Estimado/a lehendakari: menos política industrial y más industria sin política (Segunda parte)

[Continuación del artículo anterior]

Quería esperar a que hubieran pasado las elecciones (que no es lo mismo que tener ya lehendakari), para dirigirme a usted, estimado/a lehendakari, con más confianza. Como en el artículo anterior solo te hablé de problemas, y no tiendo a hacerlo, en éste quería hablarte de posibles soluciones. No consideres, si te parece, alternativa alguna de las que proponga, pero cuando menos, que no se diga que no lo he intentado :-)

Como decíamos, el País Vasco ha tenido casos de éxito en políticas industriales. Hace unos años, existía una necesidad de formación en materia de informática. Nace, así, e lprograma IMI. Esto permite consolidar las bases de conocimiento en TICs que disfruta hoy el País Vasco. Cuando aquello, las empresas por sí solas no pudieron introducir las TIC. Salvando muchíiiiiiiiiiiiisimo la distancias, algo parecido a lo que pasó en EEUU con Bell Labs.

Un ejemplo de cómo hace falta una correa de transmisión colectiva apuntando a una dirección específica. Sin embargo, también coinciden muchos otros factores, por lo que la relación causal no es tan clara. Son importantes los valores culturales y personales. Una de las preguntas que me hicieron el otro día en el Congreso Mundial de Competitividad TCI 2012 al calor de mi exposición sobre la transformación de Bilbao, fue el por qué el País Vasco goza de una cultura tan emprendedora. Difícil respuesta, pese a que le hablé de diferentes anécdotas de manera deslabazada, avisándole de antemano que no era una tesis doctoral lo que le exponía (los primeros marineros, las expediciones balleneras de la Edad Media, la cultura de honor, las terrazas de los montes para las cosechas, etc.).

Así, se puede decir, que el entremado social para la creación de un tejido industrial fuerte no se puede improvisar ni crear. Todo depende del esquema de incentivos del sector publico y privado. Las aventuras o emprendimientos en el sector público no permite una corrección de errores automática, como sí ocurre en el privado con las quiebras. El el público requiere una reconsideración de la gestión bastante improbable de ocurrir en ocasiones (¿dimisiones? ¿responsabilidades?).

Otro problema que veo es por qué el ámbito público debe intervenir (y encima con la financiación de todos, incluidos contra los que pudiera competir) en sectores donde la iniciativa privada pudiera actuar. Entrar en sectores donde las barreras de entrada son altas, de acuerdo, pero dedicarse a hacer la competencia al sector privado, no.

Soluciones

Y como lo fácil es quejarse, y no aportar soluciones, dejaré de quejarme para lanzar, primero unas propuestas, y después mi tiempo a su disposición por si mis ideas sueltas y deslabazadas algún día pudiéramos compartirlas en algún foro de reflexión con otros, que como yo, se dejan la piel en esto del emprendimiento.

Otorgar subvenciones a la innovación tiene sentido. Así lo demuestra este paper de Bloom, Schankerman y Van Reenen (2010) que expone cómo el retorno social de una innovación es aproximadamente al doble del beneficio privado. Está claro que apostar por la innovación (emprendimiento puesto en marcha), nos beneficia a todos, no a unos pocos.

Después de todo lo que llevo expuesto, creo haber manifestado ya mi posición sobre la política industrial. Yo prefiero más industria, pero sin política, o por lo menos, que esta sea residual. ¿Par aqué casos? Cuando el beneficio de la industria que se pone en marcha no solo revierta en el bolsillo del empresario en cuestión, sino también en el bolsillo del resto de la sociedad. Ejemplos: energías renovables o biocarburantes.

Y lo contrario cuando la externalidad es negativa: dejar hacer. Si un tal Adelson quiere montar un Casino, que lo monte, pero no a expensas de lo que la sociedad Española quiere. No hay ninguna externalidad positiva en ese proyecto.

