Ford, sus resultados y los servicios de movilidad

Ford ha presentado sus resultados del tercer trimestre hace unos días. El titular con el que en muchas lugares se han quedado es que todo ha caído; sus resultados netos, su cuota de mercado global, beneficios por acción, etc. Y es cierto, la propia Ford lo presenta así en su primera transparencia de la presentación corporativa (detalles aquí):

Resultados de Ford en el último trimestre (Fuente: https://corporate.ford.com/content/dam/corporate/en/investors/investor-events/Quarterly%20Earnings/2016/2016-3Q-Corp-Earnings-slides.pdf)
Resultados de Ford en el último trimestre (Fuente: https://corporate.ford.com/content/dam/corporate/en/investors/investor-events/Quarterly%20Earnings/2016/2016-3Q-Corp-Earnings-slides.pdf)

Perder en un año, para el mismo periodo, 1.200 millones de dólares es mucho dinero. Las explicaciones oficiales no se han hecho esperar: el récord del año pasado es difícil de igualar (fue cuando la pick-up F-150 estaba en auge de ventas), los 600 millones de dólares destinados a arreglar un problema en las puertas de algunos modelos, los costes de lanzamiento de la nueva pick-up Super Duty, depende más de la flota de venta a empresas (que no siempre compran, y encima dejan menos margen que las de particulares), etc.

Pero, otros analistas, hablan de que sus competidores más directos, han mejorado resultados. Tanto General Motors como Fiat-Chrysler, han mejorado. El primero, hasta un récord de 2.800 millones y el segundo ha pasado de perder dinero (por la integración entre Fiat y Chrysler) a ganar 813 millones de €.

Pero lo que realmente creo que es de destacar es la apuesta que está haciendo Ford, con su CEO Mark Fields a la cabeza. Son numerosas las noticias que uno se puede encontrar sobre el viraje que está haciendo Ford para apostar por ello. El auge de las megaciudades, la cada vez mayor densidad de población en las mismas, el incremento de la preocupación por la calidad del aire y el cambio del consumidor en propiedad a uno que demanda más uso y compartición, están detrás de la estrategia que está queriendo poner en marcha Ford.

Un área donde Ford cree hay más beneficios potenciales que en el sector de la venta de automóviles tradicional. ¿En qué se materializa exactamente esa estrategia? Esa es la gran pregunta que muchos nos estamos haciendo últimamente. Se oye mucho ruido alrededor de los servicios de movilidad en las ciudades del futuro; pero hasta la fecha, las iniciativas no han pasado de ser más que proyectos sin “estrategia ciudad” clara.

En esa nueva “era de la movilidad en las megaciudades“, Ford ha visto en los vehículos autónomos un nuevo paradigma que, en palabras del CEO Mark Fields, “puede suponer un cambio tan importante como la cadena de ensamblaje de Henry Ford supuso“. Pero hay más, en lo que han venido a denominar “Ford Smart Mobility“:

Ford Smart Mobility (Fuente: www.ford.com)
Ford Smart Mobility (Fuente: www.ford.com)

Aquí podemos parte de en lo que pudiera estar Ford pensando para hacer virar su estrategia de compañía: pasar de ser una empresa que fabricaba y comercializaba vehículos, a una que ofrece soluciones de movilidad. De esto ya hablé hace cosa de un año. Por lo tanto, Ford sigue trabajando en ello. Sus beneficios, hay que enmarcarlos en este contexto de transformación de su estrategia. Ya sabemos que esto siempre implica cambios que hay que aguantar durante un tiempo.

La conectividad, el transporte sostenible, el vehículo autónomo, el incremento de la experiencia del viajante y el análisis de grandes cantidades de datos (Big Data), parece son las palancas tecnológicas sobre las que se quiere apoyar Ford para convertirse en esa emprea de soluciones de movilidad que decimos. En esta clave, no es de extrañar la cantidad de iniciativas de innovación abierta que está poniendo en marcha, su reciente (primer) gran acuerdo con una mega-ciudad para ayudar a combatir los problemas de transporte urbano y la polución (San Francisco en este caso), el lanzamiento de Ford GoBike (ante la creciente importancia que parece tendrá la multi-modalidad) o la compra de Chariot, empresa de servicios de transporte, un sector en auge importante.

Ford todo esto parece tenerlo claro. Su descenso de ventas, incluso, puede ser parte de la estrategia. El mercado de EEUU, tras el rescate de Obama al sector de la automoción (acordaros los intereses de Ohio a nivel político, el enorme peso del sector de la automoción ahí y la recesión sufrida en 2008-09), parece estar llegando a un punto de saturación. No es tan fácil ya vender más unidades de vehículos en esos mercados. Por lo tanto, quizás mejor darse cuenta a tiempo, y cuando vuelva a haber una fase expansiva (quizás demandando servicios de movilidad), estar el primero.

En definitiva, estamos presenciando cómo un sector tan “tradicional” (100 años haciendo lo mismo: fabricar y vender coches) se transforma para dar paso a las nuevas innovaciones tecnológicas. ¿Quién saldrá ganando en esta carrera por los servicios de movilidad? Podremos reseñar, dentro de unos años, qué tal le fue a Ford en esta “arriesgada” pero “realista” estrategia hacia los servicios de movilidad.

Las competencias que destaca el Foro Económico Mundial en esta Cuarta Revolución Industrial

Últimamente se están escribiendo muchas cosas alrededor de la universidad del futuro. Esta, una de las que más me ha gustado en los últimos meses, habla de los retos que deberá afrontar, además de destacar el cada vez mayor número de universidades (se calcula pasaremos de los 150 millones de estudiantes actuales a 260 en 2025). Entre los puntos que destaca, aparece lo siguiente:

[…] Las universidades actuales cambiarán o surgirán nuevos tipos de universidades, comunes en los principios fundamentales (autonomía, autogobierno, educación superior e investigación) pero con novedades que las harán diferir de las actuales. Durante siglos nos hemos dedicado a transmitir conocimientos pero eso, en la era de Internet, ha dejado de ser importante [..] ahora son o deben ser centros de servicios de información, núcleos de conexión entre personas y proyectos, lanzaderas de fomento de la creatividad, centros culturales de primer nivel y un enorme etcétera.

Me parece bastante objetivo afirmar que las competencias que debamos trabajar en el aula, así como los procesos de enseñanza-aprendizaje, deberán de ser diferentes. El Foro Económico Mundial, parece está de acuerdo conmigo. Llevo una semanas siguiendo muy de cerca su línea de artículos en la sección “Future of Education, Gender and Work“. Destaca, en este artículo, para 2020, el siguiente top-10 de habilidades:

Las 10 competencias clave en el 2020
Las 10 competencias clave en el 2020

La naturaleza del trabajo está cambiando de manera sustantiva. Sobre esto ya he hablado anteriormente: la naturaleza del trabajo se está transformando. En un mundo interconectado y dependiente de muchos de nosotros en diferentes puntas del mundo, obviamente las habilidades se han virado mucho hacia la facilidad de relación con otros y el poder sacar provecho de esos equipos. Por ello, la psicología, antropología y sociología, son áreas que de una manera u otra, algo tenemos que dominar. La tecnología, especialmente las digitales, han entrado muy fuerte, y enfrentamos un número de problemas sociales considerable (no sé si mayor o menor), que pudieran tener solución con la disponibilidad tecnológica que tenemos. Por eso tenemos que aprender a poner la tecnología al servicio de la sociedad. Y para ello, tener la habilidad primero de identificar problemas, y segundo de enfocar soluciones a los mismos, se torna fundamental.

