Los smartphones y su entrada en nuestras vidas

En 1994 nació el primer teléfono inteligente: IBM Simon. Tenía pantalla táctil y llegó a vender 50.000 unidades. Muchos anticiparon una era en la que esos pequeños ordenadores llegarían a https://www.cialissansordonnancefr24.com/ dominar nuestro día a día. Sin embargo, tuvimos que esperar unos cuantos años más para que eso realmente sucediera.

La verdadera era de los smartphones arranca cuando en 2007 Apple introduce el iPhone. Steve Jobs, que había resucitado la enseña y su valor de “innovación” gracias al iPod, dijo entonces algo que a muchos no les causó grandes reacciones. Jobs sugirió que ese producto cambiaría todo. Quizás falló en predecir todo lo que cambiaría, pero sí tenía toda la razón: nuestro día a día ahora pivota alrededor de los smartphones. Por si queréis ponerlo en perspectiva con IBM Simon, en estos 10 años, Apple ha vendido 1.000 millones de unidades. Y ha hecho que Apple sea la empresa de mayor valor bursátil del mundo.

El resto de fabricantes, pronto se pusieron las pilas (salvo algunos casos conocidos como Nokia, Blackberry, etc.). Y empezaron a fabricar otros smartphones. Hemos ganado en posibilidades prácticamente impensables hace unos años. Y por eso digo que creo que esto ha cambiado nuestras vidas. Ahora nos conectamos a Internet desde cualquier punto prácticamente (recuerdo todavía tener que ir a casa para poder hablar por Internet o enterarme de cómo había quedado un partido de fútbol).

Hemos pasado de ver un teléfono como un medio de comunicación a verlo como un dispositivo de información y gestión. Hacemos transferencias bancarias y reservamos un paquete de vacaciones. Mientras vemos la TV o leemos el periódico, buscamos en el móvil más información. Jugamos partidos de fútbol e incluso a la ruleta gratis. Subimos fotos a Instagram para mostrar a todo el planeta la ropa que llevamos y la cena que estamos disfrutando. Trabajamos también desde ahí: podemos redactar correos o elaborar artículos como éste desde un dispositivo inteligente. Y, últimamente, hacemos también cada vez más la compra desde el dispositivo inteligente.

Steve Jobs pensó que lo que sería revolucionario era el navegador de Internet que introdujo. Pero su verdadera aportación a esta era de la movilidad que estamos viviendo fue su concepto de “app”. Sí, las aplicaciones y sus respectivas tiendas para distribuirlas es lo que ha traído que ahora cualquier empresa pueda ofrecer sus servicios a clientes para ser éstos usados desde el dispositivo móvil inteligente. Über, Facebook, Instagram o AirBnB nunca hubieran despegado sin ello.

Como veis, creo que es objetivo pensar que nuestra vida está acabando por convertirse en una en movilidad en la que tenemos la sensación de hacer muchas más cosas que antes. Quizás por eso también vivamos tan acelerados, porque es difícil en ocasiones pararse a pensar un poco, ante las capacidades comunicativas e informativa que nos ofrece. Los smartphones nos han traído muchas nuevas capacidades y sí, nos han cambiado quizás para mucho tiempo. Quién sabe hasta qué otra nueva revolución.

Una persona cena y lee el periódico (Fuente: http://i.huffpost.com/gen/1768830/thumbs/o-51239785-900.jpg?1)
Una persona cena y lee el periódico (Fuente: http://i.huffpost.com/gen/1768830/thumbs/o-51239785-900.jpg?1)

Internet y la verdad: un periodo de transición y cambios

Conviene de vez en cuando parar a entender la arquitectura y forma de expresión de esta era digital. Especialmente, para entender bien cómo ha afectado al origen de donde venimos. Me refiero a entender las diferencias entre la imprenta de Gutenberg, que durante 500 años nos ha permitido que la información que uno quería leer se tuviera que editar, imprimir y distribuir. Esto, introducía una pausa y detenimiento en la forma de elaborar información y conocimiento, que hacía que la gente confiara en esas noticias.

Esto me parece especialmente ilustrativo en esta era de las redes sociales en las que la información viaja a la velocidad de la luz. Dado que venimos de donde venimos, la gente en Internet sigue confiando en lo que lee. Y esto es lo que pasa, que ahora estamos en pleno debate sobre lo que circula por Internet: qué es veraz y qué no, qué es un rumor y qué un hecho, etc. Esto, es inherente a la arquitectura abierta con la que nació Internet. Cualquiera podría producir información y conocimiento, pudiendo así introducir ruido en un lector que, ya digo, confiaba siempre en lo que leía.

Y es que no todo es escalable e industrializable. La producción de información y conocimiento verdadera, por ejemplo. Sin embargo sí es escalable e industrializable a la velocidad de la luz la distribución de esa información y conocimiento. Y esta es la reflexión que creo debiéramos hacer en una época en la que los bulos, rumores y falsas noticias, con titulares que invitan a que así sea (que entienden bien cómo funciona Internet), es nuestro día a día.

Aquí la pregunta que uno se hace siempre es el “por qué” de las cosas. ¿Por qué nos creemos algo como cierto simplemente por que lo vemos en nuestros amigos en redes sociales? Danielle Citron, lo explica de la siguiente manera:

“[…] People forward on what others think, even if the information is false, misleading or incomplete, because they think they have learned something valuable.”

Es decir, nos gusta hacer de periodistas. Nos gusta pensar que tenemos alguna información de valor. Y esto, cuando pasaba en el mundo físico (que también pasaba claro, como fenómeno humano que es, no digital), generaba problemas, pero no tantos como ahora. El efecto viral de ahora, multiplica este problema de manera imparable. Así, inventarse un hecho, y que eso se lo crea bastante gente en poco tiempo, no es tan difícil como uno pensaba. Básicamente, porque la distribución de información es muy barata y rápida, a pesar de que la producción de información y conocimiento no es rápida ni barata. Y esta es la frase que creo resume muchos de los problemas que tenemos hoy en día en Internet.

