¿Podría Google acabar como Yahoo algún día?

Hace tres meses hablábamos de Yahoo. Y titulábamos la venta de sus activos digitales con un apellido: “el antiguo gran buscador“. Y es que Yahoo! fue considerado por muchos, durante mucho tiempo, el que había ganado la batalla online. Fortune, el 2 de Marzo de 1998, titulaba esto:

Fuente: http://archive.fortune.com/magazines/fortune/fortune_archive/1998/03/02/238576/index.htm
Fuente: http://archive.fortune.com/magazines/fortune/fortune_archive/1998/03/02/238576/index.htm

La noticia merece mucho la pena. Habla de unas cifras realmente interesantes: una empresa que en 1997 había ingreso 67 millones, había perdido 23, pero que en bolsa ya le daban un valor de 2.800 millones de dólares. Y básicamente lo que venía a decir Fortune es que esos 25 millones de usuarios que mensualmente empleaban Yahoo, habían conseguido convertir Yahoo! en la gran perla de la era digital. En el gran buscador que nadie iba a conseguir desbancar. En el año 200 llegaba a los 185 millones de usuarios. Nadie iba a frenarle. Pero luego, ya saben lo que ha pasado.

¿Les resulta algo familiar? A mí sí. Sí, hablo de Google, la segunda empresa de mayor valor bursátil del mundo, la que presenta semestre a semestre grandes resultados; ese buscador tan potente y aparentemente indestructible. ¿Podría Google acabar como Yahoo algún día? Quién sabe.

Pero lo que me genera alguna duda respecto a la posición de Alphabet/Google es la industria en la que están, y no tanto ellos en sí (que sería difícil poner en duda a una empresa tan rentable y solvente). De esto ya he hablado en el pasado, con algunas de las frases que ahí introducía y que creo resumen bastante bien la “volatilidad” que pudiera tener este sector en el corto plazo:

[…] Dejando de lado que el mundo de la publicidad digital es difícil -sí, mucho presupuesto, pero también muchos jugadores para repartirlo-, lo que creo es que estamos confundiendo el tema del que tratar. En el fondo, lo que está en cuestión es si el modelo de publicidad online es bueno ahora mismo. Y es que yo creo que no. Hemos llenado las webs de publicidad totalmente intrusiva, poco personalizada (y mira que la era digital lo permite…) y omnipresente. Esto a la gente le molesta. Creo que necesitamos un nuevo modelo de publicidad digital basado en la relación.

El punto en todo esto es que Google, aunque parezca mentira, pudiera encontrarse en la “parte mala” de muchas de las tendencias que parecen advenirse en el sector. Por un lado, Google confía mucho en la web general y en su buscador ahí; parece que la tendencia hacia las apps es cada vez más pronunciada. Lo dicho en el párrafo citado anteriormente; Google confía en un modelo publicitario que podríamos considerar “intrusivo”; parece que la balanza hacia modelos basados en la relación se están extendiendo. En términos de redes sociales y la cada vez mayor edad e importancia de esos jóvenes que pasan tanto tiempo ahí, y menos en la web, Google no existe.

Por contra, Facebook, en ambos  mundos parece encontrarse en el lado correcto. no quiere esto decir, que a Facebook solo le depare un futuro de rosas. Esto está todavía por ver. Son tendencias.

Pero, donde el problema es más grande, es en la joya de la corona de todo esto: el tráfico móvil. Fíjense en la siguiente gráfica:

Tendencias en Internet y fuentes de tráfico (Fuente: http://www.kpcb.com/internet-trends)
Tendencias en Internet y fuentes de tráfico (Fuente: http://www.kpcb.com/internet-trends)

Ahora mismo, el mayor vector de recorrido de la industria publicitaria la tiene el móvil. El desequilibrio más importante entre tráfico a inversión lo tiene ese canal. Esta gráfica parece indicarnos una tendencia clara a mover dinero de inversión del canal impreso y TV al canal móvil. Si esa oportunidad existe en EEUU (que es a lo que hace referencia esa imagen), imagínense cuando esa tendencia llegue al mundo en general. Habrá muchos más problemas.