Estas competencias no se pueden aprender de manera autónoma. Las universidades, por ello, creo que tendremos un papel nuclear en la “sociedad del mañana”. Siempre y cuando, claro, sepamos adoptarnos a ello. Estas competencias necesitan práctica, desempeño, interacción humana. Podemos convertir nuestras universidades en el centro de la preparación no solo del trabajador del mañana (que ése no es nuestro objetivo), sino en el ciudadano del mañana.

Pero esta adaptación de nuestra naturaleza universitaria a las competencias necesarias para ese 2020 debe hacerse a una velocidad importante. Hoy estoy escribiendo sobre esas competencias, pero tengo la sensación que quizás dentro de unos meses estamos hablando de una nueva tendencia. Tenemos que aprender a adaptarnos a una velocidad alta. Quizás esa sea una competencia en sí: facilidad y velocidad de adaptación al cambio.

Esta cuarta revolución industrial, la actual, en la que las tecnologías digitales han cambiado no solo cadenas de valor de numerosas industrias, sino también el trabajo de muchos de nosotros, nos pide a las universidades algunas competencias clave. Siguiendo la línea de ese listado que de manera reflexiva introducía el Foro Económico Mundial, podemos hablar de competencias como la polivalencia, multidisciplinariedad, creatividad, trabajo en equipo, resolución de problemas complejos, etc. Es decir, competencias que permitirán que esas Tecnologías de la Información y la Comunicación entren de verdad y de manera productiva en todos los procesos de la sociedad y las empresas.

La movilidad de nuestros estudiantes, será fundamental. La Cuarta Revolución Industrial ha hecho que el mundo se interconecte, y por lo tanto, entender marcos culturales diferentes y adoptar un modelo de cultura mental hacia la tolerancia, el respeto y la integración mundial, me parece que será también fundamental.

¿Cuánto nos van a cambiar a las universidades estas tendencias? Sospecho que bastante. A nivel metodólogico, y por este enfoque tan de aplicación que no paro de repetir, no podemos seguir haciendo memorizar o repetir en alto contenidos. Eso lo tienen a golpe de click. De esto ya también he hablado en el pasado. El método del caso, role-playing, workshops, prácticas en laboratorio, simulaciones, etc., sí son métodos que parecen bastante más acordes a las necesidades actuales.

Y, especialmente, para terminar, fomentar entre nuestros estudiantes el espírituo de aprender a aprender. Como decíamos antes, si algo nos caracteriza hoy en día es el volátil cambio con el que vivimos. El proceso de aprendizaje, así, debe redefinirse para que se convierta en un “continuo”, y todo el mundo deje de decir eso de: “Ya lo aprendí en la universidad“. No, tendremos que acostumbrarnos a estar en constante aprendizjae.

Quizás esta universidad del mañana que se alinee con la Cuarta Revolución Industrial ya esté aquí. No lo sé. Pero a lo que sí invito es a la reflexión sobre todo ello, y a entender que el cambio, es algo que lo debemos llevar dentro. No se detendrá.

Nuevas evidencias sobre la (supuesta) destrucción del trabajo de los robots

Muchos somos los que hemos escrito sobre la transformación digital y su impacto en el empleo. Sin ir más lejos, yo mismo, sobre la “La transformación digital provocando la transformación del empleo“, que a su vez resumía entradas del 2014 donde ya introducía reflexiones y referencias a autores que hablaban del debate actual en torno a los “Robots vs. Humanos“.

En general, este debate suele ser afrontado desde un modelo de aproximación social. Es decir, se suele abordar la reflexión sobre el impacto que la automatización del trabajo va a provocar en nuestro trabajo, nuestro desempeño actual y el futuro. Además, no para de acelerarse. Ya no solo estamos hablando de una revolución tecnológica sin precedente a nivel de velocidad a la que se produce, sino también su globalización, que es la que trae que estemos todos inquietos y en comparación continua con lo que hacen nuestro vecinos. Todo se aceleró cuando en 1995 Internet, la gran red de redes, pasa de un uso militar y científico y se abre/liberaliza al comercio. Ahí empiezan a nacer nuevas oportunidades de digitalización, y el boom de la transformación digital de industrias se hace exponencial.

Y esto empieza, aparentemente, a provocar cambios en el trabajo. De esto, ya digo, se ha escrito mucho. Pero a raíz de un artículo que me solicitaron, me puse a investigar sobre nuevas evidencias sobre dicho efecto. Al final, todos estamos haciendo referencias a artículos de 2012-2013-2014, y en este tiempo, seguro que más evidencia había sido encontrada. Y, efectivamente, me he topado con un artículo publicado hace unos días titulado “Racing With or Against the Machine? Evidence from Europe“, de Terry Gregory, Anna Salomons, and Ulrich Zierahn, del Centre for European Economic Research.

Básicamente, viene a exponer nuevas evidencias en relación al debate planteado, que se puede resumir así:

Overall, we find that the net effect of routine-replacing technological change (RRTC) on labor demand has been positive. […] As such, fears of technological change destroying jobs may be overstated: at least for European countries over the period considered, we can conclude that labor has been racing with rather than against the machine in spite of these substitution effects.

Para todos los públicos: que no, que “los robots” no están destruyendo trabajo. También este artículo sobre las empresas que han empezado a implantar robots pone en evidencia que, tampoco, las empresas que emplean robots, han creado más empleo neto del que se ha perdido por el cambio tecnológico. Y, este otro estudio empírico, hecho por el Fraunhofer ISI para la Comisión Europea (preocupada por todo esto siempre), expone cómo las empresas que han obtenido un aumento de productividad por la automatización (los robots), incrementaban el empleo incluso con lo ganado. Es decir, que no se sustituía capital humano por capital “robótico”, como muchos pensaban (pensaba yo también).

La explicación tiene sentido, dado que miden cuestiones que siempre se tratan desde la abstracción. El mejor remedio que tenemos sin datos. La explicación viene a ser la siguiente, que acompaño con una gráfica del magnífico artículo de Gregory, Salomons y Zierahn:

[…] indicates that the elasticity of substitution between regional bundles of tradables is larger than the elasticity of substitution between tasks, making it more likely that the product demand effect is strong enough to overcompensate the substitution effects. The reason is that our σ reflects to what extent consumers switch to cheaper regional goods bundles as a result of falling capital costs, leading to higher product demand and, hence, higher production and employment in routine-intense regions.

robots
: Predicted European labor demand change (upper bound), 1999-2010 (Fuente: http://ftp.zew.de/pub/zew-docs/dp/dp16053.pdf)

Por una parte, es verdad que las tareas rutinarias, sí que vienen a hacerse ahora con robots. Las empresas, producen ahora de una manera más económica, y esta reducción del coste de capital en las empresas, hace que los precios también puedan abaratarse, y los mercados ahora se hacen más grandes. Es decir, hay una mayor demanda de productos y servicios. Y esto hace que haya que producir más, incluso en los países donde esas tareas rutinarias se hacen ahora con robots. Es decir, que sí que es verdad que los robots hacen ahora nuevas tareas (las rutinarias), pero en agregado, se crea más empleo, de otro tipo, claro.

