Crecimiento de la población y tipo de empleo: era de cambios

Observen la siguiente imagen:

Crecimiento población y empleo durante las últimas décadas (Fuente: http://www.slideshare.net/kleinerperkins/internet-trends-v1/98-98Since_2000_Population_Grew_24x)
Crecimiento población y empleo durante las últimas décadas (Fuente: http://www.slideshare.net/kleinerperkins/internet-trends-v1/98-98Since_2000_Population_Grew_24x)

Según un informe de Kleiner, Perkins, Caufer & Bauer de 2015, en Estados Unidos, de 1948 a 2000, antes de la irrupción de la era digital a escala mundial, el empleo creció a una media de 2.1% anual frente a un crecimiento de la población del 1.3%. Desde que comenzó este nuevo siglo, que lo podemos describir por la aparición de las .com y todos los servicios digitales anexos, estos porcentajes cogen un nuevo ritmo: el porcentaje de empleos ahora “solo” crece al 0.4% y la población al 0.9%. Es decir, la población ha crecido 2,4 veces más rápido que los empleos.

Este dato y muchos otros los podéis encontrar en este interesantísimo informe sobre las tendencias de Internet en el 2015. Habla sobre muchos de los impactos de esta era digital, entre los que se encuentra el empleo, como decíamos:

Hace unas semanas, hablaba sobre las “Nuevas evidencias sobre la (supuesta) destrucción del trabajo de los robots“. En ese artículo, decía esto:

[…] “los robots” no están destruyendo trabajo […] las empresas que emplean robots, han creado más empleo neto del que se ha perdido por el cambio tecnológico. Y, este otro estudio empírico, hecho por el Fraunhofer ISI para la Comisión Europea (preocupada por todo esto siempre), expone cómo las empresas que han obtenido un aumento de productividad por la automatización (los robots), incrementaban el empleo incluso con lo ganado. Es decir, que no se sustituía capital humano por capital “robótico”, como muchos pensaban (pensaba yo también).

¿Dónde está el empleo entonces? Mejor preguntado, ¿por qué está creciendo más la población que el empleo? Es una buena pregunta. Quizás es que el boom demográfico esté produciendo un crecimiento “demasiado” grande de la población frente al aumento de las oportunidades de trabajo. En EEUU, parece bastante estable desde hace unas décadas. Quizás entonces, es que el tipo de empleo sea otro. Y esta gráfica nos tiene que dar una pista de todo ello:

Crecimiento de trabajos no-rutinarios y cognitivos (Fuente: http://www.slideshare.net/kleinerperkins/internet-trends-v1/99-99HighSkilled_KnowledgeBased_Jobs_Grew_2x)
Crecimiento de trabajos no-rutinarios y cognitivos (Fuente: http://www.slideshare.net/kleinerperkins/internet-trends-v1/99-99HighSkilled_KnowledgeBased_Jobs_Grew_2x)

Desde el año 1983, el aumento de la demanda por parte de las empresas de trabajadores para desarrollar trabajos y habilidades no-rutinarias y cognitivas, ha crecido enormemente (¿se acuerdan de esta clasificación de Levy y Murnane?). Son perfiles a los que se les exige resolución de problemas, creatividad, flexibilidad, etc. Un nuevo perfil, frente a unas rutinas que anteriormente estaban muy establecidas. La necesidad por el resto de tipos de trabajo se mantiene bastante estable. Por lo tanto, dos son las hipótesis que nos pudiéramos plantear, de entre el conjunto de las más probables:

(1) La población actual no satisface todas las necesidades por ese tipo de trabajos no-rutinarios y cognitivos.

(2) El tipo de trabajo que se crea para esta nueva economía digital no es de la misma naturaleza que el anterior, encubriendo actividad.

Respecto a (1), es un tema que hemos tratado recurrentemente en este blog. Pudiera ser que haya una parte importante de esto. Que no estemos orientando bien las necesidades actuales por la formación de nuestros jóvenes. Seguramente, la preocupación creciente de muchas sociedades por profesionales STEM (Science, Technology, Engineering and Maths), tenga mucha relación con esto. Nuestros jóvenes, prefieren estudiar otras cosas. Y como hemos dicho muchas veces, el objetivo de la universidad no es llenar las empresas de sus necesidades, por lo que no es cuestión de abroncar a las universidades en su responsabilidad por ello. Es quizás, una transformación de raíz respecto a las vocaciones de nuestros jóvenes.

Y, en relación al punto (2), quizás haya factores que nos resulten familiares. Cuando hablé de las supuestas plataformas de economía colaborativa, una de las cosas que más señalé es que había mucho trabajo que estaba siendo “generado” de una naturaleza ciertamente pecular. Es lo que muchos llaman el falso autoempleo de los “mercados de plataforma”. Cuando leo titulares y noticias alrededor del valor bursátil de Über o AirBnB sin tener empleados ni activos, me acuerdo mucho de esto. Este S“tipo de empleos”, ¿a qué estadísticas van? ¿son eminentemente autónomos sin mayor formalidad? ¿están las relaciones laborales cambiando tan rápido que no somos capaces de dar una respuesta social a esa situación? Entiendo, que en poco tiempo, veremos un movimiento de este tipo de trabajos hacia o bien, su asentamiento con carácter ordinario, o bien hacia el enfado por las condiciones. Y, las empresas, no pueden mirar hacia a otro lado si quieren seguir manteniendo su valor.

Con todo esto, creo que nuestros representantes políticos debieran empezar a vislumbrar estas tendencias macroeconómicas asociadas a la “nueva economía”. Sea la respuesta la hipótesis (1) o la (2) (o cualquier otra que no sea yo ahora capaz de ofrecer), las empresas que están sacando muchísimo partido de este gran valor que genera la era digital, debieran ser en parte responsables de la calidad del empleo. Por un tema de responsabilidad, no más. Lo que no puede ser es que además de estar evadiendo varias de ellas el pago de impuestos a escala planetaria, alteren tanto los modelos de relación laboral, como para provocar que haya, posiblemente, falsos empleos en muchos de los casos.

Por cierto, jóvenes, ¿conocéis estas tendencias?

Uber pierde 1.200 millones de dólares: ¿estrategia o problema?

Hace unos días nos enterábamos que Uber ha perdido en la primera mitad de 2016 un total de 1.270 millones de dólares. Para muchos, un auténtico problema de sostenibilidad. Para otros, quizás parte de su estrategia. Por ello, quizás sea bueno repasar un poco por qué hablamos en clave estratégica cuando estamos hablando de unas pérdidas astronómicas.

Más allá de los detalles de la noticia y los “por qué” del hecho en sí (básicamente, las “subvenciones” que dan a sus conductores para incentivar su adopción; inversiones en China de 1.000 millones de dólares, para ahora salirse de ahí; y la dura competición con otras plataformas como Lyft), la pregunta que se ha hecho mucha gente estos días es si una empresa puede permitirse estas pérdidas en tan poco tiempo. Es cierto que es una empresa que sigue creciendo en ventas (ha pasado de unos ingresos por reservas de 3.800 a 5.000 millones de dólares) y margen creció un 18% (de 960 a 1.100 millones de dólares). Pero que su estrategia por llegar a una escala realmente grande, le está haciendo entrar en las pérdidas mencionadas.

Hasta la fecha, en los siete años de vida que tiene, estamos hablando de unas pérdidas totales de 4.000 millones de dólares. Amazon, conocida por haber estado en situaciones parecidas durante mucho tiempo, crecía en valor mientras no dejaba de acumular pérdidas. Al no ser Uber una empresa pública (vamos, que no está en bolsa), es difícil saber si estamos ante un caso parecido. Además, Amazon, el año (no medio año) que más perdió fueron 1.400 millones de dólares. Uber batirá esa cifra. Y aún así, está valorada en 69.000 millones de dólares, una cifra realmente astronómica.

