Sobre Linkedin y el futuro de la educación superior

Reid Hoffman, cofundador de Linkedin, escribió en 2013 un artículo titulado “Disrupting the diploma“. Desde que lo leí en su día, hasta hoy, no he dejado de pensar en ese tema. Sé que ha pasado mucho tiempo, pero poco a poco, y según voy viendo más cosas, lo que pensé en su día va conformándose, por lo que he pensado escribirlo en el blog.

La idea central que trasladaba era que los estudiantes ya no solo iban a querer ir a las universidades para obtener un diploma (un “título” en nuestra terminología). Nos invitaba a las universidades a cambiar en cierto modo, y ofrecer más valor que ese (el “monopolio de la emisión de títulos“). Esto que llevamos las universidades haciendo tantos años, se debe, especialmente, a que hasta la fecha, no había alternativas. La mejor manera de asegurarte un futuro laboral, a sabiendas que la gran mayoría de empresas valoran el título universitario por encima de todo, era éste. Algunas -como Ernst&Young- empiezan a dejar de exigirlo, conscientes que esto puede estar cambiando, y esto es lo que quiero trasladar con este artículo.

Vaya por delante mi total defensa del rol de una universidad en la sociedad. El desarrollar a los profesionales del mañana, contribuir al conocimiento y desarrollo científico, así como fomentar unas habilidades básicas junto la visión humanística, para mí, son tareas que las universidades pueden desempeñar mejor que cualquier otra entidad. Llevo escribiendo sobre ello desde hace años. Ya en 2011, decía esto:

Pero no fue hasta entrado el Siglo XX que se acabó de definir el modelo de universidad en el que estudiamos hoy en día. Flexner tuvo mucha influencia en el modelo de la universidad moderna, ya que vislumbró esta institución como la que iba a permitir unir investigación en ciencias, enseñanza y entrenamiento de alto nivel, trabajo conjunto de graduados con profesores y el compromiso con el descubrimiento intelectual. Así, los estados impulsaron un nuevo modelo de universidad (investigación más enseñanza de “profesiones”) con conceptos modernos de profesión como una formación de alto nivel y compromiso ético con la sociedad.

Sin embargo, el modelo universitario también está teniendo su crisis. No tanto en valores (que yo creo que seguimos viéndonos desde dentro con el mismo rol), pero sí nos estamos viendo sometidos a presiones por supuestos “competidores” que además de hacer daño al rol de la universidad, también hacen en cierto modo daño a los estudiantes. Yo, que para dos másteres soy el encargado de entrevistar a los interesados, lo percibo en primera persona cuando alguien compara alguno de nuestros títulos con supuestas enseñanzas parecidas.

Volvamos a LinkedIn para explicar la idea que trato de trasladar. LinkedIn ha comprado este año lynda.com, una plataforma de formación online que pone de relieve de nuevo lo que comentaba: LinkedIn ve cada vez más cerca su valor en lo que a ser la plataforma de intermediación entre estudios y oportunidades profesionales se refiere. Y esta es una de los vectores de fuerza que estamos perdiendo las universidades: empezamos a perder esa garantía para el empleo, que pese a no ser nuestra función principal, las sociedades nos han ido posicionando ahí.

Lo que en cierto modo dice la noticia de Ernst&Young de dejar de fijarse en graduados universitarios como garantía de selección de candidatos es que el output de una formación, sea cual sea esta, son las competencias y los resultados de aprendizaje. Es decir, la concreción de lo estudiado es esto; qué competencias se han adquirido y cuáles son los resultados de aprendizaje. Las universidades quizás sí que definamos bien esto, pero lo que no hacemos es luego ponerlo en valor. Quizás porque no tengamos en nuestra “cadena de valor” la inserción laboral metida.

Además, otro problema es que en este “mercado” hay mucha heterogeneidad en términos de competencias. Cada universidad fija su modelo de competencias y las asocia a los diferentes títulos. Esto no debe por qué ser lo que luego las empresas demandan. Y de esto se han empezado a dar cuenta en países como EEUU, donde la formación en plataformas de reconocimiento de competencias y certificados de cursos especializados es cada vez mayor.

