El fenómeno Tinder

Seguramente a estas alturas ya conozcáis Tinder. El encontrar pareja tampoco ha quedado ajeno al mundo de las aplicaciones móviles. En otros tiempos, se usaban el chat y Messenger, los cuales ya supusieron una auténtica revolución para los que venían de una época en la que el “mundo físico” era la única alternativa. Pero hoy en día esto se ha acelerado mucho más, a golpe de “desplazamiento de imágenes”.

Y es que ahí radica el éxito de Tinder: su sencillez. Una aplicación que permite encontrar encontrar personas que nos puedan interesar. Para un usuario cualquiera es tan sencillo como iniciar sesión con nuestra cuenta de Facebook, Tinder extrae los datos del perfil, y empieza a sugerirte personas en base a esos datos descriptivos. Estos datos, obviamente, puedes cambiarlos para que ese emparejamiento sea aún más preciso. Y luego, puedes filtrar por distancia, género, edad, etc.

A partir de ahí, su uso es aún más sencillo. Te van apareciendo fotografías de otros perfiles que aparentemente se adecúan a tus criterios, y tú tienes dos acciones a ejecutar posibles: desplazar la fotografía hacia la derecha o la izquierda, en función de si esa persona te gustado o no. Sí, han leído bien, el concepto “me gusta” de toda la vida, a golpe de pulgar en tu móvil. Cuando dos perfiles se han gustado mutuamente, reciben una notificación y pueden empezar a escribirse a través de la aplicación.

Tinder
Tinder (Fuente: http://n0lcqtmqb8-flywheel.netdna-ssl.com/wp-content/uploads/2015/02/tinder-app.jpg)

Dada su sencillez, poco más que la gente lo ve casi como un juego. Cualquier rato libre, sale eso “que llevamos dentro” que nos lleva a pensar que vamos a encontrar a la persona de nuestras vidas. Y nos ponemos a mover fotografías a la izquierda y a la derecha. Y Tinder, consciente de ello, no para de sacar funcionalidades que lo convierten cada vez en un mejor juego: notificaciones cuando en tu área hay 2 o 3 veces más emparejamientos de media de lo normal (para estimular al resto), los días más fáciles para ligar, hace un ejercicio de inclusividad para todos los deseos sexuales (de ahí el poder filtrar por género), conexión con los amigos en Facebook para estimular su uso, etc.

El éxito de Tinder es realmente espectacular. Según Deutsche Bank, está valorada ya en 1.200 millones de dólares, para sus 25 millones de usuarios registrados y su millón de usuarios de pago (con funcionalidades como encontrar perfiles por tu próximo destino de viaje o cambiar “Me gustas” que has marcado con antelación). Unos 30 millones de “matches” al día. Ha generado más de 9.000 millones de “matches” (emparejamientos) hasta la fecha. Ya un 15% de americanos usan estas aplicaciones para ligar en su día a día. Solo unas cifras para poner en contexto de lo que estamos hablando.

Sin embargo, a mí todo esto me llevaba a pensar varias cuestiones a nivel de impacto social y cultural. Especialmente, por lo que veo y escucho en mi entorno. Según los datos de usuarios que han publicado, el 45% de los usuarios está en la franja de edad entre los 25 y 34 años, seguido por el 38% que tiene entre 16 y 24 años. Me encuentro en el grupo de mayor uso de Tinder. Y por eso, ya digo, en mi alrededor escucho muchos comentarios.

Y de estos comentarios, nace la reflexión de pensar y reflexionar un poco más sobre este tipo de aplicaciones y la superficialidad que introducen en un elemento tan importante para nuestro esquema social como es el “emparejamiento (entiéndase el término, no busquen las cosquillas). Que una aplicación basada en técnicas de gamificación sea en la que confíamos para encontrar al amor de nuestra vida, hace que me susciten varias dudas y reflexiones (incluso en un plano moral) este tipo de aplicaciones.

Que Tinder confíe en el grafo social de Facebook y sus datos, en la fortuna en sacar una buena fotografía, y en la disponibilidad a la que una persona acude a una cita de este tipo (“Si Tinder ha dicho que eres una persona para mí… ¡cómo no creermelo!“), me resulta bastante preocupante a nivel de cómo concebimos, repito, un acto tan humano como el encontrar pareja. No sé si no estaremos trivializando algo que debiera generar elementos de afinidad más profundos y sociales.

Un enfoque tan utilitarista y simple que yo creo que debe llevarnos un poco más lo que usamos y por qué lo hacemos. Cuando escucho historias cercanas de mis amigos y amigas, pues vamos, uno se alegra que haya encontrado pareja y estén felices. Pero, por otro lado, me resulta inquietante el proceso por el que se ha llegado a ello. Han llegado confiando en un algoritmo y un juego dentro de una aplicación denominada Tinder, que recomienda en base a los datos de Facebook y aquellos que nosotros le hayamos dado. Introduce un sesgo importante, y encima nos incita mediante técnicas de juego a dejar más datos aún respecto a nuestros gustos. Lo de los algoritmos de cajas negras, lo dejamos para otro día.

Algunas preguntas finales: ¿qué pasa si tras el “enganchón” que llevamos encima en su uso decide empezar a cobrarnos? ¿qué pasaría si no encontramos en ningún momento por fallos en la “caja negra” o la calidad de los datos introducidos? ¿qué pasaría si el algoritmo decide emparejarnos siempre con personas que no son de nuestro gusto? ¿pensaríamos que no “valemos” para esto de estar en pareja? Se me ocurren más preguntas… pero solo trato de trazar esa línea de reflexión que introducía anteriormente.

En definitiva, estamos ante la posibilidad de estar generando un nuevo esquema de valores y prioridades en algo tan humano como el encontrar pareja. ¿No os parece realmente impactante? A mí no me termina de sorprender.

Microsoft ha comprado LinkedIn: ¿por qué y para qué?

Supongo que a estas alturas ya sabrán ustedes que Microsoft ha comprado Linkedin. Un precio de compra total, es decir, un valor de Linkedin total de 26.200 millones de dólares. Es la más grande en la historia de Microsoft. Una empresa, esta, que desde que llegó Nadella a su jefatura, parece va recuperando rumbo y orientando bastante mejor su propuesta de valor.

Si cogemos en perspectiva Microsoft, nos daremos cuenta de muchas cosas. Allá por el año 2000, cuando Steve Ballmer coge las riendas de la compañía, Microsoft valía 600.000 millones de dólares. Es el pico que veis allá por el año 2000. Por medio, están unos años de destrucción de valor, no tanto por hacer cosas mal en su core de negocio (software de Sistema Operativo y oficina y productividad), sino por haberse perdido los grandes paradigmas tecnológicos que aparecieron (Cloud Computing, movilidad, smart phones, Social Media, etc.). En la actualidad, con Nadella al frente, Microsoft se está renovando a marchas forzadas, dejando su modelo de venta de licencias, por mundos más prometedores como el Cloud Computing o las grandes redes profesionales. Ahí, parece que cobra sentido la adquisición de Linkedin.

