La información veraz cuesta dinero

Sí, si ustedes quieren información veraz, deberemos financiarla entre todos. Deberemos pagarla y valorarla. Básicamente, porque desde el momento en el que la generación de información escapa de los controles de los medios de comunicación, y cualquiera puede montar un negocio para ganar dinero con noticias falsas (léase el caso de jóvenes en Macedonia), se preveen tiempos duros para la información veraz.

Y digo esto porque el otro día, en el marco de una entrevista que me hizo La Ser, salió este tema. Como sabéis, estoy últimamente muy activo con el tema (con la sección Fake News en Boulevard de Radio Euskadi, en el blog y en otras entrevistas). Quizás porque los que hemos comprado periódicos en papel desde pequeño, los que escuchamos la radio constantemente o los que vemos el telediario para cenar, somos conscientes de la importancia y el valor que tiene leer, ver o escuchar información en la que puedes confiar. En la que no tienes que activar el investigador que todos llevamos dentro para saber si lo que estoy leyendo es cierto o no.

Los medios de comunicación han sufrido y están sufriendo una transformación importante en los últimos años. Especialmente, derivado de la transformación digital de los canales de distribución de su información (quizás, de manera más acusada, por las redes sociales y la movilidad del lector). Les estaba costando rentabilizar unos contenidos que siguen siendo igual de caros. Una particularidad que tienen sectores como la generación de conocimiento/información o la educación (por citar dos a los que me dedico), es que son difícilmente industrializables: yo para dar una clase o escribir un artículo en un periódico, necesito investigar, leer, contrastar, etc. Eso, no hay robot o algoritmo que automatice. Sí, aceleran parte del proceso, pero la parte sustantiva (la creación creativa y original), sigue siendo un monopolio del humano.

Pero con la irrupción digital, ahora hay más competencia. Las barreras de entrada se han reducido, por los menores costes de distribución de la información. Hay más periodismo que nunca. Por lo que la “tarta” del anunciante hay que distribuirla entre más. Y eso obviamente hace que a una estructura de costes que es difícil de aligerar, le suponga contrarrestar a unos ingresos cada vez menores. Difícil ecuación.

Pero parece que es era de la posverdad de la que tanto hablamos últimamente, pudiera cambiar esa tendencia. Pudiera la gente haberse dado cuenta que la información veraz cuesta dinero. Mikel Segovia, en esta entrevista que me hizo en El Independiente, hablaba en clave de “La mentira, el gran negocio de las redes sociales“. Paradójicamente, este “gran negocio”, ha traído que el lector que solo quiere consumir verdad, valore más lo que tenía.

La mentira  el gran negocio de las redes sociales en tiempos de posverdad
La mentira el gran negocio de las redes sociales en tiempos de posverdad

Son datos de EEUU, pero quizás sea interesante conocerlos por aquí, para darnos cuenta también de ello: en el último trimestre (Q1 de 2017), la edición digital del New York Times ha ganado 276.000 suscriptores. En papel consiguió 25.000 nuevos clientes (¡!). Son los mejores datos de los últimos seis años. El Washington Post ha aumentado el número de nuevos suscriptores un 75% durante las elecciones americanas. También tienen datos positivos CNN, MSNBC e incluso la propia Fox. Definitivamente, si la era digital trajo crisis en el sector, quizás la “excesiva digitalización” (la era de la postverdad), ha producido una regresión a la media en el sector.

En el Congreso de Periodismo Digital de Huesca, escuché con mucha atención la entrevista que Nacho Escolar le hacía a Julia Otero. En el marco de esa conversación me gustó mucho una pequeña historia que contó Julia, que me permite elevarla a metáfora de lo que hoy estoy escribiendo. Julia hablaba sobre la importancia de pagar por la información de calidad. La generada con un método de investigación y contraste. Eso que decía anteriormente que no se puede industrializar y que cuesta dinero. Decía, literalmente:

“La investigación es cara. Si no se paga por la información, no se puede pretender que sea veraz”

Contaba la anécdota sobre cómo eldiario.es (el medio digital que dirige Nacho Escolar), para fundamentar la acusación al ex-ministro Soria sobre las vacaciones en el hotel de lujo de Punta Cana, tuvo que enviar hasta dicho hotel a un periodista. Fue el método para demostrar la veracidad de la denuncia que hacían. Y eso, obviamente, tiene un coste… que si debe hacerse para todas las noticias, es difícilmente rentable.