Quizás la tendencia pueda empezar a cambiar. Hay signos para creer en ello. El abandono del agujero que le estaba provocando China, ha provocado que a cambio de salir del mercado, su ex-competidor allí, Didi Chuxing, le invierta 1.000 millones de dólares y le dé un 17,5% de la compañía resultante (acuérdense de lo que le pasó a Yahoo con una inversión parecida en su día en Alibaba). Uber ha perdido casi 2.000 millones en su aventura China en los dos últimos años. Salir de ahí le puede hacer mejorar.

Dicho todo lo anterior, la pregunta que uno se podría hacer es: ¿y cómo sigue Uber vivo con esas pérdidas? Esta era tecnología que tanto valor y transformación económica parece traer, permite este tipo de situaciones. Entre inversiones de capital y deuda, ha captado ya más de 16.000 millones de dólares. Así, esta financiación, es la que permite que las pérdidas no se coman la caja. De hecho, parece que tiene en caja sobre unos 8.000 millones de dólares, que le permiten trabajar en esta estrategia a largo plazo en todo momento.

Pero, como decíamos al comienzo, esto, además de una lectura financiera, requiere de una lectura estratégica también. A Amazon esta estrategia largoplacista parece que no le ha ido nada mal. ¿Será Uber el mismo caso? La salida de China parece que permitirá que se focalice mejor. Quiere mantener su importante cuota de mercado en USA, donde tiene una guerra abierta con Lyft interesante. Se cree que Uber tiene sobre un 85% del mercado allí, aunque Lyft crece mucho en las principales ciudades (donde más escala y rentabilidad se puede alcanzar).

Comparación entre las alternativas de transporte en ciudades en EEUU
Comparación entre las alternativas de transporte en ciudades en EEUU (Fuente: http://www.taxifarefinder.com/newsroom/wp-content/uploads/2015/08/UbervLyftvTaxi-Infographic-01.png)

Por lo que no parece que vaya a ser un problema a corto plazo. Más bien, la pregunta tiene que ser si a largo plazo puede alcanzar la rentabilidad. El punto crítico será la escala. Si es capaz de llegar a tantos sitios, antes que el resto, y luego empezar a rentabilizar esos mercados. Vamos, lo mismo que ha hecho Amazon, que por eso no paro de hacer comparaciones entre ambos.

No olvidemos, que además de este objetivo a largo plazo, el otro gran reto que tiene Uber son sus largas batallas legales. La escala, hará que todavía se reproduzcan más. Esto es algo que a Amazon no le pasó. Por lo tanto, su apuesta parece más arriesgada aún. Que quite competencia sin parar puede ser una apuesta financieramente buena, pero a efectos legales, hará que tenga que pelear muchas de esas grandes disputas solo. Para los organismos de control de la competencia, un tema que seguro les genera mucho trabajo. Y la amenaza de nuevos sustitutos (¿no íbamos hacia una era de vehículos autónomos?), también está ahí.

A pesar de todo ello, seguirán invirtiendo fuerte en marketing, como han hecho hasta la fecha. La escala es lo que hará que dentro de unos años podamos volver a enlazar este artículo para decir si finalmente le salío bien o mal la jugada.

Esta era tecnológica tiene estas cosas. Puedes perder una cantidad descomunal de dinero (la más grande de una empresa tecnológica en la historia), pero que todavía estemos hablando de rentabilidad a largo plazo. Máxime, en un mercado con tan pocas barreras de entrada como en el que trabaja Uber. Por cierto, ¿dónde quedó eso de la economía colaborativa? Acuérdense.

Podemos, Über y su (supuesta) socialdemocracia

Ayer, Pablo Echenique, Secretario de Organización de Podemos, colgó en Facebook esta noticia que llamó mi atención de inmediato:

Podemos quiere prohibir Über (Fuente: Facebook de Pablo Echenique)
Podemos quiere prohibir Über (Fuente: Facebook de Pablo Echenique)

La noticia de Expansión la podéis encontrar aquí. Y en ella, podréis encontrar varias cuestiones:

[…] Prohibir que Uber opere en España por “poner en riesgo a un sector laboral como el del taxi y atentar contra el sistema fiscal”

[…] El Tratado Transatlántico de Libre Comercio es una amenaza que ya tiene su primer caballo de Troya en empresas como Uber.

[…] Nuestra soberanía no está en juego y que no vamos a tolerar este tipo de prácticas que atacan a un sector estratégico.

No seré yo el que defienda Über. Es más, hasta en tres ocasiones he escrito para denunciar aspectos que señala el diagnóstico de Podemos: aquí -con motivo de su “vuelta a España”-, aquí -para denunciar su supuesta y mal denominada economía colaborativa- y aquí -para hablar de modelos de negocio y contabilidad en este siglo XXI-. Y pongo esto de inicio, no sea que enseguida alguien vaya a pensar que defiendo su modelo de evasión de pago de impuestos en España o de transformación del modelo de relaciones laborales.

Pero lo que sí deja entrever es cómo Podemos (entiendo que Unidos Podemos por transitividad), entiende esta economía del Siglo XXI y esta transformación digital que nos acecha en tantos sectores. La Comisión Europea, en boca de Jyrki Katainen, vicepresidente de la Comisión con competencias en la materia, como ya destaqué en esos artículos que cito, ha propuesto regular estas plataformas de Internet (que es lo que son), en lugar de prohibirlas. Pero Podemos se va del blanco (sin regulación) al negro: prohíbamos. Y esto, me da la sensación, no es la solución. Y, me da la sensación, ni siquiera entienden el verdarero problema que traen estos supuestos modelos de economía colaborativa.

Y, tampoco tengo claro que esto case con su supuesto modelo de nueva socialdemocracia. Podemos no ha dejado de decirnos a los ciudadanos españoles que representan la nueva socialdemocracia. Si esto es así, creo que se equivoca en su propuesta de prohibición. Hay una extraña tradición en este tipo de ideas de creer que la prohibición casa con los valores que creo debe tener toda propuesta de socialdemocracia en este Siglo XXI que nos ha tocado vivir: mercados abiertos y dinámicos, y políticas de redistribución.

Prohibir mercados, prohibir agentes, me parece que es no entender que los mercados deben estar con la mano abierta a la innovación y el emprendimiento. Regulemos ese terreno de juego para que todos operen bajo reglas, pero no prohibamos, porque entiendo eso no va a hacer más que alimentar el deseo de los consumidores por ese tipo de plataformas. A los ciudadanos lo que habría que explicarles son  las consecuencias y el equilibrio a buscar entre su beneficio personal (menos costes) y el beneficio social conjunto (¿quién se lleva el dinero?).

Por otro lado, ¿mantener el statu quo? Podemos, de nuevo, confunde, en una situación de “enfrentamiento” a los más débiles (el sector del taxi tradicional en este caso), con un sector con mucha rigidez y mucha barrera de entrada a nuevos operadores. Es decir, confundir el derecho de los trabajadores con puestos de trabajo. En lugar de centrarse en lo primero, Podemos, con este tipo de iniciativas se centra en lo segundo. Mantener el statu quo de un sector, el de los taxis, en lugar de proteger los derechos de los trabajadores (en este caso, conductores).

La solución no puede ser la prohibición y el inmovilismo. Y menos en una época en la que crear plataformas en Internet es sencillo, ágil y bastante dinámico. La solución debe ser casar la entrada de esos nuevos operadores con modelos de innovación importantes, que aportan nuevo valor añadido, con una red de protección social y mirada inclusiva a la economía (sistema fiscal fuerte para que el dinero no “se vaya” y beneficie a nuestros ejes sociales -educación, sanidad, dependencia, etc.- y garantías y derechos de los trabajadores al menos en igualdad de condiciones).

