La mitad de nuestros salarios para impuestos, sí; pero vivimos bien, ¿no?

Hemos pasado una época del año en la que saldrán noticias como esta, estaesta. Apoyados en diferentes fuentes de datos, parece que los españoles vivimos en un infierno fiscal. Los datos así parecen sugerirlo. Si usamos los datos de un estudio elaborado el año pasado por el Foro Económico Mundial, los trabajadores españoles destinamos un 52% de nuestro salario a impuestos. O, visto de otra manera, nos quedamos de manera neta con el 48%, una vez que hemos atendido nuestras diferentes obligaciones fiscales (el IVA, IRPF, impuestos especiales, etc.). Somos el cuarto país del mundo que mayor esfuerzo exige a sus trabajadores.

Ranking de impuestos por países (Fuente: http://e01-elmundo.uecdn.es/assets/multimedia/imagenes/2015/12/07/14495195648681.jpg)
Ranking de impuestos por países (Fuente: http://e01-elmundo.uecdn.es/assets/multimedia/imagenes/2015/12/07/14495195648681.jpg)

Por encima de España se sitúan países sospechosos también en este tipo de rankings como son Suecia o Dinamarca. En el puesto 11, Finlandia. Y si no fuera por sus enormes reservas de petróleo que tanto beneficio fiscal le dan, también a buen seguro aparecería Noruega. Países, estos nórdicos, que son conocidos por la buena vida que ofrece a sus ciudadanos. Unos países que se enorgullecen siempre de citar la confianza de sus ciudadanos en sus instituciones (entre el 50 y el 60% de sus ciudadanos confían mucho en sus instituciones, frente a una media de algo más del 30% en el conjunto de la UE-27).

Unos países que son conocidos también por el gran gobierno que tienen: cómo cuidan de sus ciudadanos, el gran volumen de beneficios sociales que les ofrecen, incluso muchos de ellos demasiado generosos. Sin embargo, después de los turbulentos años 80 que pasaron (también es cierto después de un siglo de un alto crecimiento), las finanzas se mantienen bien controladas. También tienen una larga tradición de liberalismo en múltiples ámbitos: libertad de prensa desde 1766, un campo de funcionarios libre de corrupción y meritocrático desde mediados del siglo XIX. E, insisto, los ciudadanos confían mucho en el valor que les aporta el ámbito público.

Y éste último punto es al que quería ir. Básicamente porque muchas veces pensamos que las cosas cuestan menos de los que creemos. Y sí, quiero llegar al gasto social. Ese conjunto de gastos que permiten mejorar la vida y el día a día de nuestros ciudadanos. En ese ranking, donde se cuela España. No podremos negar que los beneficios sociales aquí también son amplios. Y es que, como digo, las cosas cuestan (mucho) dinero. Pagamos impuestos, pero a cambio obtenemos un conjunto de amplios beneficios sociales.

Miremos el gasto social de los principales países, los que pertenecemos a ese selecto club de la OCDE.

Gasto social en países de la OCDE (Fuente: OCDE)
Gasto social en países de la OCDE (Fuente: OCDE)

Los países nórdicos (salvando Noruega, ya digo, son su singularidad petrolífera), junto a España -y algunos otros-, dedican entre un 25 y un 30% de su PIB al gasto social. Este gasto, representa aspectos como la incapacidad para el trabajo (jubilación, invalidez, etc.), salud, familia, políticas activas de empleo, vivienda, etc. Si alguno quiere seguir reflexionando sobre el modelo impositivo que tenemos en España, quizás se pueda dar una vuelta por lo que ocurre en países con menos impuestos (y beneficios sociales, claro), como Brasil, Sudáfrica, China, India e Indonesia.

Quizás la diferencia en cuanto a lo que pase en España frente a otros países con modelos impositivos altos y beneficios sociales altos sea la confianza en cómo los políticos gestionan dicho dinero. Los casos de corrupción y el ineficiente gasto público (que es la política redistributiva más importante que tienen los países), no son dos elementos que acompañen para que nos guste pagar impuestos. Es, en este sentido, siempre interesante ver la cantidad del gasto público que va destinado a las personas más necesitadas. En este caso, España, en lugar de acompañar a los países nórdicos, acompaña a otros respecto a los que salía muy distanciado antes:

% del gasto público que va a los ciudadanos más necesitados (Fuente: OCDE)
% del gasto público que va a los ciudadanos más necesitados (Fuente: OCDE)

No llegamos a niveles de México, Portugal o Turquía, donde el dinero público, es más, vuelve a las clases más pudientes prácticamente, pero ahí tenemos mucho espacio de mejora. Especialmente porque las partidas de gasto social más amplias son en términos de salud y bienestar en la tercera edad. Ámbitos de la vida donde la vulnerabilidad es importante, y donde las limitaciones para encontrar otros campos de mejora son realmente complicados.

No pretende este artículo ser un estudio científico de cómo debemos todos ser más coherentes con el equilibrio eterno del ser humano “dar y recibir”. Pero sí por lo menos vislumbrar y poner en cierta comparación el pago de impuestos con los servicios y beneficios sociales que obtenemos. Éste último campo, es el gran olvidado cuando los medios españoles, ahora que hemos hecho la declaración de la renta, nos han bombardeado con la gran cantidad de impuestos que debemos de pagar entre todos, pese a no tener los políticos de Suecia, Dinamarca, Noruega o Finlandia.

Amigos, amigas, las cosas cuestan mucho dinero. Como dicen mis amigos y amigas economistas, nada es gratis. Los impuestos, el instrumento que nos permiten vivir tan bien en España.

Robots y automatización de trabajo: no tan rápido (Parte II)

(Este artículo tiene una primera parte con la entrada anterior)

Decíamos en la entrada anterior, que uno de los elementos más debatidos con esta revolución industrial (la llamada cuarta revolución industrial), es la cantidad y calidad de trabajo. De la entrada anterior, decíamos al final, a modo de corolario, lo siguiente:

Los robots nos sustituyen, pero todo está por pensar y construirse sobre ellos. Preparémonos para ello. Mientras tanto, es difícil concluir si crearemos o destruiremos trabajo.

En esta entrada, hablaremos de la calidad del trabajo, que podemos representar a través de la inflación o deflación de los salarios o el aumento de las desigualdades. Para ello, nos apoyaremos en un reciente artículo también escrito por Acemoglu y Restrepo, titulado “Robots and jobs: evidence from the US” (2017). El artículo empieza diciendo que todavía no tenemos claro cuántos puestos de trabajo están realmente en peligro. Citando varios de los tan cacareados artículos (que van desde el 57% de los países OCDE que cita el Banco Mundial, hasta el 9% de Arntz, pasando por el famoso 47% de Frey y Osborne), Acemoglu y Restrepo dicen que ellos no son capaces de estimar cifra alguna en cuanto a sustitución de trabajo humano por robots: todo depende de costes y de salarios, como todo en la vida. Y ahí es donde veía interesante hablar en clave de la calidad de trabajo.

Para su estudio han empleado datos de EEUU. Y para el concepto genérico de “robot”, han empleado la definición que da de estas máquinas la Federación Internacional de Robótica (IFR), que desde 2014 los define como:

An automaticallyu controlled, reprogrammable, and multipurpose machine

Máquinas, robots, que en entornos industriales pueden soldar, ensamblar, mover materiales, empaquetar, etc. En la actualidad, la IFR calcula que hay entre 1.5 y 1.75 millones de robots industriales, una cifra que podría subir hasta entre 4 y 6 millones según la Boston Consulting Group.

