Unidades mínimas de negocio: mi madre, mi abuelo y mi educación intelectual y sentimental

By | 18 septiembre, 2012

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Permitidme un post un tanto sentimental. Hoy es el cumpleaños de mi ama, y creo que no he hecho todavía justicia en este humilde blog a lo mucho que me ha aportado. Y no, no voy al plano sentimental ni al patrimonial (exclusivamente), sino a las “máximas económicas” que me transmitió desde pequeño, y de las cuales tanto me estoy acordando en esta crisis. Nunca me lo ha dicho, pero seguramente ella heredó estas máximas de su padre (mi abuelo), otro gran acreedor de mi yo actual, así que otro con el que estaba siendo injusto en no rendirle un pequeño tributo con estas líneas.

Cuando era pequeño, mi madre me compraba puzzles y rompecabezas en lugar de los juguetes que tenían el resto de mis amigos. Mi abuelo en lugar de comprarme golosinas y darme dinero para comprarme videojuegos (por aquel entonces la Game Boy, Nintendo y Mega Drive era lo cool), me hablaba sobre geografía, historia y sobre algo que me generaba muchas dudas que él llamaba la bolsa (la bolsa que todos conocemos vamos).

Pero en general, lo que ambos hacían, era hablarme de lo importante que era la economía, y sobre todo su buena administración. La crisis actual me recuerda a muchas frases que de pequeño no paraba de oír. Y aprovecharé varias situaciones actuales para relacionarlo en este post con conceptos que de ellos aprendí. Podría hablar de muchos otros planos, pero me ceñiré a éste.

La crisis en España es tan grave, por entre muchas otras razones, falta de previsión. Que el PIB haya caído 6 puntos sencillamente se explica porque durante mucho tiempo los ingresos estaban totalmente inflados. Un sistema impositivo durante la época de la burbuja inmobiliaria que recaudaba mucho por algo que era artificial, coyuntural, no estructural o parte del sistema económico en España de manera sistemática. Pero España, así en abstracto, no se dio cuenta, y mucha gente se creyó más rica de lo que en realidad era.

Todavía hoy, muchas cosas siguen infladas. Los ingresos/PIB de España está entre los más bajos de Europa (solo nos (no)superan Lituania, Eslovaquia y Bulgaria), pero el Estado del Bienestar sigue siendo de los más generosos. Sí, que está claro que todos queremos Sanidad, Pensiones, Protección Social, etc. Pero es hora de darse cuenta de si esta estructura (eso de las crisis estructurales) es sostenible o quizás haya que dar una vuelta a los andamios del modelo social de España.

¿En qué me recuerda todo esto a mi madre? A la previsión. Recuerdo estar haciendo cuentas con mi humilde paga para llegar a fin de mes. Recuerdo ser consciente que si en algún momento mi abuelo me daba una paga (solían ser generosas, pero ni mucho menos periódicas), no podía creerme un nuevo rico, sino periodificarlo, y ahorrarlo para cuando vinieran mal dadas. Tampoco me creí un nuevo rico cuando mi abuelo me regalaba acciones del Banco Santander (las únicas que aún a día de hoy mantengo, seguramente, por el valor sentimental que tienen).

Otro aspecto a tratar son las Comunidades Autónomas. Una entidad administrativa creada tras la transición para la vertebración de la sociedad Española post-franquista, a la cual se le da capacidad de gasto pero de poco ingreso (ITP y AJD y poco más). Pedir responsabilidad a las mismas, con este esquema de incentivos, se me antoja cuando menos complicado.

Y esto de nuevo, me recuerda a cuando mi madre me decía que me empezase a buscar la vida allá por los 18/19 años (que es la edad con la que empecé a trabajar en la Universidad de Deusto, y donde pasé 4 fantásticos años de becario en desarrollo de sistemas). Una sencilla razón: ella también se empezó a buscar la vida para dejar de tener únicamente incentivos de gastar, y también tener el concepto de responsabilidad de ingreso. A partir de ese punto, nunca lo he abandonado: no puedo gastar lo que no tengo, lo que no ingreso. La deuda para mí es un concepto a esquivar en la medida de lo posible.

Y esto me lleva a la síntesis de lo que debo a mi madre y que será una acreedora ad eternum de ello: ser responsable de mí mismo como la unidad mínima de negocio de negocio. Es decir, entender que soy la unidad mínima de funcionamiento en mi sociedad. En otras palabras, que todo este lío que tenemos en España, empiezo por todos y cada uno de nosotros. En cómo gestionamos nuestro cash flow personal.

Al final, la Sociedad, en la que todos tenemos nuestro nicho de Responsabilidad, se configura no por esa visión estructuralista de los mercados, sino por nuestras interacciones más pequeñas. Por la compra del pan que hagas hoy. Por la clase que des en la Universidad. Por los puestos de trabajo que cree un empresario. Por los euros que devuelvas al banco Alemán al que se lo pediste prestado hace unos años. Por el tiempo que dediques a educar a tu hijo.

