Otras burbujas habidas (y por haber) en España: wolframio

By | 10 noviembre, 2011

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España ha sido un país que ha estado jugando al famoso juego de la oca durante muchos siglos: de burbuja en burbuja y tiro porque me toca. Del wolframio (y anteriores) a los chiringuitos de playa. De las inmobiliarias y promotoras, a los bares y pequeños supermercados (fruterías). Un ejemplo reciente:

“La facturación de los bares cae un 17% pero cada vez se abren más”

Pero hoy vamos a echar un vistazo a una ocurrida hace unas cuantas décadas. Durante la II Guerra Mundial, la máquina de guerra nazi necesitaba de wolframio para conseguir aceros más resistentes. El wolfram es un material fundamental para la maquinaria de guerra. El problema es que no es un mineral que abunde por el globo terraqueo. Y sí, es ese material que en toda bombilla se encuentra (en su filamento concretamente), un mineral que tuvo una gran importancia estratégica y económica durante la citada guerra mundial.

Wolframio (Fuente: lfwaterloo.com)

Wolframio (Fuente: lfwaterloo.com)

Los comienzos de la explotación de este mineral datan del siglo XVII, cuando científicos españoles descubrieron el mineral también conocido como tungsteno. Por aquel entonces, nadie imaginaba las aplicaciones futuras que podrían de él extraerse, aunque sí que se sabía tenía una gran dureza y era capaz de soportar temperaturas extremas.

Siglos más tarde, alrededor de 1930, los alemanes comenzaron a aplicarlo en su maquinaria bélica al aprovechar sus características para endurecer proyectiles (especialmente los misiles antitanque) y el armamento. Esta tecnología parecía algo superior a la utilizada por los aliados. El problema de este proceso era que Alemania no disponía de wolframio en su territorio y tenía que importarlo. Cosas de la vida, Alemania sólo podía conseguirlo en Galicia (el 90% del material de wolfram en España está en Galicia).

Las minas de Wolframio "nazis" en Galicia (Fuente: arqueologiaypatrimonioindustrial.com)

Las minas de Wolframio "nazis" en Galicia (Fuente: arqueologiaypatrimonioindustrial.com)

El mayor suministrador de este material era China. Sin embargo, los nazis habían atacado ya la URSS, principal vía terrestre con Asia, por lo que se cerraron todas las posibilidades de continuar con estos proveedores. La vía marítima quedó igualmente descartada por la presencia de la otrora portentosa Royal Navy inglesa. Hitler, tuvo que echar mano de los productores europeos. En plena guerra las opciones eran escasas. España estaba cerca, era productora y era “amiga” de Alemania. De esta manera el papel estratégico de España, a pesar de lo que muchos creen, fue considerable, pues ante la bajada de la oferta se dispararon los precios del codiciado mineral.

La fiebre del wolframio provocó una burbuja considerable. Aunque ésta ayudó a pagar las deudas contraídas durante la Guerra Civil (se estuvo muy cerca de pagar su totalidad), también es cierto que este crac representa una de las mayores burbujas de España (no sabría compararla con la última especulación del mercado inmobiliario que se ha vivido en la última década, pero las cifras hablan por sí solas). De hecho, según avanzó el conflicto Alemania, la capacidad económica de Alemania no paraba de caer, así que plantearon el intercambio de hierro y wolframio (entre otros) por la condonación progresiva de lo que aún se adeudaba por la guerra civil en España.

La repercusión macroeconómica y los efectos fueron notables para España en cosa de menos de 4 años. Se le bautizó como el oro negro de España (mal empezamos). Alivió un poco la vida del campo a muchos gallegos, sobre todo, en plena época de asfixia del Franquismo. La producción superó en ese período las 20.000 toneladas, la mayoría procedente del mercado negro. Los mineros trabajaban en unas condiciones precarias, sin mucha luz, poco aire, turnos larguísimos y en condiciones de semi-explotación. Unos 600 presos republicanos redimieron sus penas en estas minas, la mayoría procedentes de Badajoz. En total, unas 10.000 personas trabajaron en estas minas. Otras 20.000, clandestinamente, alimentando el lucrativo mercado del extraperlo, ese negocio que tan de moda se puso ante la escasez. De aquellos barros, estos lodos, dicen.