Robots industriales por cada 1.000 trabajadores en EEUU y Europa de 1993 a 2007 (Fuente: http://voxeu.org/sites/default/files/image/FromMay2014/restrepofig1.png)
Robots industriales por cada 1.000 trabajadores en EEUU y Europa de 1993 a 2007 (Fuente: http://voxeu.org/sites/default/files/image/FromMay2014/restrepofig1.png)

La situación de partida para exponer resultados de Acemoglu y Restrepo es que los robots no tienen el mismo impacto en todos los sectores. De ahí que esto tenga mucha relación con el valor añadido que aporta cada uno de nosotros en nuestro puesto de trabajo. Por ejemplo habla de cómo el 39% de los robots existentes están dedicados al sector de la automoción. Un 19% a la industria electrónica, un 9% a la metálica, otro 9% a la química y plástica, etc. Y con este impacto por industria, han elaborado un mapa de zonas en EEUU, que presentan como sigue:

Exposición a robots en las zonas de EEUU (Fuente: https://docs.google.com/spreadsheets/d/10yR91cuPP3XVjZC3ouWYrHqTyZszcZO3ffwJjfI7OJc/edit)
Exposición a robots en las zonas de EEUU (Fuente: https://docs.google.com/spreadsheets/d/10yR91cuPP3XVjZC3ouWYrHqTyZszcZO3ffwJjfI7OJc/edit)

En las zonas más afectadas por la adopción robótica, el impacto en empleo y salarios ha sido importante. Cada nuevo robot por cada 1.000 trabajadores, el empleo local por ciudadano se redujo un 0,37%, mientras que los salarios cayeron un 0,73%. Sé que estoy hablando de caídas, pero, ¿tan malos números parecen éstos? Por lo tanto parece que cuanto más sensible es tu zona de trabajo a la automatización, más hacia abajo parece que van los salarios. Un total de 6,2 trabajadores perdiendo empleo por cada robot. Es todo una cuestión de sustituibilidad de lo que hacemos los humanos.

Toda esta evidencia y números sugieren que el impacto tanto en salarios como en calidad de empleo no es tampoco tan importante como parecía. De ahí lo interesante de este artículo de Acemoglu y Restrepo. Incluso estos autores sugieren pensar que una reducción de salarios y de costes de producción, podría llevar a estas empresas a ser más competitivas, y compensar la pérdida de empleo en producción, con exportaciones (incluso a otras regiones en EEUU). Por lo tanto, concluyen los autores que:

There is nothing here to support the view the new technologies will make most jobs disappear and humans largely redundant.

Todavía hay esperanza. El País publicaba recientemente un artículo que no se hacía eco de estas evidencias, pero sí citaba a los sospechosos habituales. Y también citaba el proyecto REIsearch, impulsado por el Atomium – Instituto Europeo para la Ciencia, Medios de Comunicación y Democracia. Expone básicamente el pesimismo de la población en cuanto a su futuro laboral. De hecho, solo el 10% de los encuestados se mostraba positivo ante la oportunidad que abre la digitalización para ofrecer empleo y buenos salarios para todos. ¿Tendrá algo que ver el pesimismo que habitúan en trasladar los medios de comunicación?

Los humanos siempre mantendremos (al menos de momento), el monopolio de ciertas cuestiones: la creatividad, la interacción compleja con objetos y humanos (esto es especialmente importante en un país de servicios como el nuestro), etc. Ofrezcamos evidencias, por favor, siempre que hablemos de un tema tan sensible para todos nosotros. Los robots no serán el fin del mundo.

Sobre la subida del Salario Mínimo Interprofesional que propone Unidos Podemos

Hace cosa de 1 mes, el pasado 10 de Mayo, Podemos e Izquierda Unida, alcanzaron un acuerdo para presentarse conjuntamente bajo la marca Unidos Podemos en las próximas elecciones generales del 26 de Junio. El documento “Cambiar España: 50 pasos para gobernar juntos“, recoge hasta cincuenta puntos donde se recogen medidas de marcado carácter social y económico. Entre dichos puntos, uno de los que más me llamó la atención fue la subida de los 655 € de Salario Mínimo Interprofesional actual hasta los 900 en 2019 (que posteriormente ha salido como 950 € para 2020).

Intuitivamente, si a cualquiera de nosotros nos preguntan por separado si queremos que nos suban el salario, es bastante probable que nos pongamos bastante contentos. No obstante, otra cosa es cuando esa subida se hace en su conjunto. Por ello, una pregunta que cabría hacerse es si es una buena idea, para estimular la economía y nuestro bienestar global, reducir o aumentar salarios.

Me voy a centrar exclusivamente en el Salario Mínimo Interprofesional (SMI en adelante). El SMI actúa como una barrera de entrada en el mercado de trabajo: debes aportar tanta productividad (al menos) como el valor que este salario tenga. Si no la alcanzas, al empleador, no “le sales rentable“. Y es que, a efectos de “mercado de trabajo“, el trabajo que aportamos, es otro factor de producción más, y como tal, supone un coste para una empresa. Por lo tanto, si no es “productivo” ese coste, para una empresa, no es adecuado.

La gran mayoría de estudios sobre aumentos del Salario Mínimo Interprofesional (SMI), exponen efectos limitados sobre el empleo a corto plazo y otros efectos más importantes a largo plazo que incluso reducen la creación de empleo. No es fácil, así, causalizar efectos a partir de la variable Salario Mínimo. Sin embargo, ellos apuestan por esta medida.

¿Por qué? Es bastante entendible que Podemos e Izquierda Unida, con un electorado marcadamente joven (ver este artículo que escribí recientemente en DEIA), quieran actuar en esta palanca. Los jóvenes y trabajadores con baja formación, son los que tienen, por desgracia, en nuestro país, los contratos más precarios. Por lo tanto, serían los primeros en verse beneficiados por un eventual aumento de cualquier barrera salarial.

Tenía entendido que los números no iban a ser muy favorables para esta propuesta de Unidos Podemos. Pero es que tras hacer el ejercicicio numérico que enseguida presento, las cifras me han dejado aún más preocupado por la falta de análisis numérico de esta medida.

Empecemos por conocer la situación “actual”. Para saber cómo está España a nivel de Salario Mínimo Interprofesional, me he ido a la siempre enriquecedora página de la OCDE. He cogido los datos de 2014, los últimos comparables publicados, y he comparado aquellos países de la OCDE que sí tienen un Salario Mínimo (la tan cacareada Dinamarca, por ejemplo, no lo tiene). Y me he quedado con la métrica Salario Mínimo Interprofesional en relación al salario mediano de cada uno de estos países. He cogido el salario mediano, por tratarse de países (entre ellos, España como el que más) con mucha desigualdad salarial. Para hacer las magnitudes comparables entre países he seleccionado los salarios en Paridad de Poder Adquisitivo y nominalizados a dólares de 2014. En definitiva, he tratado de hacer todo comparable y homogéneo para evitar sesgos en las magnitudes.

Como vemos en la siguiente gráfica, España está a la cola: aparece con un 41%, con países que distan de su modelo de bienestar (EEUU, Japón o Canadá) o grado de desarrollo económico y (supuestamente) social (Grecia o República Checa). Por lo tanto, es objetivamente afirmable que España tiene un SMI bajo. Y que debemos mejorarlo para hacerlo más acorde a otros modelos de bienestar.

De aplicar la subida a 950 €, como ven en la gráfica, pasaríamos a ser el país de la OCDE con mejor ratio SMI sobre salario mediano. Empatados con Francia y sus poderosos sindicatos. Pero por encima de países que no tienen modelos tan intensivos en factor trabajo como nosotros. Venimos de una burbuja inmobiliaria descomunal, con una generación entera afectada por el abandono de los estudios y la baja cualificación. El Valor Añadido Bruto de nuestras empresas ahí está.

Unidos Podemos quiere pasar de los 655 € actuales a 950 €. Es decir, una subida de un 45%. En 4 años, esa subida, me parece literalmente inasumible e insostenible (acuérdense de las barreras de entrada que decía al comienzo de este artículo). Por mucho que quieran introducir un nuevo modelo productivo, crear empleo (hablaremos en otra entrega de esa reducción del paro al 11%), las cifras no salen.

Quizás Unidos Podemos esté pensando que dado que ahora España está creciendo tan bien (aunque venimos de donde venimos), quizás es que los salarios reales medios también van a subir en esas horquillas de entre 40 y 45%. Por eso, me he vuelto a hacer la pregunta sobre lo que hubiera pasado en los últimos 15 años.

En la siguiente gráfica, veis la evolución de los salarios reales (descontada la inflación) medios de los países de la OCDE (de nuevo, en términos de PPA en dólares para hacer las magnitudes comparables). Aquí les dejo los datos brutos originales. Ningún país, en cuatro años, ha conseguido esas cifras de incremento (faltaría más, es una auténtica salvajada). Pero es que tampoco en 15 años. Eslovaquia (43.99%), República Checa (42.06%) y Noruega (40.52%) han conseguido los mayores incrementos de salarios reales medios. Los dos primeros, países que venían de una separación, y que partían de posiciones donde se pueden registrar altos incrementos (en torno a los 15.000 dólares). Crecer luego es más complicado. Y luego Noruega, que con petróleo y gas, es fácil registrar esa cifras. ¿De verdad cree Unidos Podemos viable hacer crecer esa cifra?