Evolución de Microsoft en bolsa (Fuente: Yahoo Finances)
Evolución de Microsoft en bolsa (Fuente: Yahoo Finances)

Ante este escenario, una pregunta que se están haciendo muchos es sobre el “por qué” y el “para qué”. A nivel de propuestas de valor, el alineamiento es muy claro y efectivo. Ambas compañías, por separado, se dedican a ofrecer servicios profesionales, por lo que se presume una integración de cultura corporativa y relación con clientes y usuarios bajo una misma forma de pensar. Esperemos no acabe entre esa horquilla de 70 y 90% de adquisiciones que fracasan.

He hablado de Linkedin en varias ocasiones (aquí, aquí y especialmente, aquí). Su crecimiento orgánico de estos años se ha fundamentado en ir añadiendo herramientas y funcionalidades a la red social profesional que entendía a nosotros, los usuarios, no iba a aportar valor. Herramientas como Pulse para noticias, Lynda para formación o Slideshare para presentaciones, son de enorme valor para un perfil como el mío, y entiendo, que para varios de vosotros. Así, Linkedin, se ha convertido en una red en la que tenemos incentivos de entrar varias veces a lo largo del día, relacionarnos, comunicar, etc., que es cuando una red social, como infraestructura, captura y genera valor.

En este escenario, es cuando la adquisición cobra sentido. Dado que Microsoft cuenta con una cada vez mayor cartera de soluciones de negocio, tiene sentido seguir apostando por ello como un “all-in-one” de soluciones de negocio para cualquier compañía. Un sector donde competirá cara a cara con Salesforce. Un ecosistema de herramientas de trabajo que a más de uno le va a permitir adquirir de una todo lo que buscaba. Es más, la empresa solucionaría así otro de los problemas habituales, como es el de las identidades digitales de sus empleados. Por cuestiones de reputación y de desarrollo de carrera, cada vez es más importante el cuidar tu perfil profesional y exponerlo con ciertas garantías, por lo que si una empresa se apalanca en esta red profesional para confiar en sus trabajadores como identidades digitales corporativas, podría así, por transitividad, también usar bajo dichas identidades el resto de soluciones de negocio que hemos descrito anteriormente.

Un movimiento en el que parece Microsoft lanzar un mensaje claro: la era del software del PC parece estar quedando atrás. La multiplataforma actual, y el ecosistema en red parecen la nueva realidad, y así parece estar apostando. Y, sobre todo, parece lanzar un mensaje que los datos van a permitir construir muchas propuestas de valor. A sabiendas que las empresas se dejan presupuestos importantes en la búsqueda y selección de talento en Linkedin. De hecho, Microsoft es uno de los principales clientes de Linkedin ahora mismo. ¿Cuánto valor podrán generar a futuro en otros sectores los datos de Linkedin que tanto cuidamos por nuestra reputación profesional? Pues a tenor del valor pagado, se entiende que bastante, en cosas como:

  • En primer lugar, y el más obvio, ofrecer servicios avanzados de detección de talento. Actualmente, a Linkedin, esto le aporta un 62% de su facturación total. Se lleva tiempo rumoreando que Linkedin andaba detrás de servicios incluso de validación de credenciales, de tal manera que se rompa esa asimetría de información que en muchas ocasiones se produce cuando se ficha nueva talento. Es también, en este sentido, la empresa más rentable de las tecnológicas, con un margen bruto del 86%, dado que ha sabido mantener sus costes estables, a pesar del importante crecimiento de los ingresos.
Fuentes de ingreso de Linkedin (Fuente: https://media.licdn.com/mpr/mpr/shrinknp_800_800/AAEAAQAAAAAAAARrAAAAJDhiMTkwZWVjLTdkOGUtNDhjNC04ZmU1LWE1OTllOGUyOTljYQ.png)
Fuentes de ingreso de Linkedin (Fuente: https://media.licdn.com/mpr/mpr/shrinknp_800_800/AAEAAQAAAAAAAARrAAAAJDhiMTkwZWVjLTdkOGUtNDhjNC04ZmU1LWE1OTllOGUyOTljYQ.png)
  • Dada la gran cantidad de datos personales que tiene Linkedin de todos nosotros, ofrecer servicios de personalización de mensajes de marketing, no le costaría mucho. Y, con ello, ofrecer a Microsoft la posibilidad de convertirse en un eventual importante player de la publicidad “customer centric” de la que ya hablé.
  • Ofrecer servicios avanzados de itinerarios profesionales y formativos a los ya 433 millones de miembros de Linkedin. Un servicio de predicción de “éxito profesional”, en el que a los profesionales nos pueda decir dónde y qué estudiar, dónde y por qué trabajar en una determinada empresa, y por qué hacerlo ahí para nuestro desempeño futuro. En este sentido incluso podría crear productos y servicios (con su modelo de negocio asociado, claro) alrededor de los datos, como:
    • Ranking de mejores candidatos
    • Mejores cursos para llevarte a tu deseo profesional
    • Las mejores conexiones personales a establecer para el networking profesional
    • Personas, grupos, trabajos, etc. que te pudieran interesar para mejorar tu futuro
    • Scores o calificaciones de conceptos como “empleabilidad”, “liderazgo” o “salario” para ayudar a una empresa a seleccionar el mejor candidato para la competencia que más demande (esto en un “mercado de trabajo” donde todavía no se ha implantado fuertemante el modelo de competencias)
    • etc.
  • Servicios de pago para los que tenemos la fortuna de trabajar… y no solo para los que quieren una mejora profesional o encontrar empleo. Es decir, hacer que también un incentivo a entrar a Linkedin e interactuar aquellos que están muy contentos en su puesto de trabajo, no quieren cambiar, pero siempre puede venirles bien algo de formación o de relación con agentes.
  • Orientar a organizaciones hacia los “data-driven organizations“. Linkedin siempre ha sido una gran cantera de científicos de datos (DJ Patil, Monica Rogati o Jonathan Goldman), por lo que su cultura hacia la explotación del dato, esperamos beneficie a Microsoft, y ayude a seguir impregnando esa cultura por el dato que desde #bigdatadeusto tantas veces contamos y fomentamos.

Como hemos visto, una compra, esta de Microsoft, con un claro componente de datos. Y es que su valor, ahora mismo, es tan abstracto como “la capacidad de generar flujos de ingreso a partir de los datos que tiene Linkedin“.

¿No das abasto con tus clases? Ficha a un bot para ayudarte

Hablábamos de los bots en un artículo anterior. Introducíamos el concepto, y señalaba a lo largo del artículo, que creo que van a dar mucho que hablar en muchos campos. Si abrís periódicos y medios especializados, seguramente os encontraréis con aplicaciones como: asistentes en procesos de compra online, atención al cliente, gestión de pagos y devoluciones, etc.

Sin embargo, la noticia de las últimas semana se ha producido en otro campo:

Un profesor usando un bot como ayudante (Fuente: https://www.washingtonpost.com/news/innovations/wp/2016/05/11/this-professor-stunned-his-students-when-he-revealed-the-secret-identity-of-his-teaching-assistant/)
Un profesor usando un bot como ayudante (Fuente: https://www.washingtonpost.com/news/innovations/wp/2016/05/11/this-professor-stunned-his-students-when-he-revealed-the-secret-identity-of-his-teaching-assistant/)

Ashok Goel, un profesor de ciencias de la computación de Georgia Tech, les contó a sus alumnos que había fichado a un profesor asistente (la figura del “Teching assistant“) llamado Jill Watson. Lo que no les dijo es que se trataba de un bot. Y, durante un semestre entero, esta pieza de software que había aprendido a aprender a responder “sobre la marcha” (los algoritmos de aprendizaje de los que hablábamos en el artículo anterior), se pasó respondiendo a las preguntas online de los estudiantes en el foro de la plataforma de aprendizaje de la universidad.