Y para que esto case, la regulación es fundamental. La socialdemocracia del Siglo XXI tiene que basarse en garantizar la tributación de estos modelos de innovación (por eso de la redistribución, que no hay medida más social que esa), asegurar los derechos de los trabajadores (pero no a costa de que unos pocos tengan unos privilegios) y hacer dinámicos los mercados. La prohibición, no casa ni con lo primero ni con lo segundo. Por ello, decía al comienzo, que tengo mis dudas que Podemos entienda bien estas medidas tomadas, y menos aún, que esto se corresponda con su supuesto modelo de socialdemocracia.

Por último, lo de meter el TTIP por medio, “nuestra soberanía en juego” y lo de “sector estratégico“, de traca final. Creo que habla por sí solo. Nada que deba yo añadir.

Uber y su retorno a España

Uber, un servicio que permite conectar de manera ágil a viajeros y conductores particulares, vuelve a ser noticia en España. Ha vuelto. Esta fue su propuesta de valor desde un inicio, cuando allá por 2009 fue creada. Desde entonces, la sucesión de hechos ha provocado que tenga disputa tras disputa. A finales de 2015 (esto cambia bastante rápido), operaba en las siguientes ciudades:

Ciudades donde Uber opera (Fuente: http://techhutt.com/what-is-uber-car-service/)
Ciudades donde Uber opera (Fuente: http://techhutt.com/what-is-uber-car-service/)

Pero, también tenía una serie de prohibiciones (parciales, totales, etc.) en otro conjunto de ciudades:

Ciudades/países con Uber prohibido o con operaciones suspendidas (Fuente: http://www.globalpost.com/sites/default/files/photos/201504/ubermap_lead_0.jpg?itok=J7Peimks)
Ciudades/países con Uber prohibido o con operaciones suspendidas (Fuente: http://www.globalpost.com/sites/default/files/photos/201504/ubermap_lead_0.jpg?itok=J7Peimks)

En España fue prohibido a raíz de una demanda de la Asociación Madrileña del Taxi, que solicitaba su retirada o prohibición por competencia desleal. De un discurso de “economía colaborativa”, decían, habían pasado a un negocio de “economía sumergida”. No voy a entrar a valorar estas cuestiones, porque el mundo de la “justicia”, de lo “bueno o malo”, es siempre muy complicado. Como suelo, decir, todo tiene costes y beneficios. En este caso son muchos costes los que esgrime el sector del taxi: falta de seguridad, falta de licencias y el pago de impuestos.

En este caso, los costes los tengo bastante claros. Y los beneficios, incluso también. Como comentaba en la entrada anterior, en estas plataformas supuestamente colaborativas, el problema radica en que los costes y beneficios no afectan al mismo sujeto: los beneficios para el usuario pueden estar claros (aquí podéis ver un magnífico resumen de El Confidencial comparando las plataformas de alternativas para el transporte interurbano -Uber, los taxis de toda la vida, Cabify y Car2Go-), pero los costes no son para el usuario (más allá de la cantidad monetaria), sino para el conjunto de la ciudadanía (por lo problemas macroeconómicos que describí). Además, claro, del “incumbente”, en este caso los taxis de toda la vida.

Es decir, una innovación, en la que los costes y beneficios no son asumidos por la misma persona. Este pequeña “Tragedia de los comunes“, hace que el problema sea complicado incluso de analizar. Básicamente porque se mezclan puntos de vista, y cuando en una innovación, los costes y beneficios no son asumidos por el mismo, estos choques siempre se van a producir. Los usuarios que quieren ahorrarse dinero no entienden por qué el estado lo quería prohibir, y el estado no puede entender que un usuario no entienda que pudiera ser competencia desleal.

Por otro lado, una innovación que altera las reglas de juego. La Ley 16/87, de 30 de Julio, de Ordenación de Transportes, exige que se deba disponer de una licencia o autorización para poder transportar bajo un contrato. Uber, lo que dice, es que ellos son una “página web”, no un operador de transporte, a pesar de que el resultado o experiencia de usuario/consumidor, pueda ser la misma (o parecida, al menos).

Con estos problemas/dilemas presentes, Uber ha vuelto con su servicio UberX, donde solo pueden operar conductores profesionales. Ello para evitar los problemas que tuvo con su versión UberPop -con la que entró en la mayoría de las ciudades Europeas-, un servicio totalmente entre particulares. Este movimiento, de “profesionalizar” la prestación del servicio, es muy parecido al que emprendieron en Corea del Sur. Solo podrán hacerlo conductores con licencias VTC (Autorización de arrendamiento de vehículos con conductor) que, según la ley española, sí que pueden realizar servicios de transporte de pasajeros.

El gran reto ahora para Uber será la propia regulación. ¿Será capaz, como han hecho otras innovaciones, de hacer que las leyes cambien? Por Ley, hay un límite: 1 licencia por cada 30 taxis existentes. Uber, espera que esta cifra pueda relajarse a futuro. Pero, además de confiar en sus habilidades como lobby para el cambio regulatorio, Uber confía también en negociar con los actuales proveedores de estas licencias. En Madrid, por ejemplo, hay 1.500 licencias VTC. ¿Podrá Uber conseguir hacerse con esas licencias? ¿podrías llegar a ser la principal empresa de transporte de taxis de España?

¿Qué otras estrategias está siguiendo Uber para tener este marco de relación tan estrecho y amigable con las instituciones públicas ahora? Pues son varios los mecanismos de colaboración que está poniendo en marcha. En Boston, por ejemplo, ha utilizado como divisa una que nos será familiar a todos los nosotros: datos de los usuarios, tales como rutas, horarios, perfiles, etc. Es decir, usar la utilidad e interés que tiene la base de datos de Uber para cedérsela a las autoridades, que estarían interesadas en disponer de esos datos a efectos de una buena y eficiente planificación de los sistemas de transporte urbanos e interurbanos. La congestión y la contaminación, pudieran ser prevenidas si tuviéramos más datos sobre los hábitos de transporte de los ciudadanos. Una estrategia, por cierto, que parece está trabajando ya con otras ciudades. Los datos de uso de Uber y hábitos de transporte, y colaborar con las autoridades, a cambio de permitir Uber en la ciudad y no poner muchas trabas.

Por último, hay dos cuestiones socialmente importantes que deben igualmente conocerse: su sistema tarifario (subir precios cuando está lloviendo, por ejemplo) o la discriminación de usuarios con problemas de movilidad (ha habido casos de conductores que se han negado a colocar sillas de ruedas en maleteros). Por eso es tan importante siempre que la legislación intente seguir en la medida que pueda a estas innovaciones disruptivas. Sino, podemos llegar a situaciones como las descritas.

Plataformas (supuestamente) colaborativas: algunos “pero”

Quizás hayan visto en alguna ocasión una imagen como la siguiente:

Fuente: https://www.linkedin.com/pulse/things-which-i-learned-from-uber-facebook-alibaba-airbnb-tushar-goyal
Fuente: https://www.linkedin.com/pulse/things-which-i-learned-from-uber-facebook-alibaba-airbnb-tushar-goyal

Simplificando lo simplificable, Uber, Facebook, Alibaba y AirBnB, los estandartes de esta mal denominada “economía colaborativa” (de lo que ya hablé aquí, aquí y aquí), son “páginas web“/”plataformas tecnológicas” cuyo valor no radica en disponer como “producto” lo que se dedican a vender, sino a facilitar todos los medios para que otros lo hagan. Por lo tanto, como proyecto tecnológico y comercial, creo que su valor está fuera de toda duda. Pero donde me surgen más dudas es sobre el supuesto componente “colaborativo”, en un sentido más “social” y de “beneficio compartido”. Por ello quería trasladar algunas nuevas reflexiones, ahora que Uber ha vuelto a España.

¿Qué características tienen estos proyectos?