Ya para terminar. Ya casi nadie se acuerda, pero Podemos viene de 2014 de estar pidiendo un tope salarial (¡!). Ahora, viene con subir por abajo. Pero como ya dije en el artículo de Noviembre de 2014 hablando de su programa económico:

La baja productividad en España, creo que provocaría recortar por arriba, no subir por abajo. Por lo tanto, volvemos a un punto que ya ha salido en este largo escrito con anterioridad: los problemas de España son otros (productividad, regulaciones, poca competencia, etc.). Por lo tanto, estas medidas no sé cuán efectivas serían. Además, no la veo difícilmente salvable con cualquier medida de ahorro alternativa.

El mercado de trabajo es más complicado de lo que puede parecer. La competitividad de las empresas también. Y el salario mínimo para redistribuir en la negociación entre empresa y trabajadores, un aspecto difícil de concretar. Por ello, creo que Unidos Podemos debiera ser más moderado y centrar menos los mensajes en lo que sus votantes quieren escuchar.

Sobre los drones, regulaciones y el “accountability” de los algoritmos

Uno de los temas que más interés está suscitando en el mundo “tech” son los drones. Son muchas las noticias sobre sus utilidades, el futuro, etc. Pero hoy la noticia es otra:

Un avión esquiva tres drones durante el aterrizaje en Loiu (Fuente: http://www.eitb.eus/es/noticias/sociedad/detalle/4092638/un-avion-esquiva-tres-drones-aterrizaje-loiu/)
Un avión esquiva tres drones durante el aterrizaje en Loiu (Fuente: http://www.eitb.eus/es/noticias/sociedad/detalle/4092638/un-avion-esquiva-tres-drones-aterrizaje-loiu/)

Hasta la fecha, es el incidente más grave registrado en un aeropuerto en España. Y ha tenido que ser en Bilbao. Esto en Reino Unido y Francia ya había ocurrido. En España, estamos hablando de una infracción que para los que estaban manejando los drones puede traer hasta 250.000 €, dado que tienen prohibido volar a esa altura (el avión estaba a 900 metros, sobre Larrabetzu y Lezama) -estando el límite en 120 metros-. Es más, tienen prohibido volar dentro del espacios aéreos controlados y en distancias de 15 kilómetros a la redonda de los aeropuertos. Se saltaron toda normativa, en definitiva.

Más allá de la noticia, conviene hacer una reflexión sobre lo que drones pueden aportar a nuestras sociedades. Empecemos por definir lo que son. Se trata de vehículos aéreos no tripulados, y que pueden ser controlados de manera remota, o bien de manera autónoma, como otro algoritmo de caja negra más (aquí ya los posibles (mal)usos puede el lector comenzar a imaginar). Esto último parece la tendencia. Un dispositivo que existe desde el Siglo XIX, pero que se ha popularizado gracias al progreso tecnológico que ha abarato su fabricación, y por lo tanto, “democratizado” su consumo.

Drones en Google Images (Fuente: Google Images)
Drones en Google Images (Fuente: Google Images)

Casualidades, hoy ha sido noticia por una de esas aplicaciones que a mí personalmente más miedo me dan. Un dron, responsable de haber acabado con el líder de Al Qaeda en Afganistán. Es cierto que el campo militar siempre ha traído innovaciones al civil, pero estamos hablando de un peligro de unas posibles consecuencias realmente grandes. ¿Se imaginan en manos del Daesh estos artefactos? ¿Se imaginan que dispusieran de habilidos programadores de drones para perpretar verdaderas matanzas?

Todo ello, me hace pensar que debiéramos discutir más sobre el accountability de los algoritmos (de esto ya hablé aquí), y máxime cuando tiene implicaciones humanas de tal calado. Mientras seguimos debatiendo sobre ello, creo que, cuando menos, debiéramos tener una regulación importante.

Las pasadas Navidades, uno de los regalos más realizados en EEUU fueron los drones. Las ventas fueron de unas 400.000 unidades, un 20% de todos los vendidos en el mundo. A los americanos parece que les gusta el invento, especialmente los que se pueden pilotar desde el teléfono móvil y permite ver en tiempo real las grabaciones o fotografías que va haciendo. Sin embargo, el presidente Obama sabe que esto entraña peligros, claro. Para ello, el gobierno de Barack Obama sacó dos regulaciones:

  • Un reglamento para garantizar un uso seguro de los drones para el ocio (quizás la utilidad que estaban sacando los que lo estaban manejando hoy en Bilbao)
  • Obligación de inscribir el dron en un registro público siempre y cuando tenga un peso entre 250 gramos y 25 KGs. Esto permitiría trazar y poder atribuir responsabilidades en caso de cualquier problema. Algo parecido a lo que hacemos en tráfico cuando adquirimos un vehículo.

Lo que persiguen estas regulaciones no es otra cosa que poner cierto control a algo que se puede ir fuera de control. En la actualidad, no se requiere permiso alguno para operarlo a menos de 121 metros de altura, siempre y cuando se mantenga contacto visual con el aparato, y no se sobrevuele cerca de eventos deportivos, aeropuertos o concentraciones. Lo que decíamos al comienzo se han saltado en el caso de Loiu de hoy.

¿Y esto qué interés pudiera tener para este mundo digital de las empresas? Amazon, por ejemplo, caso del que ya hablé, no para de invertir en estas tecnologías. Una flota de vehículos autónomos repartiendo sus paquetes. Amazon tiene ya un prototipo híbrido entre un avión y un helicóptero con el que quiere llegar a volar distancias largas a un coste muy bajo. Esta es la propuesta de valor que más llama la atención a Amazon. En San Francisco o San Antonio, Amazon ya ofrece reparto en menos de dos horas de manera gratuita. Si quiere llegar a generalizar eso, tiene que buscar por todo slos medios la forma de reducir costes.

Los de Amazon, descienden y vuelven a ascender con gran seguridad y agilidad, cogiendo lo mejor y quitando lo peor de aviones y helicópteros. De esta manera, Amazon espera entregar paquetes de menos de 3 KGs en menos de 30 minutos, volando a unos 120 metros. El problema con todo esto es la seguridad. ¿Puedan volar sin mayor control que ese?  Amazon lo está probando a la vez en EEUU, Reino Unido e Israel. Pero, en los cielos de esos países, a 120 metros o menos, ¿no podría llegar a haber congestiones o accidentes? ¿Mal usos?

Esto, de cualquier manera, también puede tener otros beneficios. Correos, por ejemplo, ya ha comenzado a realizar pruebas de entregar en zonas de difícil acceso (que en el país -España- con tanta fragmentación ciudad-campo, será de gran ayuda). Y, de esta manera, vertebrar algo más España, en pueblos que no tienen acceso a establecimientos ni a experiencias de compra como sí tenemos en las ciudades. Esto no solo aplicaría para la entrega, sino también para la devolución e incidencias. Esto en EEUU, llevan mucho probándolo, siendo el comercio electrónico el principal beneficiado, que ha visto como ahora puede llegar a poblaciones alejadas (también es cierto que allí hay mucha cultura por la venta por catálogo).

Todo esto está bien para el comercio, pero creo que a nivel social, el día que consigamos hacerlo a un precio económico y sostenible, tendrá un impacto aún mayor. Pensemos, por ejemplo, en el envío de medicamentos y vacunas a lugares remotos de África, Asia y América Latina. O la asistencia en zonas de emergencia. Increíbles resultados los que podríamos obtener.

En definitiva, vemos que una tecnología tan potente como son los drones, como suele pasarnos, tiene costes y beneficios. En nuestras manos está que hagamos un buen uso de los mismos, y saquemos lo mejor de sí mismos. Para ello, la regulación y el accountability de los que se manejan de manera autónoma, me parece crítico. Veremos.

