¿Qué son los bots y qué posibilidades nos traen?

Supongo que algunos de ustedes recordarán la serie de “El Coche Fantástico” (The Knight Rider en otras latitudes y longitudes). En esta serie, un jovencísimo David Hasselhoff, se comunicaba y daba órdenes a través del uso de un smartwatch (fíjense qué cosas) a un coche (Kitt), que actuaba en consecuencia.

Michael Knight llamando a Kitt a través de un smartwatch (Fuente: http://www.tuexperto.com/wp-content/uploads/2014/12/tecnologias_ciencia-ficcion_2014_07.jpg)
Michael Knight llamando a Kitt a través de un smartwatch (Fuente: http://www.tuexperto.com/wp-content/uploads/2014/12/tecnologias_ciencia-ficcion_2014_07.jpg)

Me pasé toda mi infancia soñando con poder interactuar con las máquinas de esta manera. Esto quizás fue así porque los que nacimos en los 80, nos críamos en una época en la que la interacción con los dispositivos no era lo que es hoy en día. Desde entonces, siempre me ha interesado mucho la evolución de la interacción con los ordenadores y dispositivos en general.

Esto vuelve a estar de moda hoy en día gracias a los bots. Viene a ser la versión software de un robot. Ya sabéis, esos programas que simulan tener conversaciones con nosotros, que interpretan nuestros deseos, y ejecutan acciones en consecuencia. En definitiva, poder comprar algo en una tienda online, reservar un billete de avión o pedir que venga un coche autónomo como Kitt a recogerte a un sitio concreto simplemente dando una orden.

Fíjense en la enorme diferencia a cómo diseñamos hoy en día las aplicaciones para que fácilmente se pueda hacer esto mismo introduciendo datos con nuestros pulgadores o dedos. El salto me parece importantísimo. Y están de moda, porque dado que las aplicaciones de mensajería se están imponiendo a las redes sociales, aplicaciones como Facebook Messenger, Kik, WeChat, Telegram, etc., están como locas intentando facilitar aún más el envío de mensajes y la interpretación de las órdenes (cuando lo son). Microsoft también lo está, y entiendo es cosa de días/meses que se generalice su uso dentro de Skype.

Los jóvenes quieren interactuar con texto, por lo que esto abre un campo de desarrollo de estas aplicaciones importantísimo, de tal manera que muchos negocios se podrían apalancar sobre estas aplicaciones para construir sus propuestas de valor. Este último punto me parece especialmente significativo, dado que cada vez usamos menos aplicaciones, y nos cuesta más descargar aplicaciones. Por lo que construir nuestra propuesta de valor sobre plataformas de terceros (entiendo que el valor bursátil de Facebook tiene mucha explicación aquí) parece una buena idea. Perdemos la capacidad de gestión y de los datos, pero ganamos en desarrollo de negocio. Costes y beneficios, como siempre.

Piensen en muchas de las funcionalidades que ejecutamos dentro de las aplicaciones que empleamos en nuestro día a día que son susceptibles de ser entendidas por un bot y obrar en consecuencia:

  • Hacer un pedido.
  • Solicitar una información.
  • Llamar o escribir a un amigo.
  • Actualizar una información en tiempo real
  • etc,

Es decir, tareas donde queremos que el bot trabaje de manera autónoma. Sin mayor esfuerzo por nuestra parte. Quizás muchos piensen que esto no es nada nuevo. Es probable. El asunto es que disponemos hoy en día de unas capacidades de cómputo que han hecho evolucionar al software, dando lugar a grandes avances en el mundo del machine learning, tecnologías de procesamiento de lenguaje natural y del deep learning (representaciones de los datos de tal manera que facilite el facilitar el aprendizaje automático, y por lo tanto, mejore la autonomía de los algoritmos y el aprendizaje de la voz, las órdenes, la interacción, etc.). Esto, ha provocado que los bots, nos parezcan más inteligentes que nunca. Especialmente, para tres situaciones, que creo es donde más desarrollo veremos:

  • Los bots trabajando de manera autónoma para ayudarnos de manera activa (estamos trabajando en un Google Doc de manera colaborativa, y tras detectar que no llegamos a un punto de entendimiento, nos sugiere a través de Google Calendar que nos reúnamos vía Google Hangouts para resolverlo).
  • Disponer de un asistente personal para darle órdenes (pedidos, informaciones, etc., lo que veíamos antes)
  • Interacciones más sofisticadas como conversaciones naturales en las que finalmente llega a entender y mejorar nuestra situación (por ejemplo, cuando estamos comprando, y nos sugiere productos o servicios alineados con nuestros intereses)

De esta manera, llegamos a un escenario en el que los bots de manera pasiva y activa trabajan para nosotros, ¿seguiremos buscando nosotros? Esto seguro que Google está pensándolo con tranquilidad. ¿Pudiera llegar Google a perder el monopolio de su valor añadido -la búsqueda y localización rápida de “TODA” la información?

Con todas estas posibilidades, como decíamos antes, hay varias aplicaciones de mensajería que han reaccionado rápido, y entiendo que bien. Kik, una aplicación de chat muy popular entre los jóvenes (no todavía en España, pero sí en EEUU), abrió hace no mucho una tienda de bots. A mí esto me recuerda a la época de los tamagotchis, el poder comprarte un bot con el que poder hablar, trabajar, interactuar, etc. Fascinante. Ahí están por ejemplo los bots de H&M y Sephora para comprar ropa, o la de The Weather Channel para consultar el tiempo. Lo interesante de todo esto es que llegaremos a un punto pronto en el cual será fácil crear nuestro propio bot. Kik, por ejemplo, ya lo permite usando sus herramientas de desarrollo.

Fuente: https://tctechcrunch2011.files.wordpress.com/2016/04/sephora.png?w=680&h=382
Aplicación de Sephora (Fuente: https://tctechcrunch2011.files.wordpress.com/2016/04/sephora.png?w=680&h=382)

No podemos terminar este artículo introductorio al mundo de los bots sin hablar de los modelos de negocio (pensemos en cómo Kik, por ejemplo, pudiera llegar a monetizar sus bots no solo a través de la venta de ellos, sino también con comisiones sobre ventas realizadas con el uso de su software o con modelos de suscripción o publicidad) y el campo de la responsabilidad legal y ética. Este último campo, como sabéis, a mí siempre me interesa y preocupa. El accountability de los algoritmos es algo de lo que ya he hablado. El funcionamiento autónomo de un software creado con unas intenciones, siempre he creído que debe tener cierto “control”. Ahí es donde la ética debe entrar.

Los bots, como ven, ya están aquí. En nuestras manos está  hacer un uso ético de esta potente tecnología.

 

Primer Foro de Transparencia y Buen Gobierno, en Santander, 3 de Diciembre 2015

Decía ayer mi compañero y decano de la Deusto Business School, Guillermo Dorronsoro, que debemos ser cómplices y sujetos activos en el despertar de la sociedad civil. Además de compartir su tesis principal, pensé que también sería interesante divulgar en este blog otro proyecto del “despertar civil” en el que estoy embarcado desde hace meses.

Suelo decir que el elemento más importante para una democracia sana es la información. Es lo que en cualquier país anglosajón podríamos denominar el “accountability” o rendición de cuentas. Una tradición y un encaje de los agentes civiles en la sociedad, que en las sociedades latinas como las nuestras se estilan bastante menos, pero que llevo años personalmente implicado en ello.

La correcta asignación de recursos en una sociedad (que en consecuencia afecta a la productividad total de los factores) tiene mucha correlación con la fluidez de la información. Que nos enteremos de las cosas y del por qué ocurren. Creo así que el impacto no solo tiene un componente de índole social y moral, sino también económica. El coste de esta mala asignación de recursos para la economía española es enorme. En los últimos años, mientras la productividad total de los factores (capital y trabajo) bajaba un 0,7% anual en España, subía un 0,4% anual en la UE y un 0,7% en EE UU. Si la productividad en España hubiera aumentado como lo ha hecho en la Unión Europea, en 2007 nuestro PIB hubiera sido un 15% superior al que era. Es decir, en este escenario, el coste de no asignar bien recursos y hacer buenas inversiones, es de 150.000 millones de euros.