Y es aquí, como corolario, donde ella decía ese famoso mantra de Internet, que nos acompaña desde hace mucho tiempo, pero quizás todavía tenemos que seguir divulgándolo:

“Si no eres el cliente, eres la mercancía. Si tú no pagas, eres el producto”.

A lo que quizás podamos añadir que si acabamos todos siendo mercancía, la información veraz, pudiera irremediablemente ser un activo realmente escaso. No estoy con esto haciendo un llamamiento a la suscripción de todos los medios digitales. Que cada uno elija lo que quiera, faltaría más. Pero sí por lo menos alertar, como decía al comienzo, que la información veraz cuesta dinero. Y que debemos ser todos responsables de nuestros actos si no lo valoramos.

Predicción de resultados electorales: MogIA y Trump

Abramos esta publicación con un titular que a muchos de nosotros nos sorprendía en su día:

Estas herramientas de inteligencia artificial tan de moda últimamente, acertaron. Una herramienta desarrollada por la empresa Genic.AI, denominada MogIA, y que se fundamenta en unos algoritmos de inteligencia artificial, que dijeron que sería Donald Trump el ganador.

Pero no venía yo hoy a introducir más ruido en unas elecciones ya de por sí bastante “movidas” (por decirlo de alguna manera). Lo interesante de la predicción de resultados electorales no es tanto quién gana (que también, claro), sino cómo funcionan. Vengo a hablar de este tipo de herramientas de predicción, que tantos titulares están generando en los últimos tiempos. En este caso, la herramienta MogIA, se alimenta de 20 millones de puntos de datos de plataformas “públicas” (entiéndase en el contexto de datos) como Google, Facebook, Twitter y Youtube. Una vez con los datos en la mano, crea modelos para predecir resultados.

La herramienta fue creada allá por 2004. Desde entonces, no ha fallado. Siento introducir más pesimismo en el ambiente, pero los datos y los algoritmos son así. Es más, tengo aún peores noticias; este tipo de sistemas, cuyo funcionamiento paso a explicar enseguida, son cada vez más precisos: cuantos más datos reciben, más aciertan.

La hipótesis del autor del modelo de predicción es sencilla: aquellos candidatos que más “engagement” (¿reacción? ¿compromiso?) generan entre los usuarios en redes sociales, son los preferidos. Justo hace un par de días nos recordaba el bueno de Nate Silver (otro de los que está mucho en este tipo de modelos predictivos), que todos los modelos hacen suposiciones:

Es decir, que todos los modelos suponen hechos que luego debemos hacer que la evidencia contraste. No son suposiciones basadas en cuestiones subjetivas, sino en datos. El propio Nate Silver no para de publicar sobre la evidencia de las mismas, como una forma de hacer público su modelo y someterlo al escrutinio público.

¿Y qué hace MogIA para que hasta en los telediarios haya salido? Pues bueno, lo primero de todo, se trata de un modelo muy preciso, como decía. Ha acertado todas las últimas elecciones (incluyendo las primarias, donde nadie daba un duro por Trump). En este caso, ha sido más noticia que en anteriores ocasiones, porque estuvo contradiciendo la gran mayoría de las encuestas tradicionales. Y ahí es donde precisamente veo el punto de interés para este blog: ¿datos de redes sociales y su sentimiento o métodos de encuesta tradicional?

No deja de ser cierta una cosa que nunca debemos olvidar: la ambiguedad de los comentarios en redes sociales es importante. Que los tweets y comentarios de Donald Trump hayan generado más reacción que con anteriores candidatos, puede deberse a las barbaridades que ha comentado. Esto, todavía los algoritmos de Inteligencia Artificial, no han conseguido arreglar. Además, también hay otro elemento importante: ahora mismo hay más usuarios en redes sociales de los que había en elecciones anteriores. Por lo tanto, si el motivo de reaccionar tanto a los comentarios de Trump es su “provocación”, que haya más personas que reaccionen, solo amplificaría el problema de raíz. Pero quizás, quién sabe, esto forme parte de la propia estrategia de Donald Trump.

