Las medios digitales y las redes sociales en la internacionalización del fútbol

Que los medios digitales y las redes sociales están llegando cada vez más al fútbol queda fuera de toda duda. Que las principales empresas dentro de este ecosistema digital (especialmente las redes sociales, como Facebook y Twitter de las que ya hablé aquí y aquí respectivamente) están muy atentas a las oportunidades que esos contenidos generan, también queda fuera de toda duda. Por lo tanto, entender lo que está pasando en esta hibridación entre medios digitales y el fútbol es interesante.

Miremos los principales clubes de fútbol y el cada vez mayor uso que le están dando a estas plataformas para difundir sus mensajes sin la necesidad de intermediarios. Como se puede observar en cinco de los principales equipos (FC Barcelona, Real Madrid, Manchester United, Chelsea y Arsenal), su alcance digital es cada vez mayor. Y cuidan mucho su presencia ahí.

Además, un contenido tan “dinámico” y de tanta llegada como es el fútbol, no puede pasar desapercibido para los anunciantes. En el Barça, por ejemplo, sus aficionados ya saben que sus datos personales (al menos, algunos de ellos) están en manos de los patrocinadores del club, que envían publicidad a través de los medios del club en función del perfil del aficionado. Este discurso del Big Data que tanto hemos repetido, permite hacer estas cosas. Y claro, que los clubes de fútbol quieren tener cada vez más presencia en estas redes, para cada vez, tener más datos sobre sus aficionados, no deja de ser algo “accidental”. Más bien al contrario. Es pura estrategia. Cuanto más conozca de mis aficionados (para eso Facbeook, por ejemplo, es muy bueno), más a su favor podrá negociar con los anunciantes, ¿no?

Esto abre una enorme oportunidad para los equipos más modestos, que con una mínima inversión podrían maximizar sus acuerdos de patrocinio e intentar abrir nuevos mercados en el extranjero. Quizás a futuro los derechos de TV no sean un elemento que fracture tanto a los clubes de fútbol en España.  Para esta temporada 2016/17, Real Madrid y Barça, acumulan 1.285 millones de € de presupuesto, casi lo mismo que los 18 equipos restantes (unos 1.350 millones de €).

Presupuestos de los equipos de 1ª División 2016/17 (Fuente: Roberto Bayón, https://twitter.com/RobertoBayon_?lang=en)
Presupuestos de los equipos de 1ª División 2016/17 (Fuente: Roberto Bayón, https://twitter.com/RobertoBayon_?lang=en)

No debe extrañarnos así que el dinero que ganan por la explotación de los derechos de imagen y demás contenidos audiovisuales sea cada vez mayor. Todo encaja si entendemos que esta era digital, permite maximizar de múltiples maneras esos contenidos. El FC Barcelona, siguiendo con el mismo club, obtiene ya 30 millones de € al año por el negocio digital. Si bien es cierto que ahora mismo gran parte de ese porcentaje corresponde a las ventas de la tienda online (otro elemento que veremos cada vez más). Pero no para de crecer esa pata digital. ¿Llegaremos algún día a ver una plataforma similar a Netflix o HBO pero para el deporte? Es decir, ¿clubes que en tiempo real retransmitan sus propios contenidos para mezclarlo con su merchandising o la mejora de la experiencia del espectador.

En este sentido, no es nada extraña la alianza de los dos grandes clubs de la Liga Santander (Real Madrid y FC Barcelona) con el distribuidor BinBit para Latinoamérica. A menor escala, otros clubs como el Valencia CF o el Villarreal también elaboran sus propios contenidos audiovisuales con canales a través de Internet.

Por otro lado, en 2015, el Real Decreto-ley 5/2015, de medidas urgentes para la comercialización de los derechos de explotación de contenidos audiovisuales de las competiciones de fútbol profesional, autorizó a los clubes que jugasen como locales a emplear las imágenes de la retransmisión del partido dentro del propio estadio como considerasen.

Esto abre una nueva vía de ingresos y monetización de contenidos (los partidos o entrenamientos al fin y al cabo). En esta línea, un movimiento que me pareció la mar de interesante fue cuando Microsoft (que sabéis que tiene su campo de pruebas con el patrocinio que mantiene con el Real Madrid) anunciaba un acuerdo con la startup Viuing, que tiene TV desechables. Microsoft buscaba ofrecer a los clubes estas TV, que permitiría enriquecer a un espectador un partido en el propio estadio (pensad el dinero que obtienen los clubes por la venta de entradas… que si la experiencia fuera aún mejor, las entradas todavía podrían ser más caras -aún- en España).

Precio de las entradas al fútbol y asistencia a los estadios (Fuente: http://cdn.20m.es/img/2016/02/17/2110996.jpg?v=20160217064340)
Precio de las entradas al fútbol y asistencia a los estadios (Fuente: http://cdn.20m.es/img/2016/02/17/2110996.jpg?v=20160217064340)

Cuando asistimos a un estadio a ver un partido de fútbol, no siempre la distancia al campo o el ángulo de visionado es el mejor. Por lo que enriquecer la experiencia del espectador con una TV que ofrezca “eso que no se ha podido ver”, parece un movimiento bastante interesante por introducir medios digitales que mejoren todo.

Las aplicaciones móviles corporativas, también pudieran ser otra vía de introducir canales digitales. No solo el Real Madrid y su famosa app goza ya de un éxito importante con las imágenes exclusivas y en directo del vestuario o los banquillos. De nuevo, monetizar contenidos que interesan mucho a unos aficionados muy fidelizados y con ganas de consumir contenidos.

El fútbol y su digitalización, dará mucho que hablar y recorrer para los clubes. La verdad, como suele pasar, mucho está por hacer. Estemos atentos.

Internet y la verdad: un periodo de transición y cambios

Conviene de vez en cuando parar a entender la arquitectura y forma de expresión de esta era digital. Especialmente, para entender bien cómo ha afectado al origen de donde venimos. Me refiero a entender las diferencias entre la imprenta de Gutenberg, que durante 500 años nos ha permitido que la información que uno quería leer se tuviera que editar, imprimir y distribuir. Esto, introducía una pausa y detenimiento en la forma de elaborar información y conocimiento, que hacía que la gente confiara en esas noticias.

Esto me parece especialmente ilustrativo en esta era de las redes sociales en las que la información viaja a la velocidad de la luz. Dado que venimos de donde venimos, la gente en Internet sigue confiando en lo que lee. Y esto es lo que pasa, que ahora estamos en pleno debate sobre lo que circula por Internet: qué es veraz y qué no, qué es un rumor y qué un hecho, etc. Esto, es inherente a la arquitectura abierta con la que nació Internet. Cualquiera podría producir información y conocimiento, pudiendo así introducir ruido en un lector que, ya digo, confiaba siempre en lo que leía.

Y es que no todo es escalable e industrializable. La producción de información y conocimiento verdadera, por ejemplo. Sin embargo sí es escalable e industrializable a la velocidad de la luz la distribución de esa información y conocimiento. Y esta es la reflexión que creo debiéramos hacer en una época en la que los bulos, rumores y falsas noticias, con titulares que invitan a que así sea (que entienden bien cómo funciona Internet), es nuestro día a día.