Este efecto será mayor, cuanta mayor intensidad de trabajo rutinario haya. Los autores lo miden con el Routine Task Intensity (RTI), que presentan en el siguiente gráfico (también muy interesante hacer análisis por países por ello, incluyendo el nuestro, claro):

rti
Spatial distribution of Routine Task Intensity (RTI) across European regions, 2010 (Fuente: http://ftp.zew.de/pub/zew-docs/dp/dp16053.pdf)

Por lo tanto, el problema no es tal en agregado. Se crea empleo, eso dicen la evidencia aquí presentada. Pero, crea un tipo de trabajo diferente para muchos puestos de trabajo. El asunto es que el debate está mal planteado; tendríamos que estar hablando de un problema de habilidades. Es decir, que no estamos siendo capaces de sustituir más rápido esos trabajos, porque no tenemos personas formadas en ello. La robótica, la Inteligencia Artificial, Automatización Industrial, Industria 4.0, etc., son campos donde se necesitan personas que saquen valor de estas tecnologías digitales que aumentan el empleo agregado.

Por todo ello, yo creo que tendríamos que estar hablando más de esto. La formación en ciencia, tecnología e ingeniería que tanto necesitamos. Y que permitirá aumentar el empleo de nuestras sociedades. Y si encima lo hacemos formando perfiles con creatividad, innovación, flexibilidad y habilidades sociales, mejor. El mundo se interconecta. Las máquinas, los robots, no nos van a vencer. Perdamos el miedo. Al contrario, nos pueden ayudar. Crean empleo. Pero necesitamos formarnos para que los resultados aquí expuestos sean tal. Necesitamos integrarlos en la normalidad de nuestro día a día.

Tecnología al servicio de la sociedad: una nueva mirada

La complejidad y la interconexión del mundo que estamos viviendo en estos primeros años del Siglo XXI es del tal magnitud, que los retos sociales que tenemos son realmente grandes. El cambio climático (qué bien que la capa de ozono comience a mostrar una tendencia de mejora), el agotamiento de los recursos naturales, la pérdida de la biodiversidad, el aumento de las desigualdades intrapaís y su reducción interpaís (con los problemas sociales y de inmigración que eso genera), una corrupción moral y política imparable, la crisis de los refugiados en nuestra vieja Europa, el agotamiento del agua (con países que se han quedado incluso sin reservas, etc.), etc.

Titulaba este artículo “Tecnología al servicio de la sociedad“, queriendo hacer un guiño a una nueva mirada que deberíamos adoptar los que tenemos la fortuna de trabajar diseñando y construyendo soluciones basadas en tecnología. Estamos hablando de una era en la que el crecimiento exponencial y acelerado del progreso tecnológico, nos está dotando de unas herramientas que nunca antes habíamos tenido.

Y me acordaba de escribir esta breve reflexión, tras una conversación que mantuve el otro día en mi despacho con un estudiante que se va a trabajar este verano a un campamento a Etiopía. Una experiencia, por lo que ya pasé hace 5 años, y que me hizo crecer en muchas dimensiones de la vida.

Hablábamos sobre proyectos que él podría emprender allí, aprovechando su riqueza intelectual y tecnológica al máximo. Y, poniendo, la tecnología al servicio de la sociedad. Esta es la fortuna de trabajar en una universidad con los valores y misión que tiene la Universidad de Deusto. Y más si lo haces en la facultad de ingeniería, donde ponemos la sociedad como fin último de mejora.

Y es que en cierto modo vivimos en una paradoja: una capacidad tecnológica sin precedentes, frente a un volumen de problemas sociales (al menos de los que la civilización haya sido consciente) realmente grande. Los emprendedores, además, como grandes agentes del cambio. Elon Musk, emprendedor como la copa de un pino, llena su discurso de la crisis energética que vivimos, e incluso crea empresas con objeto de convertirse en públicas para que los algoritmos de Inteligencia Artificial sean de escrutinio público y los robots no lleguen a dominar a los humanos (su proyecto OpenAI).

El gran Schumpeter, ya adelantó esta posibilidad que fueran los emprendedores los que trajeran el mayor vector de cambio frente a empresas y gobiernos. Y eso es lo que estamos viviendo hoy en día, una posibilidad que algunos han llegado a bautizar como la descentralización de la economía. Una descentralización de activos y actividades de nuestra actividad del día, que está especialmente alineada con la tecnología. Miren:

  • Comunicaciones descentralizadas: Internet en sí mismo. Sin esa descentralización, la wikipedia, o conceptos como “Open Data” u “Open Science”, nunca hubieran sido posibles.
  • Fabricación descentralizada: nuestro Fab Lab, por ejemplo, como centros de producción distribuidos que encima se amparan en paradigmas de cero residuos y economías circulares.
  • Producción energética descentralizada: salvo por la locura regulatoria de España, esto ya es posible a nivel tecnológico. Microgeneradores de energía eólica o solar, como concepto de relevancia de cómo servirnos a nosotros mismos, sin intermediarios.
  • Cadenas de alimentación descentralizadas: la hidroponia en entornos urbanos (sin grandes cadenas de distribución que traiga salmón de Chile a Bilbao) o granjas orgánicas que aprovechan espacios sobrantes, me parecen conceptos de cómo repensar esa lógica del bajo coste de producción, pero con gran intermediación (que genera contaminación, y emprobece al débil de la cadena… el agricultor).
  • Finanzas descentralizadas: conceptos como el crowdlending o crowdfunding, que descentralizan la captación de capital, y que permite a un emprendedor conseguir aliados en múltiples lugares. Por otro lado, la revolución fintech, que rompe el concepto de banco central que intermedia en todo.
crowdlending
Fuente: https://andresmacario.com/el-crowdlending-como-alternativa-de-inversion-y-crecimiento/
  • Trabajo descentralizado: plataformas que permite localizar talento en cualquier lugar, y a autónomos, romper su barrera geográfica. La ruptura del trabajo asalariado, la gig economy o colectivos como Enspiral pudieran ser la norma.
  • Organizaciones descentralizadas: la economía digital descenralizada, y con una infraestructura por pares como Blockchain, permite el intercambio de valor sin intermediarios. Hablamos de Blockchain, que algunos ya han bautizado como la tecnología más disruptiva desde que apareció Internet.
  • etc.

