Plataformas (supuestamente) colaborativas: algunos “pero”

Quizás hayan visto en alguna ocasión una imagen como la siguiente:

Fuente: https://www.linkedin.com/pulse/things-which-i-learned-from-uber-facebook-alibaba-airbnb-tushar-goyal
Fuente: https://www.linkedin.com/pulse/things-which-i-learned-from-uber-facebook-alibaba-airbnb-tushar-goyal

Simplificando lo simplificable, Uber, Facebook, Alibaba y AirBnB, los estandartes de esta mal denominada “economía colaborativa” (de lo que ya hablé aquí, aquí y aquí), son “páginas web“/”plataformas tecnológicas” cuyo valor no radica en disponer como “producto” lo que se dedican a vender, sino a facilitar todos los medios para que otros lo hagan. Por lo tanto, como proyecto tecnológico y comercial, creo que su valor está fuera de toda duda. Pero donde me surgen más dudas es sobre el supuesto componente “colaborativo”, en un sentido más “social” y de “beneficio compartido”. Por ello quería trasladar algunas nuevas reflexiones, ahora que Uber ha vuelto a España.

¿Qué características tienen estos proyectos?

  • Propuesta de valor: plataformas de gestión web de los flujos de transacción. Es decir, conectar a la “oferta” y a la “demanda” a través de tecnologías que lo ponen muy fácil, sencillo y rápido (aplicaciones móviles, especialmente).
  • Externalización de los “costes de producción”: ¿costes? prácticamente nulos, quitando los tecnológicos y comerciales, como decía antes. Es más, ni siquiera conciben la idea de “relación laboral” como tal.
  • Replicar el modelo de negocio todo lo que se pueda y más: estar en tantos países como puedan, dado que así pueden amortizar mejor los costes fijos de su inversión tecnológica y comercial.
  • Grandes campañas de marketing: al marketing tradicional y online, le suman novedades en la materia como los influenciadores y demás. No hay más que ver el vídeo de Enrique Dans ahora con la vuelta de Uber.

¿A cambio qué recibe el usuario? Un ahorro grande o pequeño, en función de lo que pague. Si paga con datos (Facebook o Uber), se paga menos. Si paga servicios no directamente comparables al producto que se obtiene con otras alternativas (un hotel o producto comprado en una tienda), pues les saldrá algo más barato por mera contabilidad de costes.

Pero, estas iniciativas, a mí me suscitan algunos “pero” a nivel de macroeconomía o de estado (“lo público”) que quería compartir con todos ustedes:

  • A nivel de Seguridad Social y el Estado del Bienestar: este artículo de The Economist, tratando sobre un tema completamente diferente, alertaba sobre el papel que deben asumir los estados a la hora de fomentar o “frenar” determinadas iniciativas. En este caso, me surge la duda del papel que debiera jugar un estado o sus órganos competentes (Seguridad Social, quizás) a la hora de fomentar un modelo en el que las relaciones laborales cambian por completo, y quizás, incluso se precarizan (esto es mera especulación aún).
    ¿Qué pasa con el sistema de pensiones contributivo que tenemos en los modelos del Estado de Bienestar del sur de Europa? Porque no es lo mismo que Uber funcione bien en EEUU o Reino Unido (donde todos sabemos cómo son sus estados del bienestar) a que lo haga en España, donde compartimos ahorro para que haya cierta solidaridad entre generaciones. Pudieran provocar “choques demográficos” que debiéramos prever al menos. Por ello es tan peligroso comparar soluciones tecnológicas de EEUU con el mismo modelo en España.
  • A nivel de Hacienda e impuestos: nuestros impuestos nos permiten construir carreteras, disponer de un formidable sistema de salud, una educación bastante igualitaria, etc. ¿Este tipo de relaciones laborales y modelos empresariales guardan afinidad con esta línea social que  nuestro sistema fiscal propone? ¿Dónde tributarán esas empresas? ¿En concepto de qué lo harán? Yo no tengo toda la información para dar respuesta a ello.
  • A nivel de garantía la calidad: en estas plataformas, a diferencia de un sistema en el que el estado regula “la calidad” (con licencias, normativas, etc.), son los propios usuarios de Internet los que legitiman la calidad de un servicio. Los reviews y ratings de un usuario, se convierten así en su reputación, legitimida socialmente a través de un gran grupo de usuarios como son los consumidores de estos servicios en Internet. Ya hablé sobre esto de la influencia social recientemente. Esto no tiene por qué ser “bueno” o “malo”, sino que tiene sus costes y beneficios. Todo cambia. Cuando pase algo-que el azar es así, algo pasará-, veremos como y quién se responsabiliza. Esta “externalización y democratización” de la responsabilidad, también me genera algunas dudas.
  • A nivel de discriminaciones positivas y negativas: ¿qué opina la Comisión Nacional de la Competencia sobre posibles de discriminación? Es decir, un hotel debe adaptarse para todas las normativas en materia de accesibilidad, universalidad, etc., pero ya ha habido varios casos en los que estas plataformas no han sido igual de considerados en todo ello. ¿Qué pasa con las discriminaciones? ¿Se puede “codificar” en un algoritmo estas decisiones con tanto componente “social”? Me vuelve a generar muchas dudas.
  • A nivel de “pricing”: entramos en un modelo de “libre mercado” total. Los precios, así, se entiende que tenderán a bajar. Pero, ¿es esto bueno? Como han podido ver, hay otras cuestiones que “se pierden”, que ahora mismo los precios sí recogen. Romper las reglas de juego tanto puede ser “bueno o malo”, dependiendo desde la óptica de la que se mire.

Como decía el título de este artículo “Plataformas (supuestamente) colaborativas: algunos “pero“. Como ven, muchas interrogantes que se abren con esa perspectiva más pública o “ciudadana”, que creo, debemos tener en consideración, más allá del precio y la facilidad de uso de una app.