Aquí la pregunta que uno se hace siempre es el “por qué” de las cosas. ¿Por qué nos creemos algo como cierto simplemente por que lo vemos en nuestros amigos en redes sociales? Danielle Citron, lo explica de la siguiente manera:

“[…] People forward on what others think, even if the information is false, misleading or incomplete, because they think they have learned something valuable.”

Es decir, nos gusta hacer de periodistas. Nos gusta pensar que tenemos alguna información de valor. Y esto, cuando pasaba en el mundo físico (que también pasaba claro, como fenómeno humano que es, no digital), generaba problemas, pero no tantos como ahora. El efecto viral de ahora, multiplica este problema de manera imparable. Así, inventarse un hecho, y que eso se lo crea bastante gente en poco tiempo, no es tan difícil como uno pensaba. Básicamente, porque la distribución de información es muy barata y rápida, a pesar de que la producción de información y conocimiento no es rápida ni barata. Y esta es la frase que creo resume muchos de los problemas que tenemos hoy en día en Internet.

Por eso, los cambios en el algoritmo de Facebook son tan peligrosos. Que no nos expongamos a la heterogeneidad de las noticias de otras fuentes, puede provocar que este efecto de distribuir mentiras falsas sea aún más perjudicial. Ya comentamos esto era un sesgo con el que nuestro cerebro se siente especialmente cómodo. En 2011, Eli Pariser, el co-fundador de Upworthy, creó el término “burbuja de los filtros“. Se refería a cómo las funciones de búsqueda personalizadas (te ofrezco los resultados que más te van a gustar), deja en manos unos algoritmos de caja negra un peligro informativo tan grande.

Así, debiéramos preocuparnos porque las redes sociales reflejen la heterogeneidad informativa que pudiera permitir separar el grano de la paja. Y que la popularidad en la difusión de algo, no sea la métrica que permita modelizar el “interés por algo”. Debiera ser la verdad, la veracidad de una noticia, de una información, la que prevaleciera. Pero es que esa “burbuja de los filtros” de la que habló Pariser, hoy en día no solo no ha mejorado, sino que es que encima ha empeorado.

Miren esto, sobre el #brexit:

Tom Steinberg, un activista de Internet y fundador de mySociety (que proveen herramientas tecnológicas para el cambio y progreso de las sociedades), alertaba de los riesgos sobre que la difusión de información y conocimiento de nuestros días fluyera principalmente en redes sociales que tienen esos algoritmos de ordenación de información de “caja negra”. No saben priorizar la verdad. La última frase es bastante descriptiva: “La mitad de la población no sabe lo que dice la otra mitad“.

Pero es que las redes sociales, con su valor bursátil, viven de esto. De que reciban la información que quieren, que esperan, que les refuerza positivamente sus ideas. De esta manera, entrarán más, y así serán impactados más por publicidad, que aumenta el valor de esas empresas. Por lo tanto, no tienen incentivo alguno a cambiar esta manera de “trasladar la supuesta verdad”.

Y el problema es que las redes sociales, especialmente Facebook, no solo ha adquirido el monopolio de las noticias, también de las campañas políticas, la retransmisión de eventos, historias de personas, promoción del ocio, campañas de marketing, etc. Es decir, es la TV de este Siglo XXI, y por eso, ha ganado tal poder, que debemos empezar a solicitar el escrutinio de esa difusión y producción de la verdad de la que tantas otras veces he hablado.

Si todo esto no fuera así, el cambio del algoritmo de Facebook no sería noticia. Y que Instagram y Twitter empiecen a ordenar por supuesta “relevancia”, tampoco. Pero sí, sí es noticia. Ellos ahora tienen sus líneas editoriales en manos de unos algoritmos de caja negra que deciden, por unas métricas basadas en supuestas verdades, lo que nos interesa. Y esto, bajo mi punto de vista, es muy peligroso. Y debiera hacernos reflexionar.

Necesitamos tener este debate para saber cómo poder hacer frente a las noticias y contenidos que no son ciertos. Ya no hablo solo de responsabilidad, honestidad y ética. Hablo de algo más. El problema es que no sé el qué. Pero lo que no me parece de recibido es que cualquier noticia “fake” (falsa) que quieran imaginar, por escandalosa que sea, siempre tenga algún reflejo en Internet. Hagan la prueba en Google. Internet y la verdad, será un debate que nos acompañe durante mucho tiempo. La veracidad, uno de nuestros mayores retos.

Sobre el triunfo de Trump y el marketing político

Sobre el triunfo de Donald Trump en las pasadas elecciones americanas se ha escrito mucho. Yo mismo escribí una breve reseña para hablar sobre los algoritmos que habían anticipado que esto podría ocurrir. Obviamente, no vengo hoy a hacer un análisis político del triunfo. Vengo a hablar de la estrategia de marketing político que puso en marcha, y que, a posteriori, resulta fácil intuir le ha salido bastante bien. Empecemos.

Nadie confiaba en la victoria de Trump. Hillary Clinton estuvo por delante en intención de voto. Acuérdense de la época de los insultos, desprecio humano, faltas de respeto continuadas, etc., de Donald Trump. Sin embargo, sí que siempre hubo voces que alertaban del error de la estrategia de Clinton. Eso de no priorizar en grupos demográficos clave, le podría salir caro. Colectivos como los jóvenes, negros a hispanos, en los que Trump, sí estaba fijando sus mensajes.

Es verdad que muchos votantes querían cambio. Esto de rechazar lo malo conocido y decantarse por lo malo por conocer parece que se ha cumplido. Esta primera gráfica que adjunto a continuación viene un poco a refrendar todo esto. Un votante que quería cambio, quería asumir riesgos, y que además, no entraba de lleno en la estrategia de Clinton. Parece que el mix estaba servido. Algunas microsegmentaciones, sub-colectivos, parece que eran más atractivos para poder trazar la estrategia de Trump. Es la segunda gráfica que adjunto a continuación.

Soluciones rápidas, aunque arriesgadas: el votante de Trump (Fuente: Pew Research Center)
Soluciones rápidas, aunque arriesgadas: el votante de Trump (Fuente: Pew Research Center)
Margen por el que se decidió cada grupo desde 1976 (Fuente: Eduardo Suárez)
Margen por el que se decidió cada grupo desde 1976 (Fuente: Eduardo Suárez)

Un electorado más joven, mejor educado y con menor porcentaje blanco que en elecciones anteriores, se entrega a Donald Trump. Algo debe esconsder estas elecciones para que esto haya podido ocurrir. Esto es lo que han venido a analizar algunas casas de análisis una vez celebradas las elecciones, que siempre es más fácil obtener conclusiones. Varios parecen haber sido los motivos de este éxito que, no me negarán, ustedes tampoco se esperaban: el foco en los temas clave (Right Message), saber dónde y cómo decir las cosas (Right Channel), saber dónde estaban los problemas del colectivo pro-demócrata (Right Person) y saber cuándo decir las cosas (Right Moment).

Como ven, entre paréntesis he ido añadiendo diferentes elementos que, de manera conjunta, conforman un proyecto de marketing político en toda regla: Right Message + Right Channel + Right Person + Right Moment = Marketing político eficiente. Es decir, saber cuándo y dónde decir qué, para optimizar al máximo la inversión, y  conseguir un retorno sobre dicha inversión más alta que la del rival. Veamos ahora de manera un poco más desarrollada cada uno de estos elementos.

