La economía colaborativa y la captura y oferta de valor: modelos de relación laboral y derechos del consumidor

By | 11 noviembre, 2015

7 minutes

(continuación y fin de la serie iniciada aquí y seguida aquí)

Hace poco Jeremy Rifkin decía que la salvación al modelo de economía capitalista de los últimos siglos está en la economía colaborativa. La economía basada en recursos compartidos nos ofrece, supuestamos, un nivel de eficiencia nuevo, hacer más con menos, generando abundancias absolutas en lo intangible (conocimiento, diseño, contenidos, etc.). Con esto de las plataformas de intermediación y en red algunos empiezan a hablar de un capitalismo de plataforma. Es decir, una transformación en la manera de producir, compartir y proporcionar bienes y servicios. En el modelo tradicional, las empresas compiten por atraer el aconsumidor. En el nuevo modelo de economía colaborativa, aparentemente más horizontal y participativo, los consumidores se relacionan entre sí. Esto es lo que hemos venido a conocer como las relaciones P2P.

Esto, obviamente, cambia la forma de producción y distribución de valor, cambiando la manera en la que hacemos transacciones de intercambio. Ahora aparece un componente social, en el que las personas compartimos (supuestamente), apareciendo (supuestamente) otros valores (como es el de la reciprocidad social). Pero esto, cuando entra la economía de mercado, se rompe.

Este inercambio social que representa la economía colaborativa supone la introducción de un nuevo agente en la cadena de relación social habitual; una empresa que hace de intermediaria. Así, el intercambio social, se convierte en un intercambio económico, haciendo que prime el valor utiliario en lugar de el aspecto social. Ya hay investigaciones que demuestran esto. Cuando la gente “alquila” un espacio de su coche en Über o su casa en AirBnB no considera que tenga que haber una obligación recíproca de hacerlo (que sí aparece cuando el intercambio es “social”). Es decir, AirBnB no es CouchSurfing. El propio Uber lo dice “Better, faster and cheaper than a taxi“. Esas son sus ventajas competitivas relacionados con aspectos de mercado. Y ahí es donde AirBnB creo que se equivoca, cuando dice lo de “people, places, love and community” (a esto es lo que me refieron con utiliza esto de lo “economía colaborativa” como instrumento de marketing).

De hecho plataformas como AirBnB o Über, actúan como miles de tanteadores Walrasianos actualmente localmente en tiempo y en espacio, lo cual lleva a discriminar de manera perfecta los precios, y llegar a puntos de equilibrio de mercado perfecto. Una competencia en el mercado eficiente, en definitiva. Por lo tanto, se introduce la variable precio como elemento crítico en la decisión de la compra de un usuario (lo que decíamos de valores utilitaristas).

Además, como la economía de escala y la generación de valor se alcanza a mayor número de usuarios, la ventaja competitiva es el número de usuarios. De ahí que el marketing digital y la fidelización esté a la orden del día en todos los presupuestos de estas plataformas. Las organizaciones que nacieron en la era de los smart phones crecieron en usuarios en el periodo 2008-2012 dos veces más rápido que aquellas que lo hicieron en la era de las redes sociales (2003-2008). Además, las organizaciones con una estructura de plataforma (integran o producen activos distribuidos) crecen con el doble de aceleración que las que tienen estructura de servicios (activos centralizados). Por lo tanto, hablar en este artículo de los cambios que han sufrido los consumidores y los trabajadores (es decir, los usuarios de estas plataformas) se torna fundamental para terminar esta serie de artículos.

Derechos del consumidor

Estas organizaciones representan ciertos desafíos desde el punto de vista de los derechos del consumidor. En lugar de respetar un código riguroso que circunscriba los derechos de los consumidores y las obligaciones del proveedor del servicio, se confía en la “reputación del proveedor”; como todos opinaremos mal de aquel que se porte mal, se piensa que el proveedor de un trayecto de taxi se portará bien. Es lo que podríamos denominar una economía dominada por la reputación social, en lugar de una institución que se encargue de vigilar su buen comportamiento. Un “libre mercado” propio del mismísimo Hayek.

Sin embargo, esto ahora mismo está lejos de conseguirse. Ya hay varios casos que exponen los problemas que este modelo representa. Conductores de Über que descriminan con frecuencia a los discapacitados, negándose a colocar su silla en el maletero del coche. Dado que Uber se describe como la plataforma tecnológica, no como una empresa de transporte (algo parecido a la demanda interpuesta contra BlaBlaCar), estas cosas pueden pasar. Los vacíos legales, ahora mismo, son explotados para estas plataformas, en su dimensión más utiltarista.

Como decíamos en el artículo anterior, la contabilidad de estas empresas es muy ligera; Über no tiene conductores en nómina y AirBnB no tiene un conjunto de propiedades. Son plataformas que aprovechan el efecto en red que produce gestionar un servicio cuyo valor aumenta con el número de personas que lo utiliza. Y esto se está convirtiendo en monopolios que hace difícil proteger los derechos del consumidor.