El bueno de Ashok Goel no les contó esta historia hasta después de la finalización de la asignatura. Los estudiantes, se quedaron perplejos. Habían dado un feedback realmente bueno al bot como profesor. De hecho, fue uno de los profesores del semestre mejor valorados. Y lo que no podían imaginar es que un software podía ofrecer un valor añadido tan alto como para ser indistinguible del comportamiento de un profesor en un foro online. ¿Se acuerdan del Test de Turing?

No se conocen muchos detalles técnicos del funcionamiento de este bot. Se sabe que ha sido desarrollado con la ayuda de algún ex-estudiante e IBM Watson. Se entiende que para dar respuestas y seguir aprendiendo a mejorar las respuestas que da, se apoyará en:

  • Los materiales didácticos del profesor.
  • Las notas del profesor tras la realización de las clases.
  • El conocimiento que tenga indexado en Internet (inmenso).
  • Otras respuestas que hubieran dado por respondida preguntas parecidas en Internet.
  • Respuestas en otros semestres de años anteriores de la misma asignatura para preguntas similares o idénticas.
  • etc.

Jill Watson fue entrenado para solo responder si tenía una confianza igual o superior al 97%. Es decir, generaba un conjunto finito de soluciones posibles ante una pregunta dada, y se quedaba con aquella de mayor peso, solo si tenía esa confianza. Esto garantizaba un nivel de calidad adecuado, que hemos visto que en los estudiantes no ha generado mayor problema.

En definitiva, estamos hablando de la automatización de una tarea que para los que nos dedicamos a la formación online, sabemos que tiene un valor incalculable: la tutoría online. Una labor, que no es responder, sino también acompañar, proponer temas, saber comunicarse con un código de comunicación apropiada para entornos online y sociales, etc. Una labor, donde los humanos, suelen tener problemas, porque es un elemento muy diferente a cómo se desempeña esta función en entornos presenciales.

El “engagement” con el estudiante se consigue normalmente con los encuentros presenciales. La motivación, con los múltiples instrumentos que empleamos los profesores en clase para mantener los ratios de atención. Estos dos elementos (engagement y motivación), siempre han sido un caballo de batalla en cursos online. Pero, los estudiantes que interactuaban y relacionaban con Jill el bot, se sintieron más motivados que nunca para preguntar.

El profesor Goel ya ha montado una empresa para tratar de escalar e industrializar esta idea de poder disponer de bots para una tarea tan humana hasta la fecha. A sabiendas que en un curso online de esa naturaleza se producen unas 10.000 preguntas, estamos hablando de una propuesta de valor sustancial para un profesor. Un ahorro importante de tiempo en una tarea cuya exigencia cognitiva es más baja que otras que desempeña el profesor, y que permite a un profesor centrarse en aquello que sí puede aportar verdaderamente valor (encontrar nuevas actividades, retos intelectuales para el estudiante, problemas, etc.)

A mí todo esto, más allá de la tónica general de entender lo que se está haciendo, creo que debe llevarnos a una situación de preguntarnos hasta dónde podemos llegar. Entiendo que en el debate de robots vs. humanos está más vivo que nunca. ¿El problema? Como he dicho en reiteradas ocasiones, que esta revolución digital está yendo a unos ritmos y velocidades sustantivamente mayores a los que estamos aprendiendo los humanos. Por ir a un extremo: ¿preferirá una universidad un profesor humano o un bot? Pues como ya ocurre en otras profesiones, todo dependerá del valor aportado, y también del coste. Me da la sensación que este debate que ya se tiene en otros sectores, llegará al nuestro también….

También hay varias voces que enfatizan que un robot nunca podrá llegar a disponer de las capacidades de un humano. Aluden a varias limitaciones que como pensadores tienen los robots, especialmente en aspectos como:

  1. Computers can calculate anything but understand nothing.
  2. Computers cannot truly create — only recombine what humans create.
  3. Computers are strictly rational. A human mind owes its richness largely to non-rational aspects.
  4. Computers have no insight. They are immune to “aha” moments.
  5. Computers cannot relate to human existence at levels we most cherish — love, beauty, truth.

Los bots, llegando a la educación. Ofreciendo resultados espectaculares. Momento de reflexionar también nosotros, los profesores universitarios. y centrarnos en aportar nuestro valor allí donde el humano todavía mantiene un monopolio: en la pregunta, en determinar qué es lo que hay que hacer. Hasta que un bot nos deje sin ese trabajo también…

Podemos, Über y su (supuesta) socialdemocracia

Ayer, Pablo Echenique, Secretario de Organización de Podemos, colgó en Facebook esta noticia que llamó mi atención de inmediato:

Podemos quiere prohibir Über (Fuente: Facebook de Pablo Echenique)
Podemos quiere prohibir Über (Fuente: Facebook de Pablo Echenique)

La noticia de Expansión la podéis encontrar aquí. Y en ella, podréis encontrar varias cuestiones:

[…] Prohibir que Uber opere en España por “poner en riesgo a un sector laboral como el del taxi y atentar contra el sistema fiscal”

[…] El Tratado Transatlántico de Libre Comercio es una amenaza que ya tiene su primer caballo de Troya en empresas como Uber.

[…] Nuestra soberanía no está en juego y que no vamos a tolerar este tipo de prácticas que atacan a un sector estratégico.

No seré yo el que defienda Über. Es más, hasta en tres ocasiones he escrito para denunciar aspectos que señala el diagnóstico de Podemos: aquí -con motivo de su “vuelta a España”-, aquí -para denunciar su supuesta y mal denominada economía colaborativa- y aquí -para hablar de modelos de negocio y contabilidad en este siglo XXI-. Y pongo esto de inicio, no sea que enseguida alguien vaya a pensar que defiendo su modelo de evasión de pago de impuestos en España o de transformación del modelo de relaciones laborales.

Pero lo que sí deja entrever es cómo Podemos (entiendo que Unidos Podemos por transitividad), entiende esta economía del Siglo XXI y esta transformación digital que nos acecha en tantos sectores. La Comisión Europea, en boca de Jyrki Katainen, vicepresidente de la Comisión con competencias en la materia, como ya destaqué en esos artículos que cito, ha propuesto regular estas plataformas de Internet (que es lo que son), en lugar de prohibirlas. Pero Podemos se va del blanco (sin regulación) al negro: prohíbamos. Y esto, me da la sensación, no es la solución. Y, me da la sensación, ni siquiera entienden el verdarero problema que traen estos supuestos modelos de economía colaborativa.

Y, tampoco tengo claro que esto case con su supuesto modelo de nueva socialdemocracia. Podemos no ha dejado de decirnos a los ciudadanos españoles que representan la nueva socialdemocracia. Si esto es así, creo que se equivoca en su propuesta de prohibición. Hay una extraña tradición en este tipo de ideas de creer que la prohibición casa con los valores que creo debe tener toda propuesta de socialdemocracia en este Siglo XXI que nos ha tocado vivir: mercados abiertos y dinámicos, y políticas de redistribución.