En cuanto a Right Message. Trump tocó pocos temas. Bastante menos que Hillary Clinton. Pero es que tocó los temas más claves para su electorado. Es decir, en aquellos temas que importan. Esto, hoy en día, en la era de los datos masivos o Big Data, ya no es una excusa para cualquier estrategia de marketing político. Se puede llegar a saber qué es lo que más importa, a nivel segmentado geográfico. Tres son los temas sobre los que se destacó Donald Trump: aspectos económicos (además, para un empresario como él, pese a que tiene menos riqueza hoy en día que la que heredó de su padre -tan buen empresario parece que no es entonces-), la seguridad de los ciudadanos (en una era en la que el terrorismo está empezando a azotar mucho en occidente) y la reforma sanitaria de Obama (donde su electorado se muestra especialmente en contra).

Por otro lado, Right Channel. La gráfica que adjunto a continuación muestra cómo y cuánto el republicano confía en los medios de comunicación tradicionales. Que Trump los haya atacado hasta la saciedad, no hace más que denotar que desde una óptica eminentemente utilitarista, parece bastante inteligente haber focalizado esfuerzos ahí.

Confianza en los medios de comunicación tradicionales (Fuente: http://mehlmancastagnetti.com/wp-content/uploads/2016-Mehlman-Election-Analysis.pdf)
Confianza en los medios de comunicación tradicionales (Fuente: http://mehlmancastagnetti.com/wp-content/uploads/2016-Mehlman-Election-Analysis.pdf)

En siguiente lugar, Right Person. La “gran coalición” demócrata que creó Obama, parece que con Clinton se ha roto. El apoyo que ha conseguido Clinton’16 es bastante menor que el de Obama’12 en varios de los colectivos clave: hispanos (-8%), mujeres solteras (-7%), asiáticos y americanos -no EEUU- (-11%), millenials (-5%) y afroamericanos (-7%). Esto Trump lo supo a tiempo, y comenzó a dirigir esfuerzos también a estas partes de las otrora votantes demócratas. Y es que uno, no solo debe conocer sus fortalezas, sino también las debilidades del rival. De nuevo, de manera absolutamente utilitarista, brillante movimiento el de Trump.

Por último, Right Moment. Varios fueron los momentos débiles que tuvo Clinton en la campaña: la investigación del FBI, las donaciones a la fundación Clinton, el caso de los emails de Clinton, el tema de Benghazi, etc. Hasta un 61% llegó a opinar que Hillary no era una candidata honesta y en la que se pudiera confiar. Fueron momentos en los que Trump atacaba. Momentos delicados del rival, en el que si tú construyes unos buenos mensajes a través de los canales adecuados y a los colectivos más propensos a cambiar su voto, puedes ganar mucho terreno. Que fue lo que Trump hizo con bastante practicidad.

Como ven, ganar elecciones no es sencillo. Y menos en un país con tanta tecnología y análisis como es EEUU. ¿Podemos aprender mucho por estas latitudes? Desde luego. Obviamente no de Trump, pero sí de alguna de las herramientas de análisis empleadas por el futuro presidente de los Estados Unidos.

La realidad virtual llega al mundo del fútbol: la bundesliga y sus contenidos

La Bundesliga, la liga Alemana, tiene claro que sus contenidos (los partidos que disputan los equipos alemanes), tienen que generar muchos más ingresos. Existe la capacidad. Solo era cuestión de pensar en los “cómo”. A mediados de 2015, llegó a un acuerdo con FOX Sports, para internacionalizar sus contenidos. Es decir, para conseguir espectadoers por todos los mercados, especialmente por los americanos y el asiático.

El primer partido retransmitido en Septiembre de 2015, entre el Bayer Munich y el Augsburg, fue seguido en EEUU por 926.000 espectadores. Para que se hagan ustedes a la idea, los “clásicos” entre el FC Barcelona y el Real Madrid, fue seguido por un total de 768.000 y 695.000 espectadores. Como decía antes, interés hay. Todavía estas cifras quedan lejos de los 31,7 millones totales de la Premier League, por los 9,8 de la Bundesliga para toda la temporada. La liga española, en EEUU, tiene un mercado total de 3,9 millones de espectadores.

Todo esto nos hace pensar que el fútbol es indudablemente un fenómeno global. Y estas inexorables fuerzas del mercado van a alterar muchas de las decisiones de gestión de los clubes. El acuerdo entre la Bundesliga y la FOX, llevará esos contenidos a 80 países, algunos del tamaño como EEUU, China, Brasil e India. En el acuerdo, están conceptos como la distribución digital, con la posibilidad de hacer que estos contenidos estén disponibles a través de servicios avanzados, incluyendos los dispositivos móviles.

Y por eso último, es por lo que creo que no tardarán en aparecer servicios avanzados relacionados con el visionado y disfrute de los contenidos de fútbol con tecnologías avanzadas. Uno de los que más me está llamando la atención son las tecnologías de realidad virtual. Ahí la Bundesliga (de nuevo, muy innovadora y adelantada a otros), está apostando por NextVR, que permite hacer retransmisiones de eventos deportivos gracias a cámaras en torno al terreno de juego. Con éstas, permite que los aficionados contenidos inmersivos del fútbol. Un vídeo, mejor que muchas palabras:

NextVR, es la empresa mundial líder en términos de relidad virtual aplicada a tecnologías de retransmisión de eventos. En el pasado, ya ha utilizado esta tecnología que permite al espectador gozar de un mejor visionado en espectáculos como Daytona 500. Se trata, como decíamos antes, de un paso que da la Bundesliga para ofrecer un espectáculo que, al menos en Europa, es insólito.

Las siete cámaras, permitieron visualizar el partido con una experiencia aumentada, dado que estas cámaras estaban situadas en los laterales, en el medio del campo y detrás de las porterías. Un contenido bastante inmersivo (tener la sensación de estar “metido” en el partido), que lo que busca es aumentar aún más la emoción del espectador, que suele ser un elemento que atrae aún más para disfrutar de los partidos.

Esto se enmarca en una iniciativa que tiene FOX Sports denominada FOX Sports Lab. Esta, no busca más que explorar tecnologías y empresas clave con las que asociarse que permita al aficionado ver un espectáculo desde una perspectiva diferente y que le haga sentir el espectáculo de una manera más cercana. De esta manera, obviamente, uno de los agentes que más gana, es el publicitario, dado que cuando la emoción se dispara… también nuestras ganas de consumir. Y es ahí donde para la Bundesliga, y para sus contenidos, aparece la oportunidad. Además de la emoción, todo lo que sea integrar tecnologías digitales, permitirá conocer mejor al espectador. Lo que, automáticamente, podemos traducir en mejores oportunidads para personalizar mensajes a enviarle.