El enésimo episodio de “Hazte millonario sin estudiar” y por qué la universidad es otra cosa

Es difícil que pase un mes sin que por las redes sociales circule de nuevo una noticia o gráfica como esta que vemos aquí:

Los millonarios sin títulos universitarios (Fuente: http://4.bp.blogspot.com/-ctlGbzE1tM0/UXppKFYAh8I/AAAAAAAAL0g/aGTJoIWiZwU/s640/millonarios-sin-estudio.jpg)
Los millonarios sin títulos universitarios (Fuente: http://4.bp.blogspot.com/-ctlGbzE1tM0/UXppKFYAh8I/AAAAAAAAL0g/aGTJoIWiZwU/s640/millonarios-sin-estudio.jpg)

Hace unos días, también salía esta noticia del responsable de RRHH de Google: “El expediente académico no sirve para nada“. La consultora Ernst & Young, el pasado Agosto, era noticia por lo mismo: “‘No evidence’ that success at university is linked to achievement in professional assessments, accountancy firm says“. Creo que toda esta oleada de ataques contra nuestros quéhaceres universitarios se deben a que las grandes empresas quieren en cierto modo tener un papel más activo en el conocimiento y el desarrollo de competencias. Es más, que Google anda detrás del sector universitario es cada vez un rumor mayor.

No puedo estar más en desacuerdo con esta forma de entender la universidad. En este artículo, el autor dice una frase bastante lapidaria: “Ni el estudio es garantía del éxito, ni el no contar con un título es garantía del fracaso“. Si os fijáis, es muy diferente decir que “los estudios no son garantía, y tampoco el no tenerlos” que “el expediente académico no sirve para nada“. Si yo fuera el que selecciona (que lo hago en ocasiones), y supongamos que tengo que hacerlo al azar entre 100 candidatos, prefiero que sea entre candidatos que tengan estudios universitarios, que entre 100 que no los tengan. Es cierto que hay muchos más factores de éxito, pero sí creo que por lo menos reduce las probabilidades de fracaso el hecho de contar con estudios universitarios.

Ojo con qué entendemos por universidad. Ya hace 5 años que escribí mucho sobre todo ello, e incluso hice un par de charlas sobre todo ello.

Universidad viene de universitas, por “asociación de iguales” (corporación o gremio) en latín medieval. Hace referencia a un gremio de maestros o estudiantes.

Quizás es que con cierta frecuencia confundamos las universidades con las escuelas de negocio, sinónimo de competitividad en el mercado. Éstas, nacieron en la segunda mitad del Siglo XIX para preparar a la élite que debía dirigir y gobernar las empresas en el capitalismo de la era industrial. Las universidades no son escuelas de negocio. Las universidades, el equivalente a un ágora, a la academia de Platón, donde se reflexiona y se sintetiza el conocimiento. Requiere alumnos inquietos intelectualmente, requiere rigor científico, requiere reflexión e investigación en todas las materias del conocimiento humano.

Suelo decir que el papel de la universidad hoy en día es facilitar entender sociedades complejas que conforman un mundo aún más complejo. Nuestra misión es dotar al estudiante de capacidades, herramientas y habilidades para mejorar nuestro mundo a través de una transformación responsable, humana y ética. ¿Es esta visión de la universidad compatible con esos mantras dominantes de las grandes empresas? No lo veo.

La responsabilidad de las universidades en nuestras sociedades del desarrollo, de la movilidad social y de la reducción de las desigualdades, es fundamental. Alrededor de los años setenta, pasó de ser un centro de aprendizaje de las clases altas y medias a incluir entre su alumnado a las clases trabajadoras que nunca hasta entonces habían podido entrar. Así, las universidades han contribuido a la extensión de la cultura, entendiendo esto como al mundo del pensamiento, a los conocimientos filosóficos, literarios y artísticos, así como los instrumentos básicos para el desarrollo profesional, personal y social.

No obstante, hay muchos elementos que hacen popularizar titulares “Hazte millonario sin estudiar”. La progresiva disminución de las asignaturas de humanidades -Literatura, Filosofía, Historia, Geografía- en la educación primaria y secundaria, nos acaba contagiando a las universidades. En la última reforma de la Ley de Educación, la Historia de la Filosofía pasa a ser optativa y las horas de Literatura disminuyen. Creo que con esta idea, a los estudiantes les puede ir quedando medianamente claro que estas materias no son importantes porque no sirven para abrirse paso en el mercado de trabajo. Y así, seguimos construyendo un discurso eminentemente utilitarista sobre la función de la educación en general, y en última instancia, de la universidad.

No obstante, menos mal que la realidad suele acabar confirmando nuestra visión. Las últimas revoluciones industriales (dispositivos electrónicos e Internet) se han producido codo con codo con las universidades. Y que la desigualdad creciente intrapaís (a pesar de la reducción de las desigualdades interpaíses) puede suponer una regresión importante para el acceso a estos templos de conocimiento, también es importante. Por lo tanto, en este contexto, que estemos venga a atacar el rol de las universidades, me parece una irresponsabilidad importante por parte de las empresas.

El motivo “no se prepara profesionalmente a los alumnos para el mercado laboral” parte de una premisa falsa; y es que nunca fue el objetivo principal de las universidades. El foco de su objetivo es la de potenciar intelectualmente a las personas, dotarles de conocimientos y de capacidad de reflexión. Es cierto que la universidad tiene que transformarse de la misma manera que se transforma la sociedad, pero no hay que olvidar el objetivo último de la universidad.

No obstante, y pese a que no fuera su función me parecía bastante evidente, me he puesto a buscar algo más de evidencia empírica (más allá de la “anécdota” de los seis multimillonarios… ¿cuántos son en total, por cierto?). Me he encontrado con este reciente estudio elaborado por la Reserva Federal de Sant Louis y Bloomberg, que estiman cómo tres factores afectan a las opciones que uno o una tiene para ser millonario: edad, educación y raza.

Los investigadores William Emmons, Bryan Noeth, y Lowell Ricketts evidencian cómo, de esos tres factores, la educación es el más influyente en las opciones de convertirse en millonario. Es cierto que algunas razas tienen más opciones que otras (desgraciadamente), pero la educación tiene un papel fundamental. Esto, además, enfatiza la necesidad que esas desigualdades que antes decía, no sean un limitante para el acceso a la universidad.

¿Puede la educación ayudar a convertirse en millonario? (Fuente: http://static1.businessinsider.com/image/56a0fbf59037f7d37b66cbf4-800-688/infographic-millionaire-school.png)
¿Puede la educación ayudar a convertirse en millonario? (Fuente: http://static1.businessinsider.com/image/56a0fbf59037f7d37b66cbf4-800-688/infographic-millionaire-school.png)

Como se puede leer en el informe:

According to the sample, a black person’s odds of being a millionaire increase from less than 1 percent if he or she doesn’t complete high school to 6.7 percent with a graduate degree. White Americans without a high school diploma start out with slightly better chances—1.7 percent—that rapidly improve with more school: A graduate-level education increases their probability of amassing a net worth greater than $1 million to 37 percent.

Por último, respecto a la edad, es cierto que hay diferencias entre razas, pero también según se avanza, hay opciones de llegar a ser millonario. Esto, enfatiza la importancia de la formación continua a todas las edades.

Opciones de ser millonario mientras envejeces (Fuente: http://www.bloomberg.com/features/2016-millionaire-odds/img/millionaire-age.png)
Opciones de ser millonario mientras envejeces (Fuente: http://www.bloomberg.com/features/2016-millionaire-odds/img/millionaire-age.png)

Con esto, hago un llamamiento a dejar de difundir por Facebook y Twitter informes sobre cómo llegar a hacerse millonario sin estudiar. Y es que el papel de las universidades, creo, queda fuera de toda duda para el desarrollo de nuestras sociedades inclusivas, igualitarias y menos desiguales que las actuales. Sumemos entre todos.

El Service Learning o Aprendizaje-Servicio: educación para la ciudadanía

A comienzos de Octubre, la alcaldesa de Madrid Manuela Carmena proponía un proyecto que en muchos medios pasó bastante desapercibido, pero a que mí me llamó bastante la atención:

Carmena propone que los universitarios "ayuden a barrer" Madrid y ellos se niegan (Fuente: http://www.elconfidencial.com/espana/madrid/2015-10-02/carmena-universitarios-barrer_1045362/)
Carmena propone que los universitarios “ayuden a barrer” Madrid y ellos se niegan (Fuente: http://www.elconfidencial.com/espana/madrid/2015-10-02/carmena-universitarios-barrer_1045362/)

A tenor de lo que leí en su día, supongo que los principales objetivos que perseguía el consistorio de Madrid era básicamente la limpieza de las calles de Madrid. Ello, a tenor de declaraciones como éstas:

[…] Si se pone en marcha esta iniciativa, los universitarios podrían convertirse en gestores de los grandes acontecimientos juveniles, como los botellones, donde normalmente la basura que se acumula es incalculable.

