Tecnología al servicio de la sociedad: una nueva mirada

La complejidad y la interconexión del mundo que estamos viviendo en estos primeros años del Siglo XXI es del tal magnitud, que los retos sociales que tenemos son realmente grandes. El cambio climático (qué bien que la capa de ozono comience a mostrar una tendencia de mejora), el agotamiento de los recursos naturales, la pérdida de la biodiversidad, el aumento de las desigualdades intrapaís y su reducción interpaís (con los problemas sociales y de inmigración que eso genera), una corrupción moral y política imparable, la crisis de los refugiados en nuestra vieja Europa, el agotamiento del agua (con países que se han quedado incluso sin reservas, etc.), etc.

Titulaba este artículo “Tecnología al servicio de la sociedad“, queriendo hacer un guiño a una nueva mirada que deberíamos adoptar los que tenemos la fortuna de trabajar diseñando y construyendo soluciones basadas en tecnología. Estamos hablando de una era en la que el crecimiento exponencial y acelerado del progreso tecnológico, nos está dotando de unas herramientas que nunca antes habíamos tenido.

Y me acordaba de escribir esta breve reflexión, tras una conversación que mantuve el otro día en mi despacho con un estudiante que se va a trabajar este verano a un campamento a Etiopía. Una experiencia, por lo que ya pasé hace 5 años, y que me hizo crecer en muchas dimensiones de la vida.

Hablábamos sobre proyectos que él podría emprender allí, aprovechando su riqueza intelectual y tecnológica al máximo. Y, poniendo, la tecnología al servicio de la sociedad. Esta es la fortuna de trabajar en una universidad con los valores y misión que tiene la Universidad de Deusto. Y más si lo haces en la facultad de ingeniería, donde ponemos la sociedad como fin último de mejora.

Y es que en cierto modo vivimos en una paradoja: una capacidad tecnológica sin precedentes, frente a un volumen de problemas sociales (al menos de los que la civilización haya sido consciente) realmente grande. Los emprendedores, además, como grandes agentes del cambio. Elon Musk, emprendedor como la copa de un pino, llena su discurso de la crisis energética que vivimos, e incluso crea empresas con objeto de convertirse en públicas para que los algoritmos de Inteligencia Artificial sean de escrutinio público y los robots no lleguen a dominar a los humanos (su proyecto OpenAI).

El gran Schumpeter, ya adelantó esta posibilidad que fueran los emprendedores los que trajeran el mayor vector de cambio frente a empresas y gobiernos. Y eso es lo que estamos viviendo hoy en día, una posibilidad que algunos han llegado a bautizar como la descentralización de la economía. Una descentralización de activos y actividades de nuestra actividad del día, que está especialmente alineada con la tecnología. Miren:

  • Comunicaciones descentralizadas: Internet en sí mismo. Sin esa descentralización, la wikipedia, o conceptos como “Open Data” u “Open Science”, nunca hubieran sido posibles.
  • Fabricación descentralizada: nuestro Fab Lab, por ejemplo, como centros de producción distribuidos que encima se amparan en paradigmas de cero residuos y economías circulares.
  • Producción energética descentralizada: salvo por la locura regulatoria de España, esto ya es posible a nivel tecnológico. Microgeneradores de energía eólica o solar, como concepto de relevancia de cómo servirnos a nosotros mismos, sin intermediarios.
  • Cadenas de alimentación descentralizadas: la hidroponia en entornos urbanos (sin grandes cadenas de distribución que traiga salmón de Chile a Bilbao) o granjas orgánicas que aprovechan espacios sobrantes, me parecen conceptos de cómo repensar esa lógica del bajo coste de producción, pero con gran intermediación (que genera contaminación, y emprobece al débil de la cadena… el agricultor).
  • Finanzas descentralizadas: conceptos como el crowdlending o crowdfunding, que descentralizan la captación de capital, y que permite a un emprendedor conseguir aliados en múltiples lugares. Por otro lado, la revolución fintech, que rompe el concepto de banco central que intermedia en todo.
crowdlending
Fuente: https://andresmacario.com/el-crowdlending-como-alternativa-de-inversion-y-crecimiento/
  • Trabajo descentralizado: plataformas que permite localizar talento en cualquier lugar, y a autónomos, romper su barrera geográfica. La ruptura del trabajo asalariado, la gig economy o colectivos como Enspiral pudieran ser la norma.
  • Organizaciones descentralizadas: la economía digital descenralizada, y con una infraestructura por pares como Blockchain, permite el intercambio de valor sin intermediarios. Hablamos de Blockchain, que algunos ya han bautizado como la tecnología más disruptiva desde que apareció Internet.
  • etc.