Todo esto se hace aún más interesante para nosotros, los espectadores, cuando NextVR nos ofrece esta posibilidad desde nuestro propio hogar. Al final no deja de ser una iniciativa que busca permitir al aficionado sentir que está en el estadio. Y esto, claro, en una era en la que los ingresos por derechos de TV están en auge, cobra todo el sentido del mundo. Permitir a una persona disfrutar de una experiencia única sin tener que ir al estadio, hace que cualquier persona en el mundo, que disponga de la tecnología de NextVR para poder acceder, así como una conexión a Internet, sienta que está en Munich sentado disfrutando de la experiencia.

Cuando decíamos al comienzo que la “exportación de contenidos” de la Bundesliga tiene como objetivo internacionalizarla, obviamente, hablábamos de este tipo de iniciativas. Vivimos en la economía de la experiencia, en la que ya ofrecer un buen servicio se da por descontado. Los consumidores de este siglo, demandarán experiencias únicas. Es decir, que vivan algo realmente diferente. Y por eso mismo, en un contenido tan emocional como es el fútbol, disponer de este tipo de tecnologías, quizás solo el primer paso, en lo que se prevé será una larga carrera. Y ahí, la Bundesliga, no está dejando de correr.

El caso Starbucks: de la materia prima commodity a ofrecer experiencias
El caso Starbucks: de la materia prima commodity a ofrecer experiencias

Otras perspectivas a los resultados PISA: educación, gasto y democracia

Es cierto que la educación es algo más que unos tests. Pero de alguna manera, tenemos que medir, para saber cómo nos está yendo nuestra evolución como sociedad, en un aspecto tan crítico como es la educación. Estos días, hemos podido leer muchas cosas sobre los resultados PISA. Se ha escrito tanto sobre todo ello, que la verdad poco o nada tengo que aportar. De hecho, no hay cambios significativos para España, salvo, la preocupante caída que hemos tenido en Euskadi. También hemos observado cómo la probabilidad de repetir curso aumenta en función del estatus socio-económico; un niño pobre tiene cinco veces más probabilidades de repetir que un niño rico. No todo son malas noticias; también hemos sabido que en la integración de estudiantes inmigrantes somos realmente buenos.

Resultados PISA por competnecia en Ciencia, Lectura y Matemáticas. Diferencias entre 2012 y 2015. (Fuente: El País)
Resultados PISA por competnecia en Ciencia, Lectura y Matemáticas. Diferencias entre 2012 y 2015. (Fuente: El País)

Dicho todo esto, y como siempre, acabé investigando otro tipo de cuestiones que son igualmente importantes para hacer una evaluación de la educación en este Siglo XXI. La primera tiene relación entre el “cuánto”. La segunda se refiere a la importancia de la educación.

Empecemos por considerar algunas cuestiones que salen reflejadas en este artículo de The Economist. PISA, como el informe más influyente sobre los resultados educativos comparables en el mundo, pese a sus muchos fallos, lo podemos considerar como la referencia para cualquier aspecto que queramos analizar. Y, uno de ellos, es el gasto por estudiante. ¿Cuánto me tengo que gastar para mejorar mi educación?

Éste es un tema muy recurrente en España. Que si hay que gastar más, que si nunca es suficiente, etc. Es cierto que en los países pobres, a mayor inversión, mejores resultados. Pero eso mismo no se aprecia en los países desarrollados. Esta gráfica que adjunto a continuación, creo que habla por sí sola:

Gasto por estudiante y resultados PISA (Fuente: The Economist)
Gasto por estudiante y resultados PISA (Fuente: The Economist)

En los países desarrollados de la OCDE, ya veis que se vislumbra una recta prácticamente plana: es decir, que no por invertir más, se obtienen mejores resultados. Y esto, es algo que provoca que un estudiante de Polonia o Dinamarca, por ejemplo, saque los mismos resultados, pese a que éste último se gasta un 50% más de recursos que el primero. Es decir, que no por más gastar, se obtienen mejores resultados a partir de un determinado punto.

Podemos entender pensar que no va tanto del “cuánto” sino del “en qué”. La calidad del profesorado, el tamaño de los grupos (menos es más), las políticas de repetición de cursos (ay, España) o las políticas de integración de grupos de diferentes estatus socio-económicos, etc., son factores que sí parecen afectar mucho cuando un país llega a un determinado nivel de gasto. La siguiente gráfica, parece demoledora y habla por sí sola: menos repetición y absentismo, y más ciencia.

Cómo destacar en PISA (Fuente: The Economist)
Cómo destacar en PISA (Fuente: The Economist)

Por otro lado, me preguntaba estos días también qué aportaba a una sociedad unos mejores resultados de educación. Quizás pueda parecer una pregunta extremadamente sencilla, pues entiendo que nadie se opondrá a que una sociedad esté bien educada. Al fin y al cabo, las externalidades son realmente positiva. Salvo, claro, cuando quieres mantener un ferreo poder sin que la gente se entere de mucho.

Llegué así a la gráfica que les presento a continuación: la correlación entre la educación y la democracia.

Correlación entre democracia y educación (Fuente: Our World in Data)
Correlación entre democracia y educación (Fuente: Our World in Data)

No es difícil de interpretar. La educación aporta a una sociedad sostenibilidad en las instituciones políticas democráticas, tanto porque aporta a cada un deseo de ser un agente activo político (participar en elecciones, interesarse por los temas clave, incluso llegar a ser candidato, etc.), así como por la promoción del sentimiento de servicio público que tiene.

Como se puede apreciar en la gráfica, en esos países en los que desde los años 1970 han visto un incremento importante a nivel educativo, también lo han visto a efectos de su grado de democracia. Es decir, sistemas políticos abiertos, donde no hay límites a la participación efectiva y plena del ciudadano en el terreno político. Obviamente, estos resultados siempre se han de interpretar desde la cautela; la correlación no implica causalidad. No porque ahora nos pongamos a educar a toda la población de los regímenes más cerrados vamos a conseguir llevar la democracia allí.

¿Cómo no preocuparse por algo socialmente tan sensible como es la educación? Los resultados PISA nos alumbran muchas pistas y campos donde podemos mejorar. Y los resultados democráticos, nos permiten ver su importancia en la “foto global” de una democracia. Lo importante, al fin y al cabo, es que nadie ponga en duda la importancia de educarnos. Y sobre todo, de buscar continuamente esos espacios de mejora y habilitarlos. Sigamos mejorando en ello, con o sin más resultados PISA.

La desaparición de los trabajos rutinarios: los e-sports, oferta y demanda, y el valor humano añadido

Sigo muy preocupado por todo lo que tenga que ver con la automatización del trabajo. Básicamente, porque creo que seguimos bastante expectantes. Sin mucha acción. Quizás tengamos que pensar mucho aún. Diseñar la estrategia. Y luego actuar. No lo sé. También quizás pudiéramos empezar a probar alguna política, acción o programa, que ayude a lo que cada vez parece más evidente. Ya lo comenté en el anterior artículo.

Un ámbito en el que me voy a interesar a corto plazo es el estudio de los tipos de ocupación y su mayor o menor susceptibilidad a la automatización. Básicamente, para pasar de un “discurso generalista” a un discurso más concreto. Que pueda contribuir a la reflexión y acción en las sociedades que tengo el placer de vivir (Euskadi, España).

