Las impresoras 3D: ¿revolución digital, social, productiva, etc.?

Sin darnos cuenta, creo que estamos viviendo un importante (en términos de efectos secundarios que va a generar) cambio en los modelos de negocio de las empresas. La aparición de las organizaciones empresariales tal y como las conocemos hoy, fue fruto de la Revolución Industrial de finales del Siglo XVIII. Los cambios sociales, económicos y políticos fueron profundos. Aquí escribí que para mí ahí nació el capitalismo actual (sí, ya sé, cada uno tiene su visión del tema).

Bajo el incipiente sistema capitalista (alguien aporta capital (empresario) y otros aportan trabajo (trabajadores), para vender y ganar dinero con ello (lucro) unos productos o servicios), se hizo posible la producción en masa de artículos, creando economías de escala que cambiaron la economía (y la sociedad por ender).

Las ciudades se configuraron en torno a los núcleos de producción (y no al revés). Muchos planes urbanísticos se diseñaron para dar acomodo a los nuevos sistemas ferroviarios (¿”curioso” que esté en medio de NYC la Grand Central Station?), los trabajadores vivían en la propia fábrica o contiguo a ella para no perder tiempo, etc.

El recientemente fallecido Alfred Chandler, el transporte ferroviario, el telégrafo, la máquina de vapor y el cableado eléctrico han hecho posibles las grandes empresas que hoy conocemos. Este autor tiene un libro (Escala y diversificación. La dinámica del capitalismo industrial) muy interesante a este respecto.

En Europa (luego lo exportamos a las colonias y a EEUU), principalmente, entre 1750 y 1870 podríamos enclavar la revolución industrial, y entre 1870 y 1913 la integración de la economía internacional (eufemismo de colonización, que tengo que ser políticamente correcto). Luego las guerras mundiales rompieron el mundo, y durante los últimos años la globalización se ha encargado de volver a donde estábamos hace 100 años.

Bueno, resumido el tema, paso a explicar porqué creo que podemos vivir el fin de este modelo de producción capitalista/taylorista que conocemos. Y lo voy a desglosar en dos ejes: cambio en las políticas comerciales y las slow innovations.

Políticas comerciales

En pleno Siglo XXI, creo que todos somos conscientes que la política comercial de una empresa no puede ser idéntica para todos sus clientes. Cada cliente tiene unas características o preferencias diferentes, además de tener una importancia relativa distinta para la empresa (de ahí que los bancos tengan, por ejemplo, una división para particulares y otra para empresas). De ahí que se hable de la segmentación de clientes, a fin de ofrecer diferentes estrategias de marketing a cada segmento.

Esto no siempre ha sido así. Las tres principales mutaciones que identifico en la oferta de las empresas a lo largo de la historia pudieran ser (muy resumido, aviso):

  • Revolución Industrial: consumo de las élites
  • Modelo T de Ford: consumo de las masas (abaratamiento de los precios)
  • Aparición de Internet: consumo de los individuos

Del consumo de las élites, al consumo de las masas, hasta llegar, hoy en día, al consumo de los individuos. Es decir, que la nueva unidad de análisis de consumo es la persona a título individual. Ya no se habla de productos o servicios, sino de individuos. La sociedad de los individuos (luego no nos extrañe que la gente vea una intromisión a sus derechos los límites de velocidad, la prohibición de fumar en locales de ocio, etc.).

El problema es que pocas empresas están cambiando al ritmo que los patrones de consumo lo están haciendo. La innovación (modificaciones, disrupciones dentro de un campo conocido) ya no es suficiente: hay que realizar mutaciones en los modelos de negocio.

Desde la irrupción de Internet, se ha pasado de la concentración de los productos en las economías de escala, a la distribución de los productos y clientes. Se generan nuevas cadenas de suministro. Empesas como Apple que ni siquiera está en la industria de los contenidos o Amazon, que integra consumidores, proveedores, asociados, etc. en una misma plataforma ha roto todo los moldes. Algunos casos de éxito que seguramente conozcáis:

  • Amazon.com: sugerencias individualizadas de libros al entrar en su librería online
  • Apple y su iTunes: consumo individual: tu música, tú decides
  • Netflix: videoclub online (streaming o envío a domicilio)
  • Napster (difunto ya, pero con éste empecé yo en esto del Interné): consumo individual: cuándo, dónde, qué, cómo se quieren las canciones
  • eBay: compra-ventas entre individuos, sin ningún intermediario
  • Youtube: publicación/visualización de vídeos entre usuarios individuales
  • CellBazaar: comercio desde el teléfono móvil entre individuos (algo así como el eBay para móviles)
  • Tutorvista: plataforma donde tutores/as expertos/as en todo el mundo ofrece tutorías personalizadas que los propios alumnos/as disfrutan desde el ordenador
  • Livemocha: aprendizaje de idiomas entre individuos desperdigados por el mundo
  • Nike: zapatillas personalizadas NikeId
  • etc.