Y aquí es donde vislumbro un próximo cambia importante; el perfil del estudiante se abrirá, se nutrirá de las competencias adquiridas en muchos sitios. Es donde precisamente LinkedIn ha visto su hueco. En situarse como un mercado online de intermediación laboral donde lo que se ofrece y se compra son competencias. No es de extrañar así que cuando LinkedIn compró bright.com en Febrero del 2014, buscase una plataforma de empleo con mucha experiencia de usuario e intensiva en datos para disponer de algoritmos de emparejamiento “candidato” a “competencias demandadas” muy eficiente. Con esto, ahora LinkedIn, podía ya ofrecernos puestos de trabajo interesantes para nuestro perfil competencial, hacer lo inverso con las empresas, sugerirnos estudios para cubrir “gaps” para perfiles como el nuestro y que así pudiéramos seguir progresando profesionalmente, etc. Quizás por eso veréis en vuestro perfil de LinkedIn paneles como éste que me acaba de mostrar a mí:

Sugerencias de estudios y eventos para mi perfil en Linkedin
Sugerencias de estudios y eventos para mi perfil en Linkedin

Un mercado online en la misma línea de otras plataformas de intermediación como Über, Amazon, AirBnB o Facebook: empresas sin activos cuyo valor es la intermediación y el posicionamiento, lo que cuando se alcanzan grandes volúmenes de usuarios se dispondrá de un poder de influencia muy alto. No es de extrañar así que Hoffman, haya donado 1 millón de dólares a Obama desde 2008. Tiene todo el sentido del mundo. LinkedIn hoy en día, como otras grandes plataformas de contenidos, cumple el rol que en el Siglo XIX cumplían las fábricas yen el XX los medios de comunicación: llegar a grandes audiencias. Y esto, obviamente, tiene beneficios para LinkedIn, claro, que, entiendo no hay que explicar.

En todo esto, y como suelo siempre señalar la importancia de no olvidar aspectos relacionados con la seguridad y privacidad, no hay que dejar de lado preguntas como: ¿y entonces el perfil competencial ahora está en LinkedIn? Por lo tanto, ¿es de la plataforma y no mío? Aquí veo un riesgo claro. Debiera ser del estudiante, incluso expresado en un formato estándar y abierto, de manera que pudiera llevármelo eventualmente a futuro a otra plataforma. Ahora mismo todavía no existe este estándar, pero con tanta donación por medio, es difícil que algún gobierno se dé cuenta del poder que puede llegar a tener LinkedIn de “bloquear” el perfil competencial de los candidatos en su plataforma.

A todo esto, ¿cómo podemos reaccionar las universidades? Sin olvidar, repito, que nuestra misión no es solo formar los mejores profesionales sobre la base de las necesidades de la industria y las organizaciones (como hoy señala mi compañero y decano de la Deusto Business School Guillermo Dorronsoro en su blog, no olvidemos la dimensión Humanitas). Pero cambios en la educación superior se van a producir.

Y el gran problema es lo que algunos autores ya han llamado el “great unbundling” de las universidades: es decir, que deberemos cambiar nuestro modelo de propuesta de valor de “paquete único”, en el que a cambio de una matrícula que cobramos por adelantado y/o periodificada, los estudiantes “adquieren” servicios que no quieren comprar (servicios de internacionalización -aunque nunca los usen-, servicios de biblioteca -aunque no vayan-, servicios deportivos -aunque no participen-, etc.). Es decir, podríamos pasar a un modelo “no-frills” como el que sufrieron las aerolíneas con Ryan Air o el sector de la música con iTunes.

Modelo
Modelo “no-frills” de RyanAir (Fuente: http://startups.co.uk/6-no-frills-rules-that-made-ryanairs-business-fly/)

En el siguiente artículo hablaré sobre cómo veo todo esto en las universidades y la educación superior, y cómo podríamos afrontarlo.