Por eso, los cambios en el algoritmo de Facebook son tan peligrosos. Que no nos expongamos a la heterogeneidad de las noticias de otras fuentes, puede provocar que este efecto de distribuir mentiras falsas sea aún más perjudicial. Ya comentamos esto era un sesgo con el que nuestro cerebro se siente especialmente cómodo. En 2011, Eli Pariser, el co-fundador de Upworthy, creó el término “burbuja de los filtros“. Se refería a cómo las funciones de búsqueda personalizadas (te ofrezco los resultados que más te van a gustar), deja en manos unos algoritmos de caja negra un peligro informativo tan grande.

Así, debiéramos preocuparnos porque las redes sociales reflejen la heterogeneidad informativa que pudiera permitir separar el grano de la paja. Y que la popularidad en la difusión de algo, no sea la métrica que permita modelizar el “interés por algo”. Debiera ser la verdad, la veracidad de una noticia, de una información, la que prevaleciera. Pero es que esa “burbuja de los filtros” de la que habló Pariser, hoy en día no solo no ha mejorado, sino que es que encima ha empeorado.

Miren esto, sobre el #brexit:

Tom Steinberg, un activista de Internet y fundador de mySociety (que proveen herramientas tecnológicas para el cambio y progreso de las sociedades), alertaba de los riesgos sobre que la difusión de información y conocimiento de nuestros días fluyera principalmente en redes sociales que tienen esos algoritmos de ordenación de información de “caja negra”. No saben priorizar la verdad. La última frase es bastante descriptiva: “La mitad de la población no sabe lo que dice la otra mitad“.

Pero es que las redes sociales, con su valor bursátil, viven de esto. De que reciban la información que quieren, que esperan, que les refuerza positivamente sus ideas. De esta manera, entrarán más, y así serán impactados más por publicidad, que aumenta el valor de esas empresas. Por lo tanto, no tienen incentivo alguno a cambiar esta manera de “trasladar la supuesta verdad”.

Y el problema es que las redes sociales, especialmente Facebook, no solo ha adquirido el monopolio de las noticias, también de las campañas políticas, la retransmisión de eventos, historias de personas, promoción del ocio, campañas de marketing, etc. Es decir, es la TV de este Siglo XXI, y por eso, ha ganado tal poder, que debemos empezar a solicitar el escrutinio de esa difusión y producción de la verdad de la que tantas otras veces he hablado.

Si todo esto no fuera así, el cambio del algoritmo de Facebook no sería noticia. Y que Instagram y Twitter empiecen a ordenar por supuesta “relevancia”, tampoco. Pero sí, sí es noticia. Ellos ahora tienen sus líneas editoriales en manos de unos algoritmos de caja negra que deciden, por unas métricas basadas en supuestas verdades, lo que nos interesa. Y esto, bajo mi punto de vista, es muy peligroso. Y debiera hacernos reflexionar.

Necesitamos tener este debate para saber cómo poder hacer frente a las noticias y contenidos que no son ciertos. Ya no hablo solo de responsabilidad, honestidad y ética. Hablo de algo más. El problema es que no sé el qué. Pero lo que no me parece de recibido es que cualquier noticia “fake” (falsa) que quieran imaginar, por escandalosa que sea, siempre tenga algún reflejo en Internet. Hagan la prueba en Google. Internet y la verdad, será un debate que nos acompañe durante mucho tiempo. La veracidad, uno de nuestros mayores retos.

Crecimiento de la población y tipo de empleo: era de cambios

Observen la siguiente imagen:

Crecimiento población y empleo durante las últimas décadas (Fuente: http://www.slideshare.net/kleinerperkins/internet-trends-v1/98-98Since_2000_Population_Grew_24x)
Crecimiento población y empleo durante las últimas décadas (Fuente: http://www.slideshare.net/kleinerperkins/internet-trends-v1/98-98Since_2000_Population_Grew_24x)

Según un informe de Kleiner, Perkins, Caufer & Bauer de 2015, en Estados Unidos, de 1948 a 2000, antes de la irrupción de la era digital a escala mundial, el empleo creció a una media de 2.1% anual frente a un crecimiento de la población del 1.3%. Desde que comenzó este nuevo siglo, que lo podemos describir por la aparición de las .com y todos los servicios digitales anexos, estos porcentajes cogen un nuevo ritmo: el porcentaje de empleos ahora “solo” crece al 0.4% y la población al 0.9%. Es decir, la población ha crecido 2,4 veces más rápido que los empleos.

Este dato y muchos otros los podéis encontrar en este interesantísimo informe sobre las tendencias de Internet en el 2015. Habla sobre muchos de los impactos de esta era digital, entre los que se encuentra el empleo, como decíamos:

Hace unas semanas, hablaba sobre las “Nuevas evidencias sobre la (supuesta) destrucción del trabajo de los robots“. En ese artículo, decía esto:

[…] “los robots” no están destruyendo trabajo […] las empresas que emplean robots, han creado más empleo neto del que se ha perdido por el cambio tecnológico. Y, este otro estudio empírico, hecho por el Fraunhofer ISI para la Comisión Europea (preocupada por todo esto siempre), expone cómo las empresas que han obtenido un aumento de productividad por la automatización (los robots), incrementaban el empleo incluso con lo ganado. Es decir, que no se sustituía capital humano por capital “robótico”, como muchos pensaban (pensaba yo también).

