La tecnología me fascina

Hoy ha sido el último día de clase. Bueno, la cosa ha sido un tanto light porque básicamente eran horas de tutoría, así que sólo ha venido gente a preguntar dudas. Voy a echar de menos estar ahora varias semanas sin dar clase, la verdad es que me encantaba eso de preparar las clases con batallitas nuevas que contar cada día a los alumnos. Pero bueno, el día 1 de Febrero volvemos a la carga, así que, be ready!

Hoy, con dedicatoria especial para un familiar con el que comparto siempre muy interesantes conversaciones, vengo a hablar un poco sobre el silicio y su relación con la industria electrónica en general. Dada su abundancia y propiedades de semiconductor, este elemento es un material básico para la producción de chips o circuitos integrados (de entre muchas otras aplicaciones que también tiene), tan importantes en la sociedad “inteligente” y “automática” actual (ordenadores, móviles, GPS, microondas, televisiones, consolas de videojuegos, etc.).

Como anécdota, citar que Silicon Valley (la Meca para numerosos informáticos e ingenieros en general) debe su nombre a este componente. Para aquellos que estéis diciendo, ¿qué es eso de Silicon Valley?, echad un ojo al siguiente enlace y pensad a ver si os suena alguna empresa 😉 A mí me suenan unas cuantas, y no me importaría trabajar en algunas de ellas (como Google, que ya ha sido elegida varias veces como la mejor empresa para trabajar).

Al hilo de Silicon Valley (y prometo que termino con esta digresión habituales en mí), ayer leí que el gobierno americano estaba tramitando un visado para emprendedores (no os podéis imaginar lo problemático que es este tema cuando tienes que emigrar a EEUU), de forma que puedan poner en práctica sus ideas en dicho país. En mi opinión, excelente noticia, no sé a vosotros si os atrae o no, pero a mí muchísimo 🙂

Volviendo al silicio. Parece entonces importante disponer de este elemento para la fabricación en numerosas industrias. Como decía antes, su abundancia en la naturaleza y su capacidad para controlar las propiedades eléctricas, han posibilitado su desarrollo y aplicación en los citados circuitos integrados y en transistores, componentes base para la fabricación de dispositivos en la industria electrónica. Anterior al silicio, fue el germanio el elemento empleado en semiconductores, pero su inestabilidad propició la aparición del silicio.

Además, dado que es abundante, no hay dependencia de un proveedor concreto (como puede representar el petróleo con los países miembros de la OPEP o el emergente litio con Bolivia). Ahora mismo las exportaciones de silicio se reparten entre China, Brasil, EEUU, Chile, Perú, Alemania, Dinamarca, etc. y… tachán tachán… ¡sorpresa! Ya me sonaba, pero es que en algunas fuentes encontré hace tiempo que hasta España!

Todo pinta bien, pero, entonces, ¿dónde está el problema Alex? Dos son los problemas:

  • La fabricación con silicio resulta cara.
  • Muchos aseguran que la Ley de Moore (es que dice que cada dos años se duplica la cantidad de transistores que pueden introducirse en un circuito integrado) pudiera quedarse obsoleta en poco tiempo, dado al grandísimo avance que experimenta la tecnología día a día y la imposibilidad de adaptar los materiales a las necesidades de compresión física que está solicitando la tecnología actual (y si no me creeis fijaros en este televisor LCD de Samsung de 3 mm de grosor).

Bien, necesitamos alternativas (incluso demandadas por el propio Moore) al silicio. Este caballo de batallo está siendo objeto de investigación (sí, ese campo al que también se puede dedicar uno, no todo queda en las consultorías y asesorías que tan de modo están) en muchos de los laboratorios a nivel mundial. De entre las alternativas que “conozco” (a nivel teórico básicamente), voy a destacar alguna de ellas que me parece interesante compartir:

  • Aleación de indio-galio-arsénico: producto de la infatigable cantera de desarrollo que es Silicon Valley, con esta aleación se consigue no sólo una mayor velocidad (transistores 10 veces más rápidos) de procesamiento en los dispositivos electrónicos, sino también un menor costo (al parecer, que luego esto hay que sacarlo del laboratorio y asegurarse).
    De hecho, podéis ver aquí como por ejemplo aplicado a los paneles solares, se manufactura un material en láminas, que fabricado por compresión, produce unas láminas tan extremadamente flexibles que podrían emplearse en una amplia variedad de dispositivos o incluso en estructuras más complejas para la mejora de la eficiencia energética, por ejemplo.
    Me parece que esa característica de flexibilidad va a dar mucho jugo en el futuro (ahora que está de moda producir dispositivos electrónicos con pantallas que se doblan y demás). Apostaría por esta aleación 🙂
  • Telururo de Bismuto: con este nombre de duque o conde, parece que dos científicos chinos han dado con otra solución alternativa al silicio. La ventaja de esta alternativa es que es un producto absolutamente sustitutivo del silicio, tanto que incluso se podría reaprovechar la maquinaria empleada para la producción de circuitos y chips en grandes escalas de producción.
  • Nanoestructuras basadas en óxido de titanio: además de incluso poder mejorar la eficiencia de los ciclos de producción eléctrica con los paneles solares, la principal ventaja de este material, como se puede apreciar aquí, podría incluso ser aplicada con un spray, con la gran ventaja que esto reporta para la problemática de espacio antes planteada.