Vistas estas pruebas, algunos ya empezamos a soñar y vislumbra una nueva era. Una nueva mirada, en la que la “tecnología al servicio de la sociedad” es el paradigma reinante. Arquitecturas descentralizadas y tecnologías abiertas (en su sentido de servidas a la sociedad para su uso abierto), que permitiera una innovación abierta que nos llevara a una sociedad más humana y sostenible que la que tenemos ahora mismo. Se desintermedia la cadena, desaparecen muchos intermediarios, que son en muchas de ellas el problema.

Creo que lo que nos falta para hacer de este sueño una realidad, es un cambio de enfoque. Una nueva mirada. Solo será posible si construimos soluciones tecnológicas de otra manera. Es por ello que me gusta tanto el concepto de open by-design. Pensar “a posteriori” cómo arreglar las cosas trae muchos problemas. Es mejor el pensamiento “a priori”, en el que pensamos cómo diseñar las soluciones teniendo en la cabeza la explotación final.

Y para que esto sea así, tenemos que tener en la cabeza, cuando construimos soluciones:

  • La cadena de valor completa de la tecnología. Por eso el concepto de “economía circular” me gusta tanto. Construir soluciones sin saber dónde acabarán los materiales, o pensar en Uber o AirBnB como plataformas de referencia sin entender las conscuencias que tiene en nuestro estado del bienestar, me parece preocupante.
  • Incentivar, quizás con dinero, y sin mucha política industrial, las startups que se centren en problemas sociales. Esa lógica de rondas de financiación pensando meramente en el retorno económico, me parece muy preocupante. Y que así, nos lleva a una creación de startups que simplemente priorizan el ROI.
  • Construcción de ecosistemas. Donde interaccionan inversores, locales, emprendedores, las universidades, etc. de manera constante. Esos ecosistemas, no, no solo son Silicon Valleys. Hay vida más allá. Ecosistemas alrededor de la innovación social, la tecnología al servicio de la sociedad (Fintech o Insurtech, por ejemplo), son otros ejemplos, más sectorizados, y con más propensión a servir a la sociedad.

Como ven, retos tenemos muchos. Pero, capacidades tecnológicas, más aún. Es la hora de poner la tecnología al servicio de la sociedad y pensar en nuestro futuro.

El “cable de Bilbao” y la importancia de la conectividad y latencia de las redes de comunicaciones

Hace unas semanas, aquí por Bilbao, nos levántabamos con la noticia que un cable submarino de Microsoft y Facebook uniría Virginia Beach en EEUU (buscando diversificación respecto a New York o New Jersey) con nuestra noble villa. Un total de 6.600 kilómetros de cable. El objetivo no era otro que crear una “autopista” en el mar que transfiriese datos a 160 terabits por segundo para así poder hacer uso de los servicios online de ambas compañías de una manera más rápida y estable.

Fuente: http://www.ecestaticos.com/image/clipping/654/d823ba912c77dc52d7dab539470417b3/imagen-sin-titulo.jpg
Fuente: http://www.ecestaticos.com/image/clipping/654/d823ba912c77dc52d7dab539470417b3/imagen-sin-titulo.jpg

Dos empresas, Facebook y Microsoft, entre las top-4 del mundo y de la tecnología ahora mismo. Bastante sintomático. El cable submarino de mayor capacidad de los que cruzará el Atlántico y el primero que conectará EEUU con la parte más sudeste de Europa. De ahí, estas empresas, quieren conectarse con ramas hacia África, Oriente Medio y Asia.

La búsqueda de un mayor ancho de banda responde al interés de muchas empresas por mejorar su conectividad y latencia. Ya he comentado en anteriores ocasiones, que el mundo se está conectando a una velocidad muy importante (incluso con dominios .cloud) y que además, muchas empresas están estudiando cambiar su paradigma y forma de definir la estrategia tecnológica y digital a través de las tecnologías cloud.

Esto me lleva a pensar que en unos años, a los ciudadanos, a las empresas, a los gobiernos, etc., nos preocupará más la latencia y conectividad de las comunicaciones que la capacidad de computación. Esto último, ya parece cada vez más commodity. Migramos más a la nube nuestro día a día, desde los propios datos (espacios de almacenamiento en la nube), hasta el procesamiento de los mismos, por lo que cada vez trabajamos más en nuestro ordenador o dispositivo móvil, pero disponiendo los datos y su computación en la propia nube.

Es más, la nueva informática cognitiva (próxima a nuestro cerebro), algorítmica (toma de decisiones en base a reglas y evidencias conocidas) y social (conexión entre humanos), mejora cada día a día gracias a la conectividad y los datos. Desde los bots, pasando por los algoritmos de cajas negras, hasta el paradigma blockchain como exponente de las arquitecturas abiertas, esta necesidad parece una tendencia sin freno.

Volvamos a España y nuestras necesidades. Actualmente, esa nube sobre la que trabajamos está fundamentelmente alojada en centros de datos de Irlanda, Países Bajos y Alemania. Esto puede tener sentido a sabiendas que las latitudes del norte de Europa ofrecen una climatología para refrigeración de las granjas de servidores en lugares fríos. Esa distancia física, no es problema, a sabiendas que la “demanda cloud”, no es tan grande como puede serlo en pocos años.

Sin embargo, esto pudiera cambiar si la latencia y conectividad se vuelven más críticas, y si encima, en España, seguimos desarrollando una industria de energías renovables fuerte (solar y éólica, que aprovechen nuestras singularidades geográficas y nuestra meseta y biodiversidad), que haga sostenible disponer de importantes equipos de refrigeración. En ese momento, es cuando podemos pensar en disponer de una industria de centro de datos en España. Creo que el movimiento de Facebook y Microsoft nos debe permitir anticipar la necesidad que habrá de llevar cables importantes a los mercados estratégicamente relevantes. Entre los cuales, esperemos esté España. Y cuando la latencia (suma de retardos temporales dentro de una red) sea crítica, no podremos permitirnos tener esos centros de datos a tantos kilómetros.

Ya sé que es un mantra, pero es que los datos no van a ser una industria secundaria. La Inteligencia Artificial ha mejorado gracias a los datos. El paradigma del Big Data, está transformando muchas industrias, y dando muchas palancas de competitividad.

Esto, desde una perspectiva de lo público, también debiera ser objeto de reflexión. Estamos adelantando una era en la que la creación de spin-offs, startups, etc., dependerá en gran medida de la conectividad y la baja latencia. Estamos hablando de una era en la que los emprendedores serán el vector de cambio más importante. Y por lo tanto, privarles de estas capacidades de computación en la nube, será mermarles la competitividad en un plano internacional. Lo que en otra época fue la electricidad o el acceso a mercados de capitales, en un futuro próximo serán la expresión en bits y las redes que permitan intercambiarlos a una velocidad realmente alta.

Por ello, quiero creer que nuestros representantes son conscientes del handicap de comunicaciones que tenemos en España. Y sé que estoy entrando en un tema ciertamente polémico. Pero no quería dejar de subrayar, que estamos hablando de un tema que afecta a todos, y como tal, debe ser resuelto también por una participación de las instituciones.