Es complicado comenzar a hablar de la automatización del trabajo y no hablar de los trabajos rutinarios. Tiene ya unos dos años, pero esta gráfica habla por sí sola:

Auge de los trabajos no rutinarios y caída de los trabajos rutinarios (Fuente: wsj.net)
Auge de los trabajos no rutinarios y caída de los trabajos rutinarios (Fuente: wsj.net)

Como se puede apreciar, desde la “gran irrupción de las tecnologías digitales” (que tampoco tienen una fecha de comienzo, pero vamos a fijar en 2001), el empleo se ha venido creando en trabajos no rutinarios. Es decir, en aquellos donde el valor añadido de nuestro trabajo no es mover objetos, introducir información, computarla o recoger órdenes y actuar en consecuencia. Es decir, en aquellos trabajos donde tenemos que hacer algo más que esto último. Pensar, diseñar, construir de la nada, etc. El cerebro y nuestras capacidades cognitivas, ahí no tienen rival (al menos hasta que la computación cognitiva nos pueda dejar atrás también en eso).

Pero, en los trabajos rutinarios, los robots, cada vez son mejores que el propio humano haciendo esas cosas. Y encima, pueden trabajar sin parar, no tienen ocio personal, ni familia, etc. Podría aquí yo introducir un discurso social y ético; pero que entiendo no aporta nada a lo obvio. Si un robot lo hace mejor y encima sin parar, mejor centrarnos en otra cosa.

Uno, intuitivamente, podría pensar que la principal razón de esta caída del empleo rutinario es la propia automatización. Es la hipótesis que muchos han venido manejando. Incluso mi razonamiento anterior podría llevar a pensar eso. Sin embargo, las causas y efectos son siempre mucho más complicadas de explicar que la mera intuición. Por eso, me he puesto a investigar un poco sobre el tema. Y me he topado con este artículo, recién publicado (Diciembre de 2016), titulado “Disappearing Routine Jobs: Who, How, and Why?“.

Fuente: http://www.nber.org/papers/w22918
Fuente: http://www.nber.org/papers/w22918

Los autores hablan sobre cómo la desaparición de trabajos rutinarios parece que podría tener poco que ver con la automatización. Tendría más que ver con los deseos de las personas de dejar de hacer esos trabajos. Vamos, una situación de oferta-demanda tradicional, en la que el salario baja tanto por los efectos entre la curva y demanda tradicional, que a las personas, ya no les estaría interesando hacer esas labores. De esta manera, parece que el salto hacia puestos de trabajo de cualificación superior, sería más fácil, al tener también la voluntad del trabajador de hacerlo.

Todo esto, en cierto modo, me recordaba a este otro artículo que leí hace unos meses: “Why more young men are choosing video games over a job“. Un estudio publicado en este septiembre de 2016 por investigadores de la universidad de Princeton, exponía cómo muchos jóvenes con estudios universitarios, optaban por quedarse en casa jugando a videojuegos que ir a trabajar. Muchos pensarían que es por puro ocio; pero no, se trata de otra nueva profesión, de la los e-sports, de la que ya he hablado, y encima con bastante optimismo.

Why more young men are choosing video games over a job (Fuente: http://www.csmonitor.com/layout/set/amphtml/USA/2016/0925/Why-more-young-men-are-choosing-video-games-over-a-job?client=safari)
Why more young men are choosing video games over a job (Fuente: http://www.csmonitor.com/layout/set/amphtml/USA/2016/0925/Why-more-young-men-are-choosing-video-games-over-a-job?client=safari)

Y no, no es tanto un tema de no encontrar “otra oportunidad”, sino que es un tema de preferencia. En el informe “Trends in Psychological Well-Being“, además se muestran más contentos y satisfechos que sus pares desempeñándose en esos trabajos rutinarios que señalábamos al comienzo. Es más, el informe de Princeton dice que, esta tendencia es tan importante, que enre un 20 y un 33% de la reducción de las horas de trabajo se puede atribuir a personas que ya se dedican a los e-sports. ¿Por qué tanto los juegos? Parece que el esquema de incentivos que les propone (que dominan y conocen) es más atractivo, que el de un empleo.

De hecho, en este otro artículo, se puede leer cómo el grupo con menor transición hacia los puestos de trabajo rutinarios son precisamente los jóvenes. Independientemente de sus estudios. Esto hace que podamos pensar que las alternativas que tienen hoy en día frente a los trabajos rutinarios, les está haciendo valorar esas otras oportunidades, que, encima, les motivan más.

El declive de los trabajos rutinarios entre los jóvenes (Fuente: http://www.voxeu.org/sites/default/files/image/FromMay2014/cortes%20fig1%201%20oct.png)
El declive de los trabajos rutinarios entre los jóvenes (Fuente: http://www.voxeu.org/sites/default/files/image/FromMay2014/cortes%20fig1%201%20oct.png)

Como hemos podido comprobar, estudiar los “porqué” del declive de los trabajos rutinarios no son fáciles de localizar. Y menos aún, en una época en la que gracias a la transformación digital de la economía, no paran de salir oportunidades y alternativas a las que dedicarse. De ahí que el salario (curva de oferta y demanda), no resulte atractivo. Y los e-sports, como un ejemplo ilustrativo, una alternativa realmente buena. Veremos cómo sigue todo esto.

 

Automatización del trabajo y digitalización: ¿hacia un nuevo modelo de sociedad?

Los que seguís este blog desde tiempo, bien sabéis que he escrito en innumerables ocasiones sobre el tema que hoy nos ocupa. Con titulares bastante ilustrativos de esta nueva “era”: “¿Está mi profesión en peligro con “los robots”?” y “Las competencias en la sociedad digital“. Ya introducía la idea de la polarización del mercado de trabajo, e incluso en esta conferencia que di en Marzo del 2014, hablaba sobre la prevalencia de los trabajos no rutinarios frente a los rutinarios (que se pueden automatizar).

El pasado Agosto, introduje una nueva conversación, con el título “Nuevas evidencias sobre la (supuesta) destrucción del trabajo de los robots“. Era una lectura más en “neto” que en “bruto”. Obviamente, una conversación necesaria, pero no suficiente. Que vaya a generar más trabajo, cualificado, no quiere decir que ya podamos estar tranquilos. Muchos empleos de baja cualificación se verán afectados por esta nueva ola tecnológica. Y el acompañamiento de los mismos, durante estos años, me parece fundamental.

Y ahí, creo que tiene que estar el estado. Y es que el progreso tecnológico es lo que siempre ha producido. Cambios sociales. Sin embargo, lo que ocurre en esta automatización del trabajo derivado de la introducción de los robots, acompañado de la transformación digital (lo que algunos hemos “simplificado” como Industria 4.o), me parece a mí que es algo que nunca habíamos visto anteriormente. No tanto en el fondo, sino en la forma. Destruye a gran velocidad. Más de lo que somos capaces de seguir, incluso a nivel educativo. Y este es justo el problema.