La propia Carmena lo contaba en primera persona. Ella de joven trabajó en una fábrica de mermeladas como parte del Servicio Universitario de Trabajo (SUT). Esta experiencia la permitió conocer una realidad y adoptar una personalidad conocedora de los trabajos manuales y su implicación y esfuerzo. Concluía con:

Algo de esto queremos hacer para sensibilizar a la sociedad, para sensibilizar sobre todo a las personas jóvenes de que la ética de la limpieza es un elemento de sostenibilidad de nuestra sociedad y es indicativo del comportamiento ético necesario para con los demás, que los demás no tengan que recoger la suciedad que yo genero.

Más allá de las reacciones de unos y otros (que ya anticipo que a los estudiantes no les gustó nada), esta noticia me hizo pensar en los principios y valores que subyacen a un proyecto como éste. Es más, tengo una experiencia parecida a la de Carmena. Suelo contar en algunas conferencias y charlas mi experiencia en esa línea. Yo solo he estado dado de alta en la Seguridad Social por dos organizaciones: la Universidad de Deusto y la empresa de limpieza de mi pueblo, Leioa, denominada Halsa. Fueron varios los veranos, especialmente en las fiestas populares de mi pueblo, cuando uno de joven quería sacar unos ingresos mayores, y se tenía que poner el mono de limpieza. Os hablo de los 14 años en adelante.

Pero, más allá del dinero, lo que aprendí es precisamente mucho de lo que señala Carmena: visión comunitaria sobre la limpieza de una ciudad, ser responsable y sensibilización hacia la limpieza que uno genera en un evento del talante de unas fiestas populares, y sobre todo, valoración y reconocimiento al trabajo manual que día a día realizan personas y trabajadores como todos nosotros.

Carmena quería implicar a los universitarios. Y no es porque sea un colectivo que tiene más o menos habilidades para ello. La cuestión es que cada vez son más los proyectos para la educación en el compromiso ciudadano en la enseñanza superior. Esto que se estilo mucho en los países anglosajones, en España no lo hemos visto tanto. Se denomina el Aprendizaje-Servicio (ApS) o Service Learning.

Hace unos meses, estuve en la conferencia que impartió Andrew Furco, de la Universidad de Minnesota, experto en estos menesteres. Se centró en la evaluación de los efectos del Aprendizaje-Servicio en los estudiantes, en las organizaciones sociales desde las que estos desarrollan un servicio solidario y en las universidades. Tiene una publicación titulada “A Status Report on the Impacts of Service-Learning: A Review of the Research” que habla, desde una perspectiva científica y aplicada, sobre los efectos que tiene en la ciudadanía su vinculación en los servicios comunitarios. Y de esto quería hablarles.

No me parece un tema menor. Esta tendencia “pragmatoide”, de obsesión por lo inmediato, que están adquiriendo los sistemas educativos, hace que la formación de la ciudadanía del futuro resulte cada vez más complicado. La visión utilarista les está haciendo grandes técnicos de sus áreas de conocimiento, pero estamos quizás olvidando conceptos como la responsabilidades y la solidaridad.

El Aprendizaje-Servicio es una metodología innovadora que refuerza los vínculos entre la comunidad local y las instituciones educativas. El objetivo no es otro que ofrecer respuestas a los retos que plantea la educación en la actualidad. ¿Y qué se puede hacer en una institución de educación para introducir gradualmente esta visión hacia el servicio comunitario? Varios elementos:

  • Rol activo de nuestros estudiantes: son ellos mismos quienes plantean sus propuestas de planificación e implementación de la tarea a desarrollar. Esto, a futuro, en contextos profesionales, nos viene muy bien.
  • Atención a una necesidad real: muchas veces se critica que trabajamos problemas no reales. Pues nada más real que, en este ejemplo, la limpieza de nuestr ciudad. Si consideramos, además, que nos movemos en sociedades democráticas, la participación en la comunidad debería ser un derecho y un deber de los ciudadanos. En países nórdicos ya ocurre esto.
  • Relación con los objetivos curriculares y los resultados de aprendizaje: en nuetro Espacio Europeo de Educación Superior,  relacionar este desarrollo competencial con el currículo y los resultados de aprendizaje que se les espera, con el servicio voluntario a la comunidad constituye uno de los elementos más reseñables.
  • Ejecución de un proyecto de servicio: competencias como orientación al servicio, toma de decisiones o gestión y planificación por objetivos, ganarían muchos enteros con este tipo de proyectos. El diagnóstico de las necesidades del entorno y la preparación del proyecto para darles respuesta resultaría una actividad muy enriquecedora.
  • Reflexión: soy el primero que suele quejarse en ocasiones de la falta de pensamiento crítico de nuestros estudiantes. Pero en este caso, y aunque pudieran parecer trabajos manuales, no les quedaría otra. Los beneficios no son solo académicos (resolución de problemas), sino también de desarrollo personal (identificación de valores, diagnóstico y conocimiento personal) y curricular (mejora del proyecto y mejora de las actividades de servicio).

Los beneficios para nuestros estudiantes de un proyecto de este tipo resultan bastante evidentes. Entre ellos, me atrevería a destacar que los estudiantes se empiezan a sentir positivamente conectados a la realidad y las necesidades de su comunidad. Esto genera ciudadanía y sensibilidad (seguramente así dejemos de tener las calles tan sucias, bulliciosas, etc.). Además, los problemas reales planteados, hacen que los estudiantes tengan que diseñar e implementar soluciones a problemas que deben ser novedosas e innovadoras. Y hace que tengan que desarrollar muchas competencias que tanto buscamos en las aulas de las universidades (resolución de problemas, toma de decisiones, planificación, gestión del tiempo, etc.)

Como ven, la educación va más allá de las cuestiones técnicas o contenidos. Hay competencias, visiones, e implicaciones ciudadanas y de comunidad que aportan un valor enorme al currículum de nuestros estudiantes. El Service Learning se constituye así como una metodología innovadora que puede aportar mucho al desarrollo humano de nuestros estudiantes.

Frente a la barbarie, las ideas y la democracia

La fotografía que os pongo a continuación la saqué en Puebla, Mexico, hace ya unos años. Intuía que tarde o temprano, por desgracia, la iba a utilizar en algún artículo. Ante la ausencia de las extremedidades como elemento de fuerza que tenemos los seres humanos (piernas y brazos), es una apología al uso de la cabeza, de las ideas, para dirimir cualquier disputa.

La fuerza de las ideas
La fuerza de las ideas

Este artículo lo escribo a modo de cierre de 2015. Un año, donde se pueden destacar muchas cosas, como siempre. Pero, me decantaré por destacar mi profunda condena al terrorismo y a la barbarie que asola Europa por la amenaza que representa el DAESH. Tengo la terrible sensación que 2016 seguirá en la misma línea. Por ello, quería hacer un llamamiento a la reflexión y a dejar por aquí escrito alguna idea.

Estos días me he leído “Una breve historia de los Árabes“, de John McHugo. Un viaje a través de la política, la sociedad y la cultura de los árabes desde los días del antiguo Imperio Romano hasta la actualidad. Lo he leído porque me interesaba aclarar muchas cuestiones que siempre me hacen pensar cuando leo noticias y artículos sobre todo lo que está ocurriendo alrededor de la Península Arábiga.

Pese a toda la barbarie que está sembrando el DAESH, no podemos perder el norte sobre las ideas clave que nos han rodeado en las últimas décadas en Europa. Y esto no es otra cosa que la superioridad de las ideas y democracia. “Guerra sin piedad“, afirmó Hollande. Guerra, ataques, “medidas de seguridad“, etc. son palabras, tristemente repetidas en los últimos tiempos. ¿Acaso se nos ha olvidado el terrible Siglo XX que vivimos en Europa en Guerra?

Los que llamo yo la “generación de la guerra de Irak“, esos jóvenes que salíamos por primera vez a la calla para oponernos a la guerra de Irak, creo que lo recordaremos para toda la vida. Esa ruptura de la legalidad internacional que se provocó, en respuesta a los atentados de las torres gemelas, primero invadiendo Afganistán, y luego Irak, ya ven que no ha funcionado. Afganistán sigue siendo igual de inestable (los talibanes vuelven a conquistar ciudades), e Irak ha sido el germen del grupo terrorista del DAESH.