Como ven, la competitividad del Siglo XXI puede que se mida en conectividad y latencia. En España reunimos muchas características para que podamos disponer de una industria de centro de datos importante. Solo hace falta darnos cuenta de lo que tenemos.

Las condiciones de un aula y sus efectos en el rendimiento del estudiante

Cuando hablamos de innovación en el aula, la conversación suele dirigirse siempre a métodos pedagógicos, utilización de nuevas herramientas y tecnologías digitales (cuando ésta no debiera ser la conversación) o incluso, la calidad del profesorado (que también sabemos es el factor más decisivo en el rendimiento del estudiante).

Eric Hanushek, un auténtico referente estos asuntos, en un artículo de 2011, enfatizaba mucho este último aspecto. Su principal conclusión partía de un hecho que muchas investigaciones y artículos han trabajado en el pasado:

“[…] Prácticamente ningún otro aspecto medible de las escuelas es tan importante como determinante del rendimiento académico de los estudiantes como los profesores

Me he topado, haciendo una investigación para otros asuntos, con un artículo que introduce un nuevo elemento en la conversación. El artículo se titula “A holistic, multi-level analysis identifying the impact of classroom design on pupils’ learning“, y básicamente viene a decir que el diseño de las aulas tiene una influencia clara en el rendimiento del estudiante. Es decir, cada vez hay más evidencia científica que la calidad del entorno educativo tiene un efecto positivo en el rendimiento de los estudiantes.

Y, fijénse en la siguiente figura que incorporan en el artículo, donde introducen una visión en tres dimensiones:

  • Nivel de estimulación: colores, equilibrio entre apertura y espacios cerrados, espacios para el juego, etc.
  • Individualización: densidad, flexibilidad, etc.
  • Naturalidad: calidad del airea (que sea fresco), temperatura ambiental, sonoridad (interior y exterior), olores, la textura (las vistas o paisajes), etc.
Diseño de la investigación HEAD (Fuente: http://h2020.fje.edu/es/docs/Article%20Salford%20ENG.pdf)
Diseño de la investigación HEAD (Fuente: http://h2020.fje.edu/es/docs/Article%20Salford%20ENG.pdf)

Como se puede apreciar, a los que nos dedicamos a la educación, son muchos los elementos que nos debieran hacer pensar cómo diseñar los espacios de aprendizaje del futuro. En Cataluña, por ejemplo, ya han empezado a eliminar filas de mesas, tarimas y pizarras de algunas aulas. Las escuelas de los Jesuitas en Cataluña, ya han apostado mucho por este tipo de innovaciones. Más allá de este caso (que desconozco cómo de generalizado es), lo que quería hoy hablar es de este asunto y qué opciones tenemos los centros educativos para poder sacar provecho de estas conclusiones.

Lo cierto es que muchas de las aulas que todavía hoy usamos son poco polivalentes. La investigación realizada por la Universidad de Salford en Manchester (los autores del artículo), concluyen que el rendimiento del estudiante puede mejorar hasta un 25% si las condiciones ambientales del aula son las más adecuadas. Considerando por “adecuado”, esas tres dimensiones que introducía antes.

Estas conclusiones las sacan tras haber obsrevado 34 aulas distintas de siete colegios del condado de Blackpool, donde, citando literalmente:

“[…] el color y la iluminación que predomina en la clase, la amplitud del espacio, un mobiliario cómodo y adaptado al aprendizaje, la existencia de zonas variadas donde desarrollar actividades pedagógicas y los espacios de conexión entre un aula y otra (pasillos, puntos de encuentro) conforman el entorno de desarrollo más positivo”.

A nivel de distribución de elementos necesarios para el desarrollo efectivo de una clase, y de la propia configuración del aula, parece que lo ideal sería hacerlo con distribuciones que permitan agrupar a los estudiantes de forma muy variada. Es decir, la polivalencia, que no haya anclajes de puprites al suelo, por ejemplo. Es en estas aulas, donde el estudiante puede tomar el protagonismo, y se va moviendo en el aula configurando el mobiliario a cada tipo de actividad (y no viceversa… que los que nos dedicamos a esto sabemos bien cuánto limita).

Representación gráfica de El Periódico de un aula en condiciones adecuadas (Fuente: http://estaticos.elperiodico.com/resources/jpg/9/9/aula-del-futuro-slide1-1465235672499.jpg)
Representación gráfica de El Periódico de un aula en condiciones adecuadas (Fuente: http://estaticos.elperiodico.com/resources/jpg/9/9/aula-del-futuro-slide1-1465235672499.jpg)

Este movimiento de poner al usuario en el centro (en este caso el estudiante), es algo que las bibliotecas o museos más avanzados ya vienen realizando desde hace años. Si queremos dar protagonismo al usuario y que él o ella vaya descubriendo (que es cuando se hace efectivo el aprendizaje o la experiencia de la visita), debemos ubicar el equipamiento cultural o educativo acorde a ello, dejando espacio para las configuraciones más adecuadas en función de condicionamientos educativos.

Más allá del aula, incluso la distribución de pasillos del edificio parece tener un efectivo significativo. En Cataluña -de nuevo- ya son varios los centros que vienen trabajando en el diseño y creación de espacios abiertos de encuentros entre estudiantes y profesorados. Lo han venido a bautizar cómo ágoras, en un claro reflejo de los antiguos puntos de encuentro romanos y griegos. Este toque romántico hace que a uno le den ganas de volver a estas aulas 🙂

Este tema del diseño de un aula es un tema que se viene estudiando desde hace años. En este meta-estudio de la Universidad de Princeton, podemos ver cómo la amplia revisión literaria de referencias sobre todo ello. Pero me voy a quedar con una frase que resume mucho del contenido que ahí podréis encontrar:

“[…] We know too much about how learning occurs to continue to ignore the ways in which learning spaces are planned, constructed, and maintained”

En definitiva, estamos hablando de centrarnos en cómo mejorar el rendimiento del estudiante. Pongámosle en el centro de la experiencia de aprendizaje. Y configuremos el entorno de la manera más adecuada.

El RNG: la tecnología de los juegos de azar

La revolución tecnológica se introduce, poco a poco, en todos los sectores de nuestra vida. Esto es algo que ya he señalado en muchas ocasiones. Es más, no ha venido solo para cambiar lo que nos rodea, sino a adaptarse a nuestra realidad y hacerla más interesante.

De esta forma, podemos ver cómo la tecnología ha llegado a la educación con nuevos materiales adaptados a esta era digital, donde podemos encontrar numerosas apps al servicio de los estudiantes; comprobamos, cada día, cómo la domótica permite el control y la automatización inteligente de la vivienda agrupando todo el control de la casa en un solo dispositivo; o somos testigos de cómo el empleo se ve afectado por el desarrollo de la tecnología, consiguiendo que antiguos puestos de trabajo desaparezcan al mismo tiempo que se crean otros nuevos.