  • Propuesta de valor: plataformas de gestión web de los flujos de transacción. Es decir, conectar a la “oferta” y a la “demanda” a través de tecnologías que lo ponen muy fácil, sencillo y rápido (aplicaciones móviles, especialmente).
  • Externalización de los “costes de producción”: ¿costes? prácticamente nulos, quitando los tecnológicos y comerciales, como decía antes. Es más, ni siquiera conciben la idea de “relación laboral” como tal.
  • Replicar el modelo de negocio todo lo que se pueda y más: estar en tantos países como puedan, dado que así pueden amortizar mejor los costes fijos de su inversión tecnológica y comercial.
  • Grandes campañas de marketing: al marketing tradicional y online, le suman novedades en la materia como los influenciadores y demás. No hay más que ver el vídeo de Enrique Dans ahora con la vuelta de Uber.

¿A cambio qué recibe el usuario? Un ahorro grande o pequeño, en función de lo que pague. Si paga con datos (Facebook o Uber), se paga menos. Si paga servicios no directamente comparables al producto que se obtiene con otras alternativas (un hotel o producto comprado en una tienda), pues les saldrá algo más barato por mera contabilidad de costes.

Pero, estas iniciativas, a mí me suscitan algunos “pero” a nivel de macroeconomía o de estado (“lo público”) que quería compartir con todos ustedes:

  • A nivel de Seguridad Social y el Estado del Bienestar: este artículo de The Economist, tratando sobre un tema completamente diferente, alertaba sobre el papel que deben asumir los estados a la hora de fomentar o “frenar” determinadas iniciativas. En este caso, me surge la duda del papel que debiera jugar un estado o sus órganos competentes (Seguridad Social, quizás) a la hora de fomentar un modelo en el que las relaciones laborales cambian por completo, y quizás, incluso se precarizan (esto es mera especulación aún).
    ¿Qué pasa con el sistema de pensiones contributivo que tenemos en los modelos del Estado de Bienestar del sur de Europa? Porque no es lo mismo que Uber funcione bien en EEUU o Reino Unido (donde todos sabemos cómo son sus estados del bienestar) a que lo haga en España, donde compartimos ahorro para que haya cierta solidaridad entre generaciones. Pudieran provocar “choques demográficos” que debiéramos prever al menos. Por ello es tan peligroso comparar soluciones tecnológicas de EEUU con el mismo modelo en España.
  • A nivel de Hacienda e impuestos: nuestros impuestos nos permiten construir carreteras, disponer de un formidable sistema de salud, una educación bastante igualitaria, etc. ¿Este tipo de relaciones laborales y modelos empresariales guardan afinidad con esta línea social que  nuestro sistema fiscal propone? ¿Dónde tributarán esas empresas? ¿En concepto de qué lo harán? Yo no tengo toda la información para dar respuesta a ello.
  • A nivel de garantía la calidad: en estas plataformas, a diferencia de un sistema en el que el estado regula “la calidad” (con licencias, normativas, etc.), son los propios usuarios de Internet los que legitiman la calidad de un servicio. Los reviews y ratings de un usuario, se convierten así en su reputación, legitimida socialmente a través de un gran grupo de usuarios como son los consumidores de estos servicios en Internet. Ya hablé sobre esto de la influencia social recientemente. Esto no tiene por qué ser “bueno” o “malo”, sino que tiene sus costes y beneficios. Todo cambia. Cuando pase algo-que el azar es así, algo pasará-, veremos como y quién se responsabiliza. Esta “externalización y democratización” de la responsabilidad, también me genera algunas dudas.
  • A nivel de discriminaciones positivas y negativas: ¿qué opina la Comisión Nacional de la Competencia sobre posibles de discriminación? Es decir, un hotel debe adaptarse para todas las normativas en materia de accesibilidad, universalidad, etc., pero ya ha habido varios casos en los que estas plataformas no han sido igual de considerados en todo ello. ¿Qué pasa con las discriminaciones? ¿Se puede “codificar” en un algoritmo estas decisiones con tanto componente “social”? Me vuelve a generar muchas dudas.
  • A nivel de “pricing”: entramos en un modelo de “libre mercado” total. Los precios, así, se entiende que tenderán a bajar. Pero, ¿es esto bueno? Como han podido ver, hay otras cuestiones que “se pierden”, que ahora mismo los precios sí recogen. Romper las reglas de juego tanto puede ser “bueno o malo”, dependiendo desde la óptica de la que se mire.

Como decía el título de este artículo “Plataformas (supuestamente) colaborativas: algunos “pero“. Como ven, muchas interrogantes que se abren con esa perspectiva más pública o “ciudadana”, que creo, debemos tener en consideración, más allá del precio y la facilidad de uso de una app.

La revolución digital y su impacto económico y social

La revolución digital ha cambiado muchos elementos de la sociedad. Todas las revoluciones tecnológicas han traído grandes cambios. No hay más que fijarse en la historia para ser conscientes de ello. Simplificando lo simplificable, la revolución lítica nos permitió empezar a desarrollar civilizaciones, junto al fuego, empezamos a poder mejorar nuestra alimentación y en consecuencia nuestro bienestar. La imprenta permitió la difusión de las ideas y del conocimiento, lo que alumbró más tarde las revoluciones industriales, que nos sacó de la vida con recursos limitados. Hasta 1700 – 1800, al menos en el mundo occidental, vivimos con 1.000 dólares/año de PIB/cápita, en términos de paridad de poder adquisitiva (es decir, lo que nos permite comparar magnitudes al estar éstas relativizadas). Estas últimas revoluciones tecnológicas, las tres industriales (máquinas de vapor, electricidad y electrónica), que dan lugar al marco económico y social que todavía hoy en día tenemos, han sido especialmente determinantes de nuestro día a día hoy.

El mundo hasta 2000. Vivíamos con pocos recursos hasta las revoluciones industriales (Fuente: http://www.theatlantic.com/business/archive/2012/06/the-economic-history-of-the-last-2000-years-part-ii/258762/)
El mundo hasta 2000. Vivíamos con pocos recursos hasta las revoluciones industriales (Fuente: http://www.theatlantic.com/business/archive/2012/06/the-economic-history-of-the-last-2000-years-part-ii/258762/)

La revolución digital, la que se produce al amparo de Internet y la introducción de los ordenadores, no es de menor calado. Algunos consideran incluso es la más impactante de la historia. Sobre todo, porque ha producido cambios no solo en la cadena de producción (como ya lo había hecho la lítica o la industrial), sino también en los mecanismos de comunicación y de difusión de ideas (como ya había hecho la imprenta). Por lo tanto, creo que no estamos exagerando al afirmar que la revolución digital, la transformación digital de las organizaciones, la economía, la sociedad, es la revolución más importante. Especialmente, porque todavía no conocemos todo lo que puege llegar a producir.

El problema actual es que esta digitalización de la economía todavía no se contabiliza en el PIB. John Fernald, de la Reserva Federal de San Francisco, en un trabajo reciente de 2014, expone como las empresas que producen tecnologías digitales o las utilizan intensivamente han tenido un crecimiento mayor a las que no lo hacen. Georg Graetz y Guy Michaels, en otro trabajo reciente, exponen cómo la utilización de robots en plantas industriales incrementa la productividad y los salarios. En la era en la que el capital y el trabajo ya no son los factores más determinantes para el éxito, las tecnologías digitales, se constituyen en el factor de producción crítico, incrementando la Productividad Total de los Factores.

Pongamos un poco en contexto estas cuestiones. Cuando pensamos en Occidente, hablamos de economías avanzadas en las que cada vez es más complicado diferenciarse por calidad (producción) y eficiencia (logística). Ahora, la ventaja competitiva viene de la experiencia. Y esto, no es otra cosa que el poder del consumidor ante el boom de información actual. Prestamos servicios, que, le deja al consumidor: un gusto, puede repetirlo, recomienda, etc. Es decir, las redes sociales, la confianza, la fidelización, se vuelven elementos críticos, y por ello cada vez veremos más importancia en el tema.