Prohibir mercados, prohibir agentes, me parece que es no entender que los mercados deben estar con la mano abierta a la innovación y el emprendimiento. Regulemos ese terreno de juego para que todos operen bajo reglas, pero no prohibamos, porque entiendo eso no va a hacer más que alimentar el deseo de los consumidores por ese tipo de plataformas. A los ciudadanos lo que habría que explicarles son  las consecuencias y el equilibrio a buscar entre su beneficio personal (menos costes) y el beneficio social conjunto (¿quién se lleva el dinero?).

Por otro lado, ¿mantener el statu quo? Podemos, de nuevo, confunde, en una situación de “enfrentamiento” a los más débiles (el sector del taxi tradicional en este caso), con un sector con mucha rigidez y mucha barrera de entrada a nuevos operadores. Es decir, confundir el derecho de los trabajadores con puestos de trabajo. En lugar de centrarse en lo primero, Podemos, con este tipo de iniciativas se centra en lo segundo. Mantener el statu quo de un sector, el de los taxis, en lugar de proteger los derechos de los trabajadores (en este caso, conductores).

La solución no puede ser la prohibición y el inmovilismo. Y menos en una época en la que crear plataformas en Internet es sencillo, ágil y bastante dinámico. La solución debe ser casar la entrada de esos nuevos operadores con modelos de innovación importantes, que aportan nuevo valor añadido, con una red de protección social y mirada inclusiva a la economía (sistema fiscal fuerte para que el dinero no “se vaya” y beneficie a nuestros ejes sociales -educación, sanidad, dependencia, etc.- y garantías y derechos de los trabajadores al menos en igualdad de condiciones).

Y para que esto case, la regulación es fundamental. La socialdemocracia del Siglo XXI tiene que basarse en garantizar la tributación de estos modelos de innovación (por eso de la redistribución, que no hay medida más social que esa), asegurar los derechos de los trabajadores (pero no a costa de que unos pocos tengan unos privilegios) y hacer dinámicos los mercados. La prohibición, no casa ni con lo primero ni con lo segundo. Por ello, decía al comienzo, que tengo mis dudas que Podemos entienda bien estas medidas tomadas, y menos aún, que esto se corresponda con su supuesto modelo de socialdemocracia.

Por último, lo de meter el TTIP por medio, “nuestra soberanía en juego” y lo de “sector estratégico“, de traca final. Creo que habla por sí solo. Nada que deba yo añadir.

La presencia en Internet en la “era de la búsqueda”

Suelo decir en mis cursos y conferencias sobre marketing digital y estrategias omnicanal, que en la “era de la búsqueda“, o estás en Internet, o el viaje hacia la decisión de compra no comienza. Esto es lo que se ha venido a llamar el “Customer Journey”, donde vemos que ahora para las marcas aparecen muchos puntos de contacto, que provocan la necesidad de dar un orden a los mismos, priorizarlos, y gestionarlos de manera integrada. Algo de esto ya comenté en un artículo anterior que hablé sobre los efectos del ROPO y showrooming.

Estamos en una era en la que el 70% de las decisiones de compra comienzan en Internet, y pueden finalizar en cualquiera de los puntos de contacto de los diferentes canales que una empresa habilita para permitir el contacto con sus interesados y clientes. Y, dado que los usuarios buscan antes todo lo que compran, y además, son muy sensibles a precio (los que tienen este perfil digital), la importancia de la presencia en Internet en la era de la búsqueda resulta bastante evidente.

Me acordaba de esto hace unos días, cuando leía este informe del equipo Luxury Lab de la Universidad de New York. Es un informe sobre lo que denominan la “competencia digital” de 83 marcas relacionadas con el lujo. Básicamente recoge muchas de las cuestiones anteriormente expuestas. Por ejemplo, solo un 61% de los que respondieron a la encuesta tienen una “marca de lujo favorita”. Un sector, que se ha caracterizado por la lealtad y la preferencia de marcas, pero que ahora, con la irrupción de Internet, provoca que las marcas tengan que pelear día sí y día también por su buen posicionamiento en Internet para seguir siendo la “marca de lujo favorita”.

Pero no todas están haciendo bien sus deberes. El informe, que me parece muy ilustrativo sobre la importancia de la presencia digital, clasifica a las marcas de lujo en estas cuestiones que comentaba. Ralph Lauren, Hugo Boss, Louis Vuitton, Michael Kors, Dolce & Gabanna y Gucci, han mejorado mucho su estrategia digital. No así otras como Mulberry o Stella McCartney. En el informe se dice como solo 7 marcas generan más del 50% de las visitas web a marcas de lujo. Éstas, siguen con el modelo “The Winner takes it all“, dado que son las que mejor posicionamiento tienen en Internet y por ello las que acaparan el 25% del mercado.

El líder de las marcas de lujo, curiosamente, es una empresa que no está en su mejor momento en agregado: Burberry. En números negativos, sin embargo, en el plano digital, es el número 1. Burberry tiene clara la estrategia en redes sociales por ejemplo. Usa Snapchat, Periscope, anuncios en Instragram y Twitter, y tiene una importante estrategia de ventas a través de dispositivos móviles. ¿Ha hecho de la necesidad virtud? Quién sabe. Lo que está claro es que se relacionado con sus potenciales clientes usando los diferentes canales digitales que tan importantes han resultado en numerosas estrategias.

Es un sector, además, donde también tenemos portales de búsqueda genéricos, como es Net-a-Porter. La importancia de aparecer en portales de búsqueda genéricos es algo que en otros sectores ya les ha quedado bastante claro a las empresas (Booking, TripAdvisor, Rumbo, Rastreator, etc. ). Las marcas de lujo parecen todavía resistirse a ello.

Todo esto, es igualmente importante si metemos la variable del eCommerce en juego. El pasado Noviembre, veíamos en EEUU como el 90% de los consumidores harían alguna compra a través de la red. Una tradición tan arraigada como la compra en el Black Friday, ahora ve cómo la gente se cansa de hacer largas colas, y prefieren hacerlo igualmente rebajado, pero en un entorno digital. Las colas, y la mejora de la experiencia en este sentido que ofrecen las aplicaciones móviles y las compras online, cambiando tendencias.

La semana pasada invité a clase con mis chicos y chicas de primero de Grado a Saioa Aguirre, CEO y fundadora de The Highville. Una tienda online que busca capitalizar muchas de las tendencias que he comentado a lo largo de este artículo: un mercado del lujo que también tiene que atender a los clientes digitales, una cada mayor necesidad de atender las búsquedas que hacen los usuarios, pero que, dado que las grandes marcas no lo aprovechan, podemos poner un buscador genérico intermedio. ¿Su propuesta de valor? “Subastas de tus accesorios de moda preferidos“. Introducir dinámicas de “gaming” para incentivar la compra y ofrecer a las marcas un lugar genérico donde encontrar clientes digitales deseando comprar su producto.

