Las competencias que destaca el Foro Económico Mundial en esta Cuarta Revolución Industrial

Últimamente se están escribiendo muchas cosas alrededor de la universidad del futuro. Esta, una de las que más me ha gustado en los últimos meses, habla de los retos que deberá afrontar, además de destacar el cada vez mayor número de universidades (se calcula pasaremos de los 150 millones de estudiantes actuales a 260 en 2025). Entre los puntos que destaca, aparece lo siguiente:

[…] Las universidades actuales cambiarán o surgirán nuevos tipos de universidades, comunes en los principios fundamentales (autonomía, autogobierno, educación superior e investigación) pero con novedades que las harán diferir de las actuales. Durante siglos nos hemos dedicado a transmitir conocimientos pero eso, en la era de Internet, ha dejado de ser importante [..] ahora son o deben ser centros de servicios de información, núcleos de conexión entre personas y proyectos, lanzaderas de fomento de la creatividad, centros culturales de primer nivel y un enorme etcétera.

Me parece bastante objetivo afirmar que las competencias que debamos trabajar en el aula, así como los procesos de enseñanza-aprendizaje, deberán de ser diferentes. El Foro Económico Mundial, parece está de acuerdo conmigo. Llevo una semanas siguiendo muy de cerca su línea de artículos en la sección “Future of Education, Gender and Work“. Destaca, en este artículo, para 2020, el siguiente top-10 de habilidades:

Las 10 competencias clave en el 2020
Las 10 competencias clave en el 2020

La naturaleza del trabajo está cambiando de manera sustantiva. Sobre esto ya he hablado anteriormente: la naturaleza del trabajo se está transformando. En un mundo interconectado y dependiente de muchos de nosotros en diferentes puntas del mundo, obviamente las habilidades se han virado mucho hacia la facilidad de relación con otros y el poder sacar provecho de esos equipos. Por ello, la psicología, antropología y sociología, son áreas que de una manera u otra, algo tenemos que dominar. La tecnología, especialmente las digitales, han entrado muy fuerte, y enfrentamos un número de problemas sociales considerable (no sé si mayor o menor), que pudieran tener solución con la disponibilidad tecnológica que tenemos. Por eso tenemos que aprender a poner la tecnología al servicio de la sociedad. Y para ello, tener la habilidad primero de identificar problemas, y segundo de enfocar soluciones a los mismos, se torna fundamental.

Estas competencias no se pueden aprender de manera autónoma. Las universidades, por ello, creo que tendremos un papel nuclear en la “sociedad del mañana”. Siempre y cuando, claro, sepamos adoptarnos a ello. Estas competencias necesitan práctica, desempeño, interacción humana. Podemos convertir nuestras universidades en el centro de la preparación no solo del trabajador del mañana (que ése no es nuestro objetivo), sino en el ciudadano del mañana.

Pero esta adaptación de nuestra naturaleza universitaria a las competencias necesarias para ese 2020 debe hacerse a una velocidad importante. Hoy estoy escribiendo sobre esas competencias, pero tengo la sensación que quizás dentro de unos meses estamos hablando de una nueva tendencia. Tenemos que aprender a adaptarnos a una velocidad alta. Quizás esa sea una competencia en sí: facilidad y velocidad de adaptación al cambio.

Esta cuarta revolución industrial, la actual, en la que las tecnologías digitales han cambiado no solo cadenas de valor de numerosas industrias, sino también el trabajo de muchos de nosotros, nos pide a las universidades algunas competencias clave. Siguiendo la línea de ese listado que de manera reflexiva introducía el Foro Económico Mundial, podemos hablar de competencias como la polivalencia, multidisciplinariedad, creatividad, trabajo en equipo, resolución de problemas complejos, etc. Es decir, competencias que permitirán que esas Tecnologías de la Información y la Comunicación entren de verdad y de manera productiva en todos los procesos de la sociedad y las empresas.

La movilidad de nuestros estudiantes, será fundamental. La Cuarta Revolución Industrial ha hecho que el mundo se interconecte, y por lo tanto, entender marcos culturales diferentes y adoptar un modelo de cultura mental hacia la tolerancia, el respeto y la integración mundial, me parece que será también fundamental.

