Otras perspectivas a los resultados PISA: educación, gasto y democracia

Es cierto que la educación es algo más que unos tests. Pero de alguna manera, tenemos que medir, para saber cómo nos está yendo nuestra evolución como sociedad, en un aspecto tan crítico como es la educación. Estos días, hemos podido leer muchas cosas sobre los resultados PISA. Se ha escrito tanto sobre todo ello, que la verdad poco o nada tengo que aportar. De hecho, no hay cambios significativos para España, salvo, la preocupante caída que hemos tenido en Euskadi. También hemos observado cómo la probabilidad de repetir curso aumenta en función del estatus socio-económico; un niño pobre tiene cinco veces más probabilidades de repetir que un niño rico. No todo son malas noticias; también hemos sabido que en la integración de estudiantes inmigrantes somos realmente buenos.

Resultados PISA por competnecia en Ciencia, Lectura y Matemáticas. Diferencias entre 2012 y 2015. (Fuente: El País)
Resultados PISA por competnecia en Ciencia, Lectura y Matemáticas. Diferencias entre 2012 y 2015. (Fuente: El País)

Dicho todo esto, y como siempre, acabé investigando otro tipo de cuestiones que son igualmente importantes para hacer una evaluación de la educación en este Siglo XXI. La primera tiene relación entre el “cuánto”. La segunda se refiere a la importancia de la educación.

Empecemos por considerar algunas cuestiones que salen reflejadas en este artículo de The Economist. PISA, como el informe más influyente sobre los resultados educativos comparables en el mundo, pese a sus muchos fallos, lo podemos considerar como la referencia para cualquier aspecto que queramos analizar. Y, uno de ellos, es el gasto por estudiante. ¿Cuánto me tengo que gastar para mejorar mi educación?

Éste es un tema muy recurrente en España. Que si hay que gastar más, que si nunca es suficiente, etc. Es cierto que en los países pobres, a mayor inversión, mejores resultados. Pero eso mismo no se aprecia en los países desarrollados. Esta gráfica que adjunto a continuación, creo que habla por sí sola:

Gasto por estudiante y resultados PISA (Fuente: The Economist)
Gasto por estudiante y resultados PISA (Fuente: The Economist)

En los países desarrollados de la OCDE, ya veis que se vislumbra una recta prácticamente plana: es decir, que no por invertir más, se obtienen mejores resultados. Y esto, es algo que provoca que un estudiante de Polonia o Dinamarca, por ejemplo, saque los mismos resultados, pese a que éste último se gasta un 50% más de recursos que el primero. Es decir, que no por más gastar, se obtienen mejores resultados a partir de un determinado punto.

Podemos entender pensar que no va tanto del “cuánto” sino del “en qué”. La calidad del profesorado, el tamaño de los grupos (menos es más), las políticas de repetición de cursos (ay, España) o las políticas de integración de grupos de diferentes estatus socio-económicos, etc., son factores que sí parecen afectar mucho cuando un país llega a un determinado nivel de gasto. La siguiente gráfica, parece demoledora y habla por sí sola: menos repetición y absentismo, y más ciencia.

Cómo destacar en PISA (Fuente: The Economist)
Cómo destacar en PISA (Fuente: The Economist)

Por otro lado, me preguntaba estos días también qué aportaba a una sociedad unos mejores resultados de educación. Quizás pueda parecer una pregunta extremadamente sencilla, pues entiendo que nadie se opondrá a que una sociedad esté bien educada. Al fin y al cabo, las externalidades son realmente positiva. Salvo, claro, cuando quieres mantener un ferreo poder sin que la gente se entere de mucho.

Llegué así a la gráfica que les presento a continuación: la correlación entre la educación y la democracia.

Correlación entre democracia y educación (Fuente: Our World in Data)
Correlación entre democracia y educación (Fuente: Our World in Data)

No es difícil de interpretar. La educación aporta a una sociedad sostenibilidad en las instituciones políticas democráticas, tanto porque aporta a cada un deseo de ser un agente activo político (participar en elecciones, interesarse por los temas clave, incluso llegar a ser candidato, etc.), así como por la promoción del sentimiento de servicio público que tiene.

Como se puede apreciar en la gráfica, en esos países en los que desde los años 1970 han visto un incremento importante a nivel educativo, también lo han visto a efectos de su grado de democracia. Es decir, sistemas políticos abiertos, donde no hay límites a la participación efectiva y plena del ciudadano en el terreno político. Obviamente, estos resultados siempre se han de interpretar desde la cautela; la correlación no implica causalidad. No porque ahora nos pongamos a educar a toda la población de los regímenes más cerrados vamos a conseguir llevar la democracia allí.

