Estimado/a lehendakari: menos política industrial y más industria sin política (Primera Parte)

Así, una buena política de I+D+i no debiera centrarse exclusivamente en la dotación presupuestaria. Tiene también que ofrecer instituciones públicas que ofrezcan servicios en las diferentes áreas tecnológicas de conocimiento y que faciliten a las empresas soluciones a sus problemas tecnológicos. Algo así como un servicio de soporte y asesoría en materia de I+D+i.

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Estimado/a lehendakari,

con motivo de las próximas elecciones a la lehendakaritza, quería trasladarte unas reflexiones que llevan rondando mi cabeza unos meses/años. Elijo este formato de “carta abierta” a través de este humilde blog porque es la forma más fácil de compartir mis impresiones con otros también, no solo con usted. Quiero hablar contigo de política industrial, entendiendo por ello el concepto que desde el Estado (Euskadi en este caso) seleccionáis unas inversiones concretas y les otorgáis unos privilegios especiales que no se da al resto.

Habláis mucho los lehendakaris -los políticos en general- de política industrial. Y en cierto modo, os entiendo. El País Vasco ha protagonizado un proceso de profunda transformación de su tejido productivo, económico y social, siendo hoy en día una región realmente competitiva en un nuevo entorno de ámbito global e internacional. La reestructuración industrial de las últimas décadas ha sido espectacular.

La última gran crisis que vivimos (80-90), no fue financiera como la actual, sino de índole industrial, lo cual habla mucho sobre nuestra resiliencia, y nuestra adaptación al cambio. Hemos transformado nuestra sociedad, nuestro tejido industrial, de una ciudad-comunidad industrial taylorista, a una ciudad postmoderna de servicios, con gran atractivo cultural. Seguramente mucho se deba a lo que en UBM llamamos el efecto Guggenheim. No lo sé.

Pero ciertamente, tras ese proceso de transformación todas las conversaciones e ideas que estáis manejando, vosotros, los candidatos, acerca de política industrial me un poco de miedo. Cuando os oigo decir que “Euskadi necesita una Política Industrial de verdad”, ciertamente, no acabo a aterrizar las ideas; me parece un poco abstractas. Habláis de una política industrial adecuada a nuestro Siglo, donde palabras como “conocimiento”, “investigación”, “innovación”, son usadas recurrentemente.

Todo esto me parecen abstracciones propias del arte rupestre. No entiendo qué queréis decir. Habláis del qué, y no del cómo, y éste es precisamente el miedo que tengo. En política industrial, el problema suele ser el instrumento, no es la de si se debe aplicar, sino cómo. Vale, está claro que hay que ayudar al emprendedor, hay que ayudar a la nueva empresa. Pero, ¿cómo lo tenéis pensado hacer?

Si habláis de política industrial vertical (un determinado sector), quisiera advertirle que esta solo ha funcionado en condiciones muy concretas, no extrapolables ni generalizables. A nivel país, se conocen los casos de Corea del Sur, China y las manufacturas, Chile y sus uvas, salmones y silvicultura, EEUU y el comienzo de Silicon Valley, los viajes al espacio, el actual programa energético y el paralelo desarrollo sostenible, etc.

En España, a nivel de sectores, tenemos algunos casos que han generado mal resultado. Ahí tenemos el caso de Spanair (hasta 135,5 millones de euros metió la Generalitat para tener “su aerolínea”), las subvenciones a Ryanair (entre otras) que incluso la CNC ha dicho que no son eficientes para los fines que persigue dotar a empresas privadas de dinero público, el Palacio de los Congresos de Valencia o el futurible Eurovegas, donde no solo se van a recalificar terrenos, sino que también se concederán exenciones fiscales, podrían tener que cambiarse varias leyes y hará que futuros políticos no tengan mucho margen en su toma de decisiones en lo que a concesión de licencia para casinos se refiere.

Como el paradigma de casos de inversiones fallidas (España) nos ayuda a entender, hay muchos casos en los que las ayudas públicas han acabado convirtiéndose en subvenciones públicas a sectores social y económicamente improductivos. Si la supervivencia de una inversión depende de los favores de los poderes públicos, le damos al inversor incentivos en no esforzarse a ser más eficiente y productivo. Le incentivamos a buscar el trato político favorable que lo siga ayudando (¿os suena la corrupción?). Y encima esto en España, donde los políticos cobran un sueldo bastante bajo y pocas veces hablamos de ello. Todo ello junto, siempre me ha dado miedo.

Modelo productivo de Euskadi

No obstante, también hemos de decir que cuando hablamos de modelo industrial, ahí sí que tenemos bastante que reconocer y alabar. El modelo industrial Vasco tiene una identidad, se nos conoce por las cosas que hacemos. Hablamos de modelo productivo por la importancia relativa de diferentes sectores de actividad en la economía en su totalidad.

Y digo esto a sabiendas que no me gusta nada la palabra modelo, ya que esto implica que una política haya resultado modélica. Me resulta ciertamente complejo pensar que un sistema productivo haya podido nacer desde arriba, desde una planificación central (salvando casos de fracaso como la URSS, Cuba o Corea del Norte). Un sistema productivo surge desde las decisiones a título individual de cada emprendedor y otros agentes económicos. Así, los gobiernos sólo debieran ofrecer incentivos o des-incentivos para una u otra política. Nada más. Es más, estos incentivos son necesarios ya que muchos de estos agentes individuales no suelen tener una visión macroeconómica de las tendencias que pueden afectar a su sector; los gobiernos sí la tienen (o debieran).

¿Qué tiene que ver esto del modelo productivo y las políticas industriales que se pudieran tomar? En lo que los economistas llaman “externalidad”, esto es, cuando las actividades económicas afectan a terceros también, no solo a los que participan en la transacción. Así, es deseable que el modelo productivo, tenga externalidades positivas en la Sociedad (otro motivo más que poner encima de la mesa cuando se hable de Eurovegas).

Cuando una empresa invierte en I+D, mejora su productividad (por eso invierte principalmente), pero también genera un conocimiento que puede llegar a repercutir a otros agentes de la Sociedad. Así, cuando hablemos de política industrial tenemos que considerar servir a la sociedad en general, que por eso lo hacemos con el dinero de todos.

Por ello, los economistas suelen hablar de que la única política industrial que debiera existir es la de subvencionar esta actividad de I+D+i. Y aquí es cuando entramos de nuevo en términos abstractos. Solemos oír eso lo importante que es la I+D+i. Y lo mismo que decíamos de la política industrial; el problema suele ser el instrumento, no es la de si se debe aplicar, sino cómo.

Así, una buena política de I+D+i no debiera centrarse exclusivamente en la dotación presupuestaria. Tiene también que ofrecer instituciones públicas que ofrezcan servicios en las diferentes áreas tecnológicas de conocimiento y que faciliten a las empresas soluciones a sus problemas tecnológicos. Algo así como un servicio de soporte y asesoría en materia de I+D+i.

(continuará)

Autor: alrayon

Lecturer and Researcher at Deusto University. Somehow, a stranger that loves both technology and economics, a sinergy that will conquer the world.

3 opiniones en “Estimado/a lehendakari: menos política industrial y más industria sin política (Primera Parte)”

  1. En los últimos años la política industrial y tecnológica ha cambiado casi radicalmente para enfrentar los problemas de la gestión de residuos y contaminación. La perspectiva empresarial, inicialmente externa, ha ido variando hacia el cuestionamiento de los procedimientos y tecnologías utilizadas. El propósito es llegar en el futuro a tecnologías y procesos menos contaminantes.

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