¿Dónde está el empleo entonces? Mejor preguntado, ¿por qué está creciendo más la población que el empleo? Es una buena pregunta. Quizás es que el boom demográfico esté produciendo un crecimiento “demasiado” grande de la población frente al aumento de las oportunidades de trabajo. En EEUU, parece bastante estable desde hace unas décadas. Quizás entonces, es que el tipo de empleo sea otro. Y esta gráfica nos tiene que dar una pista de todo ello:

Crecimiento de trabajos no-rutinarios y cognitivos (Fuente: http://www.slideshare.net/kleinerperkins/internet-trends-v1/99-99HighSkilled_KnowledgeBased_Jobs_Grew_2x)
Crecimiento de trabajos no-rutinarios y cognitivos (Fuente: http://www.slideshare.net/kleinerperkins/internet-trends-v1/99-99HighSkilled_KnowledgeBased_Jobs_Grew_2x)

Desde el año 1983, el aumento de la demanda por parte de las empresas de trabajadores para desarrollar trabajos y habilidades no-rutinarias y cognitivas, ha crecido enormemente (¿se acuerdan de esta clasificación de Levy y Murnane?). Son perfiles a los que se les exige resolución de problemas, creatividad, flexibilidad, etc. Un nuevo perfil, frente a unas rutinas que anteriormente estaban muy establecidas. La necesidad por el resto de tipos de trabajo se mantiene bastante estable. Por lo tanto, dos son las hipótesis que nos pudiéramos plantear, de entre el conjunto de las más probables:

(1) La población actual no satisface todas las necesidades por ese tipo de trabajos no-rutinarios y cognitivos.

(2) El tipo de trabajo que se crea para esta nueva economía digital no es de la misma naturaleza que el anterior, encubriendo actividad.

Respecto a (1), es un tema que hemos tratado recurrentemente en este blog. Pudiera ser que haya una parte importante de esto. Que no estemos orientando bien las necesidades actuales por la formación de nuestros jóvenes. Seguramente, la preocupación creciente de muchas sociedades por profesionales STEM (Science, Technology, Engineering and Maths), tenga mucha relación con esto. Nuestros jóvenes, prefieren estudiar otras cosas. Y como hemos dicho muchas veces, el objetivo de la universidad no es llenar las empresas de sus necesidades, por lo que no es cuestión de abroncar a las universidades en su responsabilidad por ello. Es quizás, una transformación de raíz respecto a las vocaciones de nuestros jóvenes.

Y, en relación al punto (2), quizás haya factores que nos resulten familiares. Cuando hablé de las supuestas plataformas de economía colaborativa, una de las cosas que más señalé es que había mucho trabajo que estaba siendo “generado” de una naturaleza ciertamente pecular. Es lo que muchos llaman el falso autoempleo de los “mercados de plataforma”. Cuando leo titulares y noticias alrededor del valor bursátil de Über o AirBnB sin tener empleados ni activos, me acuerdo mucho de esto. Este S“tipo de empleos”, ¿a qué estadísticas van? ¿son eminentemente autónomos sin mayor formalidad? ¿están las relaciones laborales cambiando tan rápido que no somos capaces de dar una respuesta social a esa situación? Entiendo, que en poco tiempo, veremos un movimiento de este tipo de trabajos hacia o bien, su asentamiento con carácter ordinario, o bien hacia el enfado por las condiciones. Y, las empresas, no pueden mirar hacia a otro lado si quieren seguir manteniendo su valor.

Con todo esto, creo que nuestros representantes políticos debieran empezar a vislumbrar estas tendencias macroeconómicas asociadas a la “nueva economía”. Sea la respuesta la hipótesis (1) o la (2) (o cualquier otra que no sea yo ahora capaz de ofrecer), las empresas que están sacando muchísimo partido de este gran valor que genera la era digital, debieran ser en parte responsables de la calidad del empleo. Por un tema de responsabilidad, no más. Lo que no puede ser es que además de estar evadiendo varias de ellas el pago de impuestos a escala planetaria, alteren tanto los modelos de relación laboral, como para provocar que haya, posiblemente, falsos empleos en muchos de los casos.

Por cierto, jóvenes, ¿conocéis estas tendencias?

Digitalización de sectores y oportunidades en la era digital

La reciente venta de Ticketbis (a la que traslado nuevamente mi felicitación desde este humilde blog), ha puesto encima de la mesa del mundo del emprendimiento donde puede haber más oportunidades en este mundo digital. Un proyecto en el que dos emprendedores, vislumbran la oportunidades de conectar oferta y demanda en el mercado de entradas y tickets, a través de una plataforma digital. Actuando y siendo su propuesta de valor, la intermediación (incluso financiera). Una singularidad propia de la arquitectura de Internet y en consecuencia de esta era digital.

Y esto, ha hecho que ahora muchos estén especulando sobre otros sectores donde también habrá oportunidades. Y es la pregunta que me han hecho en varios lugares últimamente. Por eso, quería escribir este artículo para hablar del MGI Industry Digitization Index, elaborado por McKinsey, que introduce el uso de activos digitales, plataformas, herramientas y personas, en diferentes sectores, para representar el nivel de digitalización que disponen (para el año 2015, que es el último elaborado).

Fuente: Wall Street Journal
Fuente: Wall Street Journal

Antes de hablar de tipologías de oportunidades que existen ahora mismo, conviene enfatizar lo que representa la columna de la derecha del todo. Ante el manido debate sobre la introducción de las TIC y la digitalización, y la productividad que traen, ya vemos que las cifras hablan por sí solas. En esta era digital, y especialmente derivado del discurso sobre la batalla entre los robots y los humanos, algunos argumentan que encima no traen incrementos sustantivos de productividad. Bueno, ahí queda la cifra.

Como decíamos al comienzo, el objetivo de este artículo era hablar de oportunidades. Y por ello, esta gráfica distingue seis reflexiones:

  1. Sectores intensivos en conocimiento: han tenido un alto grado de digitalización. Sectores como las finanzas, seguros, servicios profesionales, etc. Donde hemos visto ya mucha innovación a nivel digital. Quizás, derivado, de que uno de sus principales activos ha sido el conocimiento, que como ya hemos comentado en otras ocasiones, se ha digitalizado (tanto a nivel de expresión como de configuración). Y, por lo tanto, traído mucha innovación en diferentes sectores.
  2. Sectores intensivos en factores de capital: trabajan con muchos activos físicos. Estamos hablando de sectores como el energético, farmacéutico, inmobiliario, construcción, etc. El reto estará en cómo muchos de estos activos físicos son digitalizados, si alguno de ellos sufre de “servitización” y se reorientan a nivel de negocio (quizás ya no se vendan como tal, sino se construyan modelos de negocio en base al uso que se haga de los mismos), etc.
  3. Sector servicios con una larga cola de pequeñas firmas: que, eventualmente, pueden digitalizar parte de las transacciones de cliente, y traer productividad y efectividad en ellos (menores costes, y también posibles más ingresos). Aquí aparecen sectores como el de la educación, retail, transporte, servicios locales, etc. Donde, efectivamente, la oferta está más atomizada, y con el pequeño tamaño de las firmas, en ocasiones es difícil incorporar innovaciones. Sin embargo, las tecnologías digitales tienen una tasa de adopción y una curva de aprendizaje cada vez más baja, así que se entiende llegarán estas posibilidades de innovación y productividad también a este tamaño de firmas.
  4. Empresas B2B que pueden digitalizar la atención y fidelización del cliente y usuario: estamos hablando de empresas en sectores como comercio al por mayor, fabricación, productos de alimentación, utilities, etc. Sectores en los que el comercio no es directamente al consumidor, pero donde en un Customer Journey, sí aparecen etapas como al awareness, la fidelización, el advocacy, etc., que provocan que los consumidores, también puedan interactuar con las marcas a través de diferentes canales.
  5. Empresas intensivas en horas-hombre-mujer, donde la productividad es competitividad: son sectores, en los que el uso eficiente de recursos, aportan una diferencia entre empresas. Por lo tanto, las herramientas de productividad, pueden aportar ventajas importantes a una empresa frente a su competidor, y así optimizar el uso de recursos, que le puede traer un ahorro de costes y nuevos ingresos. Estamos hablando de empresas en sectores como la minería, el retail, transporte, etc. Herramientas de comunicación interna de la empresa, dada la multilocalización de la empersa, que, ya digo, pueden suponer importantes ventajas a una empresa.
  6. Sectores de un ámbito más público: como sanidad, administraciones públicos, servicios sociales, educación, etc. Son sectores donde ha habido poca entrada de herramientas digitales, y donde menos emprendimiento digital se ha producido. Por lo tanto, se entiende, un sector donde más oportunidades pueden existir ahora mismo.

Un último e interesante dato lo da la relación entre el grado de digitalización que tiene un sector y los salarios en los mismos. La relación es directa e importante: a más digitalización, mejores salarios. En EEUU, se calcula que si la media de incremento salarial entre 1997 y 2014 ha sido del 2,4%, en sectores con alto grado de digitalización, el crecimiento salarial ha estado entre el 4 y 5%, por encima de la media. Esa diferencia, parece la explica la competitividad y productividad alcanzada, y por lo tanto, el mejor desempeño en esos sectores.

Fuente: Wall Street Journal
Fuente: Wall Street Journal

Como ven, no en todos los sectores tenemos las mismas oportunidades. La digitalización de las cadenas de valor, está desintermediando muchas de ellas, para volver a intermediarlas, y generar nuevas oportunidades. La clave estará en saber aprovechar éstas, detectando antes que el resto las oportunidades. ¿A qué esperas?

 

El “modelo de publicidad de Google”, la atención y algoritmos

Instagram, está de cambio. Al parecer, está trabajando en un algoritmo de personalización que permitirá que veamos resultados que más “nos interesan”. Un movimiento que sucede a los que ya hicieron en su día Facebook o Twitter -ahí nació el hashtag #RIPTwitter-, con sus algoritmos de personalización de resultados a los deseos y gustos del “consumidor” (nosotros, los usuarios). Es decir, huyendo de la ordenación cronológica, lo que buscan es que veamos aquello que entienden más nos gusta.

Un modelo de ordenación que, entiendo, podemos decir se inspira en Google. Cuando nació el buscador, intentó entender bien lo que la gente quería buscar. Y con ello, dado su éxito en el uso, comenzaron a evolucionar el espacio de resultados hasta convertirlo en un bien escaso. Nacen a la par dos “industrias”:

  • SEO: el concepto “optimizar” describe la idea de saber qué parámetros considera Google importantes para una búsqueda determinada.
  • SEM: resumiendo mucho lo resumible, pagarle a Google para que te ponga preferentemente en los resultados que devuelve el propio buscador.

Que otras plataformas sociales estén convergiendo a este “modelo de publicidad de Google“, a mí, querido lector, me preocupa. Como suelo decir, las redes sociales no se usan, sino que se construyen. Si algo no me gusta, dejo de seguirlo y ya está. Si yo usase un producto “marca blanca” con estas redes sociales, entendería estas personalizaciones. Pero, no es así. En redes sociales, donde además de agrupar a usuarios, puedo tomar decisiones sobre lo que me gusta y no me gusta (sigo o no sigo), ¿por qué va un algoritmo a hacerlo por mí?

La respuesta, me parece es bastante clara: dinero y modelos de negocio. Como ya he comentado con anterioridad, estas “redes sociales comerciales” que usamos son canales de TV. Es decir, necesitan generar datos de audiencia para que luego puedan vender mejores espacios de impacto a los anunciantes. Para ello, que un usuario vea lo “más relevante“, resulta crítico. Y por ello, son movimientos tendentes a generar “escasez“. Es decir, aparecer ahí como algo “relevante”, pudiera llegar a ser algo escaso, por lo que ya la gente estaría dispuesto a pagar. Por esto mismo, el SEO y el SEM de Google, llevan años literalmente montados en el dólar.

La lógica parece sencilla e incluso poco “debatible”: con más de 400 millones de usuarios, y a sabiendas que el 70% de las entradas no son vistas por sus usuarios, Instagram busca introducir “relevancia” y “escasez”: cuanto más tiempo quieran estar en su red los usuarios (porque ahora tendrán un incentivo mayor para estar), más valor tendrá ese espacio para los anunciantes.