¿Y quién determina si hay externalidad positiva o no? Bueno, interesante pregunta. Un liberal diría que el Estado no tiene mejor información que el mercado (el más sabio de todos) para discernir qué inversión es más beneficiosa para la Sociedad en su conjunto. Así, sugieren evitar apoyar unas inversiones sobre otras.

Pero esto no es tan fácil como para que sea blanco o negro, hay escala de grises, así que sugiero una serie de acciones sí que se podrían tomar, porque, como ya digo, me siento deudor de soluciones ante todos los problemas que he planteado:

  • Desarrollar una visión integradora de la iniciativa empresarial que tenga alto crecimiento: lo que suelo llamar el efecto Skype en Tallinn. Por definición, sólo unos pocos pueden ser extraordinariamente exitosos, por lo que la clave está en atraer a esas élites y talento humano que puedan hacer prosperar una ciudad. Es un poco lo que trataba el TCI: how to attract talent for the competitiveness of the city (cómo atraer talento para incrementar la competitividad de tu ciudad). En 1997, el 97% de los Estonios disponían ya de Internet. Hoy, 2012, prácticamente toda la Administración Pública de Estonia es electrónica, y las startups de Internet florecen como churros. Es decir: no se beneficia directamente una industria, sino algo trasversal a todas: Internet.
  • No todo es ayudar a las PYMEs: deberían reconsiderar la idea de ayudar mediante subvenciones o ventajas fiscales simplemente por ser PYMES. La literatura así lo manifiesta, mirad aquí.
  • Use mejores procesos, no las mejores prácticas: hacer plataforma políticas, no programas políticos industriales. Ser facilitadores de la inspiración, la creatividad, no controlarla.
  • Eliminar los obstáculos a la creación y crecimiento de estas empresas: es absolutamente inviable que montar una bodega en Cádiz (ya sé que esto queda lejos de la CAPV, pero es un ejemplo) lleve 3 años de  gestiones, 10.000 € en licencias (por adelantado, ex-post quizás tenga más sentido), trámites con más de 30 funcionarios de 11 departamentos de 4 Administraciones Públicas, etc.
  • Definir principios, no solo clusters: casualidad la semana pasada presenté un paper en el Congreso Mundial de Competitividad TCI 2012, donde Porter tuvo su participación también. Habló de de lo siempre: clusters para incrementar la competitividad. Chapeau, as always. Sin embargo, también es necesario definir (no simplemente citar) principios como la innovación, la creatividad, el diseño, la sostenibilidad, la experimentación, el espíritu empresarial, la inclusión (no la extracción), etc. Principios para infundir en la conciencia colectiva de la ciudad. Si se da prioridad a sectores específicos en clusters exclusivamente, se corre el riesgo de no incentivar a los empresarios a investigar dónde debe buscar oportunidades.
  • Invertir tiempo, no dinero: para mi la mejor divisa a invertir en ayudas es dar tiempo de mentoring a un emprendedor, divulgación de mejores casos, etc. Dejemos de estar exclusivamente centrados en ayudas pecuniarias.
  • Pelear por atraer talento, no solo el capital: aunque los empresarios siempre se quejan de la dificultad de la recaudación de dinero, el talento es la batalla más importante a ganar. El dinero sigue al talento. Hacer de tu ciudad un lugar increíble para los empresarios más talentosos, innovadores y creativo, y que así puedan venir a buscar su futuro, para vivir, trabajar y disfrutar de su vida (es decir, todos los contextos de una familia). Montar tiendas de café, ámbitos culturales, bares nocturnos, museos, carriles para bicicletas, un sistema de alquiler de bicicletas, etc. Todo ello. Bilbao tiene ya todo ello. No nos extrañemos luego de cómo nos va.

En definitiva, queda mucho por mejorar todavía, pero desde luego que partimos de una situación favorable; mejorémosla, que la mejora continua es un proceso que define a las organizaciones excelentes, y Euskadi no puede ser esquivo a ello.

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Acerca de alrayon

Lecturer and Researcher at Deusto University. Somehow, a stranger that loves both technology and economics, a sinergy that will conquer the world.
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