En Inglés hay un término que creo me describe bastante bien: thrifty. Algo así como “económico”, es decir, intentar ser un buen administrador del hogar, como el origen etimológico de la palabra economía nos enuncia. Sé que me paso, pero yo vivo desde aquella corresponsabilidad fiscal que me dio mi ama, como si estuviera en suspensión de pagos todos los días.

Por cuestión de que todos los sucesos aleatorios me hayan sido favorables, y que los determinísticos me los haya trabajado, no me va mal. Me va bien, entendiendo “bien” como el tope del marco moral y de éxito que yo mismo me defino, que es disfrutar de mi dedicación todos los días, tener un domicilio donde dormir y viajar por el mundo con quien lo disfruto.

Esto me lleva al siguiente concepto que mi madre siempre cuido: la evasión de responsabilidades. Dado que tengo cargos de alta responsabilidad, intento nunca evadir ni una sola de ellas. Cuando cometo fallos (como todo Homo Sapiens), lo reconozco. Sé hasta donde llego, y de ahí intento no pasar (aunque mi mayor limitación siempre es cuestión de esas malditas 24 horas que tiene un día…. bueno, y los horarios de este país).

Una de las cosas que más me resigna es ver la amplia evasión de responsabilidades. Todos las tenemos; tú no eres menos responsable que yo. Un ejemplo. Parece ser, que la Sociedad Española ya ha aceptado en consenso que la solución a la crisis actual pasa por un proceso de sacrificios colectivos e individuales amén de corregir los desequilibrios acumulados en la época de la burbuja. Sin embargo, ¿por dónde empezamos? ¿quién empieza a responsabilizarse? ¿quién es acreedor y quién deudor?

¿Los que pagan de impuestos y los que los reciben en forma de servicios cómo se ponen de acuerdo para llegar a un equilibrio entre deberes y derechos? ¿Cómo ponemos a ciudadanos de rentas altas, medias y bajas de acuerdo para distribuir sacrificios? ¿Quién es más culpable el sector financiero o el productivo? ¿Qué hacemos con los puestos de dedicación pública? ¿Y con las Comunidades Autónomas y ese bloque Norte-Sur? ¿La patronal o los sindicatos? (capital o trabajo) ¿Y qué me dicen de la brecha intergeneracional entre mayores y jóvenes? ¿Nos enfrentaremos nosotros los jóvenes con nuestros padres? y así podría seguir un rato.

Quizás por todo lo anterior mi compromiso siempre a buscar la diplomacia, la buena relación y el optimismo en la serie de relaciones sociales que tengo a lo largo de un día. No recuerdo ahora mismo la última vez que discutí con alguien, ciertamente. Mientras tanto, sigamos discutiendo entre nosotros, que lo único que tengo claro, es que así, no saldremos de esto. Yo seguiré aplicando esas pequeñas máximas que un día aprendí de mi abuelo y de mi madre.

One thought on “Unidades mínimas de negocio: mi madre, mi abuelo y mi educación intelectual y sentimental

  1. Ander

    Seguramente no me pare en la parte clave del artículo, pero lo que me ha chocado es la parte de “es hora de darse cuenta de si esta estructura (eso de las crisis estructurales) es sostenible o quizás haya que dar una vuelta a los andamios del modelo social de España”. Soy completamente consciente de la necesidad de “controlar del déficit” como nos dicen desde la UE (de hecho, soy un firme defensor de que un Estado, a diferencia de una familia, debería sobrevivir con un déficit nulo o cercano a cero) pero si no podemos controlar los ingresos y hay que limitar el gasto, vayamos a esa página que nos enseñaste en clase (¿Dónde van mis impuestos? y además de acordarnos de quienes generaron la burbuja de Deuda Pública, decidamos si hay que reducir en Protección Social, que es la burbuja más grande y fácil de reducir, o pensemos si hay otras como Fuerzas Armadas, Infraestructuras, y todo lo que en el gráfico no se aprecia (aeropuertos en Ciudad Real, una Supersur por la que yo todavía no he circulado, sueldos tras dejar los cargos públicos -¿de verdad un diputado tiene problemas para volver a su anterior vida profesional como para necesitar una ayuda?-, o cosas menos populistas como replantearse la duplicidad de 17 Comunidades Autónomas con sus 17 sistemas paralelos para todo). Solo entonces, cuando no quede un gasto inútil que podamos evitar, cuando no se esté gastando un céntimo en pintar semáforos o regar plantas, no habrá más remedio que decir que el Estado del Bienestar fracasó. Mientras tanto, lo que tenemos es un fracaso en la capacidad de gestión del dinero público de nuestros gobernantes.

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