos ver cómo trajo también una liberación del trabajo doméstico en beneficio de un mayor ingreso en el mercado trabajo. ¿Estaremos ante un caso parecido?

Tiempo de trabajo en casa y en una ocupación (Fuente: http://www.jeremygreenwood.net/papers/engines.pdf)
Tiempo de trabajo en casa y en una ocupación (Fuente: http://www.jeremygreenwood.net/papers/engines.pdf)

El “por qué” de estas hipótesis se debe a tres elementos que considero están trayendo las redes sociales: 1) Aceleración de las transacciones; 2) Cantidad de datos generados; 3) Interconexión de personas.

En primer lugar, en cuanto a las transacciones. Como los bancos o los mercados en el pasado, constituye un elemento fundamental para conectar más a las personas, y por lo tanto, generar probabilidades de compra-venta. Al final estas redes aportan transparencia y confianza, como ya hacen AirBnB o Uber por ejemplo, que por activa y por pasiva, no paran de definirse como plataformas de intermediación social, y no como cadenas hoteleras u operadores de viaje. Fíjense que este detalle no es menor.

En segundo lugar, los datos. Es la materia prima que puede nutrir a muchas industrias. La promesa del Big Data. Más eficiencia en el proceso de asignación de recursos. Cuando Linkedin ofrece valor en un proceso de selección o Twitter en el proceso de búsqueda de nuevos segmentos de clientes, al final, lo que hacen es reducir el tiempo de búsqueda. Por lo tanto, mejor proceso de asignación. Y, en la medida que sigamos codificando conductas humanas de nuestra vida (deseos, capacidad, acciones, comportamientos, etc.), las máquinas, las redes sociales, más sabrán sobre nosortos, y más valor tendrán estas redes sociales. A más datos, más valor.

Y en tercer y último lugar, la interconexión. No olvidemos que lleva el concepto “red” en su nombre. Por lo tanto, la interconexión es inherente a su naturaleza. De hecho, el término “red”, se utiliza todavía mucho como una clasificación técnica (como el concepto “móvil” o “social”). Sin embargo, no deja de ser mercado, que deja fuera intermediarios, y aparecen nuevos.

Yo creo que esto es lo que están valorando los inversores: más capacidad de intermediar en transacciones, materia prima para otras industrias y un mundo más interconectado. Es decir, está invirtiendo en una red. En este caso, redes con el apellido social, donde estamos los humanos, que de nuestra relación sobre la misma, generamos valor que están capturando estas infraestructuras. En relación a este último punto, creo que es importante darnos cuenta que nosotros somos indispensables en todo esto. Nuestro perfil, como ya alerté en el artículo que hablé sobre Linkedin y su futuro valor, debe ser declarado un “Bien de interés público“.

Éste es el verdadero valor que creo tienen las redes sociales: una infraestructura que permitirá construir muchas aplicaciones sobre ella. Veremos mucha evolución en todo ello.

Sobre Linkedin y el futuro de la educación superior

Reid Hoffman, cofundador de Linkedin, escribió en 2013 un artículo titulado “Disrupting the diploma“. Desde que lo leí en su día, hasta hoy, no he dejado de pensar en ese tema. Sé que ha pasado mucho tiempo, pero poco a poco, y según voy viendo más cosas, lo que pensé en su día va conformándose, por lo que he pensado escribirlo en el blog.

La idea central que trasladaba era que los estudiantes ya no solo iban a querer ir a las universidades para obtener un diploma (un “título” en nuestra terminología). Nos invitaba a las universidades a cambiar en cierto modo, y ofrecer más valor que ese (el “monopolio de la emisión de títulos“). Esto que llevamos las universidades haciendo tantos años, se debe, especialmente, a que hasta la fecha, no había alternativas. La mejor manera de asegurarte un futuro laboral, a sabiendas que la gran mayoría de empresas valoran el título universitario por encima de todo, era éste. Algunas -como Ernst&Young- empiezan a dejar de exigirlo, conscientes que esto puede estar cambiando, y esto es lo que quiero trasladar con este artículo.

Vaya por delante mi total defensa del rol de una universidad en la sociedad. El desarrollar a los profesionales del mañana, contribuir al conocimiento y desarrollo científico, así como fomentar unas habilidades básicas junto la visión humanística, para mí, son tareas que las universidades pueden desempeñar mejor que cualquier otra entidad. Llevo escribiendo sobre ello desde hace años. Ya en 2011, decía esto:

Pero no fue hasta entrado el Siglo XX que se acabó de definir el modelo de universidad en el que estudiamos hoy en día. Flexner tuvo mucha influencia en el modelo de la universidad moderna, ya que vislumbró esta institución como la que iba a permitir unir investigación en ciencias, enseñanza y entrenamiento de alto nivel, trabajo conjunto de graduados con profesores y el compromiso con el descubrimiento intelectual. Así, los estados impulsaron un nuevo modelo de universidad (investigación más enseñanza de “profesiones”) con conceptos modernos de profesión como una formación de alto nivel y compromiso ético con la sociedad.

Sin embargo, el modelo universitario también está teniendo su crisis. No tanto en valores (que yo creo que seguimos viéndonos desde dentro con el mismo rol), pero sí nos estamos viendo sometidos a presiones por supuestos “competidores” que además de hacer daño al rol de la universidad, también hacen en cierto modo daño a los estudiantes. Yo, que para dos másteres soy el encargado de entrevistar a los interesados, lo percibo en primera persona cuando alguien compara alguno de nuestros títulos con supuestas enseñanzas parecidas.