La carrera entre la educación y la tecnología (Fuente: https://images-na.ssl-images-amazon.com/images/I/51SIl%2BL2AZL._SY344_BO1,204,203,200_.jpg)
La carrera entre la educación y la tecnología (Fuente: https://images-na.ssl-images-amazon.com/images/I/51SIl%2BL2AZL._SY344_BO1,204,203,200_.jpg)

Por eso mismo, hoy quería hablar de lo que considero deberás ser un nuevo modelo de sociedad. Un modelo en el que no solo el concepto de “trabajo” quizás deba ser redefinido (ya hablé de ello) sino incluso el propio concepto del estado del bienestar en España. Y justo aquí está uno de nuestros retos; España, tiene su propio modelo, por lo que la solución a nuestro problema, deberá trabajarse internamente. Pensemos en el mismo, en dos de sus ejes críticos: las pensiones y el desempleo.

En cuanto a las pensiones, quizás, el mayor reto que tenga esta legislatura que acaba de arrancar. No voy a entrar en lo de siempre. Sí, el dinero se va acabando. Por lo tanto, hay que buscar nuevas vías de entrada de dinero en la caja. Su naturaleza jurídica (contribución y no asistencia), entiendo, deberá cambiar. Porque el “modelo de contribución”, ese pacto intergeneracional por el que los activos financiamos a los no activos, por matemáticas, no sale.

En esta clave de pirámide poblacional y sus matemáticas, entra de lleno esta automatización del trabajo. Se supone, que este problema será todavía peor si de repente empiezan a desaparecer contribuyentes en activo. Pero sin embargo, asistimos -de momento un tanto atónitos- a una era de la automatización del trabajo donde estamos generando más valor que nunca. Un valor, que quizás, por primera vez en la historia, está más generado por robots, que por humanos. ¿Quizás sea el momento de considerar que los robots coticen a la Seguridad Social? Lo digo en serio.

He cogido el “Real Decreto 2064/1995, de 22 de diciembre, por el que se aprueba el Reglamento general sobre cotización y liquidación de otros derechos de la Seguridad Social“, que en su artículo 23.1 dice:

La base de cotización para todas las contingencias y situaciones amparadas por la acción protectora del Régimen General de la Seguridad Social, así como por los conceptos de recaudación conjunta con las cuotas de dicho régimen, estará constituida por la remuneración total, cualquiera que sea su forma o denominación, que, con carácter mensual, tenga derecho a percibir el trabajador o la que efectivamente perciba de ser ésta superior, por razón del trabajo que realice por cuenta ajena.

Claro, habla de un trabajador, así, en general. ¿Pero si el trabajador es un conjunto de circuitos integrados con bits que o bien le enseñan a aprender (Aprendizaje Cognitivo o Deep Learning) o a ejecutar órdenes (algoritmos más tradicionales). Quizás este dinero aportado por el valor generado por la robotización, lo podríamos dedicar a la formación y reconversión de esos perfiles de baja cualificación que deban pasar a ocupar esos puestos que se generan en las escalas medio-altas de cualificación. A mí, personalmente, me parece justo. La Seguridad Social, repito, creo que debiera reconsiderar sus definiciones y concepciones. Y cuanto antes lo haga, más viable y sostenible el sistema. Estimada ministra, Fatima, si puedo ayudarla en algo, aquí estoy.

Trabajadores en riesgo de ser sustituidos por robots (Fuente: http://fotografias.lasexta.com//clipping/cmsimages02//2016/10/17/E4D6417E-85F4-4E9A-BC2A-B656B9C57B7C/58.jpg)
Trabajadores en riesgo de ser sustituidos por robots (Fuente: http://fotografias.lasexta.com//clipping/cmsimages02//2016/10/17/E4D6417E-85F4-4E9A-BC2A-B656B9C57B7C/58.jpg)

En segundo y último lugar, está el asunto del desempleo. Se está escribiendo mucho últimamente sobre la propuesta de una renta incondicional que venga a suplir los problemas de algunos perfiles para encontrar trabajo en esta sociedad tecnificada. Otros dan la bienvenida a una sociedad en la que los robots trabajan para nosotros, y así podemos dedicar más tiempo a la familia, al ocio, tareas domésticas, etc. De nuevo, con la misma lógica: el valor que ellos generan, permite contribuir al bienestar global. Sin embargo, en este caso, no tengo todavía una opinión sólida.

Creo que el sistema podría traer los asuntos de siempre respecto a cómo hacer un esquema justo en el que nadie tenga la sensación de trabajar y ganar lo mismo que uno que no lo hace. Esas matemáticas me resultan más complicadas. El trabajo, además, en su justa medida, realiza al ser humano. También esto me genera dudas. Sin embargo, que la reflexión hay que afrontarla, me parece indudable.

Como ven, este debate sobre la automatización del trabajo, es más un tema de consideración social, incluso me atravería a decir política, que tecnológica. Nosotros, los tecnólogos, nos encargaremos de proveer soluciones que generen valor, pero esa redistribución del valor, de la renta generada, es una cuestión del estado del bienestar. De ese nuevo modelo de sociedad. En un estado social y democrático como España, entiendo, una preocupación del gobierno. Y, en su conjunto, de todo el parlamento, como representante de las preocupaciones de los ciudadanos.

Y ahora, Amazon Go: un nuevo concepto de tienda

No sé si han tenido ocasión de leer en las últimas horas alguna noticia que hable sobre Amazon Go. Quizás sí, pues ha tenido bastante eco. Me sorprendió la noticia publicada en medios americanos justo antes de empezar una conferencia sobre el uso de los drones, botones Amazon Dash y el Big Data para la transformación digital del retail. Ni calculado. 30 minutos antes de arrancar la conferencia, tuve que introducir nuevos contenidos, por lo que sale en este vídeo:

En el vídeo lo enfatizan bastante: “No lines, no registers, no self-checkout machines“. Su propuesta de valor parece clara: aumentar nuestra experiencia como consumidores haciendo que tengamos que esperar menos en colas y los enfados derivados de las esperas y demás. Nada muy diferente a lo que he comentado en anteriores ocasiones para hablar de Zume Pizza o Maple. Como digo en numerosas ocasiones en mis conferencias, desde que en la carrera un profesor me dijo que me iba a pasar 6 años de mi vida en colas, me obsesioné. Más allá de la cifra exacta (que intuyo, además, habrá variado), lo que me quedé es con el mensaje. La importancia de reducir colas y esperas a usuarios que, como yo, aprecian y valoran mucho su tiempo.

Esto en la era digital es más fácil que nunca. Amazon Go, una tienda-concepto que ha abierto la gran empresa logística en su casa de Seattle, no hace más que ser el enésimo ejemplo en esta misma línea. Ofrecer al comprador una facilidad sin precedentes. Los Amazon Dash, parecen ya hasta molestos y lentos. ¿Por qué me parece interesante este nuevo vídeo en el enésimo caso de “no hagas colas y cuida tu tiempo“? Primero, por quién lo hace (Amazon). Segundo, por las tecnologías clave sobre las que lo construye (visión artificial, sensores, móvil, Machine y Deep Learning). Y, tercero, por el efecto que podría traer en la transformación del retail.

En primer lugar, que lo introduzca Amazon. Una máquina logística que sigue buscando cómo optimizar procesos críticos (y costosos) a los retailers. Su reciente acuerdo con Día para introducir su supermercado Amazon Fresh en España nos anticipa una era en la que los retailers tradicionales deberán asociarse a Amazon. En este caso, con Amazon Go, un concepto que les aportará eficiencia de costes y mayor “capacidad de atención a clientes a la hora” (throughput). En una era en la que los costes de personas (por desgracia) es un limitante para muchos negocios, que se pueda atender a un mayor número de clientes a la hora y con menor coste gracias a la robótica, creo que no escapará a nadie será un proceso duro, pero que llegará. Creo que la Seguridad Social debería estar reflexionando sobre ello.

