¿Están “los mercados” destituyendo presidentes? No lo creo… (III)

By | 23 noviembre, 2011

5 minutes

[Continuación de la serie iniciada aquí, y seguida aquí]

¿Tienen manía “los mercados” a los Estados?

Los estados, los países, las naciones, tienen una característica un tanto peligrosa: son el riesgo más concentrado de toda economía. Gestionan una deuda pública (de todos sus accionistas, es decir, ciudadanos de su Estado) muy grande, ante la que necesitan continuamente financiación adicional (y refinanciaciones). Esta deuda se acumula en stock, de ahí que tenemos que ver la deuda como una pila (nunca mejor dicho).

Los mercados observan cómo se gestiona ese riesgo tan concentrado (sea irracionalidad o no); una gestión prudente es un imperativo. Gestión prudente en términos de las dos variables asociadas a la deuda:

  • Tiempo (plazo de duración/vencimiento)
  • Cantidad/volumen

Y claro, cuando he hablado ya varias veces sobre los problemas de gestión que tienen tanto España como Italia, uno se explica muchas cosas. En este artículo ya hablé sobre esto de “los mercados” y el asalto a la “soberanía nacional“. Ahí, decía, como siendo un tanto simplistas, en los últimos 150 años un gobierno democrático (dejo de lado al resto) puede decidir cuánta soberanía cede. De hecho, más que “puede”, debe elegir entre si prefiere prosperidad con batacazos cada 6-10 años (eso de la creación destructiva del capitalismo) sin demasiada soberanía, o si prefiere soberanía plena y estar aíslado del comercio internacional.

Así, hoy en día, la soberanía nacional sigue en plena vigencia. Los mercados no han dado ningún golpe de Estado ni cosas parecidas. Grecia, Portugal, Irlanda, España, Italia o cualquier otro país de la Zona Euro, puede suspender pagos y/o salir del euro (pero recordemos qué sucede a los países que se aíslan en términos comerciales).

Además, ¿los mercados sólo atacan a Estados? Lo dudo. Además de deuda pública, también existe la deuda privada. Que se lo pregunten a los promotores inmobiliarios que les han embargado bienes o a las familias que han sido deshauciadas. Recordemos que bajo el eufemismo “los mercados” hay personas físicas  o jurídicas que han prestado dinero. Y quieren recuperarlo. Sí, quizás están siendo duros con sus deudores, pero entre éstos están tanto Estados (instituciones públicas) como instituciones privadas (familias y empresas).

¿Qué/quién nos debiera preocupar?

En la actualidad, con la política monetaria en manos del BCE, a los Estados les quedan pocas opciones cuando vienen mal dadas. Los antiguos ajustes por devaluación de la propia moneda (algo de lo que España abusó durante muchos años, como vimos en el capítulo anterior) no son posibles ahora. Ahora manda Bruselas. Los que compran deuda de España o Italia lo saben, no es que esté yo ahora descubriendo nada.

Pero el riesgo derivado de la mala gestión de las cuentas públicas no es que se haya esfumado. Como la energía, el riesgo se transforma, siendo ésta la última de las soluciones: el impago. En otras palabras, a falta de soberanía monetaria, el riesgo de impago crece, en lugar de disminuir.

Así, no sé a quién extraña que los planes de rescate de la Eurozona hayan fracasado uno detrás de otro. Grecia, por ejemplo, tiene que devolver muchísimo dinero, y por mucho que desde Bruselas se empeñen en montar tinglados financieros (Fondo Europeo de Estabilidad Financiera, etc.), Grecia no es solvente, no puede hacer frente a esas deudas. No sabemos todavía quién, pero alguien tiene que pagar esa factura.

Esta herramienta de Thomson Reuters es realmente interesante para entender a qué riesgos están expuestos con los problemas de los países del Sur y quiénes son los que están expuestos. Por hacer énfasis en los dos últimos casos, Italia y España:

Exposición europea a España

Exposición europea a España

Exposición europea a Italia

Exposición europea a Italia

Así, rápidamente se entiende que Francia en las últimas semanas esté como esté en “los mercados”, por poner un ejemplo. Francia tiene un riesgo muy concentrado en Italia, pero en España la exposición está más diversificada.

Soluciones

En definitiva, en Europa tenemos un problema: debemos mucho. Y sí, la deuda, ya sea pública o privada, se paga. Que le pregunten a Argentina si quieren ver consecuencias de no pagarla, que 10 años después, sigue viendo muy difícil financiarse. El acceso al crédito depende mucho de la seriedad de las instituciones políticos. Y esto no es nada nuevo; viene siendo así desde las ciudades-estado del Renacimiento.

Quizás lo más preocupante es ver cómo la integración que venía produciéndose en las últimas décadas para converger a una ruptura social, derivada del pánico financiero. Los prestamistas europeos, tienen que ver capacidad de pago antes de renegociar la deuda. Y de aquí se deriva la intransigencia que están demostrando tanto el que ha prestado como el que lo debe:

  • Los que deben, no quieren hacer una devaluación interna (ajuste de salarios, prestaciones sociales, etc.)
  • Los que han prestado, no quieren que se les deje de pagar ni un euro.

El problema es que sin reformas estructurales en los países que deben euros, los que han prestado corren el riesgo de no cobrar nada. Es más, corren el riesgo de que encima lo que dejen de cobrar sea mayor, porque los países en cuestión siguen acumulando más deuda. Así que, ¿los mercados realmente reaccionan siempre irracionalmente?

Pero el tiempo pasa. Mientras pensamos en quién dará el brazo a torcer, no se están tomando decisiones políticas, que es lo verdaderamente importante ahora. Ciertamente, que Italia y Grecia cambiasen de gobierno sin pasar por las urnas, es entendible desde la óptica utilitarista.

Entonces, por terminar, ¿cómo se arregla ésto? No lo sé, y creo que por mucho que hablemos de eurobonos, bonos de estabilidad o de mutualización de la deuda (en las últimas horas he oído de todo para denominar a esos paquetitos), lo que está claro es que los países deudores deben empezar a preocuparse de registrar superavits de balanza de pagos (cuentas en conjunto de España, su economía vamos).

Que España tenga un déficit comercial indica una falta muy notable de ahorro de los españoles. En una coyuntura como la actual, de restricción crediticia para las entidades españolas, el problema es doble: sin ahorro y nadie presta. Además, la teoría dice que por orden, si equilibras la balanza comercial, luego lo hace la fiscal (con los impuestos no nos va mejor) y luego finalmente la de pagos.

El déficit comercial es de unos ciudadanos/empresas con otros ciudadanos/empresas extranjeras, luego, ¿por qué el gobierno la asume como propia de España? Un déficit en la balanza comercial no se ve bien para “los de fuera” (léase empresas que quieren invertir o prestar dinero a España en general, o sus ciudadanos en particular). Es un indicador macroeconómico que se sigue mucho. Aquí hablé de todo esto.

Por lo tanto, todo Estado con la balanza desequilibrado, debe preocuparse de gastar menos (recortes) e ingresar mas (con la vía impositiva agotada, quizás sea hora de empezar hablar de palabras mayores en Sanidad o Educación). Así, dejaremos de generar dudas. No hay que darle más vueltas. A trabajar para generar ingresos y dejar de quejarse, que con quejas no conseguimos nada.

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