Volvamos a LinkedIn para explicar la idea que trato de trasladar. LinkedIn ha comprado este año lynda.com, una plataforma de formación online que pone de relieve de nuevo lo que comentaba: LinkedIn ve cada vez más cerca su valor en lo que a ser la plataforma de intermediación entre estudios y oportunidades profesionales se refiere. Y esta es una de los vectores de fuerza que estamos perdiendo las universidades: empezamos a perder esa garantía para el empleo, que pese a no ser nuestra función principal, las sociedades nos han ido posicionando ahí.

Lo que en cierto modo dice la noticia de Ernst&Young de dejar de fijarse en graduados universitarios como garantía de selección de candidatos es que el output de una formación, sea cual sea esta, son las competencias y los resultados de aprendizaje. Es decir, la concreción de lo estudiado es esto; qué competencias se han adquirido y cuáles son los resultados de aprendizaje. Las universidades quizás sí que definamos bien esto, pero lo que no hacemos es luego ponerlo en valor. Quizás porque no tengamos en nuestra “cadena de valor” la inserción laboral metida.

Además, otro problema es que en este “mercado” hay mucha heterogeneidad en términos de competencias. Cada universidad fija su modelo de competencias y las asocia a los diferentes títulos. Esto no debe por qué ser lo que luego las empresas demandan. Y de esto se han empezado a dar cuenta en países como EEUU, donde la formación en plataformas de reconocimiento de competencias y certificados de cursos especializados es cada vez mayor.

Y aquí es donde vislumbro un próximo cambia importante; el perfil del estudiante se abrirá, se nutrirá de las competencias adquiridas en muchos sitios. Es donde precisamente LinkedIn ha visto su hueco. En situarse como un mercado online de intermediación laboral donde lo que se ofrece y se compra son competencias. No es de extrañar así que cuando LinkedIn compró bright.com en Febrero del 2014, buscase una plataforma de empleo con mucha experiencia de usuario e intensiva en datos para disponer de algoritmos de emparejamiento “candidato” a “competencias demandadas” muy eficiente. Con esto, ahora LinkedIn, podía ya ofrecernos puestos de trabajo interesantes para nuestro perfil competencial, hacer lo inverso con las empresas, sugerirnos estudios para cubrir “gaps” para perfiles como el nuestro y que así pudiéramos seguir progresando profesionalmente, etc. Quizás por eso veréis en vuestro perfil de LinkedIn paneles como éste que me acaba de mostrar a mí:

Sugerencias de estudios y eventos para mi perfil en Linkedin
Sugerencias de estudios y eventos para mi perfil en Linkedin

Un mercado online en la misma línea de otras plataformas de intermediación como Über, Amazon, AirBnB o Facebook: empresas sin activos cuyo valor es la intermediación y el posicionamiento, lo que cuando se alcanzan grandes volúmenes de usuarios se dispondrá de un poder de influencia muy alto. No es de extrañar así que Hoffman, haya donado 1 millón de dólares a Obama desde 2008. Tiene todo el sentido del mundo. LinkedIn hoy en día, como otras grandes plataformas de contenidos, cumple el rol que en el Siglo XIX cumplían las fábricas yen el XX los medios de comunicación: llegar a grandes audiencias. Y esto, obviamente, tiene beneficios para LinkedIn, claro, que, entiendo no hay que explicar.

En todo esto, y como suelo siempre señalar la importancia de no olvidar aspectos relacionados con la seguridad y privacidad, no hay que dejar de lado preguntas como: ¿y entonces el perfil competencial ahora está en LinkedIn? Por lo tanto, ¿es de la plataforma y no mío? Aquí veo un riesgo claro. Debiera ser del estudiante, incluso expresado en un formato estándar y abierto, de manera que pudiera llevármelo eventualmente a futuro a otra plataforma. Ahora mismo todavía no existe este estándar, pero con tanta donación por medio, es difícil que algún gobierno se dé cuenta del poder que puede llegar a tener LinkedIn de “bloquear” el perfil competencial de los candidatos en su plataforma.

A todo esto, ¿cómo podemos reaccionar las universidades? Sin olvidar, repito, que nuestra misión no es solo formar los mejores profesionales sobre la base de las necesidades de la industria y las organizaciones (como hoy señala mi compañero y decano de la Deusto Business School Guillermo Dorronsoro en su blog, no olvidemos la dimensión Humanitas). Pero cambios en la educación superior se van a producir.

Y el gran problema es lo que algunos autores ya han llamado el “great unbundling” de las universidades: es decir, que deberemos cambiar nuestro modelo de propuesta de valor de “paquete único”, en el que a cambio de una matrícula que cobramos por adelantado y/o periodificada, los estudiantes “adquieren” servicios que no quieren comprar (servicios de internacionalización -aunque nunca los usen-, servicios de biblioteca -aunque no vayan-, servicios deportivos -aunque no participen-, etc.). Es decir, podríamos pasar a un modelo “no-frills” como el que sufrieron las aerolíneas con Ryan Air o el sector de la música con iTunes.

Modelo
Modelo “no-frills” de RyanAir (Fuente: http://startups.co.uk/6-no-frills-rules-that-made-ryanairs-business-fly/)

En el siguiente artículo hablaré sobre cómo veo todo esto en las universidades y la educación superior, y cómo podríamos afrontarlo.