Una buena manera de proteger más a los consumidores sería que pudieran abrirse a otras de la competencia. Pero, claro, las barreras de entrada en esta “economía de plataformas” es importante; parece que no (por el discurso típico de “la agilidad y dinamismo de Internet”), pero hay tres elementos que críticos aquí: datos, algoritmos y servidores. Estas plataformas juegan con formatos cerrados, propios suyo, haciendo que sea difícil para un consumidor irse de un proveedor de plataforma a otro. Una buena forma de evitar estos monopolios sería evitar que se apropien de ello. Estaría bien que pudiéramos trasladar nuestra reputación, historial de uso y mapa de conexiones sociales a otras plataformas.

Está, además, hace que las empresas industriales necesiten reinventarse. Cada coche compartido sustituye a diez coches en propiedad. Esto es un descenso de la demanda enorme. Sumémosle a esto además la fabricación 3D (cuyo precio se ha reducido en un orden de 1 a 400 en los últimos siete años); piezas a medida al instante. Metámosle además el Internet de las Cosas, con capacidades de diagnosticar su situación, autoprogramarse y mejorar sus prestacionales funcionales y estéticas. Los robots industriales cuestan 1/23 lo que solían hacerlo, los drones 1/143 y la secuenciación del genoma 1/10.000. Nos espera una fascinante nueva era.

Derechos de los trabajadores

Que esta última revolución tecnológica (la digital) esté supuestamente trayendo desempleo (algo de lo que ya hablé aquí) es algo que frecuentemente se cita. Como suele serñalar McAfee, del MIT, tradicionalmente las revoluciones tecnológicas han traído más trabajo; hasta esta, en el que como estamos construyendo sustitutos a nuestro principal valor diferencial (el cebrero, frente a la mera automatización habitual), esta lógica pudiera estar cambiando.

En el caso de las plataformas e esta economía colaborativa, donde actúan unas plataformas intermedias como agentes de mercado, se puede decir que crean más trabajo del que destruyen. Lo que pasa que crean un trabajo diferente al habitual. En este mercado se encuentran tres agentes: la compañía/plataforma de intermediación, los consumidores y los trabajadores a tiempo-completo (que es como vamos a denominar a los “trabajadores” de estas plataformas). Son estos últimos los más perjudicados, parece. Algunos ya hablan de un nuevo feudalismo digital; beneficios de unos pocos. Y por lo tanto, mayor desigualdad y más facilidad para la captura del regulador.

Hace unos años era la integración vertical la que traía ventajas competitivas. La mayor capacidad de llegada a todas las esquinas de la cadena de valor, te hacía ser más fuerte, y por lo tanto, más oportunidades frente al resto. Sin embargo, hoy en día, parece ser la agilidad la que se está imponiendo. Y esto, obviamente, tiene un fuerte impacto en las relaciones laborales. Se torna difícil que tengamos el mismo modelo de trabajo que hemos tenido hasta la fecha, donde entrábamos a trabajar a un sitio, y nos podíamos quedar ahí 40 años. No es así raro ver cómo las grandes fomentan unidades de emprendimiento e innovación de las que nutrirse de agilidad.

Esto es lo que Michael S. Malone y Yuri van Geest han bautizado como organizaciones exponenciales (en su libro “Exponential Organizations: Why New Organizations Are Ten Times Better, Faster, Cheaper Than Yours (and What to Do About It)“). Mientras que las organizaciones lineales se gestionan bajo un principio de escasez de recursos (de ahí modelos de gestión de optimización, minimización del consumo, modelos de economía circular, etc.), las organizaciones exponenciales se gestionan bajo principios de abundancia. Cuando el Hilton quiere abrir un nuevo local, tiene que construir el hotel, contratar personas, mantenimiento, etc. AirBnB, en contra, crece a una velocidad sustantivamente mayor porque no tiene escasez de recursos ni adquisición de los mismos que realizar. AirBnB ya tiene 1 millon de espacios que alquilar, y vale más de 20.000 millones de dólares, siendo ya “la cadena hotelera” de mayor valor bursátil del mundo. Esto es la escalabilidad en una era de la colaboración, de la abundancia.

Esta flexibilidad y ruptura de modelos organizativos, como decía, trae nuevos modelos de relación laboral. Personas que complementan su trabajo habitual con servicios de transporte y alojamiento en su hogar. Personas que ven como deben diversificar su actividad laboral, porque ya con un “trabajo” no basta. Las repercusiones que todo esto puede traer son muy grandes, tanto para cada ciudadano, como para la sociedad en agregado. Esto, por otro lado, genera también cambios en términos fiscales. El mercado de los taxis tradicional, genera impuestos en términos de renta (el IRPF en España), pero también con el impuesto al valor añadido (IVA en España) o el impuesto de ventas (en otros países). Pero, ¿y Über? Aquí es donde creo que debiera hacerse algo. Además, Über, como servicio no-frill, tampoco es lo mismo que un taxi; por ejemplo, no ofrece seguro.

Y con esto damos fin a esta serie en la que hemos introducido el término de la economía colaborativa, hemos hablado de cómo se están monetizando estas plataformas en red hoy en día, y finalmente, en este artículo, hemos hablado del derecho de los consumidores y de los trabajadores, y cómo éstos se ven impactados. Como veis, un nuevo modelo de creación de valor esto de la economía colaborativa. Y por lo tanto, un nuevo modelo de hacer las cosas que tiene impacto en muchos de los elementos que vemos hoy en día en las empresas.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *