Robots y automatización de trabajo: no tan rápido (Parte I)

Leía hace unas semanas con mucha atención una conversación que desde Wired dirigían entre el presidente Barack Obama y el director del MIT Media Lab Joi Ito. Obama manifestaba que una de sus mayores preocupaciones con la automatización de las plantas de trabajo y la inteligencia artificial era el aumento de las desigualdades. Ya el pasado diciembre, cuando todavía lo teníamos de presidente, la Casa Blanca publicó el informe “Artificial Intelligence, Automation, and the Economy“, donde además del aspecto de la desigualdad, también se citaba la necesidad de la intervención política para luchar contra el impacto desigual.

Al automatizar parte del trabajo humano, como en otras épocas, reduciría salarios (donde el valor añadido ya no era tal), y aumentaría el de las personas capaces de construir sobre ello. El señor Joi Ito, respondía que por eso él prefiere referirse a la inteligencia extendida, más que a la artificial, porque tenemos que ver estas evoluciones tecnológicas como una manera de extender la capacidad humana, nunca de sustituirla. Invitaba a pensar en cómo poder imbricar valores sociales a las máquinas.

Me acordaba de esta entrevista leyendo esta noticia, en la que el titular lo dice todo:

Chinese firm halves worker costs by hiring army of robots to sort out 200,000 packages a day

Una empresa china que veía cómo se reducía un 50% sus costes laborales adquiriendo un ejército de robots. Ahora, podía entregar un total de 200.000 paquetes al día, incrementando un 30% su eficiencia. Y encima, lo hacen con un mayor orden que el que los humanos son capaces de generar.

Empleados de STO Express ordenando envíos dentro del caos reinante (Fuente: http://fm.cnbc.com/applications/cnbc.com/resources/img/editorial/2017/04/11/104396743-GettyImages-496941098.530x298.jpg?v=1491885367)
Empleados de STO Express ordenando envíos dentro del caos reinante (Fuente: http://fm.cnbc.com/applications/cnbc.com/resources/img/editorial/2017/04/11/104396743-GettyImages-496941098.530×298.jpg?v=1491885367)

Un ejemplo más de algo que viene siendo objeto de conversación en China: los robots están quitando el elevado volumen de trabajo que la revolución del trabajo de China había traído. De hecho, el gobierno central Chino espera llegar a un total de 100.000 robots en 2020.

Estas noticias, me han llevado estas vacaciones de Semana Santa a recopilar alguna evidencia nueva sobre el impacto de la robotización y la inteligencia artificial en el empleo y su calidad. Me preocupan, como siempre, dos aspectos: el impacto real que esta robotización va a provocar (más allá de los tópicos y generalidades sencillas) en la cantidad de trabajo (es decir, si crea o destruye trabajo); y, cómo quedará la calidad del mismo (especialmente en términos de desigualdad y aumento/reducción de salarios). Voy a descomponer la entrada en dos partes: en esta primera hablaré de la cantidad de trabajo (aumento o reducción de empleo neto), y en la segunda, de la calidad del mismo.

Mokyr, Vickers y Ziebarth, en su artículo “The History of Technological Anxiety and the Future of Economic Growth: Is This Time Different?” (2015), describen las lecciones que la historia nos deja desde las revoluciones industriales de finales del siglo XVIII. Según estos autores, estas lecciones de la historia, permiten entender que esta revolución industrial en forma de tecnologías digitales (ordenadores -hardware y software combinado a diferentes escalas- y robots especialmente) permitirá crear nuevos productos y servicios que ofrecerá la posibilidad de que aparezcan un número importante de nuevas profesiones.

El debate, en este sentido es si esa creación de nuevas ocupaciones laborales será capaz de contrarrestar la que se perderá por la automatización de trabajos que actualmente desempeñan, de manera manual, los humanos. Acemoglu y Restrepo, en su artículo “The Race Between Machine and Man: Implications of Technology for Growth, Factor Shares and Employment” (2016), dicen que éste es el punto clave de esta revolución industrial. En la medida que los humanos seamos capaces de crear tareas complejas que permitan construir valor añadido sobre la robotización, no habrá reducción de puestos de trabajo.

La naturaleza de esta revolución industrial digital, es realmente disruptiva. Se han juntado muchas “fuerzas de cambio” de golpe (movilidad, redes sociales, IoT, datos, etc.), lo que hace dudar a estos autores sobre si los humanos seremos realmente capaces de construir innovaciones sobre ellas. La única ventaja es que sacar provecho de estos avances digitales necesita del buen hacer de los humanos, y no tanto de inversiones en capital. Necesitamos ideas, un monopolio todavía en manos de los humanos.

Acemoglu y Restrepo recuerdan la segunda revolución industrial, cuando apareció el ferrocarril, los barcos de vapor o las grúas en los puertos. El transporte (civil y de mercancías), globalizó el mundo, lo que hizo que fueran necesarios nuevos ingenieros e ingenieras, se profesionalizó la gestión de empresas, aparecieron nuevas necesidades de ingenieros mecánicos y civiles, etc. En la medida que seamos capaces de replicar este mismo fenómeno de creación de nuevas ocupaciones, estaremos dando respuesta a este nuevo equilibrio de puestos de trabajo que necesitamos. La duda está en ser capaces de entender la magnitud del cambio que implica esta revolución digital.

Para exponer sus ideas y alguna tendencia actual, Acemoglu y Restrepo, presentan esta gráfica:

Creación de nuevos puestos de trabajo en las últimas décadas (Fuente: http://www.voxeu.org/sites/default/files/image/FromMay2014/acemoglufig1.png)
Creación de nuevos puestos de trabajo en las últimas décadas (Fuente: http://www.voxeu.org/sites/default/files/image/FromMay2014/acemoglufig1.png)

La gráfica quizás no sea muy expresiva a primera vista, así que mejor explicarla con algo de calma. En Estados Unidos, para cada década desde 1980, se han creado más trabajo de nuevos puestos que de viejos puestos. Quizás esto es síntoma de su enorme capacidad de innovación. De 1980 a 2007, el empleo total en EEUU ha crecido un 17,5% (ay, bendita inmigración…), siendo algo más de la mitad creada por “nuevos tipos de trabajo” (que no es lo mismo que por “nuevos puestos de trabajo”). Son datos cogidos del trabajo de Lin en su artículo “Technological Adaptation, Cities, and New Work” (2011).

No parece observarse nada distinto a lo que ha pasado décadas atrás. Salvo que, esta revolución digital, genera muchos nuevos tipos de trabajo. Y, que, además, destruye con más facilidad los trabajos que son intensivos en horas de trabajo (es decir, aquellos que son “automatizables” por ser su valor añadido la inversión en horas). ¿Y qué tipos de trabajo están apareciendo y su déficit evidencias necesidades? Ingenieros, programadores, especialistas audiovisuales, analistas, arquitectos y administradores de datos, etc. Es decir, lo que ya sabíamos.

Conclusión de esta primera parte: sí, parece que se destruye empleo. Pero el equilibrio que podríamos conseguir viene, parece ser, derivado, de nuevos tipos de trabajo. Y es ahí dónde está el reto. En ser capaces de construir valor con puestos de trabajo que, siguiendo el tópico por una vez, ni siquiera quizás existan aún. Los robots nos sustituyen, pero todo está por pensar y construirse sobre ellos. Preparémonos para ello. Mientras tanto, es difícil concluir si crearemos o destruiremos trabajo.

Los políticos son de palabra (según los datos)

Una de las grandes preguntas que me he hecho en multitud de ocasiones versa sobre el grado de cumplimiento de las promesas electorales de nuestros representantes políticos. Sí, en serio, siempre he tenido dudas de si tan cierto es el manta propular de “que no cumplen nada de lo que dicen“. Por otro lado, acabo de ver en televisión, que mañana, 4 de Diciembre de 2016, el programa de la Sexta “El Objetivo”, lleva como título “¿Por qué mentimos los seres humanos? ¿Mienten más los políticos que el resto?“. Aquí tienen ustedes los detalles.

Desconozco el contenido del programa de mañana. Pero, dado que es un tema que me gusta, y que mañana será conversación, he creído buen momento para publicar algo en este línea. Además, he estado investigando sobre el tema últimamente para una charla que tengo que dar de marketing político y gestión política basada en evidencias.