Esto debe de ser una larga batalla de ideas. Tenemos que perseguir las infraestructuras de adoctrinamiento que tan hábilmente usa el DAESH: mezquitas, escuelas, webs, redes sociales, otros materiales, etc. Aquí es donde se amplifica la violencia. Los extremistas islámicos emplean la dawah (persuasión) en sus comunidades musulmanas para convencerles que sus fines son legítimos.

Europa debe hacer lo propio. Una dawah de la fuerza de las ideas, de la democracia, del estado de derecho, de la libertad del individuo. Tenemos que difundir la superioridad de lo que tantos años nos ha costado construir. Es decir, desafiar la teología islámica que utilizan los terroristas cuando tratan de consquitar la cabeza y el corazón de los musulmanes para, en muchas ocasiones, atacar a compatriotas suyos (me refiero a los terroristas con nacionalidad Europea).

El 20% de los miembros del DAESH no son musulamnes de origen, sino conversos. Algo está fallando en Europa entonces en lo que al sentido a comunidad se refiere. Ya lo comentamos en el artículo anterior. ¿Será la desigualdad? ¿Será el abandono de los problemas sociales por la crisis económica? ¿Será la falta de educación y generación de comunidad? No lo sé. Pero tenemos que proyectar esa dawah y esa larga batalla de las ideas en nuestro día a día.

Yo creo que esto no se resuelve por la vía de la “obligación”. Solo admitir a quienes se comprometan a asumir valores Europeas, y reachazar la política islamista no lo veo efectivo. Las obligaciones no van mucho con el ser humano. Y tampoco la solución ha sido nunca más guerra, sino el imperio de la ley internacional, los estados de derecho y el compromiso de los actores que apuesten por estos fundamentos. No es una guerra que deban lidiar solos Europa y Estados Unidos. Es una guerra de todos con nuestras pequeñas acciones. Una dawah que empieza por tener claro que las ideas y la democracia, están por encima de la guerra.

Políticas educativas y la crisis migratoria

La crisis migratoria que hemos vivido en este 2015 entre Oriente Medio, Norte de África y Europa no tienen ningún precedente en términos del número de afectados. La multiplicación de conflictos de estos primeros quince años de siglo han llevado al exilio a 11 millones de personas en Siria, 6,4 millones en Colombia -felizmente pronto espero podramos poner fin a este drama-, 4 millones en Irak, y 3,6 millones en Afganistán.

El 20 de Junio de 2010, escribía este artículo en el Día Mundial del Refugiado. Hablábamos de unos 43 millones de refugiados. En la actualidad, 5 años después, hablamos ya de 60 millones de refugiados y desplazados forzosos. Una triste cifra récord. Estamos hablando, como decía al comienzo, de la mayor crisis migratoria y humanitaria en Europa, tras la Segunda Guerra Mundial.

Las personas que están saliendo de Siria, Irak y Afganistán son las que están llegando a Europa. Voy a dejar deliberadamente aparte la disquisición semántica si son refugiados o inmigrantes. Creo que no aporta mucho al debate. La cuestión nuclear es que son personas que llegan huyendo de una realidad que no es la que les gustaría tener. No creo que haya que explicar mucho para asegurar que ellos estarían encantados de quedarse en sus países de origen.

En 2015, por lo menos 3.500 personas murieron en su intento de atravesar el Mediterráneo. Esto es lo peor de esta realidad. Hasta el 7 de septiembre de 2015, el número de refugiados y migrantes que han cruzado el Mediterráneo, según el ACNUR, es de 951.412. Es decir, cerraremos el año sumando un millón adicional.

Puestas estas cifras de contexto, lo que hoy quería traer a colación es qué podemos hacer en Europa para ayudar a estos compañeros nuestros. El ser humano persigue constantemente dar sentido a su existencia. Por lo tanto, el hecho de sentirse en una comunidad resulta fundamental. A sabiendas que ya el 12% de los estudiantes de 15 años de los países miembros de la OCDE son de origen migratorio, esta cifra tiene toda la pinta que seguirá creciendo. Desde el ámbito de políticas educativas, serán necesarios muchos cambios. Es de lo que quiero hablar hoy.

Del millón de personas en busca de asilo que llegarán a Europa, no se distribuirá a partes iguales entre países (se calcula que aproximadamente 800.000 personas persiguen ir a Alemania). Por ello, extiendo el ámbito de esta reflexión más allá de España. Resulta obvio pensar que esta nueva comunidad pueda contribuir a pailar el problema demográfico de Europa. Se prevé que entre 2013 y 2020 la población en edad de trabajar se reduzca en 7,5 millones de personas (un 2,2%) en todo Europa.

Alemania ya tuvo oleadas de nuevas llegadas en el pasado. En 1960 (participar del milagro económico alemán como “Gastarbeiter” -trabajador invitado-) y en 1990 (con la crisis de los Balcanes). Hasta la fecha, ninguna ola de inmigración ha aumentado el paro, ha reducido los salarios o incrementado los costes sociales (los tres vectores que suelen asociarse y utilizarse con un carácter marcadamente demagógico). Un poco en la línea de de este magnífico artículo de Jorge Galindo.

En Bélgica, ocurre algo parecido. También en los 60, para solucionar la falta de trabajadores para la industria del carbón, la solución se encontró en Marruecos. Ambos países firmaron un acuerdo bilateral que garantizaba trabajo y vivienda barata a todos los marroquíes que quisieran asentarse en Bélgica. Esto provocó una diáspora de decenas de miles, haciendo que hoy en Bélgica vivan cerca de 400.000, de una población total de 11.200.000 personas, constituyendo así el país europeo con un mayor porcentaje de ciudadanos de origen marroquí (el 4%), muy por encima de España o Italia. Por cierto, la mayoría de ellos viven en el tristemente conocido barrio de Molenbeek.

Ambos países, que de esto de políticas y futuro nos llevan un cacho, quieren mantener estable hasta 2050 su número de trabajadores y su sistema social. Es decir, no enclavar este dicurso de acogida y de integración en comunidad por aspectos meramente de interés económico, sino también con una componente social. Alemania, por ejemplo, para que esto sea posible, necesita cada año 500.000 personas inmigrantes en términos netos. Este año Alemania ha sido incapaz de cubrir muchos puestoss de trabajo. Entenderán ahora que el 80% de los que llegan quieran asentarse en Alemania.

No obstante, los refugiados e inmigrantes no empiezan como aprendices en el trabajo desde el primer día. Primero hay que prepararles para el aprendizaje. En Alemania ya hay proyectos para la “cualificación para el ingreso” en los que se trabajan competencias como la puntualidad, la organización, la seriedad, etc. Como ven, la importancia de generar un clima social y laboral que hará que estos nuevos ciudadanos europeos se sientan más integrados y den más sentido a su vida en Europa.

Yo personalmente me he implicado en un proyecto en esta línea, lo que me ha animado a escribir este artículo. Jesuit Commons: Higher Education at the Margins (JC:HEM), es una iniciativa global en la que participamos personas, entidades, organizaciones, etc. que trata de proporcionar educación de nivel superior a personas que de otra manera, lo tendrían realmente complicado. Utilizando los valores y tradición de la Compañía de Jesús y su tradición centenaria por la educación superior, a través de una metodología online y onsite (en campamentos de refugiados especialmente), proporciona educación en diferentes materias. Yo me centro en temas de tecnología y economía.