Robots vs. humanos (Fuente: http://cuatrecasasblog.com/laboral/wp-content/uploads/2016/01/Robotica_def-750x360.jpg)
Fuente: http://cuatrecasasblog.com/laboral/wp-content/uploads/2016/01/Robotica_def-750×360.jpg

Uno de los lugares donde la tecnología ha venido para quedarse es en el sector del juego. Ha sido tan perfecta su adaptación al medio, que ahora no podríamos, ni por asomo, imaginar al juego sin todos los cambios provocados por la tecnología. Si echamos la vista atrás, ni siquiera nos acordamos de cómo jugábamos hace unos años sentados todos alrededor de una mesa: primero aparecieron los juegos multijugador que nos permiten estar conectados con gente de todo el mundo y, más tarde, llegaron los juegos streaming con los que, incluso, podemos jugar de forma remota y desde nuestros dispositivos Android a juegos ejecutados desde el PC.

La tecnología ha dado un paso más allá y ha podido crear lo que hasta el momento solo era un concepto abstracto: el azar. Hablamos del RNG, lo que serían las siglas de Random Number Generator (generador de números aleatorios). El RNG significa poder tener en el ordenador las mismas posibilidades que el azar crea en la vida real. Así, una baraja de cartas se mezclará de forma igual de azarosa tanto si lo hace un ser humano o el juego del ordenador.

Las salas de juegos online han tenido que producir esta forma artificial y eficaz de azar para dar confianza a sus usuarios, que buscan la misma sensación de juego delante del ordenador que dentro de en un casino en vivo. Sigamos con el ejemplo de la forma en que se reparten las cartas de manera aleatoria en el poker u otro juego de naipes. Tal y como se explica en el vídeo de Pokerstars que puedes ver abajo (en inglés), vemos cómo el azar del barajado está formado por dos fuentes totalmente independientes.

La primera de estas fuentes está compuesta por rayos de luz que se lanzan a un espejo. Si la luz rebota se produce un 1 y si lo atraviesa se produce un 0. La luz se comporta de forma completamente aleatoria y esta aleatoriedad se produce sin la intervención de un ordenador, lo que asegura al jugador que el barajado no ha sido manipulado. La otra fuente que produce el RNG está formada por un resumen de los movimientos y el ritmo de juego recolectadas del software del jugador, produciendo unas conclusiones impredecibles. Ambas fuentes se combinan con un método criptográfico que produce que la sucesión de unos y ceros se agrupen de forma totalmente aleatoria formando cadenas de números. Después, se elige una de ellas y se le da un número aleatorio del 1 al 52, que se corresponde con la carta elegida para ser repartida.

Con esta fórmula, se soluciona el problema de crear verdadero azar en los juegos computarizados y permite asegurar al usuario que su juego se está desarrollando con total fiabilidad.

El RNG ha sido el último gran paso que la tecnología ha aportado a los juegos. Con la creación del azar, las sensaciones de jugar a través de una máquina se acercan cada vez más a las que se produce en los juegos en vivo, con la ventaja de poder jugar en el anonimato contra millones de usuarios en el mundo y, todo ello, sin la necesidad de tener que salir del salón de tu casa.

Confundiendo estrategia (digital) con tecnologías y herramientas

Cuando hablamos de transformación digital, una de las cuestiones que siempre enfatizo es la falta de aprovechamiento de la digitalización. Es decir, emplear los datos y la información digital, así como las redes que permiten comunicar y distribuirlos, en favor de la innovación de las organizaciones y las empresas. Esto ahora mismo es un pozo muy rico de oportunidades que no son aprovechadas.

Entre los muchos motivos que a uno le puede venir a la cabeza voy a quedarme con uno: confundimos con mucha facilidad estrategia (digital en este caso) con lo que son las tecnologías y herramientas. Y esto, lo dice un ingeniero, que como tal, y a sabiendas que nuestra formación se basa en ciencia, tecnología y herramientas (especialmente la mía, la informática), siempre tendremos ese sesgo. Pero esta falta de enfoque y claridad, termina que uno tenga que escuchar que “Implantando un CRM va a resolver los problemas de coordinación de sus equipos comerciales” o que “Implantando una red social interna va a ayudar a que sus equipos se comuniquen de manera más eficiente“.

No, perdón. Es que los problemas de personas, gestión del cambio y organización es otra cosa. Y ese otro elemento se llama estrategia, que es la gran olvidada en toda esta era digital. Y de eso os quería hablar hoy. De estrategia a secas, que luego llevaré al mundo digital. El término estrategia tiene un origen griego: EstrategeiaEstrategos o el arte del general en la guerra, que procede de la fusión de dos palabras: stratos (ejército) y agein (conducir, guiar). Hoy en día, usamos y definimos estrategia como el arte para dirigir las operaciones y el futuro de una organización. Supone una guía para lograr un máximo de efectividad en la administración de todos los recursos en el cumplimento de la misión.

La estrategia (el “cómo” de la empresa), que a mí tanto me gusta definir a través del ajedrez (una de mis pasiones, recordaréis).

El ajedrez, como símil del concepto estrategia (Fuente: http://3.bp.blogspot.com/-AmKHCNdHszI/VSe7jQ4t0KI/AAAAAAAAYFE/e46f0DrY3Go/s1600/ajedrez.jpg)
El ajedrez, como símil del concepto estrategia (Fuente: http://3.bp.blogspot.com/-AmKHCNdHszI/VSe7jQ4t0KI/AAAAAAAAYFE/e46f0DrY3Go/s1600/ajedrez.jpg)

En el ajedrez, es necesario que dispongamos, como jugadores, de un modelo de decisiones coherente e integral. Es decir, tenemos que jugar con nuestras piezas, y a través de un proceso, interactuar con otros para alcanzar, a largo plazo (no en “batallas uno a uno”), una ventaja competitiva sostenible. Un modelo de decisiones que si lo vamos cambiando, no suele traer unos buenos resultados. Por eso en el mundo de la empresa, seas o uno una persona con responsabilidad, es bueno acompañar tu día a día de una estrategia.

Si en vuestra empresa, en vuestra organización, o para vosotros mismos, os preguntáis cuál es el modelo de decisiones en el plano digital, quizás es que no exista. Y esto, por raro que parezca, suele ocurrir. No existe un modelo coherente e integral de selección de herramientas. Y cuando esto ocurre, puede deberse a dos cosas: o bien no se entiende que las herramientas y tecnologías solo es el después (una vez tengo la estrategia y los procesos definidos) o bien que la estrategia y los procesos tampoco están definidos. Quiero creer que esto último no se da, y que es lo primero el motivo principal.

Esto es precisamente lo que creo que falta mucho cuando hablamos de sacar provecho a la constante digitalización de la sociedad. Es decir, incorporar al proceso de estrategia de toda empresa esas nuevas posibilidades que abre la última revolución registrada, la digital. Es por ello, que quizás es que estemos enfocando mal el problema. Quizás es que los puestos como CDO (Chief Digital Officer), son personas que deban estar en los Consejos de Administración. O que incluso el día de mañana tengan que ser los que sean primero ascendidos a CEO (obviamente, salvando las otras grandes cualidades que se deben reunir para ocupar ese sitio). Miren, salvo enormemente las distancias, el caso de Francisco González en el BBVA.