¿Cuánto nos van a cambiar a las universidades estas tendencias? Sospecho que bastante. A nivel metodólogico, y por este enfoque tan de aplicación que no paro de repetir, no podemos seguir haciendo memorizar o repetir en alto contenidos. Eso lo tienen a golpe de click. De esto ya también he hablado en el pasado. El método del caso, role-playing, workshops, prácticas en laboratorio, simulaciones, etc., sí son métodos que parecen bastante más acordes a las necesidades actuales.

Y, especialmente, para terminar, fomentar entre nuestros estudiantes el espírituo de aprender a aprender. Como decíamos antes, si algo nos caracteriza hoy en día es el volátil cambio con el que vivimos. El proceso de aprendizaje, así, debe redefinirse para que se convierta en un “continuo”, y todo el mundo deje de decir eso de: “Ya lo aprendí en la universidad“. No, tendremos que acostumbrarnos a estar en constante aprendizjae.

Quizás esta universidad del mañana que se alinee con la Cuarta Revolución Industrial ya esté aquí. No lo sé. Pero a lo que sí invito es a la reflexión sobre todo ello, y a entender que el cambio, es algo que lo debemos llevar dentro. No se detendrá.

El Service Learning o Aprendizaje-Servicio: educación para la ciudadanía

A comienzos de Octubre, la alcaldesa de Madrid Manuela Carmena proponía un proyecto que en muchos medios pasó bastante desapercibido, pero a que mí me llamó bastante la atención:

Carmena propone que los universitarios "ayuden a barrer" Madrid y ellos se niegan (Fuente: http://www.elconfidencial.com/espana/madrid/2015-10-02/carmena-universitarios-barrer_1045362/)
Carmena propone que los universitarios “ayuden a barrer” Madrid y ellos se niegan (Fuente: http://www.elconfidencial.com/espana/madrid/2015-10-02/carmena-universitarios-barrer_1045362/)

A tenor de lo que leí en su día, supongo que los principales objetivos que perseguía el consistorio de Madrid era básicamente la limpieza de las calles de Madrid. Ello, a tenor de declaraciones como éstas:

[…] Si se pone en marcha esta iniciativa, los universitarios podrían convertirse en gestores de los grandes acontecimientos juveniles, como los botellones, donde normalmente la basura que se acumula es incalculable.

La propia Carmena lo contaba en primera persona. Ella de joven trabajó en una fábrica de mermeladas como parte del Servicio Universitario de Trabajo (SUT). Esta experiencia la permitió conocer una realidad y adoptar una personalidad conocedora de los trabajos manuales y su implicación y esfuerzo. Concluía con:

Algo de esto queremos hacer para sensibilizar a la sociedad, para sensibilizar sobre todo a las personas jóvenes de que la ética de la limpieza es un elemento de sostenibilidad de nuestra sociedad y es indicativo del comportamiento ético necesario para con los demás, que los demás no tengan que recoger la suciedad que yo genero.

Más allá de las reacciones de unos y otros (que ya anticipo que a los estudiantes no les gustó nada), esta noticia me hizo pensar en los principios y valores que subyacen a un proyecto como éste. Es más, tengo una experiencia parecida a la de Carmena. Suelo contar en algunas conferencias y charlas mi experiencia en esa línea. Yo solo he estado dado de alta en la Seguridad Social por dos organizaciones: la Universidad de Deusto y la empresa de limpieza de mi pueblo, Leioa, denominada Halsa. Fueron varios los veranos, especialmente en las fiestas populares de mi pueblo, cuando uno de joven quería sacar unos ingresos mayores, y se tenía que poner el mono de limpieza. Os hablo de los 14 años en adelante.

Pero, más allá del dinero, lo que aprendí es precisamente mucho de lo que señala Carmena: visión comunitaria sobre la limpieza de una ciudad, ser responsable y sensibilización hacia la limpieza que uno genera en un evento del talante de unas fiestas populares, y sobre todo, valoración y reconocimiento al trabajo manual que día a día realizan personas y trabajadores como todos nosotros.