Esto creo que tendría que destacarse más cuando se habla de este tipo de algoritmos. Pero esto no quita a que montar modelos predictivos basado en datos de redes sociales y datos públicos esté siendo cada vez más popular. El pasado Septiembre, Nick Beauchamp, profesor de la Northeastern University, publicó un artículo donde demostraba cómo había una similitud muy alta entre los 100 millones de tweets publicados sobre las elecciones de 2012 y los resultados electorales de los estados.

Esta precisión en los resultados se debe a la nueva era de los algoritmos. Y esto, de nuevo, es lo que a mí más me llama la atención. Si bien con anterioridad, como decía el bueno de Nate Silver, los modelos muchas veces reflejaban los sesgos de su desarrollador, los algoritmos de aprendizaje (Machine Learning, vaya), van aprendiendo de su entorno. Es decir, son piezas de software que han sido enseñadas a aprender. Y por lo tanto, evitamos tener que decirles nosotros qué tienen que hacer. Y esto es lo interesante; y lo que los hace más objetivos. Y lo que provoca más miedo en este caso que pudiera estar dando como ganador a Trump.

Y es que estamos entrando en una era en la que no solo los resultados electorales son objeto de predicción. Muchas otras cosas. Y es que el software se está volviendo más inteligente según puede ir creando sus propias reglas a partir de los datos que va observando.

La evolución de Facebook: de red social a infraestructura y TV

Facebook nació como una red social. Bueno, mejor dicho, nació como un espacio web donde los usuarios pudieran subir fotografías que sus colegas universitarios pudieran luego ver. Esto fue en 2004, cuando se lanzó el servicio en las habitaciones de la universidad de Harvard. La evolución y crecimiento fue rápida. Estamos hablando de una época en la Internet comenzaba a conectar personas, no solo ya documentos y contenidos, y por lo tanto, se comienzan a relacionar personas y nace así el concepto de “red social” (entendido como hoy lo conocemos).

Hoy en día, Facebook, ha cambiado mucho. Su evolución hacia un medio de comunicación de masas parece bastante clara. Los usuarios de Facebook pasan ya más tiempo informándose en Facebook que interesándose por lo que sus amigos han hecho el pasado fin de semana o la última foto que han subido. Y la tendencia, a tenor de los datos de consumo de información en redes sociales, de los millenials, creo que hará acrecentar aún más esta tendencia.

Y Facebook, esto lo tiene bastante claro. Su valor en bolsa, y su alta cotización bursátil, hace pensar que su estrategia de hacer que estemos mucho rato dentro del propio Facebook, esté alineada con esta evolución sufrida. Por ejemplo, su funcionalidad Instant Articles, que permite que creemos contenidos dentro del propio Facebook para ser consumidos en dicho entorno. Una tecnología, además, adaptada para dispositivos móviles, lo cual aumenta aún más la experiencia de usuario.

Instart Articles (Fuente: http://cdn0.theawl.com/wp-content/uploads/2015/05/Photo-May-13-3.jpg)
Instant Articles (Fuente: http://cdn0.theawl.com/wp-content/uploads/2015/05/Photo-May-13-3.jpg)

¿Qué busca Facebook con este tipo de tecnologías? Pues que creemos contenido dentro de su propio entorno, sin que tengamos que salir de ahí. Esto es algo que yo experimento en primera persona. Cuando este artículo que estoy escribiendo en mi blog lo publique en Facebook, tengo comprobado, le da menos importancia -es decir, lo releva en el orden de aparición a mi comunidad de amigos- que a cada publicación que genero dentro del propio Facebook.

Si aumentamos nuestro tiempo de estancia en Facebook, la lucha con los  medios de comunicación e información tradicionales será mayor. Y así, Facebook, seguirá evolucionando al gran medio de comunicación de masas (no olvidemos que tiene 1.600 millones de usuarios activos en todo el mundo) que es hoy en día.

Pero, a diferencia de estos  medios de comunicación tradicionales, el contenido le sale gratis. Es una TV a la que sale el contenidos de una manera muy rentable. Facebook no tiene periodistas. Sino que tiene usuarios que están encantados de generar contenido ahí, porque aumenta su exposición y su posibilidad de impacto a personas. De esta manera, se convierte en una infraestructura de soporte para el mundo de la información y la comunicación que hace que podamos pensar que a un futuro, sea la “base” sobre la que pivoten muchos negocios y sectores que tradicionalmente su propuesta de valor ha sido el contenido.