Sin esa estrategia digital, se tenderán a reproducir espacios físicos en entornos digitales, con lógicas cómo:

  • La web de mi empresa tiene como secciones mis líneas de producto (olvidando que vivimos en la “era de la búsqueda“)
  • En el CRM, cada departamento tiene sus clientes, y no los comparte con otros departamentos
  • En el ERP, no se mete la información a diario porque es un “rollo”
  • Mi estrategia de marketing digital no pone al cliente en el centro, sino que se centra en lanzar campañas (con los problemas que ya he señalado en múltiples ocasiones…)

Y cuando estas cosas ocurren, es normal que haya revoluciones como las fintech, insurtech, operadores de movilidad sin taxis en propiedad, etc. Esto sí que es entender que el nuevo paradigma digital genera nuevas lógicas. Nuevas oportunidades. La transformación digital es otra cosa. Implica pensar de otra manera, implica poner estas nuevas posibilidades digitales desde la estrategia de la empresa. La era digital trae nuevos modelos de negocio, nuevas experiencias de cliente y procesos operativos enriquecidos.

Por todo ello, se trata de entender estas nuevas tecnologías digitales no como un gasto corriente, sino como una inversión que permiten aumentar la propuesta de valor de la compañía, entrando en un plano de innovación que mejore así los procesos y ponga al cliente en el centro. Es decir, que se trata de ganar en productividad con estas herramientas y tecnologías, poniendo la estrategia por delante de todo ello.

El comercio y marketing conversacional: interaccionando con bots

 Ya he escrito en un artículo anterior qué son los bots y qué posibilidades están trayendo a este mundo digital en crecimiento exponencial. Tengo mucho interés en todo este mundo, por la gran cantidad de utilidades que creo que traen a muchas cosas que todavía hoy en día se “hacen a mano“. Y, donde entiendo, el valor añadido de un humano, puede empezar a ser sustituido. Y, así, que los humanos nos centremos en actividades de otra índole. Llevaba esta reflexión incluso a mi sector, el del profesorado de educación de nivel superior.

En el mundo del periodismo ya empieza a aparecer también. El País ya tiene su propio robot para atender los deseos del lector. Siguiendo este razonamiento, otro campo donde creo veremos muchas innovaciones en los próximos meses (unidad de media de tiempo últimamente) o años será en el mundo del marketing. Ya hemos empezado a ver cómo algunas empresas instalan sus bots para atender a sus clientes o usuarios. Todo esto, lo podemos englobar dentro de lo que denominó Chris Messina como el “comercio conversacional” y que definió así en este artículo suyo:

La utilización de chat, mensajería u otras interfaces de lenguaje natural (como la voz) para interactuar con la gente, marcas o servicios y los robots que hasta ahora no han tenido un espacio real en el contexto de la mensajería asíncrona bidireccional.

Esta tendencia a conversar más entre las marcas y los usuarios y consumidores, ha venido para quedarse. No tienen más que fijarse en la PYME española o en la de cualquier parte del mundo. Cada vez vemos más números de teléfono, más iconitos de whatsapp (Europa y EEUU sobre todo), Line (Japón, Taiwan, Tailandia y otros) o WeChat (China, Vietnam, etc.) u otras aplicaciones. Esto lo hacen porque los consumidores demandan conversar, consultar, estar convencidos de lo que van a comprar, etc. Y por ello, no debe extrañarnos que las primeras aplicaciones interesadas en los bots que atienden estas conversacioes son estas propias aplicaciones.

Acordémonos de esta gráfica:

Las aplicaciones de mensajería han sobrepasado a las redes sociales (Fuente: https://www.2geeks1city.com/wp-content/uploads/2016/03/Apps-mensajeria-548x412.jpg)
Las aplicaciones de mensajería han sobrepasado a las redes sociales (Fuente: https://www.2geeks1city.com/wp-content/uploads/2016/03/Apps-mensajeria-548×412.jpg)

Este hecho, cambia mucho la experiencia de usuario. Ya hablé de la “anécdota” (aunque creo que va más allá) de las colas en la era digital. Hoy en día tenemos aplicaciones que nos permiten comprar, consulta productos, etc. Pero, todavía, cuando queremos conversar para preguntar algo adicional a lo que esas aplicaciones nos permiten, tenemos que descolgar el teléfono. Por eso mismo, me parece realmente inteligente el movimiento que han hecho aplicaciones de mensajería como facebook Messenger o WeChat: dado que ya tienen resuelto el elemento conversacional (con su fichaje de bots ahora), incorporan esas funcionalidades de gestión de las transacciones. Y damos vuelta a la lógica: de la conversación al comercio. Como decíamos al comienzo, el marketing conversacional y el comercio conversacional están aquí para quedarse.

Todo esto me hace reflexionar mucho sobre cómo interactuaremos en el futuro a través de la ayuda de la tecnología. Si podemos conversar con unos algoritmos que simulan las reacciones que tendría una persona, e incluso en ocasiones las mejora (por eso de los sesgos y personalidades), me inclino por pensar que hablaremos mucho. Es decir, que la interacción con las máquinas se producirá a través de órdenes de voz. ¿Tendremos que cambiar así paradigmas sobre interacción con los dispositivos? Nos pasaremos todos manteniendo interacciones conversacionales. ¿Qué será del marketng, por ejemplo? Interesante pregunta.

Por ello, creo que debemos llevar la reflexión también al modelo de interacción persona-ordenador/máquina que veremos en los próximos años. Llevamos décadas estudiando las mejores maneras de hacer pantallas, sistemas de información, etc. que ayuden al usuario a entender lo que puede hacer. Pero este cambio a la “conversación”, creo que puede romper este paradigma.

No sé si conocen apliacciones como Operator o Magic. Aquí podrán encontrar muchos detalles sobre las mismas. Cambio de paradigma radical.  Se llaman aplicaciones invisibles o de conversación, dado que ponen el intercambio de mensajes en el centro de su gestión, y diseñan toda la aplicación sobre una misma pantalla. No hay más opciones. Solo conversar con un bot para todo lo que se quiera hacer con ella.

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Si nos detenemos un poco a pensar en todo ello, a mí realmente me fascina. Recuerdo los días en los que 4.000 millones de seres humanos intercámbiamos mensajes a través de mensajes SMS. Fue el precursor de todo esto que tenemos ahora (WeChat, Facebook Messenger, Whatsapp, Google Hangouts, etc.), pero muy sintomático de cómo a los humanos nos gusta este estilo de conversación. Pero, hasta la fecha, su uso se ha circunscrito a un mundo de conversación personal. Sin embargo, y tal y como pasaba con Linkedin, es tal su capacidad de generación de flujos de caja futuros, que su valoración anda por las nubes. La compra de Whatsapp por 19.000 millones de dólares, a muchos sorprendió en su día. Creo que ya no sorprende a nadie.