Y, por último, si parece que el contenido es el nuevo rey, y no tanto la búsqueda (SEO y compañía), no debería sorprendernos que ese “engagement” que genera el contenido (como el de Facebook, de nuevo), sea una aventura por la que deba empezar a preocuparse pronto Google. Y, de nuevo aquí, Facebook parte de una posición de partida ventajosa, por su gran adaptación al entorno móvil, en el que vemos tenemos todavía mucho para realizar. Solo un 15% de nuestro tiempo en los móviles lo hacemos en navegadores; el resto lo hacemos en aplicaciones.

Google no crece más. Al menos a nivel de usuarios y el uso que hacen. Lleva desde 2012 con el mismo volumen de búsquedas todos los meses (100.000 millones, que no es poco, pero ya digo que no crece). Pero en términos de dispositivos móviles, se traduce en una búsqueda diaria en el móvil; frente a los 50 minutos al día en Facebook. Los números hablan por sí solos.

Por lo tanto, volviendo a la pregunta original. ¿Podría Google acabar como Yahoo algún día? No lo sabemos, ni lo sabremos pronto. Pero las tendencias no son muy favorables.

El fenómeno Tinder

Seguramente a estas alturas ya conozcáis Tinder. El encontrar pareja tampoco ha quedado ajeno al mundo de las aplicaciones móviles. En otros tiempos, se usaban el chat y Messenger, los cuales ya supusieron una auténtica revolución para los que venían de una época en la que el “mundo físico” era la única alternativa. Pero hoy en día esto se ha acelerado mucho más, a golpe de “desplazamiento de imágenes”.

Y es que ahí radica el éxito de Tinder: su sencillez. Una aplicación que permite encontrar encontrar personas que nos puedan interesar. Para un usuario cualquiera es tan sencillo como iniciar sesión con nuestra cuenta de Facebook, Tinder extrae los datos del perfil, y empieza a sugerirte personas en base a esos datos descriptivos. Estos datos, obviamente, puedes cambiarlos para que ese emparejamiento sea aún más preciso. Y luego, puedes filtrar por distancia, género, edad, etc.

A partir de ahí, su uso es aún más sencillo. Te van apareciendo fotografías de otros perfiles que aparentemente se adecúan a tus criterios, y tú tienes dos acciones a ejecutar posibles: desplazar la fotografía hacia la derecha o la izquierda, en función de si esa persona te gustado o no. Sí, han leído bien, el concepto “me gusta” de toda la vida, a golpe de pulgar en tu móvil. Cuando dos perfiles se han gustado mutuamente, reciben una notificación y pueden empezar a escribirse a través de la aplicación.

Tinder
Tinder (Fuente: http://n0lcqtmqb8-flywheel.netdna-ssl.com/wp-content/uploads/2015/02/tinder-app.jpg)

Dada su sencillez, poco más que la gente lo ve casi como un juego. Cualquier rato libre, sale eso “que llevamos dentro” que nos lleva a pensar que vamos a encontrar a la persona de nuestras vidas. Y nos ponemos a mover fotografías a la izquierda y a la derecha. Y Tinder, consciente de ello, no para de sacar funcionalidades que lo convierten cada vez en un mejor juego: notificaciones cuando en tu área hay 2 o 3 veces más emparejamientos de media de lo normal (para estimular al resto), los días más fáciles para ligar, hace un ejercicio de inclusividad para todos los deseos sexuales (de ahí el poder filtrar por género), conexión con los amigos en Facebook para estimular su uso, etc.

El éxito de Tinder es realmente espectacular. Según Deutsche Bank, está valorada ya en 1.200 millones de dólares, para sus 25 millones de usuarios registrados y su millón de usuarios de pago (con funcionalidades como encontrar perfiles por tu próximo destino de viaje o cambiar “Me gustas” que has marcado con antelación). Unos 30 millones de “matches” al día. Ha generado más de 9.000 millones de “matches” (emparejamientos) hasta la fecha. Ya un 15% de americanos usan estas aplicaciones para ligar en su día a día. Solo unas cifras para poner en contexto de lo que estamos hablando.