En todo ello, veo un primer peligro, que no quería dejar de citar. A sabiendas de todo esto, el poder de Facebook es realmente alto. Como medio de comunicación de masas, su capacidad de influencia, también. Pero la gran diferencia con un medio de comunicación tradicional en el que el usuario elige su “menú de contenidos“, Facebook lo hace por nosotros. Y esto, en un algoritmo de “caja negra”, es un peligro del que creo, debemos, al menos, ser conscientes. Más de 100.000 factores que pondera el algoritmo de Facebook para discernir qué noticias pueden ser las que más nos interesen. Una inteligencia, con una ética ciertamente dudosa.

El algoritmo de Facebook (Fuente: https://tctechcrunch2011.files.wordpress.com/2014/04/facebook-news-feed-edgerank-algorithm.jpg?w=1279&h=727&crop=1)
El algoritmo de Facebook (Fuente: https://tctechcrunch2011.files.wordpress.com/2014/04/facebook-news-feed-edgerank-algorithm.jpg?w=1279&h=727&crop=1)

Por último, no quería terminar esta breve reflexión sobre el futuro de Facebook sin hacer referencia a dos de las últimas novedades comentadas en la reciente F8 (Facebook Developer Conference). Por un lado, el interés que tiene Facebook por potenciar su Facebook Messenger como herramienta de comunicación instantánea, a la que además, le están añadiendo muchas capacidades de ayuda con los bots. Estos “chatbots”, como soporte a las comunicaciones, pueden ser de enorme ayuda para las empresas a la hora de atender consultas, pedidos, etc. Por ello, el abrir esta línea de negocio como infraestructura de soporte a las comunicaciones cliente-empresa (un movimiento parecido al que hizo Microsoft con Skype), me parece muy interesante y relevante.

Por último, las aventuras de Facebook con la realidad virtual. Con el concepto de “realidad virtual social“, lo que buscan es generar experiencias virtuales que puedas compartir con tus amigos, y que, de nuevo, Facebook pase a ser la infraestructura sobre la que generar esas experiencias. Imagínense lo que pudiera ser a futuro que desde el salón de su casa, vivan la experiencia de estar en Nueva York, usando para ello tecnologías Facebook de realidad virtual, que te permitan compartir la experiencia virtual con sus amigos. O, es más, compartir ese viaje con amigos que tenemos en China, Chile y Australia, en el mismo tiempo, el mismo lugar virtual, sobre Facebook. ¿Podemos pensar así ya en agencias de viaje virtuales? ¿empresas de generación de experiencias virtuales sociales?

Que Facebook sigue haciendo apuestas que marcarán tendencia me parece claro. Que quiere ser la infraestructura de muchos negocios, también parece claro. Pero lo que tenemos que tener también nosotros claro es que su poder es cada vez mayor, y como tal, al menos, debemos consumirlo conscientemente.

El hipervínculo en la era de las redes sociales

Si damos un rápido vistazo a la evolución de Internet en los últimos años, podemos comprobar cómo no ha cambiado mucho la forma de escribir, pero sí la de leer. La influencia de las redes sociales ha sido tan importante que para los medios y las plataformas de contenidos en general (desde Twitter, pasando por los periódicos online, o las propias universidades o grupos de investigación) el tráfico de los medios sociales son críticos.

Dado que resultan críticos estos canales sociales, conscientes de ellos, al final, el canal se ha convertido casi en más importante que el contenido. Son estos cnaales sociales (Facebook, Twitter, Linkedin, etc.) los que determinan con sus algoritmos la relevancia de un contenido y la aparición en el “muro” de sus amigos. Dado el impacto social que pueden tener estos algoritmos de ordenación y priorización de contenidos, ¿por qué no someterles a auditoría pública? Este tema, lo dejaré para otra entrada, dado que estoy inmerso en un fantástico libro en esta línea que se titula “The Black Box Society“. Ya os hablaré de ello.

Volviendo a la importancia del canal frente al contenido. Esto es algo algo que yo mismo experimento. Me gusta utilizar muchos estos canales sociales, tanto por la forma (para entenderlas bien y luego poder explicar bien su utilidad en nuestros cursos y programas), así como a nivel de fondo (divulgar, estar en contacto, aprender, etc.). Pero, depende de dónde publique y el qué, su impacto es uno y otro. Si subo una foto a Flickr y la publico en Facebook, parece que Facebook la da menos importancia que si la publico directamente en Facebook o en Instagram (también de FB). Si en Linkedin enlazo un contenido de SlideShare (que es un servicio suyo), encantado, me lo divulga bien. Pero si enlazo un artículo de mi blog, ya no le gusta tanto.

Esta “black box” u oscurantismo de los algoritmos, es lo que trata el libro que comentaba antes y que la verdad es una auténtica delicia para la reflexión a que uno le gusta hacer. Con esto que estoy comentando, creo, estamos viviendo en cierto modo la “muerte del hipervínculo. Igual lo estoy exagerando un poco, pero quiero provocar esa reflexión.

Internet nació con el espíritu abierto e interconectado que su propia arquitectura le otorga. Se abandonaba la centralidad (las jerarquías) y se veía reemplazada por un esquema distribuido, con un sistema de nodos y redes que eran las páginas web y los enlaces que entre ellas se hacían (algo que para el SEO ha sido fundamental con los backlinks).

La web y el hipervínculo (Fuente: http://es.freeimages.com/photo/www-1242368)
La web y el hipervínculo (Fuente: http://es.freeimages.com/photo/www-1242368)

Sin embargo, la “era de las redes sociales” ha roto esta lógica. En una red social, el texto no se puede enriquecer. Tu puedes querer enlazar sobre un texto, que las redes sociales comerciales no te van a dejar. Por lo tanto, en cierto modo, el enlace se iguala a una foto o a un texto plano, rompiendo en parte su propio significado y naturealeza. Miremos algunos ejemplos de nuestras redes sociales más cercanas:

  • Facebook: prueben alguna vez a subir una foto al propio Facebook o a subirla Flickr y luego enlazarla en Facebook. Lo que les decía antes: Facebook prioriza como considera y en función de que su Cuenta de Resultados se nutre básicamente de sus “audiencias televisivas” en sus redes sociales comerciales.
  • Instagram: no existe siquiera el concepto de hipervínculo. Prueben a publicar algo con un hipervínculo. Si quieren salir enlazados, tienen que pasar por caja de nuevo de su Cuenta de Resultados.
  • Twitter: un poco  más democrático, pero con ciertos problemas ahora mismo.
  • Linkedin: lo más parecido a Facebook que hay. Otro algoritmo de ordenación propio, y de nuevo a sabiendas que teniendo servicios de contenidos propios como SlideShare, Pulse o Lynda, o pasas por ahí, o dependerás de lo que su algoritmo considere.

¿Será que lo que es rentable es el monopolio de la información y la muerte del hipervínculo?Los monopolios de datos y control de la información de estas redes sociales comerciales, creo que debe hacernos reflexionar. El flujo y control de nuestra navegación está cada vez más en sus manos. Acuérdense eso de que los millenials leen ya todo en Facebook y otras redes sociales. Nos han abrazado y no nos quieren soltar una vez que entramos.

Todo esto, no crean, no está exento de riesgos. Es algo que llevo años conversando con empresas. Siempre recordaré un proyecto en el que estuve con una marca de grandes números de “fans” en Facebook. Un buen día, la directora de comunicación y marketing, muy contenta, me llamó para decirme que ya habían llegado a los diez millones de seguidores en Facebook. Mi respuesta: “¿Y si Facebook ahora cerrase qué harías?“. Obviamente, trataba de hacerla entrever los riesgos inherentes a construir comunidades en torno a redes sociales comerciales, que, como comenté, son las TVs de esta era. El hipervínculo, que era lo que nos dejaba salirnos de esos entornos, no les gusta a estas redes.

Hemos pasado así del “Internet en formato libro” (hipertexto para navegar por contenidos) al “Internet en formato TV” (lineal y programado de manera inteligente para nosotros). Unos algoritmos, con sus determinismos, consideran qué es lo más relevante para nosotros. Las máquinas, al parecer, incluso esto saben hacer por nosotros. En este paper pueden ver, a título ilustrativo, Facebook puede conocernos mejor que nuestros padres con solo 150 “Me gusta” y mejor que nuestras mujeres con 300 “Me gusta”.

Mi conclusión de todo esto es que la centralización de la información en la era de las redes sociales es algo que debemos tener presente. Perdemos poder y control. Que vuelva el hipervínculo.