Pero esto de la educación y la integración de personas a nuevas comunidades y contextos no es nada fácil. Extrayendo lecciones aprendidas de esta experiencia y de lo que he podido ir leyendo por ahí, he querido dejar por escrito aquí algunas de ellas:

  • Aprendizaje del idioma: a los que llegan, no solo los tenemos que ofrecer una formación técnica y de soft skills “a la Alemana“. El idioma también resulta clave para ellos. Por ello, uno nunca dejará de sorprenderse por historias como la de “Los traductores abandonados de Afganistán“. Los intérpretes de las tropas españolas durante la guerra en aquel país, recibiendo el mismo trato que cualquier refugiado, siendo incapaces de encontrar un empleo. Su valía en la situación actual a nivel de idioma sería fundamental.
  • Sistema de guarderías: según la OCDE, la educación pre-primaria resulta clave. Según resultados de PISA, los inmigrantes que habían recibido educación pre-primaria tenían 49 puntos más de media en los resultados PISA.
  • El profesorado: el elemento crítico en la formación de un estudiante. La enseñanza multicural y multilingüe, hará que tengamos que prepararnos para todo ello. Italia y España, por ejemplo, son los que más necesitan este elemento.
  • Evitar concentraciones: la evidencia que dispone la OCDE también dice que mezclar perfiles es bueno. Repartir por cuotas a los inmigrantes y refugiados, resulta así fundamental. Por ello, sugeriría a políticos como Esperanza Aguirre, que machacónamente repiten la segregación por capacidades en el aula, que lean algún paper sobre ello. Que España no obtenga sobresalientes resultados en PISA tiene mucho que ver con esto. Nos centramos mucho en la mezcla. Por cierto, un tema también importante a la hora de localizar el emplazamiento para la vivienda.
  • Repensar políticas de educación: a los 15 años, un inmigrante o refugiado, tiene un un 3,4 veces más de probabilidad de repetir curso que un no-inmigrante. Tanto en Primaria como en Secundaria. Por lo tanto, hay mucho espacio de mejora aún.

Ya ven que esta crisis migratoria va más allá de explicar que las personas llegan. Estas personas, compañeros nuestros, deben integrarse, dar sentido en nuestra comunidad. La educación contribuye enormemente a ello, por lo que las políticas educativas adquieren un papel fundamental. Aportemos nuestro granito de arena por esta comunidad global.

Arrupe Learning Center en Kenya, del proyecto Jesuit Commons, Higher Education at the Margins (Fuente: http://www.jrsea.org/campaign_detail?TN=PROJECT-20151013073212)
Arrupe Learning Center en Kenya, del proyecto Jesuit Commons, Higher Education at the Margins (Fuente: http://www.jrsea.org/campaign_detail?TN=PROJECT-20151013073212)

La revolución digital y su impacto económico y social

La revolución digital ha cambiado muchos elementos de la sociedad. Todas las revoluciones tecnológicas han traído grandes cambios. No hay más que fijarse en la historia para ser conscientes de ello. Simplificando lo simplificable, la revolución lítica nos permitió empezar a desarrollar civilizaciones, junto al fuego, empezamos a poder mejorar nuestra alimentación y en consecuencia nuestro bienestar. La imprenta permitió la difusión de las ideas y del conocimiento, lo que alumbró más tarde las revoluciones industriales, que nos sacó de la vida con recursos limitados. Hasta 1700 – 1800, al menos en el mundo occidental, vivimos con 1.000 dólares/año de PIB/cápita, en términos de paridad de poder adquisitiva (es decir, lo que nos permite comparar magnitudes al estar éstas relativizadas). Estas últimas revoluciones tecnológicas, las tres industriales (máquinas de vapor, electricidad y electrónica), que dan lugar al marco económico y social que todavía hoy en día tenemos, han sido especialmente determinantes de nuestro día a día hoy.

El mundo hasta 2000. Vivíamos con pocos recursos hasta las revoluciones industriales (Fuente: http://www.theatlantic.com/business/archive/2012/06/the-economic-history-of-the-last-2000-years-part-ii/258762/)
El mundo hasta 2000. Vivíamos con pocos recursos hasta las revoluciones industriales (Fuente: http://www.theatlantic.com/business/archive/2012/06/the-economic-history-of-the-last-2000-years-part-ii/258762/)

La revolución digital, la que se produce al amparo de Internet y la introducción de los ordenadores, no es de menor calado. Algunos consideran incluso es la más impactante de la historia. Sobre todo, porque ha producido cambios no solo en la cadena de producción (como ya lo había hecho la lítica o la industrial), sino también en los mecanismos de comunicación y de difusión de ideas (como ya había hecho la imprenta). Por lo tanto, creo que no estamos exagerando al afirmar que la revolución digital, la transformación digital de las organizaciones, la economía, la sociedad, es la revolución más importante. Especialmente, porque todavía no conocemos todo lo que puege llegar a producir.

El problema actual es que esta digitalización de la economía todavía no se contabiliza en el PIB. John Fernald, de la Reserva Federal de San Francisco, en un trabajo reciente de 2014, expone como las empresas que producen tecnologías digitales o las utilizan intensivamente han tenido un crecimiento mayor a las que no lo hacen. Georg Graetz y Guy Michaels, en otro trabajo reciente, exponen cómo la utilización de robots en plantas industriales incrementa la productividad y los salarios. En la era en la que el capital y el trabajo ya no son los factores más determinantes para el éxito, las tecnologías digitales, se constituyen en el factor de producción crítico, incrementando la Productividad Total de los Factores.

Pongamos un poco en contexto estas cuestiones. Cuando pensamos en Occidente, hablamos de economías avanzadas en las que cada vez es más complicado diferenciarse por calidad (producción) y eficiencia (logística). Ahora, la ventaja competitiva viene de la experiencia. Y esto, no es otra cosa que el poder del consumidor ante el boom de información actual. Prestamos servicios, que, le deja al consumidor: un gusto, puede repetirlo, recomienda, etc. Es decir, las redes sociales, la confianza, la fidelización, se vuelven elementos críticos, y por ello cada vez veremos más importancia en el tema.

Estos intangibles que llevan a prestar mejor experiencia, los intangibles de las empresas líder de los que hablé, son difícilmente replicables. Aquí está la ventaja competitiva de las plataformas de las que hablarmeos. Son organizaciones donde toda la compañía está alineada (Estrategia, Procesos, Operaciones) hacia el valor y la experiencia del cliente. Lo importante es que esta sea buena, internamente ya buscamos cómo hacer eso posible.

¿Qué países tienen las mayores multinacionales?¿Qué sectores han dominado el mercado cada época? (Fuente: El País)

Así, el elemento más importante de esta revolución digital es la creación de redes de individuos a una escala nunca vista anteriormente. Las nuevas plataformas en red se asisentan sobre tres tecnologías complementarias, que nunca antes en la historia habían confluido:

  • Grandes volúmenes de datos
  • Conectividad
  • Capacidades de búsqueda, filtrado y localización

La combinación de estas tres tecnologías permite intercambios entre particulares que nunca antes se habían producido. Hasta la fecha, los economistas solían hablar de los costes de transacción de Ronald Coase. ¿Y quiénes son los directamente beneficiados de esta transformación tecnológica? Los consumidores. Un menor coste de transacción, una intermediación más directa, repercute en un menor precio y encima con posibilidad de enriquecerlo con un servicio más personalizado. Estas plataformas agregan la oferta, que por cuestiones de competencia, tienden a deflacionar los precios ante la misma demanda. Con Internet, los costes de transacción pasan a la historia. La información cada es más perfecta, la distancia geográfica se puede salvar, etc.

Estos menores costes de transacción, provoca que ahora cada uno de nosotros pueda optimizar nuestros recursos y activos, que hasta la fecha estaban infrautilizados. Esto lo hablamos cuando comentamos la economía colaborativa. Con un coste marginal muy bajo o incluso nulo, hace que no sea necesario producir más en proporción a la mayor demanda que eventualmente aparece con esta gran conectividad. Este fenómeno, también provoca cambios en el mercado laboral, tal y como ya adelanté en este artículo. Apostaría por un desplazamiento gradual hacia el trabajo inedependiente, siempre complementado por el trabajo asalariado. Las tecnologías digitales, y sus capacidades de conectar, facilta la puesta en contacto entre los trabajadores independientes y sus clientes.

Esta conectividad, al reducir los costes de transacción, hace que cada nodo de la gran red deba ganarse su popularidad para poder triunfar en este gran grafo de conexiones en el mundo. Ponemos nuestra reputación individual a bajo coste expuesta a todos. Esta diferencia es bastante importante. En Über o AirBnB, conocemos la reputación del conductor o huesped. Pero cuando compramos un ordenador, nos fiamos de una marca, sin conocer quién o quienes son los responsables de su fabricación.

De nuevo, individualizamos la economía; las empresas pierden parte del sentido que tenían anteriormente con la presencia de costes de transacción. Este hecho hará que muchos sectores se “plataformicen”. Es decir, lo que hemos visto en el sector de turístico (TripAdvisor, Rumbo, AirBnB, Booking, etc.), en el de los seguros (Rastreator, etc.), en el del transporte (Über, BlaBlaCar, etc.), etc.