Y estaréis pensando, muy bonito lo que planteas, pero, todo lo citado son cambios en la distribución de productos/servicios, luego ahí sí que se puede individualizar la oferta. Pero, ¿y qué pasa con la creación de productos bajo demanda? Cuando vamos a un restaurante, elegimos el menú a nuestro gusto. ¿Algún día podremos crear objetos a nuestro gusto a golpe de click?

No hablo de comprar los que las empresas nos ofrecen, sino ser nosotros mismos los que exijamos la oferta (como hacemos en el restaurante).

Nuevos procesos de producción

Con la aparición de las impresoras 3D este sueño de película de exigir nosotros mismos la oferta puede convertirse en realidad. Se trata de impresoras que “imprimen” objetos mediante la producción aditiva (additive manufacturing), es decir, en ir progresivamente añadiendo material en sucesivas capas de plástico, metal, pegamento de unión, etc. En realidad tampoco es un concepto nuevo, ya que tiene su origen en la stereolithography introducida por 3D Systems en 1986.

Impresoras 3D que pudieran (algún día) llegar a ser de tamaño variable: desde las pequeñas para crear pequeños objetos hasta más grandes que “imprimieran” pequeñas antenas, partes de un avión, de un coche, cuadros de bicicleta, etc.

La tecnología que ahora se usa en las impresoras 3D comerciales salió del MIT. Me apasiona el MIT, cuando en Noviembre del año pasado estuve en Boston, tocó la enésima visita al MIT. Universidad donde las clases tienen 6 pizarras, y se puede asistir a charlas MUY interesantes todos los días.

La facultad de Ingeniería de Universidad de Deusto en el MIT. Noviembre 2010

Estas impresoras se crearon originalmente para transformar archivos CAD en 3 dimensiones en objetos reales. Las impresoras que tenemos ahora son capaces de imprimir en papel los esquemas realizados en un programa CAD en 2D. Pues las impresoras en 3D son capaces de dar cuerpo a los diseños en 3 dimensiones.

Como todo en la vida, lo que empieza en un lado, puede acabar en otro. Con las impresoras 3D, ya se ha empezado a especular en utilizarla en otras industrias, como la de la automoción, marroquinería, moda,  arquitectura, envasado, comidaeducación, etc. Hasta la fecha, solo han sido probadas con éxito en algunos materiales (plásticos, resinas y metales) y con una precisión de una décima parte de milímetro (0,1 mm).

Aquí tenéis un ejemplo de una impresora 3D de la compañía Z Corporation. Es una cámara de vídeo.

Cámara de vídeo "fabricada" en una impresora 3D (Fuente: http://media.economist.com)

Cámara de vídeo "fabricada" en una impresora 3D (Fuente: http://media.economist.com)

Como pasaba en los 70 con los ordenadores, de momento solo está extendido su uso en laboratorios (tuve la ocasión de ver alguna en mi visita a los laboratorios del MIT, haciendo preguntas de auténtico friki a los researchers) y algunas grandes empresas. Su precio va desde los $10.000 a casi un millón. El tiempo que tarda en imprimir va desde 1 hora para objetos relativamente pequeños a más de un día para los más grandes y sofisticados.

¿Beneficios? Menor cantidad de deshechos materiales, mayor flexibilidad en diseños y fabricación rápida y barata. Ya se comienza a especular con que pudiera introducir un cambio social como la Revolución Industrial hizo con la producción en economías de escala. La habilidad de las impresoras 3D para acelerar el proceso de diseño de los productos podría originar un gran impacto en la industria. Viviremos todavía más acelerados. Consumiremos todavía más rápido.

La urbanización que originó la creación de fábricas en ciudades pudiera ver la tendencia opuesta ahora. Las ventajas comparativas de la fabricación con mano de obra barata de Oriente mitigada. La normativa de propiedad intelectual teniendo que ser rediseñada. Es lo que tiene la digitalización y la facilidad de transmitir información a la velocidad de la luz (y el día que consigamos a la velocidad de la óptica cuántica, ni te cuento :-) )

En definitiva, tener una pequeña fábrica en tu mesa de escritorio de casa en un futuro. Aquí os dejo la descripción técnica de cómo funcionan estas impresoras 3D.

Cómo funciona una impresora 3D (Fuente: http://media.economist.com)

Cómo funciona una impresora 3D (Fuente: http://media.economist.com)

Slow innovation

La historia de las impresoras 3D ha empezado como la de muchos otros grandes inventos. El generador eléctrico (inventado en 1831 y explotado a comienzos del Siglo XX), el motor de combustión interna (inventado en 1870 y explotado a partir de 1913 en las cadenas de montaje de Ford), las bombillas eléctricas (inventadas en 1879 y explotadas a comienzos del Siglo XX), el velcro (inventado en 1941, y hasta que la NASA no lo demandó para los vuelos especiales nadie lo conocía), el MP3 (tecnología ya conocida en 1870 y no masificada hasta finales del Siglo XX), el fonógrafo (inventado en 1857 y explotado a comienzos del Siglo XX lo que introdujo la industria musical que conocemos hoy en día), la máquina de vapor, etc.

