¿Qué sentido tenía estudiar si la construcción daba 3.000 €/mes?

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Decía ayer Marcelino Iglesias una serie de interesantes cosas que paso a citar literal a continuación:

Las reformas deben ser profundas para subsanar los fallos estructurales de la economía española que no se percibieron en los momentos de crecimiento. España es el país que más crece cuando la economía va bien y el que más empleos destruye cuando va mal.

La actual situación de crisis no se debe a un grupo de ejecutivos sino a unas ideas que, a partir de los años 80, se defendieron desde la derecha y que se resumen en que sólo el mercado es capaz de resolver los problemas de la economía del mundo. Lo que causó la crisis son las ideas que combatimos los socialistas, las de que sólo la mano del mercado puede regir los destinos de la sociedad. Por todo ello, ha llegado un momento de cambios profundos.

He de admitir que tales declaraciones me han impactado. No por la forma, la habitual en la política española, sino por el fondo. Sabía que en España hay buenos políticos y buenos economistas, pero cada día me doy más cuenta que juntar en una misma figura ambas competencias debe ser el Santo Grial.

Creo que los problemas de la economía española van más allá de lo que cualquier gobierno socialista pudiera reformar. Se nos bombardea todos los días diciendo que hay que cambiar el modelo productivo en España. ¡Ni que fuera un tema baladí!

Cambiar el modelo productivo exige, para empezar, un cambio del tipo de actividades de la economía en España, que se puede resumir a día de hoy en lo que se indica en la siguiente figura:

División sectorial de la economía en España (Fuente: http://www.crisis09.es/)
División sectorial de la economía en España (Fuente: http://www.crisis09.es/)

Pasar de la construcción, el turismo y otros servicios (los ejes principales), a otras actividades de alto valor añadido como las energías renovables, TIC, biotecnología, industria aeroespacial, etc. no se consigue de la noche a la mañana.

No vale simplemente con cambiar el repertorio de actividades de la economía. Hay que cambiar también cómo se emplean los factores productivos, como por ejemplo la participación de la población inmigrante o de la mujer en el mercado de trabajo, el modelo de financiación para las empresas, el nivel de formación para los diferentes puestos de trabajo, la naturaleza del mercado de trabajo (la reforma laboral no cuenta), etc.

Y, para cerrar el círculo (y dejando de lado otros factores más exógenos como los medioambientales, normativos, culturales, éticos, etc.), la tarta (la riqueza, el PIB vamos) hay que repartirla. Actualmente en España se reparte muy mal la riqueza, estando a la cola de la OCDE en dicho aspecto, lo que hace que unos pocos tengan mucho, y otros muchos tengan muy poco.

Pero el principal problema que no hay que ignorar (y el secretario Iglesias hace) es que el empleo que genera España es muy volátil. Y lo que es peor, la famosa reforma laboral, en mi opinión, incluso va a agravar aún más este hecho.

La Ley de Okun (concretamente su no cumplimiento), propuesta por el economista norteamericano Arthur Okun, explica mucho el problema que existe en España. Esta ley define la correlación existente entre los cambios en la tasa de desempleo de un país y las fluctuaciones en el PIB actual real. Según la Ley de Okun, la productividad laboral (PIB/empleo, e ignorando otros factores como las horas trabajadas, la calidad del trabajo) normalmente cae 2 ó 3 veces más que la tasa de empleo en épocas de recesión. Es decir, que la productividad laboral es procíclica.

España no cumple esta relación. De hecho, en España, se incrementó la productividad laboral. Los tres gráficos que se presentan a continuación, y que he extraído de aquí, permiten explicar la idea:

Evolución del PIB (Fuente: http://worthwhile.typepad.com/)

Evolución de la tasa de desempleo (Fuente: http://worthwhile.typepad.com)

Evolución de la relación entre PIB y tasa de desempleo (Fuente: http://worthwhile.typepad.com/)

En definitiva, que la productividad laboral en España ha crecido. ¿Una paradoja no? Veamos las razones. La caída del PIB en España en España ha sido menor en comparación con la registrada en cuanto al empleo. Esto ha llevo a que la productividad haya crecido un 6%. Baja más la gente que no trabaja que el resultado del trabajo de los mismos. Un tanto misterioso… ¿verdad?

Aunque España es el paradigma de este misterio, Estados Unidos e Irlanda también andan a la par. ¿Y qué tienen en común estos países? Una burbuja inmobiliaria de tres pares de narices. Este sector de actividad tiene varias peculiaridades, pero quizás la más importante es que el capital humano tienen un carácter general (espero no ofender a nadie con esto, que no se me mal interprete). No hay un know-how empresarial como tal. Los que hemos vivido el boom en nuestra época de instituto lo conocemos de 1ª mano. La gente abandonaba la ESO para empezar a trabajar en un sector que te daba 3.000 € al mes. ¿Qué sentido tenía estudiar?

Cuando el know-how empresarial es el Santo Grial (en España esto no existe), durante las épocas de recesión, las empresas cuidan mucho a quién despiden. No hay que perder capital humano, capital intelectual, ya que es su ventaja competitiva más importante. En el sector de la construcción no pasa eso. En recesiones, muchas empresas prefieren ver cómo sus resultados caen más que su empleo (cumpliendo la ley de Okun) para asegurar que sus trabajados más experimentados y con mayores habilidades estarán en la empresa una vez terminada la recesión. En el sector de la construcción tampoco pasa eso.

Un ejemplo paradigmático: Alemania. Las empresas alemanas saben que gran parte de su ventaja competitiva a nivel mundial estriba en el capital humano de sus trabajadores. Fijaros a qué punto llega esto, que incluso la Confederación de Cámaras de Industria (el equivalente a nuestra CEOE) y los sindicatos eran conscientes de ello. Se introdujeron medidas para no tener que despedir a los trabajadores y tener que empezar de cero una vez acabada la recesión (Alemania crece a ritmos históricos del 3,6% del PIB).

Empresarios y trabajadores asumieron una moderación de sueldos cuando la crisis estalló, incluso se acordó una reforma de pensiones que elevó la edad legal de jubilación a los 67 años. También se produjeron recortes en el estado del bienestar, sanidad y seguridad social. Todo a costa de no despedir a la gente. Es lo que se bautizó como kurzarbeit.

El gobierno alemán ayudó para permitir la reducción de jornada y el reciclaje profesional. 1,5 millones de empleados se acogieron a dichas medidas, resultando determinante para evitar despidos y así conservar (lo que en inglés se denomina Labor Hoarding) la preciada formación y productividad de sus trabajadores.

En España la película es bien diferente. Parece ser que el ansiado modelo productivo basado en el conocimiento será más difícil de alcanzar de lo que creen. ¿Cómo reconvertimos tanto trabajador despedido del sector de la construcción a sectores como la biotecnología, aeronáutica o las TICs?

En los países donde la recesión más dura está siendo (España, EEUU e Irlanda entre ellos), es donde la productividad laboral más está aumentando. Quizás es que la crisis haya aflorado problemas estructurales que durante años metimos debajo de la alfombra. Queda claro que hay que afrontar años de formación, de cambio del modelo productivo. Pero las instituciones no pueden ir por delante de la sociedad. La Ley de Economía Sostenible veremos cuánto tiempo tarda en obtener los resultados esperados.

Autor: alrayon

Lecturer and Researcher at Deusto University. Somehow, a stranger that loves both technology and economics, a sinergy that will conquer the world.

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