Carmena quería implicar a los universitarios. Y no es porque sea un colectivo que tiene más o menos habilidades para ello. La cuestión es que cada vez son más los proyectos para la educación en el compromiso ciudadano en la enseñanza superior. Esto que se estilo mucho en los países anglosajones, en España no lo hemos visto tanto. Se denomina el Aprendizaje-Servicio (ApS) o Service Learning.

Hace unos meses, estuve en la conferencia que impartió Andrew Furco, de la Universidad de Minnesota, experto en estos menesteres. Se centró en la evaluación de los efectos del Aprendizaje-Servicio en los estudiantes, en las organizaciones sociales desde las que estos desarrollan un servicio solidario y en las universidades. Tiene una publicación titulada “A Status Report on the Impacts of Service-Learning: A Review of the Research” que habla, desde una perspectiva científica y aplicada, sobre los efectos que tiene en la ciudadanía su vinculación en los servicios comunitarios. Y de esto quería hablarles.

No me parece un tema menor. Esta tendencia “pragmatoide”, de obsesión por lo inmediato, que están adquiriendo los sistemas educativos, hace que la formación de la ciudadanía del futuro resulte cada vez más complicado. La visión utilarista les está haciendo grandes técnicos de sus áreas de conocimiento, pero estamos quizás olvidando conceptos como la responsabilidades y la solidaridad.

El Aprendizaje-Servicio es una metodología innovadora que refuerza los vínculos entre la comunidad local y las instituciones educativas. El objetivo no es otro que ofrecer respuestas a los retos que plantea la educación en la actualidad. ¿Y qué se puede hacer en una institución de educación para introducir gradualmente esta visión hacia el servicio comunitario? Varios elementos:

  • Rol activo de nuestros estudiantes: son ellos mismos quienes plantean sus propuestas de planificación e implementación de la tarea a desarrollar. Esto, a futuro, en contextos profesionales, nos viene muy bien.
  • Atención a una necesidad real: muchas veces se critica que trabajamos problemas no reales. Pues nada más real que, en este ejemplo, la limpieza de nuestr ciudad. Si consideramos, además, que nos movemos en sociedades democráticas, la participación en la comunidad debería ser un derecho y un deber de los ciudadanos. En países nórdicos ya ocurre esto.
  • Relación con los objetivos curriculares y los resultados de aprendizaje: en nuetro Espacio Europeo de Educación Superior,  relacionar este desarrollo competencial con el currículo y los resultados de aprendizaje que se les espera, con el servicio voluntario a la comunidad constituye uno de los elementos más reseñables.
  • Ejecución de un proyecto de servicio: competencias como orientación al servicio, toma de decisiones o gestión y planificación por objetivos, ganarían muchos enteros con este tipo de proyectos. El diagnóstico de las necesidades del entorno y la preparación del proyecto para darles respuesta resultaría una actividad muy enriquecedora.
  • Reflexión: soy el primero que suele quejarse en ocasiones de la falta de pensamiento crítico de nuestros estudiantes. Pero en este caso, y aunque pudieran parecer trabajos manuales, no les quedaría otra. Los beneficios no son solo académicos (resolución de problemas), sino también de desarrollo personal (identificación de valores, diagnóstico y conocimiento personal) y curricular (mejora del proyecto y mejora de las actividades de servicio).

Los beneficios para nuestros estudiantes de un proyecto de este tipo resultan bastante evidentes. Entre ellos, me atrevería a destacar que los estudiantes se empiezan a sentir positivamente conectados a la realidad y las necesidades de su comunidad. Esto genera ciudadanía y sensibilidad (seguramente así dejemos de tener las calles tan sucias, bulliciosas, etc.). Además, los problemas reales planteados, hacen que los estudiantes tengan que diseñar e implementar soluciones a problemas que deben ser novedosas e innovadoras. Y hace que tengan que desarrollar muchas competencias que tanto buscamos en las aulas de las universidades (resolución de problemas, toma de decisiones, planificación, gestión del tiempo, etc.)

Como ven, la educación va más allá de las cuestiones técnicas o contenidos. Hay competencias, visiones, e implicaciones ciudadanas y de comunidad que aportan un valor enorme al currículum de nuestros estudiantes. El Service Learning se constituye así como una metodología innovadora que puede aportar mucho al desarrollo humano de nuestros estudiantes.

Sobre Linkedin y el futuro de la educación superior

Reid Hoffman, cofundador de Linkedin, escribió en 2013 un artículo titulado “Disrupting the diploma“. Desde que lo leí en su día, hasta hoy, no he dejado de pensar en ese tema. Sé que ha pasado mucho tiempo, pero poco a poco, y según voy viendo más cosas, lo que pensé en su día va conformándose, por lo que he pensado escribirlo en el blog.

La idea central que trasladaba era que los estudiantes ya no solo iban a querer ir a las universidades para obtener un diploma (un “título” en nuestra terminología). Nos invitaba a las universidades a cambiar en cierto modo, y ofrecer más valor que ese (el “monopolio de la emisión de títulos“). Esto que llevamos las universidades haciendo tantos años, se debe, especialmente, a que hasta la fecha, no había alternativas. La mejor manera de asegurarte un futuro laboral, a sabiendas que la gran mayoría de empresas valoran el título universitario por encima de todo, era éste. Algunas -como Ernst&Young- empiezan a dejar de exigirlo, conscientes que esto puede estar cambiando, y esto es lo que quiero trasladar con este artículo.

Vaya por delante mi total defensa del rol de una universidad en la sociedad. El desarrollar a los profesionales del mañana, contribuir al conocimiento y desarrollo científico, así como fomentar unas habilidades básicas junto la visión humanística, para mí, son tareas que las universidades pueden desempeñar mejor que cualquier otra entidad. Llevo escribiendo sobre ello desde hace años. Ya en 2011, decía esto:

Pero no fue hasta entrado el Siglo XX que se acabó de definir el modelo de universidad en el que estudiamos hoy en día. Flexner tuvo mucha influencia en el modelo de la universidad moderna, ya que vislumbró esta institución como la que iba a permitir unir investigación en ciencias, enseñanza y entrenamiento de alto nivel, trabajo conjunto de graduados con profesores y el compromiso con el descubrimiento intelectual. Así, los estados impulsaron un nuevo modelo de universidad (investigación más enseñanza de “profesiones”) con conceptos modernos de profesión como una formación de alto nivel y compromiso ético con la sociedad.

Sin embargo, el modelo universitario también está teniendo su crisis. No tanto en valores (que yo creo que seguimos viéndonos desde dentro con el mismo rol), pero sí nos estamos viendo sometidos a presiones por supuestos “competidores” que además de hacer daño al rol de la universidad, también hacen en cierto modo daño a los estudiantes. Yo, que para dos másteres soy el encargado de entrevistar a los interesados, lo percibo en primera persona cuando alguien compara alguno de nuestros títulos con supuestas enseñanzas parecidas.

Volvamos a LinkedIn para explicar la idea que trato de trasladar. LinkedIn ha comprado este año lynda.com, una plataforma de formación online que pone de relieve de nuevo lo que comentaba: LinkedIn ve cada vez más cerca su valor en lo que a ser la plataforma de intermediación entre estudios y oportunidades profesionales se refiere. Y esta es una de los vectores de fuerza que estamos perdiendo las universidades: empezamos a perder esa garantía para el empleo, que pese a no ser nuestra función principal, las sociedades nos han ido posicionando ahí.

Lo que en cierto modo dice la noticia de Ernst&Young de dejar de fijarse en graduados universitarios como garantía de selección de candidatos es que el output de una formación, sea cual sea esta, son las competencias y los resultados de aprendizaje. Es decir, la concreción de lo estudiado es esto; qué competencias se han adquirido y cuáles son los resultados de aprendizaje. Las universidades quizás sí que definamos bien esto, pero lo que no hacemos es luego ponerlo en valor. Quizás porque no tengamos en nuestra “cadena de valor” la inserción laboral metida.