Pero esta es la guerra de la atención. En un mundo en el que cada hay más dispositivos electrónicos para el consumo de medios y contenidos digitales, cada vez más oferta de contenidos y plataformas, la cuestión es “estar ahí“, y llamar la atención del que busca. La escasez es la atención, y de ahí que el clickbait sea una industria en sí misma (técnicas para llamar la atención con un titular sensacionalista, que busca generar tráfico con clicks):

Fuente: http://www.thedailybeast.com/articles/2014/07/14/saving-us-from-ourselves-the-anti-clickbait-movement.html
Fuente: http://www.thedailybeast.com/articles/2014/07/14/saving-us-from-ourselves-the-anti-clickbait-movement.html

Estas “redes sociales comerciales” buscan todo tipo de técnicas para atraer más a los usuarios y buscar un mayor consumo de tiempo y contenidos. Eso, engrasará bien con su Cuenta de Resultados, y claro, su valor de mercado. Y es que esto no va de usuarios, ni únicos, ni nada parecido: va de tiempo empleado, tasas de retorno y “engagement” del usuario. Cuando hablas con una empresa, con un medio de comunicación, con un bloggero, suelen exponer su éxito con “usuarios” o “páginas vistas”. Pero eso dista mucho de ser una métrica buena y precisa. Pero tenemos algunas mejores, que ahora mismo no estamos empleando.

La atención y algoritmos, así, cobran un papel tan relevante, que serán estos últimos los que determinen para nosotros cuestione tan fundamentales y humanas como “qué nos interesa”. Ya he hablado del libro “The Black Box Society” con anterioridad. Y alerta precisamente de esto mismo. Como todavía no lo he terminado, hablaré de él próximamente.

Por todo esto, y resumiendo la idea principal, creo que la industria de la publicidad digital, como ya hablaba recientemente, va a cambiar. Creo que pasaremos a un modelo como el de la TV:

  • Un segmento de “publicidad premium”, que querrán pagar por esa atención y contenidos de calidad. Como la TV de cable. Un mercado publicitario no invasivo, adaptado al usuario y donde los adblockers no serán preocupación del usuario.
  • Un segmento de “publicidad low cost”, que querrán seguir pagando, como hasta la fecha, por clicks y tráfico, como medida más sencilla del concepto de “interés por comprar o consultar algo“. Un “modelo de publicidad Google“, donde los adblockers serán la norma.

Como ven, y volviendo a insistir en ideas previas, la era digital no ha hecho más que comenzar. Todavía seguimos analizando su evolución y especulando sobre su futuro. Esto no va de cantidad, va de calidad. Y para que mi espacio de impacto publicitario tenga un valor por el que la gente (anunciantes básicamente) quieran pagar, necesito generar esa sensación de escasez. Es algo que los periódicos todavía no terminan de dar con la tecla para ver cómo sacarle monetización, pero que, creo y espero, pronto lo hagan. La atención y algoritmos, nos lo dirán.

Por cierto, ¿podrá Google llegar a tener problemas algún día? 🙂

 

Sobre las colas y la era digital

El otro día leía en este artículo de The Economist, que los Italianos se pasan de media 400 horas en colas. Esto, expresado en  euros, equivale a un total de 40.000 millones de euros perdidos por las colas. Es más, hablaba el artículo de cómo los Italianos más acaudalados, conscientes de la pérdida de tiempo, durante décadas han contratado a personas para que hicieran colas por ellos en situaciones que por España también nos son familiares: el pago de facturas en persona, trámites administrativos, etc.

Más allá de lo descorazonador que es ser consciente de esta realidad, el artículo exponía cómo un emprendedor había puesto en marcha un proyecto para el reconocimiento legal de esta dedicación, al parecer tan popular en Italia. Lo que busca este emprendedor (Giovanni Cafaro) es estandarizar las condiciones contractuales, especialmente en términos de salario mínimo (10 € a la hora brutos) y acceso al seguro de accidentes público. El señor Cafaro, montando una especie de franquicia, ofrece un curso de cinco horas sobre Skype parar formar en los tediosos requisitos de las administraciones Italianas en lo que se refiere a la gestión documental, firmas, etc.

Esta historia, más allá de su fondo, me hace reflexionar a nivel de forma. Que en pleno Siglo XXI, con la cantidad de opciones que la digitalización ofrece en términos de eficiencia, un emprendedor piense en este proyecto y le esté yendo bien, es muy ilustrativo del camino que queda por recorrer. La transformación digital de la sociedad y todo lo que a ella lo conforma (espacios empresariales, personales, gubernamentales, etc.), está en plena época neanderthal. Está todo por hacer.

Las colas siempre han sido una de mis obsesiones. Quizás por mi formación como ingeniero industrial, donde la productividad y la reducción de ineficiencias, está en el ADN de todo proyecto que emprendemos. Por eso abrazamos la era digital con mucho cariño, porque nos traía la reducción de pérdidas en espacios con poco valor añadido (esperar parado) y nos permitía centrarnos en actividades de más valor añadido. También, quizás, porque en la carrera un profesor nos contó (hablando de los modelos de preciosas derivadas para optimizar colas) que nos pasamos 6 años de media en colas durante nuestra vida.

En un artículo anterior hablé de la transformación digital de Starbucks. Entre los puntos de su proceso de transformación, destacaba dos de ellos:

Digitalizó todos los procesos de la empresa, tanto los externos hacia el cliente, como los internos en aras de lograr una mayor productividad.
Permite los pagos móviles en sus establecimientos (procesa 3 millones de pagos móviles a la semana en todo el mundo). Square, Passbook de Apple, etc. Es decir, comodidad para el cliente y eficiencia.

Esto sí es una digitalización para centrarse en valor añadido. Si mi propuesta de valor es una experiencia de consumo de café en entornos agradables, hago que la experiencia del consumidor sea así desde que simplemente piensa en tomarse un café. Todo el proceso (esperar la cola para ser atendido, ser atendido, esperar la entrega del café, post-servicio, etc.), se digitaliza u ofrece contenidos digitales, para que el consumidor disfrute solo de la propuesta de valor. Y, así, evitamos que se pueda asociar esta propuesta de valor también con largos tiempos de espera.

Me acordaba también al ver esa noticia del emprendedor Italiana del restaurante de comida rápida Maple. Un modelo que me tiene ciertamente intrigado y expectante. De nuevo, vayamos a analizar su propuesta de valor: comida rápido. Fijaros lo que dice la noticia que enlazaba:

[…] sometimes there’s a long wait for food that shows up cold, and sometimes I get stuck in a rut, wanting to try something different but unwilling to gamble on a new restaurant or weird-sounding dish.

