Prohibiendo móviles y calculadoras en la era de las Economías del Conocimiento

By | 30 mayo, 2015

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Cuando Occidente ha perdido esa capacidad de fabricar compitiendo por costes, no nos queda otra que apostar por algún otro posicionamiento estratégico. Ahí es cuando empezamos a hablar de servicios de valor añadido, servicios en la era de los datos, la información y el conocimiento. Es decir, en la era de las Economías del Conocimiento que permitan seguir desarrollando nuestras economías en un escenario de competitividad global. Mientras tanto, en España, leía el otro día en el periódico esta noticia que os adjunto:

Fuente: http://ecoaula.eleconomista.es/interstitial/volver/240878542/campus/noticias/6724830/05/15/El-alumno-que-no-apague-el-movil-en-la-PAU-sera-expulsado.html

Cómo en España afrontamos la entrada a las Economías del Conocimiento: sin calculadoras ni móviles 

La noticia me resulta realmente sorprendente tanto por la prohibición de los dispositivos móviles como por la prohibición de las calculadoras. Creo que son ejemplo de un mal mayor en el sistema educativo en España: la enorme popularidad y empleo que se hace de metodologías didácticas y técnicas de enseñanza-aprendizaje que someten al estudiante a tener que memorizar. Y, con la memorización, aparecen otras conductas como el fomento de la repetición de tareas, actividades bien estructuradas y cuya resolución se puede en cierto modo automatizar (y por lo tanto, memorizar), su actitud pasiva ante la clase, etc.

Ya con anterioridad hablé que en el futuro, la memorización poco iba a ayudarnos ante el empleo que se nos viene encima. Deberemos diferenciar nuestra aportación de valor como seres humanos ante máquinas que son muy buenas repitiendo tareas, resolviendo actividades estructuras y cuyos pasos de resolución son mecanizables, etc. Y es que el mundo real, el mundo de nuestro día a día, no funciona así. Los problemas que debemos resolver en nuestro trabajo, dista mucho de poder ser estructurado, sino que resulta abierto. Es decir, un mundo donde el dispositivo móvil o la calculadora te pueden ayudar en parte, pero no en su totalidad. Es más, el dispositivo móvil o la calculadora son un apoyo necesario pero no suficiente para tomar decisiones en contextos de empresa, de nuestras actividades de ocio, etc. Son unas máquinas enormemente potentes que tenemos a golpe de dedo para localizar todo el conocimiento que queramos. La habilidad no está en tener ese conocimiento, sino en saber ponerlo en valor a través de una serie de destrezas, habilidades y competencias.

Esto que planteo, en el pasado informe PISA 2012 queda bastante de manifiesto. Revisemos la siguiente figura:

Resultados PISA 2012 en términos de resolución creativa de problemas: habilidades de los alumnos para gestionar problemas de la vida real

Resultados PISA 2012 en términos de resolución creativa de problemas: habilidades de los alumnos para gestionar problemas de la vida real

Claramente, estamos un poco alejados no solo de países como EEUU, Alemania o ¡Italia!, sino que son más de 20 puntos de la media de la OCDE (los 34 países más desarrollados). Este tipo de problemas mide aspectos como el estudio de problemas, el planteamiento de ideas para resolver un problema, adaptación en función del resultado, etc. Es decir, un enfoque de pensamiento más abierto y menos estructurado. Es decir, habilidades de creatividad, razonamiento, ideación, abstracción, etc.

Estas últimas competencias son las denominadas soft skills. Competencias donde estará el futuro del empleo. La distinción que creo deben tener las futuras generaciones es entre las tareas rutinarias (manuales o intelectuales) o no rutinarias. Las primeras, las hacen las máquinas, por lo que mejor no centrarnos en ellas. Si pedimos en un examen no usar la calculadora o la búsqueda de información en un móvil/ordenador (tareas bastante rutinarias), estamos dando un mensaje claro: queremos seguir fomentando las tareas rutinarias. Actividades, por cierto, donde las máquinas nos ganan, dado que son muy buenas repitiendo las tareas que son mecanizables, como ya anteriormente señalaba.

De las no rutinarias, hay dos tipos:

  • Intepersonales: el toque humano. Por ejemplo, servir una comida o cuidar un bebé. Aquí, en un país con tanta indusrtia turística y comercio/consumo interno, creo que también podemos mejorar mucho. Un turismo o prestación de servicios con mucho valor añadido. Que todos los que vengan de vacaciones a España se lleven la sensación de haber recibido un trato con un servicio que ningún otro país del Mediterráneo pueda ofrecer. Que los servicios sociales sean prestados de una manera que hagan que la dependencia futura en un país en creciente envejecimiento sea de valor añadido. Y así un largo etcétera de ejemplos.
  • Abstractas: son las que requieren análisis, imaginación, creatividad, innovación, ideas, etc. Aquí es donde están los trabajos donde sí podríamos apostar por una Economía del Conocimiento. Muchas veces pensamos que esto va simplemente de querer meternos en la economía del conocimiento en base a Planes Estratégicos. No. Esto no va solo de eso. Necesitamos capital humano preparado para ello. Y no, no lo tenemos. Si prohibimos calculadoras, móviles y ordenadores en las pruebas de evaluación, nuestros alumnos seguirán durante décadas luchando contras las calculadoras.

Yo, a mis estudiantes, no solo les dejo llevar los apuntes al examen, sino que también hacen los mismos a pie de ordenador, con calculadora e incluso con móvil. Máquinas que les permitirán que durante el semestre aprendamos a sacar chispas a las mismas. Que nos centremos en desarrollar la capacidad de organización, trabajo en equipo, planificación, resolución de problemas, toma de decisiones en escenarios complicados, etc. En definitiva, cambiar la lógica de un examen del contenido a la competencia. Y así, aporto mi granito de arena a las futuras Economías del Conocimiento que tanto deseamos. Es decir, aporto a que los estudiantes razonen en la cadena de valor del conocimiento creando, sintetizando y modificando conocimiento, no solo consumiénolo.

La universidad tiene sentido en la medida que formen individuos cultos, no meros consumidores de información. Por lo tanto, concibo la universidad como una entidad que haga uso y fomente el empleo de esos nuevos instrumentos de construcción y transmisión de la información, siendo agentes del pensamiento creativo, reflexivo, crítico, etc. Es decir, templos de la reflexión y de la generación de conocimiento que sacamos provecho de máquinas que automatizan y mecanizan donde nosotros, los seres humanos, no aportamos algo diferencial.

Otro debate aparte es el factor de la instaneidad de estos elementos. Es cierto que esta constante aceleración en la que vivimos, esta constante reducción de la atención (que ha pasado de 12 a 8 segundos en los últimos 15 años), que en lugar de fomentar la contemplación y reflexión fomentan la hiperactividad tampoco es bueno. La capacidad de interpertación ha caracterizado el desarrollo de las civilizaciones. Nuestra mente no puede ser educada en la dispersión. Por lo tanto, prohibición no; uso de los dispositivos de manera ordenada, sí. Por el bien de nuestro desarrollo como civilización y por nuestras futuras Economías del Conocimientos.

One thought on “Prohibiendo móviles y calculadoras en la era de las Economías del Conocimiento

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