El Swansea ficha a un “experto Moneyball” para asesorarle en fichajes o el “Big Data” en el fútbol

By | 2 febrero, 2017

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Sé que es un tópico cuando la gente habla de Big Data: no recuerdo ya en cuántas presentaciones habré visto ya citada la película Moneyball. Un matemático llega a un equipo de beísbol con malos resultados y menor probabilidad de remontada, y acaba ganando. Todo, derivado de un modelo que permite detectar talento analizando multitud de parámetros que hasta la fecha no habían sido puestos en valor. Muchos hablaron así luego del “modelo Moneyball” y las opciones que podría abrir para que en muchos deportes y clubes se detectaran talentos de la misma manera.

Me acordaba de esta historia al leer que el Swansea, equipo de la Premier, ha fichado a un “experto Moneyball” para que les asesore en fichajes. El experto en cuestión es Dan Altman, el fundador de la consultora North Yard Analytics, y experto en cuanto al análisis cuantitativo del rendimiento de equipos y futbolistas. Ha trabajado y trabaja para varios equipos de la Premier y la Champions.

¿Por qué os estoy hablando de esta noticia? Básicamente porque creo que este tipo de “fichajes cuantitativos” será la norma en poco tiempo. Este tipo de análisis de datos, que más que sustituir complementan la toma de decisiones humanas, permiten mejorar y afinar mejor cuando tenemos que procesar muchos datos para obtener alguna conclusión. En España, quizás el caso más conocido es el de Monchi en el Sevilla. Esta imagen que os adjunto a continuación es un post suyo en Instagram de hace unos días:

A diferencia de otros deportes, en el fútbol, el rendimiento de un jugador no solo depende de él o ella mismo, sino que también del resto de jugadores sobre el cesped. Esto hace que los modelos de análisis de datos sean más sofisticados que en otros deportes. Y en una era en la que la disponibilidad de datos en el fútbol ya no es el problema, el reto está en entender las posibilidades que el Big Data añade. Por lo tanto, que aparecen más “expertos Moneyball” es solo cuestión de tiempo.

A colación de todo esto, me voy a permitir recomendarles un libro para aquel que, si ha llegado a esta altura del artículo, entiendo, le guste todo esto. Me estoy leyendo ahora el libro “Scorecasting: The Hidden Influences Behind How Sports are Played and Games are Won“, escrito por Tobias Moskowitz, profesor de la Universidad de Chicago, y por Jon Wertheim, escritor en Sport Illustrated. Entre las muchas cosas realmente interesantes que desgranan, se encuentran la cantidad de sesgos cognitivos que tienen los interesados en deportes (entrenadores, gestores, directivos, comentaristas, los propios deportistas, etc.).

No es la primera vez que un libro o artículo académico habla de esto. Insisto, a los que esto les guste, no puedo más que recomendarles lecturas para que puedan entender el valor que tiene este análisis de datos para sobreponerse a todos estos límites que la mente humana de los fans tiene. Lecturas como “The hot hand in basketball“, de los psicólogos Tom Gilovich, Amos Tversky y Robert Vallone (donde se ve cómo la probabilidad de acertar un tiro de un jugador de basket es independiente de los tiros anteriores… de ahí lo de “hot hand”); “Predicting outcomes: Sports and stocks” de Gordon Wood (que encontró resultados parecidos para la probabilidad de un equipo de ganar o perder en función de resultados anteriores); “Do Firms Maximize? Evidence from Professional Football” del economista (con un modelo matemático para calcular probabilidades de anotar en función de la posición y otras circunstancias).

Todo esto, hasta la fecha, ha estado muy encerrado en nuestro querido mundo académico. Pero como ya me habréis leído en multitud de ocasiones, necesitamos entendernos más y conversar. Transferir conocimiento, que tanto se dice, pero no tanto se produce. Pero esto no será fácil; como decía antes, el mundo del deporte está rodeado de muchos sesgos cognitivos. Concretamente tres, que son los más difíciles de superar, dado que son tres que ayudan a confirmar nuestras intuiciones y anular las contradicciones. La fatiga mental que nos supone abstraer y reflexionar (lo que nos separa de los primates), y pensar, hace que tengamos que atajar sacando conclusiones. Estas tres son: sesgo de confirmación, razonamiento motivado y la falacia narrativa.

El sesgo de confirmación se da cuando leemos y vemos solo aquello que confirma nuestras intuiciones. Nos confirma lo que pensamos, y eso nos gusta. El fanatismo alrededor del deporte hace que solo nos nutramos de información que confirma lo que venimos pensando. ¿Y si estamos equivocados? En segundo lugar, el razonamiento motivado, se da cuando creemos en lo que queremos creer y no en lo que es más evidente. Es decir, atacamos al rival, pese a ser el mejor. Esto lo podemos ver continuamente cuando los compañeros de Messi y Cristiano Ronaldo hablan maravillas de su compañero, y atacan al rival (por mucho que los dos sean soberbios). Y, en tercer y último lugar, la falacia narrativa que bautizó Nassim Taleb. Básicamente se da porque a los humanos nos encanta relacionar cosas, construir historias en nuestro cerebro, por lo que a veces relacionamos cosas que no tienen nada que ver. Daniel Kahneman, el único psicólogo en haber obtenido un Premio Nobel de Economía, lo denomina la falacia de la conjunción. Si nuestro equipo gana dos sábados por la noche seguidos, los aficionados y comentaristas enseguida concluyen que jugar los sábados por la noche ayuda a su equipo a ganar. O la hamburguesa que ayudó a Fernando Torres a recuperar sus goles.

La hamburguesa que, según la COPE, ayudó a Torres a recuperar sus goles (Fuente: Twitter)

La hamburguesa que, según la COPE, ayudó a Torres a recuperar sus goles (Fuente: Twitter)

Por estos problemas que nuestra mente humana tiene, necesitamos más noticias como éstas en el mundo del deporte. Los comentaristas, entrenadores y gestores, sino, seguirán construyendo sus propias historias con poca alimentación informativa exógena. Por un mundo del deporte más cuantitativo. El “Big Data” (entiéndase), debe llegar, para no salir nunca más. Y no, no sustituye a humanos, sino que complementa a los humanos, nos mejora y permite aprender y ayudar más al desarrollo de las sociedades. Queremos más “expertos Moneyball” en nuestras vidas, y en el deporte en particular.

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