El renacimiento de las TIC y su rol estratégico en las organizaciones

En 2003, cuando algunos todavía andábamos en nuestro periplo universitario en el mundo de las TIC, el conocido y manidamente citado Nicholas Carr, escribó un artículo con el siguiente título, en nada menos que la Harvard Business Review:

IT doesn't matter (Fuente: https://hbr.org/2003/05/it-doesnt-matter)
IT doesn’t matter (Fuente: https://hbr.org/2003/05/it-doesnt-matter)

Hace unos días, me acordaba de este artículo, leyendo este otro:

El renacimiento de las TIC (Fuente: http://blog.cionet.com/2016/03/24/it-trend-report-2016-the-renaissance-of-it/)
El renacimiento de las TIC (Fuente: http://blog.cionet.com/2016/03/24/it-trend-report-2016-the-renaissance-of-it/)

Un artículo, de un foro de CIO (responsables de Informática en el seno de una organización), donde se habla del cada vez mayor rol estratégico de las TIC en las organizaciones. Además, señala que las soluciones están cada vez más orientadas al enfoque de negocio (lo cual siempre ha sido una crítica que se les hacía). La cada vez mayor transformación digital de la economía, seguro que está ayudando a que esta tendencia se acentúe. La eficiencia, la prestación de servicios, la reducción de costes, la agilidad y flexibilidad que da a los procesos de negocio, el grado de innovación que aportan, la velocidad y transformación que aportan a las organizaciones, etc, se destacan como factores que están ayudando en el grado de adopción de estas soluciones.

A pesar de todo ello, sólo el 2% de las empresas europeas están aprovechando las oportunidades digitales. Y esto, preocupa mucho, no solo a las organizaciones, sino también a las instituciones públicas. Que nuevos paradigmas y tecnologías como el Cloud Computing, el Big Data, los servicios en movilidad, las aplicaciones de productividad y trabajo en equipo o los servicios con red social no sean aprovechados, merma la competitividad de las organizaciones. Parece bastante objetivo, y así lo citaban anteriormente los informes citados.

Parte del problema, creo que lo tenemos a nivel de desarrollo de talento. Las universidades bien lo sabemos. Suelo decir que cuesta encontrar perfiles que dominen la tecnología  y a la par, su puesta en valor en contextos de organizaciones. Muchos saben mucho de tecnología; otros muchos saben bastante de procesos de las organizaciones. En este informe, vienen datos realmente preocupantes:

  • Casi la mitad de la población de la Unión Europea no está formada digitalmente.
  • El 90% de los puestos de trabajo del “mañana”, requerirá ciertas habilidades digitales.

Ya he hablado anteriormente de muchos de estos elementos al referirme a la importancia de las competencias digitales en este Siglo XXI. Que para 2020, estemos preocupados porque vamos a necesitar hasta 800.000 profesionales TIC y 200.000 responsables digitales que pensamos no tenemos, debiera preocuparnos a todos.

En todo ello, quería destacar hoy -de nuevo-, la Ingeniería Informática. A los que tanto hemos disfrutado y disfrutamos de esta rama de la ingeniería, nos duele mucho pensar en todo esto. Esto no es algo nuevo en este blog. He hecho incluso homenajes a la ingeniería informática para destacar su rol estratégico en el futuro de muchos sectores. En este artículo (que escribí en Mayo del 2013), decía lo siguiente:

Por obvio que pudiera parecer la enorme oportunidad que abre la informática, durante las últimas dos décadas ha disminuido el número de jóvenes que desean cursar estudios de ciencias e ingenierías. Los jóvenes están interesados en las aplicaciones, en las nuevas tecnologías, pero interesa poco convertirse en productor de las mismas. Interesa poco dedicarse profesionalmente a la investigación. De este modo, pocos finalmente optan por las carreras STEM (Science, Technology, Engineering, and Mathematics). Esto ha sido señalado en reiteradas ocasiones por el informe ROSE (Relevance on Science on Education)1, así como un estudio a los jóvenes vascos de la ciencia y la tecnología (realizado por la Fundación Elhuyar).