The Highville
The Highville

Por último, los comentarios de redes sociales, también se ha demostrado que influyen mucho en las decisiones de compra. Es lo que he llamado en alguna ocasión la “ruptura de las jerarquías de influencia“. Ahora, los millenials especialmente, hacen bastante más caso a “sus pares”, que a personas que ni siquiera conocen, por mucha celebrity que sean. Cuando discutimos sobre esto, con alumnos de 18 años, más jóvenes aún que los millenials, conformando la Generación Z, esto pareció evidente: le sugirieron a Saioa en todo momento una mayor aparición en Facebook, saber qué habían comprado sus amigos, etc.

Muy interesante esta irrupción de Internet y sus canales digitales en sectores, aparentemente, menos propensos a la transformación digital. Pero, ya ven, amigos  y amigas, que la presencia en Internet en esta “era de la búsqueda” es fundamental. Y si no lo hacemos tarde o temprano, aparecerá un buscador genérico para ocupar nuestro lugar.

De los PCs a los móviles: ¿qué nos depara el futuro? La era de la inteligencia

Desde aquellos años 30 en los que un grupo de matemáticos y lógicos (Turing, Gödel y Church) lanzaron el campo teórico que hoy llamamos Ciencias de la Computación (Computer Science) hasta la fecha, han pasado más de 80 años. Por medio, los años 50-60, cuando nace la industria asociada, que permite llevar a más lugares que grandes laboratorios los ordenadores. Años, en los que a unos cuantos, nos ha despertado interés la informática, la hemos estudiado, y no paramos de hacernos preguntar sobre el futuro de la misma.

La “industria de la computación“, que podemos llamar para simplificar “mundo digital” ha ido desarrollándose siempre de la mano de dos ciclos: el de producto y el financiero. De este último se está hablando mucho últimamente, especialmente porque muchos creen que volvemos al año 2000 y las probabilidades de que exista una burbuja financiera están aumentando. No lo sé. Bueno, mejor dicho, no lo creo. Creo que no son las expectativas irracionales del año 2000, cuando la burbuja de las “.com”, provocó que se descubriera que apenas se creaba valor gracias en aquella época de Internet.

Yo creo que hoy sí está generando valor la constante transformación digital de las industrias. Precisamente acabo de escribir dos artículos (éste y éste) para justificar más éste artículo. Hoy quiero hablar sobre cómo se está generando valor sobre las diferentes plataformas que hoy en día están permitiendo el desarrollo de valor en productos gracias a la era digital: básicamente, Internet y los dispositivos móviles. Y lo hago porque la próxima semana viajo a Arabia Saudí precisamente para dar una serie de workshops sobre la materia a emprendedores que quieren abrazar esta era digital como una oportunidad. Especialmente desde la óptica de la educación, que es lo que hacemos desde eCampus en la Universidad de Deusto.

La respuesta sobre la posibilidad de una burbuja recae siempre en el “ciclo de producto“. Hoy en día, el “Ciclo de producto”, es decir, el producto tecnológico, se puede describir formalmente de la siguiente manera:

Producto tecnológico = Plataforma + Aplicaciones

Es decir, que la posibilidad del desarrollo de producto tecnológico (se entiende que digital, las Tecnologías de la Información y la Comunicación), depende de disponer de una infraestructura de soporte (Plataformas) sobre la que desarrollamos una serie de utilidades o Aplicaciones. A nivel de plataformas y aplicaciones, hasta la fecha, podemos decir que hemos vivido básicamente cuatro ciclos desde los años 50-60:

  1. Era centralizada: sistemas que automatizan trabajos administrativos. Apenas (o ningún) valor intelectual. Se mecanizan ciertos procesos, que se hacen más eficientes.
  2. Era del PC: cliente-servidor. Aparece el ordenador personal, ya no solo como una herramienta de ciertos procesos, sino que pasa al trabajo personal para hacerlo más productivo. Construimos aplicaciones de ofimática y otras de escritorio. Es la era que arranca el Apple II en 1977 y el IBM PC en 1981.
  3. Era de Internet: nace la interconexión entre los PC, que ha desarrollado gran parte de la economía global. Es uno de los pilares de la infraestructura actual. Empezamos a construir aplicaciones como buscadores, correo electrónico, tiendas online, redes sociales, SaaS, etc. Si bien en algunos entornos académicos o militares ya se disponía de algunas de estas cuestiones en los 80s, realmente a nivel de consumo aparece en 1993 con Mosaic, el primer navegador web gráfico.
  4. Era de los dispositivos móviles: el segundo gran pilar, y quizás el ciclo más importante ahora mismo. 2.000 millones de personas tienen al menos 1 smartphone. Y hemos desarrollado aplicaciones móviles para agilizar e intermediar en cadenas de valor como el taxi, alojamientos turísticos, etc. Si bien Blackberry y Nokia irrumpen a comienzos de los 2000, el pistoletazo de salida sin duda alguno lo provocan en 2007-08 el iPhone y Android.

La pregunta ahora recae en lo que está por venir. Es decir, dónde están las oportunidades para los emprendedores. Para ello, quizás sea interesante pararse a pensar en las tendencias hardware y software que se están produciendo, para así hacer una reflexión sobre lo que pudiera aparecer:

  • Hardware: está siendo cada vez más pequeño, barato y ubicuo. Pensemos que las CPU que tenemos ahora son “systems-on-a-chip“, en el sentido de que por 5 dólares tenemos una Raspberry Pi Zero con un procesador de 1 GhZ y 512 MB de RAM. Una locura para los que adquirimos nuestro primer ordenador (hardware) a mediados de los años 90 con características inferiores y precios totalmente desorbitados. Dos cuestiones fundamentales caracterizan al desarrollo del hardware:
    • La Ley de Moore y la industria de los semiconductores: cada vez por menos recursos, tenemos más producto (tanto en capacidad como potencia). Por lo tanto, esta tendencia hardware hace que a futuro, veamos “ordenadores” en todas las esquinas que nos rodean (paredes, autobuses, zapatillas, cunas de nuestros hijos, etc.). Es lo que se ha venido a bautizar como el Internet de las Cosas.
    • Como diría Chris AndersonEl dividendo de la paz en la guerra de los smartphone“: los componentes de los móviles, ante la guerra que se desató entre fabricantes (Apple, Google, Samsung, etc.), hace que sean más económicos que nunca: sensores, GPS, cámaras, procesadores ARM, antenas WiFi, memorias, baterías, etc. Esto, beneficia a industrias colindantes como los drones, sensorización, las fábricas (ahí tenéis la Industria 4.0), etc. etc.
  • Software: estamos viviendo ahora mismo la era dorada de la “Inteligencia Artificial“, tras el “largo invierno” que vivió en los 80 y 90. Quizás derivado de la abundante materia prima que tienen ahora los algoritmos para mejorarse a sí mismos (el “machine learning en la era del Big Data“). Tenemos varias cuestiones moviéndose a gran velocidad:
    • Sistemas distribuidos: Hadoop, Spark, y la posibilidad de paralelizar Bases de Datos y resolución de problemas.
    • Blockchain: para asegurar datos y activos. Ya hablé de ello.
    • Deep Learning: un descendiente directo de las redes neuronales. Pero que se beneficia en la actualidad de la gran cantidad de datos, el bajo precio de la computación y los nuevos algoritmos. Algoritmos de inferencia de conocimiento no conocidos hasta la fecha.
    • Open Source: democratización de las posibilidades de crear. Estamos asistiendo, por primera vez en la historia, a unas capacidades tecnológicas muy “económicas” en términos monetarios, aunque de gran exigencia intelectual. Nada es gratis. Whatsapp se crea con 50 empleadas, y presta un servicio a 1 de cada 9 ciudadanos del mundo (algo más de 900 millones de personas ahora mismo).