¿Cómo no preocuparse por algo socialmente tan sensible como es la educación? Los resultados PISA nos alumbran muchas pistas y campos donde podemos mejorar. Y los resultados democráticos, nos permiten ver su importancia en la “foto global” de una democracia. Lo importante, al fin y al cabo, es que nadie ponga en duda la importancia de educarnos. Y sobre todo, de buscar continuamente esos espacios de mejora y habilitarlos. Sigamos mejorando en ello, con o sin más resultados PISA.

Frente a la barbarie, las ideas y la democracia

La fotografía que os pongo a continuación la saqué en Puebla, Mexico, hace ya unos años. Intuía que tarde o temprano, por desgracia, la iba a utilizar en algún artículo. Ante la ausencia de las extremedidades como elemento de fuerza que tenemos los seres humanos (piernas y brazos), es una apología al uso de la cabeza, de las ideas, para dirimir cualquier disputa.

La fuerza de las ideas
La fuerza de las ideas

Este artículo lo escribo a modo de cierre de 2015. Un año, donde se pueden destacar muchas cosas, como siempre. Pero, me decantaré por destacar mi profunda condena al terrorismo y a la barbarie que asola Europa por la amenaza que representa el DAESH. Tengo la terrible sensación que 2016 seguirá en la misma línea. Por ello, quería hacer un llamamiento a la reflexión y a dejar por aquí escrito alguna idea.

Estos días me he leído “Una breve historia de los Árabes“, de John McHugo. Un viaje a través de la política, la sociedad y la cultura de los árabes desde los días del antiguo Imperio Romano hasta la actualidad. Lo he leído porque me interesaba aclarar muchas cuestiones que siempre me hacen pensar cuando leo noticias y artículos sobre todo lo que está ocurriendo alrededor de la Península Arábiga.

Pese a toda la barbarie que está sembrando el DAESH, no podemos perder el norte sobre las ideas clave que nos han rodeado en las últimas décadas en Europa. Y esto no es otra cosa que la superioridad de las ideas y democracia. “Guerra sin piedad“, afirmó Hollande. Guerra, ataques, “medidas de seguridad“, etc. son palabras, tristemente repetidas en los últimos tiempos. ¿Acaso se nos ha olvidado el terrible Siglo XX que vivimos en Europa en Guerra?

Los que llamo yo la “generación de la guerra de Irak“, esos jóvenes que salíamos por primera vez a la calla para oponernos a la guerra de Irak, creo que lo recordaremos para toda la vida. Esa ruptura de la legalidad internacional que se provocó, en respuesta a los atentados de las torres gemelas, primero invadiendo Afganistán, y luego Irak, ya ven que no ha funcionado. Afganistán sigue siendo igual de inestable (los talibanes vuelven a conquistar ciudades), e Irak ha sido el germen del grupo terrorista del DAESH.

Esto debe de ser una larga batalla de ideas. Tenemos que perseguir las infraestructuras de adoctrinamiento que tan hábilmente usa el DAESH: mezquitas, escuelas, webs, redes sociales, otros materiales, etc. Aquí es donde se amplifica la violencia. Los extremistas islámicos emplean la dawah (persuasión) en sus comunidades musulmanas para convencerles que sus fines son legítimos.

Europa debe hacer lo propio. Una dawah de la fuerza de las ideas, de la democracia, del estado de derecho, de la libertad del individuo. Tenemos que difundir la superioridad de lo que tantos años nos ha costado construir. Es decir, desafiar la teología islámica que utilizan los terroristas cuando tratan de consquitar la cabeza y el corazón de los musulmanes para, en muchas ocasiones, atacar a compatriotas suyos (me refiero a los terroristas con nacionalidad Europea).

El 20% de los miembros del DAESH no son musulamnes de origen, sino conversos. Algo está fallando en Europa entonces en lo que al sentido a comunidad se refiere. Ya lo comentamos en el artículo anterior. ¿Será la desigualdad? ¿Será el abandono de los problemas sociales por la crisis económica? ¿Será la falta de educación y generación de comunidad? No lo sé. Pero tenemos que proyectar esa dawah y esa larga batalla de las ideas en nuestro día a día.

Yo creo que esto no se resuelve por la vía de la “obligación”. Solo admitir a quienes se comprometan a asumir valores Europeas, y reachazar la política islamista no lo veo efectivo. Las obligaciones no van mucho con el ser humano. Y tampoco la solución ha sido nunca más guerra, sino el imperio de la ley internacional, los estados de derecho y el compromiso de los actores que apuesten por estos fundamentos. No es una guerra que deban lidiar solos Europa y Estados Unidos. Es una guerra de todos con nuestras pequeñas acciones. Una dawah que empieza por tener claro que las ideas y la democracia, están por encima de la guerra.