Empiezo con este paper de Joaquín Artés, de la Universidad Complutense de Madrid. Señalo lo que más me ha llamado la atención:

Los partidos políticos en España cumplen sus promesas (Fuente: Do Spanish politicians keep their promises?)
Los partidos políticos en España cumplen sus promesas (Fuente: Do Spanish politicians keep their promises?)

Sé que voy contracorriente. No es normal destacar esto. Pero es que así son los datos de caprichosos. Como bien señala el experto en la materia Joaquín Artés (yo no lo soy), en los ciclos electorales que hay en España de 1989 a 2004 (por lo tanto, un periodo bastante prolongado), las promesas electorales son satisfechas por los partidos políticos. De media, han puesto en práctica -en diferentes grados, claro- un 70% de sus promesas electorales. Tanto PSOE y PP cumplen sus promesas tanto con mayoría absoluta como cuando lo hacen en minoría (buscando los apoyos necesarios para cumplir sus mandatos electorales).

Sé que alguno me dirá que un 70% no es suficiente. Que quiere el 100%. Ya, pero es que a veces no todas las decisiones están en nuestras manos. Y las promesas, en política, no siempre alcanzables. Los ciclos económicos no son siempre previsibles, las instituciones cambian, jugamos en un mundo cada vez más interconectado donde lo que pasa en la otra punta del mundo puede afectarnos, etc. Por lo tanto, atribuir toda la responsabilidad a su falta a la verdad, no creo que sea del todo justo.

Y diréis, pues que no hagan las promesas. Ya, pero es que una promesa también forma parte de la “voluntad” de una persona. En este caso, de un partido político también. Y a mí saber la voluntad de los partidos por hacer las cosas, también me sirven. Porque soy consciente, como decía en el párrafo anterior, de la dificultad que entraña la gestión política de este mundo global, competitivo y conectado.

Qué es una "promesa" para la RAE (Fuente: rae.es)
Qué es una “promesa” para la RAE (Fuente: rae.es)

Quizás el mantra popular se alimente siempre mucho por los “grandes titulares”. Porque, claro, es cierto, algunas cosas no alcanzan. Y suelen ser aquellas que “más ruido generan” (quizás también tenga mucha relación con que son las más complicadas y las que dependen de muchos más factores). Y, por otro lado, seguramente también sea cuestión de un hartazgo generalizado con muchas de las cuestiones que la sociedad está demandando, y que los políticos no están alcanzando. Por lo tanto, en segundo lugar, creo que además se produce también un fenómeno de “no representación de las principales inquietudes“.

Este porcentaje de cumplimiento de promesas parece que también cruza el charco. Me he topado por el siempre interesante fivethirtyeight, con este artículo y con la siguiente gráfica:

Presidentes americanos cumpliendo sus promesas (Fuente: FiveThirtyEight)
Presidentes americanos cumpliendo sus promesas (Fuente: FiveThirtyEight)

Según Rasmussen, solo un 4% del electorado cree que los políticos cumplen sus promesas. Un 83% cree que no las cumplen. Esta impresión generalizada, ya ven que choca bastante con los datos disponibles y las investigaciones realizadas. La gráfica sobre estas líneas es una media extraída de diferentes estudios empíricos, por lo que podemos considerarla como bastante relevante. Pero esta media alrededor del 70%, como decíamos antes, no solo se exhibe en EEUU, sino también en otros países. Reino Unido, con un 82,5%, es el líder. Los Países Bajos, ese país tantas veces citado como ejemplo, cumple un 61%. Menos que España.

Para ir terminando, en este otro artículo, también muy completo, vuelven a sacar ese 67% de cumplimiento de las promesas a nivel mundial. Con diferentes regímenes políticos. Con diferentes partidos políticos. En diferentes latitudes del mundo. aquí tienen un breve extracto resaltado:

Los partidos políticos cumplen sus promesas
Los partidos políticos cumplen sus promesas

Quizás a veces debamos consultar más los datos para extraer nuestras propias conclusiones. Ojalá mañana el programa de “El Objetivo” ponga énfasis en todo ello. Los políticos, cumplen más promesas de las que pensamos.