Además, otro problema es que en este “mercado” hay mucha heterogeneidad en términos de competencias. Cada universidad fija su modelo de competencias y las asocia a los diferentes títulos. Esto no debe por qué ser lo que luego las empresas demandan. Y de esto se han empezado a dar cuenta en países como EEUU, donde la formación en plataformas de reconocimiento de competencias y certificados de cursos especializados es cada vez mayor.

Y aquí es donde vislumbro un próximo cambia importante; el perfil del estudiante se abrirá, se nutrirá de las competencias adquiridas en muchos sitios. Es donde precisamente LinkedIn ha visto su hueco. En situarse como un mercado online de intermediación laboral donde lo que se ofrece y se compra son competencias. No es de extrañar así que cuando LinkedIn compró bright.com en Febrero del 2014, buscase una plataforma de empleo con mucha experiencia de usuario e intensiva en datos para disponer de algoritmos de emparejamiento “candidato” a “competencias demandadas” muy eficiente. Con esto, ahora LinkedIn, podía ya ofrecernos puestos de trabajo interesantes para nuestro perfil competencial, hacer lo inverso con las empresas, sugerirnos estudios para cubrir “gaps” para perfiles como el nuestro y que así pudiéramos seguir progresando profesionalmente, etc. Quizás por eso veréis en vuestro perfil de LinkedIn paneles como éste que me acaba de mostrar a mí:

Sugerencias de estudios y eventos para mi perfil en Linkedin
Sugerencias de estudios y eventos para mi perfil en Linkedin

Un mercado online en la misma línea de otras plataformas de intermediación como Über, Amazon, AirBnB o Facebook: empresas sin activos cuyo valor es la intermediación y el posicionamiento, lo que cuando se alcanzan grandes volúmenes de usuarios se dispondrá de un poder de influencia muy alto. No es de extrañar así que Hoffman, haya donado 1 millón de dólares a Obama desde 2008. Tiene todo el sentido del mundo. LinkedIn hoy en día, como otras grandes plataformas de contenidos, cumple el rol que en el Siglo XIX cumplían las fábricas yen el XX los medios de comunicación: llegar a grandes audiencias. Y esto, obviamente, tiene beneficios para LinkedIn, claro, que, entiendo no hay que explicar.

En todo esto, y como suelo siempre señalar la importancia de no olvidar aspectos relacionados con la seguridad y privacidad, no hay que dejar de lado preguntas como: ¿y entonces el perfil competencial ahora está en LinkedIn? Por lo tanto, ¿es de la plataforma y no mío? Aquí veo un riesgo claro. Debiera ser del estudiante, incluso expresado en un formato estándar y abierto, de manera que pudiera llevármelo eventualmente a futuro a otra plataforma. Ahora mismo todavía no existe este estándar, pero con tanta donación por medio, es difícil que algún gobierno se dé cuenta del poder que puede llegar a tener LinkedIn de “bloquear” el perfil competencial de los candidatos en su plataforma.

A todo esto, ¿cómo podemos reaccionar las universidades? Sin olvidar, repito, que nuestra misión no es solo formar los mejores profesionales sobre la base de las necesidades de la industria y las organizaciones (como hoy señala mi compañero y decano de la Deusto Business School Guillermo Dorronsoro en su blog, no olvidemos la dimensión Humanitas). Pero cambios en la educación superior se van a producir.

Y el gran problema es lo que algunos autores ya han llamado el “great unbundling” de las universidades: es decir, que deberemos cambiar nuestro modelo de propuesta de valor de “paquete único”, en el que a cambio de una matrícula que cobramos por adelantado y/o periodificada, los estudiantes “adquieren” servicios que no quieren comprar (servicios de internacionalización -aunque nunca los usen-, servicios de biblioteca -aunque no vayan-, servicios deportivos -aunque no participen-, etc.). Es decir, podríamos pasar a un modelo “no-frills” como el que sufrieron las aerolíneas con Ryan Air o el sector de la música con iTunes.

Modelo
Modelo “no-frills” de RyanAir (Fuente: http://startups.co.uk/6-no-frills-rules-that-made-ryanairs-business-fly/)

En el siguiente artículo hablaré sobre cómo veo todo esto en las universidades y la educación superior, y cómo podríamos afrontarlo.