A corto plazo, toda revolución tecnológica destruye empleo. A largo plazo, la pregunta correcta no es si seguirá habiendo empleo. Desde hace muchas décadas, la historia anula todos los pronósticos sobre la desaparición del empleo. La verdadera cuestión es si habrá suficientes empleos con salarios que la sociedad considere apropiados. Esto es lo que me lleva a pensar que el empleo se independizará, y habrá que desarrollar mucho las capacidades de autoempleo.

Sin embargo, siempre hay un pero a todo esto. No es otro que las desigualdades. En los países desarrollados, unos pocos están captando el valor de esta digitalización, siendo menos necesario el capital y el trabajo. Los países en vías de desarrollo se han desarrollado gracias a unas capacidades, que con la digitalización, ya no son necesarias. Los robots y la inteligencia artificial, serán sus nuevos rivales. ¿Aumento de las desigualdades? Probablemente. Piketty y su libro “El capital en el siglo XXI“, ya habla de mucho de todo esto.

La revolución digital, por concluir, se irá haciendo omnipresente, cada vez en más sectores, según vayamos siendo capaces de modelizar y codificar en un ordenador el valor añadido que hoy en día prestan profesiones aún no “digitalizadas”: médicos, abogados, profesores de universidades, etc. ¿Seremos siempre irremplazabales? Debate abierto.

La ciencia en España, los políticos y las inversiones que pudiéramos recibir

Quizás esté siendo muy crítico hoy para lo que acostumbro (aplico un sesgo de selección a los temas que trato porque me parece que otros lo hacen bastante mejor que yo, y porque hablando de corrupción y crisis todo el rato poco vamos a arreglar). Pero al menos, me quedo tranquilo de poder rescatar algún día este texto, y acordarme que España cambió, que tomó otro rumbo, y que por fin, fomentamos el pensamiento crítico de nuestra Sociedad. Algún día. Sean felices.

Leía esta mañana en el desayuno esta columna de opinión de César Molinas sobre el CSIC y la clase política. De entre las cosas más llamativas,  y sobre las que quería a continuación soltar alguna pincelada adicional, destaca:

[…] el discurso político quedaría en exclusiva en manos de aquellos que no ven ninguna relación causal entre la ciencia de hoy y la riqueza de mañana y que, por tanto, esperan que la futura prosperidad de España se base en proyectos tipo Eurovegas o en alfombrar con líneas de AVE la práctica totalidad del territorio nacional. […]

Me ha llamado la atención porque si bien no con las mismas palabras, es algo que suelo comentar en los diferentes foros donde nos da por hablar de estas cuestiones. Voy a dejar de lado lo obvio y muy repetido: sin inversión en ciencia y tecnología, mal futuro nos espera. Ni siquiera sé por dónde empezar a enlazar para demostrarlo, así que lo consideraremos como un axioma.

Y esto nos lleva a preguntarnos, ¿por qué entonces nuestros representantes políticos recortan por aquí y por allá sin mayor reparo? Bueno, pues coincidiendo con la opinión de Molinas, mi hipótesis es porque quizás ni siquiera sepan qué beneficios tiene. Quizás tampoco sepan mucho de en qué consiste, a tenor del número de doctores que hay en el gobierno actual (2, García-Margallo y Montoro, no dejando de ser curioso lo de éste último, que junto con Wert, son dos de los principales responsables de este atropello a nuestro futuro).

En el marco internacional y globalizado actual, España debiera apostar por la ciencia y tecnología como factor clave de competitividad. No podemos aspirar a competir en el mundo apostando por la competitividad en costes. Tiene que ser el conocimiento. Ese movimiento por la reindustrialización de Europa de la que han hablado Merkel y Cameron en numerosas ocasiones, por la apuesta por poner barreras de salida a los clientes en base a una gran experiencia y un gran producto basado en el conocimiento, no es compatible con los recortes en I+D+i de nuestros representantes.

No soy yo, precisamente, uno de los que valora el conocimiento solamente en términos monetarios. Para mi el progreso científico, y la cultura que de su instauración se deriva, dota a los ciudadanos de un sentimiento de libertad y de una capacidad de pensamiento crítico que tanto necesitamos en una época en la que los sesgos de selección en las noticias de los medios, el anumerismo, las falacias de comparación, la demagogia y las noticias tendenciosas están a la orden del día.

Es más, en ese mundo internacional y competitivo al que me refería, entender sus fenómenos complejos, las relaciones entre los subsistemas económicos, sociales y culturales, así como los resultados de las acciones que emprendemos me resulta especialmente crítico. Aplicar a todo ello el método científico, el rigor en el análisis de lo que leemos, hacerse nuevas preguntas (siempre digo que el día que me quede sin preguntas, me quedo sin trabajo), capacidad de interpretar las novedades a las que tenemos que enfrentamos en un plano no solo tecnológico, sino de valores (¿el coche de Google qué efectos morales persigue? ¿tienen las impresoras 3D algún problema en términos éticos?), etc., son competencias esenciales para destacar como sociedad.

El propio hecho de que la ciencia no está bien pagada es fiel reflejo de dónde está la oportunidad económica de un país. Aún a pesar de que existen numerosos informes de la OCDE en los cuales se señala que de los tres factores que más afectan al crecimiento económico de un país, la inversión en conocimiento es uno de ellos (los otros dos son el grado de apertura comercial –en esto parece que no vamos mal– y la presencia de inmigrantes).

Sin embargo, algo ocurre en el entramado político y económico para que no se entienda todo esto que estamos contando. La buena noticia es que la sociedad (al menos la Vasca) parece que cada vez es más consciente de ello. Sin embargo, el CSIC (el 20% de la producción científica de España) al borde de la quiebra. Ningún político se ha pronunciado sobre ello.

Quizás es que confíen en seguir con un modelo basado en tener como presidente de la patronal de empresas CEOE a un señor que robó en el caso Marsans y ocultó patrimonio para no pagar a sus acreedores, la familia del presidente de unos principales bancos tiene sobre unos 2.000 millones de € en Suiza, su número 2 es imputado, condenado e indultado, presidentes de cajas de ahorro que inflan precios de compra para su enriquecimiento particular o colectivo que luego quedan en libertad, presidentes de Diputaciones que la suerte les sonríe a pesar de dejar de herencia aeropuertos vacíos y esculturas a lo Lenin y Mao, miembros de la familia real de España presuntamente empresarios filantrópicos que acaban siendo de todo menos eso, el presidente del Tribunal Supremo y el CPGJ se gastaba dinero de todos los Españoles para sus actividades de fin de semana, etc. Prefiero no seguir.

Que la herencia del Franquismo y su corporativismo empresarial (bueno, intervencionismo en todos los planos), instaurado a través de un INI que monopolizaba toda la iniciativa privada, debería haber quedado atrás, todos queremos creerlo. Otra cosa es que sea cierto. Los sistemas de monitorización de boletines oficiales por parte de las empresas es un proceso habitual. Mala señal. Las reuniones periódicas con administraciones públicas, es otra cosa habitual en las empresas. Mala señal.

De estas cosas y más, he hablado con inversores en España. Sin ir más lejos, en los últimos 3 meses, que he visitado New York y Moscú, tuve la oportunidad de tener varias reuniones con empresas y personas con intereses económicos en España. Y como siempre me preguntan por “el estado de España”, suelo aprovechar a preguntar su visión también, para hacer un poco de “experimentación de campo”. Y además de los comentarios conocidos (quizás no ayude nuestra denostada marca España en el exterior), me llamó la atención un comentario que me hizo un fondo de inversión en NYC: “Invertir en España es muy peligroso por la inestabilidad jurídica. No hay sector en el que no haya cambios cuando llega un nuevo gobierno“. Quizás lo de los gobiernos en coalición y los pactos de estado, es algo que se debiera empezar a sondear también.

Quizás esté siendo muy crítico hoy para lo que acostumbro (aplico un sesgo de selección a los temas que trato porque me parece que otros lo hacen bastante mejor que yo, y porque hablando de corrupción y crisis todo el rato poco vamos a arreglar). Pero al menos, me quedo tranquilo de poder rescatar algún día este texto, y acordarme que España cambió, que tomó otro rumbo, y que por fin, fomentamos el pensamiento crítico de nuestra Sociedad. Algún día. Sean felices.