Frente a la barbarie, las ideas y la democracia

La fotografía que os pongo a continuación la saqué en Puebla, Mexico, hace ya unos años. Intuía que tarde o temprano, por desgracia, la iba a utilizar en algún artículo. Ante la ausencia de las extremedidades como elemento de fuerza que tenemos los seres humanos (piernas y brazos), es una apología al uso de la cabeza, de las ideas, para dirimir cualquier disputa.

La fuerza de las ideas
La fuerza de las ideas

Este artículo lo escribo a modo de cierre de 2015. Un año, donde se pueden destacar muchas cosas, como siempre. Pero, me decantaré por destacar mi profunda condena al terrorismo y a la barbarie que asola Europa por la amenaza que representa el DAESH. Tengo la terrible sensación que 2016 seguirá en la misma línea. Por ello, quería hacer un llamamiento a la reflexión y a dejar por aquí escrito alguna idea.

Estos días me he leído “Una breve historia de los Árabes“, de John McHugo. Un viaje a través de la política, la sociedad y la cultura de los árabes desde los días del antiguo Imperio Romano hasta la actualidad. Lo he leído porque me interesaba aclarar muchas cuestiones que siempre me hacen pensar cuando leo noticias y artículos sobre todo lo que está ocurriendo alrededor de la Península Arábiga.

Pese a toda la barbarie que está sembrando el DAESH, no podemos perder el norte sobre las ideas clave que nos han rodeado en las últimas décadas en Europa. Y esto no es otra cosa que la superioridad de las ideas y democracia. “Guerra sin piedad“, afirmó Hollande. Guerra, ataques, “medidas de seguridad“, etc. son palabras, tristemente repetidas en los últimos tiempos. ¿Acaso se nos ha olvidado el terrible Siglo XX que vivimos en Europa en Guerra?

Los que llamo yo la “generación de la guerra de Irak“, esos jóvenes que salíamos por primera vez a la calla para oponernos a la guerra de Irak, creo que lo recordaremos para toda la vida. Esa ruptura de la legalidad internacional que se provocó, en respuesta a los atentados de las torres gemelas, primero invadiendo Afganistán, y luego Irak, ya ven que no ha funcionado. Afganistán sigue siendo igual de inestable (los talibanes vuelven a conquistar ciudades), e Irak ha sido el germen del grupo terrorista del DAESH.

Esto debe de ser una larga batalla de ideas. Tenemos que perseguir las infraestructuras de adoctrinamiento que tan hábilmente usa el DAESH: mezquitas, escuelas, webs, redes sociales, otros materiales, etc. Aquí es donde se amplifica la violencia. Los extremistas islámicos emplean la dawah (persuasión) en sus comunidades musulmanas para convencerles que sus fines son legítimos.

Europa debe hacer lo propio. Una dawah de la fuerza de las ideas, de la democracia, del estado de derecho, de la libertad del individuo. Tenemos que difundir la superioridad de lo que tantos años nos ha costado construir. Es decir, desafiar la teología islámica que utilizan los terroristas cuando tratan de consquitar la cabeza y el corazón de los musulmanes para, en muchas ocasiones, atacar a compatriotas suyos (me refiero a los terroristas con nacionalidad Europea).

El 20% de los miembros del DAESH no son musulamnes de origen, sino conversos. Algo está fallando en Europa entonces en lo que al sentido a comunidad se refiere. Ya lo comentamos en el artículo anterior. ¿Será la desigualdad? ¿Será el abandono de los problemas sociales por la crisis económica? ¿Será la falta de educación y generación de comunidad? No lo sé. Pero tenemos que proyectar esa dawah y esa larga batalla de las ideas en nuestro día a día.

Yo creo que esto no se resuelve por la vía de la “obligación”. Solo admitir a quienes se comprometan a asumir valores Europeas, y reachazar la política islamista no lo veo efectivo. Las obligaciones no van mucho con el ser humano. Y tampoco la solución ha sido nunca más guerra, sino el imperio de la ley internacional, los estados de derecho y el compromiso de los actores que apuesten por estos fundamentos. No es una guerra que deban lidiar solos Europa y Estados Unidos. Es una guerra de todos con nuestras pequeñas acciones. Una dawah que empieza por tener claro que las ideas y la democracia, están por encima de la guerra.