Las innovaciones llevan tiempo empezar a aprovecharlas. El ritmo del éxito es lento, Jesús Encinar lo exponía en su último artículo. En la sociedad acelerada en la que vivimos, y en el mundo de los negocios en particular, parece ser que lento es algo a evitar. Sin embargo, la historia demuestra lo contrario. Hay que madurar el invento, encontrar el cauce correcto. No tiene porque inexorablemente ser malo demorarse unos años. Las buenas ideas necesitan un tiempo de maduración, como los vinos. Eso es la slow innovation.

Podríamos estar viviendo un Déjà vu. El primer gran incremento en la historia en términos de productividad se produjo tras la I Guerra Mundial y los primeros flujos migratorios a gran escala (en especial a EEUU). Las empresas americanas introdujeron la energía eléctrica en sus procesos de producción para contrarrestar la menor formación de los trabajadores inmigrantes. Un 5% de incrementos anualizados durante la década de los 20. El generador eléctrico (Faraday habló de la inducción electromagnética en 1831, el primer dinamo fue construido un año después y en los años 70 y 80 ya había generadores en algunas fábricas en NYC y Londres) había revolucionado las plantas de producción.

Traslación en el tiempo. También ahora tenemos importantes flujos migratorios con la apertura de las fronteras, y sobre todo, tenemos un invento que apenas hemos explotado: los ordenadores. Éstos, aún hoy, “solo” los usamos para automatizar tareas repetitivas simples, como redacción de documentos, contabilidad, diseño, etc. Pero, ¿algún día podrán aportar inteligencia? ¿algún día podremos construir modelos de negocio alrededor de ello? ¿con ello conseguiremos los incrementos en productividad necesarios para dar de comer a los posibles 9.000 millones de personas que seremos en 2050?

Es fascinante el mundo de la tecnología. Realmente me fascina.

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Acerca de alrayon

Lecturer and Researcher at Deusto University. Somehow, a stranger that loves both technology and economics, a sinergy that will conquer the world.
Esta entrada fue publicada en Ciencia, EEUU, Economía, Emprendizaje, Historia, Innovación, Tecnología, Universidad. Guarda el enlace permanente.

8 respuestas a Las impresoras 3D: ¿revolución digital, social, productiva, etc.?

  1. Tomás Campo dice:

    Antes te comento que no tengo nada que aportar y…

    Si quieres ver tu segunda impresora 3D, pásate por donde trabajo que tenemos una. Y si negocias con los ingenieros del lugar (mala gente) quizá hasta puedas imprimir algo…

    • alrayon dice:

      Hola Tomás,

      joer, ya veo quiénes son los primeros que leen los artículos, peña de Deusto, porque ahora que vengo de darme un par de vueltas por un par de reuniones, me han dicho ya varios: “Ah! ¿pero no sabías que tenemos una 3D abajo en el laboratorio?” ;-D

      Que te iba a decir, ¿igual es interesante sacar un par de fotos y subirlas al blog para que se vea las maravillas que tenemos por la uni?

      ¿Imprimís cafés o turbinas de avión? Dime el menú, ¿o lo elijo yo?

      Saludos máquina!

  2. Tomas dice:

    Habrá que ver esa impresora, me he quedado muy intrigado con esta nueva tecnología. ¡Excursión en Deusto para ir a ver la impresora!

  3. Alex Rayon en el MIT, que lujazo!!! Y que envidia sana!!! Aunque claro, yo estudie un semestre en la London School of Economics que eso para algo cuenta no??? ;-)

  4. El post ni entro a comentarlo: el nivelazo habitual de un escritor de primerísima categoría al que admiro en todas sus vertientes: didáctica, argumentativa, etc. Un auténtico privilegio para Bilbao y para Deusto. Da miedo pensar a donde va a llegar Alex cuando tenga su PhD, Master, etc …

    • alrayon dice:

      Muchas gracias por tus (¿desmesuradas?) palabras Óscar :-)

      • Desmesuradas? Para nada, tengo que decir sobre ti y tus escritos lo mismo que declaró Haydn sobre Mozart en 1785. (La paráfrasis y edición es mía):

        ‘If only I could instill Alex inimitable style in the soul of every lover of quality argumentative writing, and the souls of high personages in particular, as deeply and with the same understanding and depth of feeling as I feel them, institutions would vie with each other to possess such a rare talent’

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