Para hablar de todo ello, y poner en valor la voluntad política y empresarial que entre todos debemos construir alrededor de la transparencia, el buen gobierno y la rendición de cuentas, el último proyecto en lo que nos hemos decidido embarcar es la organización del Primer Foro de Transparencia y Buen Gobierno que celebraremos junto con el Ayuntamiento de Santander el próximo 3 de Diciembre en Santander. Un evento gratuito, al que os invitamos a asistir el próximo 3 de Diciembre para hablar y discutir sobre todo lo relacionado con la transparencia y el buen gobierno. Os dejo en un pantallazo del evento, y aquí el enlace para poder inscribiros:

Programa del Foro de Transparencia y Buen Gobierno el 3 de Diciembre en Santander (Fuente: elaboración propia)

Bajo la idea de que la información debe ser pública y estar disponible para todas las personas, el evento se centra en los dos ejes: la Transparencia (entendida como la apertura de la información pública para fomentar la participación ciudadana) y el Buen Gobierno tanto desde la esfera pública como privada (entendiendo así el término como las buenas prácticas que hacen la gestión eficiente, transparente, abierta a la rendición de cuentas para fomentar la participación de sus agentes de interés, etc).

Son numerosas las iniciativas y normativas que se han puesta en marcha en los últimos meses alrededor de todo ello. Desde la Ley 19/2013 de transparencia y buen gobierno, hasta los nuevos estándares de reporting internacionales de las organizaciones como son el GRI (Global Reporting Initiative), IIRC (International Integrated Reporting Council), el Pacto Mundial de la ONU, la norma ISO 26000 o el Código Alemán de Sostenibilidad que ofrecen un marco de directrices de cómo informar. En España, ha habido iniciativas y propuestas -de momento ahí nos quedamos- para reconocer dentro de un marco legal empresas que tengan un claro compromiso social. Así, las SLIG (Sociedades Limitadas de Interés General), serían la fórmula legal propuesta que tendrían como modelo de negocio resolver un problema social, que aspira a generar un impacto social. Pero de momento en propuesta se ha quedado.

Unas 6.000 empresas cotizadas de más de 500 empleados de la Unión Europea deben informar ya sobre sus impactos sociales, medioambientales, laborales y de buen gobierno en sus informes de gestión, según una normativa recién aprobada por el Parlamento Europeo. Se trata de una iniciativa para divulgar información no financiera relevante y útil para las grandes empresas y PYMEs, porque los inversores y la sociedad en general, se beneficiarán de la transparencia. Ya hay agentes de la sociedad civil pelean por ello en el día a día, como es la Plataforma Ciudadana European Coalition for Corporate Justice (ECCJ). Una plataforma en la que tengo personalmente mucha ilusión. En España, la Fundación SERES -Sociedad y Empresa RESponsable-, Forética -que informa sobre el estado de la RSE en España, como este de 2015-,  trabaja en temas parecidos.

Consecuentemente, la visión de este Fórum consiste en ser una fuente de información confiable para las personas, el funcionariado público, de la gestión de la gran empresa frente a la institución pública o medios de comunicación en la búsqueda de información y análisis sobre la gestión pública del día a día de forma constante, completa y objetiva.

Creemos que las organizaciones invertirán en los próximos años en la creación de áreas de compliance (en marcos anglosajones, las encargadas de evitar que una compañía inflija la ley y la ética). Las empresas cotizadas cada vez nombran más consejeros independientes -buena práctica de gobierno corporativo-, dan mayor peso a los grupos de interés (accionistas, organizaciones no gubernamentales, agentes de la sociedad civil, etc.), etc. Esto es algo que Transparencia Internacional lleva años divulgando. Otro proyecto en el que también tengo especial ilusión y motivación.

Como consecuencia de todo lo anterior, son cada vez más las empresas que ponen en marcha iniciativas y proyectos que buscan mejorar la calidad de vida de las personas. Según una encuesta que Accenture realizó en 2013 a unos mil CEO de empresas de 103 países y 23 sectores, más del 80% cree que la sostenibilidad debe considerarse como una fuente de crecimiento, innovación y competitividad. El problema hasta la fecha es que se ha creído en ello, pero tampoco se han lanzado muchas iniciativas. Veremos cambios también por aquí. La medición del impacto social que generan las empresas comienza a ser para muchas de ellas un eje de gestión más. Sobre todo, de cara a planificar los programas de Responsabilidad Social Empresarial, tomar decisiones adecuadas, contar con información veraz que determine el funcionamiento de estos programas para optimizarlos y lograr la consecución de los objetivos marcados.

Falta algo importante en este sentido: medir o monitorizar los impactos reales que estos programas generan en la sociedad para comprobar realmente su eficacia y poder optimizarlos progresivamente. Sin medición, no hay posibilidad de mejora ni optimización, dado que lo que no se mide, no se gestiona. No existe una metodología común de medicion de impacto social extendida, sino que existen muchos sistemas con variables diferentes: LBG Model for Social Impact, SROI (Social ROI), Índice de Capacidades, Value Driver Model, Impact Reporting and Investment Standard (IRIS), Blended Value Proposition y Best Available Charitable Option (BACO). En España, ya existen informes sobre el impacto social de las empresas, como éste elaborado por Deloitte y  la Fundación SERES.

No hay que olvidar en toda esta envolvente la economía circular como modelo económico que busca romper la linealidad en el consumo de recursos para los procesos productivos, y fomentar el reciclaje. La Unión Europea aspira a que en 2030 el 70% de los residuos sean reciclados. En España,el Plan Estatal Marco de Gestión de Residuos (PEMAR) ya trabaja en muchas de estas áreas. En Francia ya hay legislaciones para vía impositiva (especialmente, evitando el IVA) para fomentar que las empresas reciclen y metan los residuos de nuevo en la producción. El ciudadano del Siglo XXI, especialmente los millenials -los nacidos entre 1980 y los 2000-, cada vez son más conscientes de estas cuestiones, y cada vez más responsables a la hora de consumir; esto llevará a que las empresas tengan que ser más sostenibles.

Por último, cabe citar cambios incluso a nivel de forma jurídica. Hace un par de meses, Kickstarter anunciaba su reconversión a una Public Benefit Corporation. Una forma de protegerse ante la tendencia natural de una empresa en EEUU, como es la salida a bolsa, previa maximización de los beneficios. En definitiva, buscaba alinear su responsabilidad social, su misión empresarial, con su naturaleza corporativa (una compañía con ánimo de lucro pero destinada a producir un beneficio público). Un equilibrio entre los accionistas y los agentes de interés de la compañía (especialmente los “clientes”) que hace que la Responsabilidad Social Empresarial sea trazable y  monitorizable de manera efectiva.

Este modelo de empresa (B Corporations o Benefit Corporations), nació hace años a raíz de dos casos muy conocidos. Ben Cohen y Jerry Greenfield, socios fundadores de Ben & Jerry’s tuvieron que vender su empresa a Unilever pese a su negativa cuando Corte Suprema de los Estados Unidos dictaminó que los dueños no podían demostrar que el modelo de negocio y su gestión podía mejorar el beneficio que iban a recibir los accionistas si aceptaban la oferta de 326 millones de dólares de Unilever. Lo mismo les ocurrió a Bart Houlahan y Jay Coen, creadores de AND1, tienda de ropa deportiva de baloncesto, no pudieron rechazar los 250 millones de dolares que les ofreció American Sporting Good por su compañía por tampoco ser capaces de mejorar las expectativas de crecimiento de esta oferta de compra. La voluntad personal de los fundadores derrotada por la lógica económica. 

Esta figura corporativa, que espero la veamos a futuro en nuestro país, añade muchos elementos interesantes y previamente comentados: transparencia, reporting con respecto al cumplimiento del fin social que tienen en su misión, certificaciones medioambientales y de responsabilidad social corporativa, donación de un 5% de sus beneficios tras el pago de impuestos a causas relacionadas reducción de la desigualdad y el mundo del arte y la cultura, así como el no utilizar nunca vacíos legales u otras estrategias de optimización fiscal para menguar los impuestos que pagan, etc. En definitiva, mucha relación con la transparencia y buen gobierno. 

Para que la información, la transparencia y buen gobierno sean ejes claves de una sociedad, debemos desde la esfera pública y privada apostar por ello. Nos vemos el 3 de Diciembre en Santander para hablar de todo ello 🙂