En fin, que la tecnología no deja de sorprendernos, y no está de más que echemos un vistazo de vez en cuando al futuro, no sea que descubramos un campo en el que nos gustaría trabajar 🙂

Que disfruten del fin de semana. Yo me voy a la nieve un poco, aunque viendo cómo está la cosa ahora mismo en Bilbo, no sé si seré capaz de llegar a mi destino :-S

Qué bien se vivía con velas…

Ahora que ya han pasado los Reyes, y el Niño ha repartido dinero entre los españoles (realmente es un tema que me aburre sobre manera y más cuando hasta en Euronews sale como noticia de importancia en España, la lotería), vienen las rebajas. Este año, parece que más fuertes que nunca, que con esto de la crisis….

Así que todo el mundo se olvida de la crisis por unos días, que las rebajas son las rebajas joer, hay que gastar sí o sí. El otro día leí que un restaurante había prohibido la palabra “crisis”. Es un acto un tanto simbólico, pero me gusta la idea, ya que empieza a resultar molesta la dichosa palabreja… (hoy en el médico se me han colado 2 señoras porque me han dicho que tenían prisa, que con esto de la crisis no han podido comprar mucho en Navidades, así que se querían ir escopetadas a las rebajas…). En fin, cosas que [sólo] pasan en España.

Pero hoy vengo a hablar de otro tema, que no es otro que el despilfarro energético que se tiene en la sociedad actual. Vaya por delante que hablaré un poco sobre el panorama español. Pero, por una vez (y sin querer crear precedentes), no somos los únicos que adolecemos este problema. Para poner un ejemplo sobre el despilfarro, hace poco leí que el modo Stand-by (dejar en modo de espera o reposo un aparato eléctrico) costaba de media 100 € más a cada español al año.

Y es que claro, es muy cómodo eso de dejar la tele en stand-by, que así lo puedo apagar desde el mando y no me tengo que levantar del sofá. Ya, bien, pero luego no te quejes cuando te llegue la factura eléctrica. De hecho, el 15% aproximadamente de la factura eléctrica se debe a este modo de comodidad.

Entonces, ¿no va siendo hora de tomar cartas en el asunto? Quizás un poco menos de comodidad o dejadez vendría bien. Pero ya no sólo por rascarse el bolsillo al final de mes, sino porque toda esa electricidad “despilfarrada” hay que producirla. Y como bien sabéis (ya que otra de las palabras de moda junto con crisis es Copenhague o Kioto), la electricidad hay que producirla, y por desgracia, en España, aún tenemos dependencia de las centrales de generación térmicas de quema de combustibles fósiles, que son una de las principales culpables de esto que llaman cambio climático.

Leyendo un poco sobre cuestiones de generación de energía eléctrica en España durante el 2009, parece que hay buenas noticias. Leo en el blog de Revolución Energética (de absoluta y casi obligada recomendación), que tanto la generación como el consumo eléctrico han disminuido un 5% aproximadamente en 2009 (bien), las emisiones de CO2 han caído casi un 15% (muy bien) y que mientras las energías convencionales están en caída libre (carbón, gas, nuclear, etc.), las renovables en claro auge (mucho más que muy bien, ¡excelente!).

Bueno, entonces “parece” (y digo parece porque quizás sean datos muy manipulados por la crisis económica y la coyuntura actual) que la conciencia social está cambiando y estamos dejando de consumir. ¿Por qué no intentar que todos actuemos sobre dicho modo stand-by que tan cómodo nos resulta?

Investigando un poco sobre posibles soluciones al problema, me he encontrado con 2 interesantes “herramientas” (iba a decir gadget, pero quiero dar discursos que se entiendan para todos los públicos, que para no entender un mensaje ya tenemos a los políticos :-)) que quería compartir con vosotros:

  • Los temporizadores: que no son más que unos pequeños acoples que, ubicados antes de una regleta, ofrecen regular las horas de uso de corriente eléctrica. Así, se pueden hacer programaciones inteligentes para que estos temporizadores sólo permitan el empleo de electricidad en horarios de estancia en casa, pero no, por ejemplo, durante el día que puede que la mayoría de los miembros de la casa estén fuera.
  • Las regletas automáticas: las conocidas regletas de toda la vida, pero dotadas de “inteligencia”. ¿Qué inteligencia? Pues que cuando detecte que uno de los aparatos que están conectados a la misma entra en standby (una televisión por ejemplo), desconecte automáticamente todos sus accesorios (la típica consola, el DVD o similares que son ejemplos clásicos que en toda casa se darán).

Estos son dos ejemplos rápidos y sencillos que he encontrado. Pero, la cosa puede ser más sofisticada y completa. Prometo tratar en otro artículo el tema de las Smart Houses (o casas inteligentes que a mí personalmente me suenan peor traducidas), donde desarrollo parte importante de mi actividad profesional con un proyecto que monitoriza los recursos de manera remota desde un dispositivo móvil.

Con este proyecto (o cualquier otro de índole similar), se permite la programación de actuaciones remotas manuales o automáticas programadas para interaccionar con los dispositivos electrónicos de una casa, con las indudables ventajas que puede aportar un sistema de este tipo. Y no lo digo sólo por la ansiada comodidad que todo el mundo busca, sino también por actuaciones remotas para apagar aparatos encendidos (y su consiguiente ahorro), por ejemplo.

Como decía en el título, qué bien si vivía con velas…