Vistas estas pruebas, algunos ya empezamos a soñar y vislumbra una nueva era. Una nueva mirada, en la que la “tecnología al servicio de la sociedad” es el paradigma reinante. Arquitecturas descentralizadas y tecnologías abiertas (en su sentido de servidas a la sociedad para su uso abierto), que permitiera una innovación abierta que nos llevara a una sociedad más humana y sostenible que la que tenemos ahora mismo. Se desintermedia la cadena, desaparecen muchos intermediarios, que son en muchas de ellas el problema.

Creo que lo que nos falta para hacer de este sueño una realidad, es un cambio de enfoque. Una nueva mirada. Solo será posible si construimos soluciones tecnológicas de otra manera. Es por ello que me gusta tanto el concepto de open by-design. Pensar “a posteriori” cómo arreglar las cosas trae muchos problemas. Es mejor el pensamiento “a priori”, en el que pensamos cómo diseñar las soluciones teniendo en la cabeza la explotación final.

Y para que esto sea así, tenemos que tener en la cabeza, cuando construimos soluciones:

  • La cadena de valor completa de la tecnología. Por eso el concepto de “economía circular” me gusta tanto. Construir soluciones sin saber dónde acabarán los materiales, o pensar en Uber o AirBnB como plataformas de referencia sin entender las conscuencias que tiene en nuestro estado del bienestar, me parece preocupante.
  • Incentivar, quizás con dinero, y sin mucha política industrial, las startups que se centren en problemas sociales. Esa lógica de rondas de financiación pensando meramente en el retorno económico, me parece muy preocupante. Y que así, nos lleva a una creación de startups que simplemente priorizan el ROI.
  • Construcción de ecosistemas. Donde interaccionan inversores, locales, emprendedores, las universidades, etc. de manera constante. Esos ecosistemas, no, no solo son Silicon Valleys. Hay vida más allá. Ecosistemas alrededor de la innovación social, la tecnología al servicio de la sociedad (Fintech o Insurtech, por ejemplo), son otros ejemplos, más sectorizados, y con más propensión a servir a la sociedad.

Como ven, retos tenemos muchos. Pero, capacidades tecnológicas, más aún. Es la hora de poner la tecnología al servicio de la sociedad y pensar en nuestro futuro.

La Inteligencia Artificial y el SEO: Google RankBrain

La Inteligencia Artificial es noticia por muchas cuestiones. El 2015, pasará a la historia como un año en el que este campo, que lleva con nosotros desde los 60, ha dado saltos cuánticos. Es conversación de muchos no solo por las posibilidades que abre, sino también por la supuesta amenaza que provoca a la existencia humana. El problema de todo esto es que, como con muchas otras capacidades tecnológicas que hemos ido los humanos desarrollando, su vector de crecimiento es comercial. Stephen Hawking ya alertó de ello en 2014, cuando dijo aquello de:

Potentially our worst mistake in history.

Desde entonces, el panorama no ha cambiado mucho. The Economist dedica en uno de sus últimos números a hablar de todo ello. En este artículo, habla de cómo este debate ya lo vivieron en la revolución industrial. ¿La diferencia? Que ahora automatizamos cerebros, no músculos. Y ahí puede radicar parte de la diferencia. Hasta la fecha, hemos dicho nosotros a los ordenadores lo que tenían que hacer. Aquí, como ya he señalado en alguna otra ocasión, creo que no nos quedará otra que tener intervención pública.

Mientras estas reflexiones quedan en el ambiente, vemos como las grandes tecnológicas, siguen pivotando su estrategia de futuro alrededor de los datos, la conectividad y la Inteligencia Artificial. IBM, se autodeclara el líder de la computación cognitiva. Facebook lo mismo. Y Google, se rebautiza como “Machine Learning first” company. De esta última, quería hablar, a colación de la entredilla que hacíamos a este artículo.

