¿La soberanía de los mercados? Llevamos así 130 años

By | 7 julio, 2011

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Estaba ahora preparando las clases del curso que viene en Deusto, y analizando los contenidos sobre los mercados financieros, me ha venido a la cabeza esto de nuestros nuevos soberanos son los mercados, etc. Así que hoy os traigo una de reflexión personal: esto de la soberanía de los mercados no es nada nuevo, llevamos ya décadas en esta situación en Occidente.

Una de las cuestiones que seguramente más os sonarán tras el recorte de derechos sociales del Gobierno en Mayo del 2010 es eso de que España está perdiendo soberanía, que ahora “los mercados” mandan, o que Merkel manda (como dicen mis amigos, ¡Por qué ahora Merkel me tiene que decir que me tengo que jubilar a los 67!). Es cierto que aproximadamente entre el 60 y el 70% de las leyes y demás regulaciones que se aprueban en España vienen de Europa. Me refiero a las famosas transposiciones de directivas o regulaciones europeas.

En cierto modo es un tema preocupante. Muchas de las conversaciones que he tenido con gente que se iba a abstener (por favor, nunca lo hagáis), es que cuando votamos en elecciones, cada vez elegimos menos, ya que nuestros gobiernos han perdido capacidad de actuación y decisión. Y digo en primera persona del plural, porque en este artículo me voy a referir a los gobiernos en Occidente, no sólo al caso de España, dado que creo que esto de la crisis de la deuda pública (una crisis, vamos) es algo común en Occidente.

Realmente la situación actual no es nada novedosa. Lo que sí que es novedoso es que a golpe de click nos enteremos de las cosas. En Occidente (España no tanto, luego lo vemos), llevamos más de un siglo sometidos a esta misma clase de restricciones que “imponen” los mercados. La capacidad de actuación monetaria y fiscal de los estados ha estado sujeta a ciertas “clásulas” en el último siglo de alguna u otra manera. Y veremos a continuación porqué tiene algo de sentido que sea así.

El dinero es el medio de cobro y de pago. Todos de acuerdo. En los últimos años (daremos una vuelta por la reciente historia de 130 años) ha estado durante mucho tiempo respaldado por metales preciosos. Desde el siglo XVIII al XIX existió el patrón bimetálico. Es decir, los billetes (moneda fiduciaria, vamos que no vale nada en sí salvo que un Trichet de turno lo diga) estaban respaldados por una parte de oro y otra de plata.

Entre 1870 y 1919 únicamente existió el patrón oro, dado que su valoración era superior a la plata, por lo que transmitía una mayor valoración al dinero que respaldaba. Éste fue el primer ordenamiento aproximado de un sistema financiero global. El Imperio Británico (el EEUU actual de la época, qué tiempos aquellos…) fue su principal impulsor. El Imperio victoriano en el que no se ponía el sol (llegó a ocupar el 25% de la superficie terrestre de la tierra) lo propuso, pero no obligó a nadie a entrar.

Por aquel entonces (tal y como ocurre ahora), los países podían escoger permanecer fuera del patrón oro (y quedar excluidos del comercio internacional) o aceptar el sistema y entrar en él. Claro, entrar en este juego no era una barra libre, la fiesta tenía unas normas: a partir de ese momento la política monetaria o fiscal independiente desaparece. Si hubiera alguna recesión (que las hubo, y también con unos Brothers por medio, así como un país como Argentina que aspiraba a ser potencia mundial… qué tiempos), los ajustes iban a ser duros (recortes de “derechos” de hoy, cuando aquello, lo poco que tuvieran) y muy deflacionarios (esto no sólo incluye precios, sino también salarios).

Baring Brothers (Fuente: http://sincorrupcion.files.wordpress.com/2011/06/baring-brothers.jpg)

Baring Brothers (Fuente: http://sincorrupcion.files.wordpress.com/2011/06/baring-brothers.jpg)

¿A qué nos suena esto? Más o menos a lo de ahora: si quieres un sistema político abierto (la 1ª globalización data de estos tiempos de finales del Siglo XIX), soberanía estatal no habrá demasiada. En cierto modo es hasta obvio, ya que en la fiesta hay mucha gente y no puedes actuar por libre. El dinero gratis (por gratis se entiende “más barato”) de la fiesta te lo dan a cambio de que “te portes bien”.

Durante el período de entreguerras (1ª y 2ª Guerra Mundial), se intentó volver al patrón oro (y ya vistéis sin él cómo fue la película en Weimar por poner un ejemplo), pero sin lograrlo hasta que se puso final a la 2ª Guerra Mundial. ¿Qué podemos concluir de esta época? Sin un “sostén”, ya vistéis cómo acabó la cosa… así que quizás unas normas no vengan tan mal.

Entre los años 1944 y 1971, se reimplantó el patrón oro tras una reunión entre los vencedores de la II Guerra Mundial en Bretton Woods. Ahí surgió el hoy famoso Fondo Monetario Internacional (FMI). El patrón cambio oro fue un sistema monetario por el cual se fija el valor de una divisa en términos de una determinada cantidad de oro (35 dólares = 1 onza de oro). El emisor de la divisa garantizaba poder devolver al poseedor de sus billetes la cantidad de oro en ellos representada. Las divisas que garantizaban el cambio al oro fueron el dólar y la libra esterlina (que luego nadie se pregunte porqué el dólar es el rey del mambo actual).