Estos intangibles que llevan a prestar mejor experiencia, los intangibles de las empresas líder de los que hablé, son difícilmente replicables. Aquí está la ventaja competitiva de las plataformas de las que hablarmeos. Son organizaciones donde toda la compañía está alineada (Estrategia, Procesos, Operaciones) hacia el valor y la experiencia del cliente. Lo importante es que esta sea buena, internamente ya buscamos cómo hacer eso posible.

¿Qué países tienen las mayores multinacionales?¿Qué sectores han dominado el mercado cada época? (Fuente: El País)

Así, el elemento más importante de esta revolución digital es la creación de redes de individuos a una escala nunca vista anteriormente. Las nuevas plataformas en red se asisentan sobre tres tecnologías complementarias, que nunca antes en la historia habían confluido:

  • Grandes volúmenes de datos
  • Conectividad
  • Capacidades de búsqueda, filtrado y localización

La combinación de estas tres tecnologías permite intercambios entre particulares que nunca antes se habían producido. Hasta la fecha, los economistas solían hablar de los costes de transacción de Ronald Coase. ¿Y quiénes son los directamente beneficiados de esta transformación tecnológica? Los consumidores. Un menor coste de transacción, una intermediación más directa, repercute en un menor precio y encima con posibilidad de enriquecerlo con un servicio más personalizado. Estas plataformas agregan la oferta, que por cuestiones de competencia, tienden a deflacionar los precios ante la misma demanda. Con Internet, los costes de transacción pasan a la historia. La información cada es más perfecta, la distancia geográfica se puede salvar, etc.

Estos menores costes de transacción, provoca que ahora cada uno de nosotros pueda optimizar nuestros recursos y activos, que hasta la fecha estaban infrautilizados. Esto lo hablamos cuando comentamos la economía colaborativa. Con un coste marginal muy bajo o incluso nulo, hace que no sea necesario producir más en proporción a la mayor demanda que eventualmente aparece con esta gran conectividad. Este fenómeno, también provoca cambios en el mercado laboral, tal y como ya adelanté en este artículo. Apostaría por un desplazamiento gradual hacia el trabajo inedependiente, siempre complementado por el trabajo asalariado. Las tecnologías digitales, y sus capacidades de conectar, facilta la puesta en contacto entre los trabajadores independientes y sus clientes.

Esta conectividad, al reducir los costes de transacción, hace que cada nodo de la gran red deba ganarse su popularidad para poder triunfar en este gran grafo de conexiones en el mundo. Ponemos nuestra reputación individual a bajo coste expuesta a todos. Esta diferencia es bastante importante. En Über o AirBnB, conocemos la reputación del conductor o huesped. Pero cuando compramos un ordenador, nos fiamos de una marca, sin conocer quién o quienes son los responsables de su fabricación.

De nuevo, individualizamos la economía; las empresas pierden parte del sentido que tenían anteriormente con la presencia de costes de transacción. Este hecho hará que muchos sectores se “plataformicen”. Es decir, lo que hemos visto en el sector de turístico (TripAdvisor, Rumbo, AirBnB, Booking, etc.), en el de los seguros (Rastreator, etc.), en el del transporte (Über, BlaBlaCar, etc.), etc.

A corto plazo, toda revolución tecnológica destruye empleo. A largo plazo, la pregunta correcta no es si seguirá habiendo empleo. Desde hace muchas décadas, la historia anula todos los pronósticos sobre la desaparición del empleo. La verdadera cuestión es si habrá suficientes empleos con salarios que la sociedad considere apropiados. Esto es lo que me lleva a pensar que el empleo se independizará, y habrá que desarrollar mucho las capacidades de autoempleo.

Sin embargo, siempre hay un pero a todo esto. No es otro que las desigualdades. En los países desarrollados, unos pocos están captando el valor de esta digitalización, siendo menos necesario el capital y el trabajo. Los países en vías de desarrollo se han desarrollado gracias a unas capacidades, que con la digitalización, ya no son necesarias. Los robots y la inteligencia artificial, serán sus nuevos rivales. ¿Aumento de las desigualdades? Probablemente. Piketty y su libro “El capital en el siglo XXI“, ya habla de mucho de todo esto.

La revolución digital, por concluir, se irá haciendo omnipresente, cada vez en más sectores, según vayamos siendo capaces de modelizar y codificar en un ordenador el valor añadido que hoy en día prestan profesiones aún no “digitalizadas”: médicos, abogados, profesores de universidades, etc. ¿Seremos siempre irremplazabales? Debate abierto.

La economía colaborativa y la captura y oferta de valor: modelos de relación laboral y derechos del consumidor

(continuación y fin de la serie iniciada aquí y seguida aquí)

Hace poco Jeremy Rifkin decía que la salvación al modelo de economía capitalista de los últimos siglos está en la economía colaborativa. La economía basada en recursos compartidos nos ofrece, supuestamos, un nivel de eficiencia nuevo, hacer más con menos, generando abundancias absolutas en lo intangible (conocimiento, diseño, contenidos, etc.). Con esto de las plataformas de intermediación y en red algunos empiezan a hablar de un capitalismo de plataforma. Es decir, una transformación en la manera de producir, compartir y proporcionar bienes y servicios. En el modelo tradicional, las empresas compiten por atraer el aconsumidor. En el nuevo modelo de economía colaborativa, aparentemente más horizontal y participativo, los consumidores se relacionan entre sí. Esto es lo que hemos venido a conocer como las relaciones P2P.

Esto, obviamente, cambia la forma de producción y distribución de valor, cambiando la manera en la que hacemos transacciones de intercambio. Ahora aparece un componente social, en el que las personas compartimos (supuestamente), apareciendo (supuestamente) otros valores (como es el de la reciprocidad social). Pero esto, cuando entra la economía de mercado, se rompe.

Este inercambio social que representa la economía colaborativa supone la introducción de un nuevo agente en la cadena de relación social habitual; una empresa que hace de intermediaria. Así, el intercambio social, se convierte en un intercambio económico, haciendo que prime el valor utiliario en lugar de el aspecto social. Ya hay investigaciones que demuestran esto. Cuando la gente “alquila” un espacio de su coche en Über o su casa en AirBnB no considera que tenga que haber una obligación recíproca de hacerlo (que sí aparece cuando el intercambio es “social”). Es decir, AirBnB no es CouchSurfing. El propio Uber lo dice “Better, faster and cheaper than a taxi“. Esas son sus ventajas competitivas relacionados con aspectos de mercado. Y ahí es donde AirBnB creo que se equivoca, cuando dice lo de “people, places, love and community” (a esto es lo que me refieron con utiliza esto de lo “economía colaborativa” como instrumento de marketing).

De hecho plataformas como AirBnB o Über, actúan como miles de tanteadores Walrasianos actualmente localmente en tiempo y en espacio, lo cual lleva a discriminar de manera perfecta los precios, y llegar a puntos de equilibrio de mercado perfecto. Una competencia en el mercado eficiente, en definitiva. Por lo tanto, se introduce la variable precio como elemento crítico en la decisión de la compra de un usuario (lo que decíamos de valores utilitaristas).

Además, como la economía de escala y la generación de valor se alcanza a mayor número de usuarios, la ventaja competitiva es el número de usuarios. De ahí que el marketing digital y la fidelización esté a la orden del día en todos los presupuestos de estas plataformas. Las organizaciones que nacieron en la era de los smart phones crecieron en usuarios en el periodo 2008-2012 dos veces más rápido que aquellas que lo hicieron en la era de las redes sociales (2003-2008). Además, las organizaciones con una estructura de plataforma (integran o producen activos distribuidos) crecen con el doble de aceleración que las que tienen estructura de servicios (activos centralizados). Por lo tanto, hablar en este artículo de los cambios que han sufrido los consumidores y los trabajadores (es decir, los usuarios de estas plataformas) se torna fundamental para terminar esta serie de artículos.

Derechos del consumidor

Estas organizaciones representan ciertos desafíos desde el punto de vista de los derechos del consumidor. En lugar de respetar un código riguroso que circunscriba los derechos de los consumidores y las obligaciones del proveedor del servicio, se confía en la “reputación del proveedor”; como todos opinaremos mal de aquel que se porte mal, se piensa que el proveedor de un trayecto de taxi se portará bien. Es lo que podríamos denominar una economía dominada por la reputación social, en lugar de una institución que se encargue de vigilar su buen comportamiento. Un “libre mercado” propio del mismísimo Hayek.

Sin embargo, esto ahora mismo está lejos de conseguirse. Ya hay varios casos que exponen los problemas que este modelo representa. Conductores de Über que descriminan con frecuencia a los discapacitados, negándose a colocar su silla en el maletero del coche. Dado que Uber se describe como la plataforma tecnológica, no como una empresa de transporte (algo parecido a la demanda interpuesta contra BlaBlaCar), estas cosas pueden pasar. Los vacíos legales, ahora mismo, son explotados para estas plataformas, en su dimensión más utiltarista.

Como decíamos en el artículo anterior, la contabilidad de estas empresas es muy ligera; Über no tiene conductores en nómina y AirBnB no tiene un conjunto de propiedades. Son plataformas que aprovechan el efecto en red que produce gestionar un servicio cuyo valor aumenta con el número de personas que lo utiliza. Y esto se está convirtiendo en monopolios que hace difícil proteger los derechos del consumidor.

Una buena manera de proteger más a los consumidores sería que pudieran abrirse a otras de la competencia. Pero, claro, las barreras de entrada en esta “economía de plataformas” es importante; parece que no (por el discurso típico de “la agilidad y dinamismo de Internet”), pero hay tres elementos que críticos aquí: datos, algoritmos y servidores. Estas plataformas juegan con formatos cerrados, propios suyo, haciendo que sea difícil para un consumidor irse de un proveedor de plataforma a otro. Una buena forma de evitar estos monopolios sería evitar que se apropien de ello. Estaría bien que pudiéramos trasladar nuestra reputación, historial de uso y mapa de conexiones sociales a otras plataformas.

Está, además, hace que las empresas industriales necesiten reinventarse. Cada coche compartido sustituye a diez coches en propiedad. Esto es un descenso de la demanda enorme. Sumémosle a esto además la fabricación 3D (cuyo precio se ha reducido en un orden de 1 a 400 en los últimos siete años); piezas a medida al instante. Metámosle además el Internet de las Cosas, con capacidades de diagnosticar su situación, autoprogramarse y mejorar sus prestacionales funcionales y estéticas. Los robots industriales cuestan 1/23 lo que solían hacerlo, los drones 1/143 y la secuenciación del genoma 1/10.000. Nos espera una fascinante nueva era.

Derechos de los trabajadores

Que esta última revolución tecnológica (la digital) esté supuestamente trayendo desempleo (algo de lo que ya hablé aquí) es algo que frecuentemente se cita. Como suele serñalar McAfee, del MIT, tradicionalmente las revoluciones tecnológicas han traído más trabajo; hasta esta, en el que como estamos construyendo sustitutos a nuestro principal valor diferencial (el cebrero, frente a la mera automatización habitual), esta lógica pudiera estar cambiando.

En el caso de las plataformas e esta economía colaborativa, donde actúan unas plataformas intermedias como agentes de mercado, se puede decir que crean más trabajo del que destruyen. Lo que pasa que crean un trabajo diferente al habitual. En este mercado se encuentran tres agentes: la compañía/plataforma de intermediación, los consumidores y los trabajadores a tiempo-completo (que es como vamos a denominar a los “trabajadores” de estas plataformas). Son estos últimos los más perjudicados, parece. Algunos ya hablan de un nuevo feudalismo digital; beneficios de unos pocos. Y por lo tanto, mayor desigualdad y más facilidad para la captura del regulador.

Hace unos años era la integración vertical la que traía ventajas competitivas. La mayor capacidad de llegada a todas las esquinas de la cadena de valor, te hacía ser más fuerte, y por lo tanto, más oportunidades frente al resto. Sin embargo, hoy en día, parece ser la agilidad la que se está imponiendo. Y esto, obviamente, tiene un fuerte impacto en las relaciones laborales. Se torna difícil que tengamos el mismo modelo de trabajo que hemos tenido hasta la fecha, donde entrábamos a trabajar a un sitio, y nos podíamos quedar ahí 40 años. No es así raro ver cómo las grandes fomentan unidades de emprendimiento e innovación de las que nutrirse de agilidad.

Esto es lo que Michael S. Malone y Yuri van Geest han bautizado como organizaciones exponenciales (en su libro “Exponential Organizations: Why New Organizations Are Ten Times Better, Faster, Cheaper Than Yours (and What to Do About It)“). Mientras que las organizaciones lineales se gestionan bajo un principio de escasez de recursos (de ahí modelos de gestión de optimización, minimización del consumo, modelos de economía circular, etc.), las organizaciones exponenciales se gestionan bajo principios de abundancia. Cuando el Hilton quiere abrir un nuevo local, tiene que construir el hotel, contratar personas, mantenimiento, etc. AirBnB, en contra, crece a una velocidad sustantivamente mayor porque no tiene escasez de recursos ni adquisición de los mismos que realizar. AirBnB ya tiene 1 millon de espacios que alquilar, y vale más de 20.000 millones de dólares, siendo ya “la cadena hotelera” de mayor valor bursátil del mundo. Esto es la escalabilidad en una era de la colaboración, de la abundancia.

Esta flexibilidad y ruptura de modelos organizativos, como decía, trae nuevos modelos de relación laboral. Personas que complementan su trabajo habitual con servicios de transporte y alojamiento en su hogar. Personas que ven como deben diversificar su actividad laboral, porque ya con un “trabajo” no basta. Las repercusiones que todo esto puede traer son muy grandes, tanto para cada ciudadano, como para la sociedad en agregado. Esto, por otro lado, genera también cambios en términos fiscales. El mercado de los taxis tradicional, genera impuestos en términos de renta (el IRPF en España), pero también con el impuesto al valor añadido (IVA en España) o el impuesto de ventas (en otros países). Pero, ¿y Über? Aquí es donde creo que debiera hacerse algo. Además, Über, como servicio no-frill, tampoco es lo mismo que un taxi; por ejemplo, no ofrece seguro.

Y con esto damos fin a esta serie en la que hemos introducido el término de la economía colaborativa, hemos hablado de cómo se están monetizando estas plataformas en red hoy en día, y finalmente, en este artículo, hemos hablado del derecho de los consumidores y de los trabajadores, y cómo éstos se ven impactados. Como veis, un nuevo modelo de creación de valor esto de la economía colaborativa. Y por lo tanto, un nuevo modelo de hacer las cosas que tiene impacto en muchos de los elementos que vemos hoy en día en las empresas.

La economía colaborativa y la captura y oferta de valor: modelo de negocio y contabilidad

(continuación del primer artículo, donde introducíamos la economía colaborativa)

Estamos asistiendo en la actualidad al auge de empresas digitales que, con unas reglas con ciertas diferencias en materia fiscal, laboral y regulatoria, dan respuesta a los nuevos hábitos de compra que tienen las nuevas generaciones de consunidores. Y es que las TIC en general han acelerado muchos comportamientos y actitudes, destacando entre ellos la economía colaborativa, como hablábamos en el artículo anterior.

Según PWC, para 2025, se espera disponer de un mercado de economía colaborativa de 335.000 millones de dólares (frente a los 26.000 que dispone en la actualidad). Un estudio de la consultora Nielsen sobre economía colaborativa, afirmaba que España es el 5º país de la Unión Europea con más potencial de crecimiento en esta materia. 5.000 plataformas activas y de un 53% de ciudadanos en España dispuestos a alquilar o compartir sus bienes. Un nuevo reto sociológico y de consumo que se ha de aprovechar. Los próximos 19, 20 y 21 de Noviembre se celebra en Barcelona el OuiShare Fest 2015, con el lema “La transformación colaborativa“, prueba del interés e importancia que está adquiriendo en España.

Y en esta evolución, veremos participar no solo a los sectores de alquiler tradicionales como en la actualidad (libros, habitaciones para dormir, vehículos para moverse, etc.), sino también modelos más disruptivos como las horas de trabajo, préstamos entre particulares, etc. La figura que abajo mostramos habla de todo ello.

La evolución de la economía colaborativa (Fuente: http://www.pwc.co.uk/)
La evolución de la economía colaborativa (Fuente: http://www.pwc.co.uk/)

Y es que AirBnB y Über son solo la punta de lanza de un sector mucho más amplio y de mucho más recorrido. Y es que la economía colaborativa crea un nuevo modelo de consumo, abriendo la puerta a explotar recursos propios (como hablamos en el artículo anterior), por lo que también abre la puerta a nuevos modelos de negocio. Y esto es precisamente lo que queremos tratar en este artículo.

Por resumir mucho lo resumible, la era digital lo que ha traído es un nuevo modelo de intermediación en las cadenas de valor que permite organizar de manera eficiente el intercambio de productos y servicios. Pero, lo hace de manera acelerada y optimizada; mayor audiencia, gestión eficiente de la logística (cobros y pagos incluidos), mayor confianza entre usuarios ante la posibilidad de evaluar los servicios y productos adquiridos, economías de escala, etc. Esto, en lo que a la economía colaborativa se refiere, genera dos principales modelos de “hacer negocio” a través de las plataformas digitales:

  • Plataformas que intermedian en el préstamo o intercambio entre particulares: estas plataformas, las podríamos clasificar en tres grandes grupos:
    • De producto a servicio (la servitización de la economía): lo que han hecho AirBnB o Über; de poseer habitaciones de hotel o taxis, a ofrecer un servicio de alojamiento o transporte con mi casa o vehículo personal.
    • Redistribución de bienes y servicios: lo que trajo hace ya muchos años eBay; un gran mercado donde cualquiera puede ser tanto comprador como vendedor. La democratización de los centros comerciales.
    • Intercambio de bienes y servicios sin intereses comerciales: los bancos de tiempo o plataformas como CouchSurfing que tanto gustan a las nuevas generaciones (que hace que sea difícil generarles valor como para que paguen).
  • Usuarios que se agrupan para lograr un objetivo común: grupos de consumidores que se juntan para conseguir un determinado producto o servicio a un precio más bajo. Aquí se incluyen desde plataformas de crowdfunding como Kickstarter a webs de compras colectivas como Groupon.

Con estas opciones en la mano, y con la cantidad de sectores que quedan todavía por someterse a la economía colaborativa, pueden ustedes imaginarse que las posibilidades son bastanta grandes. ¿Y por qué del éxito de estas plataformas digitales? Bueno, básicamente porque su operación en red genera un valor y una cantidad de externalidades que todavía no somos capaces de prever/entender. Es decir, son modelos tan extensibles y versátiles, que los inversores no paran de hacer hipótesis lo que podría llegar a hacerse con los cientos de millones de usuarios de Facebook, de Über o de Netflix. La posibilidad de tener esa gran red da un valor inimaginable.

Por lo tanto, estamos ante compañías como Amazon, Twitter o LinkedIn valen en bolsa mucho más que lo que dicen sus cuentas de resultados o sus balances. Una nueva realidad de valor de empresas que no tienen activos.

En términos de creación de valor (medido a través del multiplicador PER –Precio-To-Revenue ratio o veces que la cotización bursátil recoge el beneficio de la compañía-), son estas plataformas las mejor posicionadas. Y citábamos a Jeremy Rifkin y su The Zero Marginal Cost Society para entender que esta era digital ha alterado sustantivamente la estructura de costes y los modelos de negocio/creación de valor. Presento dos gráficas para exponer esto:

Rendimiento sobresaliente de las plataformas de intermediación en red de Internet (Fuente: https://hbr.org/resources/images/article_assets/2014/11/revenueandprofit1.png)
Rendimiento sobresaliente de las plataformas de intermediación en red de Internet (Fuente: https://hbr.org/resources/images/article_assets/2014/11/revenueandprofit1.png)

Esta falta de relación entre la contabilidad tradicional y el valor en bolsa está haciendo que no seamos pocos los que estemos reclamando cambios en los sistemas de contabilidad. La contabilidad no mide aun el valor de los activos digitales, de redes que “no se poseen” (en términos de propiedad en contabilidad) o de la capacidad de influencia y relación que tiene una plataforma digital (que, por cierto, muchas empresas ni siquiera son capaces de cuantitivizar, ignorando así la “economía de la influencia” de la que ya hablaremos en otro momento). Por lo tanto, nos faltan reglas para medir todos estos intangibles. Seguimos anclados en una lógica de lo concreto y tangible.

Sin embargo, incluso las propias organizaciones están cambiando. En el Siglo XX se planificaba a largo plazo con estructuras rígidas y poco ágiles. Esto hacía que para rentabilizar esta estructura y constitución, se debiera capturar todo el valor posible. Esta lógica quizás les sea familiar a muchos; dado que las empresas de hoy en día siguen siendo gestionadas y dirigidas por esta lógica. A los que somos “muy digitales” nos sorprende a veces que se nos argumenten decisiones desde esta óptica. Y es que conceibimos este Siglo XXI, de alta incertidumbre, como una “beta permanente”. Se prueban constantemente productos/servicios nuevos, y el camino bueno dependerá siempre de las respuestas que tus clientes aportan a tus nuevos proyectos. Por lo tanto, la capacidad de reacción, de agilidad, de prueba y fallo, es fundamental. Las empresas (sobre todo las digitales), no necesitan capturar todo su valor para subsistir; y es que tienen tantos efectos de red, que liberan parte de su valor sobre la red que operan, y no les importa. Fíjense en la diferencia. Y esto, a nivel contable debiera reflejarse. Sino, pasará como ahora, que su valor en bolsa es sustantivamente superior a lo que reflejan sus libros de contabilidad.

Dos reflexiones finales. En primer lugar, la legal. La economía colaborativa está generando debate porque cuestiona los modelos económicos establecidos. Como decíamos al comienzo, está claro que estas plataformas digitales tienen unas armas fiscales y regulatorias diferentes, lo que provoca que los lobbies tradicionales se sientan amenazados (ya sea el del taxi, el hotelero o cualquier otro). Aquí veremos mucho recorrido y muchos cambios. En segundo lugar, sectores que todavía son poco “colaborativos”. El financiero, por ejemplo. Funding Circle (préstamos entre particulares) me parece una iniciativa que marcará camino. Pero la relación laboral entre empresas y trabajadores también sufrirá cambios. De esto hablaremos en el siguiente artículo.

En definitiva, la economía colaborativa; un nuevo paradigma de relación comercial que cambia tanto los  modelos de negocio como la contabilidad y el reflejo de valor. Deberemos adaptar muchos elementos de medición y expresión de valor para reflejar bien esta era digital. De lo contrario, seguiremos sin claridad.

La economía colaborativa y la captura y oferta de valor: ¿qué es?