Dado que me voy a centrar en comida rápido como mi valor, lo que quiero es que sea eso: “rápida”. Mis consumidores, a menos que la comida sea realmente mala, lo que quiere es que esté medianamente buena, pero, sobre todo, que sea entregada rápidamente. Por ello, Maple, ha digitalizado muchos de sus procesos: básicamente el consumidor interactúa con una aplicación móvil (app). El pedido lo hago ahí (cero colas) y disfruto de la comida desde mi casa (sin tener que estar sitios abarrotados donde a veces tengo que esperar a sentarme por lo lleno que está). La digitalización, aumentando la experiencia del consumidor para alinearlo con mi propuesta de valor.

Aplicación móvil de la cadena de fast food Maple (Fuente: http://smallbiztrends.com/wp-content/uploads/2015/05/maple.jpg)
Aplicación móvil de la cadena de fast food Maple (Fuente: http://smallbiztrends.com/wp-content/uploads/2015/05/maple.jpg)

Una empresa, Maple, donde además, el Big Data está muy presente. Un algoritmo de aprendizaje autónomo que va detectando patrones de consumo para abastecer la cocina de tal manera que la producción sea súper eficiente, y sean capaces de producir lo que previsiblemente va a ser más demandado en una hora determinada por los consumidores tipos determinados. Todo ello gracias a que, no hay colas, todo queda registrado digitalmente, y que no depende de que nadie introduzca los datos: un software hace todo eso por mí. Desplazamos el nulo valor añadido de hacer cola al valor añadido de hacer software para un mundo eficiente que maximiza la experiencia del consumidor. Todo esto, ha provocado que Maple sea capaz de entregar más comidas a la hora que McDonalds o Chipotle, los más productivos hasta la fecha.

Visto el caso Starbucks y el de Maple, uno puede preguntarse. ¿Y cuál es entonces la propuesta de valor de las administraciones que hacen esperar en Italia y en otros países tanto tiempo? Inquietante pregunta. Ya me dirán si tienen respuesta.

Los medios digitales no han cambiado costumbres

Hoy, seguramente, cogerá el metro o el autobús, o estará esperando en algunos sitios, y presenciará una imagen como la siguiente:

Usuarios leyendo y disfrutando de su dispositivo móvil (Fuente: https://s.yimg.com/bt/api/res/1.2/ic7kQiX8T.4fLvQD05CT4Q--/YXBwaWQ9eW5ld3NfbGVnbztoPTQ0NTtpbD1wbGFuZTtxPTc1O3c9NjMw/http://media.zenfs.com/es_ES/News/efe.com.es/11527327w.jpg)
Usuarios leyendo y disfrutando de su dispositivo móvil (Fuente: https://s.yimg.com/bt/api/res/1.2/ic7kQiX8T.4fLvQD05CT4Q–/YXBwaWQ9eW5ld3NfbGVnbztoPTQ0NTtpbD1wbGFuZTtxPTc1O3c9NjMw/http://media.zenfs.com/es_ES/News/efe.com.es/11527327w.jpg)

Leo en muchos lugares que la tecnología nos está volviendo antisociales. Que es imposible encontrar en un autobús o en el tren, alguien sin el teléfono móvil en la mano leyendo o pensando. Lo que ocurre con este tipo de visiones es que estamos confundiendo medio con costumbres. Las tecnologías digitales simplemente han cambiado los medios con los que seguimos haciendo los humanos lo que nos gusta y practicamos (llamémosle costumbres).

¿O es que antes nadie leía en los autobuses y trenes? Esta fotografía ya va cogiendo ritmo de mito:

Fuente: https://enlenguapropia.wordpress.com/2015/06/30/extranos-en-un-tren-pero-leyendo-el-periodico/
Fuente: https://enlenguapropia.wordpress.com/2015/06/30/extranos-en-un-tren-pero-leyendo-el-periodico/

Creo que la fotografía habla por sí sola. Los smartphones, sí, aíslan a las personas en los espacios públicos de conversaciones sociales, interacciones, etc. Pero también la lectura de los periódicos aislaba a la gente antes de Internet. No veo a ninguno de los viajeros cruzando palabra alguna.

Como ya comenté cuando hablé de transformación digital, realmente estamos cambiando la forma de hacerlo mismo. Las tecnologías digitales, sí que es cierto que han acelerado mucho el cambio. Ahora nos comunicamos muchos más rápido, lo hacemos a audiencias mucho mayores y con una eficiencia nunca vista antes. Nuestro smart phone nos permite acceder a una cantidad de contenidos muy importante. Las empresas tienen más posibilidades, y también más competencia. Pero, en el fondo, siguen comprando y vendiendo, lo que pasa que ahora con el apoyo de otros medios.

Lo que sí es diferente entre una tecnología digital y otra no digital como un periódico en papel es en el estilo de practicar una costumbre. El usuario del dispositivo móvil inteligente, además, puede emplearlo para múltiples usos: envío de mensajes, navegar por Internet, buscar información, construir y comunicarse en redes sociales, jugar, tomar fotografías, escuchar música, etc. Compárenlo con la era en la que tus alternativas eran o bien mirar por la ventana (algo que yo sigo haciendo como fuente de imaginación y memorias), o bien leer un libro o periódico.

Por lo tanto, lo que sí ocurre y es diferente, es que ahora la oferta es tan amplia, que se diversifica el foco, y nuestra capacidad y ratio de atención es mucho más bajo. Esto sí que cambia muchas cuestiones. Por ejemplo, la publicidad  y el marketing, así como los estímulos de que pueden ser efectivos para iniciar procesos de compra. También la superficialidad con la que leemos muchas noticias hace que los gustos por el consumo de contenidos ahora sean diferentes. La gente lee mucho y muy por encima. Y encima, quiere interaccionar con los contenidos y comunicarse, dejando su opinión acerca de todo lo que va leyendo. Por eso, la transformación digital de un medio de comunicación no es una cuestión tan sencilla, tal y como ilustraba el otro día en esta carta abierta el director de El País.