Es decir, el número de alumnos de Ingeniería Informática no deja de caer… en un momento que se necesita más que nunca. Fíjense en esta noticia de la semana pasada:

Fuente: http://www.computing.es/capital-humano/tendencias/1089602000101/el-empleo-en-tecnologias-de-la-informacion-crece-a-un-ritmo-del-11.1.html
Fuente: http://www.computing.es/capital-humano/tendencias/1089602000101/el-empleo-en-tecnologias-de-la-informacion-crece-a-un-ritmo-del-11.1.html

El sector IT en España, el segundo con mayor demanda de profesionales (solo por detrás del de Ventas). ¿Qué está pasando? ¿Qué hacemos mal para que no tengamos más interés en nuestros jóvenes por un campo en el que vamos a necesitar a tantas personas? ¿Estamos perdiendo la vocación de construir las soluciones del mañana? ¿No fomentamos demasiado todo esto en edades tempranas?

No lo sé, es algo que no deja de rondar mi cabeza, y preocuparme (y ocuparme, claro). Pero esto no solo es en España. Es el cuarto país con más puestos de trabajo vacantes en el sector (51.228), pero Reino Unido (235.940), Alemania (171.187) y Francia (58.341) tienen todavía más. No debiera extrañarnos, entonces, que muchos de nuestros estudiantes se vean atraídos por estos países. Más aún, cuando en España, estamos cometiendo errores también a nivel del mercado de la informática. Y más a aún cuando en España no tenemos un tejido empresarial que valore y pague la “prima salarial” de la formación universitaria.

Quizás sea una reflexión global entre todos los agentes implicados: colegios, universidades, empresas, estudiantes, familias, estado, etc. Pero, creo, y repito, algo tenemos que hacer. Lo que no podemos es quedarnos atrás en esta economía digital, y menos aún, tal y como tenemos el país. El renacimiento de las TIC está ahí, y en nuestras manos está participar en esta era de la creatividad digital.

El software, su complejidad y los retos en la industria

Hace ya unas semanas que topé con este artículo que habla sobre la incorporación del software al mundo de la automoción. Al artículo alerta sobre el grado de complejidad que estamos alcanzando con los nuevos vehículos y sus prestaciones tan avanzadas: vehículos de conducción automática, sensores, telecomunicaciones, etc.

Precisamente estos días Ford anunciaba que se transformaba: de una empresa que fabricaba y comercializaba vehículos, a una empresa que ofrece soluciones de movilidad. Un reto, éste, que nos tiene que ocupar y preocupar a los humanos en los próximos años/décadas. Ford, a toda costa, quiere evitar el caso Kodak: la transformación digital de la industria no quiere que le coma. Así, Ford ahora ha puesto en marcha proyectos para recoger datos sobre hábitos de consumo y experimentar con soluciones. ¿Qué deparará estos proyectos y esta reorientación estratégica? Interesante movimiento.

Smart Mobility Plan de Ford (Fuente: http://i.blogs.es/83d3a3/smart-mobiltity-plan/650_1200.png)
Smart Mobility Plan de Ford (Fuente: http://i.blogs.es/83d3a3/smart-mobiltity-plan/650_1200.png)

Dos son los focos por los que apuesta Ford en cuanto a soluciones de movilidad se refiere: el fenómeno del car-sharing y los automóviles autónomos. En estos modelos de movilidad, los datos, el mantenimiento preventivo, la predicción de demanda de flotas de vehículos en zonas y horas en una ciudad, etc. se tornan fundamentales. Es decir, los sospechosos habituales en cuanto a paradigmas habilitantes digitales se refiere: Big Data, Internet of Things, Industria 4.0, etc.

Por todo ello, resulta ya un tópico decir que el software va a jugar un papel clave en todo esto. Junto con el hardware y las redes, constituyen los ejes clave sobre los que pivota esta transformación digital de muchas industrias. Estamos ya ante las máquinas más sofisticadas del planeta. 100 millones de líneas de código incorporan los nuevos vehículos (frente a las 60 millones de líneas que tiene Facebook y las 5 millones de líneas que tiene el colisionador de hadrones, para que se hagan a la idea de la complejidad de la que habalmos). Estamos ante las primeras máquinas que están alcanzando los límites biológicos de la complejidad. Lo cual está muy bien: más seguridad, optimización de las rutas para evitar perder tiempo, frenos automáticos, etc.

¿Cuál es el problema? Parte lo ha sacado a la luz el caso de Volkswagen. Que cada haya más software en los vehículos, efectivamente mejora las prestaciones y nos hace confiar más en la conducción, nuestra experiencia al volante, etc. Pero, también hace que sea más fácil manipular parte de su funcionamiento. Y, como suele ocurrir, cuando este software es propietario, es una caja negra, el usuario no sabemos lo que hace, lo que procesa, qué decisiones toma, etc.