Franco jugó un papel muy ambiguo (como en muchas otras cosas, very del caudillo) comerciando con este oro negro: hizo negocios con la Alemania nazi y con Gran Bretaña. A pesar de lo que muchos creen, el generalísimo no sabía hacia dónde iba a ir el rumbo de la guerra, así que quería comerciar, pero sin favorecer a una potencia únicamente. Cada mina, trabajaba para una potencia: si una sacaba wolfram para Alemania, lo que no se exportaba, se tiraba al mar para que no llegase a manos británicas.

Comienza la especulación

Antes de que comenzara el boom de este oro negro, en España solo existían 6 empresas dedicadas a extraer el mineral. Al final de la guerra ya había más de 100 intentando aprovechar las circunstancias. Very Spanish esto de imitar lo fácil. Ante la falta de competencia internacional (recordemos el contexto bélico), y dada su importancia para la estrategia bélica el precio pasó de los 42 euros por tonelada en 1941 a los más de 2.000 en 1944.  En cambio, un minero ganaba 8 pesetas al día.

La exportación de este mineral superó a la de otros productos tradicionalmente importantes como el aceite, el vino y las naranjas, llegando a suponer hasta el 20% de las exportaciones y representando prácticamente el 1% del PIB. Para entender esta explosión hay que saber que España también fue proveedor de las potencias aliadas al final del conflicto (recordemos éso de la posición ambigua de Franco).

Tras la burbuja

El panorama-contexto internacional y la economía, están tan intrínsecamente ligados, que son claves analizarlas conjuntamente para la comprender cualquier fenómeno. El caso de esta burbuja no es más que otro ejemplo de libro más para entender el devenir histórico acorde a las estructuras económicas (a riesgo de caer en simplificaciones marxistas). Pero creo que no hay duda de que éstas juegan un papel considerable en la política exterior de los Estados. De hecho, la evolución económica de la España franquista, en un contexto de la Guerra Fría, fortaleció el apoyo sociológico al régimen (que los libros dicen ayudó a perpetuar en el poder al caudillo).

Con el final de la II Guerra Mundial llegó la crisis del wolframio. Muchas explotaciones fueron abandonadas, poniendo fin a aquella fiebre del wolframio. El precio del mineral cayó en picado. La memoria juega malas pasadas, y este acuerdo España – Alemania no gustó en el bando aliado, sobre todo a Roosevelt que incluso se llegó a enfrentar a Churchill, e impulsó el cese de la venta de petróleo y derivados a España (recuerdo a mi abuelo contándome historias sobre todo esto). Churchill tenía intereses en España (de nuevo, política internacional y economía primo-hermanos), resultando esenciales las exportaciones de frutas españolas, el abastecimiento de potasio, las piritas (necesarios para el programa de fertilizantes que el gobierno británico se proponía poner en marcha), y, sobre todo, tres materias primas que habría sido muy difícil sustituir: mineral de hierro para la industria metalúrgica, resina sólida y corcho.

Según avanzaban los aliados por el sur de Francia, se cortó la vía de suministro entre España y Alemania. Así, las exportaciones e importaciones se cortaron. Las reservas de petróleo evitaron el caos total (el parcial sí que se podría decir se produjo), pero se produjeron fuertes restricciones que evitaron la hambruna.

Solo las “buenas” relaciones con la Argentina de Perón (llegado al poder en 1946) supusieron ayuda económica. El 30 de octubre de 1946, Argentina y Españafirmaban un Convenio Comercial y de Pagos. España recibiría un crédito de 350.000.000 de pesos destinado a comprar a Argentina 400.000 toneladas de trigo y 120.000 de maíz (además de otros alimentos y materias primas). Además, Argentina adquiriría corcho, plomo, aceite -lo que antes compraba el Reino Unido- y otros productos manufacturados a precios muy favorables para España. Desde 1945 hasta la llegada del conocido Plan Marshall, España pagó un precio alto por su posicionamiento durante la II Guerra Mundial.

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