Otra de las cuestiones que sí que ha alterado esta era digital de consumo de contenidos es la heterogeneidad de las fuentes que leemos. Independientemente que no fuerna conversando, cuando en la era pre-digital las personas iban leyendo el periódico, y aunque éstos fueran de una línea editorial diferente, estaban ciertamente alineados. De hecho, los periódicos, tuvieron este objetivo cuando consiguieron abaratarse gracias a la introducción de la publicidad. En una era en la que se observaba una cada vez mayor individualidad del ciudadano, los periódicos cumplían esa misión de informar sobre las cuestiones de interés general que de una manera más o menos directa les pudieran afectar. Tal era así, que se decía que en el fondo, los viajeros de autobús o tren mantenían conversaciones silenciosas. Y tenían sentido también los clubes de debate y de lectura, porque los temas en el fondo no eran muy dispares.

Alexis de Tocqueville, cuando regresó a Francia de EEUU, ya observó este fenómeno, destacando la importancia del periódico. Una observación que a mí me sigue pareciendo igual de interesante reflexionarla:

“A medida que las personas se hacen más iguales y más temible el individualismo [..]. Es un consejero que no hay que buscar, sino que se presenta voluntariamente y nos habla cada día y con brevedad del asunto en común, sin apartarnos ni distraernos de los propios”.

Hoy sin embargo, el 60% de los millenials lee las noticias en Facebook. Una caja negra que selecciona las noticias por nosotros. Noticias que os envuelven para que sigáis luego mirando fotos, comentando, reaccionando a mensajes de las marcas, etc. Facebook supera ya a la televisión y otros medios tradicionales. Linkedin y Google no siguen estrategias muy diferentes a éstas. Por lo tanto, la heterogeneidad de los puntos de vista es tan alta, que es difícil en ocasiones construir hilos argumentales comunes y unir conversaciones. El consumo de contenidos y las preferencias culturales se ha globalizado.

Esta falta de foco de atención y nuestra dispersión no solo se produce cuando vamos sentados. En EEUU, son varias ya las ciudades que han intentado legislar para que los ciudadanos vayan un poco más centrados por las calles y no provoquen problemas de seguridad. Los intentos han sido todos infructuosos hasta la fecha. Sin embargo, en Chongqing, China, han optado por otra solución. Habilitar vías especialmente dedicadas para que el ciudadano vaya caminando con libertad mientras lee, escribe o va jugando al Candy Crush.

Vía en Chongqing, China, para ir leyendo o escribiendo sobre el smart phone (Fuente: https://i.guim.co.uk/img/static/sys-images/Guardian/Pix/pictures/2014/9/15/1410787901624/85296c07-cb3e-4ed7-9119-fb19f2d04b1b-bestSizeAvailable.jpeg?w=620&q=55&auto=format&usm=12&fit=max&s=904c9e75da40b704373832965b967296)
Vía en Chongqing, China, para ir leyendo o escribiendo sobre el smart phone (Fuente: https://i.guim.co.uk/img/static/sys-images/Guardian/Pix/pictures/2014/9/15/1410787901624/85296c07-cb3e-4ed7-9119-fb19f2d04b1b-bestSizeAvailable.jpeg?w=620&q=55&auto=format&usm=12&fit=max&s=904c9e75da40b704373832965b967296)

En definitiva, y como decía al comienzo, los medios digitales no han cambiado costumbres. Han alterado los mecanismos de acceso a contenidos, y han acelerado su consumo. Además, han reducido la atención y dispersado nuestro foco de interés. La publicidad, así, de los medios tradicionales, se verá afectada. Nuestra capacidad de conversación pública, también. La propia tecnología y arquitectura de estas tecnologías digitales hacen que sea complicado.

Lectio Brevis Deusto Ingeniería 2016: “El poder de los datos: hacia una sociedad inteligente, pero ética”

La economía colaborativa y la captura y oferta de valor: modelo de negocio y contabilidad

(continuación del primer artículo, donde introducíamos la economía colaborativa)

Estamos asistiendo en la actualidad al auge de empresas digitales que, con unas reglas con ciertas diferencias en materia fiscal, laboral y regulatoria, dan respuesta a los nuevos hábitos de compra que tienen las nuevas generaciones de consunidores. Y es que las TIC en general han acelerado muchos comportamientos y actitudes, destacando entre ellos la economía colaborativa, como hablábamos en el artículo anterior.

Según PWC, para 2025, se espera disponer de un mercado de economía colaborativa de 335.000 millones de dólares (frente a los 26.000 que dispone en la actualidad). Un estudio de la consultora Nielsen sobre economía colaborativa, afirmaba que España es el 5º país de la Unión Europea con más potencial de crecimiento en esta materia. 5.000 plataformas activas y de un 53% de ciudadanos en España dispuestos a alquilar o compartir sus bienes. Un nuevo reto sociológico y de consumo que se ha de aprovechar. Los próximos 19, 20 y 21 de Noviembre se celebra en Barcelona el OuiShare Fest 2015, con el lema “La transformación colaborativa“, prueba del interés e importancia que está adquiriendo en España.

Y en esta evolución, veremos participar no solo a los sectores de alquiler tradicionales como en la actualidad (libros, habitaciones para dormir, vehículos para moverse, etc.), sino también modelos más disruptivos como las horas de trabajo, préstamos entre particulares, etc. La figura que abajo mostramos habla de todo ello.

La evolución de la economía colaborativa (Fuente: http://www.pwc.co.uk/)
La evolución de la economía colaborativa (Fuente: http://www.pwc.co.uk/)

Y es que AirBnB y Über son solo la punta de lanza de un sector mucho más amplio y de mucho más recorrido. Y es que la economía colaborativa crea un nuevo modelo de consumo, abriendo la puerta a explotar recursos propios (como hablamos en el artículo anterior), por lo que también abre la puerta a nuevos modelos de negocio. Y esto es precisamente lo que queremos tratar en este artículo.