Lo bonito de todas estas cuestiones aparece cuando mezclas todo ello. Y es que los sistemas de Inteligencia Artificial, son mejores con una mayor cantidad de datos. El Deep Learning, mejorará en consecuencia. Y las tecnologías Open Source, seguirán desarrollándose. Todo ello, en agregado, produce el “data-network effect“: más usuarios, más datos, llevan a mejores productos, que traen más usuarios. ¿Por qué Google pagó por Waze mil millones de dólares?

Por todo ello, creo que queda todavía mucha inteligencia que aportar a elementos como los asistentes de voz, motores de búsqueda, estrategias de retargeting (una mejora de la publicidad), traductores, automóviles (Über, Tesla, Google, Ford, Daimler, etc.), drones (hardware complejo con un software simple), medicina y abogacía, escáneres e impresores 3D, etc.

Esa capa de “virtualización inteligente” que aporta la mezcla de esas tendencias de hardware y software llevará a la mejora de las prestaciones de esos elementos y áreas. O, al menos, esas es mi visión, claro. De los PCs a los móviles, para aprovechar esta “era de la inteligencia“.

La era de la inteligencia (Fuente: https://leadingedgeforum.com/asset/6508/)
La era de la inteligencia (Fuente: https://leadingedgeforum.com/asset/6508/)

Netflix, su valor y el Big Data ético para las estrategias customer-centricity

Desde hace unos meses, en España podemos disfrutar de Netflix. Lo que comenzó siendo una plataforma de alquiler de DVDs (así la conocí precisamente cuando viví en EEUU, recogiendo sus DVD en mi buzón), se transformó rápida y ágilmente en una plataforma de televisión por Internet que ha cambiado en parte el mercado del entretenimiento. Ofrece series y películas en streaming. No más. Ni menos. Esto hace que en EEUU sea la responsable del 36% del consumo de tráfico de datos.

No vengo hoy a hablar de su oferta de entretenimiento (que por cierto, no solo distribuye, sino que también produce). Sino que vengo a hablar de otros valores de la compañía de los que se suele hablar menos: tecnología, datos y “customer-centricity. Y esto, que la convierte en una empresa tecnológica más, hace que valga hoy en bolsa 43.700 millones de dólares. Cogiendo datos del IBEX-35 de hoy en España, solo Telefónica, el Santander e Inditex valen más. Mientras estas tres últimas están continuamente en pleno proceso de transformación digital, Netflix, es  y nace digital. Y esto hace que su valor pueda seguir escalando rápidamente (más que el resto, vamos). Ya hablamos en el artículo anterior de cómo lo digital traía valor.

Evolución de la cotización bursátil de Netflix (Fuente: Yahoo Finances)
Evolución de la cotización bursátil de Netflix (Fuente: Yahoo Finances)

Netflix está en pleno proceso de crecimiento. El pasado 6 de Enero, su CEO Reed Hastings anunció que la plataforma llegaría a 190 países. Actualmente ingresa 1.823 millones de dólares, 43 de beneficio, para un volumen de 75 millones de usuarios. ¿Cuántos usuarios les quedan aún por captar? Muchos, muchísimos. Y ahí se va a centrar su estrategia y el valor que quieren aportar al usuario. De lo que quería hablar en esta entrada.

Netflix centra su estrategia en la personalización. Cada persona, cada contexto, una oferta diferente. Lo que ha hecho estos años es construir su valor de marca en saber lo que desean los usuarios. Una vez que accedes por primera vez, verás, que todo está centrado en aprender sobre ti. Toda interacción, ya sea por visionado, como por navegación, abandono de una búsqueda, de lo que opinamos, desde qué dispositivo lo hacemos, sobre lo que buscamos, patrones de visualización por el momento del día que lo hagas, etc. etc. es guardada, para luego ofrecerte una experiencia mejorada. Es decir, el “Big Data”, aplicado en beneficio del que genera los datos. Esto sí es un “Big Data” ético, muy parecido a lo que suele decir Javier Goikoetxea de Next Seguros.

Se trata, así, de un sistema de recomendaciones personalizadas que no para de aprender de ti. Y es que nuestros gustos, no son tan estables como puede parecernos. Por eso es bueno que la tecnología nos sirva a nosotros mismos, mientras bajo un modelo de confianza y ético va aprendiendo sobre nosotros. Los datos solo serán usados para mejorar nuestra experiencia. Una estrategia centrada en el cliente, sobre el que Netflix diseña sus procesos, la operativa y su tecnología. Esto sí es un proyecto digital de valor.

Las recomendaciones se producen a nivel de usuario, es decir, tantas personas por hogar haya. Estos perfiles por persona (algo que no se puede conseguri con las TV “de toda la vida“), además, llega a cualquier dispositivo que tenga conexión a la red. Es más, permite adaptar la velocidad de Internet al dispositivo y la calidad de la conexión. Por lo tanto, la experiencia de visionado queda muy mejorada frente a otras alternativas. 

La suscripción se puede cancelar en cualquier momento. Un modelo arriesgado. Pensemos que cuando nos obligan a estar con un año de mantenimiento, lo que nos viene una marca a decir es que como el mercado está tan competido, y nos tienen que hacer tanto descuento, al menos debemos estar un año para que ellos no pierdan dinero. Cuando Netflix ofrece este modelo de “TV del futuro”, abarcando nichos de espectadores específicos (el modelo de larga cola), donde el espectador puede elegir lo que quiere ver y el ritmo al que lo hace, e irse cuando quiera, lo que viene a decir es que no compite por precio, sino por valor.

Es cierto que en España se va a encontrar con competencia (el catálogo de series de Movistar+, que encima, es superior al de Netflix). Algunos dicen que Netflix en España tendrá también que “competir” con la mal llamada piratería y la cultura del “todo es gratis” que al parecer impera en España. Aquí, y dado que ya he hablado de ello en el pasado, me parece que volvemos a mezclar cosas. Que en España no tuviéramos esta oferta quizás también tendría mucho que decir. Es más, en Australia se ha reducido la piratería un 27% desde que ha llegado Netflix.

Por otro lado, la incorporación a los aviones o los trenes de WiFi no será solo una respuesta a las demandas de los pasajeros. También puede convertirse en una fuente de ingresos muy importante para los productores de contenidos como Netflix. A los que viajamos con frecuencia, los operadores y aerolíneas nos pueden modelizar con mucha precisión. La audiencia está “atrapada” y conocemos bastante bien su perfil. Y encima, una publicidad selectiva y eficiente. Un modelo que puede venir para quedarse. A diferencia de las redes sociales y sus estrategias de generación de contenidos gratuita (donde la publicidad sigue siendo muy “masiva” e “intrusiva”), estamos hablando de una monetización con inversión en contenidos. Aquí, de nuevo, se puede “entender mejor” el uso del Big Data para ello.

Y claro, toda esta información de consumo, deseos, abandonos, etc. Netflix la usa también como productor. Y esto les permite producir películas y series adaptada a las tendencias del mismo. Toda la cadena de valor de la industria del entretenimiento engranada y sincronizada gracias a los datos (lo mismo que hace Inditex con la ropa). Y todo ello, gracias a tener una estrategia digital centrada en ofrecer ese valor añadido al usuario.

¿Veremos estas estrategias en otros sectores de contenidos? ¿los periódicos? ¿las revistas? Interesantes tendencias. Poniendo al consumidor en el centro, creo que puede haber importantes cambios, y mejoras importantes de los retornos y la famosa “monetización” del valor generado en esta era digital.

El hipervínculo en la era de las redes sociales

Si damos un rápido vistazo a la evolución de Internet en los últimos años, podemos comprobar cómo no ha cambiado mucho la forma de escribir, pero sí la de leer. La influencia de las redes sociales ha sido tan importante que para los medios y las plataformas de contenidos en general (desde Twitter, pasando por los periódicos online, o las propias universidades o grupos de investigación) el tráfico de los medios sociales son críticos.

Dado que resultan críticos estos canales sociales, conscientes de ellos, al final, el canal se ha convertido casi en más importante que el contenido. Son estos cnaales sociales (Facebook, Twitter, Linkedin, etc.) los que determinan con sus algoritmos la relevancia de un contenido y la aparición en el “muro” de sus amigos. Dado el impacto social que pueden tener estos algoritmos de ordenación y priorización de contenidos, ¿por qué no someterles a auditoría pública? Este tema, lo dejaré para otra entrada, dado que estoy inmerso en un fantástico libro en esta línea que se titula “The Black Box Society“. Ya os hablaré de ello.

Volviendo a la importancia del canal frente al contenido. Esto es algo algo que yo mismo experimento. Me gusta utilizar muchos estos canales sociales, tanto por la forma (para entenderlas bien y luego poder explicar bien su utilidad en nuestros cursos y programas), así como a nivel de fondo (divulgar, estar en contacto, aprender, etc.). Pero, depende de dónde publique y el qué, su impacto es uno y otro. Si subo una foto a Flickr y la publico en Facebook, parece que Facebook la da menos importancia que si la publico directamente en Facebook o en Instagram (también de FB). Si en Linkedin enlazo un contenido de SlideShare (que es un servicio suyo), encantado, me lo divulga bien. Pero si enlazo un artículo de mi blog, ya no le gusta tanto.

Esta “black box” u oscurantismo de los algoritmos, es lo que trata el libro que comentaba antes y que la verdad es una auténtica delicia para la reflexión a que uno le gusta hacer. Con esto que estoy comentando, creo, estamos viviendo en cierto modo la “muerte del hipervínculo. Igual lo estoy exagerando un poco, pero quiero provocar esa reflexión.

Internet nació con el espíritu abierto e interconectado que su propia arquitectura le otorga. Se abandonaba la centralidad (las jerarquías) y se veía reemplazada por un esquema distribuido, con un sistema de nodos y redes que eran las páginas web y los enlaces que entre ellas se hacían (algo que para el SEO ha sido fundamental con los backlinks).

La web y el hipervínculo (Fuente: http://es.freeimages.com/photo/www-1242368)
La web y el hipervínculo (Fuente: http://es.freeimages.com/photo/www-1242368)

Sin embargo, la “era de las redes sociales” ha roto esta lógica. En una red social, el texto no se puede enriquecer. Tu puedes querer enlazar sobre un texto, que las redes sociales comerciales no te van a dejar. Por lo tanto, en cierto modo, el enlace se iguala a una foto o a un texto plano, rompiendo en parte su propio significado y naturealeza. Miremos algunos ejemplos de nuestras redes sociales más cercanas:

  • Facebook: prueben alguna vez a subir una foto al propio Facebook o a subirla Flickr y luego enlazarla en Facebook. Lo que les decía antes: Facebook prioriza como considera y en función de que su Cuenta de Resultados se nutre básicamente de sus “audiencias televisivas” en sus redes sociales comerciales.
  • Instagram: no existe siquiera el concepto de hipervínculo. Prueben a publicar algo con un hipervínculo. Si quieren salir enlazados, tienen que pasar por caja de nuevo de su Cuenta de Resultados.
  • Twitter: un poco  más democrático, pero con ciertos problemas ahora mismo.
  • Linkedin: lo más parecido a Facebook que hay. Otro algoritmo de ordenación propio, y de nuevo a sabiendas que teniendo servicios de contenidos propios como SlideShare, Pulse o Lynda, o pasas por ahí, o dependerás de lo que su algoritmo considere.

¿Será que lo que es rentable es el monopolio de la información y la muerte del hipervínculo?Los monopolios de datos y control de la información de estas redes sociales comerciales, creo que debe hacernos reflexionar. El flujo y control de nuestra navegación está cada vez más en sus manos. Acuérdense eso de que los millenials leen ya todo en Facebook y otras redes sociales. Nos han abrazado y no nos quieren soltar una vez que entramos.

Todo esto, no crean, no está exento de riesgos. Es algo que llevo años conversando con empresas. Siempre recordaré un proyecto en el que estuve con una marca de grandes números de “fans” en Facebook. Un buen día, la directora de comunicación y marketing, muy contenta, me llamó para decirme que ya habían llegado a los diez millones de seguidores en Facebook. Mi respuesta: “¿Y si Facebook ahora cerrase qué harías?“. Obviamente, trataba de hacerla entrever los riesgos inherentes a construir comunidades en torno a redes sociales comerciales, que, como comenté, son las TVs de esta era. El hipervínculo, que era lo que nos dejaba salirnos de esos entornos, no les gusta a estas redes.

Hemos pasado así del “Internet en formato libro” (hipertexto para navegar por contenidos) al “Internet en formato TV” (lineal y programado de manera inteligente para nosotros). Unos algoritmos, con sus determinismos, consideran qué es lo más relevante para nosotros. Las máquinas, al parecer, incluso esto saben hacer por nosotros. En este paper pueden ver, a título ilustrativo, Facebook puede conocernos mejor que nuestros padres con solo 150 “Me gusta” y mejor que nuestras mujeres con 300 “Me gusta”.

Mi conclusión de todo esto es que la centralización de la información en la era de las redes sociales es algo que debemos tener presente. Perdemos poder y control. Que vuelva el hipervínculo.

Lectio Brevis Deusto Ingeniería 2016: “El poder de los datos: hacia una sociedad inteligente, pero ética”

El enésimo episodio de “Hazte millonario sin estudiar” y por qué la universidad es otra cosa

Es difícil que pase un mes sin que por las redes sociales circule de nuevo una noticia o gráfica como esta que vemos aquí:

Los millonarios sin títulos universitarios (Fuente: http://4.bp.blogspot.com/-ctlGbzE1tM0/UXppKFYAh8I/AAAAAAAAL0g/aGTJoIWiZwU/s640/millonarios-sin-estudio.jpg)
Los millonarios sin títulos universitarios (Fuente: http://4.bp.blogspot.com/-ctlGbzE1tM0/UXppKFYAh8I/AAAAAAAAL0g/aGTJoIWiZwU/s640/millonarios-sin-estudio.jpg)

Hace unos días, también salía esta noticia del responsable de RRHH de Google: “El expediente académico no sirve para nada“. La consultora Ernst & Young, el pasado Agosto, era noticia por lo mismo: “‘No evidence’ that success at university is linked to achievement in professional assessments, accountancy firm says“. Creo que toda esta oleada de ataques contra nuestros quéhaceres universitarios se deben a que las grandes empresas quieren en cierto modo tener un papel más activo en el conocimiento y el desarrollo de competencias. Es más, que Google anda detrás del sector universitario es cada vez un rumor mayor.

No puedo estar más en desacuerdo con esta forma de entender la universidad. En este artículo, el autor dice una frase bastante lapidaria: “Ni el estudio es garantía del éxito, ni el no contar con un título es garantía del fracaso“. Si os fijáis, es muy diferente decir que “los estudios no son garantía, y tampoco el no tenerlos” que “el expediente académico no sirve para nada“. Si yo fuera el que selecciona (que lo hago en ocasiones), y supongamos que tengo que hacerlo al azar entre 100 candidatos, prefiero que sea entre candidatos que tengan estudios universitarios, que entre 100 que no los tengan. Es cierto que hay muchos más factores de éxito, pero sí creo que por lo menos reduce las probabilidades de fracaso el hecho de contar con estudios universitarios.

Ojo con qué entendemos por universidad. Ya hace 5 años que escribí mucho sobre todo ello, e incluso hice un par de charlas sobre todo ello.

Universidad viene de universitas, por “asociación de iguales” (corporación o gremio) en latín medieval. Hace referencia a un gremio de maestros o estudiantes.

Quizás es que con cierta frecuencia confundamos las universidades con las escuelas de negocio, sinónimo de competitividad en el mercado. Éstas, nacieron en la segunda mitad del Siglo XIX para preparar a la élite que debía dirigir y gobernar las empresas en el capitalismo de la era industrial. Las universidades no son escuelas de negocio. Las universidades, el equivalente a un ágora, a la academia de Platón, donde se reflexiona y se sintetiza el conocimiento. Requiere alumnos inquietos intelectualmente, requiere rigor científico, requiere reflexión e investigación en todas las materias del conocimiento humano.

Suelo decir que el papel de la universidad hoy en día es facilitar entender sociedades complejas que conforman un mundo aún más complejo. Nuestra misión es dotar al estudiante de capacidades, herramientas y habilidades para mejorar nuestro mundo a través de una transformación responsable, humana y ética. ¿Es esta visión de la universidad compatible con esos mantras dominantes de las grandes empresas? No lo veo.

La responsabilidad de las universidades en nuestras sociedades del desarrollo, de la movilidad social y de la reducción de las desigualdades, es fundamental. Alrededor de los años setenta, pasó de ser un centro de aprendizaje de las clases altas y medias a incluir entre su alumnado a las clases trabajadoras que nunca hasta entonces habían podido entrar. Así, las universidades han contribuido a la extensión de la cultura, entendiendo esto como al mundo del pensamiento, a los conocimientos filosóficos, literarios y artísticos, así como los instrumentos básicos para el desarrollo profesional, personal y social.

No obstante, hay muchos elementos que hacen popularizar titulares “Hazte millonario sin estudiar”. La progresiva disminución de las asignaturas de humanidades -Literatura, Filosofía, Historia, Geografía- en la educación primaria y secundaria, nos acaba contagiando a las universidades. En la última reforma de la Ley de Educación, la Historia de la Filosofía pasa a ser optativa y las horas de Literatura disminuyen. Creo que con esta idea, a los estudiantes les puede ir quedando medianamente claro que estas materias no son importantes porque no sirven para abrirse paso en el mercado de trabajo. Y así, seguimos construyendo un discurso eminentemente utilitarista sobre la función de la educación en general, y en última instancia, de la universidad.

No obstante, menos mal que la realidad suele acabar confirmando nuestra visión. Las últimas revoluciones industriales (dispositivos electrónicos e Internet) se han producido codo con codo con las universidades. Y que la desigualdad creciente intrapaís (a pesar de la reducción de las desigualdades interpaíses) puede suponer una regresión importante para el acceso a estos templos de conocimiento, también es importante. Por lo tanto, en este contexto, que estemos venga a atacar el rol de las universidades, me parece una irresponsabilidad importante por parte de las empresas.

El motivo “no se prepara profesionalmente a los alumnos para el mercado laboral” parte de una premisa falsa; y es que nunca fue el objetivo principal de las universidades. El foco de su objetivo es la de potenciar intelectualmente a las personas, dotarles de conocimientos y de capacidad de reflexión. Es cierto que la universidad tiene que transformarse de la misma manera que se transforma la sociedad, pero no hay que olvidar el objetivo último de la universidad.

No obstante, y pese a que no fuera su función me parecía bastante evidente, me he puesto a buscar algo más de evidencia empírica (más allá de la “anécdota” de los seis multimillonarios… ¿cuántos son en total, por cierto?). Me he encontrado con este reciente estudio elaborado por la Reserva Federal de Sant Louis y Bloomberg, que estiman cómo tres factores afectan a las opciones que uno o una tiene para ser millonario: edad, educación y raza.

Los investigadores William Emmons, Bryan Noeth, y Lowell Ricketts evidencian cómo, de esos tres factores, la educación es el más influyente en las opciones de convertirse en millonario. Es cierto que algunas razas tienen más opciones que otras (desgraciadamente), pero la educación tiene un papel fundamental. Esto, además, enfatiza la necesidad que esas desigualdades que antes decía, no sean un limitante para el acceso a la universidad.

¿Puede la educación ayudar a convertirse en millonario? (Fuente: http://static1.businessinsider.com/image/56a0fbf59037f7d37b66cbf4-800-688/infographic-millionaire-school.png)
¿Puede la educación ayudar a convertirse en millonario? (Fuente: http://static1.businessinsider.com/image/56a0fbf59037f7d37b66cbf4-800-688/infographic-millionaire-school.png)

Como se puede leer en el informe:

According to the sample, a black person’s odds of being a millionaire increase from less than 1 percent if he or she doesn’t complete high school to 6.7 percent with a graduate degree. White Americans without a high school diploma start out with slightly better chances—1.7 percent—that rapidly improve with more school: A graduate-level education increases their probability of amassing a net worth greater than $1 million to 37 percent.

Por último, respecto a la edad, es cierto que hay diferencias entre razas, pero también según se avanza, hay opciones de llegar a ser millonario. Esto, enfatiza la importancia de la formación continua a todas las edades.

Opciones de ser millonario mientras envejeces (Fuente: http://www.bloomberg.com/features/2016-millionaire-odds/img/millionaire-age.png)
Opciones de ser millonario mientras envejeces (Fuente: http://www.bloomberg.com/features/2016-millionaire-odds/img/millionaire-age.png)

Con esto, hago un llamamiento a dejar de difundir por Facebook y Twitter informes sobre cómo llegar a hacerse millonario sin estudiar. Y es que el papel de las universidades, creo, queda fuera de toda duda para el desarrollo de nuestras sociedades inclusivas, igualitarias y menos desiguales que las actuales. Sumemos entre todos.