Que el futuro de las aplicaciones de mensajería pinta bien, parece claro. Que el estilo de interacción será un híbrido entre humanos y algoritmos de Inteligencia Artificial también. Pero, como siempre, veremos la velocidad de la evolución, y hacia dónde nos lleva. Por el camino, nacerán startups que aprovecharán todo esto y sacarán mucho provecho de todo ello. El marketing conversacional y el comercio conversacional ya están aquí.

¿Qué son los bots y qué posibilidades nos traen?

Supongo que algunos de ustedes recordarán la serie de “El Coche Fantástico” (The Knight Rider en otras latitudes y longitudes). En esta serie, un jovencísimo David Hasselhoff, se comunicaba y daba órdenes a través del uso de un smartwatch (fíjense qué cosas) a un coche (Kitt), que actuaba en consecuencia.

Michael Knight llamando a Kitt a través de un smartwatch (Fuente: http://www.tuexperto.com/wp-content/uploads/2014/12/tecnologias_ciencia-ficcion_2014_07.jpg)
Michael Knight llamando a Kitt a través de un smartwatch (Fuente: http://www.tuexperto.com/wp-content/uploads/2014/12/tecnologias_ciencia-ficcion_2014_07.jpg)

Me pasé toda mi infancia soñando con poder interactuar con las máquinas de esta manera. Esto quizás fue así porque los que nacimos en los 80, nos críamos en una época en la que la interacción con los dispositivos no era lo que es hoy en día. Desde entonces, siempre me ha interesado mucho la evolución de la interacción con los ordenadores y dispositivos en general.

Esto vuelve a estar de moda hoy en día gracias a los bots. Viene a ser la versión software de un robot. Ya sabéis, esos programas que simulan tener conversaciones con nosotros, que interpretan nuestros deseos, y ejecutan acciones en consecuencia. En definitiva, poder comprar algo en una tienda online, reservar un billete de avión o pedir que venga un coche autónomo como Kitt a recogerte a un sitio concreto simplemente dando una orden.

Fíjense en la enorme diferencia a cómo diseñamos hoy en día las aplicaciones para que fácilmente se pueda hacer esto mismo introduciendo datos con nuestros pulgadores o dedos. El salto me parece importantísimo. Y están de moda, porque dado que las aplicaciones de mensajería se están imponiendo a las redes sociales, aplicaciones como Facebook Messenger, Kik, WeChat, Telegram, etc., están como locas intentando facilitar aún más el envío de mensajes y la interpretación de las órdenes (cuando lo son). Microsoft también lo está, y entiendo es cosa de días/meses que se generalice su uso dentro de Skype.

Los jóvenes quieren interactuar con texto, por lo que esto abre un campo de desarrollo de estas aplicaciones importantísimo, de tal manera que muchos negocios se podrían apalancar sobre estas aplicaciones para construir sus propuestas de valor. Este último punto me parece especialmente significativo, dado que cada vez usamos menos aplicaciones, y nos cuesta más descargar aplicaciones. Por lo que construir nuestra propuesta de valor sobre plataformas de terceros (entiendo que el valor bursátil de Facebook tiene mucha explicación aquí) parece una buena idea. Perdemos la capacidad de gestión y de los datos, pero ganamos en desarrollo de negocio. Costes y beneficios, como siempre.

Piensen en muchas de las funcionalidades que ejecutamos dentro de las aplicaciones que empleamos en nuestro día a día que son susceptibles de ser entendidas por un bot y obrar en consecuencia:

  • Hacer un pedido.
  • Solicitar una información.
  • Llamar o escribir a un amigo.
  • Actualizar una información en tiempo real
  • etc,

Es decir, tareas donde queremos que el bot trabaje de manera autónoma. Sin mayor esfuerzo por nuestra parte. Quizás muchos piensen que esto no es nada nuevo. Es probable. El asunto es que disponemos hoy en día de unas capacidades de cómputo que han hecho evolucionar al software, dando lugar a grandes avances en el mundo del machine learning, tecnologías de procesamiento de lenguaje natural y del deep learning (representaciones de los datos de tal manera que facilite el facilitar el aprendizaje automático, y por lo tanto, mejore la autonomía de los algoritmos y el aprendizaje de la voz, las órdenes, la interacción, etc.). Esto, ha provocado que los bots, nos parezcan más inteligentes que nunca. Especialmente, para tres situaciones, que creo es donde más desarrollo veremos:

  • Los bots trabajando de manera autónoma para ayudarnos de manera activa (estamos trabajando en un Google Doc de manera colaborativa, y tras detectar que no llegamos a un punto de entendimiento, nos sugiere a través de Google Calendar que nos reúnamos vía Google Hangouts para resolverlo).
  • Disponer de un asistente personal para darle órdenes (pedidos, informaciones, etc., lo que veíamos antes)
  • Interacciones más sofisticadas como conversaciones naturales en las que finalmente llega a entender y mejorar nuestra situación (por ejemplo, cuando estamos comprando, y nos sugiere productos o servicios alineados con nuestros intereses)

De esta manera, llegamos a un escenario en el que los bots de manera pasiva y activa trabajan para nosotros, ¿seguiremos buscando nosotros? Esto seguro que Google está pensándolo con tranquilidad. ¿Pudiera llegar Google a perder el monopolio de su valor añadido -la búsqueda y localización rápida de “TODA” la información?

Con todas estas posibilidades, como decíamos antes, hay varias aplicaciones de mensajería que han reaccionado rápido, y entiendo que bien. Kik, una aplicación de chat muy popular entre los jóvenes (no todavía en España, pero sí en EEUU), abrió hace no mucho una tienda de bots. A mí esto me recuerda a la época de los tamagotchis, el poder comprarte un bot con el que poder hablar, trabajar, interactuar, etc. Fascinante. Ahí están por ejemplo los bots de H&M y Sephora para comprar ropa, o la de The Weather Channel para consultar el tiempo. Lo interesante de todo esto es que llegaremos a un punto pronto en el cual será fácil crear nuestro propio bot. Kik, por ejemplo, ya lo permite usando sus herramientas de desarrollo.

Fuente: https://tctechcrunch2011.files.wordpress.com/2016/04/sephora.png?w=680&h=382
Aplicación de Sephora (Fuente: https://tctechcrunch2011.files.wordpress.com/2016/04/sephora.png?w=680&h=382)

No podemos terminar este artículo introductorio al mundo de los bots sin hablar de los modelos de negocio (pensemos en cómo Kik, por ejemplo, pudiera llegar a monetizar sus bots no solo a través de la venta de ellos, sino también con comisiones sobre ventas realizadas con el uso de su software o con modelos de suscripción o publicidad) y el campo de la responsabilidad legal y ética. Este último campo, como sabéis, a mí siempre me interesa y preocupa. El accountability de los algoritmos es algo de lo que ya he hablado. El funcionamiento autónomo de un software creado con unas intenciones, siempre he creído que debe tener cierto “control”. Ahí es donde la ética debe entrar.

Los bots, como ven, ya están aquí. En nuestras manos está  hacer un uso ético de esta potente tecnología.