En segundo lugar, las tecnologías que emplea. La recién bautizada como “ Just Walk Out“, es una tecnología basada en la visión artificial (para reconocer el producto que ha seleccionado el consumidor), sensores (para detectar la presencia de un consumidor), movilidad (que actúa como caja registradora “en tiempo real” y como cartera para el pago) y los algoritmos de aprendizaje autónomo y cognitivo (deep learning) para ir aprendiendo sobre la marcha y así poder mejorar el sistema a futuro (e incluso, claro, recolectar los datos para activar cualquier estrategia de Big Data de las que hemos hablado en reiteradas ocasiones). De hecho, es una de las primeras reflexiones que he hecho: ahora sí que sabrán a ciencia cierta por dónde nos desplazamos en un supermercado. De ahí, a ofertas personalizadas en todo momento, hay un paso muy pequeño con las posibilidades que trae el Big Data.

Just Walk Out (fuente: Amazon)
Just Walk Out (fuente: Amazon)

Y en tercer y último lugar, el impacto sobre el retail. Un nuevo concepto de “tienda” o de venta, como decía. Vas a la tienda, vas cogiendo los productos que quieres y te vas. Lo pagas, claro, pero sin tener que sacar la cartera, porque todo queda registrado en tu móvil. Las tecnologías que explicábamos en el punto anterior, obviamente, juegan un papel fundamental. Una comodidad sin precedente. Amazon entrando en el mundo de la tienda física. El online, acaba en lo físico, un camino que siempre he creído más fácil que el contrario.

De momento este nuevo concepto de tienda solo está disponible para empleados. En 2017 se espera que abra. ¿Llegará algún día a España? Pues no sé si será Amazon Go o alguien sacará una enseña antes. Pero vamos, que este tipo de cuestiones llegarán, intuyo que sí. Son ya muchos casos los que se apalancan sobre la tecnología para aportarnos mejoras de nuestra calidad de vida y reduccines de tiempos improductivos.

¿El problema que veo? El de siempre, el eterno debate de la destrucción de trabajo. Si bien ya he escrito que hay nuevas evidencias que van en otra línea, que estamos hablando de puestos de trabajo de baja cualificación (cajeros/as, reponedores, etc.) y con alta susceptibilidad a ser automatizados. Por lo tanto, quizás, los más vulnerables a la automatización de procesos. Y por lo tanto, sobre los que más deberíamos estar pensando qué hacer. Los robots no cotizan a la seguridad social. Pero sí que aportan bienestar a la sociedad. Hora de introducir nuevos elementos en el debate sobre cuestiones como la renta mínima.

Como ven, Amazon Go, un nuevo concepto de tienda, que introduce viejas reflexiones. Seguiremos estudiando cómo la tecnología aporta productividad, pero también elementos sociales que no debemos olvidar.

Los políticos son de palabra (según los datos)

Una de las grandes preguntas que me he hecho en multitud de ocasiones versa sobre el grado de cumplimiento de las promesas electorales de nuestros representantes políticos. Sí, en serio, siempre he tenido dudas de si tan cierto es el manta propular de “que no cumplen nada de lo que dicen“. Por otro lado, acabo de ver en televisión, que mañana, 4 de Diciembre de 2016, el programa de la Sexta “El Objetivo”, lleva como título “¿Por qué mentimos los seres humanos? ¿Mienten más los políticos que el resto?“. Aquí tienen ustedes los detalles.

Desconozco el contenido del programa de mañana. Pero, dado que es un tema que me gusta, y que mañana será conversación, he creído buen momento para publicar algo en este línea. Además, he estado investigando sobre el tema últimamente para una charla que tengo que dar de marketing político y gestión política basada en evidencias.

Empiezo con este paper de Joaquín Artés, de la Universidad Complutense de Madrid. Señalo lo que más me ha llamado la atención:

Los partidos políticos en España cumplen sus promesas (Fuente: Do Spanish politicians keep their promises?)
Los partidos políticos en España cumplen sus promesas (Fuente: Do Spanish politicians keep their promises?)

Sé que voy contracorriente. No es normal destacar esto. Pero es que así son los datos de caprichosos. Como bien señala el experto en la materia Joaquín Artés (yo no lo soy), en los ciclos electorales que hay en España de 1989 a 2004 (por lo tanto, un periodo bastante prolongado), las promesas electorales son satisfechas por los partidos políticos. De media, han puesto en práctica -en diferentes grados, claro- un 70% de sus promesas electorales. Tanto PSOE y PP cumplen sus promesas tanto con mayoría absoluta como cuando lo hacen en minoría (buscando los apoyos necesarios para cumplir sus mandatos electorales).

Sé que alguno me dirá que un 70% no es suficiente. Que quiere el 100%. Ya, pero es que a veces no todas las decisiones están en nuestras manos. Y las promesas, en política, no siempre alcanzables. Los ciclos económicos no son siempre previsibles, las instituciones cambian, jugamos en un mundo cada vez más interconectado donde lo que pasa en la otra punta del mundo puede afectarnos, etc. Por lo tanto, atribuir toda la responsabilidad a su falta a la verdad, no creo que sea del todo justo.

Y diréis, pues que no hagan las promesas. Ya, pero es que una promesa también forma parte de la “voluntad” de una persona. En este caso, de un partido político también. Y a mí saber la voluntad de los partidos por hacer las cosas, también me sirven. Porque soy consciente, como decía en el párrafo anterior, de la dificultad que entraña la gestión política de este mundo global, competitivo y conectado.

Qué es una "promesa" para la RAE (Fuente: rae.es)
Qué es una “promesa” para la RAE (Fuente: rae.es)

Quizás el mantra popular se alimente siempre mucho por los “grandes titulares”. Porque, claro, es cierto, algunas cosas no alcanzan. Y suelen ser aquellas que “más ruido generan” (quizás también tenga mucha relación con que son las más complicadas y las que dependen de muchos más factores). Y, por otro lado, seguramente también sea cuestión de un hartazgo generalizado con muchas de las cuestiones que la sociedad está demandando, y que los políticos no están alcanzando. Por lo tanto, en segundo lugar, creo que además se produce también un fenómeno de “no representación de las principales inquietudes“.

Este porcentaje de cumplimiento de promesas parece que también cruza el charco. Me he topado por el siempre interesante fivethirtyeight, con este artículo y con la siguiente gráfica:

Presidentes americanos cumpliendo sus promesas (Fuente: FiveThirtyEight)
Presidentes americanos cumpliendo sus promesas (Fuente: FiveThirtyEight)

Según Rasmussen, solo un 4% del electorado cree que los políticos cumplen sus promesas. Un 83% cree que no las cumplen. Esta impresión generalizada, ya ven que choca bastante con los datos disponibles y las investigaciones realizadas. La gráfica sobre estas líneas es una media extraída de diferentes estudios empíricos, por lo que podemos considerarla como bastante relevante. Pero esta media alrededor del 70%, como decíamos antes, no solo se exhibe en EEUU, sino también en otros países. Reino Unido, con un 82,5%, es el líder. Los Países Bajos, ese país tantas veces citado como ejemplo, cumple un 61%. Menos que España.