Por resumir mucho lo resumible, la era digital lo que ha traído es un nuevo modelo de intermediación en las cadenas de valor que permite organizar de manera eficiente el intercambio de productos y servicios. Pero, lo hace de manera acelerada y optimizada; mayor audiencia, gestión eficiente de la logística (cobros y pagos incluidos), mayor confianza entre usuarios ante la posibilidad de evaluar los servicios y productos adquiridos, economías de escala, etc. Esto, en lo que a la economía colaborativa se refiere, genera dos principales modelos de “hacer negocio” a través de las plataformas digitales:

  • Plataformas que intermedian en el préstamo o intercambio entre particulares: estas plataformas, las podríamos clasificar en tres grandes grupos:
    • De producto a servicio (la servitización de la economía): lo que han hecho AirBnB o Über; de poseer habitaciones de hotel o taxis, a ofrecer un servicio de alojamiento o transporte con mi casa o vehículo personal.
    • Redistribución de bienes y servicios: lo que trajo hace ya muchos años eBay; un gran mercado donde cualquiera puede ser tanto comprador como vendedor. La democratización de los centros comerciales.
    • Intercambio de bienes y servicios sin intereses comerciales: los bancos de tiempo o plataformas como CouchSurfing que tanto gustan a las nuevas generaciones (que hace que sea difícil generarles valor como para que paguen).
  • Usuarios que se agrupan para lograr un objetivo común: grupos de consumidores que se juntan para conseguir un determinado producto o servicio a un precio más bajo. Aquí se incluyen desde plataformas de crowdfunding como Kickstarter a webs de compras colectivas como Groupon.

Con estas opciones en la mano, y con la cantidad de sectores que quedan todavía por someterse a la economía colaborativa, pueden ustedes imaginarse que las posibilidades son bastanta grandes. ¿Y por qué del éxito de estas plataformas digitales? Bueno, básicamente porque su operación en red genera un valor y una cantidad de externalidades que todavía no somos capaces de prever/entender. Es decir, son modelos tan extensibles y versátiles, que los inversores no paran de hacer hipótesis lo que podría llegar a hacerse con los cientos de millones de usuarios de Facebook, de Über o de Netflix. La posibilidad de tener esa gran red da un valor inimaginable.

Por lo tanto, estamos ante compañías como Amazon, Twitter o LinkedIn valen en bolsa mucho más que lo que dicen sus cuentas de resultados o sus balances. Una nueva realidad de valor de empresas que no tienen activos.

En términos de creación de valor (medido a través del multiplicador PER –Precio-To-Revenue ratio o veces que la cotización bursátil recoge el beneficio de la compañía-), son estas plataformas las mejor posicionadas. Y citábamos a Jeremy Rifkin y su The Zero Marginal Cost Society para entender que esta era digital ha alterado sustantivamente la estructura de costes y los modelos de negocio/creación de valor. Presento dos gráficas para exponer esto:

Rendimiento sobresaliente de las plataformas de intermediación en red de Internet (Fuente: https://hbr.org/resources/images/article_assets/2014/11/revenueandprofit1.png)
Rendimiento sobresaliente de las plataformas de intermediación en red de Internet (Fuente: https://hbr.org/resources/images/article_assets/2014/11/revenueandprofit1.png)

Esta falta de relación entre la contabilidad tradicional y el valor en bolsa está haciendo que no seamos pocos los que estemos reclamando cambios en los sistemas de contabilidad. La contabilidad no mide aun el valor de los activos digitales, de redes que “no se poseen” (en términos de propiedad en contabilidad) o de la capacidad de influencia y relación que tiene una plataforma digital (que, por cierto, muchas empresas ni siquiera son capaces de cuantitivizar, ignorando así la “economía de la influencia” de la que ya hablaremos en otro momento). Por lo tanto, nos faltan reglas para medir todos estos intangibles. Seguimos anclados en una lógica de lo concreto y tangible.

Sin embargo, incluso las propias organizaciones están cambiando. En el Siglo XX se planificaba a largo plazo con estructuras rígidas y poco ágiles. Esto hacía que para rentabilizar esta estructura y constitución, se debiera capturar todo el valor posible. Esta lógica quizás les sea familiar a muchos; dado que las empresas de hoy en día siguen siendo gestionadas y dirigidas por esta lógica. A los que somos “muy digitales” nos sorprende a veces que se nos argumenten decisiones desde esta óptica. Y es que conceibimos este Siglo XXI, de alta incertidumbre, como una “beta permanente”. Se prueban constantemente productos/servicios nuevos, y el camino bueno dependerá siempre de las respuestas que tus clientes aportan a tus nuevos proyectos. Por lo tanto, la capacidad de reacción, de agilidad, de prueba y fallo, es fundamental. Las empresas (sobre todo las digitales), no necesitan capturar todo su valor para subsistir; y es que tienen tantos efectos de red, que liberan parte de su valor sobre la red que operan, y no les importa. Fíjense en la diferencia. Y esto, a nivel contable debiera reflejarse. Sino, pasará como ahora, que su valor en bolsa es sustantivamente superior a lo que reflejan sus libros de contabilidad.

Dos reflexiones finales. En primer lugar, la legal. La economía colaborativa está generando debate porque cuestiona los modelos económicos establecidos. Como decíamos al comienzo, está claro que estas plataformas digitales tienen unas armas fiscales y regulatorias diferentes, lo que provoca que los lobbies tradicionales se sientan amenazados (ya sea el del taxi, el hotelero o cualquier otro). Aquí veremos mucho recorrido y muchos cambios. En segundo lugar, sectores que todavía son poco “colaborativos”. El financiero, por ejemplo. Funding Circle (préstamos entre particulares) me parece una iniciativa que marcará camino. Pero la relación laboral entre empresas y trabajadores también sufrirá cambios. De esto hablaremos en el siguiente artículo.

En definitiva, la economía colaborativa; un nuevo paradigma de relación comercial que cambia tanto los  modelos de negocio como la contabilidad y el reflejo de valor. Deberemos adaptar muchos elementos de medición y expresión de valor para reflejar bien esta era digital. De lo contrario, seguiremos sin claridad.