Y esto, obviamente, trae otro problema. Quizás de una dimensión más ética. Cada hay más vehículos de los principales fabricantes llamados a revisión por algún problema relacionado con el software. El caso de Volkswagen es solo uno más (aunque este se ha agravado porque esta revisión conlleva otros escándalos asociados). En Julio del 2015, Ford revisó 432.000 vehículos por un problema de software que hacía que el vehículo pudiera seguir encendido a pesar de haber sido apagado. Toyota, en Agosto de 2015, 625.000 vehículos revisados por otro problema de software que apagaba el sistema híbrido de sus vehículos cuando estaban siendo éstos conducidos.

El pasado Julio, leí el siguiente artículo, muy en relación a todo esto: “Hackers Remotely Kill a Jeep on the Highway—With Me in It“:

Hackers Remotely Kill a Jeep on the Highway—With Me in It (Fuente: http://www.wired.com/2015/07/hackers-remotely-kill-jeep-highway/)
Hackers Remotely Kill a Jeep on the Highway—With Me in It (Fuente: http://www.wired.com/2015/07/hackers-remotely-kill-jeep-highway/)

Básicamente, sacaba a colación de todo esto los riesgos que entraña que cada haya más software en los vehículos. Las novedades y la emoción de los nuevos retos muchas veces nos ciegan ante los riesgos. El coche autónomo es uno de los ejemplos. No podemos olvidar, en este caso, temas tan relevantes como la seguridad, el cibercrimen, hackers maliciososos o errores de programación humanos. Según el reciente estudio “Internet of Things Research Study“, se ha visto que el 80% de los dispositivos generales IoT analizados presentaban potenciales problemas de seguridad.

Ante estas situaciones, creo que es importante que se tomen medidas importantes. Aquí veo dos medidas importantes que llevo tiempo abanderando:

  1. Todo código software que genere comportamientos autónomos de objetos, deba estar supervisado, regulado o certificado.
  2. Todo código software que genere comportamientos autónomos de objetos, debe ser libreabierto.

EEUU está ya trabajando sobre una nueva legislación para disponer de estándares que protejan frente a ataques de terceros. General Motors ya tiene un Chief Product Cybersecurity Officer. Tesla un Security Chief Officer.  Por lo tanto, parece que en los países más avanzados en la materia, movimientos alrededor de ello ya existen.

En cuanto a la apertura de este software “delicado”. Tesla, una compañía que ofrecía 10.000 dólares a quién encontrase problemas de seguridad en su software. Una compañía que abrió su software, porque creía encarecidamente que iba a ser mejor para la mejora del mismo. Y que con ello, se ha convertido en un caso de estudio de la innovación abierta y la contribución global y colectiva a un tema tan delicado como es el software. Además, expertos y programadores podrían auditar el software en búsqueda de mejoras y problemas.

¿Y qué puede pasar si no hacemos estas apuestas? Rob Kitchin, de la universidad de Maynooth, hablando sobre el Big Data, siempre alerta de dos riesgos: 1) Que sea utilizado como una tecnología de control y vigilancia; 2) Que sea un mecanismo de discriminación laboral, criminal o de consumidores. No es hoy el día de hablar de estos retos sobre el Big Data, pero sí extrapolar su tesis a lo que hoy nos ocupa. ¿Qué miedos tengo con que sea la “industria” la que controle un asunto tan delicado como es el software de nuestros vehículos? Pues que puedan ocurrir estos mismos sucesos de discriminación, por ejemplo. ¿Y si un día una marca decide pasar los datos del patrón de conducción que yo tengo a mi seguro y empezar a ganar dinero con esos datos? Esto es algo que las compañías de seguros llevan tiempo ansiando y haciendo. Y aquí, podría haber un fenómeno de discriminación, llegando incluso a rechazar querer asegurar a personas o perfiles “peligrosos”. ¿Y si por saber algo sobre mi estilo de conducción o las rutas que yo tomo, un fabricante, traspasa los datos a mi empresa, y mi empresa decide prescindir de mí por estos motivos? Un caso de discriminación laboral. Interesante

Como alertaba en un artículo anterior hablando sobre las TIC y educación, me preocupan siempre los avances que son liderados e impulsados por la industria fundamentalmente. ¿Nadie más lo controla ni audita? El software es un asunto delicado y complejo. Demos una vuelta alrededor.