Acuerdos de Bretton Woods sobre política monetaria (Fuente: http://www.laguia2000.com/wp-content/uploads/2007/06/bretton.png)

Acuerdos de Bretton Woods sobre política monetaria (Fuente: http://www.laguia2000.com/wp-content/uploads/2007/06/bretton.png)

Este sucesor del patrón oro era menos draconiano, pero tampoco abierto a la soberanía independiente de los allí firmantes. Lo redacta un tal Keynes, pero lo promueve básicamente (a su favor, claro) EEUU (el suceso del imperio Británico como “jefe del mundo”). Como con el patrón oro, si quieres entra, sino, fuera del sistema económico internacional y adiós a comprar y vender fuera de tus fronteras. Se establecieron las reglas para las relaciones comerciales y financieras entre los países más industrializados del mundo.

Entrar en el patrón oro suponía dejar de lado la política monetaria propia y tener una política fiscal cuyo policía era un tal FMI (con los años se fue descubriendo si era un poli bueno o malo). Este sistema dio lugar a una estabilidad relativamente duradera, de 1944 a 1971. La mayoría de las economías del mundo se desarrollaron bastante, por lo que esa etapa se conoce en la historia como la “Edad de oro“.

Sin embargo, la acuciante crisis que sufría EEUU por la financiación de la Guerra de Vietnam provocó que Nixon, unilateralmente, decidiera abandonar este modelo. Todo ello garcias a las turbulencias de los setenta y el final de los tipos de cambio fijos. Famoso discurso de Nixon anunciando el adiós:

A partir de 1971, tipos de cambio flotantes, libre circulación de capitales y un poco de locura con los tipos de cambio en Europa. Desde ese año hasta la actualidad se habla de dinero fiduciario. Esto es, monedas y billetes que no basan su valor en la existencia de una contrapartida en oro, plata o cualquier otro metal, ni en su valor intrínseco, sino simplemente en su declaración como dinero por el Estado y también en el crédito y la confianza. Al final todo es tener confianza en que ese billete de 10 € que tienes en los bolsillos realmente lo vale… ya no puedes ir a cambiarlo por oro.

¿Qué hemos hecho en Europa desde que nuestros billetes no son más que papel que alguien firma para decirnos que vale el dinero que dice valer? Primero, “algo a medias”, el invento del SME con el fracaso posterior. Como no funcionó esto de hacer algo a medias, mejor sacrificar todo el mundo sus divisas (salvo algún precavido, como el Reino Unido o Suecia) creando la Eurozona (que tampoco ha funcionado demasiado bien, creo que no hay duda).

¿Qué debemos concluir de la historia de hoy? En que siendo un tanto simplistas (y acepto críticas y matizaciones), en los últimos 150 años (la primera globalización no es algo que ocurre tras la caída del muro de Berlín), un gobierno democrático (dejo de lado al resto) puede decidir cuánta soberanía cede.

Mejor planteado: debe elegir entre si prefiere prosperidad con batacazos cada 6-10 años (eso de la creación destructiva del capitalismo) sin demasiada soberanía, o si prefiere soberanía plena y estar aíslado del comercio internacional.

Para que me entendáis, vamos a la práctica con ejemplos:

  • España durante el franquismo: quizás el caso que más os interese. El generalísimo decide cerrar las puertas (bueno, los de afuera tampoco invitaron mucho a España, por eso de haber apoyado lo que se apoyó). Nada de inversión extranjera. No se importaba nada, todo lo producíamos de A Coruña a Murcia, y de Girona a Huelva. La política económica fijada en Madrid. Nadie impone nada. ¿Resultado? Lamentable: miseria y hambre (por resumirlo), hasta que gracias al Plan Nacional de Estabilización Económica, la peseta se torna convertible en otras divisas, se puede pedir dinero prestado al exterior, se va cediendo control de la economía española y empiezan a llegar las sombrillas (turismo) y el ladrillo (construcción). Crecimiento económico.
  • Islandia: una economía completamente abierta que implosiona ella solita por el exceso de desregulación. Vamos, un capitalismo salvaje sin control.
  • Irlanda o Portugal: todo el control desde Bruselas (como España), y el resultado ya lo sabéis
  • Brasil: economías “abiertas” (últimamente con más control sobre capitales) que de momento sobrevive sin muchos problemas
  • Alemania o Dinamarca: claramente favorecidos de la integración económica
  • Corea del Norte: sabemos de ellos que deben estar al Norte de Corea del Sur, pero poco más. Bueno sí, y que según Amnistía Internacional, sus ciudadanos han llegado a tener que comer hierba
  • Venezuela: algo intermedio entre Corea del Norte y el resto. Abierto para el petróleo (más o menos), y el resto de sectores “cerrados” (no muy abiertos vamos)
  • China: dictadura que en plena recesión crece al 8%, con controles de capitales para hacer su moneda algo más estable, aunque esta estabilidad se traduce en más inflación y menos consumo interno (no nos engañemos)

En definitiva, como con el azúcar, ni mucho ni poco, que cada uno elija lo que quiere, pero todo no se puede. Esto de que las democracias del Siglo XXI están perdiendo soberanía ante “los mercados” (otro día los pondré nombres y apellidos a éstos) es un ejercicio de amnesia. Esto viene pasando desde hace tiempo, más o menos desde la primera ola globalizadora. Los “mercados”, por mucho que nos pese, no crearon el euro, fueron los gobiernos europeos los que creyeron que así crecerían más, juntitos, aunque no del todo revueltos.

Entonces, ¿esto del libre comercio es la solución? Esto, para otro día.

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