Algunas impresiones y datos históricos sobre los derechos de autor

By | 10 diciembre, 2011

4 minutes

En las últimas semanas he recibido unos cuantos correos electrónicos de estudiantes de Sudamérica alertándome de que sus profesores universitarios estaban utilizando materiales que tengo colgados en Slideshare. ¿Y cuál es el problema a sabiendas que son materiales CC BY-SA 3.0? (es básicamente la respuesta que he dado). Entrar en el debate sobre lo que cree sobre los derechos de autor no es mi objetivo hoy, sino plantear los problemas que ello representa para -una vez más- exponer mis ideas sobre por qué comparto todo lo que escribo/creo.

Siempre he(mos) entendido los derechos de autor (copyright) como un contrato entre los autores y la sociedad. Un contrato que otorga un derecho -exclusivo- por un tiempo limitado sobre las creaciones de uno mismo, de forma que se incentiva la creación de obras para la sociedad. Así, teóricamente, se fomenta la capacidad creativa de los autores, sobre todo las obras artísticas, literarias y científicas.

Antes decía derechos de autor/copyright. Como dice Txipi aquí, “más o menos”, son lo mismo. El copyright es un término más empleado en el derecho anglosajón (Common Law), mientras que los derechos de autor es el término con el que se conoce esta protección en el código napoleónica o derecho continental.

La propiedad intelectual es lo que conocemos como derechos de autor. Se pueden clasificar en dos grandes grupos:

  • Morales: no se pueden ceder. Cervantes siempre será el autor de El Quijote, y yo siempre seré el autor de este artículo.
  • Patrimoniales: el copyright. Se puede ceder, descomponiendo éstos en dos bloques:
    • Explotación: reproducción, distribución, transformación, etc.
    • Remuneración: los más apetecibles para muchos, pudiendo articularse a través de alquileres, copias, etc.

Sobre sus orígenes

Desde el Convenio de Berna de 1979, no hay que hacer nada para proteger las obras de uno mismo. Pero la película tienes unos cuantos años más de Historia. El origen de la primera ley de copyright se remonta a 1710. Época de la Reina Anne –Ana de Gran Bretaña-, la monarca que había supervisado la unificación de Inglaterra y Escocia en lo que se vino a llamar Reino Unido. Entre sus programas llevados a cabo, estuvo el Statute of Anne, la primera ley sobre copyright. Así, nacía la primera ley que daba a los autores control sobre quién podía hacer copias de sus libros o construir sobre sus trabajos por un tiempo limitado.

English: Statute of Anne, the first modern cop...

Image via Wikipedia

Al otro lado del Atlántico, había unos colonos rebeldes repartidos en 13 colonias Americanas, que pensaron que el Estatuto de Anne era una buena idea, así que lo incorporaron en su constitución de 1787 –sólo la de San Marino es más antigua que ésta-. Así, se da poder al recién creado Congreso de los EEUU para fomentar el progreso de la ciencia y las artes, todo ello a través de asegurar por un tiempo limitado a los autores de obras el derecho exclusivo sobre las mismas.

Posteriormente, llega el Romanticismo (movimiento cultural -y político- nacido a finales del siglo XVIII como reacción al racionalismo de la Ilustración), que impuso la exaltación del individuo. Precisamente, una de las ideas de los defensores de la cultura libre (libre as in freedom, not as in free beer) es huir de este concepto romántico del autor “original”.

Esta idea Romántica de “autor original”, nos lleva a pensar en esa visión extendida actual del derecho del autor y SU propiedad intelectual. Este último término, siempre que lo oigo, me recuerda automáticamente el concepto de oxímoron: “figura lógica que consiste en usar dos conceptos de significado opuesto en una sola expresión, que genera un tercer concepto”.

¿Cómo se entiende en una misma expresión buscar un significado con dos términos con significantes en direcciones opuestas? ¿Divulgar públicamente + restringiendo su distribución? ¿Propiedad (exclusión) + Intelectual (no exclusión, posibilidad de compartir)?

Propiedad + Intelectual = ¿Se puede alguien “apropiar” de algo “intelectual”?

Hace unos días, leyendo este artículo de Cives, citaba fragmentos de The Romantic Revolution de Tim Blanning, para describir la democratización de la cultura y los cambio en la estructura social y económica. En ese libro, se describe como el artista, se libera progresivamente de su Mecenas, figura que venía siendo tradicional desde los Medicis en las Ciudades-Estado Italianas del Renacimiento. Así, la actividad creativa pasa a depender del público. Esto permitió a los artistas una mayor autonomía: los creadores tenían que preocuparse de satisfacer lo que al público gustaba.

La esclavitud hacia el Mecenas -sea quien fuere-, podía condicionar la creación. Esto nos lleva automáticamente a pensar en las industrias culturales de nuestro Hoy (sin querer entrar en conspiranoias, pueden imponer qué se hace y qué no).

Duración de los derechos

Antes decíamos que ese contrato que se establece entre sociedad y creadores/autores es por tiempo limitado. ¿Por cuánto tiempo perduran esos derechos? Aquí también cabe hacer la distinción entre los derechos morales (que no prescriben nunca, de ahí que no se puedan ceder) y los patrimoniales, que sí prescriben, cuando pasan al dominio público.

Bueno, de nuevo, “más o menos” prescriben. En esto del copyright siempre hay peros. Los autores siempre se han quejado que este tiempo era muy corto como para poder hacer dinero.

Copyright Duration and the Mickey Mouse Curve (Fuente: http://www.tomwbell.com/images/(C)Term&MMCurve.gif)

Copyright Duration and the Mickey Mouse Curve (Fuente: http://www.tomwbell.com/images/(C)Term&MMCurve.gif)

Como se puede ver en la figura anterior, el Congreso de EEUU ha acordado varias veces extender ese período temporal que otorga derecho exclusivo sobre las obras a los creadores:

  • 1776: la Constitución Americana lo fija en 28 años
  • 1831: pasó de 28 a 42 años
  • 1909: de 42 a 56 años
  • 1976: vida del autor + 50 años
  • 1998: vida del autor + 70 años

La Copyright Term Extension Act (CTEA) de 1998 (peyorativamente conocida la Mickey Mouse Protection Act) extendió los plazos de copyright en los Estados Unidos durante 20 años, vida del autor + 70 años.

¿Estas extensiones realmente ayudan a la sociedad a que se creen más obras literarias o cinematográficas? Y sobre todo, ¿qué incentivo mueve a un autor una vez muerto para que siga peleando por sus derechos sobre sus obras? En mi opinión, ninguno, creo que incluso pudiera llegar a ser obvio. Esto no beneficia ni a autores ni a la sociedad en general.

¿Entonces? En la próxima entrega, la respuesta.

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