Google está centrando mucho esfuerzo en RankBrain, el algoritmo de inteligencia artificial basado en machine learning (es decir, los ordenadores aprenden y ejecutan de manera “autónoma”). Así, Google, el famoso algoritmo, cambia de nuevo los parámetros de ordenación de la relevancia de resultados. Es decir, cambia de nuevo el SEO, esa industria en la que muchos llevamos tantos años. Y en entrevistas recientes, algunas personas importantes de Google ya han señalado que este algoritmo está, junto con los enlaces y los contenidos, entre los parámetros más críticos.

Empecemos por lo más importante: el cambio es nuclear. Básicamente lo que buscaba Google es un sistema que entendiera mejor al usuario. Es decir, que interpretara mejor los resultados de búsqueda. La idea básica es que este algoritmo es capaz de relacionar conceptos aparentemente ambiguos. Ante una búsqueda de un usuario, trata de entender su intencionalidad, y aunque las palabras exactas no vengan en una web determinada, Google lo considera relacionado. Además, como algoritmo de “machine learning” que es, si su sistema de “sinónimos” acierta, aprende de ello, y por lo tanto, irá mejorando con el tiempo.

Esquema de trabajo de RankBrain (Fuente: http://www.wordstream.com/images/rankbrain-diagram.png)
Esquema de trabajo de RankBrain (Fuente: http://www.wordstream.com/images/rankbrain-diagram.png)

Google RankBrain entra de los algoritmos “deep learning”, que no dejan de ser otra cosa que los algoritmos de “back propagation technique” evolucionados (esto ya lo estudié en la carrera a mediados de los 2000). La idea es aprender a conectar el significado de las webs de manera autónoma, algo que hacía la empresa DeepMind que Google adquirió en Enero del 2014.

Todo esto afecta en muchas cuestiones a las estrategias digitales de posicionamiento que han seguido las marcas:

  • Las keywords: la “keyword research” era la base de la estrategia SEO sobre la que se construía el resto de piezas del tablero. Habían de alinearse la propuesta de valor de la empresa, con las palabras que la gente buscaba, y hacer luego la implementación de las keywords en todos los canales y soportes (web, Social Media, etc.). Esto ahora cambia con RankBrain: el algoritmo aprende de manera autónomo, por lo que la keyword research, presumiblemente, vivirá una nueva época dorada: tendrá que estar en permanente adaptación. ¿Ya tienes tu keyword research en “real-time” preparada para ser actualizada?
  • Elección del “algoritmo núcleo” que utilizar: dentro del algoritmo de Google, hay varios “subalgoritmos”, que son los que finalmente ordenan los resultados. A partir de ahora será RankBrain quien determine qué “subalgoritmo” utilizar. Cada búsqueda, provoca diferentes mezclas de algoritmos. A veces determinará que el título meta es el parámetro crítico, otras el pagerank. En función de cómo aproximarse a entender mejor la intencionalidad de la búsqueda. Por lo tanto, esto pudiera terminar con parte del discurso de toda la vida: “Todo es importante”.
  • La importancia del benchmark del sector: los algoritmos de deep learning, como antes explicábamos, funcionan mucho con la lógica de la comparación y conexión entre webs. Y dado que aprenden por sí solos, una vez identificada la mejor web del sector, será el benchmark que utilice para compararse con el resto. Así, parece que RankBrain, clasificará los sitios web por cada sector. Y esto, al menos, hará que la importancia de herramientas de inteligencia competitiva como Semrush, Woorank o Similarweb, sean fundamentales para la definición de la estrategia digital de una empresa. Esto requerirá replicar, al menos, la estructura y composición de las mejores web en cada nicho y sector.
  • Los backlinks, reyes y reinas: ya eran importantes, pero ahora lo serán más con la lógica que estamos describiendo. Pero es que ahora, deberán “verticalizarse” por sector. Dado que seguirá una lógica del “Best student in class“, si construimos una estrategia de backlinks con diferentes sectores, podremos confundir a Google. La estrategia se tematizará, y hará que esto se vuelva más técnico. Mezclar una marca de venta de ropa con una de piezas de automoción por el sencillo motivo de “tener tráfico”, podría penalizar mucho. Bienvenidos a la era de la tematización de contenidos 🙂

Como ven, la Inteligencia Artificial no solo es novedad por el paradigma del Big Data. El marketing digital, en el que tantos cambios vemos constantemente, sea quizás uno de los más afectados. Por ello, resulta tan importante entender estos cambios y cómo hacer frente a los mismos. RankBrain ha venido para quedarse, y junto a enlaces y contenidos, a condicionar nuestro posicionamiento web.

De los PCs a los móviles: ¿qué nos depara el futuro? La era de la inteligencia

Desde aquellos años 30 en los que un grupo de matemáticos y lógicos (Turing, Gödel y Church) lanzaron el campo teórico que hoy llamamos Ciencias de la Computación (Computer Science) hasta la fecha, han pasado más de 80 años. Por medio, los años 50-60, cuando nace la industria asociada, que permite llevar a más lugares que grandes laboratorios los ordenadores. Años, en los que a unos cuantos, nos ha despertado interés la informática, la hemos estudiado, y no paramos de hacernos preguntar sobre el futuro de la misma.

La “industria de la computación“, que podemos llamar para simplificar “mundo digital” ha ido desarrollándose siempre de la mano de dos ciclos: el de producto y el financiero. De este último se está hablando mucho últimamente, especialmente porque muchos creen que volvemos al año 2000 y las probabilidades de que exista una burbuja financiera están aumentando. No lo sé. Bueno, mejor dicho, no lo creo. Creo que no son las expectativas irracionales del año 2000, cuando la burbuja de las “.com”, provocó que se descubriera que apenas se creaba valor gracias en aquella época de Internet.

Yo creo que hoy sí está generando valor la constante transformación digital de las industrias. Precisamente acabo de escribir dos artículos (éste y éste) para justificar más éste artículo. Hoy quiero hablar sobre cómo se está generando valor sobre las diferentes plataformas que hoy en día están permitiendo el desarrollo de valor en productos gracias a la era digital: básicamente, Internet y los dispositivos móviles. Y lo hago porque la próxima semana viajo a Arabia Saudí precisamente para dar una serie de workshops sobre la materia a emprendedores que quieren abrazar esta era digital como una oportunidad. Especialmente desde la óptica de la educación, que es lo que hacemos desde eCampus en la Universidad de Deusto.

La respuesta sobre la posibilidad de una burbuja recae siempre en el “ciclo de producto“. Hoy en día, el “Ciclo de producto”, es decir, el producto tecnológico, se puede describir formalmente de la siguiente manera:

Producto tecnológico = Plataforma + Aplicaciones

Es decir, que la posibilidad del desarrollo de producto tecnológico (se entiende que digital, las Tecnologías de la Información y la Comunicación), depende de disponer de una infraestructura de soporte (Plataformas) sobre la que desarrollamos una serie de utilidades o Aplicaciones. A nivel de plataformas y aplicaciones, hasta la fecha, podemos decir que hemos vivido básicamente cuatro ciclos desde los años 50-60:

  1. Era centralizada: sistemas que automatizan trabajos administrativos. Apenas (o ningún) valor intelectual. Se mecanizan ciertos procesos, que se hacen más eficientes.
  2. Era del PC: cliente-servidor. Aparece el ordenador personal, ya no solo como una herramienta de ciertos procesos, sino que pasa al trabajo personal para hacerlo más productivo. Construimos aplicaciones de ofimática y otras de escritorio. Es la era que arranca el Apple II en 1977 y el IBM PC en 1981.
  3. Era de Internet: nace la interconexión entre los PC, que ha desarrollado gran parte de la economía global. Es uno de los pilares de la infraestructura actual. Empezamos a construir aplicaciones como buscadores, correo electrónico, tiendas online, redes sociales, SaaS, etc. Si bien en algunos entornos académicos o militares ya se disponía de algunas de estas cuestiones en los 80s, realmente a nivel de consumo aparece en 1993 con Mosaic, el primer navegador web gráfico.
  4. Era de los dispositivos móviles: el segundo gran pilar, y quizás el ciclo más importante ahora mismo. 2.000 millones de personas tienen al menos 1 smartphone. Y hemos desarrollado aplicaciones móviles para agilizar e intermediar en cadenas de valor como el taxi, alojamientos turísticos, etc. Si bien Blackberry y Nokia irrumpen a comienzos de los 2000, el pistoletazo de salida sin duda alguno lo provocan en 2007-08 el iPhone y Android.

La pregunta ahora recae en lo que está por venir. Es decir, dónde están las oportunidades para los emprendedores. Para ello, quizás sea interesante pararse a pensar en las tendencias hardware y software que se están produciendo, para así hacer una reflexión sobre lo que pudiera aparecer:

  • Hardware: está siendo cada vez más pequeño, barato y ubicuo. Pensemos que las CPU que tenemos ahora son “systems-on-a-chip“, en el sentido de que por 5 dólares tenemos una Raspberry Pi Zero con un procesador de 1 GhZ y 512 MB de RAM. Una locura para los que adquirimos nuestro primer ordenador (hardware) a mediados de los años 90 con características inferiores y precios totalmente desorbitados. Dos cuestiones fundamentales caracterizan al desarrollo del hardware:
    • La Ley de Moore y la industria de los semiconductores: cada vez por menos recursos, tenemos más producto (tanto en capacidad como potencia). Por lo tanto, esta tendencia hardware hace que a futuro, veamos “ordenadores” en todas las esquinas que nos rodean (paredes, autobuses, zapatillas, cunas de nuestros hijos, etc.). Es lo que se ha venido a bautizar como el Internet de las Cosas.
    • Como diría Chris AndersonEl dividendo de la paz en la guerra de los smartphone“: los componentes de los móviles, ante la guerra que se desató entre fabricantes (Apple, Google, Samsung, etc.), hace que sean más económicos que nunca: sensores, GPS, cámaras, procesadores ARM, antenas WiFi, memorias, baterías, etc. Esto, beneficia a industrias colindantes como los drones, sensorización, las fábricas (ahí tenéis la Industria 4.0), etc. etc.
  • Software: estamos viviendo ahora mismo la era dorada de la “Inteligencia Artificial“, tras el “largo invierno” que vivió en los 80 y 90. Quizás derivado de la abundante materia prima que tienen ahora los algoritmos para mejorarse a sí mismos (el “machine learning en la era del Big Data“). Tenemos varias cuestiones moviéndose a gran velocidad:
    • Sistemas distribuidos: Hadoop, Spark, y la posibilidad de paralelizar Bases de Datos y resolución de problemas.
    • Blockchain: para asegurar datos y activos. Ya hablé de ello.
    • Deep Learning: un descendiente directo de las redes neuronales. Pero que se beneficia en la actualidad de la gran cantidad de datos, el bajo precio de la computación y los nuevos algoritmos. Algoritmos de inferencia de conocimiento no conocidos hasta la fecha.
    • Open Source: democratización de las posibilidades de crear. Estamos asistiendo, por primera vez en la historia, a unas capacidades tecnológicas muy “económicas” en términos monetarios, aunque de gran exigencia intelectual. Nada es gratis. Whatsapp se crea con 50 empleadas, y presta un servicio a 1 de cada 9 ciudadanos del mundo (algo más de 900 millones de personas ahora mismo).

Lo bonito de todas estas cuestiones aparece cuando mezclas todo ello. Y es que los sistemas de Inteligencia Artificial, son mejores con una mayor cantidad de datos. El Deep Learning, mejorará en consecuencia. Y las tecnologías Open Source, seguirán desarrollándose. Todo ello, en agregado, produce el “data-network effect“: más usuarios, más datos, llevan a mejores productos, que traen más usuarios. ¿Por qué Google pagó por Waze mil millones de dólares?

Por todo ello, creo que queda todavía mucha inteligencia que aportar a elementos como los asistentes de voz, motores de búsqueda, estrategias de retargeting (una mejora de la publicidad), traductores, automóviles (Über, Tesla, Google, Ford, Daimler, etc.), drones (hardware complejo con un software simple), medicina y abogacía, escáneres e impresores 3D, etc.

Esa capa de “virtualización inteligente” que aporta la mezcla de esas tendencias de hardware y software llevará a la mejora de las prestaciones de esos elementos y áreas. O, al menos, esas es mi visión, claro. De los PCs a los móviles, para aprovechar esta “era de la inteligencia“.

La era de la inteligencia (Fuente: https://leadingedgeforum.com/asset/6508/)
La era de la inteligencia (Fuente: https://leadingedgeforum.com/asset/6508/)