En el artículo anterior, había un punto en el que hablé de un estudio elaborado entre la Harvard Business Review y Deloitte, estudiando 40 años de datos financieros de las 500 empresas del índice S&P500. Llegaban a la conclusión que existen básicamente cuatro modelos de negocio:

  1. Venta de objetos físicos a través de una gran estructura de activos fijos (automoción, retail, buzoneo, etc.)
  2. Proveedores de servicio que tienen mucho talento para facturar horas de trabajo con cierto componente intelectual
  3. Fabricantes de tecnología como Microsoft u Oracle
  4. Operadores en red, donde los participantes interacción y comparten en la creación de valor de este modelo de negocio.

Quiero hablar de estos últimos. Especialmente por todo lo que se ha venido a denominar ahora la “economía de la colaboración” o los modelos de “economía colaborativa“. Y lo voy a hacer en tres posts seguidos:

  • En este primero hablaremos de lo que es y qué cambia respecto a lo que había.
  • En el segundo introduciremos una dimensión económica y de contabilidad del asunto (un tema poco tratado, pero para mí, de enorme interés).
  • Y en el tercero hablaré de su impacto en los modelos de relación laboral y cómo están cambiando esas relaciones empresa-trabajador.

Empecemos. Los operadores en red están creciendo tanto en bolsa como en las operaciones de compra y venta de empresas tecnológicas en los últimos años. Se trata dec ompañías que vendan productos o servicios, construyan relaciones, compartan recomendaciones, colaboren, co-creen/desarrollen, etc. Ejemplos como Über, Tripadvisor, Alibaba, eBay, Amazon, Facebook o LinkedIn, etc. están aquí. Todas estas plataformas en red comparten algo. Hay un libro muy interesante de Jacques Attali (Breve historia del futuro) donde se narra como en la historia del comercio se ha venido desarrollando siempre un progreso sobre la producción y comercialización de productos y servicios que hasta ese momento no eran percibidos como “bienes por los que poder cobrar dinero”. Parece una cosa obvia, pero no lo es tanto, como ahora hablaremos.

A pesar de su crecimiento anual compuesto es superior al de empresas centradas en ofrecer otro tipo de valor, y a pesar de su mayor margen bruto, las empresas de intermediación de valor en red son todavía pocas en cantidad. Esto puede tener sentido, por su novedad. Pero, ¿cómo se prevé evolucione esto en los próximos años?

Cantidad de empresas del índice S&P 500 que son operadores de intermediación en red (Fuente: https://hbr.org/resources/images/article_assets/2014/11/orchestratorsarerare-294x300.png)
Cantidad de empresas del índice S&P 500 que son operadores de intermediación en red (Fuente: https://hbr.org/resources/images/article_assets/2014/11/orchestratorsarerare-294×300.png)

En primer lugar, aclaremos conceptos en torno a la supuesta “economía colaborativa“. Es un nuevo modelo de creación de valor, es decir, de transacciones de compra/venta, en el que se dan dos pasos: 1) Creación de un mercado nuevo (lo que decíamos anteriormente del libro de Attali), donde se empiezan a comprar y vender un producto o servicio que hasta ese momento nadie lo había hecho (creando así un mercado disputado); 2) Creación de una plataforma web/aplicación móvil que intermedia en ese mercado, captura una parte importante del mismo y desarrolla su negocio. A partir de ese momento, este nuevo negocio lo que hace es tratar de capturar cada vez más atención y generar los efectos de red habituales.

Por lo tanto, se puede decir que los modelos de “economía colaborativa se basan y explotan la infrautilización de activos y recursos. Mi habitación de casa, mi coche cuando tengo que ir de Bilbao a Madrid solo, mi currículum profesional, mis juguetes de niño que quiero vender, etc. etc. Ahí han entrado AirBnB, Über, LinkedIn, eBay, Amazon, etc. Pensad en vosotros. ¿Cuánto tiempo efectivo utilizáis vuestro coche o casa al día? ¿qué hacen los parkings o aeropuertos por las noches cuando están cerrados? Pensad en más activos y recursos. Y ahora empezad a pensar en cómo poder utilizarlos mejor y amortizarlos más rápido. Lo que ha traído Internet es la posibilidad de llegar a más posibles interesados en esos activos, y generar esos efectos de red que necesitan estos activos para ser realmente bien explotados.

Todo esto altera, obviamente, muchas cosas. Pero, una de ellas, sino la más importante, el concepto de propiedad. Un producto sometido a la presión del mercado (digital) se convierte en servicio. Y esta “servitización de la economía“, trae beneficios y perjuicios para todos como sociedad. Hablaremos de los cambios a efectos de relacionales laborales. Hablaremos de los modelos de negocio y de aspectos contables. Pero, sin duda alguna, un beneficio claro es el de la sostenibilidad. Dado que se aprovecha mejor un activo al ser utilizado para dar respuesta a varios agentes, se puede decri que aumentamos el output sin incrementar el input. Las personas “colaboran” (de ahí el término) en que el sistema global mejore su resultado. Si comparto mi casa, no hay más producción (no se fabricará más cemento, habitaciones, hoteles en la playa, etc.). Pero se alojan y viajan más personas (la movilidad total aumenta). Es decir, los agentes (compradores y vendedores) colaboran por una más eficiente utilización de los activos y recursos existentes.

Economía colaborativa (Fuente: https://www.atlasnetwork.org/news/article/uber-economics-how-markets-are-changing-in-the-sharing-economy/es)
Economía colaborativa (Fuente: https://www.atlasnetwork.org/news/article/uber-economics-how-markets-are-changing-in-the-sharing-economy/es)

El valor que aporta la era digital, y especialmente, la red de redes, Internet, es que genera efectos de red. Es decir, convertirse en un operador en red que ya veíamos al comienzo tanto valor parecen los inversores percibir. Este “efecto de red” expresa su valor bajo tres elementos fundamentales:

  • Confianza: en términos del producto/servicio, a ambos lados de la transacción. Esto no dejará nunca de sorprenderme. En un momento en el que la desconfianza sobre los representantes está en máximos, en Internet, las transacciones entre pares no dejan de crecer. El concepto “confianza” parece que se “horizontaliza”.
  • Rapidez y frecuencia de transacción: para que el negocio sea sostenible, y ante la estrechez de los márgenes en estas plataformas, es importante que internet acelere el encuentro entre las dos partes de la transacción que se necesitan mutuamente (y de ahí la necesidad de los sistemas de recomendación y el análisis de los datos personalizados).
  • Bajo coste de distribución: la concentración en la producción que la industrialización trajo, parece que está revertiéndose gracias a Internet.

Por todo lo explicado hasta la fecha, y ante el boom del uso del término que hay, he querido resumir las características que debe cumplir un modelo de negocio, un proyecto emprendedor, para que sea considerado “economía colaborativa“:

  • Debería haber un consumo o trabajo realizado conjuntamente entre varias personas (por ejemplo, cuando se comparte un coche o una casa).
  • La relación que se establezca debe ser de “socios”, y no de “cliente-proveedor”. Es decir, modelos de relación económica más horizontales, en lugar de verticales.
  • Derivado de lo anterior, la relación entre las partes debe ser entre pares. Equilibrada, gobernada y gestionada por una plataforma o servicio que arbitre unas reglas que pactarán los socios, o que entre estos mismos lo podrán hacer sobre ese nuevo mercado/espacio de transacción. El intermediario puede cobrar (de hecho, es lo más normal y frecuente, que para eso estamos hablando de modelos de negocio) para financiar sus servicios.

Los que no cumplan alguno de estos elementos, podrán usar el apellido “colaborativo” como una idea de marketing. Pero no lo serán. Veremos en el próximo artículo este nuevo mundo de la economía colaborativa desde una óptica económica.

Collaborative Economy Honeycomb 2 (Fuente: http://www.web-strategist.com/blog/2014/12/07/collaborative-economy-honeycomb-2-watch-it-grow/)
Collaborative Economy Honeycomb 2 (Fuente: http://www.web-strategist.com/blog/2014/12/07/collaborative-economy-honeycomb-2-watch-it-grow/)