Para ir terminando, en este otro artículo, también muy completo, vuelven a sacar ese 67% de cumplimiento de las promesas a nivel mundial. Con diferentes regímenes políticos. Con diferentes partidos políticos. En diferentes latitudes del mundo. aquí tienen un breve extracto resaltado:

Los partidos políticos cumplen sus promesas
Los partidos políticos cumplen sus promesas

Quizás a veces debamos consultar más los datos para extraer nuestras propias conclusiones. Ojalá mañana el programa de “El Objetivo” ponga énfasis en todo ello. Los políticos, cumplen más promesas de las que pensamos.

El futuro de la TV, los jóvenes y lo que nos gusta ahora

El otro día, preparando una presentación para un evento, topé con una gráfica de The Economist que me hizo pensar bastante sobre lo que el título de este artículo sugiere. El futuro de la TV y cómo estamos consumiendo sus contenidos hoy en día. Al parecer, los jóvenes ya no ven la TV. La gráfica en cuestión es la siguiente:

Tiempo que dedicamos, por segmentos de edad, a ver la TV (Fuente: The Economist)
Tiempo que dedicamos, por segmentos de edad, a ver la TV (Fuente: The Economist)

Que tanto Netflix (de la que ya hablé), Facebook (de la que también hablé) como Amazon (algún día hablaré, dado que me parece el “gran rival”, porque como ya pasó con los servicios en la nube, no depende principalmente de ello) estén invirtiendo grandes cantidades de dinero en la TV del futuro algo tendrá que ver con todo esto. Básicamente, la transformación digital de la TV ha traído una característica no muy diferente a la que hemos visto en otros sectores: la posibilidad de personalizar, lo que en el argot televisivo podríamos llamar “vídeo bajo demanda” o “Video on Demand“. Esto está haciendo que las insurgentes (mayoritariamente empresas tecnológicas, por cierto, lo que también da que pensar), pudieran estar ganando una nueva batalla frente a las incumbentes.

Estas últimas, acaban de provocar una gran adquisición para intentar hacer frente a esta tendencia que pudiera ser irremediable. AT&T, la segunda gran empresa de telecomunicaciones americana (tras Verizon, la que compró los activos digitales de Yahoo!, en un movimiento que en su día analizamos en esta clave), acaba de comprar por la escalofriante cifra de 109.000 millones de dólares Time Warner, la propietaria de contenidos tan sugerentes como HBO (productora de series exitosas como Juego de Tronos, Los Soprano, The Wire, True Detective, etc.), CNN o Warner Brothers. ¿Será suficiente? No lo sabemos. Quizás no todo son los contenidos.

Se rumorea que incluso algún imperio del sector de las telecomunicaciones pudiera estar interesado en comprar Netflix (que ahora mismo tiene un valor de mercado de 50.000 millones de dólares). ¿Será suficiente? Tampoco lo sabemos.

Estos movimientos se enmarcan en un momento en el que los americanos (que son las cifras que hoy presentamos, y que suelen adelantar tendencias), consumen un 11% menos de TV que hace seis años. Esta cifra es mucho más acentuada en algunos segmentos de edad: aquellos que tienen entre 12 y 24 años, ven un 40% menos de TV que los de su generación hace seis años. De 18 a 24 años, un 48% menos. Solo las personas por encima de 50 años, consumen algo más de TV que hace seis años. Aquí también se observa, por lo tanto una fractura demográfica.

Lo que se esconde detrás de todas estas cifras y tendencias no es más que la transformación digital de otro sector más. Su globalización. Lo que parecen estar anticipando las valoraciones de las empresas es que si Netflix no para de subir, será que los analistas anticipan una era en la que la globalización de la distribución de contenidos para su consumo bajo demanda pudiera ser la estrategia acertada. Netflix ya está presente en 190 países del mundo. Tiene 83 millones de suscriptores, que consumen de media 2 horas al día. Frente a las cifras en descenso de la TV tradicional, el consumo bajo demanda de contenidos mundiales y globales no para de subir.

No hay publicidad en Netflix. Adiós al modelo tradicional de publicidad e interrupciones. Una empresa tecnológica, que funciona sobre un algoritmo, que personaliza y sugiere contenidos para centrar sus esfuerzos y su valor en maximizar la experiencia de ver la TV en casa. Obviamente, no hace falta decir, que esto sí es un mundo sustantivamente diferente a la TV tradicional del zapping, en el que vamos buscando contenidos hasta acabar viendo “aquel que menos mal está o que más me gusta”. Aquí veo solo aquello que me gusta. La transformación del modelo sí me parece sustantiva.

El “modelo Netflix”, como decía anteriormente, ya ha empezado a ser explotado por otros. Algunos de elos, incluso son magníficos alumnos, dado que incluso superan en satisfacción del espectador al propio creador del modelo. Este otro artículo de The Economist habla mucho de ello, y nos expone esta gráfica en la que podemos ver que, en comparación al modelo de “TV abierta tradicional”, el espectador acaba bastante más satisfecho con los contenidos de este modelo de TV:

Media de valoración de los críticos de las alternativas de TV en EEUU (Fuente: The Economist)
Media de valoración de los críticos de las alternativas de TV en EEUU (Fuente: The Economist)

Netflix sigue siendo el pionero en este modelo, pero le han nacido rivales de la talla de Amazon, Facebook, Hulu (que está respaldado por Disney, Fox, Comcast y Time Warner) o el propio Google con Youtube. El ecosistema de empresas tecnológicas metiéndose en la TV bajo demanda no para de crecer. De hecho, la base de suscriptores de Netflix se ha ralentizado.

La única duda que me queda con Netflix radica en cuanto a la escalabilidad del modelo. La serie Narcos me parece el paradigma de esta reflexión que hago. Independientemente del contenido de la propia serie (que a los que hemos tenido la fortuna de conocer de cerca la sociedad Colombiana, y la de Medellín en particular, nos parece que en muchas ocasiones no cuenta todo el contexto), lo que sí ha tocado bien la serie es un tema global, con una producción muy buena. Interés para la población mundial. El narcotráfico, por desgracia, es un problema mundial.

Sin embargo, ¿cuántas series más como éstas hay? Tengo dudas que Netflix sea capaz, en una base recurrente, de producir series de éxito mundial como esta. Es una apuesta cara, muy cara. Y el límite de contenidos que podemos ver cada ciudadano, está ahí. Y la competencia está ahí. Los jóvenes, por mucho que ya no quieran la TV tradicional, tampoco pueden dedicar todo el día a ver series y contenidos de alta calidad. Quizás los datos, y lo que pueda aprender de sus patrones de consuma, le permitan vislumbrar rasgos comunes a todos ellos para seguir diseñando la cadena de producción en base a los deseos de la audiencia. Big Data, vaya.

Pero lo que sí está claro, es que la TV ha cambiado. La posibilidad de personalizar de la era digital, ahí está. Que no hay vuelta atrás, también parece claro. Veremos la evolución.