Sin embargo, a mí todo esto me llevaba a pensar varias cuestiones a nivel de impacto social y cultural. Especialmente, por lo que veo y escucho en mi entorno. Según los datos de usuarios que han publicado, el 45% de los usuarios está en la franja de edad entre los 25 y 34 años, seguido por el 38% que tiene entre 16 y 24 años. Me encuentro en el grupo de mayor uso de Tinder. Y por eso, ya digo, en mi alrededor escucho muchos comentarios.

Y de estos comentarios, nace la reflexión de pensar y reflexionar un poco más sobre este tipo de aplicaciones y la superficialidad que introducen en un elemento tan importante para nuestro esquema social como es el “emparejamiento (entiéndase el término, no busquen las cosquillas). Que una aplicación basada en técnicas de gamificación sea en la que confíamos para encontrar al amor de nuestra vida, hace que me susciten varias dudas y reflexiones (incluso en un plano moral) este tipo de aplicaciones.

Que Tinder confíe en el grafo social de Facebook y sus datos, en la fortuna en sacar una buena fotografía, y en la disponibilidad a la que una persona acude a una cita de este tipo (“Si Tinder ha dicho que eres una persona para mí… ¡cómo no creermelo!“), me resulta bastante preocupante a nivel de cómo concebimos, repito, un acto tan humano como el encontrar pareja. No sé si no estaremos trivializando algo que debiera generar elementos de afinidad más profundos y sociales.

Un enfoque tan utilitarista y simple que yo creo que debe llevarnos un poco más lo que usamos y por qué lo hacemos. Cuando escucho historias cercanas de mis amigos y amigas, pues vamos, uno se alegra que haya encontrado pareja y estén felices. Pero, por otro lado, me resulta inquietante el proceso por el que se ha llegado a ello. Han llegado confiando en un algoritmo y un juego dentro de una aplicación denominada Tinder, que recomienda en base a los datos de Facebook y aquellos que nosotros le hayamos dado. Introduce un sesgo importante, y encima nos incita mediante técnicas de juego a dejar más datos aún respecto a nuestros gustos. Lo de los algoritmos de cajas negras, lo dejamos para otro día.

Algunas preguntas finales: ¿qué pasa si tras el “enganchón” que llevamos encima en su uso decide empezar a cobrarnos? ¿qué pasaría si no encontramos en ningún momento por fallos en la “caja negra” o la calidad de los datos introducidos? ¿qué pasaría si el algoritmo decide emparejarnos siempre con personas que no son de nuestro gusto? ¿pensaríamos que no “valemos” para esto de estar en pareja? Se me ocurren más preguntas… pero solo trato de trazar esa línea de reflexión que introducía anteriormente.

En definitiva, estamos ante la posibilidad de estar generando un nuevo esquema de valores y prioridades en algo tan humano como el encontrar pareja. ¿No os parece realmente impactante? A mí no me termina de sorprender.

Sobre las colas y la era digital

El otro día leía en este artículo de The Economist, que los Italianos se pasan de media 400 horas en colas. Esto, expresado en  euros, equivale a un total de 40.000 millones de euros perdidos por las colas. Es más, hablaba el artículo de cómo los Italianos más acaudalados, conscientes de la pérdida de tiempo, durante décadas han contratado a personas para que hicieran colas por ellos en situaciones que por España también nos son familiares: el pago de facturas en persona, trámites administrativos, etc.

Más allá de lo descorazonador que es ser consciente de esta realidad, el artículo exponía cómo un emprendedor había puesto en marcha un proyecto para el reconocimiento legal de esta dedicación, al parecer tan popular en Italia. Lo que busca este emprendedor (Giovanni Cafaro) es estandarizar las condiciones contractuales, especialmente en términos de salario mínimo (10 € a la hora brutos) y acceso al seguro de accidentes público. El señor Cafaro, montando una especie de franquicia, ofrece un curso de cinco horas sobre Skype parar formar en los tediosos requisitos de las administraciones Italianas en lo que se refiere a la gestión documental, firmas, etc.

Esta historia, más allá de su fondo, me hace reflexionar a nivel de forma. Que en pleno Siglo XXI, con la cantidad de opciones que la digitalización ofrece en términos de eficiencia, un emprendedor piense en este proyecto y le esté yendo bien, es muy ilustrativo del camino que queda por recorrer. La transformación digital de la sociedad y todo lo que a ella lo conforma (espacios empresariales, personales, gubernamentales, etc.), está en plena época neanderthal. Está todo por hacer.

Las colas siempre han sido una de mis obsesiones. Quizás por mi formación como ingeniero industrial, donde la productividad y la reducción de ineficiencias, está en el ADN de todo proyecto que emprendemos. Por eso abrazamos la era digital con mucho cariño, porque nos traía la reducción de pérdidas en espacios con poco valor añadido (esperar parado) y nos permitía centrarnos en actividades de más valor añadido. También, quizás, porque en la carrera un profesor nos contó (hablando de los modelos de preciosas derivadas para optimizar colas) que nos pasamos 6 años de media en colas durante nuestra vida.

En un artículo anterior hablé de la transformación digital de Starbucks. Entre los puntos de su proceso de transformación, destacaba dos de ellos:

Digitalizó todos los procesos de la empresa, tanto los externos hacia el cliente, como los internos en aras de lograr una mayor productividad.
Permite los pagos móviles en sus establecimientos (procesa 3 millones de pagos móviles a la semana en todo el mundo). Square, Passbook de Apple, etc. Es decir, comodidad para el cliente y eficiencia.

Esto sí es una digitalización para centrarse en valor añadido. Si mi propuesta de valor es una experiencia de consumo de café en entornos agradables, hago que la experiencia del consumidor sea así desde que simplemente piensa en tomarse un café. Todo el proceso (esperar la cola para ser atendido, ser atendido, esperar la entrega del café, post-servicio, etc.), se digitaliza u ofrece contenidos digitales, para que el consumidor disfrute solo de la propuesta de valor. Y, así, evitamos que se pueda asociar esta propuesta de valor también con largos tiempos de espera.

Me acordaba también al ver esa noticia del emprendedor Italiana del restaurante de comida rápida Maple. Un modelo que me tiene ciertamente intrigado y expectante. De nuevo, vayamos a analizar su propuesta de valor: comida rápido. Fijaros lo que dice la noticia que enlazaba:

[…] sometimes there’s a long wait for food that shows up cold, and sometimes I get stuck in a rut, wanting to try something different but unwilling to gamble on a new restaurant or weird-sounding dish.

Dado que me voy a centrar en comida rápido como mi valor, lo que quiero es que sea eso: “rápida”. Mis consumidores, a menos que la comida sea realmente mala, lo que quiere es que esté medianamente buena, pero, sobre todo, que sea entregada rápidamente. Por ello, Maple, ha digitalizado muchos de sus procesos: básicamente el consumidor interactúa con una aplicación móvil (app). El pedido lo hago ahí (cero colas) y disfruto de la comida desde mi casa (sin tener que estar sitios abarrotados donde a veces tengo que esperar a sentarme por lo lleno que está). La digitalización, aumentando la experiencia del consumidor para alinearlo con mi propuesta de valor.

Aplicación móvil de la cadena de fast food Maple (Fuente: http://smallbiztrends.com/wp-content/uploads/2015/05/maple.jpg)
Aplicación móvil de la cadena de fast food Maple (Fuente: http://smallbiztrends.com/wp-content/uploads/2015/05/maple.jpg)

Una empresa, Maple, donde además, el Big Data está muy presente. Un algoritmo de aprendizaje autónomo que va detectando patrones de consumo para abastecer la cocina de tal manera que la producción sea súper eficiente, y sean capaces de producir lo que previsiblemente va a ser más demandado en una hora determinada por los consumidores tipos determinados. Todo ello gracias a que, no hay colas, todo queda registrado digitalmente, y que no depende de que nadie introduzca los datos: un software hace todo eso por mí. Desplazamos el nulo valor añadido de hacer cola al valor añadido de hacer software para un mundo eficiente que maximiza la experiencia del consumidor. Todo esto, ha provocado que Maple sea capaz de entregar más comidas a la hora que McDonalds o Chipotle, los más productivos hasta la fecha.

Visto el caso Starbucks y el de Maple, uno puede preguntarse. ¿Y cuál es entonces la propuesta de valor de las administraciones que hacen esperar en Italia y en otros países tanto tiempo? Inquietante pregunta. Ya me dirán si tienen respuesta.